De aquellos polvos nucleares, estos lodos eléctricos

España, bueno, los españoles de a pie, porque nuestros políticos no, claro, pagamos la electricidad más cara del mundo y… subiendo como la espuma y… no hay remedio, no se engañen ni dejen que, por ejemplo, el Partido Popular ahora en la oposición les engañe, porque cuando llegue al poder no la bajará, como tampoco ha quitado la «almendra central» madrileña, ni la infame ley de memoria histórica, etcétera, a pesar de ir en sus programas electorales.

¿Por qué ocurre lo que ocurre con la luz? Entre otras cosas porque somos deficitarios en producción de energía eléctrica y lo somos, entre otras cosas, porque la izquierda, estúpida y anacrónica, se empeñó en su momento –con Felipe González– en aquel despropósito tan penoso como burdo que fue el «Nucleares no, gracias»; asumido asimismo por una derecha entreguista, cobarde y acomplejada que nada hizo para impedirlo. Por eso, ahora importamos energía eléctrica de Francia a precio abusivo. Por eso, y porque el programa de centrales nucleares que, como todo, se diseñó y se comenzó a llevar a cabo con Franco, consciente el Caudillo de la pertinaz sequía española –sequía no sólo de agua, sino también de cerebros, como hoy vemos– fue saboteado, cancelado y destruido por  los mismos que desde su fallecimiento vienen destruyendo España, o sea, la España que él construyó junto con los españoles, que entonces sí que lo eran, de su tiempo.

El programa nuclear español se fue ejecutando tan rápidamente como todo lo demás a partir de principios de los años 50 del siglo pasado.  Ya durante dicha década, y las posteriores, España no dejó de marcar hitos a escala internacional en este sector. Fruto de los acuerdos de colaboración con los EE.UU. fue el primer reactor experimental que se inauguró en Madrid en 1958 en las instalaciones de la Junta de Energía Nuclear en la Ciudad Universitaria; y, enseguida, los de Bilbao y Barcelona.

Por su parte, Unión Eléctrica Madrileña encargó en 1965 al grupo norteamericano Westinghouse la construcción de la que sería la primera central nuclear en España que fue la de Almonacid de Zorita (Guadalajara), la cual entró en funcionamiento en 1968; fue, además, el primer proyecto nuclear llave en mano exportado por EEUU en su historia.

Al tiempo, fue Nuclenor la que encargó a General Electric la central nuclear de Santa María de Garoña (Burgos), entonces la mayor central en construcción de toda Europa –otro hito–, la cual entró en funcionamiento en 1971.

Tal fue el crecimiento exponencial del proyecto nuclear español, que “Todos los fabricantes de reactores querían entrar en el mercado español, porque era el que más rápidamente crecía (…) En los años sesenta y setenta, España era el ejemplo que se ponía en las revistas internacionales de energía nuclear (…) Se convirtió en un ensayo a nivel mundial de la tecnología nuclear norteamericana” (Rubio-Varas, Universidad Pública de Navarra).

Y es que el auge nuclear español era imponente. Se solicitaron los permisos reglamentarios para construir 27 reactores nucleares –al tiempo que se planificaba la construcción de otros diez más–, de los cuales se otorgaron permisos para 15 centrales de las cuales se llegarían a poner en funcionamiento diez, ya que los otros cinco serían cancelados en la década de los ochenta por el PSOE en el poder con Felipe González a la cabeza; todo un alarde de estúpida insensatez ideológica.

El año 1988 fue el único en que coincidieron funcionando los diez reactores, al ser el año en que comenzaron a funcionar los dos últimos, Trillo y Vandellós II (en 1989 paró Vandellós I tras un incendio e inundación), desarrollando los diez en funcionamiento una potencia de más de 8.500 megavatios (MW). Tras la desconexión de Vandellós I, de Zorita en 2006 y de Garoña en 2012, España desarrolla 7.400 MW gracias a los los siete reactores que siguen en funcionamiento: Almaraz I y II; Ascó I y II; Cofrentes, Vandellós II y Trillo; todos panificados y comenzados a construir  durante la etapa de gobierno del Generalísimo cuyo plan nuclear, no obstante, iba mucho más allá, porque entonces, y pensando en construir hasta una treintena de reactores nucleares, se pensó en alcanzar los 22.000 MW de energía eléctrica nuclear cuando todos estuvieran en funcionamiento, o sea, que de haberse alcanzado ese objetivo ahora desarrollaríamos más del triple de la potencia real que producimos actualmente.

Sin embargo, muerto Franco, se impidió, como se ha dicho ya, que se continuara con la construcción de cinco de los 15 reactores aprobados: Valdecaballeros I y II, Trillo II, y Lemoniz I y II (que ya antes había parado las obras de construcción tras dos asesinatos y un secuestro por parte de ETA). Otra nuclear proyectada, la de Sayago, también quedó paralizada.

Ahora algo peor aún. Debido a esas cancelaciones, a las compañías eléctricas que las estaban financiando –todas las existentes– hubo que compensarlas condonándoles toda la deuda que habían adquirido para dicha financiación (unos 4.400 millones de euros de ahora, que se dice pronto) que, claro, se terminó pasando en las facturas de los clientes que éramos, y somos, todos los españoles, elevándose su importe final, por unas u otras causas, a un total de unos 5.800 millones de euros que hemos terminado de pagar en… 2015; sí, como lo leen, hace nada. Y otro perjuicio añadido: la pérdida de muchos puestos de trabajo directos e indirectos prometidos a las comarcas del entorno donde se situaban dichas centrales. O sea, una autentica ruina, producto de un monumental despropósito sociata, pero también pepero.

Mientras tanto, Francia, nuestro proveedor de energía eléctrica nuclear, posee en la actualidad 57 centrales en marcha y a pleno rendimiento (más 2 inactivas y 12 desmanteladas) que producen la friolera de 62.300 MW. La primera que puso en marcha fue en 1956.

En fin, otra historia triste de nuestra tan querida como sufrida España, al tiempo que tan odiada por una buena parte de los propios españoles, mientras la otra parte sesta y les deja hacer, por lo que no nos quejemos y paguemos a los gabachos lo que no supimos o quisimos hacer nosotros. Ajo y agua. ¿Aprenderemos alguna vez?


2 respuestas a «De aquellos polvos nucleares, estos lodos eléctricos»

  1. Magnífico recordatorio para quienes lo han olvidado y “memoria histórica energética” para los jóvenes que desconocen esta realidad.
    Hemos pasado de vender energía a Francia en tiempos del Caudillo a comprársela a precios desorbitados… y encima debemos pagarles por la parte alícuota de los residuos nucleares que generan.
    Todo ello, como bien dice Enríquez de Aguilar, por culpa de nuestros políticos; por acción del PSOE y omisión del PP.
    El PSOE ha sido, es y será una maldición bíblica para España.
    No en balde se trata del instrumento masónico para nuestra destrucción.
    Y no hace falta remontarse a los siglos XVIII y XIX, miremos en tiempos recientes quienes han torpedeado los intereses de España.
    Centrales nucleares, apertura de la verja en Gibraltar, plan hidrológico nacional y por supuesto la ruina económica que nos obliga a endeudarnos “hasta las cejas” pasando a ser siervos de nuestros acreedores.
    La izquierda en general, y el PSOE en particular, ha conseguido el oculto propósito de sus amos, que España dejara de ser Una, Grande y Libre.
    Ahora sólo quedan dos soluciones…
    o el “ajo y agua”
    o el ¡¡¡Desperta Ferro!!!

  2. Dña Filomena ha hablado …,
    El español de origen y el migrante sin origen …,
    deberán dormir con 3 capas de edredones con la chapa «progresista 2030» …,
    como no hay chimenea para quemar leña …,
    pues …,
    «cóckteles progres» en el tafanario del altar perdido de nuestra civilización.
    Esperemos que estos «cóckteles progres» no sean Molotov.

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