¿A qué clase de «democracia» protege España en Lituania?

Desde hace años, y con la excusa de la amenaza rusa, que al parecer y por designio norteamericano lo es contra todo y contra todos, bien que nunca ha justificado tal aseveración, varios contingentes de nuestras Fuerzas Armadas se encuentran desplegados en los países bálticos (los tres miembros de la OTAN), los cuales, se nos dice, son modelo de democracia, libertad y demás vocablos tan manidos y desacreditados como veces los usan los de siempre.

Pues bien, veamos algo de uno de ellos, Lituania, como botón de muestra para asegurarnos de que realmente estamos haciendo lo correcto.

Lituania quedó bajo la bota soviética tras la Segunda Guerra Mundial, como los demás países del Este europeo, sólo gracias a la traición e intereses de los aliados occidentales que cedieron media Europa a Stalin. Durante aquel periodo sufrió como los demás la tiranía soviética por culpa, no tanto de la URSS, que también, por supuesto, sino de los Estados Unidos, el Reino Unido y Francia que la dejaron a los pies de los caballos soviéticos, porque de no hacerlo otro gallo le hubiera cantando.

Para 1990, cuando la URSS colapsaba a marchas forzadas, Lituania tenía una población de alrededor de cuatro millones de habitantes. Hoy, treinta años después, apenas supera los dos millones y medio, de los cuales una tercera parte se sume en la pobreza, mientras por el contrario se ha generado una clase elitista gracias a los beneficios por haberse apoderado de lo mejor de la propiedad pública de la época soviética, convirtiéndose además en foco y motor de una corrupción galopante. Todo ello acompañado del surgir de un nacionalismo radical, excluyente y agresivo que fomenta la animadversión contra la actual Rusia a la que considera hija directa de la URSS, sin darle oportunidad alguna a demostrar lo contrario.

Para aquel fundamental año de 1990, los EEUU habían puesto los ojos en Lituania, como en el resto de países del Este europeo –Ucrania entre ellos–, adelantándose a tomar posiciones para hacerse con su control, dando por seguro lo que era evidente e imparable, es decir, el citado colapso de la URSS, a fin de expandirse mediante la OTAN hacia la nueva Rusia emergente por la que los norteamericanos sienten desde siempre, desde antes de la URSS, un odio patológico porque saben que es el único país de Europa que puede hacerles sombra, y mucha, en tan importante continente.

Audrius Butkevičius

En el caso lituano, los EEUU, a fin de sustraer lo más rápidamente posible a Lituania de las garras soviéticas, impulsaron la creación del Sajūdis, un movimiento nacionalista que consiguió arrastrar a gran parte de la población, para lo cual poseían una pieza esencial que era Audrius Butkevičius al que habían amamantado en la Albert Einstein Institution de Boston. La jugada norteamericana era estimular el nacionalismo lituano, como hacían con los del resto de países del Este europeo, para acelerar la división de su enemigo, la URSS, en ese instante, así como debilitar en lo posible a la Rusia subsiguiente.

El Sajūdis ganó las elecciones de Febrero de 1990 y, siguiendo los consejos yanquis, proclamó de inmediato la independencia de la Unión Soviética en Marzo, bien que ante la tensión que ello creó y la existencia aún en suelo lituano de considerables efectivos militares soviéticos no la hizo efectiva, limitándose a prohibir el Partido Comunista lituano. Mientras simulaba negociar con Moscú para que su independencia fuera pactada, el gobierno de Vytautas Landsbergis, con la complicidad de Estados Unidos, organizaba grupos paramilitares a los que armaba.

En esos momentos Lituania era todavía, a todos los efectos, territorio soviético. El 13 de Enero de 1991 fuerzas policiales soviéticas acudieron a la torre de la televisión de Vilna para recuperar su control que estaba siendo tomada por manifestantes nacionalistas. Llegados allí los soldados del KGB, se vieron de repente bajo el fuego de tiradores ocultos situados en los alrededores, lo que provocó el inmediato caos, perdiendo la vida trece manifestantes. Como era de esperar, y estaba orquestado de antemano, de inmediato el gobierno lituano, Bush, Berlín, París, Londres y toda la prensa occidental sentenciaron que Moscú era el culpable de la matanza.

Pero la realidad era otra. En el año 2000, Audrius Butkevičius, jefe en 1991 de los grupos armados del Sąjūdis, reconoció públicamente que no fueron los soldados soviéticos quienes provocaron aquellas muertes, sino los grupos paramilitares que él comandaba, en las cuales había además algunos «mercenarios» (¿?); asimismo, se jactó de ello y justificó «ante la historia» los muertos porque sirvieron para conseguir la independencia de Lituania; que de todas formas no llegó hasta 1993. Audrius Butkevičius llegó a ministro de Defensa, a finales de los años 90 prosperó con la corrupción, pero fue detenido cuando cobraba un soborno en un hotel y encarcelado por corrupción, aunque salió airoso al reconocérsele que su detención no se había ajustado a derecho por ciertos defectos formales, sin que se volviera ni a seguir investigándole ni a hablar de su corrupción.

Algirdas Paleckis

Años después, Algirdas Paleckis, diplomático y periodista lituano que había dedicado ímprobos esfuerzos a investigar la matanza, probó sin lugar a dudas con testimonios irrefutables que la masacre había sido obra de los nacionalistas lituanos como por otra parte había afirmado Audrius Butkevičius. Y eso fue la perdición de Paleckis, porque en 2011, Paleckis, fue acusado de «negar la agresión soviética a Lituania», lo que allí es un delito, fue acosado por la policía, detenido y puesto en libertad más tarde sin cargos. En 2018, Paleckis fue detenido nuevamente, junto a otros ciudadanos lituanos, y encarcelado durante dos años sin condena alguna, acusado por el gobierno lituano de «espiar para Rusia». En Abril de 2020 fue puesto en libertad condicional, pero al año siguiente condenado a seis años de cárcel y sus recursos rechazados sistemáticamente por los tribunales lituanos.

La Oficina del Fiscal General lituano no tuvo reparo en acusar a Paleckis y a «un número no especificado de otros ciudadanos lituanos» de pasar información al FSB (servicios de inteligencia rusos) entre Febrero de 2017 y Octubre de 2018, al tiempo que la prensa lituana lanzaba contra él una feroz campaña de descrédito y la fiscalía declaraba que «las actividades de Paleckis son perjudiciales para Lituania». Por su parte, a dicha campaña se unió Radio Liberty, la emisora de la CIA, que en el verano de 2021 además de prorruso acusó a Paleckis de «oponerse a la OTAN» (¿?).

El gobierno lituano de los ultraconservadores Gitanas Nauseda e Ingrida Šimonytė sigue los pasos de los anteriores. En la actualidad, y en el paroxismo de la indecencia, pese a que Paleckis sigue encarcelado, Darius Jauniškis, director de la Seguridad del Estado y declarado pronorteamericano, le ha acusado de «actuar contra Lituania realizando actividades ilegales desde la prisión».

Como vemos, nuestras tropas en Lituania protegen la democracia y la libertad de… ¿quién? y… ¿contra qué amenaza?


2 respuestas a «¿A qué clase de «democracia» protege España en Lituania?»

  1. Viendo lo bien que el ejército del aire “ dibuja” nuestro espacio aéreo cada día, ver como la armada, escolta ( será por eso que no les queda tiempo para pensar en proteger las aguas territoriales ni “dialogar” con esos jóvenes de gimnasio “muertos de hambre” que llegan desde el otro lado ) a los narcos hasta que pisan tierra firme y así inundar a la juventud de “felicidad” y observando la inmaculada defensa que el ejército de tierra ( más de una vez he pensado que la UME fue expresamente creada para quemar, secar etc etc si o si España ) está haciendo del territorio nacional …
    las FFAA cuanto más lejos estén mejor y ojalá que no regresen

  2. Mientras «nuestros» militares hacen de ucranianos contra Rusia, conviene no olvidar lo siguiente: España (mal que nos pese a los pocos patriotas que todavía quedamos), hoy por hoy, es solo una «provincia» del imperio anglosajón.

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