84 aniversario de la Victoria: las negociaciones de paz

Col. Segismundo Casado

Durante los días que duró el «golpe del Col. Casado» mediante el cual, con el apoyo del socialistas Julián Besteiro y del anarquista Cipriano Mena, principalmente, el Col. Segismundo Casado logró hacerse con el poder de lo que quedaba de zona frentepopulista expulsando definitivamente a los comunistas, los incipientes contactos con los nacionales habían quedado momentáneamente interrumpidos la espera del resultado de dicho «golpe», bien que de todas formas aquellos primeros y tímidos contactos no habían ido por buen camino toda vez que los nacionales comenzaban a impacientarse e incluso a dudar de la buena fe y capacidad de Casado, pues las promesas hechas iban seguidas siempre de nuevas e inexplicables dilaciones (incluso cuando Casado consideró la posibilidad de ser derrotado por los comunistas, no tuvo reparos en acudir a los nacionales –a través del Gral. Manuel Matallana– para intentar que una acción ofensiva de su parte le salvara y diera la victoria, pretensión a la que Franco se negó rotundamente como es lógico).

Sin embargo, el 11 de Marzo, cuando Casado se vio dueño de la situación, cambió de opinión y encareció a Franco, vía agentes del S.I.P.M. nacional, que se abstuviera de llevar a cabo cualquier ataque con la promesa de estar dispuesto a llevar a cabo la entrega total de la zona frentepopulista; y es que liquidados los comunistas, no quedaba nadie en ella que no quisiera la firma de la paz de inmediato.

Sin embargo, algo iba a truncar las esperanzas de los nacionales que consideraban que eliminados los comunistas y con Casado dueño del poder ya nada le impedía proceder a la rendición inmediata. En contra de tal creencia, Casado, dominado por la euforia de su victoria, hizo pública una nota el 12 de Marzo en la que, puesto que nacionales y “republicanos” coincidían en su odio a los comunistas y puesto que todos eran españoles, no debía haber ningún impedimento para lograr “…la salvación de la República… una paz honrosa… la concordia… una solución armónica…”, en definitiva, una especie de borrón y cuenta nueva, de que aquí no había pasado nada, de que todo volviera al principio, es decir, al 17 de Julio de 1936, como si la guerra, sus causas y hechos nunca hubieran existido y todo hubiera sido una mala pesadilla de la que, al despertar, uno se olvida sin más. Y ello, aun en contra de las reiterada afirmaciones, que no desconocía el Coronel, de que ni Franco, ni con él toda la España nacional –y buena parte de la que permanecía aún a la espera en la roja–, estaban dispuesto a otra cosa que no fuera una rendición incondicional y la construcción de una nueva España bien distinta de aquella cuyos errores la habían llevado a tamaño desastre.

12 de Marzo de 1939.-

Besteiro leyendo el comunicado al inicio del golpe desde los sótanos del Ministerio de Hacienda en Madrid

El Consejo Nacional de Defensa del Col. Casado celebra una maratoniana reunión al objeto de clarificar posturas y adoptar una línea de actuación en relación con el único asunto que le competía que era finiquitar la guerra. Al término de la misma se emitió un comunicado en el que, tras un breve preámbulo, se dieron a conocer una serie de puntos para alcanzar un final pactado de la guerra:

«I. Afirmación categórica y terminante de la soberanía e integridad nacionales.

    1. Seguridad de que a los elementos civiles y militares que han tomado parte honrada y limpiamente por entusiasmo o ideal en esta lucha, tan dura y tan larga, se les tratará con el máximo respeto a sus personas e intereses.

(…)

III. Garantías de que no se ejercerán represalias y que no se impondrán sanciones, sino en virtud de sentencias dictadas por Tribunales competentes con toda clase de pruebas, incluso testificales.

    1. Respeto a la vida, libertad y empleo de los militares profesionales que no hayan cometido delitos comunes.
    2. Respeto a la vida y libertad de los militares de Milicias y comisarios políticos, que no hayan procedido criminalmente. Respeto a la vida y libertad de los funcionarios políticos en las mismas condiciones que los anteriores.

(…)

VII. Concesión de un plazo de veinticinco días para la expatriación de cuantas personas deseen abandonar España.

VIII. En la zona de litigio, no harán acto de presencia ni moros ni italianos.

    1. En el caso de ser aceptado este escrito, el Consejo Nacional de Defensa designa como representante al Consejero de Defensa y al General Jefe del Grupo de Ejércitos.

Madrid, 11 de marzo de 1939. Por el Consejo Nacional de Defensa El Consejero de Defensa SEGISMUNDO CASADO (Firmado y rubricado)»

Este mismo día, desde la Torre de Esteban Hambrán, el S.I.P.M. comunicaba al Cuartel General del Generalísimo en  Burgos “…Casado y Matallana están dispuestos a venir a zona nacional tan pronto se les diga día y hora…”; no hubo respuesta.

13 de Marzo.-

El S.I.P.M. vuelve a comunicar a Burgos Casado y Matallana dispuestos y entusiasmados ir a Burgos, sólo esperan día y hora…”. Pero Burgos sigue sin contestar.

14 de Marzo.-

Casado hace unas inoportunas declaraciones a la prensa en las que preguntado por la posibilidad de una inminente ofensiva general de los nacionales dice “…mientras no se haya logrado la finalidad esencial perseguida por el Consejo Nacional de Defensa, el Ejército republicano sabrá oponerse con gallardía a cualquier intento de los invasores…”.

15 de Marzo.-

No se registra novedad alguna por ninguna de las dos partes.

16 de Marzo.-

El S.I.P.M., apremiado por Casado, que se muestra nervioso ante el silencio de Burgos, vuelve a notificar “…Casado y Matallana esperan impacientes día y hora de viaje, Dicen tener todo ultimado…”.

Por fin, Franco contesta “…(en vista de sus declaraciones a la prensa) se reitera que la rendición debe ser sin condiciones… con el espíritu que se refleja en la manifestaciones expuestas no envíe a nadie, ateniéndose a las consecuencias…”.

17 de Marzo.-

No se registra novedad alguna por ninguna de las dos partes.

18 de Marzo.-

Col. José Ungría

El Col. José Ungría Jiménez, jefe del S.I.P.M., desde Burgos, envía un mensaje al Tte. Col. Bonel, jefe de la sección de la Torre de Estaban Hambrán, en el que le dice “…(en telegramas anteriores alguno de Febrero) han fijado única forma de entrega, o sea rendición sin condiciones, incompatible con negociación y presencia en zona nacional de mandos superiores enemigos. Para regular detalles materialidad entrega es suficiente venida de un jefe profesional con plenos poderes. Propaganda enemiga de radio y prensa acusa espíritu contrario a lo que ha de ser la rendición, despertando nuestro recelo. Prolongación negociaciones carece fin práctico, por no alterar lo más mínimo nuestros planes, cuya ejecución acarreará al Ejército enemigo catástrofe definitiva”. En otro se dirá “…No está dispuesta la España nacional a que se haga política a su costa…”.

A las 22,00 h., desde Unión Radio, emisora que Besteiro ha puesto a disposición del S.I.P.M., un miembro de éste notifica “Celebrada hoy entrevista Casado, nos ha dicho existe normalidad zona y juzga muy urgente, para bien de España, celebración entrevista a la mayor brevedad posible”.

A las 23,00 h., es Besteiro en persona quien radia a Burgos “…Estamos dispuestos a llevar a efecto negociaciones que nos aseguren una paz honrosa y al mismo tiempo puedan evitar estériles efusiones de sangre. Esperamos su decisión”.

19 de Marzo.-

Casado recibe a los agentes del S.I.P.M que le muestran la nota del Col. Ungría, tras lo cual, reúne al Consejo y se designa al Tte. Col. de EM Antonio Garijo Hernández y al Cte. de Caballería y de EM Leopoldo Ortega Nieto, ambos miembros de la sección de operaciones del Estado Mayor del G.E.R.C., como representantes del Consejo para viajar a Burgos.

Llega desde Valencia a Madrid el Gral. Miaja.

20 de Marzo.-

Casado redacta un memorándum, cuyo texto íntegro reproducimos:

«SEGUNDA PROPUESTA DEL CONSEJO NACIONAL DE DEFENSA PARA INICIAR LAS CONVERSACIONES DE GAMONAL (20 de marzo de 1939)

Por el Consejo Nacional de Defensa, el Consejero de Defensa SEGISMUNDO CASADO (Firmado y rubricado)

AL GOBIERNO NACIONALISTA:

El Consejo Nacional de Defensa acusa recibo al Gobierno Nacionalista de su contestación a la petición de paz formulada por el mismo. Cree, sin embargo, para la más rápida y humana liquidación de la guerra, hacer las declaraciones siguientes: El Consejo Nacional de Defensa parte del hecho real y concreto de que la guerra está ganada por el Gobierno Nacionalista; lo reconoce y acepta con todas sus consecuencias y a lo único que aspira es a evitar todo derramamiento estéril de sangre, a que la liquidación se haga con orden, a que puedan expatriarse aquellas personas que pudieran producir perturbaciones en esta zona y a tranquilizar a los que, por temor a las represalias, deseen marcharse y evitar así pueda repetirse el vergonzoso exilio de los españoles de la zona catalana.

Estima conveniente también hacer resaltar, no como mérito sino como realidad viva, que la batalla recientemente ganada al comunismo ha sido posible gracias al apoyo de otros elementos y organizaciones y al ambiente que en favor de la paz existe en nuestro pueblo. La defraudación de las esperanzas que todos han puesto en este Consejo, traería como consecuencia un resurgimiento del peligro comunista, al que tal vez se sumarían otros elementos que considerándose traicionados por nuestra acción, inspirada en la noble causa de la paz, originarían hechos sangrientos cuyo alcance y volumen se hace difícil calcular y que, no por nosotros, que estamos dispuestos a entregarnos y morir, sino por la población en general, estimamos deben a toda costa evitarse.

A esto fundamentalmente obedecía la petición del plácet para trasladarse a esa zona del Coronel Casado y el General Matallana, al deseo ferviente de informar con toda honradez y lealtad de la situación y problemas de esta zona y al de solicitar dentro del marco de las concesiones hechas por el Gobierno Nacionalista, las aclaraciones que en nombre de los que nos han ayudado en momentos tan difíciles estimábamos necesario conocer.

Con la confianza puesta en que estos deseos serán bien interpretados y con el de servir honradamente a España, esperamos y solicitamos contestación a este mensaje, en el que reiteramos una vez más nuestro afán sincero de acabar rápidamente la guerra.

Madrid, veinte de marzo de mil novecientos treinta y nueve.

ANEXO.-

Casado con el Gral. Miaja en Madrid durante aquellos momentos

TEMAS A TRATAR PRIMERO.- Los Jefes y Oficiales profesionales del Ejército y una cifra muy estimable del personal de Milicias, sin acuerdo previo, han rechazado toda influencia comunista en la dirección de la guerra, y mediante una labor inteligente absorbieron en sus filas a todos los partidos políticos y organizaciones sindicales, lo que ha permitido asfixiar el golpe de estado bolchevique que tenía como designio desplegar como epílogo de la guerra un régimen de terror, que de haber prosperado hubiera asolado esta zona. Si se hubiera retrasado cuarenta y ocho horas la formación del Consejo Nacional de Defensa, el Partido Comunista hubiera llegado al hecho consumado.

SEGUNDO.- No pretendemos imponer condiciones. Deseamos el bien de España y que la entrega de la zona se verifique en las mejores condiciones posibles, evitando derramamientos de sangre. Deseamos que por el Gobierno Nacionalista se den facilidades de evacuación para los hombres que estimen deben abandonada temporal o definitivamente. Si se accede a esta petición, la entrega se verificará en tales condiciones que no exista precedente en la historia y que será el asombro del mundo. El pueblo está en las mejores condiciones para que esta entrega sea una manifestación de cordialidad que permita la reconstrucción de España.

Si el Gobierno Nacionalista, por poderosas que sean las razones que le inspiran, no accede o facilita la evacuación de aquellas personas referidas anteriormente, honradamente tenemos que decide que no podemos responder de la reacción que pueda experimentarse por las organizaciones políticas y sindicales ante una situación de miedo físico de estos hombres que desean expatriarse. Probablemente, a pesar del prestigio y de la solvencia que con el pueblo tiene el Consejo de Defensa, se perdería el control con el grave riesgo de que pudieran producirse daños verdaderamente irreparables de orden material y espiritual, precisamente en aquellas personas o cosas más o menos ligadas al bando Nacionalista o simpatizantes con el mismo en todo tiempo y lugar.

Esto no «quiere decir que el Consejo Nacional de Defensa no trate, cualquiera que sean las circunstancias, de mantener a toda costa el orden público que considera para él cuestión de honor, interpretando el sentir general de la población de la zona y el suyo propio. Tenemos a disposición del Gobierno Nacionalista gran cantidad de Tesoro artístico dentro de la zona. Si por incomprensión por parte de todos de los graves momentos que atravesamos, se produjeran hechos de violencia por las gentes que se consideran acusadas o defraudadas, es posible que fuera destruido este Tesoro artístico.

El Consejo Nacional de Defensa no pide sino que ruega al Gobierno Nacional, que la Capital de la República no tenga ocasión de presenciar el desfile de fuerzas extranjeras, pues entendemos que su conducta heroica y abnegada se merece este honor, que agradecería de manera insospechada.

TERCERO.- Consideramos que sería conveniente realizar la entrega por zonas o teatros de operaciones, para que esta entrega acuse como característica fundamental la organización y el orden (véase Plan particular).

Desconocemos si el Gobierno Nacionalista tendrá resuelto el problema del abastecimiento de la población civil y tropa de la zona republicana, pero si no fuera así, el Consejo Nacional de Defensa se esforzaría en ayudar a resolver este grave problema. empleando para ello los víveres que ya tiene adquiridos en el extranjero y que podrían transportarse a esta zona con relativa facilidad. Advertimos esto por- que la zona republicana está totalmente esquilmada y, por lo tanto, necesita ser abastecida por importación tanto de harina como de legumbres y carne.

Los Jefes representantes de esta zona podrán exponer y facilitar cuantos datos necesite este Gobierno referentes a dicho problema. y puede también exponer un plan de entrega que, naturalmente, se verificará a virtud de las rectificaciones que ese Gobierno estime pertinentes.

CUARTO.-Aseguramos al Gobierno Nacionalista que este Consejo tomó la decisión firme de llegar al trato directo con sus compatriotas, dispuestos a rechazar cuantas sugerencias se le hicieron por potencias extranjeras.

Ahora bien, la evacuación a que antes se hace referencia nos plantea un problema de transportes. Francia accedería seguramente a recibir en Marsella y Orán refugiados españoles de esta zona en calidad de tránsito por un plazo de veinticinco o treinta días, siempre que se garantice al Gobierno francés la salida en el plazo fijado con destino a otros países. Por su parte Inglaterra seguramente facilitaría el transporte de los refugiados desde las costas francesas a los puntos de destino definitivos, pero para ello sería necesario el Plácet del Gobierno Nacionalista.

Por el Consejo Nacional de Defensa El Consejero de Defensa SEGISMUNDO CASADO (Firmado y rubricado)

El Consejo Nacional de Defensa se ocupa en estos momentos verdaderamente históricos de determinar y valorar sus créditos en Francia e Inglaterra, para salvarlos de la piratería del ex-Gobierno Negrín.

Madrid, veintiuno de Marzo de mil novecientos treinta y nueve. (Consejo Nacional de Defensa. Consejero de Defensa.)»

21 de Marzo.-

Nueva visita de los agentes del S.I.P.M. a Casado.

Por la tarde se celebraba otra larga reunión del Consejo en la que se decidía que los dos jefes que iban a viajar a Burgos lo harían sólo en calidad de delegados sin autoridad alguna para firmar ningún tipo de acuerdo, lo que competía siempre y en cualquier circunstancia sólo al Consejo. Su misión sería la de intentar conseguir de Franco un plazo de veinticinco días para que en ellos quienes así lo quisieran, especialmente dirigentes políticos y mandos militares, pudieran abandonar España. Además, el Consejo, por su parte, haría gestiones ante los Gobiernos de Francia e Inglaterra para pedirles su ayuda para la citada evacuación de los que decidieran exiliarse.

Durante todo el día, y siempre a través del S.I.P.M., se cruzan diversos mensajes con Burgos con el fin de concretar la forma en que los comisionados viajarían a dicha capital, surgiendo un problema cuando en el primero de ellos Casado dice que los mismos van “…con plan concesiones…”, a lo que Burgos pedirá varias aclaraciones, hasta conseguir que Casado, ya al anochecer, termine por explicitar sobre dichas palabras “…Consejo acepta la rendición sin condiciones generosidad Caudillo…”.

Es entonces, y sólo entonces, cuando Burgos contesta “Mando nacional accede venga avión Garijo Ortega fines señalados telegrama 27 Febrero y 18 actual (es decir, los referentes a “rendición sin condiciones”). Viaje deberá efectuarse Jueves 23, cruzando por Somosierra y en vuelo directo a tomar tierra en Gamonal, en Burgos entre las nueve y las doce horas”; dicho aeródromo –que existía ya antes de la guerra y que era de los denominados de «emergencia», estaba compuesto por un hangar, un pequeño barracón de madera que hacía de pabellón de oficiales y poco más, así como una pequeña pista de aterrizaje– estaba situado en las cercanías de la pequeña localidad de su mismo nombre, ubicada a tres kilómetros de Burgos, por la carretera que lleva a Miranda de Ebro.

23 de Marzo.-

Modelo DC-2 en la época

A las 10,30 h., despegaba de Barajas un DC-2 en el que viajaban, junto a Garijo y Ortega, el Col. Centaño del S.I.P.M. y dos miembros más de este servicio. Sobre las 11,00 h., llegan al aeródromo de Gamonal donde son primero recibidos a pie de avión por el jefe del mismo, el Tte. Juan Ignacio Pombo, que acompaña a todos al que se denominaba más que pomposamente “pabellón de Oficiales”.

A continuación entraban en él, saludando cortésmente, los Cte,s de Estado Mayor del Cuartel General del Generalísimo Carmelo Medrano Ezquerra y Eduardo Rodríguez Madariaga, que procedieron a identificar a Garijo y Ortega como realmente militares profesionales y comisionados del Consejo, para lo cual éstos mostraron sus respectivas acreditaciones, así como un documento elaborado por Casado en el que se les autorizaba a “…tratar la cuestión de la entrega de la zona a cargo del Consejo y plantear las diversas cuestiones relacionadas con la misma…”.

Tras lo anterior, entraron en la habitación los Col,s de Estado Mayor, también del Cuartel General del Generalísimo, Luis Gonzalo Victoria y José Ungría Jiménez, aquél del Arma de Aviación y éste jefe del S.I.P.M. Tras saludarse todos, y actuando como presidente por ser el más antiguo el Col. Gonzalo, dio comienzo la reunión, de la que para saber de lo allí ocurrido nada mejor que el acta íntegra de la misma:

«ACTA DE LA PRIMERA CONVERSACIÓN DE GAMONAL (23 de marzo de 1939)

Coronel de Estado Mayor D. LUIS GONZALO VICTORIA

Coronel Habilitado de Estado Mayor D. JOSÉ UNGRÍA JIMÉNEZ

Comandante de Estado Mayor D. CARMELO MEDRANO EZQUERRA

Comandante de Infantería del Servicio de Estado Mayor D. EDUARDO RODRÍGUEZ MADARIAGA

En Burgos a veintitrés de marzo de mil novecientos treinta y nueve -III Año Triunfal-, se personaron en el aeródromo militar de esta capital (Gamonal) los Jefes que al margen nominalmente se insertan, que forman parte de este Cuartel General, designados por S.E. el Generalísimo para recibir y oír a los comisionados del Ejército rojo, Jefes Profesionales, Garijo y Ortega, cuya llegada en avión ha sido autorizada para el día de hoy según telegrama cursado por nuestro Servicio de Información en veintiuno del actual (anexo núm. 1) para darles conocimiento de las modalidades que impone el Gobierno Nacional de Burgos para la entrega y rendición sin condiciones del Ejército rojo.

A las once horas aterrizó un aparato «Douglas», procedente de Barajas (Madrid). .En él llegaron los dos emisarios citados, acompañados de tres agentes del S.I.P.M., que habían sido los encargados de establecer relaciones entre el Servicio de Información Nacional y algunos miembros de la Junta Nacional de Defensa de Madrid.

Los emisarios fueron recibidos y acompañados desde el aparato por el Teniente de Aviación Sr. Pombo, Jefe del Aeródromo de Gamonal, el cual los trasladó a una habitación previamente preparada, donde iba a tener lugar la entrevista.

A esta habitación se trasladaron los Comandantes Medrano y Madariaga, miembros de esta Comisión, para la identificación de los emisarios, como lo hicieron a la vista de los documentos de que eran portadores (anexo núm. 2). Eran estos emisarios los titulados Teniente Coronel Don Antonio Garijo Hernández y el Comandante Don Leopoldo Ortega Nieto, procedentes el primero del Cuerpo de Estado Mayor y el segundo del Arma de Caballería y Diplomado de la Escuela Popular de Guerra.

Inmediatamente se avisó a los Coroneles Gonzalo y Ungría, los cuales se trasladaron donde estaban los emisarios y hechas las presentaciones, se procedió a tomar asiento alrededor de una mesa preparada al efecto, presidiendo el Coronel Sr. Gonzalo. Se les hizo saber por éste, que se les iba a dar a conocer y entregar una copia de las normas para la entrega del Ejército rojo y ocupación total del territorio aún en su poder.

El Teniente Coronel Garijo, a esta indicación, manifestó que traía un documento del Consejo de Defensa firmado por Casado, que entregaba en el acto (anexo 3), aunque una vez dado por enterado de aquella indicación, no tenía objeto, pues no se les ocultaba que venía en representación de un Ejército vencido, y en el documento citado se recogían algunas sugerencias que hacía el Consejo de Defensa, y también presenta juntamente con dicho documento otro que es un plan de entrega del Ejército y de la región no liberada por zonas, el cual por no responder a las normas que se le acababan de dictar consideraba carecía de interés, y no lo entregó.

El Teniente Coronel Garijo rogó, hecha la salvedad, de que quedaba descontada la victoria del Ejército Nacional y la rendición del Ejército rojo sin condiciones, unas pequeñas aclaraciones respecto al documento que en seis de febrero (sic) le fue transmitido por el Servicio de Información (anexo número 4) y en el que se trataba de la pauta a seguir por el Mando Nacional, en cuanto a los efectos de justicia se refería, para con aquellos que no hubieran cometido crímenes y depusieran sus armas. Dijo, que como ellos eran unos mandatarios y tendrían que contestar a cuantas preguntas les formulasen, como consecuencia de esta entrevista a los miembros de la Junta Nacional de Defensa, rogaba, si era posible, se les hicieran algunas aclaraciones respecto al texto del citado documento.

El Coronel Gonzalo le hizo saber los poderes que tenía y que se reducían exclusivamente a poner en conocimiento de los emisarios las normas para la ejecución de la rendición del Ejército enemigo:

«NORMAS DEL GENERALÍSIMO PARA LA RENDICIÓN DEL EJERCITO ENEMIGO Y OCUPACIÓN DE SU TERRITORIO

La tranquilidad y menor daño de España exige que la rendición de las tropas del Gobierno y zona que controla éste, se haga con la máxima rapidez y al mismo tiempo con la plena seguridad de nuestras fuerzas.

Al efecto se llevará a cabo en la forma siguiente:

    1. Día 25 de actual. – La aviación de guerra enemiga se incorporará en vuelo a los aeródromos que se designarán, llevando los aviones su armamento y equipo completo, pero sin municiones ni bombas.
    2. La rendición de las fuerzas enemigas se hará:

1° A la hora H. del día D. se disparará en todos los sectores del frente tres salvas de artillería (o cohetes en igual número, si no hubiera posibilidad de hacer la señal en la forma anterior).

A esta señal por cada Brigada en línea del frente enemigo saldrá un grupo de emisarios, compuesto de un jefe y cuatro oficiales, enarbolando bandera blanca, y se encaminará a nuestras líneas.

Estos emisarios serán conducidos ante los Jefes de sector y serán portadores de datos completos de la situación de sus fuerzas, que con antelación suficiente deberán estar dispuestas según se detalla a continuación.

2° Las fuerzas de primera línea se hallarán formadas por Brigadas, a cinco o seis kilómetros a retaguardia de sus puestos de combate, sin armas y separadas a unos 500 metros de las vías de penetración.

3° Las armas de estas Unidades (fusiles, ametralladoras, morteros), se concentrarán en edificios aislados cercanos a las líneas de penetración, debidamente custodiados.

Las fuerzas conservarán prendas de abrigo, plato, cubiertos, menaje de cocina y todos los elementos necesarios para la vida. Los furrieles y rancheros seguirán provisionalmente ejerciendo sus funciones.

4° Los emisarios informarán de los medios pasivos de defensa que tengan sus líneas, levantando con anticipación o inutilizando las minas, tanto ante las trincheras como en las obras de fábrica de las comunicaciones, o señalando los sitios donde no haya podido hacerse.

5° Inmediatamente saldrán de nuestro frente líneas de patrullas, a las que acompañarán los citados emisarios como guías. Con estas patrullas irán fuerzas de Zapadores para facilitar el avance (corte de alambradas, reparación de pasos, etc.). Estas patrullas rebasarán las líneas enemigas en toda su profundidad.

6° Los Jefes, oficiales y comisarios se reunirán con separación de sus tropas y lejos de ellas, en edificios aislados.

7° De las fuerzas de cada Brigada así dispuestas, se hará cargo una compañía del Ejército Nacional.

8° Los depósitos de víveres y formaciones sanitarias continuarán con su personal, que se pondrá en concepto de prisioneros a las órdenes del jefe de los correspondientes Servicios del Ejército Nacional, cuando se presenten.

9° En los casos particulares, cuando no sea conveniente la concentración de las fuerzas enemigas a retaguardia, se hará la entrega por avance de éstas, desarmadas y en hileras, por los lugares que se señalen, concentrándolas a distancias de cinco kilómetros aproximadamente detrás de nuestras líneas. Este caso es especialmente preceptivo para el frente de Madrid, entre el Cerro del Águila y Villaverde. Las fuerzas enemigas deberán llevar consigo elementos de abastecimiento para 48 horas.

III. Las fuerzas de reserva en segunda línea, harán su entrega en igual forma al llegar a su inmediación las patrullas nacionales, siempre seguidas éstas por los emisarios. Como se ha dicho, formarán por Brigadas fuera de los grandes poblados, sin armas Y separadas de sus jefes, oficiales y comisarios, y el armamento depositado en edificios aislados.

    1. Material de guerra.- Todo el material de guerra, aparte del armamento ya citado, se depositará igualmente, a ser posible, en locales cerrados próximos a las líneas de penetración.

      Material de transporte.- Se conservará afecto al servicio de prisioneros el material indispensable para los aprovisionamientos de víveres. El resto, correspondiente al transporte de artillería, municiones y otro específico de guerra, será aparcado en puntos determinados, donde se hará cargo de él, en depósito, un oficial del Servicio de Automovilismo de la División a cuyo cargo corra la custodia de los prisioneros.

    1. Zona de retaguardia.- En las localidades de retaguardia se recogerán por los Comandantes Militares las armas a las fuerzas que en ellas hubiera, reuniéndolas en local convenientemente seguro en las afueras de la población, y entregarán el mando a un militar retirado o prisionero, si existiesen, o en su defecto, una persona de carrera, marcadamente afecta a la Causa Nacional, manteniendo a sus órdenes los elementos armados precisos, a título de conservadores del orden público. Por dichas autoridades provisionales se dictarán bandos, advirtiendo de las graves sanciones que se impondrán por las Autoridades Nacionales si se llegasen a cometer actos de represalias o violencias.

      Se pondrán en libertad los prisioneros y detenidos políticos afectos a nuestra Causa.

      En todos los servicios de población (comunicaciones, abastecimientos, luz, etc.) ha de quedar el personal necesario para su funcionamiento y si por huida de responsables quedase alguno en peligro de interrupción, se mantendrá a toda costa, aun cuando sea a ritmo reducido.

    1. Vías de comunicación.- Los mandos militares del Ejército contrario tomarán las disposiciones convenientes para que toda carga o preparación de construcción en las líneas de comunicaciones de todas clases (carreteras, ferrocarriles, energía eléctrica) se levante, y dispondrán la protección conveniente para que nadie pueda llevadas a efecto, especialmente en los puentes principales por los alrededores de Madrid y de las comunicaciones que cruzan el Tajo hacia Levante y en general, las que de Andalucía conducen hacia el Este.

VII. Litoral mediterráneo.- Las autoridades de Madrid deberán concretar el grado de obediencia que les prestan las fuerzas que guarnecen las poblaciones de la costa, para así responden de su absoluto control, proceder a la ocupación rápida de Almería, Cartagena, Alicante y Valencia, lo que aceleraría la normalidad de la vida nacional. En este caso deben aquellas autoridades tener órdenes precisas para que a la presentación de nuestros barcos, salga un remolcador con prácticos y rehenes, presentándose a las Autoridades Nacionales que lleguen y haciendo entrega de las Plazas.

     Las fuerzas militares que en ellas hubiera, se concentrarán en las afueras, practicándose lo dicho anteriormente para las localidades del interior. (Se tiene noticia de que en Cartagena hay recogida una importante riqueza artística. Se pondrá la debida custodia para evitar su desaparición o deterioro).

VIII. Aviación.- Entregada la Aviación en nuestros campos, nuestras Unidades del Aire prepararán la ocupación de los campos contrarios, atemperándola a la marcha de las tropas, pudiendo enviar en avioneta o avión de transporte comisiones y jefes para hacerse cargo del material.

    1. Fábricas.- Tanto las de material de guerra como las de producción de otro carácter, continuarán sus trabajos sin parados ni interrumpidos, y en caso de que hubiera industrias colectivizadas, se deshará su organización, entregándolas a sus legítimos dueños o a técnicos de responsabilidad, si aquellos faltasen.
    2. Recuperación.- Todos los almacenes y depósitos han de quedar organizados, aparcados y custodiados hasta que se hagan cargo los Servicios correspondientes de Recuperación. Los elementos de transporte de orden civil, de poblaciones y abastecimiento de localidades que no pertenezcan al Ejército, quedarán en el mismo empleo y servicio que en el momento tuvieran, castigándose con todo rigor la incautación o requisa por cualquier clase de autoridades o individuos que no sean los que preceptivamente tengan encomendada esta misión.

        En Burgos, a veintitrés de marzo de mil novecientos treinta y nueve. Tercer Año Triunfal.»

Siempre dentro de la órbita del ruego, el Teniente Coronel Garijo hace algunas consideraciones respecto a la necesidad de aclarar aquellos extremos, ya que según palabras suyas «maneja un polvorín y no se trata de un mando que al igual que el nacional posee seguros resortes».

En el transcurso de la conversación, puso de manifiesto el efecto que había producido la reciente crónica de Justo Sevillano, que fue algo así como un «golpe de maza», ya que tanto la Junta Nacional de Defensa como la mayor parte de los que se encontraban en la otra zona, seguían con todo interés las emisiones de radio nacional.

Rogaba se hiciese llegar al Mando la conveniencia de suavizar la propaganda, por estimado conveniente para los fines que se persiguen. Igualmente hizo notar el desagradable efecto producido con motivo de los bombardeos sobre Valencia, donde el día anterior se habían hecho de cincuenta a sesenta víctimas. Este efecto era tanto mayor, cuanto que la gente al constituirse la Junta Nacional de Defensa de Madrid, había llegado a hacerse la idea de que la guerra había terminado y estas acciones guerreras producían esas desfavorables sorpresas. Cree el Teniente Coronel Garijo que si se desatara la ofensiva nacional pudiera ser catastrófica para la gente nuestra que está en la zona roja, e incluso para nuestro Gobierno, puesto que la gente tiene la idea de que la guerra había terminado y sería más difícil controlada dispuesta a nuestro favor para el mañana (claro que éste es el argumento que esgrimía este Jefe para justificar el documento que traía de la Junta Nacional de Defensa de Madrid, exponiendo cómo podría hacerse la ocupación por zonas, empleando un tiempo no menor a 20 días o un mes, y que asegurase las comunicaciones para que los dirigentes rojos tuvieran tiempo de trasladarse a los puertos de Levante y embarcar para el extranjero).

Preguntó si la norma quinta del citado documento del seis de febrero, se hacía extensiva a las personas civiles y militares. Si el crimen era definido por su concepto jurídico con arreglo a nuestros Códigos anteriores al diez y ocho de julio de mil novecientos treinta y seis. Si la responsabilidad se consideraba en el sentido individual o en el colectivo. Insiste con frecuencia, que la Junta Nacional de Defensa de Madrid no tiene interés en salvar a los criminales.

Al solicitar aclaración a la norma segunda, presentó algunos casos como el de Toledo, Santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, Cuartel de la Montaña. Como consecuencia de estas aclaraciones, respecto a la responsabilidad y normas de exigida, el Coronel Ungría hizo notar que la presencia de los profesionales en el Ejército, había dado consistencia a éste y habían permitido alargar la guerra; para justificar el Teniente Coronel Garijo la escasa actuación de estos profesionales, dijo «que creía que se había perdido por no haber dejado actuar a los profesionales, ya que no eran tenidas en cuenta las propuestas que hacían» (palabras que no se re- cogieron para ser contestadas en atención a la desventaja en que se encontraban los emisarios de la zona roja, con respecto a los de la nacional).

Consultó también si todos los Jefes, Oficiales y clases, soldados, etc., que depongan las armas se considerarán como presentados.

A la norma tercera rogó aclaración para el párrafo «en el de que podrían obtener salvoconductos para marchar al extranjero» si podría entenderse como condicional o podría ponerse desde luego la palabra «obtendrán».

Palacio de la Isla (Cuartel Gral. de Franco en Burgos)

Lo que verdaderamente defendieron con tenacidad fue lo relativo a la facilidad de pasaportes a los que quisieran irse fuera de España, y dijo que se trataba de gente que no tenía responsabilidad criminal que se encontraban influenciados por un miedo físico.

El número de personas que solicitaría ese pasaporte, según el Teniente Coronel Garijo, oscila de cuatro a cinco mil; sin embargo el Comandante Ortega rectificó diciendo que quizás esta cifra se elevaría a diez mil.

Con carácter confidencial mostró una nota de puño y letra de Casado, en la que se hacía constar que Francia tenía material español por valor de cuatro millones de pesetas que querían camuflar para que no regresara a España. Igualmente dijo que el Consejo Nacional de Defensa de Madrid tenía solicitada la extradición del Doctor Negrín por cargos que se le hacían de delitos comunes y pedía la ayuda en este asunto a la España Nacional.

Terminada esta primera parte, que pudiéramos llamar de aclaraciones a las concesiones benévolas que S.E. el Generalísimo había prometido a los que no tuvieran sus manos manchadas de sangre y depusieran las armas contribuyendo a evitar nuevas efusiones, entregó el Coronel Gonzalo al Teniente Coronel Garijo el documento referente a las normas para la ocupación total por nuestras tropas del territorio enemigo (anexo núm. 5)

Leídas éstas, el Teniente Coronel Garijo dijo que encontraba difícil llevar a cabo este plan, dada la psicología del Ejército enemigo, ya que no respondería posiblemente a sus órdenes ciertas unidades de matriz comunista.

Por otra parte estima muy perentorias las fechas de entrega de la Aviación en fecha veinticinco y la del resto del Ejército en fecha veintisiete, toda vez que la conferencia se estaba celebrando el día veintitrés. Que creía no dispondrían del tiempo material para poderla entregar, aunque sus propósitos estaban de acuerdo con lo propuesto. Insistió Garijo que la ocupación total del territorio y rendición del Ejército podría hacerse con arreglo al guión que traía, indicando las zonas y etapas a seguir. Se le dijo que aunque el fin era el mismo, el medio no, y que era preciso atenerse a las normas que por escrito se le daban. Dijo entonces que lo entregaría a la Junta Nacional de Defensa para que ella decidiera y pidió si era posible celebrar alguna nueva entrevista para dar cuenta del estudio de dichas normas.

Se le contestó que no se creía preciso una nueva entrevista, ya que al cumplimentar lo de la entrega de la Aviación el día veinticinco, en uno de los aparatos podrían venir en último extremo alguno de los dos emisarios para dar cuenta de lo que estimasen necesario y urgente.

Terminada la entrevista quedaron en el pabellón del aeródromo de Gamonal, donde se ordenó se les diera de comer, y los Coroneles Gonzalo y Ungría, con las notas tomadas por el Comandante Medra- no, se trasladaron al despacho de S.E. el Generalísimo para darle cuenta de la entrevista, que volvió a reanudarse a las cuatro de la tarde, limitándose exclusivamente a contestar a las preguntas que habían sido motivo de ruego o consulta, casi todas favorables en sentido de clemencia, saliendo poco después los emisarios de la zona roja en el mismo avión que les trajo y marchó con ellos uno de los agentes del S.I.P.M., quedando los otros dos en Burgos.

La impresión que se obtuvo de esta entrevista era de que necesitaban a toda costa que la guerra terminase, que reconocían de manera taxativa que la victoria era del Ejército Nacional y que estaban dispuestos a rendirse sin condiciones, pero que no podrían llevar a cabo las normas que se les entregó para la ocupación total del territorio y entrega del Ejército enemigo, por falta material de tiempo, así como por no «controlar a todas las Unidades», ya que pensaban proceder a licenciamientos y desarmes, antes de poder hacer la entrega, lo que representaba un plazo no menor de un mes, con lo cual disponían de tiempo suficiente para realizar lo que estimaban vital y que fue el eje de la entrevista, que era el poder conducir a puertos levantinos a todos aquellos que solicitaban pasaportes para salir fuera de España y cuya cifra era bastante elevada. Cumplida la misión que se confió por S.E: el Generalísimo a los Jefes relacionados al margen, se dio por terminada aquélla, de cuya realización es fiel reflejo esta acta que suscriben. LUIS GONZALO (Firmado y rubricado)»

Sobre las 17,00 h., partía de Gamonal el DC-2 llevando en su interior a los dos jefes rojos y a uno de los agentes del S.I.P.M., pues el Col. Centaño y el otro se quedaron en Burgos.

A las 22,00 h. se reunía el Consejo Nacional de Defensa en Madrid, presidido por el Gral. Miaja que se ha desplazado desde Valencia a los efectos, en la que Garijo y Ortega dan cuenta de lo sucedido en Gamonal, y en particular de que:

    • El término “crimen” seguía teniendo para los nacionales el mismo significado que antes del 18 de Julio.
    • En lo referente a los militares se distinguían los siguientes casos: los que no habían prestado servicio alguno a la causa roja aun estando en tal zona; los que los habían prestado voluntariamente, dentro de los cuales, a su vez, existía quienes habían cometido crímenes y quienes no; los que se limitaron a cumplir sus deberes profesionales, y los que eran culpables del asesinato de sus compañeros porque por congraciarse con la situación política del comienzo de la guerra habían hecho declaraciones o cometido actos contra esos compañeros; todo lo cual se analizaría, valoraría y tendría en cuenta.
    • Se aseguraba un salvoconducto a aquellos militares que tuvieran que cumplir con su deber hasta el último momento.
    • Se prefería que los miembros del Consejo se expatriaran.
    • Sobre las multas y confiscaciones que se decretaran sobre los bienes de los condenados, nunca serían de tal forma o cuantía que privaran a sus familiares de medios para vivir.
    • Que no habría acuerdo alguno por escrito, es decir, “…que no querían firmar nada por haber ganado la guerra totalmente… (y entender que cualquier documento escrito podría servir un día) de plataforma política de sectores que tratasen de disminuir el efecto de haber aquellos ganado la guerra por las armas…”

Después, Garijo y Ortega dejaron la reunión que continuaron los miembros del Consejo hasta las 5,00 h. ya del día 24, periodo en el que surgieron entre ellos diferencias sobre cómo proceder principalmente en relación a dos puntos: la firma o no de un documento de rendición, y la entrega de la Aviación y el Ejército, respectivamente, los días 25 y 27. Sería Besteiro quien concluiría para zanjar las discrepancias en las opiniones “…Si insistimos corremos el riesgo de romper las conversaciones… Lamentaría un fracaso por una cuestión de forma…”.

Para estos instantes, además, ya los miembros del Consejo sabían que las gestiones llevadas a cabo personalmente por Casado y Besteiro con los cónsules francés e inglés a fin de conseguir asilo para aquellos que optaran por exiliarse habían resultado infructuosas, toda vez que Paris sólo aceptaba acoger a unos 15.000 exiliados y eso sólo por un mes como paso intermedio para que marcharan a otro país, y Londres sólo estaba dispuesto a prestar algunos de sus buques para transportarlos a Marsella o a Orán, nunca a Inglaterra. Por último, solamente Méjico se prestaba a recibir a cuantos pudieran llegar hasta él. Es decir, que los planes de evacuación que venían intentando articular Casado, Matallana y otros dirigentes rojos quedaban truncados.

24 de Marzo.-

Gral. Manuel Matallana

Sobre las 18,00 h., se reúne de nuevo el Consejo asistiendo también el Gral. Matallana. En tal reunión el Col. Casado –de quien Zugazagoítia diría “¡En qué pesada carga se convirtió para Casado su victoria!”— expone al Consejo su opinión de no cejar en el empeño por conseguir una paz firmada, es decir, de seguir insistiendo para ver si, aunque fuera por aburrimiento, Franco cedía a algunas de sus pretensiones, pues en lo personal, todo hay que decirlo, seguía soñando con ser el artífice de aquel “hecho histórico” a que aludiera al comienzo de esta historia. Por ello, presentó al Consejo el texto de una carta personal que pretendía dirigir al Generalísimo con el siguiente texto:

«25-3-39  A S.E. el Generalísimo.

Excelencia:

Un deber de conciencia me impulsa a romper el protocolo y me dirijo a Su Excelencia abrumado por la responsabilidad que tengo sobre mí en estos momentos que juzgo decisivos para los destinos de España.

Sabe Su Excelencia que existe en esta Zona el anhelo de la paz. La necesidad urgente de asfixiar un golpe comunista que de haber triunfado hubiera desplegado un régimen de terror sin precedentes, y de otro lado el deseo de satisfacer los anhelos pacifistas del pueblo, me impulsaron a derribar a un Gobierno abigarrado con todos los vicios políticos imaginables.

Me aventuré a ofrecer lo que creía honradamente que podía conseguir: evacuación de responsabilizados, a cambio de hacer una entrega pacífica por la cordialidad y la garantía de no restar al Gobierno Nacionalista nada de lo que existe en esa zona.

Es posible que defraudadas las esperanzas, la asistencia que hasta hoy me presta el pueblo se convierta no más tarde de mañana en un odio muy acusador, por creerme traidor a sus deseos, dando la razón a los comunistas que mantenían la criminal consigna de resistir.

He tratado de servir a mi patria con la más absoluta dignidad y soñaba con que en plazo breve elevara su rango de manera notoria. Hoy sinceramente lo dudo, pues conocedor de esta zona me preocupa la reacción que pueda experimentarse y la posibilidad de que desahuciado el Consejo de Defensa, se creará un estado caótico que retrasará extraordinariamente la obra de reconstrucción de España. Ruego a S.E. disculpa para esta conducta quizás irreverente pero inspirada en el ferviente deseo de servir a España.

Respetuosamente saluda a Su Excelencia su atto. s. s. SEGISMUNDO CASADO (Firmado y rubricado)»

El Consejo, posiblemente porque con ella nada se perdía, autorizó su envío urgente, utilizándose para ello al Duque de Frías que, acompañado de otras personas, dotados de salvoconductos, cruzaron las líneas del frente por el Cerro de los Ángeles, llegando al cuartel general del Ejército Centro nacional, desde donde se radio el texto a Burgos.

Poco tuvo que esperar la respuesta el Consejo, puesto que sobre las 22,00 h. un mensaje del Cuartel General del Generalísimo notificaba que nada nuevo había en ella y por ello nada cambiaba.

Tras ello, resurge en el Consejo la disparidad de criterios sobre cómo proceder, insistiendo Casado en que entregar la Aviación, el día 25, era imposible, mientras que Matallana, Besteiro y algún otro insistían en que de nada valía ya intentar dar largas, siendo además peligroso, pues podía agotarse la paciencia del Caudillo.

Insistió entonces Casado en redactar un documento a fin de remitírselo a Franco, iniciativa que fue ampliamente rechazado por los demás debido a sus términos que se consideraron que podían muy bien provocar la inmediata ruptura de los contactos con los nacionales, obligando a Casado a corregirlo. En él, entre otras cosas menores, si bien no se solicitaba la firma de un documento de capitulación formal, sí al menos de uno en el que figurasen las concesiones que venía manifestando estar dispuesto a hacer el Generalísimo; también se aseguraba que la entrega de la zona roja sería “…en la forma que se acordara…”, si bien no se proponía nada al respecto.

25 de Marzo.-

El S.I.P.M. remite desde la Torre de Esteban Hambrán a Burgos, muy de madrugada, un mensaje en el que decía “Consejero Defensa ruega a S.E. el Generalísimo que Sábado 25 autorice llegada avión a Burgos, Garijo, Ortega, para asunto capitulación. Juzga importante la entrevista. Den radio muy urgente, indicando hora llegada de avión, consigna «España» si acepta, y «Madrid» si no acepta”. Franco aceptó y todo se dispuso como la anterior vez para una nueva reunión en el aeródromo de Gamonal esa misma mañana, pero debido a la mala meteorología el DC-2 no pudo despegar de Barajas hasta las 14:00 h., llegando a Gamonal sobre las 14:45 h.

Para saber lo que en ella sucedió nada mejor de nuevo que el acta de la misma:

«ACTA DE LA SEGUNDA CONVERSACIÓN DE GAMONAL (25 de marzo de 1939)

Coronel de Estado Mayor D. LUIS GONZALO VICTORIA

Coronel Habilitado de Estado Mayor D. JOSÉ UNGRÍA JIMÉNEZ

Comandante de Estado Mayor D. CARMELO MEDRANO EZQUERRA

Comandante de Infantería del Servicio de Estado Mayor D. EDUARDO RODRÍGUEZ MADARIAGA

En Burgos a veinticinco de marzo de mil novecientos treinta y nueve –III Año Triunfal- se personaron en el Aeródromo Militar de esta capital (Gamonal), los jefes que al margen nominalmente se insertan que forman parte de este Cuartel General designados por S.E. el Generalísimo para recibir nuevamente a los emisarios del Ejército rojo, cuya llegada ha sido autorizada por S.E. consecuente a petición hecha por Casado (anexo 1) con el fin de dar cuenta del resultado de las gestiones anteriores.

Los emisarios salieron a las 14 horas (hora de Madrid), es decir, con retraso, hasta tanto que recibieron la autorización para poder pasar por nuestro territorio, llegando aproximadamente a las 14,15 de nuestra hora oficial a Burgos.

Inmediatamente pasaron al mismo pabellón del aeródromo en que tuvo lugar la visita anterior.

Garijo dio cuenta a la comisión presidida por el Coronel Gonzalo de que a la llegada a Madrid el día veintitrés se reunió la Junta en Consejo a las veintidós horas, estando en sesión hasta las cinco horas del día siguiente, tratando de los distintos puntos de la entrevista anterior y estudiando las normas, cuya copia se les había dado para la ocupación total del territorio y entrega del Ejército enemigo.

(Se extendió en detalles pintorescos de la citada reunión: discursos con latiguillos, cafés, cigarros.)

Garijo hizo una pequeña exposición de la entrevista con los miembros del Consejo Nacional de Defensa de Madrid, a los que puso de relieve ‘la buena acogida de que habían sido objeto por nuestra parte.

Al preguntarle si la Aviación pensaba venir en la tarde de este día, mostró el mal estado del tiempo para poderlo realizar, así como el no tener en la mano a todos los aparatos, si bien hizo notar que el Jefe de las Fuerzas Aéreas, estaba dispuesto a ser él el primero que se entregase con el personal de su confianza, pero no respondía de los demás aparatos, por el temor de que las tripulaciones una vez en el aire se expatriasen. Desde luego el citado Jefe de las Fuerzas Aéreas se comprometía a dar todas las órdenes, pero creía que no podían llevarse a cabo en la fecha indicada por dificultades de orden técnico, teniendo en cuenta la serie de aparatos que tienen, «Super-Mosca, Mosca, Chato, Natacha, Katiuska», así como el despliegue de estas fuerzas, que precisaban hacer escala los aparatos, para llegar a los campos que se habían indicado para tomar tierra en nuestra zona. (Aun cuando efectivamente el estado del tiempo no era bueno en Burgos, sin embargo ellos, los emisarios, hicieron sin novedad el vuelo de ida y vuelta, y de todas las explicaciones aducidas se vislumbra que la razón verdadera estribaba en la imposibilidad del Mando rojo en responder que sus órdenes fuesen obedecidas.)

Hizo notar que todos estaban dispuestos a realizar los deseos de S.E. el Generalísimo y por entero a sus órdenes y rogaba, por haberlo así pedido el Coronel Casado, que las condiciones que tan benévolamente hacía S.E., en cuanto a responsabilidades, se tradujesen en un documento para darles un carácter oficial y suscrito por persona que designasen las Autoridades Nacionales.

Este documento no lo necesitaban los militares de la zona roja; era pedido por los políticos, ya que como conductores de masas, necesitaban darlo a conocer a su gente.

Dijo que el día veinticuatro por la tarde habían tenido una reunión los miembros del Consejo Nacional de defensa de Madrid, redactándose el documento copiado en el anexo número dos, que el Consejo pensaba haber dado por cifrado.

A este documento se opuso el «General Matallana» por creer que era contrario a las gestiones realizadas por Garijo y Ortega Nieto, en la entrevista anterior, y no respondía a lo tratado por éstos con las Autoridades Nacionales.

Hicieron ver al Coronel Casado a lo que se exponía con la redacción de este documento, que pudiera tener como consecuencia la ruptura de toda relación entre ambas zonas.

Ante tales argumentos dio Casado, como ampliación al anterior documento, otro igualmente suscrito por él (anexo número 3) y que con aquél entregan en este acto los emisarios. En uno y otro documento se elude el concretar la aceptación de las normas que se les dieron en la entrevista anterior y en el primero aún se insiste en la entrega por zonas y ritmo lento que propusieron anteriormente. Se hace en uno y otro hincapié, en que se extienda un documento de capitulación firmado por alguna Autoridad Nacional, pues consideran que tal documento les servirá de garantía para que el pueblo les siga ofreciendo su confianza incondicional. Dice el segundo documento, más a tono de sometimiento que el primero, que cumplido este requisito puede iniciarse la entrega con el acto simbólico de paso en vuelo a Zona Nacional de una parte del Material de Aviación, pero a toda costa tratan de llevarse un documento firmado, para seguramente explotarlo después como tratado o acuerdo de paz. Como prueba de las dificultades con que tropezaban para asegurar el paso completo de toda la Aviación enemiga a nuestros campos, nos da cuenta de que el día anterior (el 24) se produjo una deserción de tres aparatos de tipo «Dragón» que de Totana salieron con veinte personas.

Estos aparatos fueron puestos en marcha por amenazas de elementos comunistas al Jefe del aeródromo.

Insisten en sus buenos deseos de cumplir las normas, si bien hacen ver las dificultades con que tropiezan y dicen que los «Generales Matallana y Menéndez» y el Jefe de las Fuerzas Aéreas se entregarían personalmente en la zona Nacional como acto simbólico de la entrega, el día que se acuerde.

Se observa en el curso de la conversación que la lentitud en la entrega es función del temor de que una ocupación rápida por el Ejército Nacional impida la evacuación del importante número de gente que quiere irse al extranjero.

El Coronel Gonzalo dijo que se tomase nota de los puntos concretos expuestos por Garijo como consecuencia de sus conversación con el Coronel Casado y que eran:

a.- Asegurar la zona de la costa y comunicaciones que permita la evacuación de los que desean irse al extranjero.

b.- La voluntaria presentación de la Aviación con su Jefe el día veintiocho en los campos Nacionales.

c.- Hacer constar la promesa y la buena voluntad del Ejército enemigo, por la presentación de los Generales Matallana y Menéndez en nuestra zona.

d.- Lo referente a la celeridad y rapidez en el cumplimiento de las normas para la entrega y ocupación de la zona.

Rogaron los emisarios si se les permitía redactar los puntos que habían sido objetos de aclaración en el documento de seis de febrero y así se accedió; pero prolongándose la estancia de los emisarios más de lo que las circunstancias aconsejaban, debido al retraso gran- de con que hicieron su llegada, el Coronel Gonzalo se puso al habla por teléfono con el General de Estado Mayor del Cuartel General, explicándole a grandes rasgos el resultado de la entrevista, de la que no se deducía nada claro ni por lo hablado ni por los documentos entregados, que hubiera el propósito o por lo menos la posibilidad de cumplir las normas de entrega del Ejército que se les dio en la reunión anterior. A esto contestó el General de Estado Mayor que se cortase la reunión y salieran en vuelo, toda vez que aún tenían tiempo de regresar, puesto que lo único que se sacaba en consecuencia era su propósito de prolongar las conversaciones. Así se hizo comunicándoles verbalmente la inutilidad de proseguir y regresaron los emisarios por vía aérea.

LUIS GONZALO (Firmado y rubricado)»

Terminada así de forma un tanto abrupta la reunión, los emisarios del Consejo regresan a Madrid, donde, sobre las 21,30 h., se reunía el Consejo con carácter de urgencia, ante el que Garijo y Ortega dan cuenta de lo sucedido, prolongándose la reunión durante toda la noche.

26 de Marzo.-

Sobre las 2,40 h., se aprobaba enviar el siguiente mensaje a Burgos “Mañana Lunes se entregará Aviación. Rogamos fijen hora. Imposible hoy por servidumbres técnicas”; y cuarenta minutos después otro “Ampliamos radio anterior para manifestar que tal vez sea posible entregar Aviación tarde hoy. Caso así se comunicará oportunamente”. De la intención del Consejo con ambos mensajes dio claro testimonio el anarquista García Pradas: “El Consejo, aquel mismo día 26, dirigió a los fascistas dos comunicados engañosos, destinados a entretenerlos unas horas”.

Pero a estas alturas Franco no iba a caer en la trampa, por lo que al poco llegaban al Consejo noticias de actividad en el frente andaluz, concretamente en Peñarroya, donde ya se diera la última gran batalla de la guerra, trasmitiendo entonces el Consejo a Burgos, sobre las 8,00 h., el siguiente mensaje: “Este Consejo, que ha puesto de su parte todo lo humanamente posible en beneficio de la paz, con la asistencia incondicional del pueblo, reitera  a ese Gobierno que la reacción que pueda producir la ofensiva constituye su preocupación fundamental y espera que, para evitar daños irreparables producidos por la sorpresa, permita la evacuación de las personas responsabilizadas. De otro modo es deber ineludible del Consejo oponer resistencia al avance de las fuerzas”.

La respuesta de Burgos tampoco se hizo esperar en esta ocasión “Ante inminencia de movimiento de avance varios puntos de los frentes, en algunos de ellos imposible ya de aplazar, aconseja que fuerzas rojas en línea ante preparaciones de Artillería o aviación saquen bandera blanca, aprovechando la breve pausa que se hará, para enviar rehenes con igual bandera objetivo entregarse, utilizando en todo lo posible instrucciones dadas para entrega espontánea”.

Y ese mismos día el Caudillo ordenaba el inicio de la que denominó Ofensiva de la Victoria, que fue un autentico paseo militar porque no hubo por parte de los frentepopulistas resistencia alguna.


Una respuesta a «84 aniversario de la Victoria: las negociaciones de paz»

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