«Ya no podemos callar»

Una cincuentena de psiquiatras, médicos e intelectuales denuncian un «control ideológico sobre los cuerpos de los niños», realizado en nombre de la emancipación del «niño transgénero»

Ya no podemos callar lo que nos parece una grave deriva cometida en nombre de la emancipación del «niño transgénero» (el que declara que no nació en el «buen cuerpo»). Sobre el argumento de que solo los sentimientos se erigen en la verdad, los discursos radicales legitiman las solicitudes de cambio de sexo. Pero esto tiene el costo de un tratamiento médico de por vida o incluso un tratamiento quirúrgico (extirpación de los senos o testículos) en el cuerpo de niños o adolescentes. Es este fenómeno y su fuerte cobertura mediática lo que nos desafía y no las elecciones de los adultos transgénero.

Quizás pensando en dar una respuesta a los niños transgénero, el gobierno escocés emitió nuevas pautas de inclusión LGBT el 12 de agosto , que permitirán que los niños, desde que ingresan a la escuela primaria, puedan cambiar sus nombres de uso y sexo en la escuela sin el consentimiento de los padres. Sin su consentimiento e incluso sin que se les informe si el menor así lo solicita.

A los niños se les hace creer que una niña podría convertirse en un niño y viceversa porque lo habrían decidido sin siquiera el consejo de los adultos, y esto, cada vez a edad más temprana.

Lo que está sucediendo con nuestros vecinos podría suceder muy rápidamente en Francia: la difusión proteica de estas creencias ha dado lugar en los últimos años a una inflación considerable de las solicitudes de reasignación de sexo entre los niños y, más particularmente, entre las adolescentes. Según Jean Chambry, psiquiatra infantil a cargo de CIAPA (Centre Intersectoriel d’Accueil pour Adolescent en París), hace casi diez años, teníamos alrededor de diez solicitudes por año, en 2020, son diez solicitudes por mes (solo para la región Ile-de-France). Habla también de una inquietante aceleración de las respuestas médicas a estas solicitudes de transición.

Los discursos banales afirman que podríamos prescindir de la realidad biológica, de la diferencia sexual entre hombres y mujeres en favor de singularidades seleccionadas basadas únicamente en «sentimientos». Estos discursos falsos basados en la ideología se transmiten en las redes sociales donde muchos adolescentes necesitados de identidad acuden a buscar soluciones a su malestar. En nombre de la «autodeterminación» -un eslogan real que atrae a todos los progresistas-, soy libre de elegir el cuerpo que quiero, los niños y adolescentes están convencidos de que pueden cambiar de sexo con la ayuda de tratamientos hormonales o incluso de cirugías mutilantes. Esta retórica, difundida por sus militantes en muchos países occidentales, hace uso de falacias destinadas a engañar.

Secuestro infantil

¿Cómo hemos llegamos hasta aquí? ¿tenemos (todavía) derecho a reaccionar sin ser insultados o amenazados? ¿En qué modo serían estos derechos a la autodeterminación un progreso verdadero?

Este fenómeno, «el niño transgénero», es en realidad una mistificación contemporánea que debe ser denunciada enérgicamente porque manifiesta un adoctrinamiento ideológico. Les gustaría hacernos creer que en nombre del bienestar y la libertad de cada uno, un niño, desligado de la dependencia de sus padres «reaccionarios», podría «elegir» su identidad llamada género.

Pero el niño es un ser en construcción, su futuro está en constante evolución antes de llegar a una etapa de madurez. Sobre este tema existe unanimidad entre neurocientíficos, desarrollistas, psicoanalistas, psiquiatras infantiles, pediatras y todos los especialistas en primera infancia.

El niño, y más aún el adolescente, se ve sometido a una sometimiento cuyas consecuencias conducen a la desestabilización mental, a la ruptura con la familia si ésta no le apoya y con todos aquellos que se niegan a compartir su punto de vista. Esta sujeción genera un discurso antisocial y acusador, se impone un lenguaje específico o incluso una nueva lengua ante los que les rodean. El discurso de estos jóvenes es a menudo estereotipado como si hubieran perdido todo el pensamiento crítico (que es una característica del sometimiento).

Denunciamos este secuestro de niños. Ahora es urgente informar al mayor número posible de ciudadanos, de todas las profesiones, de todos los bandos, de todas las edades, sobre lo que bien podría aparecer mañana como uno de los mayores escándalos sanitarios y éticos, que habríamos visto pasar sin decir una palabra: la mercantilización del cuerpo de los niños. Porque al persuadir a estos niños de que se les ha «asignado» un sexo al nacer, y que pueden cambiarlo libremente, se les convierte en pacientes de por vida: consumidores de por vida de productos químicos hormonales comercializados por las empresas farmacéuticas, consumidores recurrentes de cada vez más operaciones quirúrgicas en la búsqueda del sueño quimérico de un cuerpo de fantasía. En la actualidad, los países que estaban a favor de la transición médica antes de la mayoría de edad están prohibiendo los tratamientos hormonales a los menores (Suecia, Reino Unido y algunos estados de Estados Unidos).

Este dogmatismo lleva a una gran confusión para que nadie sepa cómo actuar y alzar la voz, a menudo por miedo a ciertas asociaciones LGBTQI+. Pero estas siglas abarcan a personas muy diferentes, algunas de las cuales, como nosotros, están preocupadas por los excesos actuales. Algunos están sujetos a la ley del silencio que reina en este entorno. El documental sueco Trans train muestra que los jóvenes adultos, abandonados a su suerte y amenazados si se manifiestan públicamente, han sido presionados por su comunidad trans si han expresado dudas o se han «destransicionado» (*)

Reina la confusión, mantenida en gran medida para las manipulaciones que afectan a la humanidad en su sustrato más profundo: su evolución, su temporalidad, sus andanzas y sus dudas. En nombre del rechazo a una supuesta asignación de género, asistimos avergonzados, sin entender nada, a una asignación de identidad. Así, Claude del Club des cinq, antes descrita como marimacho, se presenta ahora como transgénero. Podríamos reírnos de esto si no fuera sintomático de nuestra época, golpeada por radicalismos políticos que se adelantan a todo debate.

No, definitivamente, ¡en nombre de la protección de los niños ya no podemos estar en silencio! Rechazamos que, en nombre de los «derechos humanos», desafiemos esta base común – el universalismo de los derechos – que constituye el fundamento de la humanidad.

Traducción Bioeticaweb

(*) Jóvenes lamentando el proceso de transición social y / o médica iniciado que les parece una respuesta incorrecta a sus preguntas o su malestar
Firmantes.-
Nicole Athéa (endocrinóloga-ginecóloga), Elisabeth Badinter (filósofa), Anne-Laure Boch (neurocirujana, Hôpital de la Salpêtrière), Thierry Baranger (magistrado honorario, ex presidente de los tribunales de menores de París y Bobigny), Marie-Jo Bonnet ( historiador, escritor), Jean-François Braunstein (filósofo, profesor de la Universidad Panthéon Sorbonne), Anna Cognet (psicóloga clínica), Alain Cornec (abogado), Laurence Croix (profesor, Universidad de Nanterre), Chantal Delsol (filósofa, miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas), Bernard Devauchelle, (profesor de medicina y jefe del departamento de cirugía maxilofacial del Hospital Universitario de Amiens), Marie Josèphe Devillers (activista feminista lesbiana), Christine Le Doaré (abogada, activista feminista), Catherine Dolto, (haptoterapeuta),Corinne Ehrenberg (psicoanalista), Caroline Eliacheff (psiquiatra infantil, psicoanalista) Xavier Emmanuelli (médico, presidente de Samu Social International), Nicole Farges (psicóloga, psicoanalista), Natalie Felzenszwalbe (abogada honoraria), Isabelle Ferrari (cofundadora de AMQG ( Enfoque medido) cuestiones de género entre los jóvenes) en Ginebra) Christian Flavigny (psiquiatra infantil, psicoanalista), Esther Fouchier (presidenta del Foro de Mujeres del Mediterráneo), Pascale Fourcade (psiquiatra), René Frydman (profesora de medicina), Delphine Girard (profesora de letras clásicas en la universidad, activista secular), Bernard Golse (psiquiatra infantil, psicoanalista (APF), profesor emérito de psiquiatría infantil y adolescente, Universidad de París), Julie Gosselin (científica informática, feminista), Nadia Guenet (directora de la ‘programa de radio «la revolución será feminista»), Liliane Kandel (socióloga, feminista, miembro del consejo editorial de Modern Times), Annick Karsenty (presidenta de la Asociación «femmes solidaires» en Marsella), Aaron Kimberly (Gender Dysphoria Alliance, Canadá), Frédérique Kuttenn (exjefa del departamento de endocrinología y medicina reproductiva del hospital Pitié-Salpêtrière), Rhadija Lamrani Tissot (psicoanalista, lingüista), Jean-Pierre Lebrun (psiquiatra, psicoanalista), Manuel Maidenberg (pediatra), Danièle (lingüista, investigadora en enseñanza de lenguas, Universidad Sorbonne-Nouvelle), Céline Masson (profesora universitaria), Martine de Maximy (magistrada honoraria, ex jueza de menores), Isabelle de Mecquenem (profesora asociada de filosofía,miembro del consejo de los sabios del secularismo), Scott Newgent (TReVoices), Sylvie Quesemand Zucca (médico, psiquiatra), Gérard Rabinovitch (filósofo, sociólogo), Jean-Pierre Rosenczveig (ex presidente del Tribunal de Niños de Bobigny), Hana Rottman (pediatra, psiquiatra infantil), Olivia Sarton (abogada), Dominique Schnapper (socióloga, politóloga), Myriam Szejer (psiquiatra infantil), Sonia Timsit (psiquiatra, psicoanalista), Claire Squires (profesora, Universidad de París), Samuel Veissière (antropóloga y profesora de psiquiatría transcultural en la Universidad McGill de Montreal), Jean-Pierre Winter (psicoanalista), WHRC-Francia (Campaña por los derechos humanos de las mujeres).Jean-Pierre Rosenczveig (ex presidente del Tribunal de Niños de Bobigny), Hana Rottman (pediatra, psiquiatra infantil), Olivia Sarton (abogada), Dominique Schnapper (socióloga, politóloga), Myriam Szejer (psiquiatra infantil), Sonia Timsit (psiquiatra, psicoanalista), Claire Squires (profesora, Universidad de París), Samuel Veissière (antropólogo y profesor de psiquiatría transcultural en la Universidad McGill de Montreal), Jean-Pierre Winter (psicoanalista), WHRC-Francia (Campaña de derechos humanos de las mujeres (mujeres basadas en el sexo) ).Jean-Pierre Rosenczveig (ex presidente del Tribunal de Niños de Bobigny), Hana Rottman (pediatra, psiquiatra infantil), Olivia Sarton (abogada), Dominique Schnapper (socióloga, politóloga), Myriam Szejer (psiquiatra infantil), Sonia Timsit (psiquiatra, psicoanalista), Claire Squires (profesora, Universidad de París), Samuel Veissière (antropólogo y profesor de psiquiatría transcultural en la Universidad McGill de Montreal), Jean-Pierre Winter (psicoanalista), WHRC-Francia (Campaña de derechos humanos de las mujeres (mujeres basadas en el sexo) ).Claire Squires (profesora titular, Universidad de París), Samuel Veissière (antropólogo y profesor de psiquiatría transcultural en la Universidad McGill de Montreal), Jean-Pierre Winter (psicoanalista), WHRC-Francia (Campaña por los derechos humanos de las mujeres) basada en el género).Claire Squires (profesora titular, Universidad de París), Samuel Veissière (antropólogo y profesor de psiquiatría transcultural en la Universidad McGill de Montreal), Jean-Pierre Winter (psicoanalista), WHRC-Francia (Campaña por los derechos humanos de las mujeres) basada en el género).

3 respuestas a ««Ya no podemos callar»»

  1. Que esto de la cultura transgénero es una locura, parece evidente y se ve incluso con los ojos cerrados, y que en esta locura estén actuando como cooperadores necesarios, y como autores, cómplices y encubridores organismos e instituciones que deberían estar en la protección de la infancia, como la Policía, la Guardia civil, la Fiscalía, la Judicatura, las autoridades políticas y administrativas , los centros educativos de todo orden y los profesionales de la educación, y hasta la propia Iglesia (que con Franco se metían hasta en los charcos y ahora no opinan de nada como no sea para posicionarse con el Gobierno), dará ríos de libros el día de mañana, cuando se pueda mirar atrás esta época oscura y se pueda analizar con horror toda esta locura y aberración sin temer que la Fiscalía y la propia Policia vengan a detenerte y acusarte.
    Como un anticipo de estos ríos de libros que vendrán para denunciar el aquelarre y la locura colectiva del momento presente en la perversión de la infancia, la joven periodista norteamericana Abigail Shrier se ha enfrentado al todopoderoso lobby norteamericano que está en todo este cotarro de la perversión sexual organizada de la infancia (y de la propia sociedad), y ha publicado un libro que promete ser muy interesante titulado :
    «Un Daño Irreversible: La Locura Transgénero que Seduce a Nuestras Hijas»
    https://www.buscalibre.es/libro-un-dano-irreversible-la-locura-transgenero-que-seduce-a-nuestras-hijas-sin-coleccion/53551066/p/53551066?utm_campaign=20210922_21590_ESPANA_L_ama&utm_source=marketing&utm_medium=email&utm_content=&utm_nooverride=1

    donde entre otras aportaciones se recoge el drama de estos niños seducidos por la propaganda que dieron el paso irreversible del cambio de sexo, y luego cuando alcanzan la edad adulta y se dan cuenta de la locura cometida, ya sus vidas quedan truncadas para el resto de su existencia, arrepentidos de la estupidez que cometieron ellos mismos pero también la estupidez a la que fueron arrastrados a cometer por todo el clima social que hay montado por el lobby LGTBI.

    Lo peor de todo es que instituciones que tendrían que haber alzado la voz frente a este sin sentido como la Fiscalía o la Policia en realidad se dedican a acusar de delito de odio y a meter en la cárcel (en el caso de los directivos de centro educativos a apartar a los profesores que no se someten a esta locura) a quien se atreve a alzar la voz y prevenir contra esta locura colectiva, porque el problema de las Fuerzas de Seguridad del Estado no es que acaben hablando euskera, (que también), es que dejan de ser fuerzas policiales en sentido propio para convertirse en lo que se han convertido, una seguridad privada de los políticos dispuesta a hacer lo que les digan sin cuestionarse nada, como cuando en Madrid el 2 de mayo de 2020, efemérides del levantamiento contra los franceses el 2 de mayo de 1808, la policía detenía a todo el que llevaba una bandera de España, aunque fuera en el asiento de atrás de su coche, y lo multaba. Ni Napoleón Bonaparte pudo sonar nunca que esto pasaría en España. Lo de hablar vascuence no es más que una manifestación de esta seguridad privada de demostrar hasta qué punto muestra pleitesía a la clase política dominante, y en este tema de la perversión sexual organizada está totalmente entregada.

  2. «El que escandalizare a uno de estos pequeños, más le valdría que le atasen una piedra de molino al cuello y lo echasen al mar.»

    Las SABANDIJAS que, desde el poder y los asquerosos medios de manipulación, CORROMPEN a los niños, están ya CONDENADOS. Y lo estarán por toda la ETERNIDAD.

    Para Dios, los niños son SAGRADOS, pues son INOCENTES y están INDEFENSOS.

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