“La fragancia del ser de las cosas” o la vida espiritual de Gaudí

Gabriel Córdoba Rodríguez

Gabriel Córdoba Rodríguez es sacerdote y arquitecto, que sirve a Dios como misionero idente. Desde su época de estudiante de Arquitectura sintió una gran admiración por la figura de Gaudí y a raíz de estudiar teología un deseo de evangelización a través de los valores del arte. Con el paso del tiempo comprendió que en Gaudí su palabra vibrante era como la poesía y belleza expresada en su arquitectura por lo que tituló definitivamente su trabajo de tesis doctoral, recogiendo parte de una frase, referida a él, del poeta y amigo de Gaudí, Joan Maragall: “La fragancia del ser de las cosas. La concepción artístico teológica de Antoni Gaudí en la Basílica de la Sagrada Familia”.

En esta entrevista nos habla de su tesis doctoral que acaba de ser publicada en forma de libro. Consta de dos volúmenes. En el primer volumen se encuentra la redacción completa de la misma. Pero como es una tesis donde el uso de la imagen es fundamental, porque investiga una obra de arquitectura llena de símbolos, en el segundo volumen que titula “Documentación Gráfica y Anexos” aparecen todas las imágenes y los dibujos y esquemas que aporta para entender lo que se dice en el primer volumen. En resumen, dos volúmenes diferentes para poder leer el primer volumen y al mismo tiempo contemplar las imágenes comentadas en el segundo volumen.

¿Por qué decidió hacer la tesis doctoral sobre Gaudí?

Desde muy joven, al comienzo de mi carrera como Arquitecto Superior adquirí un libro sobre Gaudí, “Conversaciones con Gaudí” escrito por el arquitecto César Martinell, un estudioso, amigo y discípulo de Gaudí. Desde entonces me atrajo poderosamente la figura del gran arquitecto Gaudí.  En el tiempo de realizar mi licenciatura en Teología Dogmática, surgió en mí la idea de presentar una posible manera de evangelización a través de los valores del arte, en una concreta realización, el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia. Ese fue el tema que desarrollé en mi tesina de licenciatura “El valor teológico de la Fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí”. Continuando con mis estudios teológicos, paralelamente y por mi cuenta, seguía investigando sobre el tema y al realizar mis cursos de doctorado, y comprobar la riqueza e interrelación de matices teológicos, litúrgicos, simbólicos que se daban en el Templo, me planteé la posibilidad de que el tema de mi tesis doctoral fuese “La concepción artístico teológica en el Templo Expiatorio de la Sagrada Familia de Antoni Gaudí”. Con el paso del tiempo comprendí que en Gaudí su palabra vibrante era como la poesía y belleza expresada en su arquitectura por lo que titulé definitivamente mi trabajo de tesis doctoral, recogiendo parte de una frase, referida a él, del poeta y amigo de Gaudí, Joan Maragall: “La fragancia del ser de las cosasLa concepción artístico teológica de Antoni Gaudí en la Basílica de la Sagrada Familia”.

Empieza la tesis hablando de las motivaciones de Gaudí, del sentido de la unidad y de su búsqueda personal y creativa…

Cuando intentamos entender cuáles fueron las motivaciones personales que impulsaron a Gaudí a la concepción de su magna obra como es la actualmente Basílica de la Sagrada Familia, nos encontramos en una situación similar a cuando indagamos las motivaciones de cualquier persona  en el momento de su creación artística: entramos en un misterio. Somos un misterio para los demás y, para nosotros mismos.

Hemos de ir a las señales, los hechos y palabras, que nos ha dejado Gaudí. Lo primero sus obras, después sus escritos, luego sus relaciones personales; también lo que consta que dijo y nos ha quedado a través de sus biógrafos y amigos. Nuestra intención ha sido trabajar con el rigor suficiente para rescatar lo genuino, original y propio que caracterizó la vida y obra de Gaudí.

La personalidad de Gaudí resulta a primera vista compleja, como la de todo artista y genio creador. Sin embargo, si dejamos que él nos hable a través de sus obras, iremos descubriendo una sencilla lucidez y unidad que aglutina todo su quehacer. De ahí que sea importante conocer en profundidad su vida. El primer paso para comprender la vida y obra de Gaudí lo tenemos en la búsqueda que hizo de la unidad.

Este sentido de unidad lo recalcó muy adecuadamente el profesor José María Magaz Fernández en el momento de defender mi tesis ante el tribunal del que formaba parte. Hecho que le agradezco especialmente.

El sentido de unidad, interior y exterior, como elemento primordial de creación y composición en la obra de Gaudí, se nos presenta capital para entender y confirmar su búsqueda tanto personal como artística. La unidad externa, referente a su creación plástica, expresión de los principios que regulan la composición y soporte físico de la obra singular, y también el conjunto de toda su creación artística, nos remite, entre otras consideraciones, al ser humano y su unidad interior. Porque éste es unidad constitutiva de cuerpo, alma y espíritu (1Tes 5,23). Por ello, la unidad nos habla de forma de actuar propia de la persona humana, y también de una característica esencial que se da en todos los seres creados. La unidad está por debajo, sustentando la complejidad y compositividad que somos, y que en la vida moral y espiritual se manifiesta muy claramente: buscamos la unidad personal, y tendemos a unirnos con los otros, y con el bien, la verdad, la belleza… con Dios.

Gaudí actuaba en unidad porque era una persona profundamente religiosa. El actuar religioso en unidad supone una coherencia entre lo que se piensa, lo que se siente y lo que se dice y se hace. En este sentido la persona que vive interiormente la unidad, normalmente vive una rectitud moral y espiritual, y trata, como consecuencia de ello, de llevar este sentido de unidad a todo lo que hace, porque lo considera un bien, expresa belleza y es verdadero, actuando plenamente como persona. Así actuaba y era Gaudí. César Martinell, discípulo de Gaudí y uno de sus más importantes biógrafos señala esta búsqueda de la unidad de nuestro arquitecto y nos dice: “En el sistema que Gaudí ideara para la Sagrada Familia no existen empujes centrífugos. Por disposición de su mecánica todas sus fuerzas coadyuvan a la cohesión, a la UNIDAD del conjunto en sentido mecánico y estético”.

Según usted el interés de Gaudí por la naturaleza se opone al racionalismo arquitectónico…

Lo que expreso es que hay, sintetizando mucho, dos maneras de enfrentarse al modo de realizar el hecho arquitectónico. Aunque estas dos maneras estén entremezcladas y relacionadas fuertemente, porque nada, en nuestra realidad creada, se puede separar de manera absoluta.

Al estudiar las resoluciones constructivas y de cálculo de la estabilidad de la arquitectura medieval y al no estar satisfecho de las mismas impulsa a Gaudí a buscar, observando la naturaleza, resultados estructurales de síntesis y continuidad. Por ejemplo, el concepto arco/capitel/columna, tres elementos distintos que en cuanto capacidad estructural podrían ofrecer problemas justo en la parte más débil, el capitel, le lleva a investigar la continuidad y la unidad de los elementos portantes, suprimiendo posibles deficiencias originadas por elementos de transición puramente decorativos, y la encuentra en el arco parabólico. La aplicación del arco parabólico, del paraboloide, y de las formas geométricas regladas como el paraboloide hiperbólico, es producto de su estudio de la naturaleza que traslada a la técnica constructiva.

Así Gaudí busca la síntesis de arco/capitel/columna y la resuelve análogamente observando cómo está estructurado un árbol, y la relación entre el tronco y sus ramas, donde existe la continuidad entre estas partes, y la aplica en arquitectura desarrollando el concepto de continuidad sustentante del arco parabólico. Esta característica de descubrimiento arquitectónico basada en las formas naturales es propia del proceder de Gaudí que utiliza para ello su intuición poderosa. Veamos una cita de Gaudí en la cual queda resumida la manera como Gaudí vivía la intuición en su búsqueda creativa, donde la Naturaleza era uno de los motivos de su inspiración arquitectónica, porque la Naturaleza es obra creada por Dios: Pero ¿quieren saber Vds. cuál ha sido mi modelo? Pues este árbol de aquí enfrente. (Y señalaba con su mano demacrada uno de los eucaliptos de la explanada del Templo, enfrente mismo de su estudio.) Un árbol que se yergue, que aguante él mismo sus ramas, y éstas sus ramitas, y éstas sus hojas. Y todo crece armónicamente, grandiosamente como es el mismo Dios, el artista que lo dibuja. Para nada necesita el árbol apoyos externos. Todo en él se equilibra por sí mismo. Todo está en equilibrio. Y no es más que una serie de paraboloides hiperbólicos. Y entonces vi que paraboloides hiperbólicos son los montes y los valles y las olas, la naturaleza toda. Y vi en las proyecciones del paraboloide hiperbólico que marca su sombra todas las figuras de la geometría”.

Esta concepción natural aplicada a la arquitectura mediante la utilización de las líneas curvas está alejada del uso único de líneas rectas perpendiculares entre sí —concepción racionalista de la arquitectura que unos años más tarde, propugnará el arquitecto Le Corbusier, en L’Esprit Nouveau, con la poética del ángulo recto—. Estas dos concepciones de entender la arquitectura, a veces contrapuestas —la naturalista y la racionalista—, no fue óbice para el acercamiento de Le Corbusier a la obra de Gaudí. La impresión de admiración que al maestro del racionalismo y del movimiento moderno en arquitectura, le causó el descubrimiento de Gaudí queda reflejada en algún escrito de Le Corbusier, que está en la tesis.

Recalca que para él era muy importante la oración y el sacrificio en el trabajo cotidiano…

La acción de Dios en la persona, necesita una respuesta de asentimiento por parte de ésta, que se verifica a través de la ascesis personal, en el camino de la unión con Él. Ascesis que, con la ayuda de la gracia, va transformando las limitaciones, pasiones y apegos por medio de una cumplida abnegación de sí mismo, donde se aprecia la necesidad de la práctica de las virtudes teologales y de la experiencia sacramental eclesial (Cf. Mat 16, 24). Gaudí tenía muy acendrado el valor del sacrificio en todos los órdenes de la vida como algo que reporta siempre un fruto positivo. Pero también observa que hay otro nivel superior al de la retribución para el obrar humano y para la consecución de un fruto del mismo: el obrar desinteresado, virtuoso, donde el ideal y el amor están presentes. Decía Gaudí: “Las cosas que dan frutos no se hacen por la retribución; ya sabemos que nada es fructífero sin el sacrificio…”.

El sentido del sacrificio —al que unía la oración— era tan central en su vida como en la construcción del Templo. Por eso hizo tallar en diferentes zonas externas del mismo las palabras “sacrificio”, “oración”, “limosna”, una forma de hacer presente en el Templo y recordar a todos, la necesidad de vivir el sentido profundo de conversión cuaresmal que la liturgia proclama en las lecturas del Miércoles de Ceniza (Mt 6, 1-6. 16-18). Asumió desde joven el sentido del sacrificio como penitencia externa y modificación interior, llegando a vivir una intensa abnegación de sí mismo. Afirmaba nuestro arquitecto: “El sacrificio es la disminución del yo sin compensación”. Es decir el sacrificio es oblación personal en gratuidad, sólo así nos modifica en nuestro ser más íntimo, y tiene su fundamento en el amor, y más aún en el amor cristiano, en la caridad. Así, opinamos, lo entendía y lo vivía Gaudí, como se refleja en esta anécdota recogida por uno de sus biógrafos; decía nuestro autor: “Todo lo que podamos hacer en bien del Templo, nos lo debemos imponer como un sacrificio, porque el sacrificio, es la única cosa fructífera. Una vez, pidiendo un donativo, dije a la persona a quien lo pedía: «Haga este sacrificio». Y, como fuera que el interpelado respondiera: «Con mucho gusto, no me es ningún sacrificio», entonces insistí para que aumentara el donativo hasta sacrificarse, puesto que la caridad que no tiene el sacrificio como base no es verdadera caridad y sí simple vanidad muchas veces”..

Define la obra de Gaudí como la fe que se hace cultura, en este caso arquitectura.

La fe es don que recibimos y poseemos y que nos capacita al conocimiento de Dios. Este conocimiento no se refiere solamente al sentido intelectual, más bien hace referencia a aquel conocer bíblico en que está comprometida toda la persona. Este conocimiento íntimo revierte directamente en la persona, y como consecuencia en todas las actividades y distintos ambientes en los que ésta desarrolla su vida social. Ambientes donde su fe interpela y es interpelada por la ciencia, la filosofía, el arte,… etc., es decir, la cultura. Cultura que por lo tanto dice de un sujeto concreto en un contexto concreto.

Una de las formas de expresión de la cultura es el arte. La creación artística posee la capacidad de evocar lo indecible del misterio de Dios, mostrando la vivencia de la persona, especialmente la más íntima y trascendente de todas: la relación con Dios. El arte, entonces, al expresar esta particularísima relación, que es encuentro trascendente con el bien, con la bondad, con la belleza, se hace “teología”, y además se constituye en vehículo singularísimo de expresión de la fe vivida, de narración de la historia personal que supone la experiencia de la fe y, por tanto, en transmisor de la misma, y sobre todo en testimonio evangelizador de ella. Así lo expresa “Via Pulchritudinis. Camino de evangelización y de diálogo” documento del Pontificio Consejo de la Cultura: “Por ello, cuando una obra de arte inspirada por la fe se ofrece al público en el marco de su función religiosa, se revela como una «vía», «un camino de evangelización y de diálogo», que ofrece la posibilidad de gozar del patrimonio vivo del cristianismo y, al mismo tiempo, de la fe cristiana.”

Por otra parte, Joan Maragall, poeta y amigo de Gaudí  desvela de manera poética que la fe es el centro, el motor que impulsa la creación de esta obra de arte religioso, el Templo de la Sagrada Familia“En las afueras de nuestra ciudad, hacia el Norte, […] allí, como pétreo florecimiento de aquel oasis, álzase un templo […]¿Quién soñó con él antes de que naciera?, ¿quién allegó los primeros recursos?, ¿quién concibió su mole?, ¿quién la levanta?, ¿qué vidas se consumen en crearlo? A todas estas preguntas contesta una sola palabra: la Fe. La fe en lo alto, en cuyo ardor se consumen todos los esfuerzos, y a cuyo resplandor desaparecen todos los nombres, sin perderse no obstante ni uno solo de éstos ni de aquéllos; la fe anónima y abnegada de un Reino de los cielos, levanta un templo a las generaciones futuras en el oasis en medio de la gran ciudad”. La fe será el fundamento, la guía, la razón profunda, el impulso interior que llevó a Gaudí a desarrollar su original actividad creativa y artística.

Luego analiza el contexto histórico, socio cultural y religioso de la época de Gaudí.

Es importante situar al creador en arte en su contexto socio cultural y religioso para entender con mayor profundidad su obra. El capítulo segundo está dedicado a presentar a Gaudí en el entorno que le tocó vivir, desde su nacimiento, a su formación como arquitecto, su relación familiar, su relación con la Iglesia, sus amistades etc. Por ejemplo los acontecimientos en Barcelona de la Semana Trágica de 1909 influyeron en Gaudí, de tal forma que incluso no pudo acabar como la había concebido la Casa Milá “La Pedrera” donde el conjunto del edificio era a modo de base donde estaría entronizada la Virgen, y que los propietarios por miedo a la destrucción del edificio se opusieron a la colocación de la imagen. Estos acontecimientos causaron en Gaudí una gran tristeza y conmoción interior, que le llevaron a acentuar su profunda religiosidad en una práctica más rigurosa de su ascesis. Según alguno de sus estudiosos a Gaudí “los efectos de 1909, ciertamente, le convulsionaron, pero no sabemos que tuvieran eco en su práctica religiosa: como máximo le acentuaron la ascesis, cada vez más rígida y singular”. La vida diaria de Gaudí fue afectada por estos hechos y cambiaron el normal desarrollo de su trabajo, de sus habituales paseos y asistencia a Misa, obligándole a recluirse en su casa del Parque Güell, y compartir su incertidumbre y pesar con sus amigos más allegados.

¿Cuál sería el carácter de los edificios de Gaudí?

Gaudí escribió un cuaderno de notas a modo de apuntes personales, que el profesor Bassegoda denominó con el nombre de “El Manuscrito de Reus”. Nuestro arquitecto comenzó a redactar este cuaderno de notas a la edad de 21 años, cuando era estudiante de primer año de carrera; la primera página tiene la fecha del 3 de mayo de 1873, y termina sus apuntes en el año 1877. Durante los siguientes años fue añadiendo cuestiones sobre arte, religión, estética, diseño, cálculos económicos… Consideramos que Gaudí desarrolló a lo largo de su vida profesional las ideas o intuiciones que expresó en el llamado “Manuscrito de Reus”. Estudiando este manuscrito con detenimiento obtendremos las pautas y una visión más exacta de su concepción de la arquitectura, de su sensibilidad religiosa y, en general, de su creatividad como artista, que veremos aplica en su obra capital el Templo de la Sagrada Familia. Según Gaudí las categorías que debemos considerar como principales al proyectar  una obra de arquitectura son la “situación” y el “carácter”. En estas dos podemos englobar las otras que él define como “uso”, “condiciones físicas”, “ornamentación”, etc.

Entiende nuestro arquitecto como primera categoría a tener en cuenta a la “situación” que define como relación entre los elementos que intervienen en el diseño de una obra de arquitectura. Gaudí dirá: “Lo primero de todo son las relaciones de las cosas, es decir, la situación”. La segunda categoría en importancia y vinculada directamente con la situación es el “carácter”. El “carácter” dirá Gaudí  “es la definición de las circunstancias estético morales”, de una edificación, por lo que marcará singularmente al edificio construido, y condicionará la expresión artística, compositiva, en cuanto a la forma arquitectónica, constructiva y funcional de la obra de arquitectura.

Podemos afirmar entonces que los edificios de Gaudí se distinguen claramente de otras construcciones porque todos ellos, según las pautas consideradas por Gaudí, tienen carácter, es decir el sello propio de Gaudí. En el capítulo tercero de la tesis desarrollo con amplitud este tema.

En el siglo XIX se procedió a la recuperación del gótico bajo el sentido de un análisis riguroso, racionalista y positivista, y también con cierta fascinación romántica. Las catedrales góticas fueron tratadas como modelos constructivos y de diseño, que marcaban pautas del quehacer arquitectónico decimonónico bajo el avance de la utilización de nuevos materiales, fundamentalmente del hierro estructural.

Esta recuperación del gótico, compleja, siguió varias líneas teóricas, que recibieron el influjo de las concepciones políticas, culturales y religiosas del siglo XIX, e indudablemente proporcionaron una visión poliédrica y enriquecedora de la sociedad del medievo y su manifestación artística y cultural, dulcificada a veces por la evocación romántica. La fuerza de la belleza y de la simbología de las catedrales góticas atraía fuertemente a pensadores y artistas, y también producía honda reflexión y admiración la manifestación evidente, a través del arte, del misterio de Dios. El arte gótico especialmente cuando nos centramos en la arquitectura de las catedrales no se puede entender sin su fundamento, origen y finalidad religiosa. Este es uno de los aspectos que tuvieron en cuenta los intelectuales y artistas del siglo XIX, además de utilizar, también, líneas de interpretación sociológicas, racionalistas, positivistas y naturalistas.

Gaudí se encuentra más bien en una postura de síntesis moderada de dos de las anteriores líneas: crítico con el sentido puramente racionalista e industrial, apoya el que acentuaba el gótico como expresión y cauce de un surgimiento de la vivencia de los valores cristianos en la sociedad, manifestados a través del arte y más en concreto desde la liturgia. Uno de sus comentaristas Joan Matamala Flotats que trabajó como artesano para Gaudí nos relata“Gaudí insistió en que su plan era reformar los estilos bizantino y gótico. «Del primero –dijo– se intentará aligerar macizos innecesarios que el gótico eliminó ya en parte, aunque empleó contrafuertes y arbotantes, a manera de muletas o como armazón sustentante de cargas fuera del edificio, como un esqueleto que se situara fuera del cuerpo humano, por más que enriquecieron tales salientes con una gran profusión decorativa de imaginería y pináculos. Estudiamos la manera de imprimir, por doquier, esbelteces y penetraciones de luz. Ello permitirá el aligeramiento de macizos mediante el sistema de arcos parabólicos, que equilibran o centran cargas sustentantes, distribuyéndolas entre las columnas y los machones exteriores… Recogemos, en cambio, de los citados estilos, la enseñanza de la aplicación de ciertos simbolismos —iconografía y riqueza polícroma— que perduraron desde la antigüedad, resplandeciendo en la Edad Media con recursos propios, merced a la magnificencia que ofrece la liturgia cristiana»”. Este aspecto también está desarrollado en el capítulo tercero de la tesis.

Y seguidamente expone 4 ejemplos de la utilización de Gaudí de la simbología religiosa…

Los ejemplos que analizamos corresponden al último apartado del tercer capítulo de la tesis. Pertenecen a distintas etapas de la vida de Gaudí, que van desde la época como estudiante, el Proyecto de Puerta de Cementerio en 1874-1875, hasta proyectos realizados al mismo tiempo que la construcción de la Sagrada Familia, como son el Proyecto del Retablo de la Iglesia de Alella en 1883, el Colegio de las Teresianas en 1888-1889, y la Cripta de la Iglesia de la Colonia Güell en 1898-1908-1917. En todos estos proyectos de contenido exclusivamente religioso, se observa la evolución de la concepción de la arquitectura en Gaudí, —el empleo cada vez en mayor grado de una cuidada simbología, el desarrollo de una rigurosa geometría que evolucionará hasta las superficies regladas, con su genial cálculo de estructuras, la puesta en práctica de los contenidos teóricos de su Manuscrito— en simultaneidad con el desarrollo personal de su vida religiosa, el proceso de su entrega a Dios, y por tanto de la profundización en la intimidad con Él, cuyo fruto es su obra capital, plena de belleza, y profundidad artística y teológica del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia.

Luego tras describir generalmente el templo pasa a analizar las fachadas del Nacimiento, de la Pasión y de la Gloria.

Este capítulo es importante porque se hace una propuesta, que creemos innovadora, de explicación y análisis detallado del Templo de la Sagrada Familia. Comenzamos por las descripciones que hicieron los amigos y estudiosos de Gaudí, y vamos profundizando en ellas hasta dar una interpretación teológica de cada una de las Fachadas tal como fueron concebidas por Gaudí y del conjunto de la Basílica de la Sagrada Familia, también tal como fue concebida por Gaudí.

Y para concluir ¿cómo podría resumir la interpretación artístico teológica del arte de Gaudí?

Planteábamos, en el inicio de la investigación, que la vivencia religiosa de Gaudí era una cuestión esencial para comprender su obra. Sin tener en cuenta su personal relación con Dios y su participación en la Iglesia católica no se puede explicar en su plenitud y sentido dónde radica la fuente de su extraordinaria creatividad artística religiosa. Hemos señalado que el progreso en su unión íntima con Dios marcó el progreso en su cada vez mayor dedicación al Templo. Y que por su obediencia a la inspiración, en el proceso de largas sesiones de trabajo y oración iba edificando en símbolo, en belleza, en teología y en materia lo que concebía con fundamento en su fe. Después de hacer un análisis de lo que era nuestro objeto de estudio, concluimos que ciertamente interpretando los códigos que Gaudí utiliza en su obra, ésta se nos aparece como verdadero discurso teológico, ya que el Templo de la Sagrada Familia, además de ser genial obra de arte, es lugar donde cristaliza un quehacer cotidiano cristiano, un vivir ordinario de la fe creída, que actualiza la revelación explicitándola en forma de creación plástica en contexto con la cultura, para dar gloria a Dios y a la Iglesia, y que transparenta una vida de santidad personal.

Recordemos para concluir, a Benedicto XVI en su homilía de la Consagración de la Basílica de la Sagrada Familia: “En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres grandes libros en los que se alimentaba como hombre, como creyente y como arquitecto: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como nos es narrada en la Biblia y actualizada en la Liturgia. Introdujo piedras, árboles y vida humana dentro del templo, para que toda la creación convergiera en la alabanza divina, pero al mismo tiempo sacó los retablos afuera, para poner ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. De este modo, colaboró genialmente a la edificación de la conciencia humana anclada en el mundo, abierta a Dios, iluminada y santificada por Cristo. E hizo algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre existencia en este mundo temporal y apertura a una vida eterna, entre belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo”.


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