70 años del viaje del Semíramis (4): El barco de la libertad

En sus memorias, en sus declaraciones, en sus reflexiones muchos prisioneros y voluntarios de la División Azul trataron de dar respuesta a una cuestión para ellos fundamental, ¿por qué tantos años de cautiverio? Muchos, protagonistas o camaradas, no dudaron a la hora de asumir que la inquina que sufrieron aquellos hombres estaba en relación con la derrota del comunismo, la derrota de Stalin, sufrida en la guerra civil. Por ello se les mantuvo durante tanto tiempo en cautiverio, como última «revancha» o «castigo» por su victoria en 1939.

Desde un punto de vista histórico habría que matizar esa conclusión. Básicamente porque los prisioneros españoles estaban inmersos en la suerte que corrieron los prisioneros del EJE al acabar la II Guerra Mundial. En las conferencias entre los aliados occidentales y Stalin en Yalta y Potsdam, se abordó el futuro de los prisioneros, cerrándose un acuerdo para «repartirlos» entre los vencedores para ser utilizados como mano de obra forzada. Hasta 1948 no comenzó a plantearse entre los aliados occidentales la necesidad de poner punto y final a este cautiverio e iniciar una presión sobre la URSS para que hiciera lo mismo con los millones de prisioneros de guerra o civiles que habían abarrotado los campos de trabajo del «país del GULAG». Conviene retener este dato a la hora de explicar correctamente cuáles eran las posibilidades reales de que España consiguiera la liberación de sus prisioneros antes de 1948-1949, ya que sus hombres habían formado parte, como unidad integrada, de la Wehrmacht y la URSS no iniciaría el proceso definitivo de repatriación hasta 1950-1951.

En Yalta y Potsdam el presidente americano y el presidente del gobierno británico anotaron la especial inquina que Stalin mostraba contra Franco y su evidente deseo de forzar su caída como desenlace de la guerra mundial. En 1944 el comunismo, Stalin, había sufrido una nueva derrota ante Franco con la rápida destrucción de los planes de invasión e inicio de una nueva guerra civil con la incursión comunista a través del valle de Arán y la actuación de los maquis. En 1948 Stalin, asumiendo su esterilidad, ordenaba al PCE la desarticulación de los grupos guerrilleros que operaban en España. Allá en la URSS los españoles soportaron en esos años las campañas en las que se les presionaba con la idea de la inminente caída de Franco para quebrar su voluntad.

La desestabilización que Stalin buscó en España y en Grecia (guerra civil 1946-1949) cosechó pues un nuevo fracaso. La famosa condena de España en la ONU en 1946 no condujo a la caída de Franco y el intento de Stalin de mantener a España aislada para que no quedara alineada con el bloque angloamericano tampoco consiguió su objetivo y Franco abandonó de forma definitiva el tradicional neutralismo hispano. Muchas derrotas para que esto no hiciera mella en Stalin y el Partido Comunista de España, cuya dirección máxima estaba en la URSS, con respecto a la suerte de aquellas centenas de soldados. Pero en la política exterior impera el pragmatismo y aquellos presos podían convertirse en una moneda de cambio para intenta mantener a España fuera de cualquier alianza con el bloque que los EEUU iban a liderar. Algo fundamental para los soviéticos, ya que como indicaba la inteligencia americana, el propósito de la URSS con la famosa «cuestión española» era «desarticular cualquier posibilidad de que se forme un bloque en el oeste de Europa».

Inquina comunista contra los prisioneros españoles que se hizo patente en la aplicación en los campos de un régimen más duro que el que se aplicaba a alemanes o italianos. La URSS no había firmado los acuerdos de la convención de Ginebra, pero en julio de 1941 hizo público el Acuerdo de Comisarios del Consejo del Pueblo en el que establecía las «garantías» que confería a los prisioneros de guerra. Algunas de ellas no pasaban de ser meras declaraciones de intenciones difíciles de cumplir, máxime en el tiempo en que duró la guerra. Sin embargo, una parte significativa de las mismas se cumplieron en los campos a partir de 1945, o en los años siguientes, no siendo así en el caso de los españoles. Algunas, para ellos, tuvieron efectividad a partir de 1949/1950 como era cobrar por el trabajo realizado; pero otras, las más importantes desde el punto de vista humanitario, nunca fueron observadas. Entre ellas, la «comunicación de su situación a sus familiares» o el derecho a recibir «desde su patria dinero y correo». Hasta en el GULAG los presos podían escribir a su casa pasando censura, los españoles nunca pudieron hacerlo. La recepción de paquetes, que eran enviados a través de Alemania, estuvo vetada hasta después de la huelga de Borovichi y huelgas siguientes en otros campos (1951).

Parece evidente que esta particular inquina solo puede achacarse a esa idea de «revancha», «castigo» o «venganza» que fue mantenida tanto por la dirección de los campos, siempre supervisada por la autoridad política, como por sus guardianes más directos. En ello estaban los exilados españoles vinculados al PCE, a los que se sumaba el comportamiento habitual de algunos de los desertores convertidos en guardianes o en lenguaje actual presos de confianza. Y, en última instancia, no hay que desdeñar la capacidad de influencia que tuviera el PCE en la URSS, cuya secretaria general estaba en manos de Dolores Ibárruri, Pasionaria, que no movió un dedo por aquellos otros españoles, usualmente denominados «republicanos», que durante su estancia en la URSS pasaron por el GULAG bajo la etiqueta de «internados».

En España, entonces y después, en la historiografía y en el comentario, también se llegó a afirmar que Franco olvidó a aquellos soldados y que no se hizo nada, desde los ámbitos oficiales para localizarlos y repatriarlos, siendo su retorno obra de la Cruz Roja y de la actividad independiente de las familias. Algo que aún hoy, pese a la documentación y estudios publicados (véase nuestro detallado análisis en «Cautivos en Rusia. Los últimos combatientes de la División Azul»), se puede leer en alguna ocasión.

Anotemos como premisa que la repatriación de aquellos hombres dependió siempre de la decisión del gobierno soviético, ante el que solo cabía la presión; también que las dificultades diplomáticas, dada la ausencia de relaciones entre España y la URSS, y el contexto de las relaciones internacionales, con el aislamiento diplomático que España sufrió de forma prácticamente completa entre finales de 1946 y 1950, donde solo era posible recurrir al Vaticano, Suiza o Argentina, hacían muy difícil cualquier intento de negociación sobre los prisioneros; añadiendo además, como hemos señalado, cuál era la política soviética con respecto a los prisioneros de guerra en su poder hasta 1950.

Gómez-Jordana

Como sabemos, los primeros intentos de conocer el destino de sus prisioneros por parte del mando divisionario se realizaron en marzo de 1943. Aunque España era un país que el 1 de octubre de ese año volvía a la neutralidad, con una asimetría que iba a favorecer también a los aliados, carecía de relaciones diplomáticas, ni directas ni indirectas, con la URSS. A pesar de ello, desde el Ministerio de Asuntos Exteriores, que dirigía el general Francisco Gómez-Jordana, se abrieron contactos con determinadas embajadas que pudieran obtener alguna información de la URSS. Por ello se buscó la colaboración en Tokio y Suiza, así como se ordenó a la embajada en Berlín que explorara alguna vía posible de comunicación. Posteriormente las autoridades españolas lo intentarían con EEUU e Inglaterra.

Al compás de esas infructuosas gestiones se iniciaron las actividades de las familias de posibles prisioneros. El único camino posible abierto en esos momentos era recurrir al Comité Internacional de la Cruz Roja a través de los delegados españoles, destacando la disponibilidad para ello del conde de la Granja, Jefe del Gabinete de Información de la Cruz Roja. Los resultados fueron igualmente negativos: la URSS negaba la existencia de prisioneros españoles. Según un comunicado de julio de 1945: «no existe posibilidad de adquirir cualquier información y por último, que los rusos niegan toda noticia sobre la suerte de los prisioneros españoles».

Al acabar la II Guerra Mundial, los ministerios de Exteriores y del Ejército incluyen en su agenda el tema de los prisioneros. A lo largo de 1946 se trabajó en la difícil localización e identificación de prisioneros. El ministerio del Ejército, que rige un hombre de la máxima confianza de Franco, el general Fidel Dávila, probablemente fuera el responsable de la creación de una oficina en la 2ª Sección del Estado Mayor para llevar todo lo referente a los prisioneros cuya dirección recaería en el teniente coronel García del Castillo. Por su parte, es el ministerio de Asuntos Exteriores, que dirige el político católico Alberto Martín Artajo, el que en esos años va a recoger y buscar información sobre los prisioneros a través de las representaciones diplomáticas en Italia, Suiza, Alemania, Suecia y Finlandia, con el concurso de la Dirección General de Política Exterior para Europa. Dada la situación en que se encuentra España el ministerio centra sus esperanzas en el verano de 1946 en Suiza. En agosto el representante español en Barna pide oficialmente la intervención del Comité Internacional de la Cruz Roja, pero el resultado es el mismo que el obtenido en 1945: la URSS no facilita información.

Como es sobradamente conocido en 1946, en las Naciones Unidas, se iba a plantear la denominada «cuestión española», con la pretensión de hacer caer el régimen de Franco. Recordemos que el primer anuncio fue la resolución 32-1 de febrero de 1946, que, en consonancia con los acuerdos de Potsdam, establecía que los países miembros: «no apoyarán una demanda de admisión en las Naciones Unidas por parte del actual Gobierno español». En diciembre de 1946 se votaba afirmativa una resolución condenatoria en la que se afirmaba que el «régimen de Franco es un régimen de carácter fascista establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini», pero se abstendrían de intervenir directamente, recomendando la retirada de embajadores. Una condena que se basaba en una falsaria argumentación. El régimen de Franco era condenado por: ser establecido con la ayuda de Alemania e Italia; por su asociación estrecha con los países agresores, por participar en la conspiración que llevó a la II Guerra Mundial, siendo la División Azul la muestra de la ayuda española a las potencias del Eje; por ser un peligro para la paz mundial.

Aquella condena reducía aún más las escasas posibilidades de conseguir información sobre los prisioneros y forzar su liberación. Sin embargo, por debajo, desde la URSS se iba a sondear a las autoridades españoles con la intención de explorar la posibilidad de un acuerdo y evitar toda basculación de España hacia un alineamiento contrario a sus intereses. Y en esa negociación se iba a ofrecer, como muestra de «buena voluntad», la posible liberación de los soldados españoles.

Hasta finales de los años ochenta no se tuvo noticia de estos contactos que permanecieron ocultos bajo el sello de «reservado» o «secreto», tampoco los familiares de los prisioneros tuvieron conocimiento de los mismos.

Las conversaciones tuvieron lugar en Suiza. Los sondeos previos se iniciaron en mayo de 1946 en Roma, en base a unos posibles acuerdos comerciales. A finales de año algunos medios europeos se hicieron eco del doble juego de la URSS: impulsar la condena en la ONU y buscar un acuerdo con Franco. Las conversaciones directas iban a tener lugar en Ginebra en 1947.

La URSS ofrecía: la compra de materias primas y productos mediante compañías creadas al efecto y rectificar su política con respecto a España. Como contrapartida, la seguridad de que Franco no se alinearía con el eje angloamericano. Franco decidió no dar una negativa y ver cómo se desarrollaban las conversaciones. Para ello se enviaría a Suiza a un diplomático profesional. En ese momento los informes españoles indicaban que existían unos 200 soldados prisioneros recluidos en diversos campos. Al reunirse, el representante soviético indicó que la repatriación de estos «podía interesar al gobierno español». El representante español sugirió que, como ejemplo de buena voluntad, se liberaran «los graduados de la División Azul».

El diplomático remitió el informe de la conversación a Franco que trató el tema con Carero Blanco. Franco barajaba entonces la posibilidad de asumir un estatuto de neutralidad como el de Suiza, asumiendo que podían abrirse relaciones comerciales con la URSS sin quebrar su posición anticomunista. Fija su táctica en moverse muy despacio y pedir a los soviéticos una demostración de «buena fe», incluyendo en ello la «repatriación de todos los españoles que contra su voluntad se encuentran» en la URSS. Y es taxativo en las instrucciones a su representante diplomático con respecto a la negociación para la repatriación: «el interés del Gobierno español es igual para todos los españoles y no establece diferencias en que hayan podido ser o no graduados. Si tuviera que hacer una preferencia –que no debe– lo haría por los más modestos». También le indica que ofrezca que el canje, ya que España dejaría marchar a todos los rusos que lo desearan, se realice en Suiza.

La segunda ronda de conversaciones tuvo lugar el 8 de marzo de 1947, aceptando el representante soviético las propuestas españolas: «las repatriaciones constituyen una buena fórmula inicial de relaciones». El 16 de marzo se produce una nueva reunión, la liberación parecía ir por buen camino.

Martín Artajo

No tenemos constancia exacta de cómo se cerró esta vía. Lo que sí sabemos es que algunos medios extranjeros publicaron que se habían abierto negociaciones entre España y la URSS cuando el ambiente de la guerra fría comenzaba a respirarse. También que en Roma el Papa fue informado por Martín Artajo de las negociaciones, y poco después el futuro Pablo VI desaconsejaba los posibles acuerdos. La URSS, por su parte, negó la existencia de las conversaciones. Lo cierto es que en noviembre, en una nueva votación sobre la «cuestión española» los EEUU se abstuvieron en vez de apoyar la condena, era todo un síntoma.

En 1947 el embajador español ante la Santa Sede pediría oficialmente la intervención del Vaticano a favor de los prisioneros españoles. El Papa realizó algunas gestiones indirectas que resultaron infructuosas. Según se puede leer en una comunicación que Franco guardaba: «lo que sucede es que los rusos no dan facilidades a ningún país. Ni por el Vaticano ni por otros conductos parece haberse logrado nada hasta hoy». También desde Exteriores se buscó la mediación de la misión vaticana que estaba en Alemania en la zona de ocupación británica con igual resultado.

La realidad es que en este tema la URSS había permanecido impertérrita. De sus fronteras solo salieron aquellos prisioneros, alemanes, italianos o rumanos, que por razones propagandísticas le interesaron. Es más, en 1947 se difundió otra realidad, la existencia de prisioneros «republicanos» en el GULAG; con ellos habían tenido contacto los cautivos de la División Azul. Pese a la campaña internacional que se desató a favor de su liberación, con la oposición del PCE, esta no se produjo.

La posibilidad de hacer algo por los prisioneros volvía a ser la Cruz Roja. Mientras, se había creado una Sección Mixta Especial Ejército-Exteriores dependiente de presidencia del gobierno al objeto de encontrar una solución. Así, en la conferencia celebrada en Ginebra de la Liga de Sociedades de la Cruz Roja se planteó a los representantes de la Cruz Roja Soviética la cuestión de los prisioneros españoles, comprometiéndose a presentar un memorándum sobre la cuestión en Moscú. Este documento fue preparado en 1949 por el cónsul español en Ginebra con el objetivo de averiguar las condiciones bajo las cuales los prisioneros españoles podrían ser liberados. Evidentemente todo ello fue calificado como secreto.

No solo eso, en 1949, Exteriores insistirá en el Vaticano para que Roma intervenga en nombre de los familiares de los presos. El ministro de Exteriores también buscará el concurso del nuevo embajador británico en la URSS, el católico David Kelly, para ver «si puede obtener alguna información sobre prisioneros División Azul recluidos en Rusia estableciendo contacto con ellos y tutelándolos de alguna forma». También se ordena a los representantes españoles en Estocolmo y Ankara que busquen la colaboración de los gobiernos de esas naciones y sus representantes en la URSS. La respuesta turca es significativa: «la petición fue acogida con interés, pero declinando la posibilidad de llevarla a cabo». Nuevos rumores indicaron en 1949 que España podía estar negociando con la URSS en Turquía. Pero de ello no existe constancia.

Con el anuncio de la próxima apertura de la embajada argentina en Moscú surgió una nueva oportunidad. En esta ocasión fue el propio Franco quien escribió al general Juan Domingo Perón, quien se brindó a colaborar. El último movimiento de aquel año fue el de volver a intentar abrir una relación con Moscú a través de intercambios comerciales en unas negociaciones que llevaría en Egipto el representante español con la compañía Shelton. Conversaciones que se prolongarían, si salían adelante se proponía la liberación de los cautivos vía Alejandría. En 1949, el ministerio del Ejército informaba a los familiares en los siguientes términos:

«quiero hacerle saber, al mismo tiempo, que nuestro Gobierno sigue haciendo todo lo posible para el rescate de estos buenos compatriotas que sufren hoy cautiverio, y aunque tropieza con grandes dificultades por la carencia de relaciones diplomáticas con aquel país y el especialísimo modo de ser de la política rusa, seguirá su labor y empleará cuantos medios estén a su alcance en favor de sus prisioneros, a quienes tratará de devolver a sus hogares, confiando para ello en la ayuda de Dios»

Lo cierto es que en la URSS, entre los prisioneros, en diversas ocasiones, correría la noticia de que iban a ser liberados. De hecho, se procedió a concentrar a parte de ellos durante estos años.

Paralelamente a lo anterior discurren las acciones de los familiares de los prisioneros que inician en 1948 contactos con la alemana Sociedad Evangélica de Ayuda a Prisioneros e Internados de Guerra, lo que abriría la posibilidad de hacer llegar paquetes y tarjetas para que de forma indirecta llegaran a los prisioneros españoles. La oficiosa Asociación de Familiares de Combatientes de la División Azul Prisioneros en Rusia cristaliza en su actuación organizada en 1949, también buscará la ayuda internacional prosiguiendo sus  contactos con diversas personalidades para que intercedieran por los cautivos ante las autoridades soviéticas: a principios de 1947 llegaron hasta el líder comunista italiano Palmiro Togliatti (había sido ministro y el PCI era el segundo partido de Italia), ya que para fortalecer al PCI la URSS había procedido a la liberación masiva de prisioneros italianos, siendo la respuesta negativa. Se dirigieron a Eva Perón, a Pío XII… Los familiares contaron siempre con el apoyo del duque de Hernani, gobernador español en la Liga de Sociedades de la Cruz Roja.

Dada la falta de progresos, la no siempre abierta disposición oficial, la discrepancia con respecto a la política de opacidad informativa, la impaciencia de los familiares se hizo cada vez más evidente adoptando posiciones críticas, en especial con la Secretaria General del Movimiento. En este ambiente fue el propio Franco quien optó por visibilizar la situación de sus soldados presos en Rusia en un discurso en la Pascua Militar una vez que el muro abierto por la condena en la ONU de 1946 comenzaba a resquebrajarse:

«Y si aún no fuera bastante el recuerdo de los que dieron su sangre, tenemos aún un nuevo ejemplo en ese puñado de españoles beneméritos, militares y civiles, que, contra todas las leyes del derecho de gentes, permanecen en los campos de Rusia, sojuzgados y maltratados en los campos de concentración y en las cárceles soviéticas, y que, a pesar de los años y de los sufrimientos, mantienen enhiestos el espíritu y el amor de la Patria, con un patriotismo tan ejemplar y con una fortaleza que causan la admiración de sus propios carceleros y de los que se hace lenguas alemanes, rusos e italianos; cuantos ex cautivos han podido salir del infierno soviético».

El 22 de marzo el Generalísimo recibía a una comisión de familiares de prisioneros para que estos le presentaran una serie de propuestas. Entre ellas: que se rebajara el tono de la propaganda antisoviética en los medios que consideraban contraproducente y que un representante suyo tuviera «parte directa» en las gestiones que se realizaran. Franco les informó de lo que se estaba haciendo: se estaba trabajando en la vía económica que quedaría supedita a la liberación y a través de la Cruz Roja. Según la memoria que la Hermandad realizó:

«el Jefe del Estado hizo ver su constante preocupación por los españoles cautivos, para los que tuvo palabras de encendido elogio, enumerando a continuación algunas de las gestiones hasta el momento realizadas. En lo que respecta a la segunda petición [bajar el tono antisoviético], aseguró que daría las órdenes oportunas para que tal extremo fuera cuidadosamente sopesado. Al final de la entrevista insistió en que no cesarían las gestiones hasta lograr la repatriación de nuestros prisioneros»

Desde el ministerio de Exteriores se han dado órdenes a los consulados en Alemania para conseguir contactar con los prisioneros y recoger información entre los soldados que se estaban repatriando desde los campos soviéticos. Desde estos se enviarán paquetes y correos. Franco pidió a los familiares que guardaran silencio absoluto para evitar que se supiera que el gobierno estaba detrás de esos envíos.

Los cambios en la situación internacional abren una nueva vía. Hasta 1949 la URSS se había negado a participar en las sucesivas Conferencias de Expertos Gubernamentales para el estudio de Convenios que protejan a las víctimas de la guerra; tampoco sus representantes habían estado en la Conferencia Internacional de la Cruz Roja de 1948. En 1949 la URSS firma los nuevos convenios. El III Convenio hace referencia a los prisioneros de guerra, tanto España como la URSS lo firmarán, entrando en vigor en octubre de 1950. Con ellos el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) podía desempeñar tareas humanitarias en favor de los prisioneros. Además, el acuerdo instaba a la liberación y repatriación inmediata de los prisioneros, por lo que deberían establecerse planes de repatriación. A finales de 1950 parecía que la vuelta de los prisioneros ya solo era cuestión de tiempo. En esos momentos Cruz Roja tenía fichas con 434 nombres de posibles prisioneros, las autoridades españoles habían identificado de forma completa a 378 prisioneros.

El epicentro de las actuaciones estaba en Suiza, donde el representante español en Berna, duque de Sanlúcar la Mayor, iba a realizar el seguimiento de las actuaciones del CICR. A finales de 1951 la URSS aceptaba gestiones individuales, pero no gestiones globales, ya que mantenía que no existían prisioneros de guerra en su territorio. El recurso que se va a utilizar es incluir a los prisioneros españoles en los listados alemanes para la repatriación.

La falta de avances lleva a los familiares a dirigirse nuevamente a Franco, en marzo de 1952, para proponerle la realización de gestiones por parte de representantes de los mismos, para lo que piden financiación. Este les contestó que le remitieran un plan de actuación. Este consistía en contactar en Alemania y París con autoridades soviéticas (Malenkov, jefes comunistas en Alemania, Timochenko…). Franco autorizará el viaje a Alemania de los representantes de los familiares: el padre franciscano Miguel Oltra, que en 1951 se había entrevistado con el líder comunista André Marty, y el catedrático José María Storch de Gracia. El ministerio de exteriores librará para ello 850 dólares. Agotándose los fondos el padre Oltra encargó que se pidiera más dinero a través de Carrero Blanco. Las gestiones continuarían a lo largo de 1952 y 1953, ya solo con el padre Oltra, consiguiendo interesar a un número importante de altas personalidades.

En diciembre de 1950 España lograba un histórico triunfo en las Naciones Unidas al conseguir la revocación de la condena de 1946. Se iniciaba el proceso de integración en los organismos internacionales de la ONU como paso previo a la entrada del país en las Naciones Unidas. Ello permitía aprovechar un nuevo frente para conseguir la liberación de los prisioneros. En virtud de la resolución n.º 427 se creaba en Naciones Unidas la Comisión para el Estudio de la Solución Pacífica del Problema de los Prisioneros de Guerra. El objetivo para la diplomacia española era conseguir la inclusión del caso de los prisioneros españoles, lo que se alcanzaría en 1952. Por ello, el Ministerio de Exteriores preparó una nota sobre la situación de los prisioneros españoles remitido a los estados miembros de la ONU, ya que no fueron incluidos inicialmente en el informe remitido por la Comisión a la Asamblea. Brasil, Perú y Cuba plantearan el caso de los prisioneros españoles. El delegado brasileño pedirá que sea la ONU la que investigue el caso de los prisioneros españoles. No solo eso, ya que desde 1952 los embajadores españoles en Roma, París y Londres trabajaban en la consecución de apoyos para la liberación.

La presión sobre la URSS, la obligación de cumplir con los acuerdos sobre prisioneros firmados, y el nuevo mapa geoestratégico que se abría con la negociación de los pactos con los EEUU por parte de España, hacían factible pensar que las autoridades soviéticas estarían dispuestas a negociar. Probablemente por ello el ministro de Exteriores estimó pertinente volver a explorar la vía de una negociación comercial interpuesta que «permitiera llegar a la liberación».

A la altura de 1953 los familiares no habían visto hecha realidad su petición de tener un representante en las negociaciones que se estuvieran realizando, probablemente porque no se estimaba segura la discreción de estos. Ello originó fricciones e intentos paralelos, incluso se entrevistaron con el embajador de la RFA en España para buscar confirmación de los rumores de que los prisioneros españoles retornarían a través de Alemania. Su desesperación es clara en un informe-protesta remitido al ministro del Ejército, general Muñoz Grandes, y probablemente a Franco. Del mismo se desprende, además del sentimiento de frustración, la idea de que aún tardaría en producirse la liberación, por lo que pedían que el Estado asumiera todos los gastos de los envíos a los prisioneros que ya se habían normalizado. Lo que los familiares ignoraban y no se les podía comunicar es que el epicentro de las negociaciones se había trasladado a Londres.

España había iniciado las conversaciones para la colaboración militar con los EEUU en 1951 y desde abril de 1952 se negociaba la firma de un tratado o pacto entre ambos países. Es más que probable que las autoridades soviéticas estimaran necesario rebajar la tensión con España y abrir posibles vías a las relaciones entre ambos países, siguiendo el mismo esquema que en 1947, y que la firma de los acuerdos en Madrid en septiembre de 1953 diera el último empujón a la operación de repatriación en consonancia con los acuerdos internacionales sobre prisioneros que no solo afectarían a los cautivos de la División Azul.

En 1951 había llegado a Londres como embajador, en uno de los gestos habituales de Franco, Miguel Primo de Rivera, ex ministro falangista y hermano del fundador de la Falange. En 1952 el embajador ya había iniciado contactos con el subsecretario permanente del Foreign Office para la mediación de Londres en el caso de los prisioneros españoles. En mayo de 1953 comunicaba al ministro español Marín Artajo que existía la posibilidad de abrir negociaciones con la URSS a través de la embajada soviética en Londres, tal y como se había planteado en un encuentro entre periodistas «oficiales». Los soviéticos planteaban la posibilidad de abrir relaciones comerciales y seguir un camino similar al establecido con la Argentina de Perón. La embajada, como paso previo, pidió la liberación de los prisioneros de la División Azul. Las conversaciones se desarrollaron a lo largo de los meses de agosto y octubre-noviembre de 1953, cuando también parece que estaba viva el intento de abrir intercambios económicos vía Egipto. Indirectamente, en diciembre, el representante soviético filtraba que podría producirse la liberación a través de Alemania.

Sin embargo, el 24 de diciembre de 1953, el ministro de Exteriores, recibe un telegrama desde París explicando que la Cruz Roja soviética pregunta a la Cruz Roja francesa si estaría dispuesta a hacerse cargo de un grupo de internados españoles que iban a ser liberados. La Cruz Roja francesa debía actuar como intermediaria con las autoridades españolas. Oficialmente, según se publicó en Der Spiegel, el diplomático Grigorij T. Wrobek comunicó que la liberación se producía porque «la actitud entera y viril de los legionarios nos ha inducido a facilitar las negociaciones. Su valor en los campos de batalla y su comportamiento estoico y tenaz en el cautiverio, me han enseñado a apreciar a esos hombres. Lo humano es para nosotros un valor inapreciable». Era un reconocimiento a esa batalla librada por parte de los prisioneros que nosotros hemos descrito de forma sintética en el artículo anterior.

En Londres se confirma a la embajada la inminente liberación. Para el embajador era evidente que ello era consecuencia de la «nueva política que está siguiendo Moscú» para tratar de congraciarse con países como España. También se hizo evidente que los soviéticos planteaban esta liberación unilateral como un paso para continuar negociando.

Inicialmente se piensa que la liberación tendrá lugar en Alemania. Sin embargo son las autoridades soviéticas las que optan por la liberación en su propio territorio, diferenciándola de la general que se estaba produciendo con los prisioneros alemanes. La entrega tendría lugar en Odesa.

La Cruz Roja francesa transmite la decisión al Ministerio de Exteriores español el 23 de enero de 1954. España deberá asumir todos los gastos de la liberación de 253 hombres según la primera comunicación. El 29 de enero el Consejo de Ministros, bajo la presidencia del Generalísimo Franco, crea una Comisión Interministerial para la Repatriación de Españoles.

Todo será organizado desde España, desde la contratación de un barco para el viaje desde Odesa al envío de suministros y de una comisión de recepción con personal médico. Mientras todo ello se concreta los prisioneros españoles, que llevan reuniéndose desde mediados de 1953, son trasladados hacia la región de Vorochilogrado. El 21 de marzo de 1954, desde los campos, saldrían las expediciones hacia el puerto de Odesa. Al día siguiente, desde el puerto del Pireo, el Semíramis ponía rumbo a Odesa. En la tarde del 25 atracaba en aquel puerto. En la madrugada del 26 los prisioneros salieron camino del muelle. A las dos de la tarde, con 286 liberados, cinco menos de los esperados según la última comunicación, el Semíramis iniciaba el viaje hacia la libertad.

Las autoridades españolas establecieron que no habría ocultación ni apagón informativo. Aquellos hombres serían recibidos triunfalmente. Los prisioneros de la División Azul volvían a España, y no puede olvidarse, en el periodo que marcó el fin de la denominada «cuestión española». Lo hacían en pleno proceso de integración, como señalamos, en las instituciones internacionales de la ONU. Eran los mimos hombres que habían formado parte de las razones de la condena de 1946. Si en diciembre de 1950 las Naciones Unidas habían revocado la resolución condenatoria de 1946, ahora se recibía triunfalmente a los también señalados en 1946. La razón ideológica de la DEV, la misión confiada a la unidad, combatir al comunismo, entraba en los márgenes del discurso anticomunista que nutría la política norteamericana y la opinión conservadora europea, con todo lo que ello significaba.

Los divisionarios fueron recibidos como héroes en Barcelona un 2 de abril de 1954. La capital catalana era la segunda ciudad del país. Los repatriados serían recibidos, en representación de Franco, por el teniente general Muñoz Grandes y por Raimundo Fernández-Cuesta. Una representación simbólica enraizada en los orígenes de la unidad: el Ejército y la Falange. A ello se uniría un espontáneo calor popular que desbordó a los organizadores hasta provocar a un cierto caos.

Los medios extranjeros subrayaron que aquel fue un recibimiento triunfal, victorioso, cuando en realidad formaban parte de los derrotados en la segunda guerra mundial. Un retorno incomparable con el silencio con el que se recibía a los prisioneros liberados en Alemania o Italia. Así lo subrayó uno de los corresponsales alemanes en España, Werner Schulz, en la prensa alemana:

«Pocos, poquísimos soldados de la segunda guerra mundial han regresado a su Patria con tantos honores y tan impresionante júbilo como los soldados de la División Azul. En Barcelona, la gran metrópoli mediterránea, poco aficionada a manifestaciones públicas, se le ha recibido con un entusiasmo que ha excedido toda ponderación. Y resultaba bien patente, para cuantos lo presenciamos, que esta acogida no había sido organizada, sino que era espontánea y sincera, pudiéndose decir lo mismo de infinidad de ciudades y pueblos de España en los que la llegada de sus hijos revistió caracteres de verdadero acontecimiento»

Según el Salzburger Nachrichten «el recibimiento hecho en Barcelona ha constituido también una manifestación anticomunista […] los gritos y exclamaciones de las muchedumbres daban a entender que las impulsaba la alegría, el sentimentalismo, pero además el patriotismo y, sobre todo, el espíritu religioso y que lo mismo que cuando partieron a Rusia los jóvenes combatientes, se les considera como cruzados de la civilización y la fe cristiana».

Se valore como se valore aquel recibimiento y el relato que, a través de los medios, del cine y la recreación literaria, se mantuvo hasta 1956 era una reivindicación del significado de la División Azul.

Quizás como cierre de esta serie traer aquí algunos párrafos de un artículo de Rodolfo Llopis, Secretario General del PSOE, sobre lo que para la oposición al régimen de Franco supuso aquel hecho, publicado el 4 de mayo:

«En todo caso, es evidente que Franco acaba de alcanzar un gran éxito diplomático con los Soviets. Le ha sido posible encontrar el lenguaje apropiado para entenderse con Malenkov. Después de esto no cabe duda de que los dictadores disponen de un lenguaje común del que guardan cuidadosamente el secreto.

¿Qué habrá podido decir Franco que le ha llegado al alma a Malenkov? […] con la mediación de un tercer país Rusia logró compensaciones comerciales, contrapartida al rescate de los prisioneros. He aquí, el lenguaje que Franco empleó y que Malenkov supo comprender.

A los republicanos españoles nos duele esto, pues no nos es dado tal lenguaje. Carecemos de productos metalúrgicos que poner en juego […] Desde que Moscú se apoderó del oro español, los republicanos españoles no tenemos ya, para ellos, valor alguno»

Más allá de las posibles compensaciones económicas, que no es descartable que se produjeran, lo que Rodolfo Llopis no entendió es que además de lo ya indicado latía por debajo otra razón. El viaje del Semíramis era el primero de una serie de viajes que traerían a España a otras 3.000 personas que deseaban abandonar la URSS y entre ellas iban a figurar numerosos posibles agentes cuya misión era, sin duda, participar en una red de información sobre la instalación en España de las bases americanas; incluso es probable que alguno de estos agentes figurara entre los viajeros del Semíramis. Pero esta es otra historia.

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7 respuestas a «70 años del viaje del Semíramis (4): El barco de la libertad»

  1. El diplomático Grigorij T. Wrobek comunicó que la liberación se producía porque «la actitud entera y viril de los legionarios nos ha inducido a facilitar las negociaciones. Su valor en los campos de batalla y su comportamiento estoico y tenaz en el cautiverio, me han enseñado a apreciar a esos hombres. Lo humano es para nosotros un valor inapreciable».

    Espero que el JEME y algunos otros integrantes de la llamada «cúpula militar» hayan leído y meditado esta serie de magníficos artículos sobre la repatriación de los prisioneros de la División Azul.
    Y al leer estas palabras de T. Wrobek -coincidentes con lo que relataron tantos prisioneros que que compartieron el cautiverio- asuman la infinita vileza que se ha cometido proscribiendo los homenajes a la División Azul y a sus héroes. Triple vileza.
    Porque las «leyes de memoria» en nada afectan, ni pueden afectar, a la gesta de la División Azul.
    Porque evidentemente «lo humano tiene -debe tener- un valor inapreciable.
    Y en cuanto a la tercera vileza, la más vil de las tres, es la inaudita mansedumbre con la que el Ejército lo ha consentido.
    Y no puede hablarse de «disciplina» puesto que la Ley no es de aplicación a la División Azul.
    Así pues se trata de mansedumbre y emasculación
    A ver si alguien tiene lo que se supone que debe suponer que tiene un militar, para decírselo, alto y claro, a la Ministro de Defensa.

    1. Qué buen comentario, mi Coronel. Qué buena serie de trabajo estos de la División Azul. A otro nivel, y sin pasar de momento el frío y las hambres que ellos pasaron, también nosotros estamos en el Campo de concentración que hoy es España, con los buitres del Equipo Edite del General Santiago mirando en internet a ver qué se dice para ver si hay algún pretexto para poder meter a alguien en al cárcel mientras los rojos pueden expresarse como quieran sin ninguna limitación,que para ellos no opera (los podemitas pueden hablar de guillotinas, y la portada de El Jueves de hoy mismo ilustras los dibujos de varios monarcas españoles, y una tijera de línea de puntos, para cortar, que está puesta justo a la altura de la horizontal que pasa por la garganta de todos. Ni que decir tiene que la Fiscalía del odio no moverá ni un dedo por esto), la Fiscalía del odio y todo el entramado de represión que sufrimos en España. La detención arbitraria y policíaca que sufrió hace meses aquella señora en las escaleras dela Iglesia esquina de la Calle Ferraz de Madrid por el enorme delito de rezar el Rosario, sin molestar a nadie, no es la represión que sufrió la División Azul en los campos de concentración del bolchevismo, pero sí la versión actual de aquel Gulag. En España no hay libertad para muchas cosas, el alambre de espino no está visible, pero aflora en determinadas circunstancias, por ejemplo cuando profanaron las tumbas de José Antonio y Franco, o cuando a una persona de 80 años le piden 12 años de cárcel por haberse defendido en su propia casa del asalto de un delincuente que entraba a robas y no sabemos si a algo más, armado de una motosierra. España es un enorme Gulag tapado por una eficaz política de marketing para taparlo, pero es un Gulag, todavía no nos matan, pero están en ello.

  2. La mejor foto de esos tres de Yalta, es en la que están en fraternal corro con los brazos entrelazados; Churchill avergonzado se resiste a dejarse fotografiar en tal pose públicamente, aunque… finalmente, consiguen convencerle. El corro de la patata:
    https://conversacionsobrehistoria.info/2020/09/12/franco-es-una-amenaza-grave-para-europa-la-cuestion-espanola-en-la-conferencia-de-potsdam-19-de-julio-de-1945/

    O como poner de acuerdo a las antítesis, o te la lio…/te doy así

    1. Esos valientes, no fueron solo contra el comunismo; fueron, sin saberlo, contra el sistema humanista/ilustrado, contra la apisonadora anglo-sionista nazi( la que hizo perder a los aprendices de nazis/antítesis de turno, en su función de guiñol.

      1. Por cierto el enlace lo elegí por la foto, la única que encontré; y aparece sesgada a la altura de la cintura, o sea, disimulada en esa página, por lo que me induce a pensar mal de ella( antifranquista/ antiespañola ).
        La foto que encontré en otra ocasión mostraba ese gesto de Churchill cuando le invitaban a ese abrazo masón en corro.
        Aquí se ve mejor( entré con Potsdam en vez de con Yalta ):
        https://www.dw.com/es/la-conferencia-de-potsdam-buscando-el-orden-de-la-posguerra/a-18590555

        https://es.wikipedia.org/wiki/Conferencia_de_Potsdam#/media/Archivo:Potsdam_conference_1945-5.jpg

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