125º Aniversario del Desastre del 98. La Escuadra en Cuba (1)

Situación General según una autorizada visión de la época.

El Ministro de Marina Ramón Auñón, Capitán de Navío de 1ª Clase. Sus estrellas de 8 puntas (“mantecadas”) eran entonces comunes con el Ejército de Tierra; tras la derrota se impondría la “coca” inglesa.

Auñón era un hombre notable, como refleja el pié de la foto de la Revista de Marina. En su barco en Argentina se pueden apreciar los dos cañones de desembarco.

La Escuadra Española de las Antillas estaba en mala situación, prácticamente reducida a operaciones auxiliares contra la guerra separatista cubana y a la eficaz persecución del contrabando de armas y hombres.

Entrada al Arsenal de La Habana

El Arsenal de La Habana, que en tiempos fue capaz de construir el mayor buque de guerra de la época (el Santísima Trinidad, en 1769), en aquel momento estaba bastante en precario, encargándose muchísimas reparaciones a la Jamaica ocupada por Inglaterra (nuestra siempre enemiga, aunque fuera formalmente aliada). Como refleja Ramón Auñón en su libro “Luces sobre la guerra”, el día 8 de enero de 1898 (cien días antes de la guerra), el Contralmirante Manterola comunicaba al Ministerio de Marina lo siguiente: “A Marina (de Cuba) se deben dos millones y tercio (de duros) que convendría liquidar para que puedan hacer servido gran número de barcos que están en el arsenal con averías sin poder repararlos por falta de fondos”.

Recordemos que Cervera llegó a Santiago el 19 de mayo y se dejó embotellar allí. Ese día tomó posesión del cargo de Ministro de Marina Ramón Auñón, de 53 años y por aquel entonces capitán de navío de 1ª clase (cosas de la política del momento -turnismo liberal- el poner de ministros a oficiales en activo más modernos que los almirantes en igual situación, como el Contralmirante Cervera) en sustitución del depuesto Contralmirante Segismundo Bermejo, a consecuencia del desastre de Cavite.

Voy a tomar a Auñón como hilo conductor de gran parte de este relato, porque, aunque liberal del partido de Sagasta, es decir, progresista, escribió varios libros sobre El Desastre, que conoció desde su privilegiado puesto, especialmente el nunca publicado “Luces sobre la guerra” (¿por qué será?). En el mismo se centra en señalar la responsabilidad de Cervera y las consecuencias que tuvieron sus decisiones de Cervera, quizá para su descargo, pero utilizando multitud de datos incontrovertibles. Por cierto, también Cervera siendo capitán de navío de 1ª clase fue ministro de marina entre el 14 de diciembre de 1892 y el 23 de marzo de 1893 (un ratito) en un Gobierno de Sagasta.

Según Auñón:

La Escuadra de Operaciones, nombre que se había dado a la permanente de instrucción de la Península, era el núcleo más importante y homogéneo de nuestras fuerzas navales. Constituida por cuatro cruceros protegidos de buen andar y dos cazatorpederos nuevos (el “Terror” se había quedado en Martinica) era la única fuerza naval eficiente de que podía disponerse para operaciones ofensivas. Lástima fue que el ánimo de su Almirante (Cervera) no hubiese estado más propenso a pelear o a ejercitar la audacia, llamando a la fortuna, que a contrariar las órdenes que recibía y a deprimir el ánimo de sus subordinados”.

Claro es que nadie contaba con que la Escuadra hubiese entrado en Santiago con propósito de quedarse allí más tiempo que el que fuera indispensable para aumentar sus repuestos en la cantidad necesaria para seguir el viaje a puerto más seguro, en que las ventajas de su presencia no estuviesen compensadas con el peligro de su encierro. … (Cervera) no solo fue advertido por diversos conductos de la conveniencia de no prolongar su mansión en aquel puerto, sino que él mismo y desde el primer día se dio por enterado de la necesidad de abandonar pronto Santiago, más … simultáneamente con aquel convencimiento, estuvo siempre dominado por una fatal obcecación que le hacía verse bloqueado cuando no lo estaba, falto de víveres y de carbón, cuando tenía de sobra para los movimientos que había de ejecutar. Sin confianza en las municiones que tan repetidamente habían sido reconocidas y declaradas útiles, necesitado de instrucciones precisas hasta para los incidentes ordinarios de la guerra que ocurrían en su presencia, cuando las tenía amplísimas para resolver los más arduos problemas y, atento solo a exagerar su mala situación, a divulgar su supuesta falta de elementos, a comentar con no disimulada fruición toda contrariedad nacional si venía a confirmar sus pesimistas predicciones y a buscar en las Juntas y en el parecer de sus contagiados Capitanes apoyo para el incumplimiento de las órdenes que recibía.

Ciertamente que si el Almirante, hecho cargo de la situación en Santiago, se hubiese apresurado a aumentar su repuesto de combustible con la diligencia propia del estado de guerra y hubiera abandonado el puerto a los pocos días, hubiera podido tomar el de Cienfuegos, quizás llevándose por delante algunos cruceros auxiliares enemigos, sin haber encontrado a Scheley en su trayecto y aún es posible, que sin encuentro o con un encuentro de no muy gran desequilibrio, hubiera alcanzado con averías o sin ellas el puerto de la Habana. En uno u otro caso, pero principalmente en el último, hubiese cambiado por completo el curso de la guerra y el resultado de la paz.

La escuadra americana reunida, no hubiera podido separarse, como en efecto no lo se separó, del puerto en que la nuestra se encontrase. Bloqueando la Habana o Cienfuegos, no hubiera podido apoyar el desembarco en Daiquiri, ni el avance de su ejército sobre Santiago y, aún en el caso extremo de perderse esta plaza, no hubiera sido más que un incidente de la guerra. No hubiera intentado Miles desembarcar en Cienfuegos donde el ferrocarril de la Habana hubiera hecho caer sobre ellos 50.000 hombres en pocos días. Menos aún hubieran intentado desembarcar en Matanzas o en las inmediaciones de la Habana y aún el bloque de este puerto hubiera sido de la mayor dificultad estando dentro nuestra Escuadra, protegida por los fuertes que no eran como los de Santiago, auxiliada por todos los elementos de personal y material del Apostadero, con Arsenal y dique para reparar averías y limpiar  fondos, con buques auxiliares, cerca de 30.000 toneladas de carbón  y elementos bastantes para llenar las carboneras en un día”. Los subrayados son míos.

Derrota de la Escuadra de Cervera y situación de las principales Antillas, Teatro de la Guerra.

Así pudo ser el preámbulo de alguna de las ‘juntas’ previas al cruce del Atlántico. De nuevo aparecen las ‘mantecadas’. En las bocamangas.

La Escuadra Española, a pesar de los políticos del sistema liberal, no era ni “de madera” ni despreciable.

Actuación de Cervera hasta el 1 de julio

Almirante Cervera

Prácticamente todo en el actuar de la mayoría de Cervera y sus comandantes en el viaje al Caribe es llamativo. Cuando el 18 de abril llegó a Cabo Verde el barco carbonero San Francisco, los cruceros Colón y Teresa ya tenían sus bodegas casi repletas del carbón comprado allí a precio de oro y sólo debían repostar los dos cruceros provenientes de las Antillas (Oquendo y Vizcaya). El día 19 de abril de 1898 el Capitán de Navío Díaz Moreu, comandante del Cristóbal Colón, el más moderno y rápido de los cruceros, dijo estar enfermo y pidió retornar a España, lo cual no era muy “presentable”, por lo que, a poco, se sumó a los planteamientos de Víctor Concas y Palau, capitán del buque insignia Infanta María Teresa, quien pujaba para que la escuadra volviera a Canarias para su defensa. Díaz Moreu llegó a decir en una junta de comandantes que lo que quería el Gobierno era que la escuadra fuera aniquilada, para llegar a una paz honrosa con los Estados Unidos. Entre el 20 y el 29 de abril (la guerra se declaró el 25), Cervera y el Ministro Bermejo (recordemos que fue uno de los que “hundieron” el submarino Peral) intercambiaron hasta 14 telegramas y en todos Cervera puso reparos a su superior, hasta recibir el 29 la orden perentoria de partir. Cervera podía haber partido el 21 a Puerto Rico, donde oficialmente tenía órdenes de ir, para amenazar desde allí las costas y el tráfico yanqui, y a donde llegaría después el rezado destructor Terror, lo que hubiera permitido llegar antes que la mitad de los barcos useños bombardearan San Juan. Cervera conoció en Martinica y Curaçao el bombardeo de S. Juan de Puerto Rico, con la consiguiente falta de municiones que aquello suponía para la escuadra de Sampson y la casi certeza de que no retornaría a Puerto Rico, dejando ese campo libre. Prefirió meterse en Santiago, a pesar de que este puerto no tenía apenas defensas ni arsenal.

El 24 de mayo la Escuadra prácticamente ya había completado en Santiago sus alijos de agua y carbón (según escribieron F. Arderius y J. Muller) y se completaron definitivamente el 28. Mientras, el 24 llegó a las inmediaciones  de Santiago un carbonero inglés, el Restolmer, que efectivamente llegó el 24, pero, ante las narices de Cervera, fue apresado por un mercante artillado norteamericano sin ninguna oposición española. Auñón escribió al respecto que:

Abandonadas en Martinica 2.600 toneladas de carbón, que pudo recoger del ‘Alicante’, comunicadas desde Santiago contraórdenes a los carboneros para que no acudiesen a aquel puerto, como yo había dispuesto, desamparado el ‘Restolmel’ con otras 3.000 toneladas que fueron a engrosar el repuesto de los enemigos, a la vista del Morro de Cuba y casi del Almirante. Embarcado el que había en Santiago a razón de 1 ½ tonelada por hora en cada buque, creyendo ver escuadras poderosas donde no había más que cruceros auxiliares y, dándose por bloqueado en Santiago, cuando todavía la primera escuadra enemiga se encontraba a la vista de Cienfuegos, Cervera hizo creer al Gobierno con sus erróneas noticias, que su salida tantas veces anunciada como abandonada, había sido imposible desde su llegada hasta que realmente lo fue, con fuerza de dar tiempo a que se reuniesen en la boca las dos escuadras enemigas”.

Winfield Scott Schley

Finalmente fue bloqueada la noche del 30 de mayo por la Escuadra del Comodoro Schley, que contaba con tres grandes unidades, los acorazados Massachusetts y Texas, y el crucero Brooklyn, y similar o inferior potencia que la de Cervera, siendo más lentos los barcos yanquis; pero si Cervera no había salido antes tampoco lo iba a hacer ahora. El día 31, Schley bombardeó la bocana de la bahía. El Teniente General Santiago Linares, Jefe del IV Ejército, lo interpretó, contra todo sentido común, como un intento de forzar el muy estrecho puerto ya mejor defendido con la artillería desembarcada del Reina Mercedes (cuatro cañones González-Hontoria de 160 mm, más otros de tiro rápido y ametralladoras) y dos líneas de minas (“torpedos fijos”); quizá le convenía esa versión para fundamentar no emplear más medios en constituir una fuerte reserva para oponerse a los posibles desembarcos. Linares solicitó a su íntimo amigo Cervera que enviará un buque a la bocana, y fue el Colón, por tener calderas de encendido rápido, y a pesar de no tener instalados sus dos cañones Armstrong de 254 mm; su mera aparición por la bocana hizo retirarse a los norteamericanos y nuestro crucero consiguió hacer un blanco en el Massachusetts. Tampoco aprovechó Cervera para salir de Santiago. Al día siguiente, 1 de junio, llegó Sampson con cuatro grandes buques y las posiciones y relación de fuerzas permanecieron inalterables durante un mes. permanecieron inalterables durante un mes.

Extraños movimientos

El intento norteamericano de taponar el puerto el 3 de junio se resolvió con el único, y eficacísimo, empleo de torpedos desde el Reina Mercedes y el Plutón, provocando el hundimiento del carbonero Merrimac sin que llegara a detonar sus explosivos ni cumplir su misión de cerrar la entrada; eso sí, por muy poco, pues había sobrepasado la bocana del puerto. Lo curioso es que los españoles estábamos apercibidos por nuestra célula de espionaje en Canadá y poco se hizo por evitarlo. Y, más curioso aún, sobre “demostrar” que los yanquis no querían forzar la entrada, es que todo podría explicarse (no atender a los avisos del Servicio de Inteligencia, no explotar nuestras minas, no explotar las cargas de demolición del Merrimac y que este fuera “hundido dejando libre paso del canal”) por una oscura forma de comunicación entre ambos contralmirantes, pues Cervera entregó los marinos del intento de bloqueo al contralmirante yanqui, lo que propició la comunicación directa. No es descabellado pensar que se trató de una bien urdida excusa para que luego ¡el propio Cervera recogiera en una lancha al capitán del Merrimac (Teniente Hobson)! Y el que, posteriormente, el capitán de navío Bustamante, su jefe de estado mayor, se entrevistó con el almirante Sampson tras la entrega de los prisioneros. ¿Hubo intercambio de sobres cerrados y lacrados entre Cervera y Sampson por mano de Bustamante y Hobson?; nadie puede asegurarlo ni negarlo, y la muerte del héroe sepultó el misterio. No debió ser casualidad que ni el Merrimac impidiera la salida de Cervera. Ni que, posteriormente, el Mercedes, supuestamente hundido sin prisas el 4 de julio, tras el combate naval, tampoco taponara la entrada de los barcos yanquis tras la capitulación.

La trascendencia de las Transmisiones

Y, hablando de servicios de información, espionaje y oscuros movimientos tras los bastidores y las bambalinas, la cuestión de las transmisiones tuvo grandísima trascendencia

He mencionado anteriormente el supuesto e inexcusable fallo de las mismas entre las guarniciones de Santiago de Cuba y Guantánamo, culpando la versión oficial a la eficaz acción mambí impidiendo movimientos de personas y cortando tendidos de transmisiones, como si no hubiera palomas mensajeras, heliógrafos y superioridad material en todo, como lo demostró el Coronel Escario con su columna, atravesando combatiendo Sierra Maestra (donde posteriormente se hiciera fuerte Fidel Castro).

Todos los autores del “98” olvidan las palomas mensajeras como medio de transmisión.

Los cables submarinos estaban muy difundidos al final del s. XIX. Los Gobiernos de España no habían sabido proveerse de ellos con independencia.

La caseta de tierra del cable submarino en Guantánamo en una fotografía de sus captores yanquis.

Al estallar la guerra los enlaces telegráficos entre Cuba, Puerto Rico y Filipinas con Madrid pasaban forzosamente y fundamentalmente por cables submarinos propiedad de empresas de Inglaterra y Estados Unidos. En Cuba uno enlazaba La Habana con Key West (Florida), compañía “Western Union” bajo el control yanqui.  En su costa meridional varios cables desde Batabanó hasta Cienfuegos y desde allí a diferentes puntos hasta Manzanillo. De Manzanillo a Santiago la comunicación se hacía mediante heliógrafos. Las líneas telegráficas terrestres entre La Habana y Santiago estaban cortadas en Las Tunas por los mambises. Un tercer cable submarino enlazaba directamente Cienfuegos, doblando el Cabo Cruz, con Santiago, desde donde salía uno a Guantánamo y desde allí a Cabo Mole en Haití (Francia), y otro(s) a Punta Morant en Jamaica (Inglaterra). Guantánamo era pues fundamental, tanto por su bahía como por el cable. El General de Brigada Félix Pareja y Mesa, jefe de la guarnición de Guantánamo, segunda ciudad en importancia de la provincia de Oriente y sede de la 2ª Brigada de la 2ª División del 4º Ejército, perdió el dominio de bahía y cable, y también fue incapaz de auxiliar a Santiago.

Poco después del de La Habana, los yanquis bloquearon el puerto de Cienfuegos. Días después, un grupo de ‘marines’ cortaron el cable submarino la compañía británica “Cuba Submarine Telegraph” que comunicaba con Cienfuegos, pasando por Manzanillo y Júcaro. Sin duda lo cortaron con la necesaria información de los británicos.

El cable de la “Compañía Telegráfica Brasileña Submarina” venía de Venezuela, por Islas Vírgenes, Saint Thomas, Puerto Rico y Jamaica, desde donde se dividía a Santiago y Bermudas. Los ingleses de Jamaica no permitieron telegramas cifrados ni con instrucciones militares; además de, seguramente, pasar otras posibles informaciones a sus primos sajones, Inglaterra impidió a España todo tipo de comunicación los principales días de la invasión, entre el 14 y el 22 de junio. En Santiago hubo al menos un intento de sabotaje contra la caseta del cable con Jamaica. Puerto Rico tuvo siempre comunicación “libre” con la Península.

El cable que enlazaba directamente Cienfuegos con Santiago era el de la “Compañía Francesa de Cables Submarinos”; el cual no consiguieron localizarlo los yanquis, sin duda por no facilitarlo los franceses, quienes apenas pusieron pegas a España para usarlo. El mismo continuaba hasta Guantánamo y de allí a Haití, siendo el único fiable que quedó en Cuba, de ahí la importancia de la misión de la guarnición de Guantánamo en custodiarlo.  El 7 de junio una compañía de marines desembarcó en la boca Este de la Bahía de Guantánamo, neutralizando el cable submarino; tres días después llegó un batallón y el General Pareja no fue capaz de expulsarlo. La cesión de la costa a los americanos facilitó que estos utilizaran los cables que llegaban a ella, emplazando en Daiquiri una estación que permitió a Shafter comunicarse directamente con Washington.

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6 respuestas a «125º Aniversario del Desastre del 98. La Escuadra en Cuba (1)»

  1. España ha tenido varios desastres que la han llevado a la casi extinción… El primero la guerra de sucesión en el año 1.700, con la nueva dinastía borbón instaurándose y la monarquía Hispánica devorada por las hienas de las potencias europeas del momento (sólo nos dejaron los virreinatos americanos, y no del todo).

    El segundo la invasión napoleónica, destruyendo gran parte de España, 500.000 muertos en 6 años, robo y pillaje de un sinfín de tesoros religiosos, culturales, artísticos, violaciones, destrucción de poblaciones y de ciudaddes, represalias de terror, muertes y destrucción, y lo que es peor la masonería británica introducida por Wellington como herramienta de poder geoestratégica.

    El tercero los gobiernos liberales de «la pepa», constitución liberal de inspiración británica, con todo el ejército y los gobiernos españoles llenos de masones de obediencia anglosajona, propiciando las «independencias» hispanoamericanas (luego devoradas por la corona británica), y como consecuencia destruyendo lo que quedaba de España en las terribles guerras Carlistas, desamortizaciones terribles e inimaginables poco antes contra la Iglesia católica, abandonando todo protagonismo a favor de las potencias europeas, etc.

    El cuarto sería la llamada guerra de Cuba… en la que perdimos no sólo Cuba, sino Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam y otros valiosos territorios (absolutamente TODO el imperio ultramarino que nos quedaba), a favor de los Estados Unidos, sin recibir nada a cambio y de una manera catastrófica y suicida (y en efecto sólo explicable por la traición, de herramienta masónica, que a la par de desvalijarnos de todo, nos robaba también el alma a través de su laicismo luciferino y demoniaco y de su liberalismo anticatólico).

    Es un doloroso desengaño (aunque liberador) constatar que la derrota en la guerra Hispano-estadounidense del 98 fue causada principalmente por la traición, y no como me contaron de pequeño por haber enviado barcos de madera contra destructores acorazados y modernamente artillados, y que en realidad era una guerra ganable, ó al menos propicia para un armisticio ventajoso para España y en ningún caso la derrota total y catastrófica que firmamos… y la cual provocó en no poca medida el colapso moral de España, los separatismos, el horror de la guerra del rif («regalo trampa» que nos hizo inglaterra para que Francia no controlara el estrecho), las revoluciones izquierdistas, la pobreza y las desigualdades, y finalmente la guerra civil.

    Una gran liberación sus artículos, porque a pesar de los pesares la Verdad nos hará libres, y más preparados para luchar por España, si Dios nos ayuda, porque sin Él no hay nada. Ya nos ayudó en la guerra civil y en el franquismo, periodo maravilloso que tuvimos durante casi cuarenta años «por la Gracia de Dios», como decía en las monedas de 25 y 50 pesetas, muy atinadamente (Franco sí lo sabía de primera mano).

    1. Muchísimas gracias, Sr. Cavanillas. No tanto por lo que me pueda alagar viniendo de Vd., sino porque si he logrado que se cumpla en parte lo de “la verdad hará libres”, habré conseguido mi objetivo, al menos en parte. Y comparto totalmente su acertado pensamiento de que nos facilita estar más preparados para seguir luchando por España y localizar mejor sus enemigos externos e internos. Para mí también fue liberador encontrar la explicación al Desastre en la traición y la conspiración supranacional (¡casi nada lo que he dicho!).
      Sí, aprendiendo de aquella historia sabremos luchar mejor con la brega que tenemos por delante.
      Gracias de nuevo

  2. Extraordinarios artículos de don J. Mª. Manrique en este mes de Julio dedicados a esta efemérides y valiosos los comentarios a todos ellos haciendo referencia necesaria a esa oscura entidad que está detrás de todos los grandes acontecimientos históricos y que es la clave para entenderlos.

  3. Sr. Manrique es de enorme interés sus publicaciones.
    Son realmente trascendentes para conocer nuestra historia, pero como mis neuronas necesitan de varias lecturas para absosrber tanta y tan buena informacion que le pido un favor, que ESPACIE un poco sus trabajos para que no se nos acumule la tarea siempre muy muy educativa e importante.
    Muchas gracias.
    DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO

  4. Gracias por sus comentarios.
    Mi trabajo es apenas un resumen de hechos y noticias que, únicamente, cuesta encontrar un poco.
    Pero, con ella, e incluso sin ellas, cada vez está más claro, y más en estos tiempos claramente apocalípticos, que España ha sido especialmente elegida como enemigo a batir por «el instrumento» anglosajón y, sobre todo, por la Sinagoga de Satanás que es la mano que golpea con ese instrumento.
    Sobre esa conclusión hay que empezar y continuar la lucha.
    Adelante

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