1973. El Caudillo de España, Francisco Franco, inaugura en La Coruña la base de salvamento de náufragos de la Cruz Roja Española. Cena de gala en el Palacio Municipal

En la tarde del  viernes 17 de agosto de 1973, el Jefe del Estado, Generalísimo Franco, y su esposa doña Carmen Polo de Franco, presidian el acto de bendición de la base de salvamento de náufragos de la Cruz Roja Española y de una lancha de salvamento. Acompañados por el jefe de su Casa Militar, teniente general Díaz Alegría, segundo jefe, general Gavilán Ponce de León y el segundo jefe de la Casa Civil Ricardo Catoira, el Generalísimo y su esposa llegaron cuando las manecillas de los relojes marcaban las seis de la tarde a la base de la Cruz Roja del Mar, situada en el muelle de las Ánimas, del puerto coruñés. Allí se habían congregado miles de coruñeses, que tributaron al Generalísimo y a su esposa, un cálido y emotivo recibimiento con grandes aplausos, vítores y gritos de ¡Franco! ¡Franco!

La base de salvamento nacía cuando aún estaba muy fresca en la memoria de los coruñeses la , sucedida el 4 de octubre de 1970, cuando alrededor de las cinco de la madrugada, el pesquero embarrancó en la “pedra do boi” a los pies de la Torre de Hércules. Fue una de las grandes tragedias marítimas acaecidas en nuestras costas.

El pesquero “La Isla” llevaba a bordo a quince tripulantes. Desgraciadamente todos menos uno perdieron la vida en tan aciaga noche. El superviviente, Ramón Seoane Martínez, segundo maquinista, de treinta y cuatro años de edad, natural de Noya, casado, padre de dos hijos, estuvo durante seis horas, asido a un tablón del propio barco, hasta que una pequeña embarcación lo recogió de entre las aguas. A pesar de la gran falta de medios para hacer frente a  ese tipo de situaciones, siete barcos y una avioneta participaron en las labores de rescate.

El pesquero venía del Gran Sol y con su carga se dirigía al puerto de La Coruña. Construido en 1962,  el casco  del barco era de hierro y se encontraba en perfecto estado. Había salido de La Coruña el día 18 de septiembre. Era propiedad de los armadores José y Guzmán Sánchez. Toda la tripulación estaba despierta cuando sobrevino el siniestro. Nadie se pudo explicar cómo el patrón llevó al pesquero hasta la zona de  la “Pedra do Boi”, a unos cien metros de la Torre de Hércules, donde se hundió, pues aunque en aquellos momentos la mar era muy fuerte, la visibilidad era buena. Murieron tragados por el temporal a la vista de numerosas personas, vecinos de las Lagoas que asistieron impotentes al hundimiento. Dos cadáveres fueron recogidos en los primeros momentos. El del marinero Dario Collazo y el del cocinero José María Vázquez Torres. Luego el silencio. Doce desaparecidos. Los patrones de costa y pesca, José Carreño y Benito Costa; Juan Sobrino, contramaestre; José Manuel Quiroga, segundo motorista; Antonio Ucedo, segundo mecánico; y los marineros Eduardo Rodríguez Devesa; José Miranda; Francisco Martínez, José Arzobispo; Fernando Ríos; Manuel Constela y José Manuel Sande, estos dos últimos contaban la edad de dieciocho años. A los veintidós días apareció el cuerpo de Eduardo Rodríguez, natural de Malpica de Bergantiños.

Desde aquella desdichada jornada las autoridades, a expensas del coruñés Francisco Dotras Lamberti, lucharon de forma denodada por la creación de una base  marítima de la Cruz Roja del Mar en La Coruña, que ahora iba a inaugurar el Jefe del Estado, Generalísimo Franco.

A su llegada cumplimentaron y recibieron al Caudillo y esposa, el vicepresidente del Gobierno, Torcuato Fernández Miranda; los ministros de Gobernación, Carlos Arias Navarro; Marina, Almirante Gabriel Pita da Veiga; Ejército, Teniente General Francisco Coloma Gallegos y Comercio Agustín Cotorruelo Sendagorta; Capitán General de la VIII Región Militar, Teniente General Carlos Fernández Vallespin; Capitán General del Departamento marítimo del Cantábrico, Almirante Antonio González-Aller y Balseyro; Director General de la Guardia Civil, Teniente General Carlos Iniesta Cano; Gobernador Civil de la Coruña, Miguel Vaquer Salort;  presidente de la Diputación Provincial, Ángel Porto Anido; alcalde de la ciudad José Pérez-Ardá; presidente delegado de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española, Francisco Queipo de Llano, conde de Toreno; presidente nacional de la Cruz Roja del Mar, Almirante Enrique Amador Franco; presidente delegado de la Asamblea de la Cruz Roja Española de La Coruña, Raimundo Riestra del Moral; Inspector de Tropas de la Cruz Roja, Francisco Atero;  condesa de Fenosa, Carmela Arias y Díaz de Rábago; inspector general de la Cruz Roja del Mar, Juan Pardo, y otras autoridades y personalidades civiles y militares. La condesa de FENOSA, entrego a Doña Carmen Polo de Franco un ramo de flores.

Con el Jefe de Estado y su esposa dentro de la base, ofició la ceremonia de bendición de las instalaciones y del  navío el canónigo de la colegiata de La Coruña, don Manuel Espina Gamallo.

De seguido el Conde de Toreno, presidente delegado de la Asamblea Suprema de la Cruz Roja Española, pronunció unas palabras donde resaltó: “Hoy Excelencia, la  Cruz Roja os presenta una nueva actividad, el salvamento de náufragos. Esta creación de la sección de mar de la Cruz Roja, se ha realizado después de un estudio profundo y animado por un grupo de hombres amantes de la mar, procedentes de nuestras cuatro marinas: de guerra, mercante, pesquera y deportiva. Hemos tenido desde el primer momento el apoyo de un voluntariado entusiasta y la experiencia de la dirección de las distintas asambleas provinciales, como esta ejemplar de La Coruña, que ha hecho posible esta inauguración.” “Hoy vive la Cruz Roja una época de esplendor y de paz no conocida. Pero esta paz no sería posible sin vuestra dirección, hoy venturosamente asegurada en la continuidad por el Príncipe de España. Por eso una vez más a nuestro Caudillo, a nuestro Jefe del Estado y presidente de honor de la Cruz Roja española, le damos las gracias por venir a visitarnos, rogando a Dios os proteja como hasta ahora. Muchas gracias.”

Seguidamente el Caudillo, su esposa y autoridades, se dirigieron hasta el muelle donde se hallaba atracada la “Blanca Quiroga”. El presidente nacional de la Cruz Roja del Mar, almirante Enrique Amador Franco, fue el encargado de explicar al Jefe del Estado las características de la nueva embarcación. Construida en los astilleros Chantiers navals Franco-Belgues, tenía casco de acero, pintado en color rojo vivo, para ser más visible en cualquier estado de la mar. En la cubierta se habían trazado franjas de color butano para hacer la embarcación también visible desde el aire.  Su estructura estaba construida con metales ligeros. Podía remolcar embarcaciones de hasta 3,5 toneladas. Estaba dotada para evacuación de enfermos, heridos y náufragos y poseía medios a bordo para la lucha contraincendios. La lancha era autoadrizable y podía volver a su posición normal, en cualquier circunstancia peligrosa, incluso aunque la quilla quedase al descubierto tras un vuelco. Era la primera de esas características que prestaría servicio en las costas españolas. Alcanzaba una velocidad de 14 nudos con una autonomía, a esa velocidad, de 270 millas. Tomaba el nombre de Blanca Quiroga, marquesa viuda de Cavalcanti e hija de Doña Emilia Pardo Bazán, que había fallecido en 1970, donando una gran parte de sus bienes a la Cruz Roja española.

La «Blanca Quiroga» en 1973

La «Blanca Quiroga» en la actualidad

El almirante Amador Franco también informó al Caudillo del plan nacional de salvamento de náufragos, que contemplaba la construcción de 30 embarcaciones para las áreas atlántica y mediterránea con un presupuesto de más de  400 millones de pesetas.  El Caudillo y su esposa subieron a bordo de la “Blanca Quiroga” donde saludaron y conversaron con sus tripulantes. Seguidamente regresaron a la base donde se sirvió un refrigerio.  Tras ello, el Generalísimo y esposa se despidieron de las autoridades y  personalidades asistentes al acto, y regresaron a su residencia veraniega del Pazo de Meirás. El numeroso público que se había estacionado en las inmediaciones del muelle de las Ánimas, donde se celebró el acto, despidió al Caudillo de España Francisco Franco y a su esposa con grandes muestras de adhesión y simpatía.

Ese mismo día, a  las diez de la noche, el Jefe del Estado y su esposa presidian en el palacio Municipal de la Coruña, la anual cena de gala en su honor, organizada por el Ayuntamiento de La Coruña y a la que asistieron  también el vicepresidente del Gobierno y ministro secretario general del Movimiento, señor Fernández Miranda, y los ministros de Justicia señor Ruiz-Jarabo Vaquero; Ejército, teniente general  Coloma Gallego; Marina, almirante Pita Da Veiga; Educación y Ciencia, señor Rodríguez Martínez; Trabajó, señor de La Fuente; de Relaciones Sindicales, señor García Ramal, y Planificación del Desarrollo señor Martínez Esteruelas.

La plaza de María Pita, atestada de público, esta orlada con un gran número de Banderas Nacionales y la fachada del Palacio Municipal con tapices. Al descender del vehículo oficial el Caudillo y su esposa  fueron objeto de una gran ovación con gritos de ¡Franco! ¡Franco! y arribas y vivas a España.

El Generalísimo tras escuchar el himno Nacional pasó, acompañado por el ministro del Ejército,  revista a una compañía del Regimiento de infantería Isabel la Católica nº 29, que con bandera, banda y música le rindió honores de ordenanza.

De seguido y ante la puerta principal de las casas consistoriales de la muy noble y muy leal ciudad de La Coruña, el Jefe del Estado fue cumplimentado por el alcalde coruñés José Pérez-Ardá y su esposa, así como por todos los miembros de la corporación municipal. La esposa del alcalde ofreció un ramo de flores a doña Carmen Polo. En el vestíbulo del palacio, donde lucía una artística y luminosa fuente, se encontraba formada la guardia Municipal en uniforme de gran gala, junto a Maceros, Heraldos, Clarineros, Timbaleros y Pregoneros.

El Generalísimo y su esposa subieron por la escalera de honor hasta el despacho oficial de la alcaldía donde les esperaban el vicepresidente del Gobierno y ministro secretario general del Movimiento, señor Fernández Miranda, y los ministros de Justicia señor Ruiz-Jarabo Vaquero; Ejército, teniente general  Coloma Gallego; Marina, almirante Pita Da Veiga; Educación y Ciencia, señor Rodríguez Martínez; Trabajó, señor de La Fuente; de Relaciones Sindicales, señor García Ramal, y Planificación del Desarrollo señor Martínez Esteruelas, el jefe de la casa militar de su Excelencia y las primeras autoridades militares y civiles de La Coruña, a quienes saludaron.

Tras los saludos se formó la comitiva que desde el salón de relojes, se dirigió a los salones donde seria servida la cena de gala. El Caudillo Francisco  Franco entró en el salón dando el brazo a la esposa del alcalde de La Coruña, seguido por el alcalde la ciudad, que daba el brazo a Doña Carmen Polo de Franco. Tras ellos los ministros, sus esposas y las demás autoridades junto a sus cónyuges, de forma intercambiada.

Los salones estaban profusamente iluminados y adornados con gran profusión de flores. El Caudillo se sentó, presidiendo la cena, entre la esposa del alcalde de la Coruña y la esposa del vicepresidente del Gobierno. Enfrente doña Carmen Polo, flanqueada por el alcalde de la Coruña y el vicepresidente del Gobierno señor Fernández Miranda.

Durante la cena, la banda orquesta municipal, dirigida por Rogelio Groba,  interpretó diversas composiciones, entre ellas la obertura del “Califa de Bagdad” de François-Adrien Boïeldieu; “En la Alhambra“ de Tomas Bretón;  el “Allegretto” de la séptima sinfonía de Beethoven y la “Alborada Gallega” de Pascual Veiga

Finalizada de la cena, los invitados se trasladaron al salón-museo Emilia Pardo Bazán, donde se sirvió el café. Mientras tanto, actuó el tenor Enrique Paz Escudero, acompañado por  la pianista María de los Reyes Rey Silva que interpretaron “Catarì, Catarì” Canción Napolitana de Salvatore Cardillo; “Amor ti Vieta” de la ópera “Fedora” de Giordano y “Canto a la Espada” de la zarzuela “El Huésped del Sevillano” de Jacinto Guerrero.

Concluido el café, el Jefe del Estado y su esposa contemplaron desde el balcón principal del palacio municipal, una sesión de fuegos de artificio. El público que se hallaba en la plaza de María Pita, donde se había organizado una verbena popular, aclamó constantemente al Generalísimo cuando se asomó al balcón, teniendo este que saludar en repetidas ocasiones a la multitud de personas que le vitoreaban. La gran sesión de fuegos fue ganada por decisión del Jefe del Estado, por la Pirotecnia Rocha de Soñeiro (Sada), que encandiló a todos por su  alarde de espectacularidad y belleza.

Finalizada la sesión, el Caudillo y su esposa Carmen se despidieron de las autoridades y escoltados por la unidad de motos del Regimiento de su Casa Militar, emprendieron el regreso a su residencia del Pazo de Meirás, arropados por los constantes vítores, aplausos y gritos de ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco!, de los coruñeses y forasteros, estacionados en la plaza de María Pita, avenidas de Montoto, Marina, Cantones, Sánchez Bregua y Linares Rivas y que no cesaron hasta que la comitiva abandonó la ciudad.

P/D: Escribo este artículo, al amparo de la infecta, criminal, malvada, canallesca, mentirosa, llena de odio, de división entre unos españoles y otros; profanadora de cadáveres de héroes de nuestra historia, manchada con la sangre de las víctimas del terrorismo, a quienes desprecia, un auténtico fraude de ley, que ataca la unidad de España, la verdad, la libertad, la historia de nuestra Patria; que pretende por ley obligar a los españoles a pensar lo que quiere este gobierno corrupto, traidor y estulto y que incluso  ataca de forma ignominiosa al patrimonio cultural, histórico y artístico de España, siendo su único y malévolo fin deslegitimar un régimen, el del Generalísimo Francisco Franco, que llevo a España a convertirse en la novena potencia industrial del mundo y de él que emanó la actual Jefatura del Estado, -no lo olvide Majestad-,  llamada, de forma burda y grosera, ley de “memoria democrática”, de la cual me declaro beligerante y desafiante, recientemente aprobada, que en un párrafo textual de su sectario preámbulo dice: “El conocimiento de nuestro pasado reciente contribuye a asentar nuestra convivencia sobre bases más firmes, protegiéndonos de repetir los errores del pasado. La consolidación de nuestro ordenamiento constitucional nos permite hoy afrontar la verdad y la justicia sobre nuestro pasado. El olvido no es opción para la democracia”.

ESTA ES MI MEMORIA Y A ESO ME ACOJO. EN DEFENSA DE LA VERDAD. SIN MIEDO A NADA NI A NADIE. LA MEMORIA NO PUEDE ESTAR SUJETA A NINGUN TIPO DE LEY. ES ALGO CONSUSTANCIAL CON LA PROPIA PERSONA. NO ME VOY A CALLAR Y ME REBELO ANTE ESTE ATROPELLO DE UNA LEY ANTICONSTITUCIONAL, ABERRANTE, SOVIETICA, QUE ATACA LA LIBERTAD PERSONAL, ÚNICAMENTE PROMULGADA PARA MANTENER LA FALSA VERSION DE LA IZQUIERDA -POR ELLO NECESITAN UNA LEY QUE AMENACE CON MULTAS Y ATOSIGUE CON EL TEMOR- PARA DISTORSIONAR, PUES NO PUEDEN REBATIR, EN ABSOLUTO, LA VERDADERA REALIDAD HISTORICA DE ESPAÑA.


5 respuestas a «1973. El Caudillo de España, Francisco Franco, inaugura en La Coruña la base de salvamento de náufragos de la Cruz Roja Española. Cena de gala en el Palacio Municipal»

  1. La Verdad se puede ocultar, se puede perseguir; pero no se puede cambiar ni con todo el oro del mundo. Ya responderán de sus mentiras, aunque no sea aquí.

  2. Lo que más me gusta de esta reseña histórica es el nombre de la embarcación “blanca Quiroga”, precioso nombre para un barco de salvamento y auxilio. Y que bonito que todavía se pueda ver y que no haya sido desmantelada por la chusma zurda.

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