A Arcópoli se le ha visto el plumero

La asociación sodomítica Arcópolis fue la denunciante ante la Comunidad de Madrid de la supuesta homofobia del colegio Juan Pablo II cuyo director fue dura y vilmente multado. Dictada sentencia condenatoria contra dicha institución, Arcópolis pretende pasar desapercibida. No lo permitamos: ellos fueron los culpables, que aguanten ahora su vela.

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Por si no lo saben, Arcópoli es un grupito de sodomitas, de ambos sexos, por aquello de la  igualdad –bueno, y de otros «sexos» que surgen como champiñones de los que hasta ahora nadie sabía ni que existían–, dedicado a practicar y expandir la sodomía. Hasta aquí hoy por hoy todo legal; otra cosa sería analizar la legitimidad de tales prácticas y propósito y… el buen gusto; claro que dicen que el libro de los gustos está escrito en blanco.

Pero Arcópoli no se dedica sólo a eso, no; si fuera sólo a eso pues… Pero, no, no, Arcópolis es mucho más, es parte de esa red, de esa trama, de ese comisariado político-sexual, al más rancio estilo marxista-bolchevique-nazi-fascistoide –los extremos se tocan–, cuya misión, en realidad obsesión, es meter las napias, la zarpas y las pezuñas, en la vida de los demás escudriñando sus actos y palabras «políticamente incorrectas», no coincidentes con la «historia oficial» o con el régimen actual para… denunciarles, reprimirlos, corregirles, reeducarles y volverlos al «buen camino» o, en su defecto, anularles. George Orwell lo vio claro hace mucho y lo dejó escrito en «1984».

Como no podía ocurrir de otra forma, y por aquello de que dime de qué alardeas y te diré de qué careces, a Arcópoli, grupo vesánico donde los haya en esa siniestra labor que recuerda a gestapos y chequistas –los extremos se tocan–,relacionada con la facultad de sociología/políticas de la UCM dominada por podemitas desde que fuera rector el hijo de Carrillo «el carnicero de Paracuellos», se le ha visto el plumero, la pluma, el penacho, el copete y el pompón en varias ocasiones, bien que las dos últimas han sido de traca.

La primera: fueron los denunciantes del colegio Juan Pablo II, sobre el que cargaron con saña bujarrona por una carta que escribió su director hace dos años, en la que, según ellos, incurría en todos los delitos y faltas habidos y por haber contra el régimen por criticar la nueva legislación LGTBI… (¿cuántas letras han añadido últimamente?) del PP, de Cifuentes… y de los demás partidos, que en esto sí está toda la partitocracia corrupta y corruptora de acuerdo. Leída la carta estaba claro que para cualquier persona normal, en ella no sólo no se decía nada ni ilegal ni ilegítimo, sino todo lo contrario, o sea, que era un puro, honrado y lícito ejercicio de libertad de expresión democrática… pero… ¿qué les importa a los comisarios político-sexuales del sistema la libertad, la expresión y la democracia?.

La estrategia bujarrona de Arcópolis, en este caso, como en otros, fue la de siempre: liar el pollo, cacarear, proferir gritos, mostrarse histéricos, llamar la atención, acusar y pavonearse, haciendo alarde de democracia, talante, tolerancia, etcétera, que por ello es de lo que carecen, buscando amedrentar no sólo al director y al colegio en cuestión, sino también a la Comunidad de Madrid para que ejerciera la máxima represión posible sobre quien se atrevía a… disentir del régimen, o sea, de ellos; tanto es así que a dicha institución le faltó tiempo para imponer un severo castigo de 1.000€ al director; y aún otro peor al centro escolar que durante meses fue señalado, insultado, perseguido, expuesto a la vergüenza pública, etcétera; todo un calvario para profesores y alumnos.

Pero ¡hétenos aquí! que hace unos días se dictó sentencia firme por la cual el tribunal correspondiente ha dejado claro hasta la saciedad que el citado director y colegio no sólo no incurrieron en ilícito alguno, sino que fue la Comunidad de Madrid quien vulneró todos sus derechos democráticos, constitucionales, humanos y civilizados habidos y por haber.

Pero… ¿sólo la Comunidad de Madrid? No, claro, Arcópolis, de rebote, también, sí, Arcópolis también, porque fue el promotor del asunto, quien inició la campaña, el ataque, la persecución, el «chivatazo», la denuncia, el pollo, Arcópolis, la asociación sodomítica que forma parte de ese entramado puto y plumífero que se extiende cual mancha de aceite, lenta, pero constantemente.

¿Y por qué decimos que a Arcópoli se le ha visto el plumero, no sólo el sodomítico, sino el peor, el de comisario político-sexual del régimen? Porque a raíz de la sentencia Arcópolis nada ha dicho, se ha puesto de perfil, se quiere hacer olvidar, no ha dado la cara, no ha pedido disculpas ni perdón, escurre el bulto, calla, nada de nada, ni esta boca es mía, ni al colegio ni a su director, demostrando con ello su falacia, falsedad, falta de respeto y… su marcado carácter antidemocrático, intolerante, totalitario, dictatorial, absolutista, soviético-fascista, tiránico, inquisidor y factico que le caracteriza.

La segunda: ¿dónde está la protesta airada, el cacareo histérico y la denuncia contra la homofobia demostrada por la ministro Delgado al llamar MARICÓN a Grande-Marlasca…? No la ha habido ni la habrá.

Les ahorramos la visita a la web de Arcópoli porque apesta, nosotros lo hemos tenido que hacer por razón de este artículo, y nos ha salido urticaria, pero en ella no verán ni la más mínima referencia ni a un caso ni al otro.

Se puede ser sodomita, ellos y ellas, allá cada cual, pero lo que no se puede ser es un intolerante maricón, un totalitario bujarrón, un sarasa dictador, un inquisidor afeminado, un antidemocrático trolo, un desviado integral, un puto cacique o un déspota invertido; o sea, un soberano mierda.

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