Ni contigo, ni sin ti, mis males tienen remedio…

Ni contigo ni sin ti, mis males tienen remedio; contigo porque me matas, y sin ti porque me muero. Poéticas palabras de Antonio Machado que se transformaron luego en letra de una conocida copla que hizo famosa Emilio José.

Tal podría aplicarse a la Constitución de 1978 en relación con España y los españoles, en la actual coyuntura política. Y viene esto al caso porque quienes quieren destruir España arremeten contra la Constitución de 1978, mientras que los que pretenden defenderla, se agarran como a clavo ardiente a ella en una defensa numantina de la «Carta Magna». Esto es lógico, porque guste o no, la Constitución de 1978 es la ley vigente. Y por ello en su respeto y acatamiento, se basa el actual Estado de Derecho. De igual forma que fuera de ella se abre paso la anarquía y la revolución. Que es finalmente el objetivo de los enemigos de España. Enemigos internos y externos.

Pero estas verdades no deben ocultar la esencia del problema. El meollo de la cuestión, el nudo gordiano que es preciso desentrañar. Porque esa misma Constitución de 1978 que es la Ley, y como tal debe ser acatada, es el origen  del problema. Dándose así la absurda situación, de que debe invocarse como remedio el mismo virus que causa la dolencia. Es decir, que la solución del problema se busca en el mantenimiento del problema. Ciertamente es la cuadratura del círculo. Y debido a ello se ha elegido el sorprendente título. Porque en la actual situación, ni con la Constitución, ni sin ella, los males de España tienen remedio.

Pues bien, en estos momentos Rosa Díez, con una buena voluntad que le honra, ha puesto en marcha una plataforma ciudadana que ha llamado «UNIÓN 78» cuyo objetivo es frenar el proyecto rupturista de la unidad de España impulsado por Pedro Sánchez -con la inestimable colaboración de quienes pretenden acabar con ella- sin más razón ni motivo de que esos apoyos le resultan imprescindibles para mantenerse en la Moncloa.

En su cuenta de twiter Rosa Díez dice: No paran de llegar adhesiones a unión78.es La ciudadanía española está dispuesta a defender la integridad de sus derechos, dispuesta a salir a la calle para recuperar el espíritu del 78 y caminar junto a sus conciudadanos para defender la democracia. ¡¡Gracias!!

 Y aunque se eche de menos que en esa movilización que promueve, no cite de forma explícita la defensa de la unidad e integridad de España -junto a los derechos de sus ciudadanos- es un loable intento de enderezar un rumbo que lleva directamente, y sin remisión, la nave del Estado a la rompiente. Y al naufragio. Pero aún reconociéndole su buena intención, estas consideraciones deberían servir para que muchos españoles, de buena voluntad como ella (ha conseguido ya más de seis mil adhesiones) comprendan el sinsentido que resulta -ya se ha dicho- fiar la solución del problema en mantener la causa que lo ha generado. Más adelante volveremos a ello.

La Constitución de 1978 es el desenlace, el huevo de la serpiente, de la Transición. Transformación política cuya esencia fue la venta de la España Una, Grande y libre a sus enemigos -internos y externos- a cambio de que no cuestionaran la Corona. Hoy lógicamente la cuestionan, porque «Roma traditoribus non redere». De ahí que el término Transacción sea mucho más apropiado que el de Transición para definir el proceso de transformación política acaecida a la muerte de Franco. Proceso que no podía dar lugar a otra cosa que lo que está sucediendo: una involución hacia 1931. Se ha «vendido la moto» de «Transición» o «Transición a la democracia» como la transformación que experimentó España desde una dictadura a una democracia. Cuando en realidad fue la sustitución de un régimen de autoridad o autoritario, sustentado en una democracia orgánica, por una democracia inorgánica o «partitocracia» que finalmente ha dado lugar a la dictadura de los partidos políticos. Estas consideraciones se hallan expuestas por extenso, en  La Transición ¿Reforma o Ruptura?  (AQUÍ)y en “La Memoria Histórica: Una ley iconoclasta y cainita” (AQUÍ)

Pues bien, esta serpiente a la que por estulticia, complicidad, e inaudita cobardía, se la ha estado alimentado y permitido crecer, se pretende ahora confinarla en el interior de la cáscara, ya vacía, del huevo que la contuvo. Como procedimiento para resolver el problema creado por esa misma Constitución que es su  matriz. Vamos a recordarlo brevemente. A la muerte de Franco era evidente que el Régimen debía evolucionar. Y no solo lo pensaba así la mayor parte de los españoles que constituían el llamado «franquismo sociológico» sino que también contaba con ello el propio Franco. Y era lógico. Volver a la «España de Franco» tras su muerte, era imposible de toda imposibilidad. Y no sólo porque la historia de los pueblos, al igual que los ríos, no puede fluir hacia atrás, sino porque estadistas geniales como el Caudillo surgen uno cada cinco siglos. Y desde luego no era el caso de quien iba a tener en sus manos, a partir de entonces, los designios de España. La reforma del Régimen era necesaria y conveniente, y así lo entendieron los españoles, cuando se sometió a votación la «Ley de la Reforma Política». Sin embargo tal plebiscito supuso una descomunal estafa. Pues se reforma lo que se quiere conservar, y ya se había pactado con los enemigos de España -que eran los mismos que los de Franco, como tan acertadamente nos apercibió en su mensaje póstumo- la demolición, desde sus cimientos, de un sistema político que, además de haber dado casi cuarenta años de paz y prosperidad a España, había sido capaz de lograr -con sangre, sudor y lágrimas- redimirla de su atraso secular, volviendo los ojos a su pasado más glorioso.

Y a partir de aquí todo fueron irregularidades. Con maquiavélicas trampas que se exponen (a confesión de parte, relevo de pruebas) en el libro «Lo que el Rey me ha pedido» de Torcuato Fernández Miranda, se inició un proceso constituyente que estaba taxativamente excluido en la Ley Para la Reforma Política. Lo que justifica sobradamente el llamar estafa al proceso. Por mucho que quiera blanquearse con la justificación de que fue «de la ley a la ley».

Por ello, tildar de «Transacción» a la transformación política acaecida a la muerte de Franco, no es una exageración.

La consecuencia de tal estafa no podía ser otra cosa que la Constitución de 1978. Origen de nuestros males. Antes se ha dicho que la historia de los pueblos, como los ríos, no puede fluir hacia atrás. Pero en ambos casos, cuando un desmadre ha causado una catástrofe, es obligado adoptar medidas de contención para que no pueda volver a repetirse el drama. Construyendo para ello diques. Incluso efectuando una corrección definitiva, desviando el cauce por el que corren los ríos -o discurre la historia de los pueblos- para que no vuelva a repetirse el desmadre. Y con él tenga lugar una nueva catástrofe.

Esto es tan cierto, como el hecho de que, demoliendo la obra que conjuraba el peligro, se sentaban sentando las bases para que, tarde o temprano, se reprodujera la tragedia. Y esto es precisamente lo que está sucediendo en España al demoler la obra de Franco sustituyendo -fraudulentamente, es preciso insistir en ello- la Constitución de 1966 que compendiaba Los Principios del Movimiento Nacional y las Leyes Fundamentales del Reino por la Constitución de 1978. En definitiva, cambiando la necesaria REFORMA DEMOCRÁTICA que demandó el pueblo español al votar «SI» a la ley de la reforma política, por la RUPTURA que exigía la ínfima minoría de una  izquierda antifranquista y antiespañola. Tal hecho conforma una vil estafa política de la que ha sido víctima el pueblo español.

Aunque la «propaganda constitucional» insiste machaconamente en la idea de «La Constitución que nos hemos dado la inmensa mayoría de los españoles» no es cierta esa unanimidad. Así como la ley para la reforma política, si fue votada mayoritariamente por el pueblo español («llevado al huerto» en su buena fe cabría decirse) la Constitución de 1978 no tuvo ni mucho menos el consenso de una mayoría cualificada que, según todos los constitucionalistas, debe exigirse para transformaciones políticas de gran calado e irreversibles. Como era el caso de abolir la Constitución de 1966 para sustituirla por la vigente de 1978. La izquierda propugnó la abstención, porque promover el «NO» hubiera significado pedir que se perpetuara el vigente sistema político que ellos pretendían destruir.

Veamos en cifras estas realidades y comparemos la diferente respuesta de los electores en el plebiscito para aprobar la Ley de la Reforma Política y en el de la Constitución

Ley para la Reforma Política: Votó el 78% del censo. De los votos emitidos, el 94%  SI y el  6% NO

Constitución: Votó el  67% del censo. De los votos emitidos, 87% SI  y  23% NO

Así pues la Constitución de 1978 recibió el apoyo del 58,29% del censo electoral, es decir, fue votada por poco más de la mitad de los españoles. Lejos de esa “mayoría cualificada” que en todas las democracias se exige para la aprobación de consultas que tengan una gran trascendencia política.

Y si tenemos en cuenta que los líderes de los partidos de izquierda, pidieron la abstención por la razón que ya se ha apuntado, concluiremos que en ese 33% que no ejerció el voto, debemos incluir, además de aquellos que por una razón u otra no pudieran hacerlo, a los electores de izquierdas que obedecían lo propugnado por sus líderes de abstenerse, y a aquellos otros que sin ser de izquierdas se les daba una higa el nuevo futuro político que pretendía instaurarse. Porque aunque según la propaganda les iban “a restituir las libertades”  esas “libertades” ciertamente nunca las habían echado en falta durante el Régimen de Franco. Y  por ello “pasaban” del “habla pueblo habla”

Por el contrario, ese 23% que votó negativamente, pertenecía en su mayoría a los pocos que, por haberse leído el proyecto de constitución, comprendían que su aprobación significaba la demolición desde sus cimientos del Régimen de Franco surgido el 1º de abril de 1939. Régimen que había redimido a España de un atraso de casi tres siglos, superando además definitivamente el cáncer de las Guerras Carlistas. Guerras dinásticas al fin y al cabo. Se trataba de superar un periodo histórico iniciado en 1700 con otra guerra dinástica -la Guerra de Sucesión-  y que había culminado en los albores del siglo XX tras dos siglos nefastos. Siglos en los que España perdió su esencia, pasando a ser una colonia de Francia durante todo el siglo XVIII (en virtud de los «Pactos de Familia») para luego desangrarse en el XIX. Primero con la Guerra de la Independencia -también por cierto responsabilidad de la Dinastía- y posteriormente por el cáncer de las tres Guerras Carlistas, cuya metástasis condujo a la Guerra de Liberación, que muchos historiadores consideran una cuarta guerra Carlista. Periodo de doscientos años en los cuales España había pasado de ser un imperio «donde no se ponía el sol» a ser un «ocaso permanente».  Del que lo había redimido precisamente el régimen de Franco. Y representaba la esperanza en un nuevo amanecer.

Primera página de la Constitución de 1978

Primera página de la constitución de 1978

Ya se ha hecho referencia a la Ley Para la Reforma Política calificándola de estafa, y explicando el porqué. Ahora veamos someramente la razón de asimilar la Constitución de 1978 con «el huevo de la serpiente». Porque en su interior, con dolo manifiesto, estaban presentes potencialmente los peligros que ahora arrostramos. Cuando en la Carta Magna, en su artículo 4-1 se define la bandera de España, se hace referencia únicamente a sus colores, pero no al escudo. No fue un olvido. Pues aunque en la primera página de la Constitución figura el escudo de la España Una, Grande y Libre, se obvió su presencia en el texto legal, con la intención oculta de cambiarlo en cuanto fuera posible. Eran los «pactos secretos de la Transacción« urdidos por auténticos trileros de la política a espaldas del pueblo español. Sabedores de que si se hubiera propuesto la supresión de tal escudo de la bandera -no digamos su persecución como actualmente se hace- la votación del texto constitucional hubiera recibido un rotundo NO al evidenciarse de que no se trataba de la reforma política que había aprobado el pueblo español en referéndum -con la finalidad de armonizar la democracia orgánica del anterior Régimen con las democracias occidentales- sino que el «consenso constitucional» encubría una artera ruptura.

Igual puede decirse de otro ponzoñoso «huevo de serpiente» introducido nada menos que en el Art. 2 del Título Preliminar; cuando consagra el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones. No hace falta ser muy inteligente para entender que, si unos españoles pertenecen a una «Nacionalidad»  y otros a una «Región», lo dispuesto en el Art. 14 del capítulo segundo de la CE «Los españoles son iguales ante la ley» es papel mojado. Una contradicción en sus propios términos. O por decirlo en términos coloquiales, una «milonga». Pero además, por si fueran pocas las bombas de relojería que introduce la Constitución en la santabárbara del Sistema, por debilidad, estulticia y cobardía se ha ido permitiendo que sistemáticamente las comunidades hayan ido desbordando el cauce constitucional. Cabe pensar si el sistema electoral que lo ha propiciado, al precisarse del apoyo de las minorías para poder gobernar, es consecuencia de la incompetencia de los Padres de la Constitución. O se trata de una calculada táctica para alcanzar los objetivos fijados en los «pactos ocultos».

Y hagamos referencia a una última consideración: Si la Constitución hubiera permitido que cada autonomía y/o nacionalidad tuviera su propio ejército, estaríamos ya como en la edad media, con enfrentamientos por la delimitación de fronteras, los derechos de paso, o el aprovechamiento de las aguas en los ríos compartidos. El «Estado de las Autonomías» haría tiempo que sería un trasunto de las Repúblicas Balcánicas con sus sangrientos contenciosos. Algo que puede suceder a largo o medio plazo si no se embrida a tiempo el dislate de las Autonomías. Pero prestemos atención a un hecho inquietante: La Constitución no permite los «ejércitos autonómicos» (de hecho el Art. 8 es lo único sólido de la Carta Magna, y por ello la obsesión en desnaturalizarlo) pero ha dejado la enseñanza en manos de las «Comunidades» y «Nacionalidades»

Resulta evidente que en un régimen democrático, donde la fuerza de las armas está sustituida por la fuerza de los votos, es cuestión de tiempo (una generación más, según lo ha estimado  «la gogó del Llobregat») que de forma democrática se consiga alterar la estructura del Estado. Máxime cuando este hace dejación de su autoridad, obviando el cumplimiento de las misiones que corresponden a la Alta Inspección del Estado en materia de enseñanza.

Aunque obviamente no voy a secundar la iniciativa de la valiente Rosa Díez y su Unión 78, de corazón le deseo mucho éxito. Pero me permito recordarle que la resolución de un problema, y en mayor medida cuanto más grave es, necesita imperiosamente analizar su génesis y su evolución. Por ello, mientras busque solventar el problema de la Unidad de España en la Constitución de 1978 -que es origen del problema- el remedio, en caso de hallarlo, resultará forzosamente paliativo. Pues cerrará en falso la herida sobre una infección, que pronto volverá a supurar bajo la costra de la falsa cicatriz.

Es preciso pues ir al origen de la infección, saneando primero la herida, como paso previo para acometer luego la Transición a la Democracia que debió hacerse y no se hizo. Para ello se debe empezar exigiendo que, mediante otro simple Real Decreto (como se hizo para eliminar de la bandera de España el escudo del águila de San Juan mediante el RD 2964/1981 de 5 de octubre) se restituya sobre la bandera del Art. 4-1 de la CE el escudo que figura en su primera página. Recuperando así una bandera que fue «constitucional» durante tres años (desde el 6/12/1978 al 5/10/1981) y cuyo escudo sigue figurando en la primera página de la Constitución. Aunque de forma torticera se esté sustituyendo en las imágenes de la primera página de la Constitución, que aparecen en los medios de comunicación social, por el escudo que fija el RD 2964/1981. Mientras  que el verdadero escudo con el águila de San Juan, que ennoblece la primera página de la Carta Magna, es perseguido con inaudita saña.

Otra muestra de una descomunal estafa. La torticera manipulación del escudo que aparece en la primera página de la Constitución de 1978 (Ley de leyes) por el que establece un simple Real Decreto de rango inferior

Otra muestra de una descomunal estafa. La torticera manipulación del escudo que aparece en la primera página de la Constitución de 1978 (Ley de leyes) por el que establece un simple Real Decreto de rango inferior

No debemos olvidar además que el escudo de la España Una, Grande y Libre representó también la legalidad de la Constitución de 1966 refrendada por el pueblo español y reconocida por toda la comunidad internacional. Una legalidad que es  matriz de la actual. Puesto que la transformación se hizo «de la ley a la ley».

Y esta restitución de la bandera con el águila de San Juan que se propone, es de  la mayor importancia -importancia esencial, cabría decirse- porque solamente restituyendo una bandera que en su escudo proclama inequívocamente que España es UNA GRANDE y LIBRE, adquiere la fuerza necesaria la vigente Carta Magna. Tanto al proclamar que «La Constitución se fundamenta en las indisoluble UNIDAD de la Nación española» en su Art. 2   como cuando establece en el Art. 1-2 que la soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado al ser la LIBERTAD la esencia de esa soberanía que proclama la CE.

Y finalmente teniendo presente que el adjetivo GRANDE proclama la GRANDEZA de una historia compartida.

Realmente la Constitución de 1978 ha sido abolida, de hecho, por la infame ley 52/2007 “de la revancha histórica” que entró en vigor, sancionada de su real mano, por S.M. Juan Carlos I. En un inaudito suicidio institucional de la Corona.

Pues al declarar fuera de la ley el Régimen surgido el 1º de Abril de 1939, y el símbolo que lo representaba, se ilegalizaba no solamente el Régimen de Franco, la Transición y la Corona, sino también la propia Constitución de 1978. Estableciendo de facto que la legalidad actual solamente puede radicar en el Régimen surgido merced al golpe de estado del 14 de abril de 1931.

Efectivamente, al poner fuera de la ley el “franquismo” se está aboliendo también la ley franquista de 20 de diciembre de 1938, mediante la que se derogaba el Decreto de las Cortes Constituyentes de la Segunda República, de 26 de noviembre de 1931 firmado por Manuel Azaña. Que así recuperaba todo su vigor como norma vigente.

Porque en el citado decreto de la Cortes Constituyentes de la República, se establece que el Rey Alfonso XIII queda privado de paz jurídica, pudiendo ser detenido por cualquier español si penetrase en territorio nacional. Y también lo declaraba degradado de todas sus dignidades, derechos y títulos, que no podrá ostentar legalmente. De los que se le declara decaído sin que pueda reivindicarlos jamás, para él ni para sus sucesores.

Este es el único, verdadero y oculto designio de la infame ley 52/2007. Un verdadero rejón con el que se pretende apuntillar a la Corona y a la España constitucional. Y que ahora se quiere “perfeccionar” con el nuevo proyecto de una “ley de memoria democrática”.  Con ella se pretende además, dar una nueva y definitiva vuelta de tuerca al garrote vil con el que se quiere ajusticiar, ochenta y cuatro años después, a Franco y al franquismo…. tras haber profanado ya su obra, su memoria y hasta su sepultura.

Por ello la más urgente iniciativa de quienes pretenden buscar la solución a los actuales problemas de España en la constitución de 1978 -como es el caso de Rosa Díez y su Unión 98- es promover la inmediata abolición de la infame ley 52/2007 y la restitución de la verdadera bandera constitucional de España, que amparó la legalidad del proceso constituyente y representó esa legalidad durante tres años.

Una Bandera perfectamente Constitucional. Sobre los colores definidos en la Carta Magna, el escudo de su primera página

Legalidad Constitucional de 1978, que resultó “tocada del ala” con la entrada en vigor del RD. 2964/1981 de 5 de octubre por el que se modificó el escudo de la bandera. Y ha sido definitivamente abatida por la iconoclasta y cainita ley 52/2007 de la revancha histórica.

Bandera actual o vigente, en la que se modificó, mediante un simple real decreto (RD 2964/1981 de 5 de octubre, que puede revertirse fácilmente con otro RD) la bandera de España que representaba la legalidad institucional que alumbró la Constitución de 1978. Y que por ser la propia bandera de la Constitución durante tres años sigue ennobleciendo su primera página.

Una consideración final.

Al haber demolido los sólidos cimientos sobre los que debería descansar el actual régimen constitucional, se ha edificado sobre arenas movedizas. Que ahora amenazan con la ruina del edificio. Así pues, la imprescindible y urgente tarea de consolidarlo, pasa necesariamente por volver a ese terreno firme, a esos cimientos sólidos, que por imprudencia, estulticia o maldad, fueron demolidos. Y sobre esos cimientos, con la lección aprendida, edificar ex novo, en una nueva Transición a la Democracia, un robusto edificio que imperiosamente, y como primera medida, deberá recuperar los que debieron ser tres pilares inamovibles. Porque garantizaban la solidez del Estado.

Pilares que precisamente por ello figuraban en el escudo de su bandera, proclamando que España era Una, Grande y Libre.

De no hacerse así, de seguir buscando la quimera  de una  «solución constitucional» a un problema que es sistémico de la propia Constitución de 1978, tendremos que seguir diciendo, al parafrasear la copla de Emilio José  en relación con España y su Carta Magna:

Ni contigo ni sin ti, tus males España tienen remedio.

Y tampoco estará de más el romance:

Rey Don Sancho, Rey don Sancho…. no dirás que no te aviso.

EPÍLOGO

Una vez establecido que la actual Constitución de 1978 es, nos guste o no, legalidad vigente -y por ello se hace necesario acatarla- conviene no obstante meditar sobre las posibles soluciones para poder, dentro de ella, subsanar sus efectos más nefastos.

Cierto es que la solución ideal sería una reforma en profundidad, para llegar en una nueva “Transición” a una verdadera democracia. Sin la hipoteca de los acuerdos ocultos que la alumbraron en 1978. Y esto es de la mayor importancia, porque los enemigos de esta Constitución -porque lo son de España, no para enmendar sus yerros- pretenden cambiarla mediante un nuevo proceso constituyente encubierto. Y en tal caso deberían encontrarse con que iniciada la “operación clandestina” se les fuera de las manos. Y en lugar del objetivo que buscan, que es la destrucción de España, tuvieran justo el efecto contrario. El afianzamiento de  su unidad intangible.

Desde luego que la reforma ideal sería iniciar ex-novo una nueva Transición. Sin hipotecas ni pactos ocultos… y con la lección aprendida.

Pero ante la gran dificultad que entrañaría este proceso, lo que sí puede y debe hacerse es adoptar medidas tendentes a corregir los excesos que se han cometido. Exigir el cumplimento de la Constitución en todo aquello en que se la ha vulnerado desbordando el cauce constitucional.

Sería prolijo hacer referencia a todas las medidas que sería preciso adoptar, pero veamos algunas de ellas.

Recuperar las competencias del Estado que nunca debieron transferirse a las Comunidades. La educación, la justicia, la enseñanza, el orden público, la sanidad etc.

Exigir que la bandera de España esté presente en todos los organismos oficiales, nacionales, autonómicos y locales.

Levantar la “suspensión” del Servicio Militar. Teniendo en cuenta que el término “suspender” fue otra “trampa” para incumplir el artículo 30 de la Constitución. Por supuesto que el nuevo Servicio Militar debería sufrir modificaciones en tiempo y forma, pero nunca suprimirlo, como de Facto se ha hecho.

Eliminar de raíz las “embajadas” de las Comunidades autonómicas, competencia exclusiva del Estado según el artículo 149 de la CE

De la mayor importancia es el “embridar” el dislate autonómico que ha dado lugar al Estado de la Taifomanías. Debe tenerse en cuenta que la descentralización administrativa es oportuna para acercar la administración al ciudadano, pero esa función la cumplen las Diputaciones Provinciales, instituciones a la que corresponde el órgano de gobierno y la administración de las provincias en las que existen (no las hay en todas). Mientras que la Autonomías suponen la descentralización política -y por ello contraria de facto a la unidad nacional- creándose un nuevo centralismo autonómico que ahoga al ciudadano con nuevas cargas impositivas. Así pues, debería irse recortando el poder autonómico, al tiempo que se fomenta el desarrollo del municipal y el de las Diputaciones Provinciales. Al tiempo que se desvinculan progresivamente de la Administración Autonómica.

Y finalmente, la medida más importante, hasta el punto de ser esencial para evitar que siga el proceso de desmembración de España, es que la Enseña Nacional volviera a ser la que estaba vigente al redactarse la Constitución de 1978 y que por ello su escudo figura en la primera página.

Esta medida además de ser esencial, es la más fácil de implementar. Pues puede hacerse mediante un simple Real Decreto -como se hizo para cambiarla por la actual- sin necesidad de ninguna modificación constitucional.

Podrían citarse más medidas, con las que sin prisa pero sin pausa, el Estado pudiera ir recuperar competencias que nuca debió ceder.  De esta forma se podrían ir corrigiendo, dentro de la vigente Constitución, las distorsiones que amenazan la propia existencia de España como Nación.

Condenada de otra forma a que finalice siendo una Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas cuyo final, no muy lejano, sería el mismo que el de las Repúblicas Balcánicas. Incluidos sus sangrientos contenciosos.


9 respuestas a «Ni contigo, ni sin ti, mis males tienen remedio…»

  1. A la muerte del Caudillo SM el Rey tuvo en sus manos la transición , una transicion que debia ir del regimen de Franco al regimen monárquico y que contaba con la adhesion y en entusiasmo de los llamados poderes facticos (economia, Ejercito y fuerzas politicas) y la tranquila postura de millones de españolesa a los que se les dijo que el régimen de Franco evolucionaría hacia una democracia al estilo europeo, pero eso si, guardando todo lo bueno que el Rey heredaba del régimen del 18 de Julio, entre los que se contaban la unidad nacional y la tranquilidad social, amen de una economía pujante y un impulso general espectacular.
    Los españoles votaron la transición porque desde el poder se les dijo qu lo que en aquellas fechas se iniciaba era la evolución del régimen y que el resultado seria satisfactorio para todos, dado que quienes lo propulsaban eran los herederos de Franco, el Rey y las instituciones,nadie ,excepto los que sabían de historia y sobre todo los qu leyeron las propuestas de cambio, sospecharon que el Rey llevaría desde el primer momento a España hacia las propuestas políticas que en España se llamaron «contubernio de Munich» y que entrañaban la vuelta de todos los vicios y males que aquejaron a España en el siglo XIX y la primera mitad del XX.
    En la actualidad el régimen salido del cambio ha sido derribado por lo que buscaron dicho cambio, por los llamados demócratas avanzados y autonomistas, virus este que ha destruido España y que, injertado en la Constitucion del 78 la hacia inviable y el resultado esta a la vista bandazos detructores de la nacion que, en nombre el avejentado «antifascismo» de despues del año 1945 ha roto la continuidad nacional y lleva a la patria de todos los españoles hacia el nuevo «paraiso socialista», a esa nueva formula de comunismo que, entre platanos, mugre y gritos a favor de la «famelica legion» ha destruido sudamerica.
    La Constitución es la ley en la que se basa la España actual y ese es el motivo por el que España agoniza en manos de esa clase social nueva y fraudulenta llamada «clase política» compuesta de la mas torpe, necia, demente, ladrona y mugrienta que la sociedad da y de la que solo se puede esperar daños y destrucción.
    La Constitución que ha amparado la destrucción nacional ya ha cumplido sus cometido y ahora, una vez rota su unidad y disuelta su identidad en otras mas pequeñas y estúpidas, solo queda resolver como darle muerte de forma rápida, cosa que buscan hacer desde el poder las formaciones políticas que deberían velar por la integridad nacional y que solo buscan como reajustarse a lo que viene para seguir en el machito.
    De manera que, efectivamente, tiene toda la razón Lorenzo Fernandez Navarro cuando afirma, refiriéndose la Constitucion, que contigo ni sin ti tienen mis males remedio.

  2. Hablar de «guerras carlistas» no deja de ser un eufemismo. Lo propio y lo adecuado sería hablar de «guerras liberales», pues si bien el motivo de las mismas inicialmente fue la cuestión dinástica, lo cierto es que pronto adquirió un corpus filosófico fundamentado en la Tradición hispánica que el liberalismo había roto.

    Y es que en términos históricos y de prioridad legalista, en España no ha habido ningún régimen y, en consecuencia, legislación constitucional alguna que haya sido legítima desde el acto nulo de derecho y por tanto imposición absolutista de Fernando VII, al inventarse que su padre el rey don Carlos había derogado en las Cortes de septiembre de 1789 en Aranjuez, el Auto Acordado de 10 de mayo de 1713, conocido como ley sálica.

    En modo alguno se produjo tal derogación, sino que en la cédula real de 15 de julio de 1805, queda incorporado en la Novísima Recopilación de Autos Acordados de 1805 queda recogido como «Ley 5° del Titulo I del Libro III»

    Y qué, tal como se dice en dicha cédula:

    «Por la cual os mando a todos y a cada uno de vos en vuestras respectivos lugares, distritos y jurisdicciones, veáis mi real decreto inserto, y lo guardéis, cumpláis y ejecuteis, y hagáis guardar, cumplir y ejecutar en lo que os corresponda, según y como en el se contiene, sin permitir su contravención en manera alguna: que así es mi voluntad.» Firmado Carlos IV, Rey.

    Sin embargo, su hijo Fernando manda a publicar a 29 de marzo de 1830 la:

    «Pragmática Sanción con fuerza de ley decretada por el Señor don Carlos IV a petición de las Cortes de 1789 y mandada publicar por S. M. reinante.»

    Lo que está a todas luces constituye un acto nulo de Derecho, y de pura falsedad.

    Desde ese mismo instante en España no ha habido ningún solo régimen legal, ya que toda la historia de cómo tendría que haber sido en cumplimiento de las leyes españolas habría sido totalmente diferente.
    Se podrá argumentar todo lo que se quiera, se podrán esgrimir todas las razones que se consideren oportunas, pero el hecho histórico objetivo es el que es. Y el colmo del cinismo político del liberalismo lo encontramos en los artículos relativos a la Corona en el propio texto constitucional vigente, en el que se reproduce literalmente el Auto Acordado de 1713.

  3. Por mucho que se empeñe la izquierda actual española, esta opción no tuene cabida en España. Los españoles vivimos durante un porrón de años en paz y tranquilidad debido a esa «dictadura férrea» que nos gobernó y ahora, sin seguir estando de acuerdo entre ellos mismos, no saben lo que quieren, aunque, por lo que se ve, lo quieren todo, pero todo lo malo, todo lo que nos lleva al degüéllo, y ellos mismos, no están ni contentos con lo que quieren que no saben ni lo que les va bien, a excepción de lo que tienen los demás. Nos sobra el izquierdismo tan cuel que nos quieren implantar

  4. En el mundo actual han sucedido hechos que dejan bien clara la catadura intelectual y moral de los seres humanos, prácticamente de todos. Comparado con ello los hechos particulares, p. e. la Constitución Española, no son más que anécdotas, pero que están perfectamente explicadas por lo ahora ya, definitivamente, demostrado.

    ¿Alguien espera algo del ser humano? Vamos a ver, que puedes esperar de un ser que se auto encarcela, que inmola su personalidad y salud con máscaras, que se inyectan venenos solo con que se lo ordenen, que traiciona a su familia o amigos, que por orden le repugnan los otros seres humanos, etc. De este ser no puedes esperar nada, solo su autodestrucción total en breve plazo.
    Y no es por engaño; solo son/somos zombies con un nivel de vida que en absoluto se merecen y que por supuesto se va a perder, con mucha justicia.

    Si alguien espera que esta especie cumpla alguna acción positiva en el mundo, que espere sentado.

    1. Chapó !!! JL
      … visto lo visto, lo mejor son 17 bombas nucleares, estratégicamente bien colocadas
      lo que obligatoriamente nos obliga
      ( valga la redundancia ) a descartar al ejército “nacional”
      para llevar a cabo la demolición
      … … … es que no sé 🤷‍♂️ cómo definir a las FFAA españolas, quizás infantilismo como también al resto de la nación ellos salen a divertirse por ahí al extranjero de maniobras a pegar tiros y los españoles además de pagarles,
      le aplauden entusiasmados sobre todo el día de la cabra.
      Estos del ejército me recuerdan
      a los obispos cardenales científicos etc etc que una vez que se retiran y aseguran sus pensiones comienzan a patalear escribir a dar conferencias o sea
      payasos en su salsa ( nuestro circo ) lo dicho … una demolición
      y esperar que se salven el resto de los animales y la naturaleza.
      SOBRAMOS

  5. Excelente artículo y comentarios, por lo que lo único que puedo añadir es la tan manida como típica y tópica, pero no por ello menos certera, coletilla que dice: «tenemos lo que merecemos». A disfrutarlo, borregos descerebrados, sumisos y miserables, y a los rebeldes irreductibles y recalcitrantes, mucho ánimo, mucha fuerza y un fuerte abrazo
    ¡ARRIBA ESPAÑA SIEMPRE!

  6. «Aquellos que puedan ver más allá de las sombras y mentiras de su cultura. Nunca serán entendidos, y mucho menos comprendidos por las masas.»

    «Nadie es más odiado, que aquel que dice la verdad»

    La quiebra del estado español es un hecho, por eso el presidente pronto anunciará elecciones anticipadas para abril, quien salga, que cargue con el muerto del gobierno Frankestein. Estamos en una encrucijada, someternos al transhumanismo o salirnos del euro y de toda su estafa colonialista, tecnocrática y partidocracia a su servicio. Sí, se pierde la oportunidad de reconquista de la soberanía y salud ciudadana, es una crónica de una muerte anunciada para España y la desgracia irreversible para todos sus ciudadanos.

    Saludos cordiales

  7. El escudo de la constitución del 78 (que estuvo vigente hasta 1.981, en que se cambió durante la presidencia de Leopoldo Calvo Sotelo a instancias del PSOE) fue el del águila de San Juan y muy similar al de la época de Franco, pero con características propias. El lema de «Una, Grande y Libre» no está en el cuello del águila, sino sobre ésta, y las columnas de hércules están bajo las alas en lugar de fuera de las alas. La representación de águila es distinta, etc. En realidad se parecen en un 95% por decirlo así, pero tienen ciertas diferencias.

    En efecto el escudo de la constitución del 78 (estuvo vigente de 1.977 a 1.981) fue el del águila de San Juan, basado directamente en el escudo de los Reyes Católicos, casi nada.

    Pero aunque la verdad sea la verdad, la diga Agamenón ó su porquero, a esta gentuza antiespañola la verdad no les interesa (literalmente), sino que usan la propaganda y la mentira para adelantar sus agendas diabólicas, mezquinas, antiespañolas y anticristianas.

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