ESCUCHAR NOTICIA:Juan José Olano Orive, estudiante militante del S.E.U, asesinado en Madrid.
El 10 de marzo de 1936, dos jóvenes, Juan José Olano Orive y Enrique Bellsolell Castiñeira, son asaltados en plena calle de Alberto Aguilera de Madrid, por un grupo de miembros comunistas de la Milicias Obreras y Campesinas (MAOC), que armados de pistolas, les conminaron a enseñar la documentación.
Enrique Bellsolell Castiñeira.
Enrique, madrileño de nacimiento, huérfano de padre vive junto a su madre y hermanos en la calle Benito Gutiérrez. Tiene diecisiete años y es alumno de la escuela de Comercio y está integrado en las juventudes Tradicionalistas. Su amigo Juan José Olono, sevillano de nacimiento, de dieciocho años de edad, vive en la calle de Ferraz y es alumno de la Facultad de Derecho y pertenece al SEU (Sindicato Español Universitario) de Falange Española y de las JONS, del que es un militante destacado.
Ambos acaban de salir del cine Flor, sito en la misma calle de Alberto Aguilera. El reloj marca las nueve y media de la noche. En ese instante un grupo de miembros de las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas), les asaltan y les detienen, les cachean y les piden la documentación.
En la cartera de uno de ellos, los matones marxistas encontraron unos recibos de las Juventudes de Acción Católica y otro del SEU. Ahí comenzaron los insultos, golpes y patadas. Acusados de ser fascistas los jóvenes aguantan de forma firme y valerosa los ataques y provocaciones de los matones marxistas.
Uno de ellos, para zanjar el acoso, disparó a quemarropa, de forma súbita, contra los dos jóvenes, hiriéndoles de extrema gravedad. Ambos consiguen zafarse de la turba roja que les acosa. Heridos, logran huir del lugar. Unas calles más adelante, debido a las heridas, se desploman al suelo.
Gracias a la decisión de un militar, que presencia la escena y corre en su ayuda, y al que se unen otros viandantes, que detendrán un vehículo donde será introducido Juan José, que ante la llegada de un sacerdote al lugar de los hechos, le pide la comunión, algo que, ante la enorme gravedad del joven falangista, no se la puede administrar. Sera conducido a la casa de socorro de la Tenencia de Alcaldía. Por su parte, Enrique será trasladado al sanatorio de Nuestra Señora de la Salud. Juan José fallecería a las dos de la madrugada del día 11, tras recibir la Extremaunción. Sus últimas palabras son para perdonar a sus asesinos y para decir; “Muero por Dios y por España”.
Por su parte, Enrique fallece el día 14, también con el nombre de Dios y España en sus labios. El Gobierno prohibiría expresamente que se le enterrara públicamente o se le efectuara homenaje alguno, algo que haría exclamar al Jefe nacional de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera: “No se puede ni llorar”. “Hay que continuar en la lucha, que será el mejor homenaje que le podamos rendir a Juan José Olano”.
Las MAOC. (Milicias antifascistas obreras y campesinas), eran una organización paramilitar de carácter comunista, creada a finales de 1933 y que había participado en la fallida revolución de octubre de 1934 y tras la cual quedó casi por completo extinguida. Pero con la llegada al poder de forma fraudulenta del Frente popular, con robo escandaloso de falsificación de actas, tras la elecciones del 16 febrero de 1936, las MAOC se reorganizarían de nuevo.
En marzo, una vez realizada la fusión de las Juventudes socialistas con las comunistas, creando las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) los miembros de las MAOC pasarán a integrarse en ellas. Las MAOC se hacen con armas y explosivos, recibiendo entrenamiento paramilitar por parte de oficiales del Ejército y Guardia Civil, entre ellos Francisco Galán, hermano de Fermín Galán, el capitán que se había sublevado contra la monarquía de Alfonso XIII, en Jaca en diciembre de 1930 y destacados comunistas como Juan Modesto y Enrique Liste. Adoptan como uniforme el mismo que las JSU, compuesto por camisa azul y corbata roja, mientras que los comisarios políticos portaban sobre el bolsillo de la camisa una estrella roja de cinco puntas. Se compondrán de alrededor 1500 efectivos.
Estas milicias marxistas crearon en Madrid el primer centro de interrogación, tortura y muerte, antes de la implantación, a principios del mes de agosto, con la guerra de Liberación ya iniciada, de las abominables y siniestras chekas, que teñirían de sangre, terror, odio y muerte todos los barrios y distritos de la capital de España. Para ampliar el conocimiento que lo que fueron las MAOC y sus crímenes, recomiendo la lectura del riguroso libro «Violencia roja antes de la guerra civil: Antillón 4. La primera checa de la república « del que son autores Sergio Campos Cacho y José Antonio Martín Otin «Peton». La esfera. Editorial Planeta .Madrid 2024.
En aquella España, con un gobierno sectario, que se había declarado beligerante contra todos los que no participaban de sus ideas de disgregación de España, a los que perseguía y encarcelaba de forma arbitraria e injustificada, y que había encendido toda clase de odios, la venganza no se hace esperar. Camaradas de Juan José, furiosos por su asesinato, preparan una acción de represalia de máxima envergadura.
A las ocho y diez minutos de la mañana del día 12 de marzo, el diputado socialista y catedrático de derecho penal, Luis Jiménez de Asúa, se disponía a salir de su casa, situada en el número 24 de la calle Goya de Madrid, para dirigirse a su catedra de la Universidad. Le acompañaban el agente de Vigilancia Jesús Gisbert Urreta, de veintiséis años, encargado del servicio de escolta del señor Asúa, y un amigo del catedrático, que había ido a buscarle a su domicilio.
Luis Jiménez de Asúa, diputado del partido Socialista.
El portal de la casa donde habitaba el señor Jiménez de Asúa, era largo y estrecho y antes de la puerta de acceso a la calle tenía una mampara de cristal. El diputado socialista que salía delante del policía de escolta y de su amigo, observó desde la mampara que en la acera, frente al portal, se hallaba estacionado un vehículo marca Chevrolet de color gris con una puerta abierta, ocupado por cuatro individuos. Asúa se percató, en ese instante, que uno de los ocupantes del Chevrolet vestido con gabardina clara y sombrero de color verde, desenfundaba una pistola. “¡Gisbert!”, gritó el diputado “¡Estos nos matan!”.
Jiménez de Asúa, su amigo y el agente de Policía salieron a la calle. El diputado socialista comenzó a correr en zig-zag por la calle de Goya, hacia la esquina de la de Velázquez, al mismo tiempo que desde el coche, con una pistola ametralladora, disparaban repetidas veces sobre él. Asúa dobló la esquina de la calle de Velázquez y, ya en esta calle, se detuvo para esperar la llegada de su amigo y del agente, que venían corriendo tras él. Sin embargo Gisbert no llegaría nunca junto al diputado. Dos balas habían hecho blanco en el cuerpo del agente, que cayó al suelo en medio de un charco de sangre.
La acción fue vista y no vista. Incluso los agresores tuvieron que escapar del lugar de los hechos a pie, pues abandonaron el vehículo al no poderlo poner en marcha, huyendo por la calle de Núñez de Balboa, con dirección a la de Hermosilla.
El señor Gisbert, trasladado en un taxi, ingresó en el equipo quirúrgico de la casa de Socorro del distrito, mortalmente herido. Tenía un balazo en el hipocondrio izquierdo, que le atravesaba el hígado. También había sido herido por una bala, en el talón del pie derecho. Le fue practicada una operación quirúrgica por parte del doctor Segovia, que no pudo más que certificar su fallecimiento, que se produjo a las once y cuarto de la mañana.
El agente Gisbert pertenecía al Cuerpo de Vigilancia desde 1930. Al ingresar en la Policía fue trasladado a Jaca. Llevaba algún tiempo dedicado al servicia de custodias políticas. El día primero de diciembre del año anterior, había comenzado a prestar servicio de custodia cerca del señor Asúa.
En las fachadas de las casas que mediaban entre el portal de donde salió el señor Jiménez de Asúa hasta la esquina de la calle de Velázquez, quedaron perfectamente marcados en línea numerosos impactos de las balas de una pistola ametralladora, correspondientes a los disparos con fueron siguiendo los agresores la carrera del señor Jiménez de Asúa.
La capilla ardiente quedó instalada en el salón rojo de la Dirección general de Seguridad, de la calle de Víctor Hugo, a cuyo edificio, en una ambulancia, fue conducido a las diez de la noche el féretro del agente Gisbert.
A las cuatro y media de la tarde, del día siguiente compañeros del agente muerto descendieron el cadáver hasta el coche fúnebre, que esperaba frente a la puerta de la dirección en la calle de Víctor Hugo. El descenso se hizo con grandes dificultades, puesto que las escaleras estaban llenas de público, entre el cual se veían diferentes representaciones de los distintos organismos del Estado y otras entidades políticas y sociales.
Entierro del Policía señor Gisbert.
Colocado el féretro en el coche, la comitiva se puso en marcha. Iba primero una gran multitud, que precedía a los numerosos coches que transportaban las coronas enviadas a la Dirección general de Seguridad en homenaje al agente muerto. A continuación marchaba la presidencia familiar, integrada por un hermano del agente señor Gisbert y otros familiares. Iba a continuación la presidencia oficial, en la que figuraban: el ministro de la Gobernación, el inspector general de la Guardia civil, el director general de Seguridad, el alcalde de Madrid y otras personalidades oficiales. La marcha de la comitiva fue muy dificultosa. En la Gran Vía y en la calle de Alcalá se habían aglomerado miles de personas. Muchos jóvenes se habían encaramado en la techumbre de los tranvías, que permanecían sin circular en la calle de Alcalá. Desde la Dirección general de Seguridad hasta la Cibeles, lugar señalado para la despedida del duelo, la comitiva tardo más de una hora.
En la Cibeles se unieron a la presidencia oficial del duelo el subsecretario de Gobernación y el de la Presidencia del Consejo, señor Fernández Clérigo, que ostentaba la representación del presidente del Consejo de Ministros. La representación familiar y muchas personas siguieron el cortejo hasta el cementerio.
Desde la Cibeles, la mayor parte de la comitiva siguió hasta el cementerio, donde recibió sepultura el cadáver del agente señor Gisbert. Al regresar, los elementos de la comitiva que pertenecían a los partidos marxistas, sobre todo estudiantes adscritos a la FUE y al PSOE, se encaminaron hacia el centro de Madrid, dando gritos y consignas contra las derechas y sus máximos dirigentes. Se detuvieron en la calle de la Montera donde prendieron fuego a la iglesia de San Luis de los Franceses, quemando también la de San Ignacio, sin que lo impidiese la Guardia de Asalto, que tenía órdenes del gobierno del Frente popular lleno de masones y anticlericales, de no intervenir en acciones contra la iglesia católica. En aquellos incendios resultaron muertos dos bomberos. Atacaron y quemaron la redacción del diario “La Nación” y gracias a la intervención –esta vez si- de la Guardia de Asalto no pudieron asaltar el periódico “ABC”. Unos valientes Requetés defendieron la redacción del “Siglo Futuro”, que tampoco pudo ser tomada y destruida por las turbas marxistas. España se encaminaba hacia una primavera y verano trágicos, que desembocaría en el alzamiento del mes de julio y la posterior guerra de liberación Española.
Incendio de la iglesia de San Luis de los Franceses, en la calle de la Montera de Madrid, tras los disturbios producidos en el entierro del agente de Vigilancia, escolta del diputado socialista Jiménez de Asúa, Jesús Gisbert.
A pesar de que hubo detenciones y a uno de los detenidos, el falangista soriano, Alberto Ortega Arranz, gran amigo de Juan José Olano, sobrino de José María Martínez de Velasco, presidente del Gobierno en la República y jefe del Partido Agrario, que el 22 de agosto del 36 también sería masacrado en el asalto a la Cárcel Modelo de Madrid, lo sentenciaron a veinticinco años de prisión. Ortega asistido magníficamente por los letrados Manuel Sarrión y Honorio Valentín Gamazo, escucharía la sentencia según el tribunal: “Los hechos que se relatan en la conclusión anterior son constitutivos de los siguientes delitos: uno, de asesinato, previsto y castigado en el artículo 412 n.º 1.º del Código Penal vigente; y tres delitos de tenencia ilícita de armas del art.º 1.º, párrafo 1.º, de la Ley de 22 de noviembre de 1934. “De dichos delitos son responsables los procesados perseguidos en la pieza separada a que esta calificación se refiere, de la manera siguiente: Alberto Ortega Arranz, como autor del delito de asesinato y del de tenencia ilícita de armas. Como encubridores del delito de asesinato: Luis Revuelta García, Ramón de la Peña Moulié, Jesús Azcona Landa, Manuel Chacel del Moral y Manuel Valdés Larrañaga.” Estos cinco serían absueltos. Ortega condenado. (1)
El propio José Antonio, ya encarcelado en la Modelo de Madrid, escribiría a Alberto Ortega una carta fechada el 10 de abril de es fatídico año 36. Decía así: “Querido camarada: Sé que no necesitas que te anime; pero no quiero que en las primeras horas de hoy te falte mi abrazo y admiración por tu gallarda actitud, bien diferente de los inmundos cobardes que te han condenado.
Tú, que eres casi abogado, sabes los mil recursos que caben todavía contra la sentencia y puedes estar «seguro» de que la Falange, desde el primero hasta el último, no descansará hasta volverte a hacer libre. No dudes en ello un solo minuto: los treinta años de prisión que te han impuesto durarán un corto número de meses.
Te abraza paternalmente tu camarada que te admira. José Antonio Primo de Rivera”.
Sin embargo nunca se supo a ciencia cierta la autoría del atentado contra Jiménez de Asúa. Algunos historiadores lo achacaron a la Falange. El falangista David Jato Miranda, lo contaría así: “Para mostrar que el terror no acabaría con la Falange decidieron responder de forma concluyente y resonante con un atentado contra el diputado socialista Jiménez Asúa. Se ultimaron los detalles en la casa de Guillermo Aznar. Al día siguiente, por la mañana, Alberto Aníbal, José María Díaz Aguado, Alberto Ortega y el propio Guillermo, sobre un viejo automóvil propiedad del hermano de Aníbal, esperaron armados ante el domicilio de Jiménez Asúa, en la calle de Goya… La euforia de Alberto Ortega, muy conocido en la Facultad de Derecho, en donde había sido elegido tesorero de la Federación Deportiva, motivó su detención y la de una serie de camaradas que habían colaborado en el servicio: Ramón de la Peña, Jesús Azcona y Luis Revuelta” (2)
Otras voces apuntaron que el atentado contra el catedrático y diputado socialista, fue realizado por alumnos de su propia clase, quienes decidieron llevar a cabo el hecho, sin tener ninguna relación de dependencia o afiliación con Falange Española. Todos ellos, movidos por el clima que ya vivía España de odio y rencor, fomentado por un gobierno malvado y beligerante contra todos los que no eran de su cuerda.
Aquel atentado le vendría extraordinariamente bien al gobierno del Frente popular, para llevar a cabo sus canallescos propósitos de eliminar y encarcelar a enemigos políticos, que le resultaban, debido a su valentía indómita, muy, pero que muy incómodos, en su resuelta y ardorosa defensa de la Unidad de España y su cristianismo, que todos los partidos de la coalición Frente populista, enemigos viscerales de la propia España, deseaban convertir en un estados soviético.
El día 14 era detenida en Madrid la Junta Política de Falange Española entre otros José Antonio Primo de Rivera, Raimundo Fernández Cuesta Julio Ruiz de Alda y Manuel Valdés Larrañaga, que quedarían internados en la cárcel Modelo. Muchos de ellos, el Jefe Nacional de Falange Española y de las JONS, José Antonio, el primero, encontrarían en la cárcel la muerte.
España se precipitaba sin remisión hacia el abismo.
Notas.-
1.- En el mes de junio, Alberto Ortega fue trasladado al penal del Dueso en Santoña. Allí le sorprenderá el alzamiento Nacional y la posterior guerra de Liberación española. Se mantendrá con vida, mientras se cometen horribles asesinatos en el buque prisión “Alfonso Pérez”, como la matanza indiscriminada de casi ciento sesenta presos, entre ellos ochenta religiosos, en el mes de diciembre de 1936, lo que provocó un aluvión de protestas internacionales, teniendo, las autoridades del frente Popular de Santander, que cancelar las actividades carcelarias siniestras del buque. Ese mismo mes, Alberto Ortega fue puesto en libertad y posteriormente asesinado, lanzado al mar con una piedra anudada a su cuello.
2.- David Jato Miranda. “La Rebelión de los Estudiantes (Apuntes para una Historia del alegre S. E. U.)” CIES. Madrid 1953.Pulse para escuchar el textoJuan José Olano Orive, estudiante militante del S.E.U, asesinado en Madrid.
El 10 de marzo de 1936, dos jóvenes, Juan José Olano Orive y Enrique Bellsolell Castiñeira, son asaltados en plena calle de Alberto Aguilera de Madrid, por un grupo de miembros comunistas de la Milicias Obreras y Campesinas (MAOC), que armados de pistolas, les conminaron a enseñar la documentación.
Enrique Bellsolell Castiñeira.
Enrique, madrileño de nacimiento, huérfano de padre vive junto a su madre y hermanos en la calle Benito Gutiérrez. Tiene diecisiete años y es alumno de la escuela de Comercio y está integrado en las juventudes Tradicionalistas. Su amigo Juan José Olono, sevillano de nacimiento, de dieciocho años de edad, vive en la calle de Ferraz y es alumno de la Facultad de Derecho y pertenece al SEU (Sindicato Español Universitario) de Falange Española y de las JONS, del que es un militante destacado.
Ambos acaban de salir del cine Flor, sito en la misma calle de Alberto Aguilera. El reloj marca las nueve y media de la noche. En ese instante un grupo de miembros de las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas), les asaltan y les detienen, les cachean y les piden la documentación.
En la cartera de uno de ellos, los matones marxistas encontraron unos recibos de las Juventudes de Acción Católica y otro del SEU. Ahí comenzaron los insultos, golpes y patadas. Acusados de ser fascistas los jóvenes aguantan de forma firme y valerosa los ataques y provocaciones de los matones marxistas.
Uno de ellos, para zanjar el acoso, disparó a quemarropa, de forma súbita, contra los dos jóvenes, hiriéndoles de extrema gravedad. Ambos consiguen zafarse de la turba roja que les acosa. Heridos, logran huir del lugar. Unas calles más adelante, debido a las heridas, se desploman al suelo.
Gracias a la decisión de un militar, que presencia la escena y corre en su ayuda, y al que se unen otros viandantes, que detendrán un vehículo donde será introducido Juan José, que ante la llegada de un sacerdote al lugar de los hechos, le pide la comunión, algo que, ante la enorme gravedad del joven falangista, no se la puede administrar. Sera conducido a la casa de socorro de la Tenencia de Alcaldía. Por su parte, Enrique será trasladado al sanatorio de Nuestra Señora de la Salud. Juan José fallecería a las dos de la madrugada del día 11, tras recibir la Extremaunción. Sus últimas palabras son para perdonar a sus asesinos y para decir; “Muero por Dios y por España”.
Por su parte, Enrique fallece el día 14, también con el nombre de Dios y España en sus labios. El Gobierno prohibiría expresamente que se le enterrara públicamente o se le efectuara homenaje alguno, algo que haría exclamar al Jefe nacional de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera: “No se puede ni llorar”. “Hay que continuar en la lucha, que será el mejor homenaje que le podamos rendir a Juan José Olano”.
Las MAOC. (Milicias antifascistas obreras y campesinas), eran una organización paramilitar de carácter comunista, creada a finales de 1933 y que había participado en la fallida revolución de octubre de 1934 y tras la cual quedó casi por completo extinguida. Pero con la llegada al poder de forma fraudulenta del Frente popular, con robo escandaloso de falsificación de actas, tras la elecciones del 16 febrero de 1936, las MAOC se reorganizarían de nuevo.
En marzo, una vez realizada la fusión de las Juventudes socialistas con las comunistas, creando las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) los miembros de las MAOC pasarán a integrarse en ellas. Las MAOC se hacen con armas y explosivos, recibiendo entrenamiento paramilitar por parte de oficiales del Ejército y Guardia Civil, entre ellos Francisco Galán, hermano de Fermín Galán, el capitán que se había sublevado contra la monarquía de Alfonso XIII, en Jaca en diciembre de 1930 y destacados comunistas como Juan Modesto y Enrique Liste. Adoptan como uniforme el mismo que las JSU, compuesto por camisa azul y corbata roja, mientras que los comisarios políticos portaban sobre el bolsillo de la camisa una estrella roja de cinco puntas. Se compondrán de alrededor 1500 efectivos.
Estas milicias marxistas crearon en Madrid el primer centro de interrogación, tortura y muerte, antes de la implantación, a principios del mes de agosto, con la guerra de Liberación ya iniciada, de las abominables y siniestras chekas, que teñirían de sangre, terror, odio y muerte todos los barrios y distritos de la capital de España. Para ampliar el conocimiento que lo que fueron las MAOC y sus crímenes, recomiendo la lectura del riguroso libro «Violencia roja antes de la guerra civil: Antillón 4. La primera checa de la república « del que son autores Sergio Campos Cacho y José Antonio Martín Otin «Peton». La esfera. Editorial Planeta .Madrid 2024.
En aquella España, con un gobierno sectario, que se había declarado beligerante contra todos los que no participaban de sus ideas de disgregación de España, a los que perseguía y encarcelaba de forma arbitraria e injustificada, y que había encendido toda clase de odios, la venganza no se hace esperar. Camaradas de Juan José, furiosos por su asesinato, preparan una acción de represalia de máxima envergadura.
A las ocho y diez minutos de la mañana del día 12 de marzo, el diputado socialista y catedrático de derecho penal, Luis Jiménez de Asúa, se disponía a salir de su casa, situada en el número 24 de la calle Goya de Madrid, para dirigirse a su catedra de la Universidad. Le acompañaban el agente de Vigilancia Jesús Gisbert Urreta, de veintiséis años, encargado del servicio de escolta del señor Asúa, y un amigo del catedrático, que había ido a buscarle a su domicilio.
Luis Jiménez de Asúa, diputado del partido Socialista.
El portal de la casa donde habitaba el señor Jiménez de Asúa, era largo y estrecho y antes de la puerta de acceso a la calle tenía una mampara de cristal. El diputado socialista que salía delante del policía de escolta y de su amigo, observó desde la mampara que en la acera, frente al portal, se hallaba estacionado un vehículo marca Chevrolet de color gris con una puerta abierta, ocupado por cuatro individuos. Asúa se percató, en ese instante, que uno de los ocupantes del Chevrolet vestido con gabardina clara y sombrero de color verde, desenfundaba una pistola. “¡Gisbert!”, gritó el diputado “¡Estos nos matan!”.
Jiménez de Asúa, su amigo y el agente de Policía salieron a la calle. El diputado socialista comenzó a correr en zig-zag por la calle de Goya, hacia la esquina de la de Velázquez, al mismo tiempo que desde el coche, con una pistola ametralladora, disparaban repetidas veces sobre él. Asúa dobló la esquina de la calle de Velázquez y, ya en esta calle, se detuvo para esperar la llegada de su amigo y del agente, que venían corriendo tras él. Sin embargo Gisbert no llegaría nunca junto al diputado. Dos balas habían hecho blanco en el cuerpo del agente, que cayó al suelo en medio de un charco de sangre.
La acción fue vista y no vista. Incluso los agresores tuvieron que escapar del lugar de los hechos a pie, pues abandonaron el vehículo al no poderlo poner en marcha, huyendo por la calle de Núñez de Balboa, con dirección a la de Hermosilla.
El señor Gisbert, trasladado en un taxi, ingresó en el equipo quirúrgico de la casa de Socorro del distrito, mortalmente herido. Tenía un balazo en el hipocondrio izquierdo, que le atravesaba el hígado. También había sido herido por una bala, en el talón del pie derecho. Le fue practicada una operación quirúrgica por parte del doctor Segovia, que no pudo más que certificar su fallecimiento, que se produjo a las once y cuarto de la mañana.
El agente Gisbert pertenecía al Cuerpo de Vigilancia desde 1930. Al ingresar en la Policía fue trasladado a Jaca. Llevaba algún tiempo dedicado al servicia de custodias políticas. El día primero de diciembre del año anterior, había comenzado a prestar servicio de custodia cerca del señor Asúa.
En las fachadas de las casas que mediaban entre el portal de donde salió el señor Jiménez de Asúa hasta la esquina de la calle de Velázquez, quedaron perfectamente marcados en línea numerosos impactos de las balas de una pistola ametralladora, correspondientes a los disparos con fueron siguiendo los agresores la carrera del señor Jiménez de Asúa.
La capilla ardiente quedó instalada en el salón rojo de la Dirección general de Seguridad, de la calle de Víctor Hugo, a cuyo edificio, en una ambulancia, fue conducido a las diez de la noche el féretro del agente Gisbert.
A las cuatro y media de la tarde, del día siguiente compañeros del agente muerto descendieron el cadáver hasta el coche fúnebre, que esperaba frente a la puerta de la dirección en la calle de Víctor Hugo. El descenso se hizo con grandes dificultades, puesto que las escaleras estaban llenas de público, entre el cual se veían diferentes representaciones de los distintos organismos del Estado y otras entidades políticas y sociales.
Entierro del Policía señor Gisbert.
Colocado el féretro en el coche, la comitiva se puso en marcha. Iba primero una gran multitud, que precedía a los numerosos coches que transportaban las coronas enviadas a la Dirección general de Seguridad en homenaje al agente muerto. A continuación marchaba la presidencia familiar, integrada por un hermano del agente señor Gisbert y otros familiares. Iba a continuación la presidencia oficial, en la que figuraban: el ministro de la Gobernación, el inspector general de la Guardia civil, el director general de Seguridad, el alcalde de Madrid y otras personalidades oficiales. La marcha de la comitiva fue muy dificultosa. En la Gran Vía y en la calle de Alcalá se habían aglomerado miles de personas. Muchos jóvenes se habían encaramado en la techumbre de los tranvías, que permanecían sin circular en la calle de Alcalá. Desde la Dirección general de Seguridad hasta la Cibeles, lugar señalado para la despedida del duelo, la comitiva tardo más de una hora.
En la Cibeles se unieron a la presidencia oficial del duelo el subsecretario de Gobernación y el de la Presidencia del Consejo, señor Fernández Clérigo, que ostentaba la representación del presidente del Consejo de Ministros. La representación familiar y muchas personas siguieron el cortejo hasta el cementerio.
Desde la Cibeles, la mayor parte de la comitiva siguió hasta el cementerio, donde recibió sepultura el cadáver del agente señor Gisbert. Al regresar, los elementos de la comitiva que pertenecían a los partidos marxistas, sobre todo estudiantes adscritos a la FUE y al PSOE, se encaminaron hacia el centro de Madrid, dando gritos y consignas contra las derechas y sus máximos dirigentes. Se detuvieron en la calle de la Montera donde prendieron fuego a la iglesia de San Luis de los Franceses, quemando también la de San Ignacio, sin que lo impidiese la Guardia de Asalto, que tenía órdenes del gobierno del Frente popular lleno de masones y anticlericales, de no intervenir en acciones contra la iglesia católica. En aquellos incendios resultaron muertos dos bomberos. Atacaron y quemaron la redacción del diario “La Nación” y gracias a la intervención –esta vez si- de la Guardia de Asalto no pudieron asaltar el periódico “ABC”. Unos valientes Requetés defendieron la redacción del “Siglo Futuro”, que tampoco pudo ser tomada y destruida por las turbas marxistas. España se encaminaba hacia una primavera y verano trágicos, que desembocaría en el alzamiento del mes de julio y la posterior guerra de liberación Española.
Incendio de la iglesia de San Luis de los Franceses, en la calle de la Montera de Madrid, tras los disturbios producidos en el entierro del agente de Vigilancia, escolta del diputado socialista Jiménez de Asúa, Jesús Gisbert.
A pesar de que hubo detenciones y a uno de los detenidos, el falangista soriano, Alberto Ortega Arranz, gran amigo de Juan José Olano, sobrino de José María Martínez de Velasco, presidente del Gobierno en la República y jefe del Partido Agrario, que el 22 de agosto del 36 también sería masacrado en el asalto a la Cárcel Modelo de Madrid, lo sentenciaron a veinticinco años de prisión. Ortega asistido magníficamente por los letrados Manuel Sarrión y Honorio Valentín Gamazo, escucharía la sentencia según el tribunal: “Los hechos que se relatan en la conclusión anterior son constitutivos de los siguientes delitos: uno, de asesinato, previsto y castigado en el artículo 412 n.º 1.º del Código Penal vigente; y tres delitos de tenencia ilícita de armas del art.º 1.º, párrafo 1.º, de la Ley de 22 de noviembre de 1934. “De dichos delitos son responsables los procesados perseguidos en la pieza separada a que esta calificación se refiere, de la manera siguiente: Alberto Ortega Arranz, como autor del delito de asesinato y del de tenencia ilícita de armas. Como encubridores del delito de asesinato: Luis Revuelta García, Ramón de la Peña Moulié, Jesús Azcona Landa, Manuel Chacel del Moral y Manuel Valdés Larrañaga.” Estos cinco serían absueltos. Ortega condenado. (1)
El propio José Antonio, ya encarcelado en la Modelo de Madrid, escribiría a Alberto Ortega una carta fechada el 10 de abril de es fatídico año 36. Decía así: “Querido camarada: Sé que no necesitas que te anime; pero no quiero que en las primeras horas de hoy te falte mi abrazo y admiración por tu gallarda actitud, bien diferente de los inmundos cobardes que te han condenado.
Tú, que eres casi abogado, sabes los mil recursos que caben todavía contra la sentencia y puedes estar «seguro» de que la Falange, desde el primero hasta el último, no descansará hasta volverte a hacer libre. No dudes en ello un solo minuto: los treinta años de prisión que te han impuesto durarán un corto número de meses.
Te abraza paternalmente tu camarada que te admira. José Antonio Primo de Rivera”.
Sin embargo nunca se supo a ciencia cierta la autoría del atentado contra Jiménez de Asúa. Algunos historiadores lo achacaron a la Falange. El falangista David Jato Miranda, lo contaría así: “Para mostrar que el terror no acabaría con la Falange decidieron responder de forma concluyente y resonante con un atentado contra el diputado socialista Jiménez Asúa. Se ultimaron los detalles en la casa de Guillermo Aznar. Al día siguiente, por la mañana, Alberto Aníbal, José María Díaz Aguado, Alberto Ortega y el propio Guillermo, sobre un viejo automóvil propiedad del hermano de Aníbal, esperaron armados ante el domicilio de Jiménez Asúa, en la calle de Goya… La euforia de Alberto Ortega, muy conocido en la Facultad de Derecho, en donde había sido elegido tesorero de la Federación Deportiva, motivó su detención y la de una serie de camaradas que habían colaborado en el servicio: Ramón de la Peña, Jesús Azcona y Luis Revuelta” (2)
Otras voces apuntaron que el atentado contra el catedrático y diputado socialista, fue realizado por alumnos de su propia clase, quienes decidieron llevar a cabo el hecho, sin tener ninguna relación de dependencia o afiliación con Falange Española. Todos ellos, movidos por el clima que ya vivía España de odio y rencor, fomentado por un gobierno malvado y beligerante contra todos los que no eran de su cuerda.
Aquel atentado le vendría extraordinariamente bien al gobierno del Frente popular, para llevar a cabo sus canallescos propósitos de eliminar y encarcelar a enemigos políticos, que le resultaban, debido a su valentía indómita, muy, pero que muy incómodos, en su resuelta y ardorosa defensa de la Unidad de España y su cristianismo, que todos los partidos de la coalición Frente populista, enemigos viscerales de la propia España, deseaban convertir en un estados soviético.
El día 14 era detenida en Madrid la Junta Política de Falange Española entre otros José Antonio Primo de Rivera, Raimundo Fernández Cuesta Julio Ruiz de Alda y Manuel Valdés Larrañaga, que quedarían internados en la cárcel Modelo. Muchos de ellos, el Jefe Nacional de Falange Española y de las JONS, José Antonio, el primero, encontrarían en la cárcel la muerte.
España se precipitaba sin remisión hacia el abismo.
Notas.-
1.- En el mes de junio, Alberto Ortega fue trasladado al penal del Dueso en Santoña. Allí le sorprenderá el alzamiento Nacional y la posterior guerra de Liberación española. Se mantendrá con vida, mientras se cometen horribles asesinatos en el buque prisión “Alfonso Pérez”, como la matanza indiscriminada de casi ciento sesenta presos, entre ellos ochenta religiosos, en el mes de diciembre de 1936, lo que provocó un aluvión de protestas internacionales, teniendo, las autoridades del frente Popular de Santander, que cancelar las actividades carcelarias siniestras del buque. Ese mismo mes, Alberto Ortega fue puesto en libertad y posteriormente asesinado, lanzado al mar con una piedra anudada a su cuello.
2.- David Jato Miranda. “La Rebelión de los Estudiantes (Apuntes para una Historia del alegre S. E. U.)” CIES. Madrid 1953.
Juan José Olano Orive, estudiante militante del S.E.U, asesinado en Madrid.
El 10 de marzo de 1936, dos jóvenes, Juan José Olano Orive y Enrique Bellsolell Castiñeira, son asaltados en plena calle de Alberto Aguilera de Madrid, por un grupo de miembros comunistas de la Milicias Obreras y Campesinas (MAOC), que armados de pistolas, les conminaron a enseñar la documentación.
Enrique Bellsolell Castiñeira.
Enrique, madrileño de nacimiento, huérfano de padre vive junto a su madre y hermanos en la calle Benito Gutiérrez. Tiene diecisiete años y es alumno de la escuela de Comercio y está integrado en las juventudes Tradicionalistas. Su amigo Juan José Olono, sevillano de nacimiento, de dieciocho años de edad, vive en la calle de Ferraz y es alumno de la Facultad de Derecho y pertenece al SEU (Sindicato Español Universitario) de Falange Española y de las JONS, del que es un militante destacado.
Ambos acaban de salir del cine Flor, sito en la misma calle de Alberto Aguilera. El reloj marca las nueve y media de la noche. En ese instante un grupo de miembros de las MAOC (Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas), les asaltan y les detienen, les cachean y les piden la documentación.
En la cartera de uno de ellos, los matones marxistas encontraron unos recibos de las Juventudes de Acción Católica y otro del SEU. Ahí comenzaron los insultos, golpes y patadas. Acusados de ser fascistas los jóvenes aguantan de forma firme y valerosa los ataques y provocaciones de los matones marxistas.
Uno de ellos, para zanjar el acoso, disparó a quemarropa, de forma súbita, contra los dos jóvenes, hiriéndoles de extrema gravedad. Ambos consiguen zafarse de la turba roja que les acosa. Heridos, logran huir del lugar. Unas calles más adelante, debido a las heridas, se desploman al suelo.
Gracias a la decisión de un militar, que presencia la escena y corre en su ayuda, y al que se unen otros viandantes, que detendrán un vehículo donde será introducido Juan José, que ante la llegada de un sacerdote al lugar de los hechos, le pide la comunión, algo que, ante la enorme gravedad del joven falangista, no se la puede administrar. Sera conducido a la casa de socorro de la Tenencia de Alcaldía. Por su parte, Enrique será trasladado al sanatorio de Nuestra Señora de la Salud. Juan José fallecería a las dos de la madrugada del día 11, tras recibir la Extremaunción. Sus últimas palabras son para perdonar a sus asesinos y para decir; “Muero por Dios y por España”.
Por su parte, Enrique fallece el día 14, también con el nombre de Dios y España en sus labios. El Gobierno prohibiría expresamente que se le enterrara públicamente o se le efectuara homenaje alguno, algo que haría exclamar al Jefe nacional de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera: “No se puede ni llorar”.“Hay que continuar en la lucha, que será el mejor homenaje que le podamos rendir a Juan José Olano”.
Las MAOC. (Milicias antifascistas obreras y campesinas), eran una organización paramilitar de carácter comunista, creada a finales de 1933 y que había participado en la fallida revolución de octubre de 1934 y tras la cual quedó casi por completo extinguida. Pero con la llegada al poder de forma fraudulenta del Frente popular, con robo escandaloso de falsificación de actas, tras la elecciones del 16 febrero de 1936, las MAOC se reorganizarían de nuevo.
En marzo, una vez realizada la fusión de las Juventudes socialistas con las comunistas, creando las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) los miembros de las MAOC pasarán a integrarse en ellas. Las MAOC se hacen con armas y explosivos, recibiendo entrenamiento paramilitar por parte de oficiales del Ejército y Guardia Civil, entre ellos Francisco Galán, hermano de Fermín Galán, el capitán que se había sublevado contra la monarquía de Alfonso XIII, en Jaca en diciembre de 1930 y destacados comunistas como Juan Modesto y Enrique Liste. Adoptan como uniforme el mismo que las JSU, compuesto por camisa azul y corbata roja, mientras que los comisarios políticos portaban sobre el bolsillo de la camisa una estrella roja de cinco puntas. Se compondrán de alrededor 1500 efectivos.
Estas milicias marxistas crearon en Madrid el primer centro de interrogación, tortura y muerte, antes de la implantación, a principios del mes de agosto, con la guerra de Liberación ya iniciada, de las abominables y siniestras chekas, que teñirían de sangre, terror, odio y muerte todos los barrios y distritos de la capital de España. Para ampliar el conocimiento que lo que fueron las MAOC y sus crímenes, recomiendo la lectura del riguroso libro «Violencia roja antes de la guerra civil: Antillón 4. La primera checa de la república « del que son autores Sergio Campos Cacho y José Antonio Martín Otin «Peton». La esfera. Editorial Planeta .Madrid 2024.
En aquella España, con un gobierno sectario, que se había declarado beligerante contra todos los que no participaban de sus ideas de disgregación de España, a los que perseguía y encarcelaba de forma arbitraria e injustificada, y que había encendido toda clase de odios, la venganza no se hace esperar. Camaradas de Juan José, furiosos por su asesinato, preparan una acción de represalia de máxima envergadura.
A las ocho y diez minutos de la mañana del día 12 de marzo, el diputado socialista y catedrático de derecho penal, Luis Jiménez de Asúa, se disponía a salir de su casa, situada en el número 24 de la calle Goya de Madrid, para dirigirse a su catedra de la Universidad. Le acompañaban el agente de Vigilancia Jesús Gisbert Urreta, de veintiséis años, encargado del servicio de escolta del señor Asúa, y un amigo del catedrático, que había ido a buscarle a su domicilio.
Luis Jiménez de Asúa, diputado del partido Socialista.
El portal de la casa donde habitaba el señor Jiménez de Asúa, era largo y estrecho y antes de la puerta de acceso a la calle tenía una mampara de cristal. El diputado socialista que salía delante del policía de escolta y de su amigo, observó desde la mampara que en la acera, frente al portal, se hallaba estacionado un vehículo marca Chevrolet de color gris con una puerta abierta, ocupado por cuatro individuos. Asúa se percató, en ese instante, que uno de los ocupantes del Chevrolet vestido con gabardina clara y sombrero de color verde, desenfundaba una pistola. “¡Gisbert!”, gritó el diputado “¡Estos nos matan!”.
Jiménez de Asúa, su amigo y el agente de Policía salieron a la calle. El diputado socialista comenzó a correr en zig-zag por la calle de Goya, hacia la esquina de la de Velázquez, al mismo tiempo que desde el coche, con una pistola ametralladora, disparaban repetidas veces sobre él. Asúa dobló la esquina de la calle de Velázquez y, ya en esta calle, se detuvo para esperar la llegada de su amigo y del agente, que venían corriendo tras él. Sin embargo Gisbert no llegaría nunca junto al diputado. Dos balas habían hecho blanco en el cuerpo del agente, que cayó al suelo en medio de un charco de sangre.
La acción fue vista y no vista. Incluso los agresores tuvieron que escapar del lugar de los hechos a pie, pues abandonaron el vehículo al no poderlo poner en marcha, huyendo por la calle de Núñez de Balboa, con dirección a la de Hermosilla.
El señor Gisbert, trasladado en un taxi, ingresó en el equipo quirúrgico de la casa de Socorro del distrito, mortalmente herido. Tenía un balazo en el hipocondrio izquierdo, que le atravesaba el hígado. También había sido herido por una bala, en el talón del pie derecho. Le fue practicada una operación quirúrgica por parte del doctor Segovia, que no pudo más que certificar su fallecimiento, que se produjo a las once y cuarto de la mañana.
El agente Gisbert pertenecía al Cuerpo de Vigilancia desde 1930. Al ingresar en la Policía fue trasladado a Jaca. Llevaba algún tiempo dedicado al servicia de custodias políticas. El día primero de diciembre del año anterior, había comenzado a prestar servicio de custodia cerca del señor Asúa.
En las fachadas de las casas que mediaban entre el portal de donde salió el señor Jiménez de Asúa hasta la esquina de la calle de Velázquez, quedaron perfectamente marcados en línea numerosos impactos de las balas de una pistola ametralladora, correspondientes a los disparos con fueron siguiendo los agresores la carrera del señor Jiménez de Asúa.
La capilla ardiente quedó instalada en el salón rojo de la Dirección general de Seguridad, de la calle de Víctor Hugo, a cuyo edificio, en una ambulancia, fue conducido a las diez de la noche el féretro del agente Gisbert.
A las cuatro y media de la tarde, del día siguiente compañeros del agente muerto descendieron el cadáver hasta el coche fúnebre, que esperaba frente a la puerta de la dirección en la calle de Víctor Hugo. El descenso se hizo con grandes dificultades, puesto que las escaleras estaban llenas de público, entre el cual se veían diferentes representaciones de los distintos organismos del Estado y otras entidades políticas y sociales.
Entierro del Policía señor Gisbert.
Colocado el féretro en el coche, la comitiva se puso en marcha. Iba primero una gran multitud, que precedía a los numerosos coches que transportaban las coronas enviadas a la Dirección general de Seguridad en homenaje al agente muerto. A continuación marchaba la presidencia familiar, integrada por un hermano del agente señor Gisbert y otros familiares. Iba a continuación la presidencia oficial, en la que figuraban: el ministro de la Gobernación, el inspector general de la Guardia civil, el director general de Seguridad, el alcalde de Madrid y otras personalidades oficiales. La marcha de la comitiva fue muy dificultosa. En la Gran Vía y en la calle de Alcalá se habían aglomerado miles de personas. Muchos jóvenes se habían encaramado en la techumbre de los tranvías, que permanecían sin circular en la calle de Alcalá. Desde la Dirección general de Seguridad hasta la Cibeles, lugar señalado para la despedida del duelo, la comitiva tardo más de una hora.
En la Cibeles se unieron a la presidencia oficial del duelo el subsecretario de Gobernación y el de la Presidencia del Consejo, señor Fernández Clérigo, que ostentaba la representación del presidente del Consejo de Ministros. La representación familiar y muchas personas siguieron el cortejo hasta el cementerio.
Desde la Cibeles, la mayor parte de la comitiva siguió hasta el cementerio, donde recibió sepultura el cadáver del agente señor Gisbert. Al regresar, los elementos de la comitiva que pertenecían a los partidos marxistas, sobre todo estudiantes adscritos a la FUE y al PSOE, se encaminaron hacia el centro de Madrid, dando gritos y consignas contra las derechas y sus máximos dirigentes. Se detuvieron en la calle de la Montera donde prendieron fuego a la iglesia de San Luis de los Franceses, quemando también la de San Ignacio, sin que lo impidiese la Guardia de Asalto, que tenía órdenes del gobierno del Frente popular lleno de masones y anticlericales, de no intervenir en acciones contra la iglesia católica. En aquellos incendios resultaron muertos dos bomberos. Atacaron y quemaron la redacción del diario “La Nación” y gracias a la intervención –esta vez si- de la Guardia de Asalto no pudieron asaltar el periódico “ABC”. Unos valientes Requetés defendieron la redacción del “Siglo Futuro”, que tampoco pudo ser tomada y destruida por las turbas marxistas. España se encaminaba hacia una primavera y verano trágicos, que desembocaría en el alzamiento del mes de julio y la posterior guerra de liberación Española.
Incendio de la iglesia de San Luis de los Franceses, en la calle de la Montera de Madrid, tras los disturbios producidos en el entierro del agente de Vigilancia, escolta del diputado socialista Jiménez de Asúa, Jesús Gisbert.
A pesar de que hubo detenciones y a uno de los detenidos, el falangista soriano, Alberto Ortega Arranz, gran amigo de Juan José Olano, sobrino de José María Martínez de Velasco, presidente del Gobierno en la República y jefe del Partido Agrario, que el 22 de agosto del 36 también sería masacrado en el asalto a la Cárcel Modelo de Madrid, lo sentenciaron a veinticinco años de prisión. Ortega asistido magníficamente por los letrados Manuel Sarrión y Honorio Valentín Gamazo, escucharía la sentencia según el tribunal: “Los hechos que se relatan en la conclusión anterior son constitutivos de los siguientes delitos: uno, de asesinato, previsto y castigado en el artículo 412 n.º 1.º del Código Penal vigente; y tres delitos de tenencia ilícita de armas del art.º 1.º, párrafo 1.º, de la Ley de 22 de noviembre de 1934. “De dichos delitos son responsables los procesados perseguidos en la pieza separada a que esta calificación se refiere, de la manera siguiente: Alberto Ortega Arranz, como autor del delito de asesinato y del de tenencia ilícita de armas. Como encubridores del delito de asesinato: Luis Revuelta García, Ramón de la Peña Moulié, Jesús Azcona Landa, Manuel Chacel del Moral y Manuel Valdés Larrañaga.” Estos cinco serían absueltos. Ortega condenado. (1)
El propio José Antonio, ya encarcelado en la Modelo de Madrid, escribiría a Alberto Ortega una carta fechada el 10 de abril de es fatídico año 36. Decía así: “Querido camarada: Sé que no necesitas que te anime; pero no quiero que en las primeras horas de hoy te falte mi abrazo y admiración por tu gallarda actitud, bien diferente de los inmundos cobardes que te han condenado.
Tú, que eres casi abogado, sabes los mil recursos que caben todavía contra la sentencia y puedes estar «seguro» de que la Falange, desde el primero hasta el último, no descansará hasta volverte a hacer libre. No dudes en ello un solo minuto: los treinta años de prisión que te han impuesto durarán un corto número de meses.
Te abraza paternalmente tu camarada que te admira. José Antonio Primo de Rivera”.
Sin embargo nunca se supo a ciencia cierta la autoría del atentado contra Jiménez de Asúa. Algunos historiadores lo achacaron a la Falange. El falangista David Jato Miranda, lo contaría así: “Para mostrar que el terror no acabaría con la Falange decidieron responder de forma concluyente y resonante con un atentado contra el diputado socialista Jiménez Asúa. Se ultimaron los detalles en la casa de Guillermo Aznar. Al día siguiente, por la mañana, Alberto Aníbal, José María Díaz Aguado, Alberto Ortega y el propio Guillermo, sobre un viejo automóvil propiedad del hermano de Aníbal, esperaron armados ante el domicilio de Jiménez Asúa, en la calle de Goya… La euforia de Alberto Ortega, muy conocido en la Facultad de Derecho, en donde había sido elegido tesorero de la Federación Deportiva, motivó su detención y la de una serie de camaradas que habían colaborado en el servicio: Ramón de la Peña, Jesús Azcona y Luis Revuelta” (2)
Otras voces apuntaron que el atentado contra el catedrático y diputado socialista, fue realizado por alumnos de su propia clase, quienes decidieron llevar a cabo el hecho, sin tener ninguna relación de dependencia o afiliación con Falange Española. Todos ellos, movidos por el clima que ya vivía España de odio y rencor, fomentado por un gobierno malvado y beligerante contra todos los que no eran de su cuerda.
Aquel atentado le vendría extraordinariamente bien al gobierno del Frente popular, para llevar a cabo sus canallescos propósitos de eliminar y encarcelar a enemigos políticos, que le resultaban, debido a su valentía indómita, muy, pero que muy incómodos, en su resuelta y ardorosa defensa de la Unidad de España y su cristianismo, que todos los partidos de la coalición Frente populista, enemigos viscerales de la propia España, deseaban convertir en un estados soviético.
El día 14 era detenida en Madrid la Junta Política de Falange Española entre otros José Antonio Primo de Rivera, Raimundo Fernández Cuesta Julio Ruiz de Alda y Manuel Valdés Larrañaga, que quedarían internados en la cárcel Modelo. Muchos de ellos, el Jefe Nacional de Falange Española y de las JONS, José Antonio, el primero, encontrarían en la cárcel la muerte.
España se precipitaba sin remisión hacia el abismo.
Notas.-
1.- En el mes de junio, Alberto Ortega fue trasladado al penal del Dueso en Santoña. Allí le sorprenderá el alzamiento Nacional y la posterior guerra de Liberación española. Se mantendrá con vida, mientras se cometen horribles asesinatos en el buque prisión “Alfonso Pérez”, como la matanza indiscriminada de casi ciento sesenta presos, entre ellos ochenta religiosos, en el mes de diciembre de 1936, lo que provocó un aluvión de protestas internacionales, teniendo, las autoridades del frente Popular de Santander, que cancelar las actividades carcelarias siniestras del buque. Ese mismo mes, Alberto Ortega fue puesto en libertad y posteriormente asesinado, lanzado al mar con una piedra anudada a su cuello.
2.- David Jato Miranda. “La Rebelión de los Estudiantes (Apuntes para una Historia del alegre S. E. U.)” CIES. Madrid 1953.
2 respuestas a «1936. Milicianos de las MAOC asesinan en Madrid al joven Falangista Juan José Olano Orive y al Tradicionalista Enrique Bellsolell»
Sólo voy a comentar dos cosas:
la primera, que por la mala calidad de los retratos de los falangistas asesinados, se pude ver porqué la antiEspaña ha ganado la batalla de la propaganda o la Memoria histórica. Aquí nos hemos dedicado a rezar el Rosario y a perdonar a los asesinos mientras estos se reian de nosotros por idiotas, mientras ellos desplegaban todo tipo capacidades, dominando el cine, todos los niveles de la Educación, desde la Primaria ala universitaria, y durante mucho tiempo, décadas no había en las librerías más libros que los libros de los rojos. Ni en 40 años de franquismo, nadie se preocupó de obtener de la familia de estos falangistas, unas fotografías con un mínimo de nitidez. El caso de estos falangistas no es un hecho aislado o anecdótico es para muestra un botón general y generalizado, de la mayoría de los caidos como Héroes o como mártires no existen retratos, de Mª Paz Unciti una foto de perfil, de los Héroes del Alcázar y sus familias, algunos retratos sueltos y dispersos, de los religiosos y seglares víctimas de la persecución religiosa las carencias son abrumadoras e importantísimas. Incluso de personas notorias como eran los obispos, sólo de algunos hay alguna foto puntual de cierta categoría, del resto ni eso, y por supuesto de familiares o subordinados que fueron asesinados con ellos, como fue el caso del Obispo de Jaen, que con él mataron también a su hermana, ni eso. Es una verguenza Y esto en los casos más notorios, como son estos falangistas, para qué hablar por ejemplo de los Guardias civiles cazados y asesinados en tantos y tantos pueblos de Andalucía y de España.
Ayer comentaba un lector preguntando por un comentario que se refería a su bisabuelo, el Guardia civil D. Rafael Arroyo Flores, del Puesto de Puente Genil (Córdoba) que fue obligado a beber gasolina cuando pedía agua para calmar su sed, y asesinado por los rojos el 23 de julio de 1936.
En ese puesto de Puente Genil, como en tantos otros, fueron asesinados todos sus componentes, además de otros guardias que se encontraban allí, de permiso estival.
El Sargento Comandante de Puesto D. Juan Ocaña Aguirre al que mataron a hachazos y lo abrieron en canal al igual que al Brigada de la Localidad de Lucena que se encontraba en Puente Genil D Francisco Jiménez Cuesta. Al corneta, Manuel Martín López, que era un niño, lo degollaron, y despues pasearon su cabeza pinchada en el sable que le habían quitado al Sargento, así hasta una quincena de miembros de la Guardia civil terriblemente asesinados (asesinados aquel día y asesinados después cuando tontos del Cuerpo, como el Coronel ese que estuvo en el homenaje al Coronel rojo y traidor de la Guardia civil en Barcelona Antonio Escobar, contribuyen a blanquear a los rojos asesinos de Guardias civiles, porque cada vez que un mando actual de la Guardia civil le lame el culo al PSOE y al rojerío imperante, para sostenerse él en el cargo o para esperar obtener algún beneficio personal pegándose al poder, (cuando el poder apesta tanto que si tuvieran Honor de verdad no se pegarían sino que podrían distancia, porque sólo las moscas y los gusanos se acercan a la mierda y a la podredumbre), todos aquellos Guardias que murieron de forma terrible de manos de los rojos, la mayoría delincuentes antes de la guerra, vuelven a ser asesinados por estos nuevos mandos lameculos), y nos encontramos que nadie se preocupó de recopilar las fotografías de estos guardias, y sus datos biográficos para que su sacrificio nunca fuera olvidado. Quién se acuerda del destacamento de Guadix (Granada) que cuando se disponían a cumplir las órdenes de la superioridad de desplazar a la capital, fueron atacados y pasados a cuchillo o fusilados, una treintena de Guardias nada menos, al mando del Alférez D. Ulpiano Bravo Sahagún, de los que nadie se preocupó tampoco de sus fotografías, para honrarlos.
Lo mismo podemos decir de tantos y tantos , como los más de 20 Guardias que fueron asesinados en Lora del Río (Sevilla), incluido el Capitán D. Martín Calero Zurita, la treintenas de Cazalla de la Sierra (Sevilla), Huélago (Granada) incluyendo al Jefe de Línea de Huéscar el Alférez Eloy Pardo Navarro, y así podríamos seguir sin parar. Nadie se preocupó de recopilar las fotografías de estos Guardias, tu vas luego a estas localidades, y en el puesto de la Guardia civil (si es que no desaparecido el puesto) no hay ni una placa ni un cuadro ni nada en memoria de estos Guardias. Quizás la gente no sepa que en no pocos cuarteles de la Guardia civil, comandancias, no digo los nombres para que mañana no ordene el ministro o los mandos rojos (valga la redundancia) de la Guardia civil que se retiren, cuadros alegóricos por ejemplo a la Defensa del Santuario de la Virgen de la Cabeza, están escondidos o tapados con algún tabique falso, con una capa de yeso, o con algun bargueño puesto delante para que quede tapado, o directamente los tiraron a la basura cumpliendo las órdenes de Bono de retirar todo lo que oliera a España y al Heroismo de los españoles en los cuarteles. Ahora sabemos que Bono estaba unido con fuertes «lazos» a Marruecos, dato que permite comprender muchas de sus decisiones como Ministro de Defensa.
El propio Coronel Jefe de la Comandancia de Málaga (O Subinspector del 16º Tercio), D. Fulgencio Gómez Carrión, o su segundo el Tte. Coronel D. Aquilino Porras Rodríguez que fueron asesinados por los rojos el mismo 17 de julio de 1936 junto con un nutrido número de oficiales que no quisieron ser traidores a España, ni siquiera a este nivel de mandos se han recopilado sus fotografías.
La labor que está haciendo editoriales como SND Editores, la Editorial Actas, y otras, así como la labor que hace esta página web es crucial para ir recuperando una Memoria histórica que ha sido tapada con toneladas de tierra y de piedras para que se pierda toda memoria.
La Segunda cosa que quiero comentar es el dato de que la Falange no pudo organizar un funeral para enterrar a los camaradas asesinados al salir del cine Flor de Madrid Juan José Olano Orive y Enrique Bellsolell, dato que nunca a parece en los libros de Historia oficial, y que demuestra la falta de Democracia que había durante la República del Crimen.
Frente a la propaganda de historiadores rojos con sus manidos mantras de que el 18 de julio fue un golpe de Estado y que la República del crimen era una república democrática, la realidad era muy otra, la Falange ni siquiera podía enterrar a sus muertos.
En la República del crimen no había :
1. Libertad para criticar a cualquier institución del Estado.
La Ley de Defensa de la República de 1931 prohibía «toda acción o expresión que redunde en menosprecio de las Instituciones u organismos del Estado». Así pues, en la Segunda República no podías criticar ni al régimen ni a los organismos del Estado.
2. Libertad de información.
La Ley de Defensa de la República de 1931 prohibía la «difusión de noticias que puedan quebrantar el crédito o perturbar la paz o el orden público», y dejaba esta prohibición en manos de la autoridad gubernativa. Es decir había más censura que la que dicen había con Franco con todos los kioskos de prensa llenos de presan extranjera y de periódicos u revistas como el Correo de Andalucía y Cambio 16 abiertamente contrarias al régimen.
La Ley de Orden Público de 1933 consolidó la censura gubernativa previa institucionalizada, El asesinato de Calvo Sotelo entre otras motivaciones era porque estándo censurada la prensa no adicta al Frente Popular, solo en el Parlamento se podía hablar y criticar lo que estaba ocurriendo en España, por eso Calvo Sotelo fue amenazado de muerte tras su intervención, y días despues asesinado
3. Libertad de religión.
La Segunda República sometió a un acoso violento y a una represión incesantes a este derecho, únicamente respecto de la Religión Católica que ra la mayoritaria, el resto de confesines no fueron molestadas.
La Constitución de 1931, aprobada por las Cortes republicanas sin someterla a referéndum, prohibía en su Artículo 26 las órdenes religiosas que estableciesen un voto de «especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado», una prohibición que sirvió para ordenar la disolución de la Compañía de Jesús en 1932, alegando su obediencia al Papa. La Constitución de 1931 también contemplaba la disolución de todas las órdenes religiosas que «constituyan un peligro para la seguridad del Estado», redacción ambigua cuya interpretación se dejaba al antojo del gobierno, en un atentado directo contra la libertad religiosa. Además, el Artículo 27 de dicha Constitución prohibió los cementerios religiosos. La hostilidad de ese régimen hacia los cristianos tuvo su máximo exponente en los actos de violencia consistentes en quemas de conventos, iglesias, bibliotecas y colegios católicos, ataques ante los que las autoridades republicanas actuaron de forma cómplice, incluso no permitiendo actuar a las fuerzas del orden y a los bomberos. Famosa y significativa al respecto es esta frase de Manuel Azaña: «todos los conventos de España no valen la uña de un republicano». Durante la Guerra Civil, en la zona aún controlada por el Frente Popular de la República esa persecución se convirtió en una auténtica matanza y genocidio.
4. Libertad de educación.
El Artículo 48 de la Constitución de 1931 establecía: «La enseñanza será laica». De este modo, la Segunda República negaba a los padres el derecho a educar a sus hijos conforme a sus convicciones. La Segunda República también negaba la libertad de enseñanza, prohibiendo a las órdenes religiosas dedicarse a la enseñanza, una prohibición especialmente escandalosa si tenemos en cuenta que muchos españoles sin recursos tenían la posibilidad de recibir una educación gracias a muchas de esas órdenes. No conforme con ello, la Constitución de 1931 limitaba el derecho de la Iglesia a enseñar su doctrina a sus establecimientos -parroquias, conventos, monasterios…-, pero incluso en los edificios religiosos todo acto de catequesis estaba «sujeto a inspección del Estado».
5. Libertad para ondear la bandera roja y gualda.
La bandera roja y gualda ha venido siendo la bandera de España desde 1785. En la Segunda República la bandera roja y gualda (y la defensa de la monarquía) quedó prohibida. De hecho el pretexto para llevarse a Calvo Sotelo detenido es que detrás de unos libros de una estantería de su casa, registrada sin autorización judicial, encontraron una bandera de España.
6. Libertad para exponer ideas o críticas al gobierno en una obra de teatro sin censura previa.
La censura republicana no se limitaba a la prensa escrita o al cine. En «Apuntes sobre la censura teatral durante la II República», Manuel L. Abellán señala: «Autores, empresarios o representantes de las compañías teatrales elevaban una instancia con anterioridad al estreno de la obra.» Se censuraban obras de teatro por motivos políticos e ideológicos, o por el mero hecho de contener críticas al gobierno.
Los Historiadores rojo cuando hablan de democracia para referirse a esta República del crimen o no saben de lo que hablan o mienten seguiendo el viejo lema de Lenin; «Contra los cuerpos, la violencia; contra las almas, la mentira».
Los rojos no es que mientan alguna vez, es que mienten siempre, el que a estas alturas se cree algo de ellos es que es idiota. Solo hay que ver la capacidad que tienen de manipular como en el incidente del spray de pimienta en el Congreso el el desahucio de una anciana en Madrid. A la indefensión de los españoles en Ceuta y fuera de Ceuta le dan la vuelta con el montaje de la Srª Armengol. Llevan 8 años gobernando, que no son 8 sino 50, han derogado la legislación de arrendamiento de Franco y todavía le echan la culpa de todo a cualquiera menos a ellos. La complicidad de los medios de comunicación para sostener los distintos relatos del Gobierno y su discurso falsario, es algo que no suele centrar la atención de las fuerzas que se ponen a la destrucción de España, pero en esta complicidad está la clave de estado de ruina en el que se encuentra España.
Si en 1941 la frase era «Rusia es culpable», hoy la frase equivalente debería ser «las televisiones son culpables», porque trabajan haciéndoles el juego a los que están destruyendo España.
Sólo voy a comentar dos cosas:
la primera, que por la mala calidad de los retratos de los falangistas asesinados, se pude ver porqué la antiEspaña ha ganado la batalla de la propaganda o la Memoria histórica. Aquí nos hemos dedicado a rezar el Rosario y a perdonar a los asesinos mientras estos se reian de nosotros por idiotas, mientras ellos desplegaban todo tipo capacidades, dominando el cine, todos los niveles de la Educación, desde la Primaria ala universitaria, y durante mucho tiempo, décadas no había en las librerías más libros que los libros de los rojos. Ni en 40 años de franquismo, nadie se preocupó de obtener de la familia de estos falangistas, unas fotografías con un mínimo de nitidez. El caso de estos falangistas no es un hecho aislado o anecdótico es para muestra un botón general y generalizado, de la mayoría de los caidos como Héroes o como mártires no existen retratos, de Mª Paz Unciti una foto de perfil, de los Héroes del Alcázar y sus familias, algunos retratos sueltos y dispersos, de los religiosos y seglares víctimas de la persecución religiosa las carencias son abrumadoras e importantísimas. Incluso de personas notorias como eran los obispos, sólo de algunos hay alguna foto puntual de cierta categoría, del resto ni eso, y por supuesto de familiares o subordinados que fueron asesinados con ellos, como fue el caso del Obispo de Jaen, que con él mataron también a su hermana, ni eso. Es una verguenza Y esto en los casos más notorios, como son estos falangistas, para qué hablar por ejemplo de los Guardias civiles cazados y asesinados en tantos y tantos pueblos de Andalucía y de España.
Ayer comentaba un lector preguntando por un comentario que se refería a su bisabuelo, el Guardia civil D. Rafael Arroyo Flores, del Puesto de Puente Genil (Córdoba) que fue obligado a beber gasolina cuando pedía agua para calmar su sed, y asesinado por los rojos el 23 de julio de 1936.
En ese puesto de Puente Genil, como en tantos otros, fueron asesinados todos sus componentes, además de otros guardias que se encontraban allí, de permiso estival.
El Sargento Comandante de Puesto D. Juan Ocaña Aguirre al que mataron a hachazos y lo abrieron en canal al igual que al Brigada de la Localidad de Lucena que se encontraba en Puente Genil D Francisco Jiménez Cuesta. Al corneta, Manuel Martín López, que era un niño, lo degollaron, y despues pasearon su cabeza pinchada en el sable que le habían quitado al Sargento, así hasta una quincena de miembros de la Guardia civil terriblemente asesinados (asesinados aquel día y asesinados después cuando tontos del Cuerpo, como el Coronel ese que estuvo en el homenaje al Coronel rojo y traidor de la Guardia civil en Barcelona Antonio Escobar, contribuyen a blanquear a los rojos asesinos de Guardias civiles, porque cada vez que un mando actual de la Guardia civil le lame el culo al PSOE y al rojerío imperante, para sostenerse él en el cargo o para esperar obtener algún beneficio personal pegándose al poder, (cuando el poder apesta tanto que si tuvieran Honor de verdad no se pegarían sino que podrían distancia, porque sólo las moscas y los gusanos se acercan a la mierda y a la podredumbre), todos aquellos Guardias que murieron de forma terrible de manos de los rojos, la mayoría delincuentes antes de la guerra, vuelven a ser asesinados por estos nuevos mandos lameculos), y nos encontramos que nadie se preocupó de recopilar las fotografías de estos guardias, y sus datos biográficos para que su sacrificio nunca fuera olvidado. Quién se acuerda del destacamento de Guadix (Granada) que cuando se disponían a cumplir las órdenes de la superioridad de desplazar a la capital, fueron atacados y pasados a cuchillo o fusilados, una treintena de Guardias nada menos, al mando del Alférez D. Ulpiano Bravo Sahagún, de los que nadie se preocupó tampoco de sus fotografías, para honrarlos.
Lo mismo podemos decir de tantos y tantos , como los más de 20 Guardias que fueron asesinados en Lora del Río (Sevilla), incluido el Capitán D. Martín Calero Zurita, la treintenas de Cazalla de la Sierra (Sevilla), Huélago (Granada) incluyendo al Jefe de Línea de Huéscar el Alférez Eloy Pardo Navarro, y así podríamos seguir sin parar. Nadie se preocupó de recopilar las fotografías de estos Guardias, tu vas luego a estas localidades, y en el puesto de la Guardia civil (si es que no desaparecido el puesto) no hay ni una placa ni un cuadro ni nada en memoria de estos Guardias. Quizás la gente no sepa que en no pocos cuarteles de la Guardia civil, comandancias, no digo los nombres para que mañana no ordene el ministro o los mandos rojos (valga la redundancia) de la Guardia civil que se retiren, cuadros alegóricos por ejemplo a la Defensa del Santuario de la Virgen de la Cabeza, están escondidos o tapados con algún tabique falso, con una capa de yeso, o con algun bargueño puesto delante para que quede tapado, o directamente los tiraron a la basura cumpliendo las órdenes de Bono de retirar todo lo que oliera a España y al Heroismo de los españoles en los cuarteles. Ahora sabemos que Bono estaba unido con fuertes «lazos» a Marruecos, dato que permite comprender muchas de sus decisiones como Ministro de Defensa.
El propio Coronel Jefe de la Comandancia de Málaga (O Subinspector del 16º Tercio), D. Fulgencio Gómez Carrión, o su segundo el Tte. Coronel D. Aquilino Porras Rodríguez que fueron asesinados por los rojos el mismo 17 de julio de 1936 junto con un nutrido número de oficiales que no quisieron ser traidores a España, ni siquiera a este nivel de mandos se han recopilado sus fotografías.
La labor que está haciendo editoriales como SND Editores, la Editorial Actas, y otras, así como la labor que hace esta página web es crucial para ir recuperando una Memoria histórica que ha sido tapada con toneladas de tierra y de piedras para que se pierda toda memoria.
La Segunda cosa que quiero comentar es el dato de que la Falange no pudo organizar un funeral para enterrar a los camaradas asesinados al salir del cine Flor de Madrid Juan José Olano Orive y Enrique Bellsolell, dato que nunca a parece en los libros de Historia oficial, y que demuestra la falta de Democracia que había durante la República del Crimen.
Frente a la propaganda de historiadores rojos con sus manidos mantras de que el 18 de julio fue un golpe de Estado y que la República del crimen era una república democrática, la realidad era muy otra, la Falange ni siquiera podía enterrar a sus muertos.
En la República del crimen no había :
1. Libertad para criticar a cualquier institución del Estado.
La Ley de Defensa de la República de 1931 prohibía «toda acción o expresión que redunde en menosprecio de las Instituciones u organismos del Estado». Así pues, en la Segunda República no podías criticar ni al régimen ni a los organismos del Estado.
2. Libertad de información.
La Ley de Defensa de la República de 1931 prohibía la «difusión de noticias que puedan quebrantar el crédito o perturbar la paz o el orden público», y dejaba esta prohibición en manos de la autoridad gubernativa. Es decir había más censura que la que dicen había con Franco con todos los kioskos de prensa llenos de presan extranjera y de periódicos u revistas como el Correo de Andalucía y Cambio 16 abiertamente contrarias al régimen.
La Ley de Orden Público de 1933 consolidó la censura gubernativa previa institucionalizada, El asesinato de Calvo Sotelo entre otras motivaciones era porque estándo censurada la prensa no adicta al Frente Popular, solo en el Parlamento se podía hablar y criticar lo que estaba ocurriendo en España, por eso Calvo Sotelo fue amenazado de muerte tras su intervención, y días despues asesinado
3. Libertad de religión.
La Segunda República sometió a un acoso violento y a una represión incesantes a este derecho, únicamente respecto de la Religión Católica que ra la mayoritaria, el resto de confesines no fueron molestadas.
La Constitución de 1931, aprobada por las Cortes republicanas sin someterla a referéndum, prohibía en su Artículo 26 las órdenes religiosas que estableciesen un voto de «especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado», una prohibición que sirvió para ordenar la disolución de la Compañía de Jesús en 1932, alegando su obediencia al Papa. La Constitución de 1931 también contemplaba la disolución de todas las órdenes religiosas que «constituyan un peligro para la seguridad del Estado», redacción ambigua cuya interpretación se dejaba al antojo del gobierno, en un atentado directo contra la libertad religiosa. Además, el Artículo 27 de dicha Constitución prohibió los cementerios religiosos. La hostilidad de ese régimen hacia los cristianos tuvo su máximo exponente en los actos de violencia consistentes en quemas de conventos, iglesias, bibliotecas y colegios católicos, ataques ante los que las autoridades republicanas actuaron de forma cómplice, incluso no permitiendo actuar a las fuerzas del orden y a los bomberos. Famosa y significativa al respecto es esta frase de Manuel Azaña: «todos los conventos de España no valen la uña de un republicano». Durante la Guerra Civil, en la zona aún controlada por el Frente Popular de la República esa persecución se convirtió en una auténtica matanza y genocidio.
4. Libertad de educación.
El Artículo 48 de la Constitución de 1931 establecía: «La enseñanza será laica». De este modo, la Segunda República negaba a los padres el derecho a educar a sus hijos conforme a sus convicciones. La Segunda República también negaba la libertad de enseñanza, prohibiendo a las órdenes religiosas dedicarse a la enseñanza, una prohibición especialmente escandalosa si tenemos en cuenta que muchos españoles sin recursos tenían la posibilidad de recibir una educación gracias a muchas de esas órdenes. No conforme con ello, la Constitución de 1931 limitaba el derecho de la Iglesia a enseñar su doctrina a sus establecimientos -parroquias, conventos, monasterios…-, pero incluso en los edificios religiosos todo acto de catequesis estaba «sujeto a inspección del Estado».
5. Libertad para ondear la bandera roja y gualda.
La bandera roja y gualda ha venido siendo la bandera de España desde 1785. En la Segunda República la bandera roja y gualda (y la defensa de la monarquía) quedó prohibida. De hecho el pretexto para llevarse a Calvo Sotelo detenido es que detrás de unos libros de una estantería de su casa, registrada sin autorización judicial, encontraron una bandera de España.
6. Libertad para exponer ideas o críticas al gobierno en una obra de teatro sin censura previa.
La censura republicana no se limitaba a la prensa escrita o al cine. En «Apuntes sobre la censura teatral durante la II República», Manuel L. Abellán señala: «Autores, empresarios o representantes de las compañías teatrales elevaban una instancia con anterioridad al estreno de la obra.» Se censuraban obras de teatro por motivos políticos e ideológicos, o por el mero hecho de contener críticas al gobierno.
Los Historiadores rojo cuando hablan de democracia para referirse a esta República del crimen o no saben de lo que hablan o mienten seguiendo el viejo lema de Lenin; «Contra los cuerpos, la violencia; contra las almas, la mentira».
Los rojos no es que mientan alguna vez, es que mienten siempre, el que a estas alturas se cree algo de ellos es que es idiota. Solo hay que ver la capacidad que tienen de manipular como en el incidente del spray de pimienta en el Congreso el el desahucio de una anciana en Madrid. A la indefensión de los españoles en Ceuta y fuera de Ceuta le dan la vuelta con el montaje de la Srª Armengol. Llevan 8 años gobernando, que no son 8 sino 50, han derogado la legislación de arrendamiento de Franco y todavía le echan la culpa de todo a cualquiera menos a ellos. La complicidad de los medios de comunicación para sostener los distintos relatos del Gobierno y su discurso falsario, es algo que no suele centrar la atención de las fuerzas que se ponen a la destrucción de España, pero en esta complicidad está la clave de estado de ruina en el que se encuentra España.
Si en 1941 la frase era «Rusia es culpable», hoy la frase equivalente debería ser «las televisiones son culpables», porque trabajan haciéndoles el juego a los que están destruyendo España.
Le felicito por el comentario.