125º Aniversario del Desastre del 98. La Escuadra en Cuba (2)

Un trasatlántico entrado en la bahía (visto desde el Castillo del Morro)

Recordemos que Cervera, apoyado fundamentalmente, si no impulsado, por Díaz Moreu y Concas, retrasó el cruce del Atlántico e incluso quiso volver a Canarias. Que posteriormente se encerró en Santiago. Que supuestamente trató de salir el día 26 de mayo, pero no pudo hacerlo por “mal tiempo”, y que mintió sobre que estaba bloqueado y no tenía carbón. Añadamos que luego se opuso siempre a salir del puerto, llegando incluso a proponer “resistir con la escuadra en el puerto, reteniendo ante él la mayor parte de la fuerza enemiga, como el servicio más importante que puede prestar para la defensa de la isla” (junta de guerra del 8 de junio) y, descaradamente, también “la posibilidad de que en muy breve plazo de tiempo sea preciso destruir los buques (en el puerto;) telegrama a Auñón del 23 de junio y junta del 24) [1].

La posible salida nocturna

El 26 de junio, el Capitán General Blanco, en respuesta a un telegrama del marino enfatizando la gravísima dificultad que tendría la flota si intentara salir de Santiago, le contestó que exageraba los peligros, pues no se trataba de combatir con los estadounidenses, sino de escapar de aquel encierro, lo que podía hacer de noche con menos riesgo, aunque sin forzarle a salir.

El aprovechar la noche para salir era prácticamente la opción obligada. En la citada junta del día 8, Bustamante, como jefe de estado mayor, propuso salir entonces, pues esa noche no había luna. En el acta del “consejo de guerra” quedó constancia de lo que Bustamante propuso:

“… se debía resueltamente aprovechar este oscuro de luna para efectuar la salida y puesto que la situación durante la noche de la escuadra enemiga y las dificultades de la salida impiden salir en masa, que se efectúe de la forma siguiente: los cazatorpederos primero con rumbo Sur, hacia el Texas, pasando a toda velocidad por los costados de los acorazados. Poco después saldría El Colón, que es el buque más andador de los cuatro, con rumbo OSO contra el Brooklyn. Después Teresa, Vizcaya y Oquendo por ese orden, rumbo ESE. Creo que de este modo se producirá confusión en la escuadra enemiga, lo que permitirá salvar cuando menos el cincuenta por ciento de la nuestra. (…) Creo que el punto de recalada debe ser La Habana y no Puerto Rico”.

Hubo otras propuestas similares, como la realizar acciones ofensivas para hacer replegarse al enemigo del Capitán de Navío Fernando Villaamil, pero ninguna fue aceptada por Cervera. Y el caso es que hasta el enemigo norteamericano reconoció que aquella era la única posibilidad, y, en previsión de ello, el Almirante Sampson había ordenado que la entrada al puerto se iluminara todas las noches con reflectores de los barcos de bloqueo estadounidenses. Más concretamente, el Capitán de Navío Charles Edgar Clark, comandante del Oregón, el buque que se había incorporado a Cuba desde California, pasando por el Estrecho de Magallanes, y más daño hizo a los nuestros, dejó en su informe escrito, luego publicado como libro en 1899 (History of the Captains):

«Asumiendo que la flota española tuvo que salir -y yo, por mi parte, había renunciado a la esperanza de que lo hiciera-, es mi opinión que el Almirante Cervera debería haber preferido la noche al día como el momento de la salida …. Podría haber colocado guías para el canal, a lo largo de la orilla y en la chimenea o el mástil del Merrimac hundido, luces proyectadas hacia el mar, por lo que no podríamos haberlos detectado. Su mejor oportunidad hubiera sido levantar sus anclas y comenzar a moverse cerca del anochecer, cuando hubiera tenido la luz suficiente para ver la orilla y las marcas del canal, cronometrando el movimiento para salir a toda máquina cuando cayera la oscuridad. No podríamos habernos acercado a ellos sin un gran peligro para nosotros mismos. El fuego debería haberse realizado prácticamente en la oscuridad, ya que las luces de búsqueda -incluso suponiendo que se hubieran encendido otras además de las que se usan regularmente- pronto se habrían vuelto ineficaces, debido al humo y a la vibración por la detonación de los cañones, lo que probablemente las habría estropeado. La dirección del enemigo podría haber sido enmascarada, y como cada uno de nuestros capitanes habría estado preocupado por el riesgo de que su barco fuera embestido o torpedeado, la masacre que hicimos habría tenido un resultado muy diferente al que realmente tuvo cuando la luz del día permitió a cada comandante ver lo que todos los demás -así como el enemigo- estaban haciendo, y exactamente lo que debía hacerse. Era la diferencia entre certeza e incertidumbre. Durante el día pudimos elegir nuestra distancia del enemigo en relación con el peligro de ser torpedeado” [2].

Pero, además, si el General Linares no hubiera prohibido hacer fuego sobre los dos acorazados yanquis con reflectores que eran la base del bloqueo nocturno, y que se situaban a unas tres millas de las baterías de costa españolas, además de conseguir algún blanco eficaz en ellos, renunció a que se retiraran y apagaran los reflectores por miedo a ser batidos. Y ello hubiera hecho mucho más fácil una salida nocturna. Como siempre, la excusa de los impresentables trataba de ser presentable: ¡ahorrar munición! … que se entregó enterita tras la rendición.

Artillería de Costa y bombardeos yanquis (tomado de La Defensa de Costas en España, del autor)

Al menos un proyectil de 16 cm de los cañones Hontoria de Socapa Alta impactó en la batería de tiro rápido de popa del Texas, matando a un marinero e hiriendo a otros seis, dejándola fuera de servicio. Otro de los obuses (OHRS) de 21cm del Morro lo hizo en el Iowa, lo que demuestra que no eran tan ineficaces.

Los principales bombardeos norteamericanos lo fueron los días 31 de mayo, 6, 14, 15, 16, 18, 21, 22 y 26 de junio, y el 2 de julio, realizando unos 6.000 disparos de todos los calibres. Las distancias de tiro de los yanquis pasaron de los 6.500 metros del primer día a estar entre los 5.400 y los 1.700 de los siguientes, con muy poca eficacia siempre. Un proyectil de 33 cm “enterró” temporalmente un Hontoria de Socapa y otro de 15’24 cm perforó el escudo del segundo Hontoria, sin mayores consecuencias en ambos casos, continuando operativos. El 2 de julio los yanquis inutilizaron un montaje de un OHRS de 21 cm de Socapa, causando tres muertos y siete heridos; en total causaron en la zona 10 muertos y algo más de centenar de heridos.

Su poca eficacia continuó en el combate naval posterior, ya que de los casi 10.000 disparos que efectuaron solo fueron blancos un 2%, y eso contra barcos bien visibles y con velocidad moderada o ya embarrancados (122 impactos de 9.433 disparos, según Frank Freidel en su trabajo The Splendid Little War). Ángel Luis Cervera, en El Desastre del 98 y el fin del Imperio Español (2016), dijo que los impactos fueron 123 en los buques españoles y 64 en los yanquis (el Brooklyn recibió 40 impactos; 6 el Iowa, 3 el Oregón; el Texas y el Indiana 2 cada uno), por lo que se deduce que “la puntería de la artillería española fue sensiblemente superior”. Agustín Rodríguez, en Operaciones de la Guerra de 1898 (1998), escribió: “… estas cifras… parecen relativamente escasas para explicar la pérdida de fuertes buques de 7.000 toneladas”.

Los dos 160 Hontoria de Socapa Alta una vez ocupados por los yanquis

Ametralladora y cañones de Socapa Baja
[1] José Enrique Rovira: Los Votos Particulares de Bustamante; AQUÍ
[2] Enrique Rovira: AQUÍ. Comenta Rovira: Clark nos señala que el humo de los cañones obstruiría el haz de luz los reflectores y los  filamentos de estos no soportarían la vibración de los cañones más potentes y se irían apagando.

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2 respuestas a «125º Aniversario del Desastre del 98. La Escuadra en Cuba (2)»

  1. Confieso mi ignorancia sobre Historia. No sé si me salté esas clases en el bachillerato y en la Universidad, pero de esos episodios en Cuba, Filipinas, Annual … sólo recordaba cosas puntuales como el Maine, “Los últimos de Filipinas” (sobre todo por la película) y poco más.
    Por suerte, con el tiempo, uno va aprendiendo, gracias a diarios como El Español Digital y a sus brillantes colaboradores y lectores.
    ¡Vaya con la magnitud de la Guerra de Cuba!

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