1º de Octubre.- Franco: Generalísimo, Jefe del Estado y Caudillo. Así fue

En Septiembre de 1936, la situación en el bando nacional era francamente inestable a pesar de los éxitos logrados hasta ese momento. Recién nacido, carente de las mínimas instituciones administrativas a excepción de las militares, carecía del armazón político e ideológico básico necesario, poseyendo, si se quiere, sólo el espiritual, por lo que era urgente dar forma desde todo punto de vista a dicha zona para consolidarla, permitir su crecimiento y aparecer como alternativa clara a aquella contra la que combatía, la cual el día 3 de dicho mes había nombrado a Largo Caballero Presidente de la extinta II República, que había desaparecido de facto el 19 de Julio cuando se autorizó armar a los militantes de los partidos del Frente Popular.

Gral. Sanjurjo

Si las derrotas cosechadas hasta entonces habían sido el motor para urgir la consolidación y aglutinamiento de la zona frentepopulista, en la nacional lo iban a ser, como es lógico, las victorias correspondientes a aquellas. Dos fueron los factores que jugaron a favor de la rápida consolidación de la zona nacional: uno, la ausencia de divisiones partidistas, es decir, la carencia de estructuras políticas de partido que, dando prioridad a sus intereses particulares por encima de los generales –cuando no a las ambiciones personales de sus líderes–, pudieran interferir en proceso tan delicado y esencial como era la creación desde la nada de un nuevo “Estado”; otra, que los militares ostentarán de forma indiscutible el mando y control de todos los resortes de poder existentes.

Según el diseño de Mola, el Alzamiento debía desembocar en el gobierno provisional de una Junta de Defensa que, tras un tiempo, devolviera la República a su cauce de normalidad del que nunca debió haberse desviado; la sublevación, el Alzamiento no se hizo contra la república, sino para salvarla de su sovietización. De acuerdo con ello, y a pesar de no haberse alcanzado los objetivos previstos por fracasar en la mitad de la península, se constituyó tal Junta como supremo órgano director, lo cual era aún más necesario por el fallecimiento del Gral. Sanjurjo, considerado por todos de antemano como quien debía asumir la cabeza del Alzamiento. Dicha Junta de Defensa había quedado formada por:

  • Presidente, Gral. Miguel Cabanellas Ferrer.
  • Vocales, Gral,s Andrés Saliquet Zumeta, Miguel Ponte y Manso de Zúñiga, Emilio Mola Vidal, Fidel Dávila Arrondo y Col,s de Estado Mayor Federico Montaner Canet y Fernando Moreno Calderón.
  • Secretario, Col. Montaner,
  • Jefe del Estado Mayor de los Ejércitos del Norte, el Col. Moreno Fernández.

Cabanellas

Saliquet

Ponte

Mola

Dávila

Col. Moreno

Como puede verse, personajes de tanta relevancia como Franco o Queipo de Llano quedaron excluidos de ella.

Pero dicha Junta en la práctica, y dados los avatares que la incipiente guerra imponía, en poco o en nada funcionó –promulgó sólo algunos decretos–, porque todo lo resolvían principalmente Mola y Franco; por un lado, por ser los encargados de dirigir las operaciones militares de mayor importancia; por otro, porque el resto de Generales se sometía a sus decisiones de buena gana haciendo gala de una lealtad y generosidad para con la causa, aún en fase de embrión y sin definir, dignas del mayor de los encomios.

Muy pronto surgió entre los máximos exponentes de la zona nacional la opinión de que según estaban desarrollándose los acontecimientos y la imprevista deriva que tomaban los hechos, precisaban dotarse de un mando y una autoridad que mientras por un lado dirigiera la guerra, por otro fuera voz y representante único de cara a la población civil y a la comunidad internacional representando de manera fidedigna los ideales por los que se luchaba, otorgando a la nueva España la categoría de Estado que necesitaba no sólo para procurarse los suministros bélicos tan necesarios, sino también con vistas al futuro cuando, tras la victoria en la guerra –de la que no se dudaba–, hubiera que conducir la paz.

La primera vez que se planteó de forma abierta la necesidad de un mando único fue el 28 de Agosto de 1936 en Sevilla, suscitando tal necesidad Mola en la reunión que mantuvo en tal fecha con Franco y Queipo. Para los tres quedaba ya por entonces claro que la Junta de Defensa no era órgano capaz de dirigir ni la contienda en liza ni la vida de la retaguardia. Sin embargo, poco más se habló, y ni mucho menos hubo propuestas de nombre alguno.

Desde ese instante el asunto quedó sobre la mesa y no cabe duda de que fue planteado de alguna u otra forma a los demás Generales cuando el momento y la ocasión lo permitió, recibiendo tal propuesta un respaldo unánime; y es que todos querían un mando único, militar y a ser posible de especial prestigio y capacidad. Avala lo dicho declaraciones como las del Gral. Kindelán quien en sus memorias relata que por estos días abordó el asunto con Franco, manifestando Kindelán su deseo de que fuera Franco quien tomara el mando; sin embargo, y según la misma fuente, Franco se mostró en todo instante muy remiso a asumir tal responsabilidad por tres razones: su natural modestia reconocida por sus más allegados; su obligada prudencia, pues de mostrar interés podría suscitar recelos en los demás y, por último, su deseo de no tener que ceder el mando de las fuerzas que marchaban sobre Madrid, acción que consideraba de la máxima importancia.

Así pues, el ánimo y las opiniones de los más destacados jefes militares del momento coincidían, lo que impulsó a la Junta de Defensa a convocar una reunión para el 21 de Septiembre al objeto de abordar oficialmente, aunque de forma confidencial, tan importante asunto.

En un sencillo barracón de madera ubicado en un aeródromo de circunstancias habilitado para la guerra en las cercanías de Matilla de los Caños, a 30 kilómetros de Salamanca, en la finca que el ganadero Antonio Pérez Tabernero poseía allí –cuyas hijas sirvieron la mesa para evitar indiscreciones caso de hacerlo otras personas–, se reunió en la fecha citada la Junta de Defensa asistiendo, además de sus componentes habituales, los Gral,s Franco, Queipo de Llano, Valdés Cavanilles, Gil Yuste, Kindelán y Orgáz.

Queipo

Valdés

Gil Yuste

Kindelán

Orgáz

Frente a lo que algunos han tratado de insinuar, no hubo discusión, ni siquiera debate, pues la unanimidad fue prácticamente total en todo momento, no sólo en la necesidad de nombrar un mando único, sino también en designar para tal cargo a Franco, entonces de 44 años de edad, quien sólo contó con la leve y momentánea oposición del Gral. Cabanellas, más que nada porque sus posiciones ideológicas –éste era convencido republicano y masón– estaban en las antípodas del nominado. Sin embargo, al verse sólo y sin razones reales de peso para oponerse, cedió sin mayores dificultades de motu proprio, demostrando con tal gesto, sin duda y una vez más, su generosidad y patriotismo que colocaba por encima de sus planteamientos personales.

Vista exterior del barracón. (Estuvo durante décadas en el Museo del Aire de Madrid hasta que la ley de «des-Memoria hist(ó)érica» acabó con él

Y es que, si bien se mira, entre los asistentes no había nadie que reuniera en grado tan evidente todos los requisitos deseados. El prestigio militar de Franco era conocido, aceptado y respetado por todos; incluso por el enemigo. Nunca se había mezclado en asuntos políticos de ninguna clase, aún en los peores momentos pasados. Para monárquicos como Kindelán u Orgáz representaba la posibilidad de que fuera restaurado tal régimen pues conocían sus sentimientos monárquicos; el hecho de que hubiera sido Franco quien había presidido el 15 de Agosto en Sevilla la restauración de la bandera bicolor, roja y gualda, como única enseña nacional –no se olvide, pues, que hasta entonces y aún días después, las columnas nacionales llevaron la tricolor republicana–, parecía avalar tal posibilidad aunque en su discurso Franco no hiciera mención a ello, y ni siquiera a que el hecho en sí tuviera ninguna clase de reminiscencia monárquica, limitándose a decir frases como “…ya tenéis aquí la gloriosa bandera española… Cuando se ha pasado toda la vida con una enseña, con una religión y con un ideal, eso no puede destruirse, eso no puede variarse. Porque sería lo mismo que quitar a Dios de los altares…”.

Vista interior del sencillo y austero barracón

Además, Franco poseía una acendrada y reconocida catolicidad que era también garantía de aceptación por parte de las fuerzas tradicionalistas –los requetés– que constituían uno de los mayores baluartes del Alzamiento y que aportaban grandes masas de voluntarios a las unidades que ya combatían en todos los frentes.

La popularidad de Franco entre los españoles era legendaria desde los tiempos de África, cuanto más en esos momentos en los que todos sabían que de una forma u otra era el artífice, al menos, del paso del Estrecho, de la unión de las dos subzonas, de la marcha sobre Madrid, de la esperada liberación del Alcázar, de la conservación de Mallorca y del impulso de las columnas gallegas en socorro de Oviedo. Ninguno de los otros Generales acumulaba, ni por asomo, tanto a su favor.

Si sobre la persona no hubo dudas, sí surgieron en cambio sobre los poderes a otorgarle pues, mientras unos consideraban que se trataba de designar un jefe militar para ganar la guerra y mientras durara la misma –después de ella ya se vería–, otros opinaban que sus poderes debían ir más allá de forma que sobre su persona recayera toda la autoridad y consiguiente responsabilidad en materia de gobierno; otra cosa era hasta cuándo. Por eso, aunque se votó y aprobó por unanimidad –Cabanellas también así lo hizo–, la designación de Franco como “Generalísimo” –nombre que aparecía por primera vez en la Historia de España–, se pospuso para otra reunión posterior, a celebrar el día 28 de ese mismo mes de Septiembre, la decisión sobre la cuestión de sus poderes.

Grupo de defensores del Alcázar

Pocos días después, el 27 de Septiembre, se liberaba el Alcázar, noticia que se expandió rápidamente por ambos bandos y, por supuesto, por el extranjero. Esa misma noche una gran manifestación espontánea corría por las calles de Cáceres y se concentraba ante el Palacio de los Golfines –cuartel general de Franco–, quien tuvo que salir al balcón a saludar, lo que hizo acompañado por el Col. Yagüe y los Gral,s Kindelán y Millán Astray. Franco dirigió a la multitud unas breves palabras de circunstancias, pero Yagüe, vehemente como siempre, tomó la palabra y entre otras cosas dijo “…artífice de esta obra (la liberación del Alcázar) es el General Franco… mañana tendremos en él a nuestro Generalísimo, al Jefe del Estado,…”. Este mismo día, en previsión de la trascendental reunión que tendría lugar al siguiente, Franco ordenaba a sus más inmediatos colaboradores, entre ellos a su hermano mayor Nicolás –que le venía sirviendo como secretario personal desde el Alzamiento–, a Kindelán, Yagüe y Millán Astray, la elaboración de un borrador de nombramiento con objeto de que fuera presentado a la Junta de Defensa para su debate; también durante la noche del 27 conversaba telefónicamente con Cabanellas y Mola, sin duda con el fin de aunar posturas de cara al día siguiente. En el borrador, Franco había ordenado plasmar, por primera vez, su idea de lo que debía ser su nuevo cargo en el que debían recaer todos los poderes, tanto de General jefe de los Ejércitos, como de los de jefe del nuevo Estado.

Nicolás Franco

El día 28, volvieron a reunirse en Salamanca –en el mismo lugar– los Generales que ya lo hicieran la otra vez, estando también presente en esta ocasión el hermano de Franco, Nicolás, que acudió como su representante, pues él no asistió. La Junta de Defensa leyó y debatió sobre el borrador, surgiendo algunas diferencias pues parte de los presentes, sobre todo Cabanellas y Kindelán, se mostraron contrarios a la acumulación de poderes que se pretendía. Sin embargo, tras el almuerzo, y conocido de todos la amplia repercusión que por doquier alcanzaba la noticia de la liberación del Alcázar, así como de Toledo, se terminó por dar el visto bueno al nombramiento de Franco, rectificando el borrador por él propuesto, incluyendo una frase un tanto críptica, nombrándole “…jefe del gobierno del Estado…”, y eso “…mientras durara la guerra…”, intentando con ello satisfacer a todos.

Enterado Franco de la redacción final que se daba al decreto de su nombramiento, y que debía publicarse de inmediato, rechazó de plano la última frase citada. Parece que el autor de la misma había sido Kindelán quien, como monárquico acérrimo, esperaba que al finalizar la guerra se restaurara inmediatamente la monarquía, lo que sería imposible si no se limitaba el mandato que se otorgaba al nuevo jefe del Estado. Pero es que para Franco una guerra como la que estaba en marcha no se podía justificar tan sólo para devolver el trono a un rey, sino únicamente como medio último, aunque doloroso y costosísimo, de impedir la destrucción y consiguiente desaparición de la nación, de la Patria. Para justificar su postura de entonces, Franco explicaría mucho tiempo después “…no podía aceptar la jefatura del Estado español y de sus Ejércitos, ni la dirección de ellos ni la responsabilidad del derramamiento de sangre que sin duda iba a producirse, si no era para, tras la victoria, eliminar la causas que habían producido tantas desdichas,….”. Finalmente, el día 30 se publicaba el decreto firmado el día 29 por Cabanellas, con el siguiente texto:

Franco a su salida tras el acto oficial de su designación

“Con la Junta de la Defensa Nacional, creada por decreto de 24 de Julio de 1936, el régimen provisional de mandos combinados respondían a las más apremiantes responsabilidades de la liberación de España. Organizada con perfecta normalidad la vida civil en las provincias rescatadas y establecido el enlace entre los varios frentes de los ejércitos que luchan por la salvación de la Patria, a la vez que por la causa de la civilización, impónese ya un régimen orgánico y eficiente, que responda adecuadamente a la nueva realidad española y prepare, con la máxima autoridad, su porvenir.

Razones de todo linaje señalan la alta conveniencia de concentrar en un solo poder todos aquellos que han de conducir a la victoria final, y al establecimiento, consolidación y desarrollo del nuevo Estado, con la asistencia fervorosa de la nación.

En consideración a los motivos expuestos, y segura de interpretar el verdadero sentir nacional, esta Junta, al servicio de España, promulga el siguiente:

 DECRETO:

Art. Primero.- En cumplimiento del acuerdo adoptado por la Junta de Defensa Nacional, se nombra Jefe del Gobierno del Estado español al excelentísimo señor General de División don Francisco Franco Bahamonde, quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado.

  Art. Segundo.- Se le nombra asimismo Generalísimo de las fuerzas nacionales de tierra, mar y aire, y se le confiere el cargo de General Jefe de los ejércitos de operaciones.

  Art. Tercero.- Dicha proclamación será revestida de forma solemne, ante representación adecuada de todos los elementos nacionales que integran este movimiento liberador, y de ella se hará la oportuna comunicación a los gobiernos extranjeros.

  Art. Cuarto.- En el breve lapso que transcurre hasta la transmisión de poderes, la Junta de Defensa Nacional seguirá asumiendo cuantos actualmente ejerce.

  Art. Quinto.- Quedan derogadas y sin vigor cuantas disposiciones se opongan a este decreto.

Dado en Burgos a 29 de Septiembre de 1936.     Fdo.- Miguel Cabanellas”.

Infante Alfonso Carlos

Como colofón, y a modo de salutación de dicho nombramiento, hay que recordar que la designación de Franco se había visto de alguna manera respaldad y aplaudida por la suerte, por su baraka legendaria, con cuatro significativos hechos:

  • El 28 de Septiembre había fallecido en Viena, en accidente de automóvil, el pretendiente carlista al trono de España, Infante Alfonso Carlos de Borbón, y puesto que en el asalto final a Éibar, luchando junto a los requetés, había fallecido unos días antes el bisnieto del último rey de Nápoles, Carlos de Borbón, la línea sucesoria de la rama carlista o tradicionalista quedaba desbaratada.
  • El día 29, el crucero Canarias había hundido al destructor frentepopulista Almirante Ferrándiz en aguas del Estrecho, logrando una gran victoria naval.
  • Moscardó, Varela y Franco en el Alcázar

    Ese mismo día 29, Franco se había trasladado al Alcázar imponiendo in situ al Col. Moscardó la Cruz Laureada de San Fernando, visitando las ruinas de la fortaleza y departiendo con sus defensores, dando pie a escenas de emoción inenarrables, escuchando entonces de boca de Moscardó el lacónico parte que ya diera a Varela un día antes y que ha pasado a la Historia “Sin novedad en el Alcázar, mi General”, manifestando Franco entonces “…ahora sí hemos ganado la guerra…”; todo ello entre el fervor de los presentes que le aclaman ya como Caudillo y Generalísimo indiscutible.

  • El día 30, el obispo de Salamanca, Monseñor Enrique Pla y Deniel, publicaba su trascendental pastoral titulada “Dos ciudades” en la que se incluía una frase que resultaría profética “…la actual lucha reviste, sí la forma externa de una guerra civil, pero en realidad es una cruzada…”.

El nombramiento de Franco como Generalísimo, Jefe del Estado y Caudillo fue, por lo tanto, un proceso sobrevenido por las circunstancias que se llevó a cabo sin problemas especiales, ni alharacas o tensiones de ningún tipo, accediendo al poder, como se ve, sin estar condicionado por nada ni nadie y, además, siendo de inmediato y de muy buena gana aceptado unánimemente tanto por militares, combatientes y asimismo por la población civil, claro está que de la zona nacional, todo ello de forma natural, por su enorme prestigio y reunir en su persona condiciones excepcionales. Con su designación la zona nacional adquiría, tanto para civiles como para combatientes, la categoría de “Estado”, de nueva España, consolidándola y dejándola preparada para desarrollarse y crecer. Al tiempo, en la otra zona, la sometida ya a la tiranía marxista-leninista cundía la desazón ante la designación de figura tan emblemática, a excepción de los perseguidos, que veían en ello la posibilidad de ser liberados en breve.


13 respuestas a «1º de Octubre.- Franco: Generalísimo, Jefe del Estado y Caudillo. Así fue»

  1. En algún otro comentario he escrito la realidad de la Sublevación, que no Alzamiento y se ejecutó el 19 de julio de 1936 a las 13H00, según diseño del capitán de navío José María Caballero Aldasoro, vasco de Vergara (Guipúzcoa), Ingeniero Industrial Eléctrico y Abogado que según instrucciones de Mola – en efecto, El Director de la Sublevación – recibió el encargo por su experiencia en el anterior golpe de estado de 1923 del General Miguel Primo de Rivera del que José Mª. era su brazo derecho, autor e inspirador de sus decisiones por su capacidad intelectual.
    Mola confió en José Mª. la preparación de la Sublevación sin conocer ni el día ni la hora de la misma. Mola no se fiaba de sus oficiales.
    Mola era un gran militar, serio, preparado, inteligente y NUNCA se fio de Franco por su lealtad a la República puesta de manifiesto en la famosa carta enviada al Presidente pocos días antes de la Sublevación.
    El diseño de la Sublevación se hizo con un original envío de «correos» militares o civiles con las cartas ordenando la Sublevación y que deberían entregarse en mano a los militares YA comprometidos para sublevarse en el día y la hora antes indicada.
    Con Franco no se contaba para nada.
    Puede gustar o no gustar pero es la VERDAD y lo se porque José Mª era mi abuelo paterno y el que entregó la carta de Sublevación en Pamplona fue mi padre que hizo el recorrido de San Sebastián a Pamplona en buena parte por el monte y de noche para evitar encuentros.
    Mola fue asesinado en el accidente de aviación y el automóvil que estaba preparado – también – para su viaje, voló por los aires. Su muerte fue un drama para la causa de Dios y de España.
    Precisar que el Requeté fue la fuerza más numerosa de los combatientes del bando Sublevado y, por supuesto, el más preparado.
    Íñigo Caballero
    Ingeniero Industrial Superior, Matemático y Master en Prevención de Riesgosç
    Carlista donostiarra desde que nací

    1. Caballero, su comentario sobre la participación de FRANCO en los preparativos y en la ejecución del Alzamiento sólo merece un comentario: ¡Es falso FALSO y TORTICERO!.
      Buenos días

      1. No sabe lo que dice. Mi comentario es auténtico porque es el testimonio de mi abuelo y de mi padre.
        Mi abuelo José Mª fue marino de guerra-capitán de navío, que se puede comprobar, lo mismo que Ingeniero Industrial Eléctrico en la Universidad de Lovaina la flamenca, que también se puede comprovar y Abogado. fue brazo derecho de Miguel Primo de Rivera y cuando este se exilió en París, mi abuelo le mandaba el dinero que necesitaba para cubrir sus necesidades porque D. Miguel fue el último político y militar honrado de la Historia de España.
        Mi padre Juan fue doctor en Derecho y profesor durante tres años en la Universidad de Heidelberg, que también lo puede comprobar.
        Mi padre entregó la orden de Sublevación a D. Emilio Mola en persona y es tan auténtico como que yo existo.
        Durante más de 20 años he sido el promotor inmobiliario más importante del País Vasco hasta que ETA intentó secuestrarme, para después irme de España y desde entonces vivo en el extranjero y NO pienso volver a España.
        El insultar a las personas no es digno de nadie y menos a mi familia que, siendo vascos con honor y carlistas por convicción, hemos dedicado nuestra vida al servicio de Dios y de España sin ostentar nunca un cargo político.
        Además, no sé si lo sabrá, el abogado de Franco D: Luís Gómez Sanz, venía cuatro o cinco veces al año al despacho de mi padre en San Sebastián para resolver los múltiples pleitos que su querido Caudillo tenía y D: Luís no salvía resolver. Mi padre le preparaba los pleitos – de su caudillo – sin cobrarle nunca nada y a sabiendas que esos pleitos eran de Franco.
        Durante más de cuarenta años mi padre fue el mejor Abogado de España y por eso Gómez Sanz acudía para que mi padre le socorriera…
        Yo soy un modesto Ingeniero Industrial Superior por la ETSS de I.I, de Barcelona especialista en Informática Forense, Matemático y Máster en Prevención de Riesgos. Profesor encargado de Cátedra de la ET de I.I. de San Sebastián de Proyectos hasta que la ETA me echó de mi País Vasco y de mi España.
        Todo lo escrito es verdad y si puede demostrar que es mentira, hágalo y si no es capaz, pídame perdón que es lo que hacen las personas decentes y con HONOR.
        Íñigo Caballero
        Carlista donostiarra desde que nací

        1. «Vascos con honor.»

          Primero, vasco y honor, es un OXÍMORON. A la vergonzosa RENDICIÓN de Santoña (Cantabria) te remito.

          Segundo, ser vasco y nada, es exactamente lo mismo. Lo único de lo que pueden presumir los jodidos vascos es de que su puta región de mierda fue la periferia del Reino de Castilla*. Punto.

          Por cierto, qué coño hicieron los vascos durante la Reconquista. Aparte de practicar el pastoreo de altura, digo.

          Más valdría que cerrases el pico; que si algún español está más guapo calladito, ése, es el vasco.

          *»Juan Sebastián de Elcano, CASTELLANO de Guipúzcoa». Así, firmaba el marino que finalizó la primera circunnavegación de la Tierra.

          Javier López.
          Leonés por sangre; español, ¡por la Gracia de Dios!.
          Ah, y ex-infante de Marina.

    2. «La realidad de la Sublevación, que no Alzamiento.»

      La realidad es que se trató de una CRUZADA. Y punto.

      «Precisar que el Requeté fue la fuerza más numerosa de los combatientes del bando Sublevado y, por supuesto, el más preparado.»

      Eres un CACHONDO. Los requetés, al lado de los legionarios PROFESIONALES, los Regulares, los Tiradores de Ifni o los infantes de Marina, quienes, en muchos casos, eran VETERANOS de la durísima Guerra de Marruecos del ´21, eran unos putos TUERCEBOTAS, que no valían ni para hacerles el rancho a éstos últimos.

      «Con Franco no se contaba para nada.»

      Pues menos mal que no se contaba; que si se llega a contar… Juas.

      Qué cosas se leen en Internet… Definitivamente, la red, es mejor que el puñetero Club de la comedia.

  2. A ver si alguien dice lo que verdaderamente pasó, para que la puta plebe nos enteremos de una vez de cómo fueron las cosas. Un saludo y Salve Hispania. Viva el Cantábrico.

    Rokan.-

    1. Estimado Rokan, lo que escribo es verdad y Franco NO fue el organizador de la Sublevación contra la República, lo que no impide que Franco una vez en el poder, organizara bien el Gobierno de España, rodeándose de los mejores Ministros y sin que hubiera corrupción.
      Como supongo que Vd. es creyente, nuestro Evangelio nos cuenta que » por sus hechos los conoceréis» y a Franco se le puede conocer, entre otras cosas por haber nombrado como su sucesor al denominado Juan Carlos, vendido a la Masonería y a los enemigos de España, ladrón y corrupto.
      Del nombramiento de Juan Carlos por Franco, deduzco que sucumbió a las presiones de los que mandan en este mundo y comprometió nuestro futuro a cambio de que le dejaran en paz.
      Tampoco se explica el asesinato de Carrero Blanco por ETA. Me consta de que Carrero era HONESTO y un hombre de HONOR, por eso lo mataron.
      Podría seguir pero es bueno que todos nos acostumbremos a REFLEXIONAR y saquemos nuestras conclusiones.
      Los que mandan en los partidos políticos NO piensan como nosotros ni firman nuestros ideales. Solo les preocupa el dinero y el poder.
      Saludos con todo mi afecto,
      Íñigo Caballero
      PD: en mi comentario anterior se me ha colado un comprovar que, evidentemente es COMPROBAR. Perdón.

      1. Hay un aspecto que no tengo muy claro ¿Cómo es posible que se eligiese a Arias Navarro para cubrir el puesto de Carrero Blanco?, lo normal sería destituir a toda la plana de Gobernación (el Ministerio de Interior de aquella) por ineficacia o negligencia o participación y que otros fuesen los que tratasen de estudiar este asesinato y a todos los implicados de arriba abajo (de aquella, este asesinato se tendría prácticamente resuelto al 100% en un par de meses). Fue un atentado muy sospechoso por ser realizado por unos pardillos y con 2 hechos indirectos llamativos: tan cerca de la embajada americana y de la reunión de Carrero Blanco con Kissinger (el día anterior). También llama la atención la escasísima escolta de todo un Presidente de Gobierno y la ausencia de un control de los movimientos del Presidente Carrero y de un servicio de contravigilancia. En un ministro sería más entendible este tipo de escolta como la de Carrero, pero en un Presidente de Gobierno y con grupos terroristas en activo, no es entendible y aquí hasta el propio Carrero Blanco tendría que haberlo observado.
        Con respecto a lo que se indica en un comentario anterior de que Franco no tuvo una especial implicación en el alzamiento del 18 de julio, es del todo poco creíble, pues los monárquicos alfonsinos fueron los protagonistas en la operación que permitió el traslado del general Franco desde Canarias hasta el Protectorado español de Marruecos donde debía encabezar el Ejército de África una vez que empezase el golpe de Estado. Fue el coronel Alfredo Kindelán, especializado en el Arma aérea, el que, siguiendo las órdenes de Franco de que buscara un medio de transporte, se puso en contacto con el marqués de Luca de Tena, propietario y director del diario monárquico ABC, a través de Fernando Herrera, hombre de confianza del líder de la CEDA, José María Gil Robles. El Marqués de Luca de Tena por su parte encargó el 5 de julio (13 días antes del alzamiento) desde Biarritz al corresponsal de diario ABC en Londres Luis Bolín que alquilara un avión (o un hidroavión) y lo llevara a Casablanca, donde recibiría nuevas instrucciones de un enlace con la contraseña «Galicia saluda a Francia», y de allí a Canarias. El dinero, dos mil libras esterlinas, se lo proporcionaría un tal Mayorga que trabajaba en Londres. Es decir, Franco estaba al corriente e implicado. Otra cuestión es que Franco estuviese de acuerdo o en desacuerdo en algún detalle de la forma o momento exacto de realizar el alzamiento, cosa que el asesinato de Calvo Sotelo precipitó los acontecimientos y, con ello, a todos los implicados en el mismo, tal como sucedió.

      2. «Franco NO fue el organizador de la Sublevación contra la República.»

        Pero SÍ fue quien llevó a los hijos de España a la VICTORIA, pese a tenerlo todo en contra. Que no se te olvide.

        «A Franco se le puede conocer, entre otras cosas por haber nombrado como su sucesor al denominado Juan Carlos.»

        Y por haber convertido un país de MIERDA lleno de POBRES en la NOVENA potencia ecónomica mundial. Que no se te olvide.

        De bien nacidos es ser AGRADECIDOS. Aplícate el cuento.

  3. Estimado Eugenio:
    Hay dos hechos irrefutables sobre Franco, la primera es la carta dirigida al presidente de la República en la que le mostraba su LEALTAD (si no la tiene se la puedo enviar). pocos días antes de la Sublevación – que no Alzamiento -. Al parecer Franco no tenía palabra pues SU Alzamiento supone el quebrantamiento de lo escrito en esa carta.
    EL segundo hecho, también irrefutable es su Proclama desde Ceuta el 18 de julio del 36 (que si no la tiene también se la puedo mandar) y que demuestra, a pesar de toda la FE CIEGA en Franco de muchísima gente de buena voluntad, por su contenido que a muchos españoles nos sorprende que en el texto NO se menciona ni una sola vez ni la palabra DIOS, ni la palabra PATRIA. A mi, por lo menos me SORPRENDE y MUCHO. Termina dicha Proclama con la trilogía de la Revolución Francesa : POR LA LIBERTAD; IGUALDAD y FRATERNIDAD de todos los españoles VIVA LA REPÚBLICA.
    Esa conocida Proclama de Franco, realizada en Pamplona, verdadera cuna de la Sublevación, le habría costado el que le hubieran metido en la cárcel.
    ¿No le parece muy, muy extraño que NO mencionara la palabra Dios ni una sola vez, cuando, a posteriori, se le llenaba la boca al pronunciarla?
    Mola que era un hombre de honor delegó la organización de la Sublevación en la persona de mi abuelo que le conocía desde años antes por ser mi abuelo el brazo derecho de Miguel Primo de RIvera y persona de confianza de D. Emilio, por su capacidad intelectual, preparación civil y militar y por sus conocimientos como militar, ingeniero eléctrico y Abogado.
    Mola fue siempre El Director y la persona que civiles y militares conjurados previamente a la Sublevación, habían aceptado como persona capacitada en la que se podía confiar.
    Además, mi abuelo era hijo de Paulino Caballero, doctor en Químicas y catedrático, descubridor de Potasas de Navarra y con una fortuna considerable para sostener cualquier Sublevación, más allá de esas 2.000 libras del alquiler del avión de Franco. Si se toma la molestia de ver el callejero de Pamplona, verá que la calle más importante de la capital navarra se llama Paulino Caballero. Y si va al Ayuntamiento de Pamplona, comprobará que desde hace más de 100 – cien – años, se siguen otorgando becas con un legado que dejó mi bisabuelo.
    Le pregunto si Vd confiaría en alguien que, por un lado cambia su discurso como lo hizo Franco y que fía su lealtad a la República para luego mancillar su honor o en el HONOR con mayúsculas de mi abuelo, de mi padre y de D. Emilio Mola que NUNCA CAMBIARON SU DISCURSO y su fidelidad a nuestra Patria, España.
    Sin contar que siempre se jugaron la vida por Dios y por España como, por ejemplo, mi tío carnal Bernardo Aurrecoechea Alcáin, que dejó sus negocios en California (USA) para con 50 años alistarse en el Tercio de Requetés, San Ignacio. Todos ellos vascos con honor.
    Íñigo Caballero

    1. «Al parecer Franco no tenía palabra pues SU Alzamiento supone el quebrantamiento de lo escrito en esa carta.»

      Al parecer, tú, eres un IMBÉCIL, al que se le ha olvidado que Calvo Sotelo fue ASESINADO como un puto perro, lo que fue el DETONANTE de que Franco se uniese al ALZAMIENTO que dio paso a la gloriosa CRUZADA.

      Ya te gustaría a ti -o a tu puto abuelo- ser la mitad de HOMBRE de lo que fue Franco, PAYASO vasco patético.

      Hala, requeté de ful, vete a ponerte otra vacuna. Y deja de hacer el RIDÍCULO en público de una puta vez. Que no si produces más risa o más pena.

      De todos es bien sabido que los vasquerosos sois unos jodidos BUFONES sin gracia. No hace falta que nos lo recuerdes a cada momento.

    2. Estimado Sr. Íñigo Caballero:
      Antes de nada, decirle que es un gusto y un placer estar respondiendo a quién tuvo el privilegio de ser descendiente de tan noble personaje y de su círculo de amistades.
      Tengo amor por DIOS y por ESPAÑA pero, evidentemente, desconozco muchos detalles de la figura de Franco y uno de ellos es el que usted me cita. No tengo porque poner en duda lo que Vd. dice con respecto a la carta de Franco, tan solo opinar (no afirmar) que tal ausencia (que no negación) de NO citar a DIOS pudiera deberse a otros motivos como, por decirlo de alguna manera, pudieran ser los estratégicos -hablando en argot militar-; es decir, lanzar una cortina de humo en una situación tan delicada pues, tal como me indica, era en fechas del inminente preparativo para el alzamiento. Nombrar las palabras POR LA LIBERTAD; IGUALDAD y FRATERNIDAD es darle un tinte pro republicano y masónico; por ello, es de suponer que la idea era aligerar las grandes sospechas que tenía Azaña sobre Franco. De hecho en esas fechas Franco estaba desterrado y vigilado en Tenerife y hasta que por un «incidente fortuito o forzado» pudo trasladarse hasta Las Palmas para asistir al sepelio del general Balmes y posteriormente «tomar el avión».
      En la mítico discurso del 14 de junio de 1931 con motivo del cierre de la Academia, Franco no mencionó ni una vez de forma explícita a DIOS y eso a pesar de que la historia que unía a España con DIOS es su seña de identidad. No se entiende una España alejada de DIOS, ya no sería España. Evidentemente Franco fue un instrumento de la Mano de DIOS pues Franco es católico de los pies a la cabeza.
      Un cordial saludo.
      P.D.: No dé mayor importancia a comentarios desafortunados y groseros.

      1. «No dé mayor importancia a comentarios desafortunados y groseros.»

        Predica con el ejemplo, IMBÉCIL, y deja de provocarme de una puta vez.

        Yo, ya tengo perro. Y «perrona».

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