1º de Octubre: exaltación de Franco a la Jefatura del Estado

ESCUCHAR NOTICIA: NOTA.- Por su interés, volvemos a publicar hoy, 1º de Octubre, este gran artículo del Col. Lorenzo Fdez. Navarro, gran patriota que lo dio todo por España mientras estuvo en activo, actitud en la que sigue hoy día sin desmayo. –oo– Los enemigos de Franco  -que no son otros que los enemigos de España- tergiversando la realidad histórica, lo presentan como un “dictador” que accedió, mediante un “golpe de estado” a la suprema jefatura. Nada más falso. El nombramiento de Franco como Jefe del Estado, no fue por ambición ni por una decisión personal,  fue el resultado de una decisión plenamente democrática. En que sus compañeros de armas lo “alzaron sobre el pavés”. Y lo hicieron así por dos razones: por ser el único que estuvo dispuesto a cargar sobre sus hombros la enorme responsabilidad de dirigir la guerra. Y por el convencimiento de todos ellos de que era el más idóneo para ganarla. Es difícil encontrar en la historia de España acto más democrático que la exaltación del Caudillo Francisco Franco a la Jefatura del Estado. Para conmemorar y celebrar la efeméride del 89 aniversario. El Español Digital vuelve a publicar este revelador artículo. –oo– Este 1º  de octubre del 2024 se cumplen ochenta y ocho años de la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado fecha que se conmemoraba y celebraba como Día del Caudillo. Era un día festivo, en que tranvías y trolebuses circulaban por Madrid engalanados sus «troles» por gallardetes con los colores de la enseña nacional. Es una imagen infantil que recuerdo con nitidez. Aún hoy, transcurrido setenta años de aquellos primeros recuerdos infantiles, me parece que todos los primeros de octubre eran días soleados del espectacular otoño madrileño. Para recordar -y celebrar- aquella fecha crucial de la reciente historia de España, nada más propio que hacer una breve consideración sobre aquel hecho que propició la Victoria de Franco en la Cruzada. Y con aquella victoria, la misma existencia de España. El 28 de septiembre de ese año 1936, transcurrido poco más de dos meses del Alzamiento Nacional del 18 de julio, mientras las columnas nacionales avanzaban sobre Madrid tras la proeza del paso del Estrecho, se había planteado la necesidad de establecer un mando superior, o único, para la dirección de la guerra. Unos días antes Franco había sido nombrado «Generalísimo» o jefe superior del Ejército. Pero ahora en la jornada del 28 de septiembre, se trataba de discernir quien debería ser el Jefe Supremo del Estado, convencidos de que aquello no era, no podía ser, una asonada. Se trataba primero de ganar la guerra, pero con el convencimiento de que tras la victoria no podría volverse al caos. Propiciado primero por la República, y luego por un Frente Popular que había acabado con todo vestigio de legalidad. Se trataba pues de edificar un nuevo Estado sobre las cenizas del que había fenecido en manos de los revolucionarios. Entre los que la fuerza principal la ostentaba el PSOE, conviene no olvidarlo. Por otro lado los generales que habían secundado el alzamiento, eran conscientes de que el Alzamiento Nacional se había adelantado, por semanas o meses, a la insurrección armada que a mucho tardar hubiera tenido lugar en ese mes de octubre. Fecha estelar -icónica se dice ahora- en la que había tenido lugar la Revolución Rusa  de1917, la abortada española de 1934 y la que se preparaba para ese otoño. En las que las derechas no debían esperar que se respetaran vidas y haciendas como había advertido públicamente Largo Caballero. Todavía resonaba en los oídos de esa media España que no se resignaba a morir, otra de sus advertencias: nosotros no hablamos a humo de pajas, que nosotros hacemos lo que decimos. y también aquella otra: no pararemos hasta que en lo alto de los edificios ondee la bandera roja de la revolución, en lugar de la tricolor de la república burguesa. Así pues aquellos generales no se consideraban «sublevados» -ni los consideraba aquella media España amenazada de muerte (no se respetarían vidas y haciendas) sino tabla de salvación y única esperanza. Unos y otros eran conscientes de que el Alzamiento había madrugado a la revolución; por emplear una gráfica expresión mejicana. Así las cosas, fracasado el Alzamiento Nacional (alzamiento cívico- militar de la media España que no se resignaba a morir, es preciso repetirlo una y mil veces) el enfrentamiento toma ya claramente el carácter de guerra civil. El 28 de septiembre de 1936 se reúnen los generales alzados en armas contra el desgobierno del Frente Popular -que no contra la República ya fenecida- en un barracón del aeródromo de Salamanca para determinar cómo habría de conducirse la guerra. El general Cabanellas, el más antiguo de todos los presentes, expone: “hay dos maneras de hacerlo; con un mando único o con un mando colegiado” a lo que el general Kindelán responde: “Efectivamente, la guerra se puede dirigir de dos maneras, con un mando único o con un mando colegiado; con la primera se gana. Con la segunda se pierde” A quienes conocen el espíritu castrense no se les oculta cuál era el motivo de la propuesta del general Cabanellas: Asumir el mando como le correspondía por ser el más antiguo…. pero diluyendo su responsabilidad en un “órgano colegiado” Afortunadamente, en situación tan dramática, prevaleció la opinión de Kindelán y solamente Franco fue capaz de cargar sobre sus hombros la inmensa responsabilidad que suponía asumir en solitario la dirección de la contienda. Así pues la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado no fue por votación o referéndum -algo que era imposible en una situación de guerra declarada- pero tampoco accedió a la jefatura del estado por propia iniciativa. Ni tras dar un golpe de estado, como quieren hacer ver ahora sus enemigos. Su jefatura se asemejó a la vieja forma histórica del caudillaje, en la que los soldados alzaban sobre el pavés (levantaban de pie sobre un escudo) a un jefe o capitán. Nombrándolo por aclamación como el caudillo en que todos confiaban para conducirles a la victoria. Como así fue el caso. Y no se debe olvidar que una de las causas de la derrota en el bando republicano o rojo, fue precisamente la ausencia de ese mando único. Decir finalmente que esa designación de “caudillo” por haber sido aclamado para serlo, no deja de ser una fórmula absolutamente democrática en el contexto de un grupo humano que se encuentra en trance de vida o muerte como era el caso de esa media España que no se resignaba a morir. Franco fue ese jefe o Caudillo providencial al que se eleva sobre el pavés en las situaciones dramáticas. Y así fue como se le proclamó Caudillo el 1º de octubre de 1936. Por sus méritos…. y Por la Gracia  Dios   Pulse para escuchar el texto NOTA.- Por su interés, volvemos a publicar hoy, 1º de Octubre, este gran artículo del Col. Lorenzo Fdez. Navarro, gran patriota que lo dio todo por España mientras estuvo en activo, actitud en la que sigue hoy día sin desmayo. –oo– Los enemigos de Franco  -que no son otros que los enemigos de España- tergiversando la realidad histórica, lo presentan como un “dictador” que accedió, mediante un “golpe de estado” a la suprema jefatura. Nada más falso. El nombramiento de Franco como Jefe del Estado, no fue por ambición ni por una decisión personal,  fue el resultado de una decisión plenamente democrática. En que sus compañeros de armas lo “alzaron sobre el pavés”. Y lo hicieron así por dos razones: por ser el único que estuvo dispuesto a cargar sobre sus hombros la enorme responsabilidad de dirigir la guerra. Y por el convencimiento de todos ellos de que era el más idóneo para ganarla. Es difícil encontrar en la historia de España acto más democrático que la exaltación del Caudillo Francisco Franco a la Jefatura del Estado. Para conmemorar y celebrar la efeméride del 89 aniversario. El Español Digital vuelve a publicar este revelador artículo. –oo– Este 1º  de octubre del 2024 se cumplen ochenta y ocho años de la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado fecha que se conmemoraba y celebraba como Día del Caudillo. Era un día festivo, en que tranvías y trolebuses circulaban por Madrid engalanados sus «troles» por gallardetes con los colores de la enseña nacional. Es una imagen infantil que recuerdo con nitidez. Aún hoy, transcurrido setenta años de aquellos primeros recuerdos infantiles, me parece que todos los primeros de octubre eran días soleados del espectacular otoño madrileño. Para recordar -y celebrar- aquella fecha crucial de la reciente historia de España, nada más propio que hacer una breve consideración sobre aquel hecho que propició la Victoria de Franco en la Cruzada. Y con aquella victoria, la misma existencia de España. El 28 de septiembre de ese año 1936, transcurrido poco más de dos meses del Alzamiento Nacional del 18 de julio, mientras las columnas nacionales avanzaban sobre Madrid tras la proeza del paso del Estrecho, se había planteado la necesidad de establecer un mando superior, o único, para la dirección de la guerra. Unos días antes Franco había sido nombrado «Generalísimo» o jefe superior del Ejército. Pero ahora en la jornada del 28 de septiembre, se trataba de discernir quien debería ser el Jefe Supremo del Estado, convencidos de que aquello no era, no podía ser, una asonada. Se trataba primero de ganar la guerra, pero con el convencimiento de que tras la victoria no podría volverse al caos. Propiciado primero por la República, y luego por un Frente Popular que había acabado con todo vestigio de legalidad. Se trataba pues de edificar un nuevo Estado sobre las cenizas del que había fenecido en manos de los revolucionarios. Entre los que la fuerza principal la ostentaba el PSOE, conviene no olvidarlo. Por otro lado los generales que habían secundado el alzamiento, eran conscientes de que el Alzamiento Nacional se había adelantado, por semanas o meses, a la insurrección armada que a mucho tardar hubiera tenido lugar en ese mes de octubre. Fecha estelar -icónica se dice ahora- en la que había tenido lugar la Revolución Rusa  de1917, la abortada española de 1934 y la que se preparaba para ese otoño. En las que las derechas no debían esperar que se respetaran vidas y haciendas como había advertido públicamente Largo Caballero. Todavía resonaba en los oídos de esa media España que no se resignaba a morir, otra de sus advertencias: nosotros no hablamos a humo de pajas, que nosotros hacemos lo que decimos. y también aquella otra: no pararemos hasta que en lo alto de los edificios ondee la bandera roja de la revolución, en lugar de la tricolor de la república burguesa. Así pues aquellos generales no se consideraban «sublevados» -ni los consideraba aquella media España amenazada de muerte (no se respetarían vidas y haciendas) sino tabla de salvación y única esperanza. Unos y otros eran conscientes de que el Alzamiento había madrugado a la revolución; por emplear una gráfica expresión mejicana. Así las cosas, fracasado el Alzamiento Nacional (alzamiento cívico- militar de la media España que no se resignaba a morir, es preciso repetirlo una y mil veces) el enfrentamiento toma ya claramente el carácter de guerra civil. El 28 de septiembre de 1936 se reúnen los generales alzados en armas contra el desgobierno del Frente Popular -que no contra la República ya fenecida- en un barracón del aeródromo de Salamanca para determinar cómo habría de conducirse la guerra. El general Cabanellas, el más antiguo de todos los presentes, expone: “hay dos maneras de hacerlo; con un mando único o con un mando colegiado” a lo que el general Kindelán responde: “Efectivamente, la guerra se puede dirigir de dos maneras, con un mando único o con un mando colegiado; con la primera se gana. Con la segunda se pierde” A quienes conocen el espíritu castrense no se les oculta cuál era el motivo de la propuesta del general Cabanellas: Asumir el mando como le correspondía por ser el más antiguo…. pero diluyendo su responsabilidad en un “órgano colegiado” Afortunadamente, en situación tan dramática, prevaleció la opinión de Kindelán y solamente Franco fue capaz de cargar sobre sus hombros la inmensa responsabilidad que suponía asumir en solitario la dirección de la contienda. Así pues la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado no fue por votación o referéndum -algo que era imposible en una situación de guerra declarada- pero tampoco accedió a la jefatura del estado por propia iniciativa. Ni tras dar un golpe de estado, como quieren hacer ver ahora sus enemigos. Su jefatura se asemejó a la vieja forma histórica del caudillaje, en la que los soldados alzaban sobre el pavés (levantaban de pie sobre un escudo) a un jefe o capitán. Nombrándolo por aclamación como el caudillo en que todos confiaban para conducirles a la victoria. Como así fue el caso. Y no se debe olvidar que una de las causas de la derrota en el bando republicano o rojo, fue precisamente la ausencia de ese mando único. Decir finalmente que esa designación de “caudillo” por haber sido aclamado para serlo, no deja de ser una fórmula absolutamente democrática en el contexto de un grupo humano que se encuentra en trance de vida o muerte como era el caso de esa media España que no se resignaba a morir. Franco fue ese jefe o Caudillo providencial al que se eleva sobre el pavés en las situaciones dramáticas. Y así fue como se le proclamó Caudillo el 1º de octubre de 1936. Por sus méritos…. y Por la Gracia  Dios

NOTA.- Por su interés, volvemos a publicar hoy, 1º de Octubre, este gran artículo del Col. Lorenzo Fdez. Navarro, gran patriota que lo dio todo por España mientras estuvo en activo, actitud en la que sigue hoy día sin desmayo.

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Los enemigos de Franco  -que no son otros que los enemigos de España- tergiversando la realidad histórica, lo presentan como un “dictador” que accedió, mediante un “golpe de estado” a la suprema jefatura. Nada más falso. El nombramiento de Franco como Jefe del Estado, no fue por ambición ni por una decisión personal,  fue el resultado de una decisión plenamente democrática. En que sus compañeros de armas lo “alzaron sobre el pavés”. Y lo hicieron así por dos razones: por ser el único que estuvo dispuesto a cargar sobre sus hombros la enorme responsabilidad de dirigir la guerra. Y por el convencimiento de todos ellos de que era el más idóneo para ganarla. Es difícil encontrar en la historia de España acto más democrático que la exaltación del Caudillo Francisco Franco a la Jefatura del Estado. Para conmemorar y celebrar la efeméride del 89 aniversario. El Español Digital vuelve a publicar este revelador artículo.

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Este 1º  de octubre del 2024 se cumplen ochenta y ocho años de la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado fecha que se conmemoraba y celebraba como Día del Caudillo. Era un día festivo, en que tranvías y trolebuses circulaban por Madrid engalanados sus «troles» por gallardetes con los colores de la enseña nacional. Es una imagen infantil que recuerdo con nitidez. Aún hoy, transcurrido setenta años de aquellos primeros recuerdos infantiles, me parece que todos los primeros de octubre eran días soleados del espectacular otoño madrileño. Para recordar -y celebrar- aquella fecha crucial de la reciente historia de España, nada más propio que hacer una breve consideración sobre aquel hecho que propició la Victoria de Franco en la Cruzada. Y con aquella victoria, la misma existencia de España.

El 28 de septiembre de ese año 1936, transcurrido poco más de dos meses del Alzamiento Nacional del 18 de julio, mientras las columnas nacionales avanzaban sobre Madrid tras la proeza del paso del Estrecho, se había planteado la necesidad de establecer un mando superior, o único, para la dirección de la guerra. Unos días antes Franco había sido nombrado «Generalísimo» o jefe superior del Ejército. Pero ahora en la jornada del 28 de septiembre, se trataba de discernir quien debería ser el Jefe Supremo del Estado, convencidos de que aquello no era, no podía ser, una asonada. Se trataba primero de ganar la guerra, pero con el convencimiento de que tras la victoria no podría volverse al caos. Propiciado primero por la República, y luego por un Frente Popular que había acabado con todo vestigio de legalidad.

Se trataba pues de edificar un nuevo Estado sobre las cenizas del que había fenecido en manos de los revolucionarios. Entre los que la fuerza principal la ostentaba el PSOE, conviene no olvidarlo. Por otro lado los generales que habían secundado el alzamiento, eran conscientes de que el Alzamiento Nacional se había adelantado, por semanas o meses, a la insurrección armada que a mucho tardar hubiera tenido lugar en ese mes de octubre. Fecha estelar -icónica se dice ahora- en la que había tenido lugar la Revolución Rusa  de1917, la abortada española de 1934 y la que se preparaba para ese otoño. En las que las derechas no debían esperar que se respetaran vidas y haciendas como había advertido públicamente Largo Caballero. Todavía resonaba en los oídos de esa media España que no se resignaba a morir, otra de sus advertencias: nosotros no hablamos a humo de pajas, que nosotros hacemos lo que decimos. y también aquella otra: no pararemos hasta que en lo alto de los edificios ondee la bandera roja de la revolución, en lugar de la tricolor de la república burguesa.

Así pues aquellos generales no se consideraban «sublevados» -ni los consideraba aquella media España amenazada de muerte (no se respetarían vidas y haciendas) sino tabla de salvación y única esperanza. Unos y otros eran conscientes de que el Alzamiento había madrugado a la revolución; por emplear una gráfica expresión mejicana.

Así las cosas, fracasado el Alzamiento Nacional (alzamiento cívico- militar de la media España que no se resignaba a morir, es preciso repetirlo una y mil veces) el enfrentamiento toma ya claramente el carácter de guerra civil. El 28 de septiembre de 1936 se reúnen los generales alzados en armas contra el desgobierno del Frente Popular -que no contra la República ya fenecida- en un barracón del aeródromo de Salamanca para determinar cómo habría de conducirse la guerra.

El general Cabanellas, el más antiguo de todos los presentes, expone: “hay dos maneras de hacerlo; con un mando único o con un mando colegiado” a lo que el general Kindelán responde: “Efectivamente, la guerra se puede dirigir de dos maneras, con un mando único o con un mando colegiado; con la primera se gana. Con la segunda se pierde”

A quienes conocen el espíritu castrense no se les oculta cuál era el motivo de la propuesta del general Cabanellas: Asumir el mando como le correspondía por ser el más antiguo…. pero diluyendo su responsabilidad en un “órgano colegiado”

Afortunadamente, en situación tan dramática, prevaleció la opinión de Kindelán y solamente Franco fue capaz de cargar sobre sus hombros la inmensa responsabilidad que suponía asumir en solitario la dirección de la contienda. Así pues la exaltación de Franco a la Jefatura del Estado no fue por votación o referéndum -algo que era imposible en una situación de guerra declarada- pero tampoco accedió a la jefatura del estado por propia iniciativa. Ni tras dar un golpe de estado, como quieren hacer ver ahora sus enemigos. Su jefatura se asemejó a la vieja forma histórica del caudillaje, en la que los soldados alzaban sobre el pavés (levantaban de pie sobre un escudo) a un jefe o capitán. Nombrándolo por aclamación como el caudillo en que todos confiaban para conducirles a la victoria. Como así fue el caso. Y no se debe olvidar que una de las causas de la derrota en el bando republicano o rojo, fue precisamente la ausencia de ese mando único. Decir finalmente que esa designación de “caudillo” por haber sido aclamado para serlo, no deja de ser una fórmula absolutamente democrática en el contexto de un grupo humano que se encuentra en trance de vida o muerte como era el caso de esa media España que no se resignaba a morir.

Franco fue ese jefe o Caudillo providencial al que se eleva sobre el pavés en las situaciones dramáticas.

Y así fue como se le proclamó Caudillo el 1º de octubre de 1936.

Por sus méritos…. y Por la Gracia  Dios


21 respuestas a «1º de Octubre: exaltación de Franco a la Jefatura del Estado»

    1. Franco hizo muchas cosas buenas; de lo mejor que nos ha pasado; pero la mejor a mi entender, fue mantener a raya a la masonería lacaya mientras pudo; todo lo que pudo. Hasta su misma muerte, no pudieron empezar a fastidiar en serio los de siempre, y eso que ya estaba retirado del mundo. Todavía caliente, a los traidores habituales de turno les faltó tiempo para empezar a vender a los nuestros y a regalar nuestro suelo. El gran mal de España, de la Cristiandad/Europa, del mundo entero; de la Humanidad/de esta generación; es el sistema marrano – masón reinante desde el Renacimiento del paganismo platónico/eugenista; el que nos lleva de cabeza a la Gran Tribulación, previo destrozo de la humanidad/de las almas.

  1. Querido amigo y compañero Lorenzo, como siempre brillante artículo que nos recuerda a nuestro añorado Caudillo, que tantas lecciones nos dio a todos los españoles de bien y la pena y
    la rabia de que existan en nuestra querida España tanto traidor y cobarde que no respeten su memoria

  2. Lorenzo, como siempre muy acertado en tus palabras y escritos. Gracias a este nombramiento a la Jefatura del Estado, El Generalísimo pudo con Mando único conducir a la Victoria y luego en la Paz llevar a la Nación Española al lugar que le correspondía en el concierto de las Naciones.
    Un fuerte abrazo y muchas gracias

  3. Muchas gracias D Lorenzo por este relato de nuestra Historia ( mayúscula porque para todo español de bien debiera considerarse)
    Triste es que estes detalles y muchos otros no se quieran recordar y poner luz a toda esta patraña que la chusma que por desgracia nos está gobernando quiere tapar y poner su adoctrinamiento como hicieron siempre
    Un fuerte abrazo mi coronel

  4. Usted afirma:
    “Por otro lado, los generales que habían secundado el alzamiento, eran conscientes de que el Alzamiento Nacional se había adelantado, por semanas o meses, a la insurrección armada que a mucho tardar hubiera tenido lugar en ese mes de octubre”.
    No es así puesto que la verdadera Sublevación, la de nuestra FE Verdadera y de nuestra Patria ya estaba en marcha y tuvo lugar en Pamplona el 19 de julio a las 13H00 exactas cuando D. Emilio Mola y Vidal un militar de Honor recibió de mi abuelo José María Caballero Aldasoro un marino de guerra nacido en Vergara (Guipúzcoa) y brazo derecho y gurú de otro insigne militar, el general D. Miguel Primo de Rivera durante un largo decenio y artífice, también de llevarlo al poder en 1923, entregó al general Mola la orden de Sublevación al mismo tiempo que la recibía el Requeté navarro.
    Mola que era el Director de la Sublevación al no confiar en sus subalternos militares encomendó a mi abuelo con sus relaciones privilegiadas cuando durante los seis años de Dictadura de Primo de Rivera con los militares no masones, entre los que se encontraba Mola, su amigo.
    El momento de la Sublevación lo desconocía Mola y la acató cuando la recibió con una nota escueta y firmada por mi abuelo: “Mi general se sublevaba usted ahora mismo”, firmada, J. M. Caballero Aldasoro.
    Lo escrito es la Verdad de la Verdadera Sublevación.
    La prueba de que es cierto es que Mola no se Sublevó el 18 de julio …
    Solo un Rey, CRISTO
    Viva Cristo Rey
    DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO
    Íñigo Caballero
    P.S. : J. M. Caballero era capitán de corbeta, Abogado e Ingeniero Industrial Eléctrico por la Universidad de Lovaina en Bélgica. No ha habido en la historia de España, un militar con tres carreras y cinco lenguas, hablaba euskera – su lengua materna -, inglés, francés, holandés y, por supuesto, español.

      1. Ha tardado mucho en sacar a relucir su insulto.
        Le propongo que aporte Conocimiento.
        Lo que cuentan son los Argumentos.
        Solo un Rey, CRISTO
        Viva Cristo Rey
        DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO

        1. Ud. sólo aporta autobombo. Ni un solo conocimiento, sólo frutos de su imaginación
          ¿En su árbol genealógico cuando apareció el gen del autobombo?
          ¿En Ud. o varias generaciones atrás?

      2. Dese una DUCHA de Agua FRIA…,
        rodeado de Moscas Cojoneras…,
        que en su Tafanario…,
        le proporcionarán un «Gusturrinín»…,
        o en su Conciencia…,
        una «Colleja» del abuelo que nunca tuvo.

  5. Amigo mío:
    De tu brillante relato, me quedo con esa certera alusión a que, como electo entre sus compañeros, su caudillaje fue perfectamente democrático.
    Un fuerte abrazo.

  6. 1 de octubre, recuerdo del día de la gracia del espíritu, porque había hombres capacitados para salir de la catástrofe de la ignorancia, se hizo posible la unión al frente del problema y con victoria honorable. La prueba la tenemos en la deuda, en el gobierno de Franco, todo nacido, nacia sin deuda y tras la transacción y traición, hemos nacido con deuda e impagable, una desgracia que está a punto de colapsar en la sociedad. Arriba España para los valientes con honor, la gracia del espíritu estará siempre con nosotros, es nuestra buena muerte el pasaje al verdadero reino de la patria del espíritu.

    Saludos cordiales

  7. Gracias a todas estas buenas personas (que seguro que lo son) por relatar de forma sencilla y de corazón, lo que yo siempre he compartido desde niño y que tuve el honor de conocerlo y desfilar dos veces delante de S. E.

  8. Ejemplar relato resumido de nuestra querida Historia, digna de poner como ejemplo de Personas ( en mayúsculas) que teniendo mucho que perder se jugaron la vida para empezar prácticamente desde cero y como en menos de 40 años supo dirigir al país hacia el mejor camino posible, también gracias a todas las personas que colaboraron en forjar valores, respeto, decencia, lealtad, disciplina y otras características positivas que concluyeron en tan trascendente cambio.
    Un abrazo mi coronel

  9. Cuando se achaca a Franco —porque es exactamente eso— que se unió tarde a la conspiración y que solo lo hizo cuando lo vio claro, se pasan por alto dos cosas: primera, que Franco no era un militar conspirador, sino leal a su juramento; segunda, que, como extraordinario estratega, no era un alocado. Pongamos a Sanjurjo.
    Esto no quiere decir que no observara, como ciertamente se sabe qué hacía, la situación de España con enorme preocupación, pero siempre buscando hasta el final, como consta, salvar la paz.
    Ahora bien, sabiendo que España necesitaba una rectificación histórica de gran calado, desde el momento en que se unió al Alzamiento y fue nombrado Generalísimo, dirigió la guerra hacia ese objetivo. De ahí las medidas políticas e incluso la marcha de la contienda que él mismo comandó.
    Por mi parte, como no puedo ser sospechoso de haber sido en ningún momento de mi vida anfranquista, todo lo contrario (a diferencia de otros que hoy enarbolan la figura y la obra de Franco, habiendo sido antifranquistas), si considero que tuvo un fallo, no dar la debida importancia al aspecto didáctico que el Alzamiento merecía, así como al porqué del acoso internacional que sufrió la España que él dirigía. Me refiero a la labor didáctica que las generaciones que nacimos a partir de 1955 no recibimos, y que hoy muchos tienen que aprender de un exterrorista marxista. POR FAVOR, QUE NO SEA ESTE EL DEBATE, COMO TANTAS VECES OCURRE CON LOS COMENTARIOS QUE SE HACEN A LAS COLABORACIONES, DONDE SE TOMA LA PARTE POR EL TODO, O SE VA DE MAESTRO ESCUELA O SENCILLAMENTE SE MENOSPRECIA AL AUTOR.
    Lo dicho anteriormente me lleva a considerar que Franco, aparte de ser un magnífico militar y un extraordinario estadista, también demostró ser un santo, porque solo con esa espiritualidad se tiene el escrúpulo de no hacer que el alma humana se enquiste de odio.
    Por cierto, un magnífico artículo. Enhorabuena y felicidades.

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