1936. La Checa madrileña de la Brigada de Investigación Criminal de Agapito García Atadell. La historia criminal y siniestra del PSOE (26)

ESCUCHAR NOTICIA: De izquierda a derecha, en la fila de abajo: Ovidio Barba, Molero, Ortiz, Ángel Pedrero García, Agapito García Atadell, Jesús Luque López, desconocido, Fernando López, José Abelardo Barba, Joaquín Casariego y Félix Beltrán; en la segunda fila: Manuel Dueñas, Francisco Huete, Manuel Sanz y Florencio Sanz; en la fila de arriba: la novia de Manuel Dueñas y tres mujeres más Tras el fracaso del Alzamiento Nacional en Madrid con la matanza cobarde y canallesca de los defensores del cuartel de la Montaña, una vez rendidos y desarmados. La detención del General Joaquín Fanjul Goñi y la muerte del también General Miguel García de la Herrán, que intentaba, al frente de una columna salida desde Carabanchel, conectar con los sublevados del propio Cuartel de la Montaña, Madrid cae en manos de las masas socialistas, comunistas, anarquistas, que armadas por orden del presidente de Gobierno, el miembro del partido de Manuel Azaña, Izquierda Republicana, el boticario, miembro de la masonería, José Giral Pereira, convierten a la capital de España en una orgia de sangre y asesinato, dando comienzo    los “paseos” y matanzas indiscriminadas de todos aquellos a los que se les consideraba enemigos del frente popular. En los primeros días de agosto, el Director General de Seguridad, miembro también de la masonería, Manuel Muñoz, diputado a Cortes por Izquierda Republicana, convocó a en el Círculo de Bellas Artes de la madrileña calle de Alcalá, a  representantes de todos los partidos políticos y organizaciones sindicales que integraban el Frente Popular. En aquella reunión se pactaría  la creación de un Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP), que, en estrecho y permanente contacto con la propia Dirección General de Seguridad roja, habría de encargarse, con grandes atribuciones, de dirigir la política represiva en la capital contra los que eran considerados como enemigos facciosos o quinta columnistas. El CPIP quedaría instalado en el propio Círculo de Bellas Artes, para pasar posteriormente, hasta su disolución, en noviembre del mismo año 1936, a ocupar un edificio marcado con el número 9 de la calle de Fomento. Ver artículo titulado “1936. La Siniestra y terrible Checa de la calle Fomento de Madrid. CPIP (Comité Provincial de Investigación Pública). El terror rojo”, publicado en este “Español Digital”,  el de marzo de 2026. Daba comienzo de esa forma, el siniestro y criminal periodo de las Chekas de Madrid, cuyo nombre provenía del apócope ruso “Chrezvichaianaia Komissa” CK, comisión extraordinaria en español, creada en la Unión Soviética en 1917 por los bolcheviques, como primera policía política,  para reprimir con dureza y terror todo acto contrario a la revolución de Lenin. El modelo de aquella siniestra instalación se exportó a  la España roja y marxista en el verano de 1936, disponiendo  todos los partidos políticos, que conformaban el Frente popular, socialistas, anarquistas, comunistas, izquierdistas republicanos, así como ateneos, comités, radios, sindicatos y otras organizaciones, de una o varias de  ellas. Para nutrir de elementos el nuevo Comité Provincial de Investigación, y tras la detención y depuración, en muchos casos con muerte, de funcionarios de la Dirección General de Seguridad, que resultaban sospechosos de desafección al Frente popular,  el Gobierno de Giral realizó numerosas incorporaciones  y nombramientos de Agentes de Policía, que recayeron casi exclusivamente en antiguos afiliados al partido socialista. Uno de ellos sería el del antiguo tipógrafo,  el vivariense Agapito García Atadell, que fue agregado a la Brigada de Investigación Criminal, cuyo mando recaía en el Comisario Antonio Lino. 1936. Agapito García Atadell, junto al Comisario Antonio Lino González. García Atadell había nacido en Vivero (Lugo) el 28 de mayo de 1902.  Siendo adolescente se trasladó a El Ferrol, donde comenzó a trabajar como tipógrafo en un pequeño periódico sindical “El Obrero”. Con veinte años fue detenido por amenazas contra un impresor, que se negó a formar parte a la asociación de impresores a la que Atadell pertenecía. Trasladado a  Madrid encontraría trabajo de tipógrafo en los talleres de los diarios  “El Sol” y “La Voz”. Se uniría al gremio de imprentas en la Asociación del Arte de Imprimir de la UGT socialista, militando también en el PSOE, del que se saldría para afiliarse al partido comunista, que venía de la escisión en 1921 del propio PSOE. Con el General Primo de Rivera en el poder, Atadell sería nuevamente detenido, junto al también comunista Jesús Hernández, futuro ministro de Educación del Frente Popular,  por publicar unos artículos de marcado cariz comunista, donde alentaba a la rebelión contra el Gobierno. Secretario de la juventud Comunista, sería otra vez detenido en noviembre de 1924, ingresando en la cárcel, saliendo en libertad en marzo de 1925. Tras un breve paso por París, regresaría e a España en junio, siendo de nuevo detenido, juzgado y encarcelado. En 1928, para lograr la afiliación al partido Socialista Obrero Español, envió desde prisión una carta al Comité de la agrupación socialista madrileña, que sería publicada en  “El Socialista” , donde pedía su incorporación al partido y explicaba su pasado comunista con frases como estas: “Desde la edad de quince años vengo militando en las filas del proletariado. Circunstancias políticas internacionales, apreciaciones marxistas, hechos ocurridos dentro del Partido Socialista, hicieron inclinar mis simpatías a favor de la Revolución rusa y, por ende, me desligué del socialismo español para militar en la Sección española de la Tercera Internacional. Mi actuación política –y no me pesa– me reportó infinidad de prisiones con sus correspondientes procesos y sinsabores. Tal es la consecuencia lógica de los que luchamos noblemente por ideales de justicia. Mi actuación sindical está limpia de toda marcha. Primero en Vivero –mi pueblo natal–, donde unos cuantos jóvenes organizamos a los obreros del ramo de la construcción, con su correspondiente periódico de combate; después en Ferrol, donde los camaradas de “El Obrero” recibían mi modesta ayuda como colaborador, y posteriormente en la veterana Asociación del Arte de Imprimir, de Madrid, he dedicado todos mis afanes y desvelos en servir a la noble causa que a todos nos guía. Circunstancias excepcionales me llevaron a ocupar puestos importantes dentro del comunismo español. En ellos realicé la labor que pude, creyendo que defendía una causa justa… Las ambiciones de unos, las maldades de otros y las tácticas nefastas de orientación, me hicieron pensar seriamente. Y puesto a pensar, en los ratos de encierro carcelario, he sacado en consecuencia que todos los que militamos en el comunismo español sufrimos un gran error. De ahí el que yo me separe de este partido, para ingresar de nuevo en el que jamás he debido abandonar. Sin embargo, me cabe la satisfacción de que siempre he defendido el ideal con tesón, importándome muy poco los sinsabores sufridos. Pero cuando se tiene cierta experiencia y se ven ciertos manejos indignos, no hay más remedio que desligarse del partido comunista, dado que permanecer en él es perpetuar las luchas internas que minan, desgraciadamente, al proletariado español. Decía el maestro y llorado Iglesias [se refiere a Pablo Iglesias Posse] que “dar a los ilusos reflexión para que no marchen por extraviado camino, es una labor tan positiva, tan grande y tan hermosa, que deben realizarla con verdadera complacencia todos los que militan en el campo socialista”. Y este pensamiento filosófico del maestro lo suscribo íntegro. Pido, pues, camaradas del Comité, mi alta en el Partido y en la Federación de Juventudes. Espero, pues, vuestra decisión. Cordiales saludos proletarios de vuestro compañero.” Una vez salido de prisión, obtuvo la respuesta afirmativa del Comité de la Agrupación Socialista de Madrid, que le permitiría afiliarse de nuevo al PSOE, fomentando desde entonces, una muy buena relación de amistad con el líder socialista Indalecio Prieto Tuero. Durante los sucesos de la sublevación de Jaca y del aeródromo madrileño de Cuatro Vientos, contra la Monarquía, en diciembre de 1930, Atadell fue puesto al mando de un grupo de las juventudes socialistas, entre los que se encontraba un joven periodista que trabajaba en el diario “El Socialista” llamado Santiago Carrillo Solares. Tenían como misión  apoyar el  levantamiento de la guarnición del cuartel de Conde Duque de Madrid. Algo que no se produciría. En marzo de 1934, Agapito participaría en la huelga general de Artes Gráficas, con la consigna socialista de paralizar la salida a la calle de los diarios de derecha, en especial  “ABC”. Gracias al empeño del Ministro de la Gobernación Salazar Alonso y  energía decidida y valiente del Director del propio “ABC”, Marqués de Luca de Tena, secundado por las demás empresas periodísticas madrileñas de derechas, lograron hacer fracasar la huelga. A pesar del fracaso, los dirigentes socialistas vieron en Agapito un excelente agitador por su revolucionaria dirección y  decididas instrucciones a varios obreros del “ABC”, que intentaron exigir el despido de un trabajador no afiliado al marxismo. Desde ese momento pasó a formar parte de la secretaria del partido socialista, con el cargo de auxiliar. En  junio de 1934 Agapito se casa en Jove con su novia Piedad, a quien había conocido en la aldea de Vilaestrofe, cuando Agapito tocaba el clarinete en una orquesta que recorría diversos lugares de la provincia de Lugo. Aquel noviazgo sería complicado pues la familia de Piedad, quien cursaba estudios interna en el colegio de Cristo Rey de Vivero, se opuso de forma tajante al noviazgo, enviando a Piedad  a diversos colegios de Cristo Rey en Andalucía, a fin de que profesase como religiosa.  Agapito logrará sacar a Piedad del convento de Villanueva de Córdoba, donde se encontraba  y casarse con ella por lo civil. Igualmente Atadell participaría en los sucesos de la revolución socialista de octubre de 1934, siendo detenido y enviado a la cárcel, junto a varios dirigentes socialistas, entre ellos Francisco Largo           Caballero. El fraudulento triunfo del Frente Popular, en las elecciones de febrero de 1936, le devolvería la libertad. Desde ese instante pasaría a formar parte de la escolta personal del socialista Indalecio Prieto. Con el asesinato del líder del Bloque Nacional, José Calvo Sotelo, a  manos de un capitán de la Guardia Civil, Guardias de Asalto y pistoleros de la escolta personal del socialista Indalecio Prieto, a quienes conocía perfectamente Agapito. Derrotado el Alzamiento Nacional en Madrid con la caída de los cuarteles de Campamento y la Montaña, con la posterior matanza de los indefensos y rendidos defensores. Con las milicias socialistas, comunistas y anarquistas armadas, Madrid se tiñe de rojo de sangre, odio, socialismo y comunismo. En ese instante y tras la creación, como hemos mencionado, a primeros de agosto, del Comité Provincial de Investigación Pública, CPIP y la posterior implantación de innumerables chekas por toda la capital. Comisario Antonio Lino González. Para ello. Para detener, interrogar, torturar y asesinar se necesitaban nuevos elementos que nutriesen las filas de la Policía, ya depurada de los “elementos facciosos”, por orden del Gobierno y de los propios partidos marxistas. Es entonces cuando Agapito García Atadell pasa a formar parte como componente de esa nueva “Policía” leal al Frente Popular, la mayoría de ellos provenientes del PSOE y partido Comunista y cuyos nombramientos llevaron la firma del Ministro de la Gobernación, el general de la Guardia Civil, conspicuo masón, Sebastián Pozas, Con el cargo de jefe quedaría adscrito a la Brigada de Investigación Criminal, dependiendo oficialmente del Comisario  General de Policía profesional Antonio Lino González (1). Sin embargo este grupo de “agentes” socialistas pronto se desligaría de su dependencia con el Comisario Lino, creando unas “Milicias Populares de Investigación”, que mandaría Atadell, que operarian desde un hotel incautado en la calle de Martínez de la Rosa, número 1, Cuarenta y ocho elementos., entre ellos, Félix Beltrán, Francisco Huete, Ovidio y José Barba, Florencio y Manuel Sanz, José Luque, Daniel Ortego, Fernando García, Luis Manzano, Irene Morante, José Ruipedro, Juan Romero Solano, José López López, Julián Torres Martín y Ramón Fernández Matos, que había sido Director General de Seguridad con el gobierno presidido por Manuel Portela Valladares. Todos de nuevo nombramiento, compondrían la Brigada de Atadell, que gozaría de todo tipo de impunidad, amparada por el gobierno del frente Popular y la agrupación socialista madrileña. Como segundo Jefe, Atadell nombraría a Ángel Pedrero García, y como Jefes de Grupo, a Luis Ortuño y Antonio Albiach Chiralt. Otro hombre de su plena y total confianza fue el gallego, también de Vivero, como Atadell, el abogado Pedro Penabad Rodríguez. Ángel Pedrero García. En aquel cuartel general de Atadell, en Martínez de la Rosa, tendrían triste protagonismo los porteros de casas de Madrid, que con su cobarde y artera delación, llevaron con su canallesca información y vigilancia a cientos de personas, inquilinos, la inmensa mayoría católicos, de partidos contrarios al Frente Popular, con posición económica relevante e incluso por odio y resentimiento, a la siniestra cheka de Atadell, donde la inmensa mayoría de ellos encontrarían la muerte. En aquella siniestra cheka se torturó de forma refinada al modo soviético. Los detenidos, eran brutalmente golpeados y sistemáticamente vejados. Las palizas que les infligían eran con durísimos golpes para causarles dolor extremo, pero cuidándose bien de que el detenido no perdiese el conocimiento y pudiese de esa forma mitigar el tremendo sufrimiento. Los presos, una vez injuriados y golpeados por los miembros de la Brigada, eran encerrados en el garaje  del automóvil, que el chalet tenía el jardín y de la que se bajaba el cierre metálico. El garaje  estaba siempre lleno de presos  y allí permanecían, sin comer y beber, un tiempo variable según la cantidad de detenidos que se hacían diariamente. Otros presos tuvieron más suerte, al ser alojados en el propio chalet, donde se les daba de comer. Incluso cuando el jefe máximo Agapito, se sentía esplendido, daba a los presos buena carne y buen vino. Pedro Penabad Rodríguez. Las sentencias de muerte eran dictadas por el propio Atadell, que antes de huir y convertirse en traidor para el bando rojo, fue jaleado, elogiado, ensalzado y alabado por sus crueles y criminales métodos, por la prensa roja, que sin ningún tipo de escrúpulos, con malvada indiferencia, llegó a insertar fotografías de personas asesinadas por la banda, que con total impunidad, gozando de aquel terrible sufrimiento, asesinó a hijos delante del padre u obligó a contemplar violaciones de esposas e hijas. Entre los “servicios” de la Brigada de Atadell, jaleados por la prensa roja, entre ellos “El Sol”, “Ahora”, “Informaciones”, “La Voz”, y “Crónica”, sobre todo, con entrevista incluida, se encontraron las detenciones del Padre Gafo Muñiz (2) y de Rosario Queipo de Llano, hermana del general Gonzalo Queipo de Llano, que se había sublevado contra el lamentable gobierno del Frente Popular en Sevilla. O la del teniente coronel Uguet Torres, alto mando del Ministerio de la Guerra, que era partidario del Alzamiento Nacional. 1936. Agapito Garcia Atadell con sus hombres de confianza. Los lugares predilectos de la Brigada para efectuar “paseos” y asesinatos eran en las afueras de la capital, preferentemente en la ciudad universitaria, antes de convertirse en zona de guerra con la llegada, a primeros de noviembre, de las tropas del bando Nacional. También asesinaron a inocentes patriotas en el jardín del hotel o en el sótano de la cheka de Martínez de la Rosa. 1936. Agapito Garcia Atadel, el Comisario de Policía Antonio Lino y Pedro Penabad. Con la liberación por las fuerzas Nacionales de los heroicos defensores del Alcázar de Toledo y la marcha de sus columnas hacia Madrid, Agapito García Atadell comienza a sentirse nervioso. Por ello, y ante la posibilidad de que con la llegada a la capital de España de las tropas del ejército Nacional, pudiese ser detenido y juzgado por sus múltiples asesinatos y robos,  diseña un plan para huir de Madrid, ordenando a su fiel colaborador Pedro Penabad, activase la forma y pormenores de la huida. Su última aparición pública en Madrid, fue el 28 de octubre cuando se reunió con el diplomático británico George Oglivie-Forbes, quien le manifestó su enorme y dolorosa preocupación “por su participación, como jefe de la brigada principal de asalto que llevaba a cabo arrestos nocturnos, en aquellos asesinatos que estaban causando en la Commonwealth británica y que este comportamiento era la peor propaganda posible para la causa del Gobierno legítimo de España”. Atadell, con un enorme cinismo, se mostró de acuerdo con el diplomático inglés, culpando de aquellos asesinatos, robos y desmanes a los anarquistas. 1936. “Crónica” dedicaba, el 13 de septiembre, una página entera de su revista a ensalzar a García Atadell y su brigada de asesinos. Seguidamente, con el pretexto de un servicio fuera de Madrid, Agapito marchó hacia Alicante acompañado por su esposa, Piedad Domínguez Díaz y sus dos hombres de mayor confianza. Luis Ortuño y Pedro Penabad, con sus respectivas esposas, con unas maletas llenas de abundante dinero, joyas y piedras preciosas, robadas a sus víctimas. Con pasaportes falsos, que Penabad, que había estado en Cuba en su juventud, lograría en el Consulado Cubano de Alicante, Atadell acudió al consulado de Argentina, entrevistándose con el Cónsul Barreda, a fin de conseguir pasajes para embarcar en el buque de guerra de la Armada Argentina “Veinticinco de Mayo”, que se encontraba fondeado en el puerto de Alicante, con la misión de evacuar extranjeros y refugiados en sus Embajadas y Consulados, que huían del horror rojo. Barreda, a pesar de su pasaporte falso, reconocería a Atadell, pero le facilitaría los pasajes, Tras conseguirlos, pero temeroso de que las Milicias pudiesen reconocerle en la Aduana y detenerlo, Atadell se puso en contacto con el Guarda Costero de Santa Pola, del cual lograría una lancha, engañándole de que se trataba de utilizarla en un asunto policial. Con ella se acercaría desde el puerto santapoleño al buque de guerra argentino. En la lancha viajarían Atadell, Penabad y  Ortuño con sus esposas, además de la viuda e hijo de un piloto del bando Nacional, asesinado por los milicianos frente populistas. Ya a bordo, el “Veinticinco de Mayo”, pondría rumbo a Marsella, a donde llegarían el 12 de noviembre. En la ciudad gala, Atadell acudiría al Consulado Cubano, donde obtendría los pertinentes visados para viajar a la perla de las Antillas. En Marsella, Atadell vendería varias joyas y diamantes que le supondrían unos 84.000 francos. El 20 de noviembre, el mismo día en que José Antonio Primo de Rivera era fusilado en la prisión de Alicante, a bordo del buque francés “Mexique”, Atadell y sus acompañantes pondrían rumbo a La Habana, en un crucero que esperaban fuese muy plácido.(3) El 13 de noviembre, el diario madrileño “Ahora”, que tanto lo había ensalzado, publicó una nota de prensa firmada por el Comité de Control de las Milicias de Investigación, su propia brigada, que decía: “Se pone en conocimiento de la opinión en general que con la huida al extranjero del que fue jefe de esta brigada, García Atadell en compañía de los agentes Luis Ortuño y Pedro Penabad (llevándose maletines de pertenencia colectiva), no quebranta en lo más mínimo el celo y la habilidad con que han venido actuando hasta hoy. Sin que, por el contrario, a las órdenes de la Junta de Defensa y la Dirección General de Seguridad, centuplicaron su entusiasmo para exterminar el fascismo, sin que ninguno de los camaradas que componen esta brigada puedan compartir la más mínima responsabilidad con los que cobardemente abandonan a sus compañeros en los momentos más críticos. En cualquier parte del mundo donde estos hombres pongan sus plantas, llevarán el estigma de la traición. Adelante todos. Firmado Ángel Pedrero, Antonio Albiach, Ovidio Barba, Fermín Blázquez y Pedro Ortega”. La prensa roja le acuso de traidor y las autoridades del Frente Popular comenzaron a hacer gestiones para localizar en Francia a los fugados y conseguir su extradición. Por ello, la detención de Atadell, continua, a día de hoy, envuelta en una nebulosa de misterio. Una versión de la misma apunta a que fue el propio Frente Popular, quien lo delató, por medio de su embajador en París, Luis Araquistáin, informado por el cineasta Luis Buñel, que Atadell se embarcaría en un mercante, que en ruta a Cuba, haría escala en puertos de la España nacional. Buñuel en sus memorias dejó escrito: “García no era más que un bandido, un canalla, pura y simplemente, que se proclamaba socialista. En los primeros meses de la guerra había creado en Madrid, con un pequeño grupo de asesinos, la siniestra Brigada del amanecer. (4) “Por la mañana temprano, penetraban por la fuerza en una casa burguesa, se llevaban a los hombres “de paseo”, violaban a las mujeres y robaban cuanto caía al alcance de su mano. García, a quien los fascistas buscaban ávidamente, era una de las vergüenzas de la República. El chequista marchó a Marsella pretextando una labor de contraespionaje. Allí vendió parte del tesoro acumulado en sus fechorías, y embarcó rumbo a Suramérica. El barco tenía que hacer escala en Santa Cruz de Tenerife, en poder de los franquistas. El embajador no vaciló en avisarlos a través de una Embajada neutral”. Esa información fue compartida con las autoridades francesas y luego con las del bando Nacional. Eso explicaría por qué Atadell, no fue arrestado ni en La Coruña, ni en Vigo, puertos en los que “Mexique”, barco de bandera francesa, que estaba bajo la autoridad del país vecino, haría escalas. Según ello, las autoridades francesas no consintieron su captura en los dos puertos gallegos, dando su autorización, el 24 de noviembre, cuando el buque tocó el puerto de Santa Cruz de La Palma. Otra versión de aquella importante detención se centra en la casualidad. Un periodista madrileño, Manuel Rafart, que viajaba también en el “Mexique”, reconoció a Atadell e informó a la policía del bando nacional, que procedió a detenerlo, junto a Penabad y a otros pasajeros. En un primer momento Atadell y Pedro Penabad lograron confundir a la Policía y a la Guardia Civil, pues un individuo llamado Ernesto Ricord Vivó, que viajaba también en el buque y que habían intimado con Atadell durante el viaje, quiso hacerle de valedor, vestido incluso con la camisa azul de Falange Española, pidiendo su liberación, pues según él eran fugitivos escapados de Barcelona y que Penabad era hermano del Gobernador civil de Lugo, algo completamente falso. Acusó también a Rafart de ser enemigo del bando nacional, por lo que sería detenido.  Ante ello, las autoridades dejaron sin efecto la detención. Sin embargo, el agente de Policía Señor Algaba observaría como Atadell, Penabad y Ricod se abrazaban efusivamente, algo que levantaría muchas sospechas. De igual modo, otro pasajero el falangista Victoriano Acosta, vería como Atadell entregaba dinero a Ernesto Ricord. A punto estuvo de conseguirlo, si no interviene el mencionado periodista, que al verse denunciado y detenido, reaccionó violentamente. Rafart había huido de España para no verse involucrado en la guerra. Una vez detenido, daría a la autoridades policiales Nacionales, suficientes señales de quien era Agapito García Atadell, uno de los más activos y sanguinarios  elementos del Frente Popular español. Ante ello, los Policías detuvieron a García Atadell y Penabad. Ricord desaparecería, siendo posteriormente también detenido. Rafart quedaría en libertad. Curiosamente y de forma poco explicable Piedad Domínguez Díaz, la esposa de Atadell, y Luis Ortuño, no fueron detenidos, ni reconocidos y  continuaron viaje a Cuba, a bordo del “Mexique”. Según declararía posteriormente Atadell, llevaban 35.000 mil pesetas y alrededor de 1.600 dólares,  conseguidos por la venta de los diamantes en Marsella. Una tercera versión indica que el puerto de La Coruña subieron a bordo del “Mexique” un grupo de Guardias Civiles y Falangistas, que durante la travesía hasta Santa Cruz de la Palma comenzaron sospechar que García Atadell y sus acompañantes llevaban pasaportes falsos. Tras confirmar las sospechas, al llegar a Santa Cruz de la Palma, informaron de sus pesquisas a las autoridades, que decidieron registrar el buque francés, procediendo a la detención de Agapito y Penabad, que fueron trasladados primero a Tenerife en cuya cárcel ingresaron el 24 de noviembre y posteriormente a la prisión de Sevilla, adonde llegaron el 19 de diciembre, y en cuya ciudad serían juzgados. En el juicio a que fue sometido, junto a Penabad y Ricord Vivó, iniciado a finales de junio de 1937,  el fiscal presentó un  demoledor alegato ante cualquier defensa posible, tanto de Atadell como de Penabad. En su declaración ante el Tribunal, Agapito manifestó que en el instante del Alzamiento Nacional, era auxiliar en las oficinas del PSOE. Ante la decisión del diputado socialista y posterior ministro de Gobernación,  Ángel Galarza Gago, de reorganizar y limpiar de enemigos la policía, fue escogido para formar una Brigada, junto a otros cuarenta y ocho hombres, entre ellos Fernández Matos, que había sido Director General de Seguridad. La Brigada creada era una especie de comisión de control, con un tribunal sentenciador, que según Atadell, presidia el Comisario Lino, La brigada, según dijo Atadell, habría realizado unas ochocientas detenciones. El presidente del Tribunal tenía voto de calidad para condenar o absolver. El pelotón de pistoleros asesinos, continuó declarando Atadell, estaba formado por Pedrero, Barba y Albiac, que asesinaban a sus víctimas en los alrededores de la Ciudad Universitaria, dejando los cadáveres abandonados hasta la llegada de los servicios de ambulancia. Recordó a varias de las víctimas como Miralles, Duque, Pardo Valcárcel, Cifuentes, Monedero o la señorita Balhier, de nacionalidad francesa, cuyo asesinato ordenó el propio Ángel Galarza, El señor Barriovero, el padre Gafo, el Diputado Fernández Heredia, el secretario particular de Alejandro Lerroux, señor Sánchez Fuster, el director del Diario “La Nación”;  Manuel Delgado Barreto,  Fernando Fernández de Córdoba y Pérez de Barrada, Duque de Lerma, entre otros. Culpó a Ángel Galarza del asesinato del periodista Zamorano, Ruiz Calmita.  En su defensa dijo haber salvado de la muerte, entre otras, a la Duquesa de Lerma, María Luisa Bahía y Chacón y a Rosario Queipo de Llano. Igualmente ayudó a refugiarse en la Embajada de Méjico al comisario Lino. Sobre su huida de Madrid declaró, que a primeros de noviembre, ante la llegada de las tropas Nacionales a Madrid, sugirió a Penabad la huida, yendo a presentarse ante el Ministro de Hacienda, el socialista Juan Negrín, a quien solicitó, para realizar un servicio, que le permitiese sacar 35.000 pesetas, llevándose también, según él, algunas alhajas. Aseguró no haber participado en fusilamientos, ni en robos, aunque consideró posible que lo hubiese hecho miembros de su brigada,   Sobre el dinero que se le incautó, en el momento de su detención, lo justificó diciendo que tenía 40,000 pesetas en su cuenta del banco Hispano Americano. Que tenía asignado un sueldo de 850 pesetas, que recibía del PSOE. Culpo a su camarada Ortuño de vender unos brillantes, en la cantidad de 80.000 pesetas, Nos detendremos, en un próximo artículo, en el juicio de Gracia Atadell. Tras concluyentes pruebas aportadas por el fiscal y testigos, el Tribunal condenaría a Agapito García  Atadell y a Pedro Penabad a la pena de muerte con el agravante de la gran trascendencia de sus delitos, la mucha perversidad demostrada y el gravísimo daño causado a las personas y cosas, víctimas de sus desmanes,  haciendo la salvedad de que Agapito debía ser condenado a muerte por garrote vil por la monstruosidad de sus delitos. A Ernesto Ricord la pena de 20 años de reclusión. Unos días después de conocer la sentencia de muerte, a la que será condenado por rebelión militar, Atadell se convertiría al catolicismo, dejando escrito: “Como públicos ha sido mis ataques a la Santa Madre Iglesia y a su ministerio, quiero que sea mi retractación justo castigo a un pasado el cual detesto, si bien en la penitencia he encontrado saber morir en paz de religión, de salud espiritual y de bienaventuranza. Son muchas las ofensas por mi cometidas contra las autoridades legítimas de Dios en la tierra. A todas ellas les pido perdón y con el perdón la bendición que me redima en la vida y en la muerte del pasado, harto agitado para la paz del espíritu y la salud del alma, que solo se puede encontrar abrazando como abrazo la verdadera religión, que no es otra que la de Jesucristo a quien ofrezco mis actos en el porvenir, redimido por su divina voluntad en mi pasado”. Incluso solicitará el consentimiento de las autoridades para casarse por poderes, por el rito católico, con su esposa Piedad, con la que según manifiesta a las autoridades, “tiene una deuda pendiente”, y a la cual le remite la siguiente carta: “Ya sabes, pues, mis intenciones. Si algo ocurriese te dejo la más completa libertad para que adoptes el estado que más convenga a tus inclinaciones y sentimientos”. “Ayer sábado, me confesé y hace apenas dos horas que he recibido la Santa Comunión. En mis cartas nunca te dije nada, pero escucha, creo y tengo Fe. Algo emocionado te escribo. No es para menos. Desde hace ocho meses, rezo y pido a Dios por ti. Felices hemos sido en esta vida y espero que Dios nos dé mayor felicidad en la otra”. “El bálsamo de la resignación me hace estar feliz. Creo y me basta. Pues bien, tú has forjado tu espíritu, tu vida y tu alma en esa fe que remueve montañas. Aprovéchala, anímate, busca en la ocasión el consuelo y espera tranquila hasta que Él te llame”. Piedad, que había regresado a Francia desde La Habana, aceptó casarse in articulo mortis. Posteriormente vivirá 19 años en Francia hasta su fallecimiento. De igual manera, Agapito enviará otra misiva al líder socialista Indalecio Prieto, al que dice: “Ya no soy socialista. Muero siendo católico”. ¿Qué quiere que yo le diga? Si fuese socialista y así lo afirmase a la hora de morir estoy seguro de que usted y mis antiguos camaradas lamentarían mi muerte y hasta tomarían represalias [sic] de ella. Hoy, que nada me une a ustedes, considero inútil decirle que muero creyendo en Dios. Usted, Prieto, antiguo amigo y antes camarada, piense que aún es tiempo de rectificar su conducta. Tiene corazón y ése es el primer privilegio que Dios les da a los hombres para que se consagren a Él. Rezaré por usted y pediré al Altísimo su conversión. Firmado: A. García Atadell». El 15 de julio, 10 días después del matrimonio religioso por poderes con Piedad, Agapito será ejecutado. Ante un modesto altar presidido por un crucifijo y una imagen de la Virgen de los Dolores. Agapito escucharía Misa y comulgaría. Una vez finalizado el oficio religioso, le manifestaría al padre Franciscano Carlos Villacampa: “Es verdad, que bajo mi dirección se cometieron muchos crímenes: en la checa de los sótanos del Círculo de Bellas Artes, en la de la calle Fomento (antiguo Palacio de Manzanedo), y en la checa de la calle de San Bernardo eran sacrificados todos los días muchos religiosos y sacerdotes, monjas y personas de derechas. Pero haga usted saber a los españoles –y le digo esto con la sinceridad que impone la muerte y el juicio de Dios, ante quien me he de presentar muy pronto– que yo no he mandado atormentar a nadie antes de quitarle la vida. Puedo decir en disculpa mía, aunque con esto no pretenda atenuar mi participación personal en aquellos crímenes y mis simpatías por el Régimen, que salvé a muchas personas de derechas y no hacía otra que cosa que cumplir las órdenes que recibía de la Dirección General de Seguridad”. Villacampa le aconsejaría que antes de morir debería aprovechar poder retratarse en público y pedir perdón por todos sus crímenes, Atadell aceptó y antes de morir exclamó. “Todo lo que voy a escribir lo hago más con el corazón que con la pluma. Mi hora es la hora de la sinceridad frente a la muerte”. “Declaro que abomino y detesto las erróneas y perniciosas doctrinas que he practicado. ¡Pido de todo corazón perdón por mis enormes delitos! ¡Ruego a los que he arrastrado al error y al mal con mis palabras y ejemplo que, ahora que aún es tiempo, los abandonen y se conviertan; no hay más que una verdad, que es Dios; no hay más que un maestro, Jesucristo; no hay más que una luz, la de la Iglesia católica. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!”. (5) Agapito García Atadell Unos instantes antes de morir, acompañado por el padre Cabrera, quien lo había confesado, y el franciscano Villacampa, Agapito pediría al franciscano, un cigarrillo, que el propio Villacampa le colocaría en los labios. Al observar el patíbulo, Atadell se puso muy nervioso, y  dirigiéndose a los sacerdotes dijo. “Pero, padres, ¿voy a ser ahorcado…?». Así es, hijo mío”, le contestarían Cabrera y Villacampa. Una vez ajusticiado, el día siguiente, 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen  su cadáver  sería recogido por miembros de la Santa Caridad que se ocuparían  de darle cristiano enterramiento en el cementerio de San Fernando, de la capital Hispalense. El número exacto de detenciones y asesinatos de la Brigada Atadell nunca se conoció. Pero una vez detenidos varios de sus miembros, al final de la guerra de liberación española, estos dieron a los interrogadores de la Policía del Bando vencedor, información de  que podían estar entre 500 y 800 los primeros y entre 50 y 200 las segundas. Entre las muchas víctimas de la cheka de Atadell, resaltar a la periodista, de nacionalidad francesa, Carmen de Bati. Otros asesinados fueron  los falangistas Antonio y Bernardo Vidal Díaz, el capitán de Artillería Luis Rodríguez Villar,  Luis Chico Montes, Agustín Corredor Florencio, Francisco Gonzalo Herrera, Miguel Fermín Imaz, Julián Apesteguía Urra, Pedro Fernández Molina. Rafael Benjumea Medina,  Pedro Sainz Marqués, Aurelio García Contento, Simón Serrano Benavides, Emiliana Castilblánquez Amores, Dolores Flores Castilblánquez, Doroteo Céspedes Marañón, León López de Longoria y Morán, Diego Benjumea, Víctor Delgado Aranda, José Agulló Lloret, Luis García Dopico, Carlos Bartolomé Capelo, Antonio Cumellas Alsina, Ricardo Beltrán Flores, Mariano Carrascosa Jaquotot, Mariano Poyuelo Pollán, Emilio Picón Hernández, Julio Martínez Jaime, Juan Galduch Guerra,  Rafael Calvo de León y Torrado, José Villanueva Tormo. Valcárcel, José Pérez de la Rosa, José Gutiérrez, Lorenzo Pardo, empleados del diario “ABC” y el señor Miralles, dueño de una carbonería en la calle Rodríguez Sampedro, número 26, asesinado por el simple hecho de apellidarse igual que los hermanos Miralles, que combatieron heroicamente en el puerto de Somosierra contra milicianos rojos en los primeros días de la contienda. Co la llegada de la paz y el triunfo de las armas nacionales, las autoridades judiciales y militares condenaron a muerte, tras juicio, a varios de aquellos siniestros miembros de la Brigada Atadell. 25 de los 51 agentes de la brigada  serían condenados a muerte entre 1939 y 1944 y solo a ocho de ellos se le conmutarían las penas. Uno de ellos, fue Ángel Pedrero. Descrito por el tribunal militar que le juzgó, el 20 de febrero de 1940, como un “hombre frío, sanguinario y depravado”  siendo “la máxima figura del terror», Pedrero fue ajusticiado por garrote vil, el 3 de marzo. El hermano de Agapito, Manuel García Atadell, lo sería a finales de abril de 1939. Octaviano Sousa, en noviembre de 10940 En diciembre de 1941 sería ajusticiado Carmelo Iglesias. Felipe Marcos García-Redondo, fue también ejecutado con garrote el 27 de enero de 1944.  Otros miembros que serían condenados también a muerte y ejecutados, serían el policía Antonio Albiach; el industrial Gerardo González Castaños; el sastre Benito Gómez Tizón, acusado de haber  participado en 14 asesinatos; Aurelio Lozano Picaso, campesino; Jesús Luque López, tipógrafo; Ramón Pajares Pastor, conductor; Vitoriano Pérez Crespo, panadero; Leonardo del Pozo Pérez, acusado del asesinato del alcalde de Las Rozas; Antonio Ramos Carranza, metalúrgico; Baldomero Rosignol, Maestro y Vicente Salvador Arrabal, relacionado con los asesinatos producidos en el asalto a la cárcel Modelo de Madrid, el 23 de agosto de 1936. Notas.- 1.- El Comisario Antonio Lino González, era un republicano conservador. Reconocido católico, con un gran trabajo al frente de la Brigada de Investigación Criminal y al no haber dirigido la División de Investigación Social, -creada  por el Gobierno del General Primo de Rivera, a instancias del general Emilio Mola, mantenida por la II república, durante el periodo de gobierno radical–derechista (noviembre 1933-febrero 1936), lograría la confianza del Director General de Seguridad con el Frente Popular y posteriormente Ministro de la Gobernación con el gabinete presidido por el boticario y masón José Giral, José Alonso Mallol. Sin embargo, con el fracaso del Alzamiento Nacional en Madrid, Lino, que tenía un hijo falangista, que tuvo que esconderse en el Madrid rojo para no ser asesinado, comenzó a ser señalado como desafecto a la revolución, sobre todo por una brigada policial y de represión comunista, dirigida por Javier Méndez y cuyo secretario era Julián Grimau. Ante ello Lino buscó la protección de la Brigada de Atadell. Con la huida de Atadell, Lino lograría trasladarse con su familia a la embajada de Méjico, saliendo posteriormente de España con destino a Francia. En agosto de 1937, en el país galo, Lino escribiría: “Atadell no solo no estaba a mis órdenes, sino que actuaba con tal independencia y tal poder que él hacía y deshacía a su asntojo [sic], sin consultar sino con los amigos que en el Gobierno [de Largo Caballero] tenía”. “Los anarquistas iban por su cuenta, tenían más checas que nadie diseminadas por Madrid, algunas de tanto relieve como la del Cinema Europa, la checa de Ferraz, o la inolvidable checa de Cabrejas. A menudo se paseaban tranquilamente por los despachos de la Dirección General de Seguridad luciendo sus armas y sustrayendo sus fichas y atestados de los archivos”. “A mí y al resto de mi Brigada de policías profesionales nos amenazaban con cortarnos la cabeza como al general López Ochoa y que si no lo hacían, era porque él y sus hombres tenían siempre las pistolas a mano. 2.- El padre Dominico José Gafo Muniz, asturiano de Campòmanes fue el Impulsor del sindicalismo católico, fundando, en febrero de 1914, el Sindicato de Ferroviarios Libres de Madrid, con la misma estructura de los sindicatos católicos, pero sin el distintivo de católico. En 1923 conseguiría que los Sindicatos Católico-Libres del norte de España se unieran con los Libres de Barcelona, formando la Confederación de Sindicatos Libres de España. Incondicional colaborador de la dictadura del General Miguel Primo de Rivera, que le hizo miembro del Consejo de Corporaciones. Con la llegada de la II república, el gobierno del Manuel Azaña, le encarcelaría en 1932, tras el fracasado golpe del 10 de agosto del general Sanjurjo Sacanell. En las elecciones de noviembre de 1933 fue elegido diputado por Navarra en la candidatura del Bloque de Derechas. El padre Gafo sería el primero en utilizar en España las expresiones  “democracia orgánica” y la de “sindicato vertical” para definir su modelo político y su concepción del sindicalismo. El 11 de agosto, siendo superior del convento de Santo Domingo el Real de Madrid, por ausencia del prior, fue detenido por la brigada de García Atadell  y enviado a la cárcel Modelo de Madrid. El día 4 de noviembre fue asesinado al salir de la cárcel. El 28 de octubre de 2007 fue beatificado por el papa Benedicto XVI junto a otros cuatrocientos noventa y siete mártires españoles asesinados en los años 1934, 1936 y 1937. 3.- He aquí cómo describió un periódico de Santa Cruz la vida de Atadell a bordo del «Mexique” según la narración directa de un pasajero. “Una verdadera orgía a bordo.-Agapito García vivía a bordo como un príncipe. Su esplendidez no tenía límites. El dinero lo derramaba a raudales. -Camarero~ decía-vengan licores para todos éstos-. La bebida corría sin tasas. Las risotadas de los pasajeros ponla de tan buen humor a Agapito, que éste repartía dinero entre algunos de aquéllos, pagando con crecidas propinas a los camareros. Estos, cuando pasaba Agapito, le hacían objeto de las más cómicas reverencias. Su fama se extendió pronto por todos los rincones del buque. ¡Qué hombre más espléndido!-, decían. Por iniciativa suya se formaban a veces· fantásticas “orgias. A bordo viajaban unas polacas que pronto –hicieron amistad con Atadell. Este mandaba hacer música organizándose bailes que duraban hasta bien avanzada la noche. Los salones de tercera, cuando esto sucedía, se convertían en un alegre cabaret de Montmartre. El «acaudalado- viajero repetía estas fiestas con frecuencia. Cuando bebía más de lo corriente, se le oía exclamar: -¡Bueno está el pueblo! Una noche, antes de llegar el buque a Santa Cruz de la Palma, Atadell dijo a todos los pasajeros de tercera clase que quisieran oírle: “Cuando el “Mexique” esté próximo a La Habana, organizaremos la noche antes una gran fiesta criolla. Quiero que ustedes guarden un buen recuerdo mío. Estas visitas de García Atadell al departamento de tercera clase, solía siempre hacerlas vestido de pantalón blanco, americana azul y gorra blanca. Parecía un «gentleman•. También usaba siempre colgados al cuello con una correa de cuero negro brillante, unos soberbios prismáticos”. “Cada uno de los detenidos en Santa Cruz de la Palma llevaba su correspondiente dama. No sé, y por ello no puedo asegurarlo, si se trataba de verdaderas esposas o eran sus amantes. Quiero hacer resaltar, sin que ello asegure nada que el periodista Rafart, parecía ser el único casado. Las mujeres iban elegantemente vestidas. Su educaci6n no era vulgar. Hablaban con soltura y demostraban saber desenvolver cualquier clase de conversaci6n. Durante la travesía muy pocas veces las vimos en cubierta. Permanecían en sus camarotes”. 4.- Luis Buñuel confunde la Brigada de Agapito García Atadell con la “Brigada del Amanecer”. Es un error en el que inciden muchos escritores de libros sobre la guerra de liberación española (1936-1939)  La “Escuadrilla del Amanecer”, pertenecía a un órgano estatal como era la Secretaría Técnica del Director de Seguridad, y fue dirigida por el miembro de las juventudes socialistas José Raúl Bellido, funcionario de 1ª Clase del Cuerpo de Investigación y Vigilancia, un despreciable individuo, lleno de insaciable latrocinio, que insatisfecho por los resultados obtenidos en la represión de los primeros días, organizó bajo su mando directo un grupo dedicado exclusivamente a realizar detenciones, cometer asesinatos, y saqueos, que unas veces se realizaban por órdenes superiores y otras por iniciativa de los propios componentes de este grupo, que radicaba en la propia Dirección. Su nombre vino dado, pues los despreciables asesinos, para provocar un despiadado terror en sus víctimas,  realizaban sus fechorías, registros, arbitrarias detenciones y asesinatos en las primeras horas del alba. Bellido tuvo como subdirector de aquella cheka al también socialista Barrenechea. 5.- “García Atadell, hombre – símbolo. Quiénes son ellos”. Editora Nacional. Bilbao. 1937.   Pulse para escuchar el texto De izquierda a derecha, en la fila de abajo: Ovidio Barba, Molero, Ortiz, Ángel Pedrero García, Agapito García Atadell, Jesús Luque López, desconocido, Fernando López, José Abelardo Barba, Joaquín Casariego y Félix Beltrán; en la segunda fila: Manuel Dueñas, Francisco Huete, Manuel Sanz y Florencio Sanz; en la fila de arriba: la novia de Manuel Dueñas y tres mujeres más Tras el fracaso del Alzamiento Nacional en Madrid con la matanza cobarde y canallesca de los defensores del cuartel de la Montaña, una vez rendidos y desarmados. La detención del General Joaquín Fanjul Goñi y la muerte del también General Miguel García de la Herrán, que intentaba, al frente de una columna salida desde Carabanchel, conectar con los sublevados del propio Cuartel de la Montaña, Madrid cae en manos de las masas socialistas, comunistas, anarquistas, que armadas por orden del presidente de Gobierno, el miembro del partido de Manuel Azaña, Izquierda Republicana, el boticario, miembro de la masonería, José Giral Pereira, convierten a la capital de España en una orgia de sangre y asesinato, dando comienzo    los “paseos” y matanzas indiscriminadas de todos aquellos a los que se les consideraba enemigos del frente popular. En los primeros días de agosto, el Director General de Seguridad, miembro también de la masonería, Manuel Muñoz, diputado a Cortes por Izquierda Republicana, convocó a en el Círculo de Bellas Artes de la madrileña calle de Alcalá, a  representantes de todos los partidos políticos y organizaciones sindicales que integraban el Frente Popular. En aquella reunión se pactaría  la creación de un Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP), que, en estrecho y permanente contacto con la propia Dirección General de Seguridad roja, habría de encargarse, con grandes atribuciones, de dirigir la política represiva en la capital contra los que eran considerados como enemigos facciosos o quinta columnistas. El CPIP quedaría instalado en el propio Círculo de Bellas Artes, para pasar posteriormente, hasta su disolución, en noviembre del mismo año 1936, a ocupar un edificio marcado con el número 9 de la calle de Fomento. Ver artículo titulado “1936. La Siniestra y terrible Checa de la calle Fomento de Madrid. CPIP (Comité Provincial de Investigación Pública). El terror rojo”, publicado en este “Español Digital”,  el de marzo de 2026. Daba comienzo de esa forma, el siniestro y criminal periodo de las Chekas de Madrid, cuyo nombre provenía del apócope ruso “Chrezvichaianaia Komissa” CK, comisión extraordinaria en español, creada en la Unión Soviética en 1917 por los bolcheviques, como primera policía política,  para reprimir con dureza y terror todo acto contrario a la revolución de Lenin. El modelo de aquella siniestra instalación se exportó a  la España roja y marxista en el verano de 1936, disponiendo  todos los partidos políticos, que conformaban el Frente popular, socialistas, anarquistas, comunistas, izquierdistas republicanos, así como ateneos, comités, radios, sindicatos y otras organizaciones, de una o varias de  ellas. Para nutrir de elementos el nuevo Comité Provincial de Investigación, y tras la detención y depuración, en muchos casos con muerte, de funcionarios de la Dirección General de Seguridad, que resultaban sospechosos de desafección al Frente popular,  el Gobierno de Giral realizó numerosas incorporaciones  y nombramientos de Agentes de Policía, que recayeron casi exclusivamente en antiguos afiliados al partido socialista. Uno de ellos sería el del antiguo tipógrafo,  el vivariense Agapito García Atadell, que fue agregado a la Brigada de Investigación Criminal, cuyo mando recaía en el Comisario Antonio Lino. 1936. Agapito García Atadell, junto al Comisario Antonio Lino González. García Atadell había nacido en Vivero (Lugo) el 28 de mayo de 1902.  Siendo adolescente se trasladó a El Ferrol, donde comenzó a trabajar como tipógrafo en un pequeño periódico sindical “El Obrero”. Con veinte años fue detenido por amenazas contra un impresor, que se negó a formar parte a la asociación de impresores a la que Atadell pertenecía. Trasladado a  Madrid encontraría trabajo de tipógrafo en los talleres de los diarios  “El Sol” y “La Voz”. Se uniría al gremio de imprentas en la Asociación del Arte de Imprimir de la UGT socialista, militando también en el PSOE, del que se saldría para afiliarse al partido comunista, que venía de la escisión en 1921 del propio PSOE. Con el General Primo de Rivera en el poder, Atadell sería nuevamente detenido, junto al también comunista Jesús Hernández, futuro ministro de Educación del Frente Popular,  por publicar unos artículos de marcado cariz comunista, donde alentaba a la rebelión contra el Gobierno. Secretario de la juventud Comunista, sería otra vez detenido en noviembre de 1924, ingresando en la cárcel, saliendo en libertad en marzo de 1925. Tras un breve paso por París, regresaría e a España en junio, siendo de nuevo detenido, juzgado y encarcelado. En 1928, para lograr la afiliación al partido Socialista Obrero Español, envió desde prisión una carta al Comité de la agrupación socialista madrileña, que sería publicada en  “El Socialista” , donde pedía su incorporación al partido y explicaba su pasado comunista con frases como estas: “Desde la edad de quince años vengo militando en las filas del proletariado. Circunstancias políticas internacionales, apreciaciones marxistas, hechos ocurridos dentro del Partido Socialista, hicieron inclinar mis simpatías a favor de la Revolución rusa y, por ende, me desligué del socialismo español para militar en la Sección española de la Tercera Internacional. Mi actuación política –y no me pesa– me reportó infinidad de prisiones con sus correspondientes procesos y sinsabores. Tal es la consecuencia lógica de los que luchamos noblemente por ideales de justicia. Mi actuación sindical está limpia de toda marcha. Primero en Vivero –mi pueblo natal–, donde unos cuantos jóvenes organizamos a los obreros del ramo de la construcción, con su correspondiente periódico de combate; después en Ferrol, donde los camaradas de “El Obrero” recibían mi modesta ayuda como colaborador, y posteriormente en la veterana Asociación del Arte de Imprimir, de Madrid, he dedicado todos mis afanes y desvelos en servir a la noble causa que a todos nos guía. Circunstancias excepcionales me llevaron a ocupar puestos importantes dentro del comunismo español. En ellos realicé la labor que pude, creyendo que defendía una causa justa… Las ambiciones de unos, las maldades de otros y las tácticas nefastas de orientación, me hicieron pensar seriamente. Y puesto a pensar, en los ratos de encierro carcelario, he sacado en consecuencia que todos los que militamos en el comunismo español sufrimos un gran error. De ahí el que yo me separe de este partido, para ingresar de nuevo en el que jamás he debido abandonar. Sin embargo, me cabe la satisfacción de que siempre he defendido el ideal con tesón, importándome muy poco los sinsabores sufridos. Pero cuando se tiene cierta experiencia y se ven ciertos manejos indignos, no hay más remedio que desligarse del partido comunista, dado que permanecer en él es perpetuar las luchas internas que minan, desgraciadamente, al proletariado español. Decía el maestro y llorado Iglesias [se refiere a Pablo Iglesias Posse] que “dar a los ilusos reflexión para que no marchen por extraviado camino, es una labor tan positiva, tan grande y tan hermosa, que deben realizarla con verdadera complacencia todos los que militan en el campo socialista”. Y este pensamiento filosófico del maestro lo suscribo íntegro. Pido, pues, camaradas del Comité, mi alta en el Partido y en la Federación de Juventudes. Espero, pues, vuestra decisión. Cordiales saludos proletarios de vuestro compañero.” Una vez salido de prisión, obtuvo la respuesta afirmativa del Comité de la Agrupación Socialista de Madrid, que le permitiría afiliarse de nuevo al PSOE, fomentando desde entonces, una muy buena relación de amistad con el líder socialista Indalecio Prieto Tuero. Durante los sucesos de la sublevación de Jaca y del aeródromo madrileño de Cuatro Vientos, contra la Monarquía, en diciembre de 1930, Atadell fue puesto al mando de un grupo de las juventudes socialistas, entre los que se encontraba un joven periodista que trabajaba en el diario “El Socialista” llamado Santiago Carrillo Solares. Tenían como misión  apoyar el  levantamiento de la guarnición del cuartel de Conde Duque de Madrid. Algo que no se produciría. En marzo de 1934, Agapito participaría en la huelga general de Artes Gráficas, con la consigna socialista de paralizar la salida a la calle de los diarios de derecha, en especial  “ABC”. Gracias al empeño del Ministro de la Gobernación Salazar Alonso y  energía decidida y valiente del Director del propio “ABC”, Marqués de Luca de Tena, secundado por las demás empresas periodísticas madrileñas de derechas, lograron hacer fracasar la huelga. A pesar del fracaso, los dirigentes socialistas vieron en Agapito un excelente agitador por su revolucionaria dirección y  decididas instrucciones a varios obreros del “ABC”, que intentaron exigir el despido de un trabajador no afiliado al marxismo. Desde ese momento pasó a formar parte de la secretaria del partido socialista, con el cargo de auxiliar. En  junio de 1934 Agapito se casa en Jove con su novia Piedad, a quien había conocido en la aldea de Vilaestrofe, cuando Agapito tocaba el clarinete en una orquesta que recorría diversos lugares de la provincia de Lugo. Aquel noviazgo sería complicado pues la familia de Piedad, quien cursaba estudios interna en el colegio de Cristo Rey de Vivero, se opuso de forma tajante al noviazgo, enviando a Piedad  a diversos colegios de Cristo Rey en Andalucía, a fin de que profesase como religiosa.  Agapito logrará sacar a Piedad del convento de Villanueva de Córdoba, donde se encontraba  y casarse con ella por lo civil. Igualmente Atadell participaría en los sucesos de la revolución socialista de octubre de 1934, siendo detenido y enviado a la cárcel, junto a varios dirigentes socialistas, entre ellos Francisco Largo           Caballero. El fraudulento triunfo del Frente Popular, en las elecciones de febrero de 1936, le devolvería la libertad. Desde ese instante pasaría a formar parte de la escolta personal del socialista Indalecio Prieto. Con el asesinato del líder del Bloque Nacional, José Calvo Sotelo, a  manos de un capitán de la Guardia Civil, Guardias de Asalto y pistoleros de la escolta personal del socialista Indalecio Prieto, a quienes conocía perfectamente Agapito. Derrotado el Alzamiento Nacional en Madrid con la caída de los cuarteles de Campamento y la Montaña, con la posterior matanza de los indefensos y rendidos defensores. Con las milicias socialistas, comunistas y anarquistas armadas, Madrid se tiñe de rojo de sangre, odio, socialismo y comunismo. En ese instante y tras la creación, como hemos mencionado, a primeros de agosto, del Comité Provincial de Investigación Pública, CPIP y la posterior implantación de innumerables chekas por toda la capital. Comisario Antonio Lino González. Para ello. Para detener, interrogar, torturar y asesinar se necesitaban nuevos elementos que nutriesen las filas de la Policía, ya depurada de los “elementos facciosos”, por orden del Gobierno y de los propios partidos marxistas. Es entonces cuando Agapito García Atadell pasa a formar parte como componente de esa nueva “Policía” leal al Frente Popular, la mayoría de ellos provenientes del PSOE y partido Comunista y cuyos nombramientos llevaron la firma del Ministro de la Gobernación, el general de la Guardia Civil, conspicuo masón, Sebastián Pozas, Con el cargo de jefe quedaría adscrito a la Brigada de Investigación Criminal, dependiendo oficialmente del Comisario  General de Policía profesional Antonio Lino González (1). Sin embargo este grupo de “agentes” socialistas pronto se desligaría de su dependencia con el Comisario Lino, creando unas “Milicias Populares de Investigación”, que mandaría Atadell, que operarian desde un hotel incautado en la calle de Martínez de la Rosa, número 1, Cuarenta y ocho elementos., entre ellos, Félix Beltrán, Francisco Huete, Ovidio y José Barba, Florencio y Manuel Sanz, José Luque, Daniel Ortego, Fernando García, Luis Manzano, Irene Morante, José Ruipedro, Juan Romero Solano, José López López, Julián Torres Martín y Ramón Fernández Matos, que había sido Director General de Seguridad con el gobierno presidido por Manuel Portela Valladares. Todos de nuevo nombramiento, compondrían la Brigada de Atadell, que gozaría de todo tipo de impunidad, amparada por el gobierno del frente Popular y la agrupación socialista madrileña. Como segundo Jefe, Atadell nombraría a Ángel Pedrero García, y como Jefes de Grupo, a Luis Ortuño y Antonio Albiach Chiralt. Otro hombre de su plena y total confianza fue el gallego, también de Vivero, como Atadell, el abogado Pedro Penabad Rodríguez. Ángel Pedrero García. En aquel cuartel general de Atadell, en Martínez de la Rosa, tendrían triste protagonismo los porteros de casas de Madrid, que con su cobarde y artera delación, llevaron con su canallesca información y vigilancia a cientos de personas, inquilinos, la inmensa mayoría católicos, de partidos contrarios al Frente Popular, con posición económica relevante e incluso por odio y resentimiento, a la siniestra cheka de Atadell, donde la inmensa mayoría de ellos encontrarían la muerte. En aquella siniestra cheka se torturó de forma refinada al modo soviético. Los detenidos, eran brutalmente golpeados y sistemáticamente vejados. Las palizas que les infligían eran con durísimos golpes para causarles dolor extremo, pero cuidándose bien de que el detenido no perdiese el conocimiento y pudiese de esa forma mitigar el tremendo sufrimiento. Los presos, una vez injuriados y golpeados por los miembros de la Brigada, eran encerrados en el garaje  del automóvil, que el chalet tenía el jardín y de la que se bajaba el cierre metálico. El garaje  estaba siempre lleno de presos  y allí permanecían, sin comer y beber, un tiempo variable según la cantidad de detenidos que se hacían diariamente. Otros presos tuvieron más suerte, al ser alojados en el propio chalet, donde se les daba de comer. Incluso cuando el jefe máximo Agapito, se sentía esplendido, daba a los presos buena carne y buen vino. Pedro Penabad Rodríguez. Las sentencias de muerte eran dictadas por el propio Atadell, que antes de huir y convertirse en traidor para el bando rojo, fue jaleado, elogiado, ensalzado y alabado por sus crueles y criminales métodos, por la prensa roja, que sin ningún tipo de escrúpulos, con malvada indiferencia, llegó a insertar fotografías de personas asesinadas por la banda, que con total impunidad, gozando de aquel terrible sufrimiento, asesinó a hijos delante del padre u obligó a contemplar violaciones de esposas e hijas. Entre los “servicios” de la Brigada de Atadell, jaleados por la prensa roja, entre ellos “El Sol”, “Ahora”, “Informaciones”, “La Voz”, y “Crónica”, sobre todo, con entrevista incluida, se encontraron las detenciones del Padre Gafo Muñiz (2) y de Rosario Queipo de Llano, hermana del general Gonzalo Queipo de Llano, que se había sublevado contra el lamentable gobierno del Frente Popular en Sevilla. O la del teniente coronel Uguet Torres, alto mando del Ministerio de la Guerra, que era partidario del Alzamiento Nacional. 1936. Agapito Garcia Atadell con sus hombres de confianza. Los lugares predilectos de la Brigada para efectuar “paseos” y asesinatos eran en las afueras de la capital, preferentemente en la ciudad universitaria, antes de convertirse en zona de guerra con la llegada, a primeros de noviembre, de las tropas del bando Nacional. También asesinaron a inocentes patriotas en el jardín del hotel o en el sótano de la cheka de Martínez de la Rosa. 1936. Agapito Garcia Atadel, el Comisario de Policía Antonio Lino y Pedro Penabad. Con la liberación por las fuerzas Nacionales de los heroicos defensores del Alcázar de Toledo y la marcha de sus columnas hacia Madrid, Agapito García Atadell comienza a sentirse nervioso. Por ello, y ante la posibilidad de que con la llegada a la capital de España de las tropas del ejército Nacional, pudiese ser detenido y juzgado por sus múltiples asesinatos y robos,  diseña un plan para huir de Madrid, ordenando a su fiel colaborador Pedro Penabad, activase la forma y pormenores de la huida. Su última aparición pública en Madrid, fue el 28 de octubre cuando se reunió con el diplomático británico George Oglivie-Forbes, quien le manifestó su enorme y dolorosa preocupación “por su participación, como jefe de la brigada principal de asalto que llevaba a cabo arrestos nocturnos, en aquellos asesinatos que estaban causando en la Commonwealth británica y que este comportamiento era la peor propaganda posible para la causa del Gobierno legítimo de España”. Atadell, con un enorme cinismo, se mostró de acuerdo con el diplomático inglés, culpando de aquellos asesinatos, robos y desmanes a los anarquistas. 1936. “Crónica” dedicaba, el 13 de septiembre, una página entera de su revista a ensalzar a García Atadell y su brigada de asesinos. Seguidamente, con el pretexto de un servicio fuera de Madrid, Agapito marchó hacia Alicante acompañado por su esposa, Piedad Domínguez Díaz y sus dos hombres de mayor confianza. Luis Ortuño y Pedro Penabad, con sus respectivas esposas, con unas maletas llenas de abundante dinero, joyas y piedras preciosas, robadas a sus víctimas. Con pasaportes falsos, que Penabad, que había estado en Cuba en su juventud, lograría en el Consulado Cubano de Alicante, Atadell acudió al consulado de Argentina, entrevistándose con el Cónsul Barreda, a fin de conseguir pasajes para embarcar en el buque de guerra de la Armada Argentina “Veinticinco de Mayo”, que se encontraba fondeado en el puerto de Alicante, con la misión de evacuar extranjeros y refugiados en sus Embajadas y Consulados, que huían del horror rojo. Barreda, a pesar de su pasaporte falso, reconocería a Atadell, pero le facilitaría los pasajes, Tras conseguirlos, pero temeroso de que las Milicias pudiesen reconocerle en la Aduana y detenerlo, Atadell se puso en contacto con el Guarda Costero de Santa Pola, del cual lograría una lancha, engañándole de que se trataba de utilizarla en un asunto policial. Con ella se acercaría desde el puerto santapoleño al buque de guerra argentino. En la lancha viajarían Atadell, Penabad y  Ortuño con sus esposas, además de la viuda e hijo de un piloto del bando Nacional, asesinado por los milicianos frente populistas. Ya a bordo, el “Veinticinco de Mayo”, pondría rumbo a Marsella, a donde llegarían el 12 de noviembre. En la ciudad gala, Atadell acudiría al Consulado Cubano, donde obtendría los pertinentes visados para viajar a la perla de las Antillas. En Marsella, Atadell vendería varias joyas y diamantes que le supondrían unos 84.000 francos. El 20 de noviembre, el mismo día en que José Antonio Primo de Rivera era fusilado en la prisión de Alicante, a bordo del buque francés “Mexique”, Atadell y sus acompañantes pondrían rumbo a La Habana, en un crucero que esperaban fuese muy plácido.(3) El 13 de noviembre, el diario madrileño “Ahora”, que tanto lo había ensalzado, publicó una nota de prensa firmada por el Comité de Control de las Milicias de Investigación, su propia brigada, que decía: “Se pone en conocimiento de la opinión en general que con la huida al extranjero del que fue jefe de esta brigada, García Atadell en compañía de los agentes Luis Ortuño y Pedro Penabad (llevándose maletines de pertenencia colectiva), no quebranta en lo más mínimo el celo y la habilidad con que han venido actuando hasta hoy. Sin que, por el contrario, a las órdenes de la Junta de Defensa y la Dirección General de Seguridad, centuplicaron su entusiasmo para exterminar el fascismo, sin que ninguno de los camaradas que componen esta brigada puedan compartir la más mínima responsabilidad con los que cobardemente abandonan a sus compañeros en los momentos más críticos. En cualquier parte del mundo donde estos hombres pongan sus plantas, llevarán el estigma de la traición. Adelante todos. Firmado Ángel Pedrero, Antonio Albiach, Ovidio Barba, Fermín Blázquez y Pedro Ortega”. La prensa roja le acuso de traidor y las autoridades del Frente Popular comenzaron a hacer gestiones para localizar en Francia a los fugados y conseguir su extradición. Por ello, la detención de Atadell, continua, a día de hoy, envuelta en una nebulosa de misterio. Una versión de la misma apunta a que fue el propio Frente Popular, quien lo delató, por medio de su embajador en París, Luis Araquistáin, informado por el cineasta Luis Buñel, que Atadell se embarcaría en un mercante, que en ruta a Cuba, haría escala en puertos de la España nacional. Buñuel en sus memorias dejó escrito: “García no era más que un bandido, un canalla, pura y simplemente, que se proclamaba socialista. En los primeros meses de la guerra había creado en Madrid, con un pequeño grupo de asesinos, la siniestra Brigada del amanecer. (4) “Por la mañana temprano, penetraban por la fuerza en una casa burguesa, se llevaban a los hombres “de paseo”, violaban a las mujeres y robaban cuanto caía al alcance de su mano. García, a quien los fascistas buscaban ávidamente, era una de las vergüenzas de la República. El chequista marchó a Marsella pretextando una labor de contraespionaje. Allí vendió parte del tesoro acumulado en sus fechorías, y embarcó rumbo a Suramérica. El barco tenía que hacer escala en Santa Cruz de Tenerife, en poder de los franquistas. El embajador no vaciló en avisarlos a través de una Embajada neutral”. Esa información fue compartida con las autoridades francesas y luego con las del bando Nacional. Eso explicaría por qué Atadell, no fue arrestado ni en La Coruña, ni en Vigo, puertos en los que “Mexique”, barco de bandera francesa, que estaba bajo la autoridad del país vecino, haría escalas. Según ello, las autoridades francesas no consintieron su captura en los dos puertos gallegos, dando su autorización, el 24 de noviembre, cuando el buque tocó el puerto de Santa Cruz de La Palma. Otra versión de aquella importante detención se centra en la casualidad. Un periodista madrileño, Manuel Rafart, que viajaba también en el “Mexique”, reconoció a Atadell e informó a la policía del bando nacional, que procedió a detenerlo, junto a Penabad y a otros pasajeros. En un primer momento Atadell y Pedro Penabad lograron confundir a la Policía y a la Guardia Civil, pues un individuo llamado Ernesto Ricord Vivó, que viajaba también en el buque y que habían intimado con Atadell durante el viaje, quiso hacerle de valedor, vestido incluso con la camisa azul de Falange Española, pidiendo su liberación, pues según él eran fugitivos escapados de Barcelona y que Penabad era hermano del Gobernador civil de Lugo, algo completamente falso. Acusó también a Rafart de ser enemigo del bando nacional, por lo que sería detenido.  Ante ello, las autoridades dejaron sin efecto la detención. Sin embargo, el agente de Policía Señor Algaba observaría como Atadell, Penabad y Ricod se abrazaban efusivamente, algo que levantaría muchas sospechas. De igual modo, otro pasajero el falangista Victoriano Acosta, vería como Atadell entregaba dinero a Ernesto Ricord. A punto estuvo de conseguirlo, si no interviene el mencionado periodista, que al verse denunciado y detenido, reaccionó violentamente. Rafart había huido de España para no verse involucrado en la guerra. Una vez detenido, daría a la autoridades policiales Nacionales, suficientes señales de quien era Agapito García Atadell, uno de los más activos y sanguinarios  elementos del Frente Popular español. Ante ello, los Policías detuvieron a García Atadell y Penabad. Ricord desaparecería, siendo posteriormente también detenido. Rafart quedaría en libertad. Curiosamente y de forma poco explicable Piedad Domínguez Díaz, la esposa de Atadell, y Luis Ortuño, no fueron detenidos, ni reconocidos y  continuaron viaje a Cuba, a bordo del “Mexique”. Según declararía posteriormente Atadell, llevaban 35.000 mil pesetas y alrededor de 1.600 dólares,  conseguidos por la venta de los diamantes en Marsella. Una tercera versión indica que el puerto de La Coruña subieron a bordo del “Mexique” un grupo de Guardias Civiles y Falangistas, que durante la travesía hasta Santa Cruz de la Palma comenzaron sospechar que García Atadell y sus acompañantes llevaban pasaportes falsos. Tras confirmar las sospechas, al llegar a Santa Cruz de la Palma, informaron de sus pesquisas a las autoridades, que decidieron registrar el buque francés, procediendo a la detención de Agapito y Penabad, que fueron trasladados primero a Tenerife en cuya cárcel ingresaron el 24 de noviembre y posteriormente a la prisión de Sevilla, adonde llegaron el 19 de diciembre, y en cuya ciudad serían juzgados. En el juicio a que fue sometido, junto a Penabad y Ricord Vivó, iniciado a finales de junio de 1937,  el fiscal presentó un  demoledor alegato ante cualquier defensa posible, tanto de Atadell como de Penabad. En su declaración ante el Tribunal, Agapito manifestó que en el instante del Alzamiento Nacional, era auxiliar en las oficinas del PSOE. Ante la decisión del diputado socialista y posterior ministro de Gobernación,  Ángel Galarza Gago, de reorganizar y limpiar de enemigos la policía, fue escogido para formar una Brigada, junto a otros cuarenta y ocho hombres, entre ellos Fernández Matos, que había sido Director General de Seguridad. La Brigada creada era una especie de comisión de control, con un tribunal sentenciador, que según Atadell, presidia el Comisario Lino, La brigada, según dijo Atadell, habría realizado unas ochocientas detenciones. El presidente del Tribunal tenía voto de calidad para condenar o absolver. El pelotón de pistoleros asesinos, continuó declarando Atadell, estaba formado por Pedrero, Barba y Albiac, que asesinaban a sus víctimas en los alrededores de la Ciudad Universitaria, dejando los cadáveres abandonados hasta la llegada de los servicios de ambulancia. Recordó a varias de las víctimas como Miralles, Duque, Pardo Valcárcel, Cifuentes, Monedero o la señorita Balhier, de nacionalidad francesa, cuyo asesinato ordenó el propio Ángel Galarza, El señor Barriovero, el padre Gafo, el Diputado Fernández Heredia, el secretario particular de Alejandro Lerroux, señor Sánchez Fuster, el director del Diario “La Nación”;  Manuel Delgado Barreto,  Fernando Fernández de Córdoba y Pérez de Barrada, Duque de Lerma, entre otros. Culpó a Ángel Galarza del asesinato del periodista Zamorano, Ruiz Calmita.  En su defensa dijo haber salvado de la muerte, entre otras, a la Duquesa de Lerma, María Luisa Bahía y Chacón y a Rosario Queipo de Llano. Igualmente ayudó a refugiarse en la Embajada de Méjico al comisario Lino. Sobre su huida de Madrid declaró, que a primeros de noviembre, ante la llegada de las tropas Nacionales a Madrid, sugirió a Penabad la huida, yendo a presentarse ante el Ministro de Hacienda, el socialista Juan Negrín, a quien solicitó, para realizar un servicio, que le permitiese sacar 35.000 pesetas, llevándose también, según él, algunas alhajas. Aseguró no haber participado en fusilamientos, ni en robos, aunque consideró posible que lo hubiese hecho miembros de su brigada,   Sobre el dinero que se le incautó, en el momento de su detención, lo justificó diciendo que tenía 40,000 pesetas en su cuenta del banco Hispano Americano. Que tenía asignado un sueldo de 850 pesetas, que recibía del PSOE. Culpo a su camarada Ortuño de vender unos brillantes, en la cantidad de 80.000 pesetas, Nos detendremos, en un próximo artículo, en el juicio de Gracia Atadell. Tras concluyentes pruebas aportadas por el fiscal y testigos, el Tribunal condenaría a Agapito García  Atadell y a Pedro Penabad a la pena de muerte con el agravante de la gran trascendencia de sus delitos, la mucha perversidad demostrada y el gravísimo daño causado a las personas y cosas, víctimas de sus desmanes,  haciendo la salvedad de que Agapito debía ser condenado a muerte por garrote vil por la monstruosidad de sus delitos. A Ernesto Ricord la pena de 20 años de reclusión. Unos días después de conocer la sentencia de muerte, a la que será condenado por rebelión militar, Atadell se convertiría al catolicismo, dejando escrito: “Como públicos ha sido mis ataques a la Santa Madre Iglesia y a su ministerio, quiero que sea mi retractación justo castigo a un pasado el cual detesto, si bien en la penitencia he encontrado saber morir en paz de religión, de salud espiritual y de bienaventuranza. Son muchas las ofensas por mi cometidas contra las autoridades legítimas de Dios en la tierra. A todas ellas les pido perdón y con el perdón la bendición que me redima en la vida y en la muerte del pasado, harto agitado para la paz del espíritu y la salud del alma, que solo se puede encontrar abrazando como abrazo la verdadera religión, que no es otra que la de Jesucristo a quien ofrezco mis actos en el porvenir, redimido por su divina voluntad en mi pasado”. Incluso solicitará el consentimiento de las autoridades para casarse por poderes, por el rito católico, con su esposa Piedad, con la que según manifiesta a las autoridades, “tiene una deuda pendiente”, y a la cual le remite la siguiente carta: “Ya sabes, pues, mis intenciones. Si algo ocurriese te dejo la más completa libertad para que adoptes el estado que más convenga a tus inclinaciones y sentimientos”. “Ayer sábado, me confesé y hace apenas dos horas que he recibido la Santa Comunión. En mis cartas nunca te dije nada, pero escucha, creo y tengo Fe. Algo emocionado te escribo. No es para menos. Desde hace ocho meses, rezo y pido a Dios por ti. Felices hemos sido en esta vida y espero que Dios nos dé mayor felicidad en la otra”. “El bálsamo de la resignación me hace estar feliz. Creo y me basta. Pues bien, tú has forjado tu espíritu, tu vida y tu alma en esa fe que remueve montañas. Aprovéchala, anímate, busca en la ocasión el consuelo y espera tranquila hasta que Él te llame”. Piedad, que había regresado a Francia desde La Habana, aceptó casarse in articulo mortis. Posteriormente vivirá 19 años en Francia hasta su fallecimiento. De igual manera, Agapito enviará otra misiva al líder socialista Indalecio Prieto, al que dice: “Ya no soy socialista. Muero siendo católico”. ¿Qué quiere que yo le diga? Si fuese socialista y así lo afirmase a la hora de morir estoy seguro de que usted y mis antiguos camaradas lamentarían mi muerte y hasta tomarían represalias [sic] de ella. Hoy, que nada me une a ustedes, considero inútil decirle que muero creyendo en Dios. Usted, Prieto, antiguo amigo y antes camarada, piense que aún es tiempo de rectificar su conducta. Tiene corazón y ése es el primer privilegio que Dios les da a los hombres para que se consagren a Él. Rezaré por usted y pediré al Altísimo su conversión. Firmado: A. García Atadell». El 15 de julio, 10 días después del matrimonio religioso por poderes con Piedad, Agapito será ejecutado. Ante un modesto altar presidido por un crucifijo y una imagen de la Virgen de los Dolores. Agapito escucharía Misa y comulgaría. Una vez finalizado el oficio religioso, le manifestaría al padre Franciscano Carlos Villacampa: “Es verdad, que bajo mi dirección se cometieron muchos crímenes: en la checa de los sótanos del Círculo de Bellas Artes, en la de la calle Fomento (antiguo Palacio de Manzanedo), y en la checa de la calle de San Bernardo eran sacrificados todos los días muchos religiosos y sacerdotes, monjas y personas de derechas. Pero haga usted saber a los españoles –y le digo esto con la sinceridad que impone la muerte y el juicio de Dios, ante quien me he de presentar muy pronto– que yo no he mandado atormentar a nadie antes de quitarle la vida. Puedo decir en disculpa mía, aunque con esto no pretenda atenuar mi participación personal en aquellos crímenes y mis simpatías por el Régimen, que salvé a muchas personas de derechas y no hacía otra que cosa que cumplir las órdenes que recibía de la Dirección General de Seguridad”. Villacampa le aconsejaría que antes de morir debería aprovechar poder retratarse en público y pedir perdón por todos sus crímenes, Atadell aceptó y antes de morir exclamó. “Todo lo que voy a escribir lo hago más con el corazón que con la pluma. Mi hora es la hora de la sinceridad frente a la muerte”. “Declaro que abomino y detesto las erróneas y perniciosas doctrinas que he practicado. ¡Pido de todo corazón perdón por mis enormes delitos! ¡Ruego a los que he arrastrado al error y al mal con mis palabras y ejemplo que, ahora que aún es tiempo, los abandonen y se conviertan; no hay más que una verdad, que es Dios; no hay más que un maestro, Jesucristo; no hay más que una luz, la de la Iglesia católica. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!”. (5) Agapito García Atadell Unos instantes antes de morir, acompañado por el padre Cabrera, quien lo había confesado, y el franciscano Villacampa, Agapito pediría al franciscano, un cigarrillo, que el propio Villacampa le colocaría en los labios. Al observar el patíbulo, Atadell se puso muy nervioso, y  dirigiéndose a los sacerdotes dijo. “Pero, padres, ¿voy a ser ahorcado…?». Así es, hijo mío”, le contestarían Cabrera y Villacampa. Una vez ajusticiado, el día siguiente, 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen  su cadáver  sería recogido por miembros de la Santa Caridad que se ocuparían  de darle cristiano enterramiento en el cementerio de San Fernando, de la capital Hispalense. El número exacto de detenciones y asesinatos de la Brigada Atadell nunca se conoció. Pero una vez detenidos varios de sus miembros, al final de la guerra de liberación española, estos dieron a los interrogadores de la Policía del Bando vencedor, información de  que podían estar entre 500 y 800 los primeros y entre 50 y 200 las segundas. Entre las muchas víctimas de la cheka de Atadell, resaltar a la periodista, de nacionalidad francesa, Carmen de Bati. Otros asesinados fueron  los falangistas Antonio y Bernardo Vidal Díaz, el capitán de Artillería Luis Rodríguez Villar,  Luis Chico Montes, Agustín Corredor Florencio, Francisco Gonzalo Herrera, Miguel Fermín Imaz, Julián Apesteguía Urra, Pedro Fernández Molina. Rafael Benjumea Medina,  Pedro Sainz Marqués, Aurelio García Contento, Simón Serrano Benavides, Emiliana Castilblánquez Amores, Dolores Flores Castilblánquez, Doroteo Céspedes Marañón, León López de Longoria y Morán, Diego Benjumea, Víctor Delgado Aranda, José Agulló Lloret, Luis García Dopico, Carlos Bartolomé Capelo, Antonio Cumellas Alsina, Ricardo Beltrán Flores, Mariano Carrascosa Jaquotot, Mariano Poyuelo Pollán, Emilio Picón Hernández, Julio Martínez Jaime, Juan Galduch Guerra,  Rafael Calvo de León y Torrado, José Villanueva Tormo. Valcárcel, José Pérez de la Rosa, José Gutiérrez, Lorenzo Pardo, empleados del diario “ABC” y el señor Miralles, dueño de una carbonería en la calle Rodríguez Sampedro, número 26, asesinado por el simple hecho de apellidarse igual que los hermanos Miralles, que combatieron heroicamente en el puerto de Somosierra contra milicianos rojos en los primeros días de la contienda. Co la llegada de la paz y el triunfo de las armas nacionales, las autoridades judiciales y militares condenaron a muerte, tras juicio, a varios de aquellos siniestros miembros de la Brigada Atadell. 25 de los 51 agentes de la brigada  serían condenados a muerte entre 1939 y 1944 y solo a ocho de ellos se le conmutarían las penas. Uno de ellos, fue Ángel Pedrero. Descrito por el tribunal militar que le juzgó, el 20 de febrero de 1940, como un “hombre frío, sanguinario y depravado”  siendo “la máxima figura del terror», Pedrero fue ajusticiado por garrote vil, el 3 de marzo. El hermano de Agapito, Manuel García Atadell, lo sería a finales de abril de 1939. Octaviano Sousa, en noviembre de 10940 En diciembre de 1941 sería ajusticiado Carmelo Iglesias. Felipe Marcos García-Redondo, fue también ejecutado con garrote el 27 de enero de 1944.  Otros miembros que serían condenados también a muerte y ejecutados, serían el policía Antonio Albiach; el industrial Gerardo González Castaños; el sastre Benito Gómez Tizón, acusado de haber  participado en 14 asesinatos; Aurelio Lozano Picaso, campesino; Jesús Luque López, tipógrafo; Ramón Pajares Pastor, conductor; Vitoriano Pérez Crespo, panadero; Leonardo del Pozo Pérez, acusado del asesinato del alcalde de Las Rozas; Antonio Ramos Carranza, metalúrgico; Baldomero Rosignol, Maestro y Vicente Salvador Arrabal, relacionado con los asesinatos producidos en el asalto a la cárcel Modelo de Madrid, el 23 de agosto de 1936. Notas.- 1.- El Comisario Antonio Lino González, era un republicano conservador. Reconocido católico, con un gran trabajo al frente de la Brigada de Investigación Criminal y al no haber dirigido la División de Investigación Social, -creada  por el Gobierno del General Primo de Rivera, a instancias del general Emilio Mola, mantenida por la II república, durante el periodo de gobierno radical–derechista (noviembre 1933-febrero 1936), lograría la confianza del Director General de Seguridad con el Frente Popular y posteriormente Ministro de la Gobernación con el gabinete presidido por el boticario y masón José Giral, José Alonso Mallol. Sin embargo, con el fracaso del Alzamiento Nacional en Madrid, Lino, que tenía un hijo falangista, que tuvo que esconderse en el Madrid rojo para no ser asesinado, comenzó a ser señalado como desafecto a la revolución, sobre todo por una brigada policial y de represión comunista, dirigida por Javier Méndez y cuyo secretario era Julián Grimau. Ante ello Lino buscó la protección de la Brigada de Atadell. Con la huida de Atadell, Lino lograría trasladarse con su familia a la embajada de Méjico, saliendo posteriormente de España con destino a Francia. En agosto de 1937, en el país galo, Lino escribiría: “Atadell no solo no estaba a mis órdenes, sino que actuaba con tal independencia y tal poder que él hacía y deshacía a su asntojo [sic], sin consultar sino con los amigos que en el Gobierno [de Largo Caballero] tenía”. “Los anarquistas iban por su cuenta, tenían más checas que nadie diseminadas por Madrid, algunas de tanto relieve como la del Cinema Europa, la checa de Ferraz, o la inolvidable checa de Cabrejas. A menudo se paseaban tranquilamente por los despachos de la Dirección General de Seguridad luciendo sus armas y sustrayendo sus fichas y atestados de los archivos”. “A mí y al resto de mi Brigada de policías profesionales nos amenazaban con cortarnos la cabeza como al general López Ochoa y que si no lo hacían, era porque él y sus hombres tenían siempre las pistolas a mano. 2.- El padre Dominico José Gafo Muniz, asturiano de Campòmanes fue el Impulsor del sindicalismo católico, fundando, en febrero de 1914, el Sindicato de Ferroviarios Libres de Madrid, con la misma estructura de los sindicatos católicos, pero sin el distintivo de católico. En 1923 conseguiría que los Sindicatos Católico-Libres del norte de España se unieran con los Libres de Barcelona, formando la Confederación de Sindicatos Libres de España. Incondicional colaborador de la dictadura del General Miguel Primo de Rivera, que le hizo miembro del Consejo de Corporaciones. Con la llegada de la II república, el gobierno del Manuel Azaña, le encarcelaría en 1932, tras el fracasado golpe del 10 de agosto del general Sanjurjo Sacanell. En las elecciones de noviembre de 1933 fue elegido diputado por Navarra en la candidatura del Bloque de Derechas. El padre Gafo sería el primero en utilizar en España las expresiones  “democracia orgánica” y la de “sindicato vertical” para definir su modelo político y su concepción del sindicalismo. El 11 de agosto, siendo superior del convento de Santo Domingo el Real de Madrid, por ausencia del prior, fue detenido por la brigada de García Atadell  y enviado a la cárcel Modelo de Madrid. El día 4 de noviembre fue asesinado al salir de la cárcel. El 28 de octubre de 2007 fue beatificado por el papa Benedicto XVI junto a otros cuatrocientos noventa y siete mártires españoles asesinados en los años 1934, 1936 y 1937. 3.- He aquí cómo describió un periódico de Santa Cruz la vida de Atadell a bordo del «Mexique” según la narración directa de un pasajero. “Una verdadera orgía a bordo.-Agapito García vivía a bordo como un príncipe. Su esplendidez no tenía límites. El dinero lo derramaba a raudales. -Camarero~ decía-vengan licores para todos éstos-. La bebida corría sin tasas. Las risotadas de los pasajeros ponla de tan buen humor a Agapito, que éste repartía dinero entre algunos de aquéllos, pagando con crecidas propinas a los camareros. Estos, cuando pasaba Agapito, le hacían objeto de las más cómicas reverencias. Su fama se extendió pronto por todos los rincones del buque. ¡Qué hombre más espléndido!-, decían. Por iniciativa suya se formaban a veces· fantásticas “orgias. A bordo viajaban unas polacas que pronto –hicieron amistad con Atadell. Este mandaba hacer música organizándose bailes que duraban hasta bien avanzada la noche. Los salones de tercera, cuando esto sucedía, se convertían en un alegre cabaret de Montmartre. El «acaudalado- viajero repetía estas fiestas con frecuencia. Cuando bebía más de lo corriente, se le oía exclamar: -¡Bueno está el pueblo! Una noche, antes de llegar el buque a Santa Cruz de la Palma, Atadell dijo a todos los pasajeros de tercera clase que quisieran oírle: “Cuando el “Mexique” esté próximo a La Habana, organizaremos la noche antes una gran fiesta criolla. Quiero que ustedes guarden un buen recuerdo mío. Estas visitas de García Atadell al departamento de tercera clase, solía siempre hacerlas vestido de pantalón blanco, americana azul y gorra blanca. Parecía un «gentleman•. También usaba siempre colgados al cuello con una correa de cuero negro brillante, unos soberbios prismáticos”. “Cada uno de los detenidos en Santa Cruz de la Palma llevaba su correspondiente dama. No sé, y por ello no puedo asegurarlo, si se trataba de verdaderas esposas o eran sus amantes. Quiero hacer resaltar, sin que ello asegure nada que el periodista Rafart, parecía ser el único casado. Las mujeres iban elegantemente vestidas. Su educaci6n no era vulgar. Hablaban con soltura y demostraban saber desenvolver cualquier clase de conversaci6n. Durante la travesía muy pocas veces las vimos en cubierta. Permanecían en sus camarotes”. 4.- Luis Buñuel confunde la Brigada de Agapito García Atadell con la “Brigada del Amanecer”. Es un error en el que inciden muchos escritores de libros sobre la guerra de liberación española (1936-1939)  La “Escuadrilla del Amanecer”, pertenecía a un órgano estatal como era la Secretaría Técnica del Director de Seguridad, y fue dirigida por el miembro de las juventudes socialistas José Raúl Bellido, funcionario de 1ª Clase del Cuerpo de Investigación y Vigilancia, un despreciable individuo, lleno de insaciable latrocinio, que insatisfecho por los resultados obtenidos en la represión de los primeros días, organizó bajo su mando directo un grupo dedicado exclusivamente a realizar detenciones, cometer asesinatos, y saqueos, que unas veces se realizaban por órdenes superiores y otras por iniciativa de los propios componentes de este grupo, que radicaba en la propia Dirección. Su nombre vino dado, pues los despreciables asesinos, para provocar un despiadado terror en sus víctimas,  realizaban sus fechorías, registros, arbitrarias detenciones y asesinatos en las primeras horas del alba. Bellido tuvo como subdirector de aquella cheka al también socialista Barrenechea. 5.- “García Atadell, hombre – símbolo. Quiénes son ellos”. Editora Nacional. Bilbao. 1937.
De izquierda a derecha, en la fila de abajo: Ovidio Barba, Molero, Ortiz, Ángel Pedrero García, Agapito García Atadell, Jesús Luque López, desconocido, Fernando López, José Abelardo Barba, Joaquín Casariego y Félix Beltrán; en la segunda fila: Manuel Dueñas, Francisco Huete, Manuel Sanz y Florencio Sanz; en la fila de arriba: la novia de Manuel Dueñas y tres mujeres más

Tras el fracaso del Alzamiento Nacional en Madrid con la matanza cobarde y canallesca de los defensores del cuartel de la Montaña, una vez rendidos y desarmados. La detención del General Joaquín Fanjul Goñi y la muerte del también General Miguel García de la Herrán, que intentaba, al frente de una columna salida desde Carabanchel, conectar con los sublevados del propio Cuartel de la Montaña, Madrid cae en manos de las masas socialistas, comunistas, anarquistas, que armadas por orden del presidente de Gobierno, el miembro del partido de Manuel Azaña, Izquierda Republicana, el boticario, miembro de la masonería, José Giral Pereira, convierten a la capital de España en una orgia de sangre y asesinato, dando comienzo    los “paseos” y matanzas indiscriminadas de todos aquellos a los que se les consideraba enemigos del frente popular.

En los primeros días de agosto, el Director General de Seguridad, miembro también de la masonería, Manuel Muñoz, diputado a Cortes por Izquierda Republicana, convocó a en el Círculo de Bellas Artes de la madrileña calle de Alcalá, a  representantes de todos los partidos políticos y organizaciones sindicales que integraban el Frente Popular.

En aquella reunión se pactaría  la creación de un Comité Provincial de Investigación Pública (CPIP), que, en estrecho y permanente contacto con la propia Dirección General de Seguridad roja, habría de encargarse, con grandes atribuciones, de dirigir la política represiva en la capital contra los que eran considerados como enemigos facciosos o quinta columnistas.

El CPIP quedaría instalado en el propio Círculo de Bellas Artes, para pasar posteriormente, hasta su disolución, en noviembre del mismo año 1936, a ocupar un edificio marcado con el número 9 de la calle de Fomento. Ver artículo titulado “1936. La Siniestra y terrible Checa de la calle Fomento de Madrid. CPIP (Comité Provincial de Investigación Pública). El terror rojo”, publicado en este “Español Digital”,  el de marzo de 2026.

Daba comienzo de esa forma, el siniestro y criminal periodo de las Chekas de Madrid, cuyo nombre provenía del apócope ruso “Chrezvichaianaia Komissa” CK, comisión extraordinaria en español, creada en la Unión Soviética en 1917 por los bolcheviques, como primera policía política,  para reprimir con dureza y terror todo acto contrario a la revolución de Lenin. El modelo de aquella siniestra instalación se exportó a  la España roja y marxista en el verano de 1936, disponiendo  todos los partidos políticos, que conformaban el Frente popular, socialistas, anarquistas, comunistas, izquierdistas republicanos, así como ateneos, comités, radios, sindicatos y otras organizaciones, de una o varias de  ellas.

Para nutrir de elementos el nuevo Comité Provincial de Investigación, y tras la detención y depuración, en muchos casos con muerte, de funcionarios de la Dirección General de Seguridad, que resultaban sospechosos de desafección al Frente popular,  el Gobierno de Giral realizó numerosas incorporaciones  y nombramientos de Agentes de Policía, que recayeron casi exclusivamente en antiguos afiliados al partido socialista. Uno de ellos sería el del antiguo tipógrafo,  el vivariense Agapito García Atadell, que fue agregado a la Brigada de Investigación Criminal, cuyo mando recaía en el Comisario Antonio Lino.

1936. Agapito García Atadell, junto al Comisario Antonio Lino González.

García Atadell había nacido en Vivero (Lugo) el 28 de mayo de 1902.  Siendo adolescente se trasladó a El Ferrol, donde comenzó a trabajar como tipógrafo en un pequeño periódico sindical “El Obrero”.

Con veinte años fue detenido por amenazas contra un impresor, que se negó a formar parte a la asociación de impresores a la que Atadell pertenecía. Trasladado a  Madrid encontraría trabajo de tipógrafo en los talleres de los diarios  “El Sol” y “La Voz”. Se uniría al gremio de imprentas en la Asociación del Arte de Imprimir de la UGT socialista, militando también en el PSOE, del que se saldría para afiliarse al partido comunista, que venía de la escisión en 1921 del propio PSOE.

Con el General Primo de Rivera en el poder, Atadell sería nuevamente detenido, junto al también comunista Jesús Hernández, futuro ministro de Educación del Frente Popular,  por publicar unos artículos de marcado cariz comunista, donde alentaba a la rebelión contra el Gobierno. Secretario de la juventud Comunista, sería otra vez detenido en noviembre de 1924, ingresando en la cárcel, saliendo en libertad en marzo de 1925. Tras un breve paso por París, regresaría e a España en junio, siendo de nuevo detenido, juzgado y encarcelado.

En 1928, para lograr la afiliación al partido Socialista Obrero Español, envió desde prisión una carta al Comité de la agrupación socialista madrileña, que sería publicada en  “El Socialista” , donde pedía su incorporación al partido y explicaba su pasado comunista con frases como estas: “Desde la edad de quince años vengo militando en las filas del proletariado. Circunstancias políticas internacionales, apreciaciones marxistas, hechos ocurridos dentro del Partido Socialista, hicieron inclinar mis simpatías a favor de la Revolución rusa y, por ende, me desligué del socialismo español para militar en la Sección española de la Tercera Internacional.

Mi actuación política –y no me pesa– me reportó infinidad de prisiones con sus correspondientes procesos y sinsabores. Tal es la consecuencia lógica de los que luchamos noblemente por ideales de justicia.

Mi actuación sindical está limpia de toda marcha. Primero en Vivero –mi pueblo natal–, donde unos cuantos jóvenes organizamos a los obreros del ramo de la construcción, con su correspondiente periódico de combate; después en Ferrol, donde los camaradas de “El Obrero” recibían mi modesta ayuda como colaborador, y posteriormente en la veterana Asociación del Arte de Imprimir, de Madrid, he dedicado todos mis afanes y desvelos en servir a la noble causa que a todos nos guía. Circunstancias excepcionales me llevaron a ocupar puestos importantes dentro del comunismo español. En ellos realicé la labor que pude, creyendo que defendía una causa justa…

Las ambiciones de unos, las maldades de otros y las tácticas nefastas de orientación, me hicieron pensar seriamente. Y puesto a pensar, en los ratos de encierro carcelario, he sacado en consecuencia que todos los que militamos en el comunismo español sufrimos un gran error. De ahí el que yo me separe de este partido, para ingresar de nuevo en el que jamás he debido abandonar.

Sin embargo, me cabe la satisfacción de que siempre he defendido el ideal con tesón, importándome muy poco los sinsabores sufridos. Pero cuando se tiene cierta experiencia y se ven ciertos manejos indignos, no hay más remedio que desligarse del partido comunista, dado que permanecer en él es perpetuar las luchas internas que minan, desgraciadamente, al proletariado español.

Decía el maestro y llorado Iglesias [se refiere a Pablo Iglesias Posse] que “dar a los ilusos reflexión para que no marchen por extraviado camino, es una labor tan positiva, tan grande y tan hermosa, que deben realizarla con verdadera complacencia todos los que militan en el campo socialista”. Y este pensamiento filosófico del maestro lo suscribo íntegro.

Pido, pues, camaradas del Comité, mi alta en el Partido y en la Federación de Juventudes. Espero, pues, vuestra decisión.

Cordiales saludos proletarios de vuestro compañero.”

Una vez salido de prisión, obtuvo la respuesta afirmativa del Comité de la Agrupación Socialista de Madrid, que le permitiría afiliarse de nuevo al PSOE, fomentando desde entonces, una muy buena relación de amistad con el líder socialista Indalecio Prieto Tuero.

Durante los sucesos de la sublevación de Jaca y del aeródromo madrileño de Cuatro Vientos, contra la Monarquía, en diciembre de 1930, Atadell fue puesto al mando de un grupo de las juventudes socialistas, entre los que se encontraba un joven periodista que trabajaba en el diario “El Socialista” llamado Santiago Carrillo Solares. Tenían como misión  apoyar el  levantamiento de la guarnición del cuartel de Conde Duque de Madrid. Algo que no se produciría.

En marzo de 1934, Agapito participaría en la huelga general de Artes Gráficas, con la consigna socialista de paralizar la salida a la calle de los diarios de derecha, en especial  “ABC”. Gracias al empeño del Ministro de la Gobernación Salazar Alonso y  energía decidida y valiente del Director del propio “ABC”, Marqués de Luca de Tena, secundado por las demás empresas periodísticas madrileñas de derechas, lograron hacer fracasar la huelga.

A pesar del fracaso, los dirigentes socialistas vieron en Agapito un excelente agitador por su revolucionaria dirección y  decididas instrucciones a varios obreros del “ABC”, que intentaron exigir el despido de un trabajador no afiliado al marxismo. Desde ese momento pasó a formar parte de la secretaria del partido socialista, con el cargo de auxiliar.

En  junio de 1934 Agapito se casa en Jove con su novia Piedad, a quien había conocido en la aldea de Vilaestrofe, cuando Agapito tocaba el clarinete en una orquesta que recorría diversos lugares de la provincia de Lugo. Aquel noviazgo sería complicado pues la familia de Piedad, quien cursaba estudios interna en el colegio de Cristo Rey de Vivero, se opuso de forma tajante al noviazgo, enviando a Piedad  a diversos colegios de Cristo Rey en Andalucía, a fin de que profesase como religiosa.  Agapito logrará sacar a Piedad del convento de Villanueva de Córdoba, donde se encontraba  y casarse con ella por lo civil.

Igualmente Atadell participaría en los sucesos de la revolución socialista de octubre de 1934, siendo detenido y enviado a la cárcel, junto a varios dirigentes socialistas, entre ellos Francisco Largo           Caballero. El fraudulento triunfo del Frente Popular, en las elecciones de febrero de 1936, le devolvería la libertad. Desde ese instante pasaría a formar parte de la escolta personal del socialista Indalecio Prieto.

Con el asesinato del líder del Bloque Nacional, José Calvo Sotelo, a  manos de un capitán de la Guardia Civil, Guardias de Asalto y pistoleros de la escolta personal del socialista Indalecio Prieto, a quienes conocía perfectamente Agapito. Derrotado el Alzamiento Nacional en Madrid con la caída de los cuarteles de Campamento y la Montaña, con la posterior matanza de los indefensos y rendidos defensores. Con las milicias socialistas, comunistas y anarquistas armadas, Madrid se tiñe de rojo de sangre, odio, socialismo y comunismo. En ese instante y tras la creación, como hemos mencionado, a primeros de agosto, del Comité Provincial de Investigación Pública, CPIP y la posterior implantación de innumerables chekas por toda la capital.

Comisario Antonio Lino González.

Para ello. Para detener, interrogar, torturar y asesinar se necesitaban nuevos elementos que nutriesen las filas de la Policía, ya depurada de los “elementos facciosos”, por orden del Gobierno y de los propios partidos marxistas. Es entonces cuando Agapito García Atadell pasa a formar parte como componente de esa nueva “Policía” leal al Frente Popular, la mayoría de ellos provenientes del PSOE y partido Comunista y cuyos nombramientos llevaron la firma del Ministro de la Gobernación, el general de la Guardia Civil, conspicuo masón, Sebastián Pozas, Con el cargo de jefe quedaría adscrito a la Brigada de Investigación Criminal, dependiendo oficialmente del Comisario  General de Policía profesional Antonio Lino González (1).

Sin embargo este grupo de “agentes” socialistas pronto se desligaría de su dependencia con el Comisario Lino, creando unas “Milicias Populares de Investigación”, que mandaría Atadell, que operarian desde un hotel incautado en la calle de Martínez de la Rosa, número 1, Cuarenta y ocho elementos., entre ellos, Félix Beltrán, Francisco Huete, Ovidio y José Barba, Florencio y Manuel Sanz, José Luque, Daniel Ortego, Fernando García, Luis Manzano, Irene Morante, José Ruipedro, Juan Romero Solano, José López López, Julián Torres Martín y Ramón Fernández Matos, que había sido Director General de Seguridad con el gobierno presidido por Manuel Portela Valladares.

Todos de nuevo nombramiento, compondrían la Brigada de Atadell, que gozaría de todo tipo de impunidad, amparada por el gobierno del frente Popular y la agrupación socialista madrileña. Como segundo Jefe, Atadell nombraría a Ángel Pedrero García, y como Jefes de Grupo, a Luis Ortuño y Antonio Albiach Chiralt. Otro hombre de su plena y total confianza fue el gallego, también de Vivero, como Atadell, el abogado Pedro Penabad Rodríguez.

Ángel Pedrero García.

En aquel cuartel general de Atadell, en Martínez de la Rosa, tendrían triste protagonismo los porteros de casas de Madrid, que con su cobarde y artera delación, llevaron con su canallesca información y vigilancia a cientos de personas, inquilinos, la inmensa mayoría católicos, de partidos contrarios al Frente Popular, con posición económica relevante e incluso por odio y resentimiento, a la siniestra cheka de Atadell, donde la inmensa mayoría de ellos encontrarían la muerte.

En aquella siniestra cheka se torturó de forma refinada al modo soviético. Los detenidos, eran brutalmente golpeados y sistemáticamente vejados. Las palizas que les infligían eran con durísimos golpes para causarles dolor extremo, pero cuidándose bien de que el detenido no perdiese el conocimiento y pudiese de esa forma mitigar el tremendo sufrimiento.

Los presos, una vez injuriados y golpeados por los miembros de la Brigada, eran encerrados en el garaje  del automóvil, que el chalet tenía el jardín y de la que se bajaba el cierre metálico. El garaje  estaba siempre lleno de presos  y allí permanecían, sin comer y beber, un tiempo variable según la cantidad de detenidos que se hacían diariamente. Otros presos tuvieron más suerte, al ser alojados en el propio chalet, donde se les daba de comer. Incluso cuando el jefe máximo Agapito, se sentía esplendido, daba a los presos buena carne y buen vino.

Pedro Penabad Rodríguez.

Las sentencias de muerte eran dictadas por el propio Atadell, que antes de huir y convertirse en traidor para el bando rojo, fue jaleado, elogiado, ensalzado y alabado por sus crueles y criminales métodos, por la prensa roja, que sin ningún tipo de escrúpulos, con malvada indiferencia, llegó a insertar fotografías de personas asesinadas por la banda, que con total impunidad, gozando de aquel terrible sufrimiento, asesinó a hijos delante del padre u obligó a contemplar violaciones de esposas e hijas.

Entre los “servicios” de la Brigada de Atadell, jaleados por la prensa roja, entre ellos “El Sol”, “Ahora”, “Informaciones”, “La Voz”, y “Crónica”, sobre todo, con entrevista incluida, se encontraron las detenciones del Padre Gafo Muñiz (2) y de Rosario Queipo de Llano, hermana del general Gonzalo Queipo de Llano, que se había sublevado contra el lamentable gobierno del Frente Popular en Sevilla. O la del teniente coronel Uguet Torres, alto mando del Ministerio de la Guerra, que era partidario del Alzamiento Nacional.

1936. Agapito Garcia Atadell con sus hombres de confianza.

Los lugares predilectos de la Brigada para efectuar “paseos” y asesinatos eran en las afueras de la capital, preferentemente en la ciudad universitaria, antes de convertirse en zona de guerra con la llegada, a primeros de noviembre, de las tropas del bando Nacional. También asesinaron a inocentes patriotas en el jardín del hotel o en el sótano de la cheka de Martínez de la Rosa.

1936. Agapito Garcia Atadel, el Comisario de Policía Antonio Lino y Pedro Penabad.

Con la liberación por las fuerzas Nacionales de los heroicos defensores del Alcázar de Toledo y la marcha de sus columnas hacia Madrid, Agapito García Atadell comienza a sentirse nervioso. Por ello, y ante la posibilidad de que con la llegada a la capital de España de las tropas del ejército Nacional, pudiese ser detenido y juzgado por sus múltiples asesinatos y robos,  diseña un plan para huir de Madrid, ordenando a su fiel colaborador Pedro Penabad, activase la forma y pormenores de la huida.

Su última aparición pública en Madrid, fue el 28 de octubre cuando se reunió con el diplomático británico George Oglivie-Forbes, quien le manifestó su enorme y dolorosa preocupación “por su participación, como jefe de la brigada principal de asalto que llevaba a cabo arrestos nocturnos, en aquellos asesinatos que estaban causando en la Commonwealth británica y que este comportamiento era la peor propaganda posible para la causa del Gobierno legítimo de España”. Atadell, con un enorme cinismo, se mostró de acuerdo con el diplomático inglés, culpando de aquellos asesinatos, robos y desmanes a los anarquistas.

1936. “Crónica” dedicaba, el 13 de septiembre, una página entera de su revista a ensalzar a García Atadell y su brigada de asesinos.

Seguidamente, con el pretexto de un servicio fuera de Madrid, Agapito marchó hacia Alicante acompañado por su esposa, Piedad Domínguez Díaz y sus dos hombres de mayor confianza. Luis Ortuño y Pedro Penabad, con sus respectivas esposas, con unas maletas llenas de abundante dinero, joyas y piedras preciosas, robadas a sus víctimas.

Con pasaportes falsos, que Penabad, que había estado en Cuba en su juventud, lograría en el Consulado Cubano de Alicante, Atadell acudió al consulado de Argentina, entrevistándose con el Cónsul Barreda, a fin de conseguir pasajes para embarcar en el buque de guerra de la Armada Argentina “Veinticinco de Mayo”, que se encontraba fondeado en el puerto de Alicante, con la misión de evacuar extranjeros y refugiados en sus Embajadas y Consulados, que huían del horror rojo. Barreda, a pesar de su pasaporte falso, reconocería a Atadell, pero le facilitaría los pasajes,

Tras conseguirlos, pero temeroso de que las Milicias pudiesen reconocerle en la Aduana y detenerlo, Atadell se puso en contacto con el Guarda Costero de Santa Pola, del cual lograría una lancha, engañándole de que se trataba de utilizarla en un asunto policial. Con ella se acercaría desde el puerto santapoleño al buque de guerra argentino. En la lancha viajarían Atadell, Penabad y  Ortuño con sus esposas, además de la viuda e hijo de un piloto del bando Nacional, asesinado por los milicianos frente populistas. Ya a bordo, el “Veinticinco de Mayo”, pondría rumbo a Marsella, a donde llegarían el 12 de noviembre.

En la ciudad gala, Atadell acudiría al Consulado Cubano, donde obtendría los pertinentes visados para viajar a la perla de las Antillas. En Marsella, Atadell vendería varias joyas y diamantes que le supondrían unos 84.000 francos. El 20 de noviembre, el mismo día en que José Antonio Primo de Rivera era fusilado en la prisión de Alicante, a bordo del buque francés “Mexique”, Atadell y sus acompañantes pondrían rumbo a La Habana, en un crucero que esperaban fuese muy plácido.(3)

El 13 de noviembre, el diario madrileño “Ahora”, que tanto lo había ensalzado, publicó una nota de prensa firmada por el Comité de Control de las Milicias de Investigación, su propia brigada, que decía: “Se pone en conocimiento de la opinión en general que con la huida al extranjero del que fue jefe de esta brigada, García Atadell en compañía de los agentes Luis Ortuño y Pedro Penabad (llevándose maletines de pertenencia colectiva), no quebranta en lo más mínimo el celo y la habilidad con que han venido actuando hasta hoy. Sin que, por el contrario, a las órdenes de la Junta de Defensa y la Dirección General de Seguridad, centuplicaron su entusiasmo para exterminar el fascismo, sin que ninguno de los camaradas que componen esta brigada puedan compartir la más mínima responsabilidad con los que cobardemente abandonan a sus compañeros en los momentos más críticos. En cualquier parte del mundo donde estos hombres pongan sus plantas, llevarán el estigma de la traición. Adelante todos. Firmado Ángel Pedrero, Antonio Albiach, Ovidio Barba, Fermín Blázquez y Pedro Ortega”.

La prensa roja le acuso de traidor y las autoridades del Frente Popular comenzaron a hacer gestiones para localizar en Francia a los fugados y conseguir su extradición.

Por ello, la detención de Atadell, continua, a día de hoy, envuelta en una nebulosa de misterio. Una versión de la misma apunta a que fue el propio Frente Popular, quien lo delató, por medio de su embajador en París, Luis Araquistáin, informado por el cineasta Luis Buñel, que Atadell se embarcaría en un mercante, que en ruta a Cuba, haría escala en puertos de la España nacional. Buñuel en sus memorias dejó escrito: “García no era más que un bandido, un canalla, pura y simplemente, que se proclamaba socialista. En los primeros meses de la guerra había creado en Madrid, con un pequeño grupo de asesinos, la siniestra Brigada del amanecer. (4)

“Por la mañana temprano, penetraban por la fuerza en una casa burguesa, se llevaban a los hombres “de paseo”, violaban a las mujeres y robaban cuanto caía al alcance de su mano. García, a quien los fascistas buscaban ávidamente, era una de las vergüenzas de la República. El chequista marchó a Marsella pretextando una labor de contraespionaje. Allí vendió parte del tesoro acumulado en sus fechorías, y embarcó rumbo a Suramérica. El barco tenía que hacer escala en Santa Cruz de Tenerife, en poder de los franquistas. El embajador no vaciló en avisarlos a través de una Embajada neutral”.

Esa información fue compartida con las autoridades francesas y luego con las del bando Nacional. Eso explicaría por qué Atadell, no fue arrestado ni en La Coruña, ni en Vigo, puertos en los que “Mexique”, barco de bandera francesa, que estaba bajo la autoridad del país vecino, haría escalas. Según ello, las autoridades francesas no consintieron su captura en los dos puertos gallegos, dando su autorización, el 24 de noviembre, cuando el buque tocó el puerto de Santa Cruz de La Palma.

Otra versión de aquella importante detención se centra en la casualidad. Un periodista madrileño, Manuel Rafart, que viajaba también en el “Mexique”, reconoció a Atadell e informó a la policía del bando nacional, que procedió a detenerlo, junto a Penabad y a otros pasajeros. En un primer momento Atadell y Pedro Penabad lograron confundir a la Policía y a la Guardia Civil, pues un individuo llamado Ernesto Ricord Vivó, que viajaba también en el buque y que habían intimado con Atadell durante el viaje, quiso hacerle de valedor, vestido incluso con la camisa azul de Falange Española, pidiendo su liberación, pues según él eran fugitivos escapados de Barcelona y que Penabad era hermano del Gobernador civil de Lugo, algo completamente falso. Acusó también a Rafart de ser enemigo del bando nacional, por lo que sería detenido.  Ante ello, las autoridades dejaron sin efecto la detención. Sin embargo, el agente de Policía Señor Algaba observaría como Atadell, Penabad y Ricod se abrazaban efusivamente, algo que levantaría muchas sospechas. De igual modo, otro pasajero el falangista Victoriano Acosta, vería como Atadell entregaba dinero a Ernesto Ricord.

A punto estuvo de conseguirlo, si no interviene el mencionado periodista, que al verse denunciado y detenido, reaccionó violentamente. Rafart había huido de España para no verse involucrado en la guerra. Una vez detenido, daría a la autoridades policiales Nacionales, suficientes señales de quien era Agapito García Atadell, uno de los más activos y sanguinarios  elementos del Frente Popular español. Ante ello, los Policías detuvieron a García Atadell y Penabad. Ricord desaparecería, siendo posteriormente también detenido. Rafart quedaría en libertad.

Curiosamente y de forma poco explicable Piedad Domínguez Díaz, la esposa de Atadell, y Luis Ortuño, no fueron detenidos, ni reconocidos y  continuaron viaje a Cuba, a bordo del “Mexique”. Según declararía posteriormente Atadell, llevaban 35.000 mil pesetas y alrededor de 1.600 dólares,  conseguidos por la venta de los diamantes en Marsella.

Una tercera versión indica que el puerto de La Coruña subieron a bordo del “Mexique” un grupo de Guardias Civiles y Falangistas, que durante la travesía hasta Santa Cruz de la Palma comenzaron sospechar que García Atadell y sus acompañantes llevaban pasaportes falsos. Tras confirmar las sospechas, al llegar a Santa Cruz de la Palma, informaron de sus pesquisas a las autoridades, que decidieron registrar el buque francés, procediendo a la detención de Agapito y Penabad, que fueron trasladados primero a Tenerife en cuya cárcel ingresaron el 24 de noviembre y posteriormente a la prisión de Sevilla, adonde llegaron el 19 de diciembre, y en cuya ciudad serían juzgados.

En el juicio a que fue sometido, junto a Penabad y Ricord Vivó, iniciado a finales de junio de 1937,  el fiscal presentó un  demoledor alegato ante cualquier defensa posible, tanto de Atadell como de Penabad.

En su declaración ante el Tribunal, Agapito manifestó que en el instante del Alzamiento Nacional, era auxiliar en las oficinas del PSOE. Ante la decisión del diputado socialista y posterior ministro de Gobernación,  Ángel Galarza Gago, de reorganizar y limpiar de enemigos la policía, fue escogido para formar una Brigada, junto a otros cuarenta y ocho hombres, entre ellos Fernández Matos, que había sido Director General de Seguridad.

La Brigada creada era una especie de comisión de control, con un tribunal sentenciador, que según Atadell, presidia el Comisario Lino, La brigada, según dijo Atadell, habría realizado unas ochocientas detenciones. El presidente del Tribunal tenía voto de calidad para condenar o absolver. El pelotón de pistoleros asesinos, continuó declarando Atadell, estaba formado por Pedrero, Barba y Albiac, que asesinaban a sus víctimas en los alrededores de la Ciudad Universitaria, dejando los cadáveres abandonados hasta la llegada de los servicios de ambulancia. Recordó a varias de las víctimas como Miralles, Duque, Pardo Valcárcel, Cifuentes, Monedero o la señorita Balhier, de nacionalidad francesa, cuyo asesinato ordenó el propio Ángel Galarza, El señor Barriovero, el padre Gafo, el Diputado Fernández Heredia, el secretario particular de Alejandro Lerroux, señor Sánchez Fuster, el director del Diario “La Nación”;  Manuel Delgado Barreto,  Fernando Fernández de Córdoba y Pérez de Barrada, Duque de Lerma, entre otros. Culpó a Ángel Galarza del asesinato del periodista Zamorano, Ruiz Calmita.  En su defensa dijo haber salvado de la muerte, entre otras, a la Duquesa de Lerma, María Luisa Bahía y Chacón y a Rosario Queipo de Llano. Igualmente ayudó a refugiarse en la Embajada de Méjico al comisario Lino.

Sobre su huida de Madrid declaró, que a primeros de noviembre, ante la llegada de las tropas Nacionales a Madrid, sugirió a Penabad la huida, yendo a presentarse ante el Ministro de Hacienda, el socialista Juan Negrín, a quien solicitó, para realizar un servicio, que le permitiese sacar 35.000 pesetas, llevándose también, según él, algunas alhajas.

Aseguró no haber participado en fusilamientos, ni en robos, aunque consideró posible que lo hubiese hecho miembros de su brigada,   Sobre el dinero que se le incautó, en el momento de su detención, lo justificó diciendo que tenía 40,000 pesetas en su cuenta del banco Hispano Americano. Que tenía asignado un sueldo de 850 pesetas, que recibía del PSOE. Culpo a su camarada Ortuño de vender unos brillantes, en la cantidad de 80.000 pesetas,

Nos detendremos, en un próximo artículo, en el juicio de Gracia Atadell.

Tras concluyentes pruebas aportadas por el fiscal y testigos, el Tribunal condenaría a Agapito García  Atadell y a Pedro Penabad a la pena de muerte con el agravante de la gran trascendencia de sus delitos, la mucha perversidad demostrada y el gravísimo daño causado a las personas y cosas, víctimas de sus desmanes,  haciendo la salvedad de que Agapito debía ser condenado a muerte por garrote vil por la monstruosidad de sus delitos. A Ernesto Ricord la pena de 20 años de reclusión.

Unos días después de conocer la sentencia de muerte, a la que será condenado por rebelión militar, Atadell se convertiría al catolicismo, dejando escrito: “Como públicos ha sido mis ataques a la Santa Madre Iglesia y a su ministerio, quiero que sea mi retractación justo castigo a un pasado el cual detesto, si bien en la penitencia he encontrado saber morir en paz de religión, de salud espiritual y de bienaventuranza. Son muchas las ofensas por mi cometidas contra las autoridades legítimas de Dios en la tierra. A todas ellas les pido perdón y con el perdón la bendición que me redima en la vida y en la muerte del pasado, harto agitado para la paz del espíritu y la salud del alma, que solo se puede encontrar abrazando como abrazo la verdadera religión, que no es otra que la de Jesucristo a quien ofrezco mis actos en el porvenir, redimido por su divina voluntad en mi pasado”.

Incluso solicitará el consentimiento de las autoridades para casarse por poderes, por el rito católico, con su esposa Piedad, con la que según manifiesta a las autoridades, “tiene una deuda pendiente”, y a la cual le remite la siguiente carta: “Ya sabes, pues, mis intenciones. Si algo ocurriese te dejo la más completa libertad para que adoptes el estado que más convenga a tus inclinaciones y sentimientos”. “Ayer sábado, me confesé y hace apenas dos horas que he recibido la Santa Comunión. En mis cartas nunca te dije nada, pero escucha, creo y tengo Fe. Algo emocionado te escribo. No es para menos. Desde hace ocho meses, rezo y pido a Dios por ti. Felices hemos sido en esta vida y espero que Dios nos dé mayor felicidad en la otra”. “El bálsamo de la resignación me hace estar feliz. Creo y me basta. Pues bien, tú has forjado tu espíritu, tu vida y tu alma en esa fe que remueve montañas. Aprovéchala, anímate, busca en la ocasión el consuelo y espera tranquila hasta que Él te llame”.

Piedad, que había regresado a Francia desde La Habana, aceptó casarse in articulo mortis. Posteriormente vivirá 19 años en Francia hasta su fallecimiento.

De igual manera, Agapito enviará otra misiva al líder socialista Indalecio Prieto, al que dice: “Ya no soy socialista. Muero siendo católico”. ¿Qué quiere que yo le diga? Si fuese socialista y así lo afirmase a la hora de morir estoy seguro de que usted y mis antiguos camaradas lamentarían mi muerte y hasta tomarían represalias [sic] de ella. Hoy, que nada me une a ustedes, considero inútil decirle que muero creyendo en Dios. Usted, Prieto, antiguo amigo y antes camarada, piense que aún es tiempo de rectificar su conducta. Tiene corazón y ése es el primer privilegio que Dios les da a los hombres para que se consagren a Él. Rezaré por usted y pediré al Altísimo su conversión. Firmado: A. García Atadell».

El 15 de julio, 10 días después del matrimonio religioso por poderes con Piedad, Agapito será ejecutado.

Ante un modesto altar presidido por un crucifijo y una imagen de la Virgen de los Dolores. Agapito escucharía Misa y comulgaría. Una vez finalizado el oficio religioso, le manifestaría al padre Franciscano Carlos Villacampa: “Es verdad, que bajo mi dirección se cometieron muchos crímenes: en la checa de los sótanos del Círculo de Bellas Artes, en la de la calle Fomento (antiguo Palacio de Manzanedo), y en la checa de la calle de San Bernardo eran sacrificados todos los días muchos religiosos y sacerdotes, monjas y personas de derechas. Pero haga usted saber a los españoles –y le digo esto con la sinceridad que impone la muerte y el juicio de Dios, ante quien me he de presentar muy pronto– que yo no he mandado atormentar a nadie antes de quitarle la vida. Puedo decir en disculpa mía, aunque con esto no pretenda atenuar mi participación personal en aquellos crímenes y mis simpatías por el Régimen, que salvé a muchas personas de derechas y no hacía otra que cosa que cumplir las órdenes que recibía de la Dirección General de Seguridad”. Villacampa le aconsejaría que antes de morir debería aprovechar poder retratarse en público y pedir perdón por todos sus crímenes, Atadell aceptó y antes de morir exclamó. “Todo lo que voy a escribir lo hago más con el corazón que con la pluma. Mi hora es la hora de la sinceridad frente a la muerte”. “Declaro que abomino y detesto las erróneas y perniciosas doctrinas que he practicado. ¡Pido de todo corazón perdón por mis enormes delitos! ¡Ruego a los que he arrastrado al error y al mal con mis palabras y ejemplo que, ahora que aún es tiempo, los abandonen y se conviertan; no hay más que una verdad, que es Dios; no hay más que un maestro, Jesucristo; no hay más que una luz, la de la Iglesia católica. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva España!”. (5)

Agapito García Atadell

Unos instantes antes de morir, acompañado por el padre Cabrera, quien lo había confesado, y el franciscano Villacampa, Agapito pediría al franciscano, un cigarrillo, que el propio Villacampa le colocaría en los labios. Al observar el patíbulo, Atadell se puso muy nervioso, y  dirigiéndose a los sacerdotes dijo. “Pero, padres, ¿voy a ser ahorcado…?». Así es, hijo mío”, le contestarían Cabrera y Villacampa. Una vez ajusticiado, el día siguiente, 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen  su cadáver  sería recogido por miembros de la Santa Caridad que se ocuparían  de darle cristiano enterramiento en el cementerio de San Fernando, de la capital Hispalense.

El número exacto de detenciones y asesinatos de la Brigada Atadell nunca se conoció. Pero una vez detenidos varios de sus miembros, al final de la guerra de liberación española, estos dieron a los interrogadores de la Policía del Bando vencedor, información de  que podían estar entre 500 y 800 los primeros y entre 50 y 200 las segundas.

Entre las muchas víctimas de la cheka de Atadell, resaltar a la periodista, de nacionalidad francesa, Carmen de Bati. Otros asesinados fueron  los falangistas Antonio y Bernardo Vidal Díaz, el capitán de Artillería Luis Rodríguez Villar,  Luis Chico Montes, Agustín Corredor Florencio, Francisco Gonzalo Herrera, Miguel Fermín Imaz, Julián Apesteguía Urra, Pedro Fernández Molina. Rafael Benjumea Medina,  Pedro Sainz Marqués, Aurelio García Contento, Simón Serrano Benavides, Emiliana Castilblánquez Amores, Dolores Flores Castilblánquez, Doroteo Céspedes Marañón, León López de Longoria y Morán, Diego Benjumea, Víctor Delgado Aranda, José Agulló Lloret, Luis García Dopico, Carlos Bartolomé Capelo, Antonio Cumellas Alsina, Ricardo Beltrán Flores, Mariano Carrascosa Jaquotot, Mariano Poyuelo Pollán, Emilio Picón Hernández, Julio Martínez Jaime, Juan Galduch Guerra,  Rafael Calvo de León y Torrado, José Villanueva Tormo. Valcárcel, José Pérez de la Rosa, José Gutiérrez, Lorenzo Pardo, empleados del diario “ABC” y el señor Miralles, dueño de una carbonería en la calle Rodríguez Sampedro, número 26, asesinado por el simple hecho de apellidarse igual que los hermanos Miralles, que combatieron heroicamente en el puerto de Somosierra contra milicianos rojos en los primeros días de la contienda.

Co la llegada de la paz y el triunfo de las armas nacionales, las autoridades judiciales y militares condenaron a muerte, tras juicio, a varios de aquellos siniestros miembros de la Brigada Atadell. 25 de los 51 agentes de la brigada  serían condenados a muerte entre 1939 y 1944 y solo a ocho de ellos se le conmutarían las penas.

Uno de ellos, fue Ángel Pedrero. Descrito por el tribunal militar que le juzgó, el 20 de febrero de 1940, como un “hombre frío, sanguinario y depravado”  siendo “la máxima figura del terror», Pedrero fue ajusticiado por garrote vil, el 3 de marzo. El hermano de Agapito, Manuel García Atadell, lo sería a finales de abril de 1939. Octaviano Sousa, en noviembre de 10940

En diciembre de 1941 sería ajusticiado Carmelo Iglesias. Felipe Marcos García-Redondo, fue también ejecutado con garrote el 27 de enero de 1944.  Otros miembros que serían condenados también a muerte y ejecutados, serían el policía Antonio Albiach; el industrial Gerardo González Castaños; el sastre Benito Gómez Tizón, acusado de haber  participado en 14 asesinatos; Aurelio Lozano Picaso, campesino; Jesús Luque López, tipógrafo; Ramón Pajares Pastor, conductor; Vitoriano Pérez Crespo, panadero; Leonardo del Pozo Pérez, acusado del asesinato del alcalde de Las Rozas; Antonio Ramos Carranza, metalúrgico; Baldomero Rosignol, Maestro y Vicente Salvador Arrabal, relacionado con los asesinatos producidos en el asalto a la cárcel Modelo de Madrid, el 23 de agosto de 1936.

Notas.-

1.- El Comisario Antonio Lino González, era un republicano conservador. Reconocido católico, con un gran trabajo al frente de la Brigada de Investigación Criminal y al no haber dirigido la División de Investigación Social, -creada  por el Gobierno del General Primo de Rivera, a instancias del general Emilio Mola, mantenida por la II república, durante el periodo de gobierno radical–derechista (noviembre 1933-febrero 1936), lograría la confianza del Director General de Seguridad con el Frente Popular y posteriormente Ministro de la Gobernación con el gabinete presidido por el boticario y masón José Giral, José Alonso Mallol. Sin embargo, con el fracaso del Alzamiento Nacional en Madrid, Lino, que tenía un hijo falangista, que tuvo que esconderse en el Madrid rojo para no ser asesinado, comenzó a ser señalado como desafecto a la revolución, sobre todo por una brigada policial y de represión comunista, dirigida por Javier Méndez y cuyo secretario era Julián Grimau. Ante ello Lino buscó la protección de la Brigada de Atadell. Con la huida de Atadell, Lino lograría trasladarse con su familia a la embajada de Méjico, saliendo posteriormente de España con destino a Francia. En agosto de 1937, en el país galo, Lino escribiría: “Atadell no solo no estaba a mis órdenes, sino que actuaba con tal independencia y tal poder que él hacía y deshacía a su asntojo [sic], sin consultar sino con los amigos que en el Gobierno [de Largo Caballero] tenía”. “Los anarquistas iban por su cuenta, tenían más checas que nadie diseminadas por Madrid, algunas de tanto relieve como la del Cinema Europa, la checa de Ferraz, o la inolvidable checa de Cabrejas. A menudo se paseaban tranquilamente por los despachos de la Dirección General de Seguridad luciendo sus armas y sustrayendo sus fichas y atestados de los archivos”. “A mí y al resto de mi Brigada de policías profesionales nos amenazaban con cortarnos la cabeza como al general López Ochoa y que si no lo hacían, era porque él y sus hombres tenían siempre las pistolas a mano.

2.- El padre Dominico José Gafo Muniz, asturiano de Campòmanes fue el Impulsor del sindicalismo católico, fundando, en febrero de 1914, el Sindicato de Ferroviarios Libres de Madrid, con la misma estructura de los sindicatos católicos, pero sin el distintivo de católico. En 1923 conseguiría que los Sindicatos Católico-Libres del norte de España se unieran con los Libres de Barcelona, formando la Confederación de Sindicatos Libres de España.

Incondicional colaborador de la dictadura del General Miguel Primo de Rivera, que le hizo miembro del Consejo de Corporaciones. Con la llegada de la II república, el gobierno del Manuel Azaña, le encarcelaría en 1932, tras el fracasado golpe del 10 de agosto del general Sanjurjo Sacanell. En las elecciones de noviembre de 1933 fue elegido diputado por Navarra en la candidatura del Bloque de Derechas.

El padre Gafo sería el primero en utilizar en España las expresiones  “democracia orgánica” y la de “sindicato vertical” para definir su modelo político y su concepción del sindicalismo.

El 11 de agosto, siendo superior del convento de Santo Domingo el Real de Madrid, por ausencia del prior, fue detenido por la brigada de García Atadell  y enviado a la cárcel Modelo de Madrid. El día 4 de noviembre fue asesinado al salir de la cárcel.

El 28 de octubre de 2007 fue beatificado por el papa Benedicto XVI junto a otros cuatrocientos noventa y siete mártires españoles asesinados en los años 1934, 1936 y 1937.

3.- He aquí cómo describió un periódico de Santa Cruz la vida de Atadell a bordo del «Mexique” según la narración directa de un pasajero.

“Una verdadera orgía a bordo.-Agapito García vivía a bordo como un príncipe. Su esplendidez no tenía límites. El dinero lo derramaba a raudales. -Camarero~ decía-vengan licores para todos éstos-. La bebida corría sin tasas. Las risotadas de los pasajeros ponla de tan buen humor a Agapito, que éste repartía dinero entre algunos de aquéllos, pagando con crecidas propinas a los camareros.

Estos, cuando pasaba Agapito, le hacían objeto de las más cómicas reverencias. Su fama se extendió pronto por todos los rincones del buque. ¡Qué hombre más espléndido!-, decían. Por iniciativa suya se formaban a veces· fantásticas “orgias. A bordo viajaban unas polacas que pronto –hicieron amistad con Atadell. Este mandaba hacer música organizándose bailes que duraban hasta bien avanzada la noche. Los salones de tercera, cuando esto sucedía, se convertían en un alegre cabaret de Montmartre. El «acaudalado- viajero repetía estas fiestas con frecuencia. Cuando bebía más de lo corriente, se le oía exclamar: -¡Bueno está el pueblo!

Una noche, antes de llegar el buque a Santa Cruz de la Palma, Atadell dijo a todos los pasajeros de tercera clase que quisieran oírle: “Cuando el “Mexique” esté próximo a La Habana, organizaremos la noche antes una gran fiesta criolla. Quiero que ustedes guarden un buen recuerdo mío.

Estas visitas de García Atadell al departamento de tercera clase, solía siempre hacerlas vestido de pantalón blanco, americana azul y gorra blanca. Parecía un «gentleman•.

También usaba siempre colgados al cuello con una correa de cuero negro brillante, unos soberbios prismáticos”.

“Cada uno de los detenidos en Santa Cruz de la Palma llevaba su correspondiente dama. No sé, y por ello no puedo asegurarlo, si se trataba de verdaderas esposas o eran sus amantes. Quiero hacer resaltar, sin que ello asegure nada que el periodista Rafart, parecía ser el único casado. Las mujeres iban elegantemente vestidas. Su educaci6n no era vulgar. Hablaban con soltura y demostraban saber desenvolver cualquier clase de conversaci6n. Durante la travesía muy pocas veces las vimos en cubierta. Permanecían en sus camarotes”.

4.- Luis Buñuel confunde la Brigada de Agapito García Atadell con la “Brigada del Amanecer”. Es un error en el que inciden muchos escritores de libros sobre la guerra de liberación española (1936-1939)  La “Escuadrilla del Amanecer”, pertenecía a un órgano estatal como era la Secretaría Técnica del Director de Seguridad, y fue dirigida por el miembro de las juventudes socialistas José Raúl Bellido, funcionario de 1ª Clase del Cuerpo de Investigación y Vigilancia, un despreciable individuo, lleno de insaciable latrocinio, que insatisfecho por los resultados obtenidos en la represión de los primeros días, organizó bajo su mando directo un grupo dedicado exclusivamente a realizar detenciones, cometer asesinatos, y saqueos, que unas veces se realizaban por órdenes superiores y otras por iniciativa de los propios componentes de este grupo, que radicaba en la propia Dirección. Su nombre vino dado, pues los despreciables asesinos, para provocar un despiadado terror en sus víctimas,  realizaban sus fechorías, registros, arbitrarias detenciones y asesinatos en las primeras horas del alba. Bellido tuvo como subdirector de aquella cheka al también socialista Barrenechea.

5.- “García Atadell, hombre – símbolo. Quiénes son ellos”. Editora Nacional. Bilbao. 1937.


2 respuestas a «1936. La Checa madrileña de la Brigada de Investigación Criminal de Agapito García Atadell. La historia criminal y siniestra del PSOE (26)»

  1. El Madrid de 1933 a1939 fue una orgia de crímenes desmanes y todo tipo de abusos. Lo vivió un buen amigo de mi padre que estuvo con Santiago Bernabeu cuando fundó el Real Madrid y se llamaba Rafael Morí. Una bellísima persona que no fue asesinado por la chusma socialista de milagro.

  2. La suciedad del miedo. O te sometes al pensamiento único, o estás listo. Es decir, esclavismo disfrazado y promovido por los amos que pagaron a Marx; los que hoy imponen la Agenda engaño, China global.

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