1954: Llegan a La Coruña repatriados cautivos de la División Azul

1954. El buque Semiramis llega al puerto de Barcelona con repatriados cautivos en Rusia de la División Azul

A las seis y media de la tarde del martes seis de abril, en el tren expreso procedente de Madrid, llegaron a La Coruña los repatriados de Rusia, miembros de la División Azul, el sargento Antonio Ciudad Murcia, de La Coruña; José Camba  Fraguio, de Crendes (Abegondo), y Guillermo Sieira, de Boiro, que venían acompañados desde Madrid por el alcalde de La Coruña,  Alfonso Molina Brandao.

1954: Los repatriados españoles de la División Azul se fotografían en la cubierta del Semiramis.

Antonio Ciudad Murcia, José Camba  Fraguio y Guillermo Sieira, junto a los también coruñeses Manuel Nodal, Vicente García Martínez, Jesús Pérez Sánchez,  Eugenio García López, José García Gómez, el betanceiro Vicente Calvo y Ramón Santamaría, habían regresado a la Patria a bordo del Semíramis, tres días antes al puerto de Barcelona, después de sufrir un penoso cautiverio durante años en los terribles campos de trabajo soviéticos.

La ciudad Condal les tributaria un recibimiento apoteósico,  finalizando así la pesadilla de aquellos honrados y heroicos españoles. El vapor “Semiramis”  traía de vuelta a España a 286 repatriados, que habían sufrido los rigores de un durísimo cautiverio. El barco con bandera de la Cruz Roja, proveniente de Odesa atracó a las 17, 30 horas de la tarde en un puerto de Barcelona repleto de público hasta los topes. La recepción oficial la encabezó el ministro Secretario General del Movimiento, Raimundo Fernández Cuesta acompañado del ministro de Ejército, General Agustín Muñoz Grandes primer jefe de la División Azul, que les dio una apoteósica y emocionante bienvenida.

Entre los repatriados, que volvían a España por la puerta grande, estaba el famoso Capitán Teodoro Palacios Cueto, a quien Torcuato Luca de Tena, convirtió en protagonista de su excelsa novela “Embajador en el infierno”. Aquel irreductible capitán que soportó al frente de sus disciplinados hombres todo un rosario de penurias, maltratos, aislamientos, varias huelgas de hambres, dos penas de muerte, conmutadas por 25 años de gulag y una gravísima enfermedad. Todo ello no mermó un ápice su patriotismo, su abnegación, compañerismo, sacrificio y  gran espíritu militar. “El último caballero sin tacha y sin miedo” como le titularon los prisioneros de otras nacionalidades, fue el jefe moral de nuestros soldados en  aquellos terribles campos de concentración.  Su amor a España y su heroica conducta  las puso a prueba en la batalla de Krasny Bor, librada el 10 de febrero de 1943, donde cuatro mil soldados españoles contuvieron una gran ofensiva soviética de más cuarenta y cuatro mil hombres. De resultas de la batalla  murieron 2253 españoles haciéndole al enemigo más de once mil bajas. Una de las acciones particulares de aquella batalla, le valieron al capitán Palacios la Gran Cruz Laureada de San Fernando, que el Caudillo Francisco Franco prendió sobre su pecho un siete de julio de 1968 en el paseo de Pereda de Santander con motivo de los actos de la II Semana Naval. La Cruz Laureada realizada por la joyería Presmanes, de la bella ciudad cántabra, fue pagada por suscripción popular de sus paisanos cántabros ya que Palacios era natural de Potes.

1967. El Caudillo de España Francisco Franco impone en Santander la Cruz Laureada de San Fernando al heroico Teodoro Palacios Cueto

Tras abandonar Barcelona, los repatriados coruñeses Antonio Ciudad Murcia, José Camba  Fraguio y Guillermo Sieira, pusieron rumbo a Madrid, donde les esperaba el alcalde de La Coruña Alfonso Molina. Serían los tres primeros en llegar a la ciudad herculina por vía férrea.

1941. Coruñeses parten con la División Azul al frente soviético

A recibirlos a la estación de Betanzos acudieron el delegado de la Vieja Guardia Manuel Estévez; delegado de Excombatientes Jesús Pastur; delegado y secretario del Frente de Juventudes Fernando Herce y Jaime Catoira; secretario local del Movimiento señor Domenech y Rafael Salgado Torres, miembro del Consejo Provincial del Movimiento. Todos ellos, tras agasajar y saludar a los tres repatriados y al alcalde coruñés, se subieron al tren continuando viaje hasta La Coruña.

A su llegada los liberados de la División Azul fueron recibidos en la Estación del Norte por el gobernador civil y Jefe provincial del Movimiento Cristóbal Graciá Martínez; gobernador militar, general Mariñas Gallego, que ostentaba la representación del capitán general: presidente de la Diputación Provincial Diego Delicado; subjefe provincial del Movimiento Eduardo Sanjurjo de Carricarte; primer teniente de alcalde, Cristino Álvarez; Consejo Provincial de Movimiento en pleno y otras autoridades y representaciones civiles y militares, junto a numerosos familiares de Antonio Ciudad y José Fraguio y gran cantidad de coruñeses, que llenaban por completo el andén de la estación del ferrocarril y los alrededores de la misma, donde apenas era posible dar un paso y que dispensaron a los recién llegados, repatriados de aquella heroica aventura contra el comunismo soviético, un triunfal recibimiento entre aplausos, tremolar de banderas Nacionales y de la Falange, gritos patrióticos y vivas a España y al Caudillo Franco.

El Cabo coruñés Antonio Ponte Anido muerto en el frente soviético. Su valerosa acción fue recompensada con la Cruz Laureada de San Fernando a título póstumo

Al bajar del tren los tres miembros repatriados de la División Azul fueron alzados en hombros por sus compañeros y familiares, recorriendo el andén y saliendo así de la estación. En la puerta de la misma se formó una gran manifestación presidida por los tres divisionarios acompañados de todas las autoridades y un ingente número de coruñeses que recorrería varias calles y avenidas hasta llegar al corazón de la ciudad, al pie del Obelisco donde esperaba una gran cantidad de vecinos, que se unieron a los que venían en manifestación Allí fueron entonados el Cara al Sol y el himno de la División Azul, aquella composición musical obra de Agustín de Foxá y del maestro Juan Tellería, el mismo que había compuesto  la música del bellísimo “Cara al Sol”, que aquellos dieciocho mil guerreros españoles, llevaron allende de nuestras fronteras hasta las entrañas del enemigo soviético.

“Con mi canción la gloria va, por los caminos de adiós, que en Rusia están los camaradas de mi División. Cielo azul a la estepa desde España, llevaré, se fundirá la gloria al avanzar, mi capitán. Vuelvan por mí el martillo al taller, la hoz al trigal. Brillen al sol las flechas en el haz para ti, que mi vuelta alborozada has de esperar entre el clamor del clarín inmortal. En la distancia queda gozo del hogar con aires de campanas, vuelo de la paz. Resuenan los tambores, Europa rompe albores, aligerando nubes con nuestro caminar. Con humo de combate yo retornaré con cantos y paisajes que de allí traeré.  Avanzando voy, para un cielo sombrío llevaremos el sol. Avanzando voy para un cielo vacío llevamos a Dios”.

Tras unas palabras del Gobernador Civil, quien recordó a los caídos de aquella heroica gesta, en especial al cabo coruñés, caballero Laureado de San Fernando, Antonio Ponte Anido,   Antonio Ciudad Murcia y José Fraguio, entre abrazos y grandes aplausos se despidieron de las autoridades  abandonando los Cantones junto a sus familias y amigos. Guillermo Sieira, quien no tenía familiares en la ciudad, se dirigió a la Jefatura provincial del Movimiento donde fue recibido por diversos mandos, quienes pusieron a su disposición un vehículo oficial que le trasladaría a su casa de Boiro.

Días después regresarían a La Coruña otros de los coruñeses repatriados, que serían recibidos con las mismas muestras de simpatía, entusiasmo desbordado y agradecimiento por su gallarda y valerosa actitud en los gulags soviéticos.

El teniente Jaime Galiana Garmilla, alférez Rubio Moscoso, capitán Salvador Masip Biendicho, capitán Manuel Ruiz de Huidobro y Alzulema, Cabo Generoso  Ramos Vázquez; el cabo natural de La Guardia (Pontevedra) José Pérez Castro, que se hizo fuerte de forma valerosamente en la posición de Possad, la cual defendió con arrojo y valor sin límites hasta la muerte después de apoderarse de una ametralladora, varios lanzallamas, bombas de mano, hacer prisioneros  a nueve soldados soviéticos y matar a varias decenas, son junto al coruñés Antonio Ponte Anido y Teodoro Palacios “el embajador en el infierno”, los ocho gloriosos  Laureados de San Fernando de la División Azul. Cincuenta y tres medallas militares individuales y dos colectivas componen la lista gloriosa de condecoraciones logradas por la División Azul, aquella Legión de españoles, bravos, valerosos y románticos. Gracias a su generosa participación en tierras rusas con más de 5.000 caídos, España se mantuvo neutral en  aquel inmenso conflicto bélico que fue la segunda guerra mundial. Algún día, cuando pasen odios, rencores y sectarias leyes de memoria, la División Azul será situada en  un lugar de  preeminencia, en la historia de nuestra Nación, conforme a su abnegado y generoso esfuerzo en pos de los intereses de España y los españoles.

¡Honor y Gloria los bravos soldados de la División Azul! ¡Arriba España!


3 respuestas a «1954: Llegan a La Coruña repatriados cautivos de la División Azul»

  1. Esperemos que efectivamente, cuando se deroguen las dos infames y sectarias «leyes de memoria» la gesta de la División Azul vuelva a ocupar el lugar de honor que le corresponde en la historia de España.
    Si no fuera así, significaría que esta España enferma ha muerto definitivamente.
    Que el ejemplo de tantos héroes y mártires de su historia -entre los que ocupan lugar destacado los héroes de la División Azul- sean un toque de llamada para que la juventud española despierte definitivamente de su letargo. Para que el martillo vuelva al taller y la hoz al trigal. Y con sus nuevos haces de flechas brillantes, sean capaces de fundir la nieve siguiendo a un nuevo capitán.
    ¡¡¡Dios así lo quiera!!!

  2. Hola, dengo actualmente 70 años y soy hijo de divisionario y siento gran orgullo por las acciones de mi padre en esta campaña, siendo mencionado como distinguidisimo. Perteneció al grupo de exploradores y participó activamente en la conocida gesta del lago Ilmen.
    Fue reconocido y mencionado en varias ocasiones por prestarse voluntario, siempre que fué requerido, a las misiones de mayor riesgo y peligro, tal como obra en documentos que tengo en mi poder.
    Tengo asi mismo un «Diario de campaña» de su periodo en el frente. Creo que es un interesantisimo documento historico, que no me importaria desprenderme de él siempre y cuando tenga la seguridad de que se le dará un conveniente uso y trato de respeto.
    Un saludo.

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