A Pepe Montels: in memoriam

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Muy querido Pepe:

Ayer te fuiste, Pepe, para siempre. Ayer, Pepe, nos dejaste. No te puedes imaginar la pena que me embarga. Pero en honor a tu magnífica forma de ser, la aparco y tomo aire y ánimos para dedicarte estas pocas y humildes letras, aún a sabiendas de que no te harán justicia, pues tan grande fuiste. Al menos, eso sí, espero que los que no te conocieron, sepan de ti.

Pepe, fuiste:

  • Todo un caballero, de los pies a la cabeza, de cabo a rabo, de los que ya no quedan.
  • Un gran español y patriota cabal y leal que, gracias a Dios, aunque haya tenido que ser con tu marcha, no vas a ver la ruina de nuestra Patria que tanto quisiste y por la que tanto trabajaste dentro de tus posibilidades.
  • Inteligente, perspicaz, agudo y… humilde, sencillo, sin vanidad, que bien difícil es encontrar a alguien que compagine lo uno con lo otro.
  • Católico ejemplar… y como todos pecador de vez en vez y de cuando en cuando, por lo que ruego de todo corazón a Nuestro Señor que te haya acogido benigno a Su presencia.
  • Esposo entregado y paciente.
  • Padre bondadoso.
  • Compañero y amigo siempre ¿cuántos años, Pepe, treinta? Y amigo de los de verdad, de los que practican esa amistad tan sincera que no precisa de compromisos, de detallitos, ni de cumplidos, en definitiva de mariconadas.
  • Poeta, Pepe, qué gran poeta, tan grande de verdad que por ello no fuiste reconocido como tal… y, como tu decías «porque no soy rojo»; y qué razón tenías… pues que les den.
  • Escritor de libros magníficos y encantadores.

Y más, Pepe, mucho más, porque muchos son los secretos que te has llevado contigo a pesar de mi insistencia en que los dejaras escritos pero siempre decías que lo secreto, secreto está.

Los recuerdos se agolpan sin cesar, Pepe, pero sobre las mil y una anécdotas, y las toneladas de grandes momentos, Pepe, lo mejor de ti ha sido siempre tu alegría, tu inmenso y sublime sentido del humor, tu capacidad para levantar los ánimos, para quitar hierro a la cosas, para abrazar con tu gran sonrisa a cuantos te rodeaban o acudían a ti fueran amigos o enemigos –de éstos muy pocos tuviste porque era imposible– y tu habilidad, tu gran don, tu  carisma especial que te hizo único: ser capaz de decir las cosas a la cara y siempre quedar bien, porque, Pepe, las decías de una forma que… no se puede describir con palabras, pero así era.

Pepe, te fuiste ayer. Pero en realidad te quedas. Seguirás siendo un ejemplo. Te echaré de menos. Te recordaré siempre. Yo, al menos, no te olvidaré. Fuerte abrazo. Tu amigo que lo es y seguirá siendo.

Paco Bendala

P.D.- No borro tu teléfono, porque cualquier día de estos te mando un nuevo whatsapp, como siempre, para ver cómo estás.

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