40 aniversario de la injusta y funesta Ley de Amnistía.

Se cumplen cuatro décadas de la promulgación de aquella penosa e injustísima ley de Amnistía con la que el plan subversivo-revolucionario cuyo objetivo inicial era la destrucción…

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Se cumplen cuatro décadas de la promulgación de aquella penosa e injustísima ley de Amnistía con la que el plan subversivo-revolucionario cuyo objetivo inicial era la destrucción de la legalidad y legitimidad existente hasta ese momento en España, quiso asestar un golpe mortal a nuestra Patria. Artífices principales de ella fueron el hoy rey emérito, Juan Carlos I, y el ya extinto Adolfo Suárez, presidente del Gobierno por los votos de la UCD.

 

Con aquella ley, vendida como un gesto más de «reconciliación», de olvido, salieron a la calle no «presos políticos», que no había, sino delincuentes convictos, muchos confesos, y casi todos en vías de ser juzgados de una vez por sus crímenes. Con tal ley quedaron por ello impunes para siempre multitud de crímenes execrables –entre otros los del atentado de la calle del Correo y el magnicidio de Carrero Blanco– y se ofreció a los grupos terroristas revolucionarios, ETA como más principal, una cantera de asesinos que durante los años siguientes ejercieron con suma saña el único oficio que conocían.

 

Conviene recordar que La Ley de Amnistía tuvo un precedente cuando el 30 de julio de 1976 –da escalofríos pensar que fue tan sólo ocho meses después del fallecimiento del Caudillo– se proclamó una amnistía parcial para algunos presos encarcelados por «motivos políticos» (¿?). Por tal primera ley fueron indultados los delitos y faltas de intencionalidad política (¿?) y opinión (¿?) que no hubieran “puesto en peligro” la vida de nadie. El objetivo era, según se decía, «promover la reconciliación de todos los miembros de la Nación» (¿?), y entre las medidas propuestas para este fin destacaba «la reintegración de los derechos pasivos a los militares sancionados después de la pasada contienda, de los distintos indultos concedidos y de la prescripción, por ministerio de la ley, de todas las responsabilidades penales por hechos anteriores al 1 de abril de 1939»; es decir, aquellos que habían formado en el bando rojo-revolucionario que tanto daño, sangre, sudor y lágrimas había provocado en España.

 

Como no pareció suficiente, precisamente a los partidos que más tenían que ocultar y que más militantes tenían en la cárcel –y sabían que en breve podrían tener muchos más de acuerdo a sus planes–,  se pujó por una nueva ley mucho más amplia cuya redacción fue encomendada a los siguientes personajes: Pilar Bravo y Marcelino Camacho (PCE), Javier Arzallus y Miguel Unzueta (MCV), Plácido Fernández Viagas y Pablo Castellano (PSOE) y Donato Fuejo (GM); o sea, a comunistas, separatistas, socialistas y otras gentes de mal vivir; lo que salió de allí ya lo conocemos: todos a la calle y el comienzo de la venganza.

 

La ley se votó quedando aprobada por 296 votos a favor, dos en contra, 18 abstenciones y uno nulo; votaron a favor Unión de Centro Democrático, Partido Socialista Obrero Español, Partido Socialista Popular, Partido Comunista de España, la Minoría Vasco-Catalana y el Grupo mixto; se abstuvo Alianza Popular y los diputados Francisco Letamendia (Euskadiko Ezkerra) e Hipólito Gómez de las Roces (Candidatura Aragonesa Independiente de Centro).

 

Aquel acto de venganza, que preparaba muchos otros que hemos visto en estos años, que no sirvió para la tan cacareada «reconciliación», ha tenido su epílogo en 2016 cuando el Tribunal Constitucional, sin duda todo un alarde de imparcialidad, la declaró nula porque, según decían los denunciantes a los que dio la razón, amparaba también los llamados «crímenes del franquismo» . Con este acto, aún tantos años después, se cerraba el círculo de cuál fue la verdadera intención de aquella nefasta ley: hacer olvidar por completo los crímenes de la  izquierda y de los separatistas –precisamente los que tanto jugaron a favor de la amnistía– y darle la vuelta a la tortilla bien achacando crímenes a las víctimas de aquellos, bien imputando como crímenes la justicia que no hubo que realizar tras la contienda debido a las barbaridades que los militantes de dichos partidos habían cometido. Ahora, así se escribe la Historia por el momento, los que hicieron justicia pasan por criminales, mientras que los criminales pasan por víctimas de la «dictadura», de la «represión», etc., etc., y «luchadores por la libertad y la democracia»; vivir para ver.

 

¿Y la tan prodigada reconciliación? Primero, no hacía falta, pues para 1975 ya se había más que producido entre los españoles de bien y de orden, hubieran luchado en el bando que fuera. Otra cosa es los que, recalcitrantes y rencorosos, tampoco la merecían ni la querían, tan sólo utilizar cualquier resquicio –y dicha ley lo fue– para tomarse la venganza que aún, después de cuarenta años, no sólo no cesa, sino que arrecia; y lo que te rondaré, morena.

 

Nefasto aniversario el de una ley injustísima, pieza de inicio del plan que de nuevo, como hoy vemos, no sólo ha producido la vuelta a los enfrentamientos y divisiones de todo tipo entre los españoles, sino que, además, ha dinamitado la unidad patria y logrado la pérdida absoluta de la identidad nacional haciendo de España un conglomerado de reinos de taifas dictatoriales como nunca en su historia; así como apuntalar una revancha repugnante de los asesinos, o sus herederos ideológicos, contra sus víctimas y los que hicieron, en el cumplimiento de sus deberes, justicia.

 

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One thought on “40 aniversario de la injusta y funesta Ley de Amnistía.”

  1. Un apunte:
    Amnistía General (Ley 46/1977, de 15 de octubre), una ley que incluía como objeto de la misma los actos en los que «en la intencionalidad política se aprecie además un móvil de restablecimiento de las libertades públicas o de reivindicación de autonomías de los pueblos de España» y en virtud de la cual se liberaron cientos de terroristas o se anularon sus causas sin que llegaran a estar ni un día detenidos, e incluso los señalados como asesinos de Carrero Blanco que lo fueron sin haber sido juzgados, pues se `suponía´ que todas sus actuaciones (puro terrorismo) tenían carácter político; la mayoría de ellos volvieron a matar (el propio General Andrés Cassinello, totalmente «políticamente correcto» lo dijo así en 2011). Desde antes de la entrada en vigor de la Amnistía, desde la base aérea de Getafe, y en avión militar, fueron desterrados a Europa los primeros etarras (se les concedía, además, 200.000/2.000.000 de pesetas -según las fuentes- a cada uno). Siete días antes de la aprobación de la ley, ETA había asesinado al Presidente de la Diputación de Vizcaya y a su escolta

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