A un año de la farsa para engañar a los incautos, -que en la Guardia Civil parecen ser mayoría-, del homenaje del Gobierno filoetarra, al Coronel de la Guardia civil rojo Antonio Escobar (4)

5.-  Por mucho que se quiera blanquear el carácter criminal y de organización criminal del Frente Popular,  y la figura de uno de sus cooperadores necesarios, el Coronel Antonio Escobar, hay una realidad que es incontestable por su objetividad, que falsearla o negarla es negar la redondez de la Tierra, y es que  quien representaba a la verdadera Guardia civil, no podía ser el bando rojo que además de ser el bando,  (desde el punto de vista político o del interés nacional), de los enemigos de España, lo era también desde el punto de vista o la óptica puramente policial,  el bando de los malhechores y delincuentes.

Fernando Condés

Como sabemos, la madrugada del 13 de julio de 1936, con conocimiento del Director General de Seguridad Alonso Mallol, del Subsecretario de Gobernación Ossorio Florit, y de varios ministros del Gobierno rojo, incluido su Presidente Casares Quiroga,  porque van sus escoltas entre ellos,  un grupo de más de 30 policías rojos, junto con escoltas de los políticos del Gobierno y del PSOE, y de pistoleros frentepopulistas (porque esta era la connivencia entre la policía roja y los pistoleros de los partidos, valga la redundancia), al mando del Capitán de la Guardia civil rojo Fernando Condés, íntimo de Margarita Nelken y del Presidente Casares Quiroga, que perdiendo por completo la debida neutralidad política era, como el teniente Castillo, instructor en terrorismo callejero de las milicias socialistas,  llegaron a las tres de la madrugada a la casa del líder de la oposición parlamentaria D. José Calvo Sotelo, (fueron también a casa de Gil Robles y de Antonio Goicochea pero no dieron con ellos). Rodearon la manzana para tener controladas las bocacalles y la situación con el crimen que tenían planeado cometer, retiraron a los dos policías que hacían guardia en la calle, y cuando el sereno que acudió a sus llamadas para que les abriera el portal del nº 89 de la calle Velázquez, en cuyo primer fernando piso vivía Calvo Sotelo, preguntó si es que venían a detener a Calvo Sotelo, le respondieron que «Tú, lo mejor que puedes hacer es alejarte, si no quieres ganarte dos tiros.» (la famosa “legalidad republicana” aflora por aquí otra vez, los presuntos policías que soltaron la falsa mochila de Vallecas en el atentado del 11M son herederos de estos otros “policías”),  y subieron, aporrearon la puerta hasta que les abrieron con el pretexto inicial de hacer un registro oficial,  invadieron su domicilio y lo sacaron de la cama. Ya dentro de la vivienda el motivo de hacer un registro lo cambiaron por el pretexto de llevárselo a declarar a la Dirección General de Seguridad.

La detención era inconstitucional, no solo porque no había motivo para esa detención (Calvo Sotelo no había hecho nada para ser detenido), sino porque como diputado a Cortes (y más siendo el jefe de la oposición),   gozaba de inmunidad parlamentaria, sin cuya autorización de las Cortes, (suplicatorio), no podía ser detenido ni en el caso de que cometiera un verdadero motivo para ello. Este dato se lo callan los rojos, los apologistas del régimen actual, y los becados de la prensa y la Universidad amarillas,  cuando se llenan la boca con lo de “la legalidad republicana” y “la defensa del orden constitucional”,  ¿dónde esta aquí la defensa constitucional de la inmunidad parlamentaria?,  cuando eran y son los rojos los que verdaderamente mancillaban la legalidad republicana y el orden constitucional a diario, como podemos ver hoy mismo también con las leyes de la amnistía y el mamoneo permanente en el que el Gobierno rojo y sus cómplices, copando todos los poderes del Estado,  tienen sometida a España a la completa ilegalidad sin solución de continuidad.

Calvo Sotelo en un acto de ingenuidad y de estupidez pepera (y falta de valoración de la maldad del enemigo, de lo que la derecha nunca acaba de tomar conciencia) que le costó la vida, se fió de la palabra de todo un Capitán de la Guardia civil, precisamente por el crédito que le daba al Cuerpo,  y en contra de los ruegos de su esposa, -que demostró ser bastante más lista que él-,   se vistió y accedió a acompañarles, sin atender a los indicios evidentes de que aquello en realidad era un acto criminal perpetrado por policías corruptos: si no, a cuento de qué nada más entrar en la casa habían arrancado el cable del teléfono para inutilizarlo, (¿desde cuándo una actuación policial legítima hace esta actuación mafiosa?), o el cambio en el motivo de la presencia policial, primero dicen que es “practicar un registro oficial” y después para “llevárselo a que declare a la Dirección General”; o el hecho de que los policías no vestían el uniforme,  sin caer en la cuenta tampoco de que el Capitán de la Guardia civil Fernando Condés de verdadero guardia civil sólo tenía el carnet (ni siquiera el uniforme porque iba de paisano), en realidad era, en palabras del propio Indalecio Prieto, un jacobino, que había sido condenado a prisión perpetua por su participación, confabulado como mando de la Guardia civil, con las milicias socialistas y ser uno de los cabecillas en Madrid de la Revolución de octubre de 1934, y que apenas hacía unos meses que había salido de la cárcel porque tras las elecciones de febrero de 1936 había sido amnistiado por el Gobierno rojo y repuesto como capitán, como también había sido amnistiado y repuesto otro de los participantes en la revolución de 1934 y participante también en el magnicidio, el guardia de asalto, amante sadomasoquista de Margarita Nelken,  José del Rey Hernández.

Ni que decir tiene que todo eso de llevarlo a declarar a la Dirección General de Seguridad era un cuento, un puro pretexto para sacarlo de su casa mediante engaño, y nada más montarlo en la camioneta policial nº 17, le pegaron 2 tiros por la espalda en la nuca, y luego lo tiraron a las puertas del cementerio.

Un pequeño inciso antes de continuar. Se ha dicho que el asesinato de Calvo Sotelo fue en venganza por el previo asesinato del teniente rojo Castillo. Esto pudiera ser otra falsedad más, dentro de la maraña de falsedades de la propagada roja, y la muerte de Castillo no ser como se cuenta.

Los asistentes tiroteados durante el entierro de Anastasjo de los Reyes

Castillo era un canalla que estaba muy lejos de ser una víctima inocente, porque era un reconocido matón de Madrid.  Con ocasión del V Aniversario de la 2ª República, el 14 de abril de 1936 se celebró en Madrid un desfile militar en el que ante la presencia de la Guardia Civil pistoleros comunistas y socialistas abuchean y silban, -porque por mucho que quieran blanquear al Coronel Antonio Escobar, los rojos odiaban a la Guardia civil, porque representaba todo lo contrario de lo que ellos eran,  y porque la veían como un estorbo para sus atracos y aspiraciones revolucionarias-,  dan vivas a Stalin, a Rusia, y asesinan al Alférez de la Guardia Civil Anastasio de los Reyes. El día 16 de abril se celebra el entierro de este Alférez de la Gc asesinado, al que acuden más de tres mil personas.

Por su compromiso sincero de lucha contra la criminalidad y la violencia, la Guardia Civil es un cuerpo odiado por la izquierda, y pistoleros socialistas atacan a la comitiva de este entierro, cayendo asesinado Andrés Sáenz de Heredia (primo  de José Antonio). Cuando el cortejo fúnebre llega a la plaza de Manuel Becerra,   una compañía de Guardias de asalto, que está mandada precisamente por el teniente Castillo,  disuelve a la comitiva con gran brutalidad.  Y por ello un joven (Luis Llaguno) le recrimina al teniente Castillo la brutalidad de la actuación, impropia de unas verdaderas fuerzas del orden. Entonces el teniente Castillo no tiene otra que sacar  su pistola y disparar injusta y cobardemente sobre el joven Luis Llaguno (que está desarmado y que en ningún momento ha supuesto ninguna amenaza para Castillo), quien cae gravísimo. Además de él entre los pistoleros comunistas y socialistas y la policía roja, valga la redundancia, cometen  5 asesinatos más (entre ellos el falangista Manuel Rodríguez Gimeno) y 15 heridos.

Como decía, el teniente Castillo era un canalla pero su muerte según el testimonio del periodista redactor jefe de la agencia “Logos”, adscrita al diario El Debate,  Benjamín Benjumea, que cubría los sucesos relacionados con la Dirección General de Seguridad, según confidencias de un policía que veía horrorizado en lo que se estaba convirtiendo la policía madrileña,  los que asesinaron a Castillo eran los mismos que asesinaron a Calvo Sotelo. El motivo, negarse éste a participar en el asesinato de Calvo Sotelo.

De hecho Calvo Sotelo había sido condenado explícitamente a muerte en las Cortes por la Pasionaria,  por Ángel Galarza,  y por Casares Quiroga,  el 16 de junio 1936,(la masonería a la que pertenecían estos políticos del gobierno lo había condenado de forma secreta el 9 de mayo). Como podemos ver que hacen ahora en el Congreso de los Diputados, que las presidentas del PSOE del Congreso de los Diputados  ordenan por la cara quitar del diario de sesiones lo que no les gusta, estas amenazas también se retiraron para que no pudiera quedar constancia de ellas, (rompiendo la fe pública registral del Diario de sesiones, que debe ser un fiel reflejo de los debates, sin amaños, como ocurre hoy día en no pocas ocasiones que el PSOE no quiere que quede constancia), pero los presentes las oyeron y dieron fe de ello.

El asesinato de Calvo Sotelo era algo que ya estaba decidido desde aquella fecha, Castillo por lo que sea, (quizás por no “quemarse” más  y no adquirir más protagonismo de asesino y pistolero después de los asesinatos de falangistas en el entierro del alférez de la Guardia civil Anastasio de los Reyes, y no atraer hacia su persona un atentado de represalia, para lo que ya acumulaba bastantes papeletas),  se negó a participar, y aprovecharon para matar dos pájaros de un tiro. Según el testimonio de este policía al periodista Benjamín Benjumea, mataron a Castillo policías de paisano por orden del Capitán Condés y del Teniente Moreno, policías de absoluta confianza del Presidente Casares Quiroga,  que tras perpetrar el hecho se escondieron en la casa del pueblo, (de ahí que ser perdieran los pasos y no se diera con los asesinos), e hipócritamente como en tantas ocasiones los medios de propaganda se pusieron en marcha para presentar el asesinato como un atentado “fascista”, y en este contexto prefabricado, exacerbar los ánimos y garantizarse que no faltaran  voluntarios para participar en una acción de venganza (de aparente venganza), y empujar a los más exaltados a participar sin remilgos en el asesinato de Calvo Sotelo previamente planeado, creyendo que lo hacían para vengar a Castillo, aunque difícilmente se podía vengar a Castillo matando a Calvo Sotelo que nada tenía que ver en su muerte.

Toda esta trama explicaría por qué el hermano de Castillo (abogado de Socorro rojo), el día de su asesinato acusó al Director General de Seguridad Alfonso Mallol y a los comisarios Aparicio, Antonio Lino, y Rivas que lo habían asesinado ellos porque los pilló sacando el cadáver de la Dirección General de Seguridad a las 4 y 10 de la mañana para darle sepultura a escondidas, explicaría también que la identidad de los asesinos de Castillo no se conociera nunca, (a dia de hoy sigue siendo un misterio) y que el hecho tampoco se judicializara, sin duda para que ningún juzgado pudiera investigar esta muerte. Al poco del Alzamiento Nacional los milicianos asaltaron la sede judicial y destruyeron el expediente judicial del asesinato de Calvo Sotelo, el del teniente Castillo no era necesario destruirlo porque no existía, no se había conformado, parecía como si hubiera un interés gubernamental en no investigar y en tapar lo ocurrido.

Este testimonio que recibió el periodista Benjamín Benjumea de un comisario de policía no corrupto y que no se atrevió a publicar en El Debate porque habría supuesto que el Gobierno rojo cerrara el periódico y los hubiera mandado asesinar a todos, se ve corroborado tanto  por la concatenación de las fechas de los sucesos que acaecieron previos al asesinato de Calvo Sotelo como por el testimonio del policía Rodolfo Serrano, escolta de Calvo Sotelo hasta un día antes de su asesinato. Veamos:

Las amenazas de muerte a Calvo Sotelo ocurrieron en la sesión de Cortes del 16 de junio de 1936. Ese día Calvo Sotelo había mantenido en las Cortes un violento debate con el Presidente del Gobierno Casares Quiroga. Establecida una férrea censura sobre toda la prensa que no perteneciera a los partidos de izquierda, y encarcelados ilegalmente los Jefes de la Falange a pesar de que el Tribunal Supremo después había fallado a su favor, las Cortes eran, hasta ese día, el único foro donde podían expresarse libremente los que no eran adeptos al Frente Popular-,  a quien  Calvo Sotelo le reprocha los innumerables actos de violencia y de crimen que se están cometiendo en toda España sin que el Gobierno haga nada para atajarlos, más bien al contrario. En el debate Casares Quiroga amenaza  de muerte a su oponente. Las constantes interrupciones e insultos obligan a Calvo Sotelo a abandonar el legítimo uso de la palabra, (el famoso talante “democrático”? de los rojos), en ese momento el Diputado del PSOE y futuro ministro Ángel Galarza le dice: “Pensando en su Señoría, encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida”.

El Ministro rojo Martínez Barrio ordenó que se quitara esa afirmación del diario de sesiones, a lo que Ángel Galarza añadió: “Esas palabras que en el Diario de sesiones no figurarán, el país las conocerá y nos dirá a todos si es legítima o no la violencia”. Lejos de arrepentirse de sus palabras,  Ángel Galarza recordando el suceso tiempo después, siendo ya Ministro, manifestó que lo único que sentía del asesinato de Calvo Sotelo es no haber acompañado al grupo que lo mató.  Esta es la “legalildad” republicana de la que tanto se llenan la boca los rojos y los que le hacen el juego, y a la que sirvió el Coronel Antonio Escobar.

En la misma sesión parlamentaria Calvo Sotelo es amenazado también por la Diputada comunista “La Pasionaria” que pronunciaría la famosa frase “este hombre ha hablado hoy por última vez en las Cortes” (el talante democrático de los dirigentes de izquierdas una vez más).

Cuando el Diputado de VOX Espinosa de los Monteros,  sacó este suceso en el Congreso de los Diputados en 2020, la prensa roja y la prensa amarilla, valga la redundancia,  califó la afirmación de Espinosa de los Monteros de bulo porque no aparecía en el diario de sesiones. Se callaron por qué no aparecía en el diario de sesiones, y se callaron que el hecho  fue reconocido en la prensa roja por los autores en los momentos de euforia de la guerra cuando se creían que la iban a ganar.  De ahí el interés de Zapatero y de los gobiernos que le han sucedido de prefabricar una “memoria histórica”  falsa y a su conveniencia que tape la verdad de lo sucedido, y que el acto del año pasado de homenaje al Coronel Antonio Escobar, al que se prestaron militares y Guardias civiles,  es un eslabón más que contribuyó a montar este falseamiento.

El 23 de junio de 1936 el periódico madrileño “El Socialista”, en su número 8169, publicó a primera página un violento artículo contra Calvo Sotelo titulado “Intimidades del adversario: Calvo Sotelo, cabeza rectora del fascismo”,  para descalificarlo y así dar una imagen lo más abominable de él de cara a la opinión pública para preparar el terreno, (siguiendo el modo de actuación de propaganda y desinformación de la “inteligencia” soviética),  para su ulterior asesinato, para que cuando se produjera la gente tuviera ya una imagen de él que casi se alegrara.

El 29 de junio son relevados los 2 policias que vienen prestando el servicio de escolta del Diputado Calvo Sotelo, -D. Antonio Alvárez Ramos y D. Basilio Gamo (este último será asesinado al iniciarse la guerra civil por el solo motivo de haber sido escolta de Calvo Sotelo)- y sustituidos en su lugar por los policías Rodolfo Serrano de la Parte y José Garriga Pato. La elección de estos policias se debió a que se les creyó de absoluta confianza, el primero  porque despertaba las simpatías de Casares Quiroga que era gallego como él, dado el carácter separatista de Casares Quiroga lo consideró un “compatriota”; el segundo por ser masón como Casares Quiroga y plenamente afecto al Frente Popular.  Una vez en la Dirección General de Seguridad ambos policías son citados para el día siguiente –30 de junio– ante el Jefe de personal de la indicada Dirección General, Lorenzo Aguirre Sánchez,  el cual les hace saber que su misión con Calvo Sotelo no sería la de protección sino la de espionaje, debiendo dar cuenta diaria y detallada de las personas con quienes se relacionara.  Además ambos escoltas son llamados por el Director General de Seguridad Alonso Mallol, quien les dijo: “Si hay algún atentado en la ciudad contra Calvo Sotelo, absténganse de actuar, y si es en el campo pueden rematarlo” (¡!).

Rodolfo Serrano, un verdadero policía, quedó consternado por esta orden y cometió el error de confiar en su compañero (miembro de la masonería y ferviente izquierdista) y comentárle la mala impresión que le había producido que el Director General le dijera esas palabras, que las consideraba impropias. El compañero alertó a sus superiores de que Rodolfo Serrano no estaba por la labor de lo que la superioridad esperaba de ellos.  El policía honesto fue trasladado a la Coruña el día 12 de julio de 1936 por la mañana, a toda prisa porque ese día era domingo. El teniente Castillo fue asesinado a las 10 de la noche de ese 12 de julio cuando iba para el Cuartel de Pontejos a incorporarse al servicio, es decir ¿cómo sabian los mandos policiales rojos que había que  trasladar a Rodolfo Serrano el 12 de julio por la mañana, porque a las 10 de la noche iban a matar al teniente Castillo y este asesinato iba a ser el pretexto para asesinar al verdadero objetivo que era Calvo Sotelo la marugada del 13?, si por la mañana del día 12 no podían saber lo que iba a pasar a las 10 de la noche.

O dicho de otra forma, ¿como sabían que iban a matar a Calvo Sotelo al día siguiente, 13 de julio, como para cambiar al escolta Rodolfo Serrano un día antes, el día 12 de julio, si a la hora del traslado (por la mañana) el pretexto para matar a Calvo Sotelo que era el asesinato del teniente Castillo no se había producido?,  el teniente Castillo todavía no había sido asesinado, lo sería a las 10 de la noche.

A no ser que los que ordenaron el traslado el día 12 por la mañana ya supieran, porque lo tenían planeado,  que Castillo iba a morir a las 10 de la noche, (y sabían el itinerario porque a esa hora entraba de servicio en el cuartel de Pontejos),  y Calvo Soteloiba a sr asesinado en la madrugada siguiente a las 3 de la mañana, y no querían un escolta dispuesto a defender la vida de su protegido, y por eso le dieron pasaporte.

Cuando Rodolfo Serrano llegó a su nuevo destino escuchó por la radio el asesinato de Calvo Sotelo.

Este suceso -que demuestra una vez más el talante criminal de las autoridades del Frente Popular de la 2ª República- , está recogido en la Causa General publicado por el Ministerio de Justicia en 1943, y además lo confirmó el policía Rodolfo Serrano en 1970, ya jubilado, al Magistrado también jubilado D. Francisco Alberto Gutierrez Moreno.

Me parecía importante hacer este inciso, porque incluso las tesis que aparecen más comúnmente aceptadas, como es la historia oficial del asesinato del teniente Castillo como pretexto para asesinar a Calvo Sotelo, puede ser falsa (todo indica que lo es) y producto de la propaganda roja, (que la derecha en su estupidez crónica acepta sin rechistar, como acepta tantas cosas, incluida la versión oficial de la segunda guerra mundial),  demostrando una vez más que ni nosotros mismos somos conscientes del nivel de falsedad y de la red de mentiras que los rojos han conseguido tejer alrededor de los prolegómenos que desembocaron en el Alzamiento Nacional, y de la propia guerra de Liberación, que ellos han conseguido vender como “guerra civil”, para tapar su verdadera significación.

En conclusión, a donde quiero llegar con este relato del Capitán de la Gc Fernando Condés,  es que este personaje no representa a la verdadera Guardia civil, porque la verdadera Guardia civil no va asesinando compañeros como el Teniente Castillo ni va sacando de su domicilio a la gente de bien y pegándole dos tiros en la nuca, como para vender la moto que se vende de : “Antonio Escobar el General que fue fusilado por ser fiel a la legalidad republicana”. Hablar de “legalidad republicana” es una patraña que esconde la realidad de una banda de malhechores encaramados a los poderes del Estado, como ocurre hoy día pero peor aún. La “legalidad”(?) republicana y el “poder legalmente constituido”, era ésta, el cadáver de Calvo Sotelo la representa en toda su crudeza, por mucho que se quiera tapar:

Portada del diario “El Imparcial” de 24 de septiembre de 1978 donde se recoge el testimonio del Teniente rojo Urbano Orad de la Torre, el mismo que mandó una pieza artillera que cañoneó el 20 de julio de 1936 a los patriotas encerrados en el cuartel de la Montaña de Madrid, con su consiguiente asesinato en masa, tras su rendición, quien confesó que “La decisión de asesinar a Calvo Sotelo la tomó la masonería”. El motivo era que Calvo Sotelo denunciaba el papel preponderante que tenía la masonería en el Frente Popular. No podemos obviar que el presidente de la república, Manuel Azaña era masón, al igual que el presidente del gobierno, Santiago Casares Quiroga. Masones eran también el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio; el ministro de Estado, Augusto Barcia; ministro de Marina, José Giral; el director general de Seguridad, José Alonso Mallol; el jefe del acuartelamiento de Pontejos de la Guardia de Asalto, Teniente Coronel Sánchez Plaza, y un largo etcétera.
Obsérvese el nombre que las autoridades rojas le pusieron al Cuartel General de Milicias, Cuartel “Fernando Condés”, el Capitán de la Guardia civil rojo que mandaba al grupo de pistoleros y asesinos del Gobierno que sacaron de su casa a Calvo Sotelo y lo asesinaron de dos tiros en la nuca. El crimen de Estado totalmente institucionalizado por las propias autoridades frentepopulistas. La famosa “legalidad republicana” y el “orden legalmente constituido”. Después dirán para engañar a los tontos que los crímenes eran “incontrolados”.
La morgue de Madrid atestada de cadáveres de personas asesinadas, es la famosa “legalidad republicana” en todo su siniestro “esplendor”.
Diversas fichas policiales del delincuente profesional Agapito García Atadell: de 1924, de 1930 actualizado su aspecto, y de 1936 ya como chekista detenido en un barco que hizo escala en Canarias cuando pretendía huir a los EEUU con el botín de lo robado a sus víctimas.
El mismo delincuente Agapito García Atadell (a la izquierda con gafas), en su papel de chekista jefe de las llamadas “Milicias populares de investigación”, en los primeros meses de la guerra, despachando en la Dirección General de Seguridad roja con el jefe de la Brigada criminal de la policía roja Antonio Lino (en el centro), y el también delincuente y chekista Pedro Penabad.
Fotografías como esta demuestran que es mentira que los crímenes de las chekas se cometieran de forma incontrolada y a espaldas de gobierno. La realidad era justo la contraria.
Atadell se había afiliado en 1921 al Partido Comunista, y en 1928 ingresó en la Agrupación Socialista Madrileña. En 1931 formaba parte de la ejecutiva federal de la UGT. En las elecciones de febrero de 1936 formaba parte de la escolta de Indalecio Prieto. Cuando estalló el Movimiento, el General rojo Sebastián Pozas Perea (que al final de la guerra saldría huyendo para Méjico), Ministro de la Gobernación del Frente Popular, integró en la policía madrileña a más de 300 delincuentes relacionados con el PSOE, valga la redundancia, entre ellos a Antonio Ariño Ramis, alias “el catalán”, y a Agapito García Atadell, que fue nombrado jefe de las denominadas “Milicias Populares de Investigación”, un grupo criminal que se dedicó con la complicidad de las autoridades a saquear domicilios, violar mujeres e hijas de familia, y asesinar en completa impunidad.
Los relatos publicados recientemente en estas páginas de El Español digital “Madrid 1936. Una tragedia en cinco infames actos”, sacados del Libro escrito en 1937 “Tipos y Sombras de la Tragedia. Mártires y Héroes. Bestias y Farsantes”, de Joaquín Pérez Madrigall, parece ser que se basan en el testimonio de García Atadell tras ser detenido en Canarias cuando huía con el botín de todo lo saqueado a sus víctimas, y conducido a Sevilla donde fue juzgado y ejecutado en 1937. Este canalla, este hijo de puta para ser más preciso, aparece en la propaganda oficial actual como otro representante inocente de la legalidad republicana y víctima de la violencia franquista. Con esta basura que imponen en los colegios y en las televisiones se educa a los nuevos escolares. Para el que se resista a aceptar la falsedad, la Fiscalía del odio, la policía roja, y el sistema judicial en España que es una pura farsa para los tachados de “franquistas”.
Fotografía aparecida en el periódico rojo Crónica, de 13 septiembre de 1936, en la que aparecen los diputados del PSOE Almoneda, Anastasio de Gracia, Bugida y Álvar con el famoso delincuente y cabecilla criminal Agapito García Atadell (en el centro, detrás con gafas) y el grupo de chekistas de la “Brigada del Amanecer”.
Aquí en el centro, con su grupo de asesinos, violadores y ladrones.
La legalidad republicana no es como la pinta la propaganda de la prensa y las televisiones del PSOE, y los tontos que le hace el juego, entre ellos los militares y guardias civiles que participaron en el acto de Barcelona a Antonio Escobar.

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Parte 1 // Parte 2 // Parte 3  // (Continúa en la entrega siguiente)


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