Abdelkrim. (1/4) Linaje, infancia y mocedad

Abdelkrim

Sid Mohand Ben Abdelkrim, nació en Axdir en 1883 en una casa situada en lo alto de una loma. desde la que se domina la bahía y el islote de Alhucemas, que dista de ella unos dos kilómetros de huerta y playa y 600 metros de mar.

Los Ulad Zian, sus antepasados, eran rifeños pero no uriaglis. Su padre, Sid Abdelkrim, era alfaquí y fue después Kddi (juez) de Axdir. A últimos del siglo XIX se hizo muy amigo del capitán de la oficina de asuntos indígenas del Peñón de Alhucemas, que le había pedido un informe sobre Beni Uriaguel. Hizo y entregó pronto el trabajo, detallado y escrupuloso. Era entonces el padre del que después fue adalid, alfaquí contratado de la mezquita; a cambio de atender al culto y a la enseñanza del Corán a los muchachos, recibía un subsidio anual que pagaban los vecinos a prorrateo: unos mil kilos de cebada y algunos otros alimentos de lo que producía el país, de añadidura. Cada niño de los de la escuela le llevaba un huevo cada semana. Se ayudaba para sostener la familia cosiendo chilabas y como amanuense o menorialista, y en los zocos escribía amuletos y talismanes, que le pedían sobre todo las mujeres, para amar o ser amadas. Era hombre inteligente, simpático y persuasivo. Tenía buena figura y buen semblante. Contrajo matrimonio con la hija del Kadi Sid Ahmed de Chanclo (Tamasint, uno de los centros vitales del interior de la cabila, inmediato a un zoco frecuentado por gente de la montaña). El matrimonio le proporcionó cierto ascendiente, pues su suegro era respetado por ser de familia morabítica y acomodada. El matrimonio se instaló en casa del padre del contrayente, entre los Ulad Zian de Axdir, y de la unión nacieron dos varones y cinco hembras. El mayor fue Sid Mohand. Los Ulad Zian eran oriundos de la cabila rifeña de Gueznaia, poblado de Ihadrien, país muy montañoso y agreste, ;unos 80 kilómetro al S. de la costa. Debieron de establecerse en Axdir a últimos del siglo XVIII y lo hicieron en un paraje de la Yemáa que, por la inferior calidad de su suelo, no estaba poblado. Se trata de un lomo calizo entre dos barrancadas, en cuyos fondos, cuando llueve, discurren arroyuelos hacia la vega. El barrio que allí formaron los Ulad Zian, siempre con las viviendas diseminadas, se llama Esdid u Cherik (nuevo y asociado) nombre que indica la relativa modernidad de la instalación. Habían sido exiliados de Gueznaia como consecuencia de una lucha entre bandos de Ihadrien, fracción de Ait Yunes. El consejo de los Ait Arbaín (cuarenta vecinos) para sancionar la muerte de sus enemigos había decretado el pago de una multa y el alejamiento de la tierra donde nacieron; el destierro era la mínima pena que se imponía a los reincidentes en homicidio. Un siglo después, en Esdid u Cherik vivian los descendientes: familias de Abdelkrim, del Hach Sid Mohand, de Hadú; Sid Zian, del Hach Sid Harnú, y de Amegar. Todos los varones de estas familias desempeñaron, bajo el mando de Abdelkrim, cargos importantes, caso típico de nepotismo de quien usó los títulos de Presidente de Yemauria Rifía ( confederación de Yernáas rifeñas), Sultán del Rif y hasta Amir el Mumeni« (príncipe de los creyentes, como el de la batalla de las Navas). Su hermano Mehand fue su Jalifa y caudillo de guerra; su cuñado Budra jefe de tropas, su otro cuñado ministro de finanzas; otro cuñado, Mohamed Mohamedi, Secretario General; su tío Abdeselam, hermano de su padre, del que algunos rifeños decían que era la eminencia gris de la familia, Presidente del Consejo de Ministros; Sid Hamú, su primo, Jefe de la Guardia Personal; Amegar, Director de Prisione; los familiares de sus dos mujeres, los de la de su hermano y otros allegados, tampoco salieron mal librados en la adjudicación de cargos.

Mehamed, hermano de Abdelkrim

Ni entre la gente de Axdir ni en Alhucemas habían sido conocidos los Ulad Zian con el patronímico Jatabi. No he podido averiguar cuándo comenzaron a usarlo los familiares. A los de la fracción inferior de Ait Yusef u Ali, de Beni Uriaguel, se les llama Ait Jatab, y de este modo todos los muchos poblados entre ellos los decir, pueden ser Jatabien y cada uno de ellos Jatabi.

En Axdir la gente se sonríe cuando se pregunta lo de Jatabi; creen que fue una invención que se le ocurrió en Melilla, cuando empezaba a medrar, para hacerse pasar por descendiente de Aomar el Jatab, compañero del profeta Mahoma. Según el Bojari, Aomar fue el fundador de la institución del Habús; poseía un predio que apreciaba mucho y preguntó un día al Profeta

-«¿ Qué me convendría hacer con él?»

-Si tú lo quieres, inmovilízalo y repartiremos los productos en obras benéficas» -dijo Mahoma.

– De ahí nace la institución del Habús (pl. Alzabás) bienes de carácter religioso para necesidades benéficas de gran importancia en países musulmanes. Al dictar Abdelkrim sus Memorias al periodista francés Roger Mathieu, no se atrevió a decirle que era descendiente de Aomar, pero le dijo:

–«Somos de los Ulad Mohamed Abdelkrim, originarios del Heyad, precisamente de Yambo, a orillas del mar Rojo. Un antepasado nuestro se llamó Zarra de Yambo y mi familia vino a Marruecos hacia el siglo III de la Hégira y se instaló entre los Beni Uarrieaguel.

No es cosa de investigar sobre ello. Abdelkrim, físicamente, no era un tipo árabe; de estatura mediana, cara más bien redonda, cuello corto, pelo castaño tirando a rubio; su figura tenía, como rasgos característicos, la mirada penetrante de los ojos oscuros casi negros y sonrisa casi perenne, que se convertía en gesto de ira en momentos de impulsibilidad. Podía descender de árabes, pues, en Ara­bia hay algunos tipos físicamente parecidos. Lo que no resulta cierto es lo que dijo después a Mathieu:

-«Desde hace más de diez siglos mi familia mandaba en el país.»

Abdelkrim (sentado en el estrado) como profesor en la Escuela Árabe en Melilla

J. du Taillis, otro francés que le entrevistó, más cauto, reduce Ios siglos a seis, pero trata de una Zauia de los Ulad Abdelkrim desconocida, porque si se refiere a la casa de su madre en Tamasint, que ciertamente tuvo alguna influencia, no se llama de Abdelkrim, sino de Sidi Aixa. Ante estos afanes de buscarse a todo trance un origen noble, viene a la memoria la frase de Cicerón: «Mientras muchos descienden de patricios ilustres y su linaje acaba en ellos, yo, que desciendo de labradores pobres, puedo decir que mi linaje comienza en mí». Su madre se llamó Fet-tuch, fue la única mujer de su padre, y todos los que la conocieron dicen que, con lágrimas y ruegos, trataba de contener las iras de su hijo cuando se estrellaban en los prisioneros españoles.

En nada se diferenció la vida infantil de los Ulad Abdelkrim de las de los otros arrapiezos rifeños que alternaban el aprendizaje del Corán con juegos marciales o de destreza más o menos deportiva. Acaso, de aquellos años, lo que más recordaría Mohand es la primera visita que hizo al islote de Alhucemas acompañando a su padre. Sería inquietante para él, porque allí estaban los españoles, a quienes no conocía, y de quienes tendría una vaga y deformada idea por la ojeriza que le habían transmitido otros muchachos mayores que él; se habría asustado alguna vez al oír las salvas de los cañones de la plaza al celebrar el santo del entonces rey niño, Alfonso XIII, y que todavía no mandaba porque era tres años más pequeño que él.

Abdelkrim de joven

Cuando embarcó en el cárabo y éste se adentró en el mar, que veía todos los días desde su casa, unos días tranquilo otros aborrascado, la emoción le nublaría la visión de aquel mundo minúsculo del islote rocoso con la reciedumbre de los muros y el brillo de los cañones oscuros; pero pronto le tomó en brazos su padre y, cuando le dejó en tierra, sintió el frío del puño de oro del bastón de Pablo Artal Abad, Comandante de Estado Mayor de Plazas, Gobernador de la isla de del que era amigo de su padre, que le acariciaba la mejilla. Don Pablo era el perfecto militar de la época: mostacho y perilla, ojos grises e indagadores bajo la charolada visera de la teresiana rígida, de tubo, galoneada; digno sucesor del primer Gobernador de Alhucemas, don Francisco López Moreno, capitán de la Infantería Española y de la Armada Real del Mar Océano. Alcalde y Justicia Mayor de la Plaza cuando fue ocupada en 1663, reinando Su Majestad Católica Carlos II.

Cuando Mohand volvió otras veces a la plaza conoció a varios niños hijos de militares y comerciantes españoles, y jugó con ellos en la plazoleta del Gobierno, mientras entraba en él su padre a charlar con el comandante Artal o con el que después fue gobernador, comandante Terrón. No se enteraba Mohand de aquellas conversaciones; pero su padre salía contento y antes de embarcar en el cárabo le acompañaba a los comercios, donde compraban muchas cosas pagándolas con aquellos duros rutilantes que tenían grabada la efigie del rey niño del pelo ensortijado.

Instancia de Abdelkrim hcia 1919

El hijo de aquel alfaquí de Axdir y amigo e informador del Gobernador de la plaza tuvo sus primeros contactos con los españoles en el ambiente asfixiante de un islote fortificado y superpoblado, donde se vivía en continuo chismorreo, y donde las cuestiones más ínfimas daban lugar a trifulcas. La llegada del barco correo, que a veces se retrasaba por el mal tiempo, era el acontecimiento único que sacudía el tedio de aquel mundillo desgajado de la esfera o esferoide donde vive la Humanidad: traía casi siempre nuevas caras, noticias, cartas, encargos de cosas que tan necesarias y tan apreciadas eran por no poderse adquirir más que muy lejos de allí, prensa, libros y abastecimientos de todas clases, empezando por agua potable, mucho más apetecida que la de los aljibes no siempre limpios.

Aquello era un presidio, palabra que si tiempo atrás significó ciudad o fortaleza guarnecida por soldados, entonces, sin dejar de ser así, era también lo que hoy significa tan ceñuda palabra. La guarnición se relevaba con frecuencia, mientras los penados permanecían allí años, algunos muchos.

Abdelkrim con su padre en 1919

Conocería porque era una de las rarezas que se conocía tan pronto cómo se entraba en el recinto (700 metros lineales, 170 de largo, 80 de ancho, 27 de altura sobre el mar, 350 habitantes de ellos 70 con[1]finados), conocería, decíamos, al penado Lucas Vidal, que, conde­nado por tres Audiencias, murió el 15 de Julio de 1903, a los sesenta y nueve años, de los que pasó treinta y nueve en aquel recinto, trasladado de otro más reducido (Vélez de la Gomera).

Los penados trabajan en obras y servicios de la plaza y era con quienes los moros que iban a comprar se relacionaban más. En algún tiempo hubo confinados por delitos políticos, pero en aquella época, si los había, iban a Chafarinas y en Alhucemas y Vélez quedaban sólo delincuentes comunes de la peor calaña de la Península y sus, entonces, a punto de perderse o perdidas ya, grandes islas del caribe y Filipinas. El muchacho rifeño oiría expresiones, rumores, maldiciones, poco edificantes para su formación campestre. Cuando después del tratado de 1904, en el que se decidió la intervención en Marruecos, desapareció de los peñones la población penal Abdelkrim tenía veinte años y era su padre , entre nuestros amigos del campo rifeño, el que más visitaba la isla y el que pedía más favores al entonces gobernador comandante Arqués Echevarría. El estado español abonaba algunas pensiones a significados del campo; la de más cuantía era la del padre del joven que en la escuela y comercios de Alhucemas, con excelente aprovechamiento, había aprendido nuestro idioma, que hablaba y escribía con rara perfección;  era infatigable lector de periódicos y revistas y no se le daban nada mal la contabilidad, la charla ingeniosa, los formulismos sociales corrientes y todas esas cosas que conviene saber a los veinte años para empezar a bandearse por sí mismo. Con cuquería rifeña, los saberes árabes que pudieron enseñarle su padre y algún otro alfaquí, y con los españoles que adquirieron en el Peñón, se fueron él y su tío, hermano de su padre, Abdeselam, a preparar en Fez su ingreso en la Universidad de Karauien. Dos años permanecieron cursando estudios en las medarsas (colegios) Atarin y Serafín. Anotemos que en los últimos años del Protectorado se mostraba a los turistas en la primera medarsa la habitación que ocupó Abdelkrim. El guía que la enseñana decía: “Bit es-sadim er-Rif” (habitación del liberador del Rif).

Abdelkrim, con su padre y el entonces Comadante Ortiz de Zárate (sentado ) en Melilla

Por entonces, Bu Hamara (El de la Burra), santón, exorcista y belicoso, se había hecho dueño de Marruecos Oriental y negoció con una compañía francesa y otra española la concesión de los yacimientos mineros el Uixan y Afra, en el Rif. En Fez, profesores y alumnos se dedicaban más a la polémica y luchas políticas que a los estudios. Había partidarios de Bu Hamara, el Rogui, de Muley Mohamed el Tuerto, de Muley Abdlaziz y Muley Hafid, entre los que se movían agentes de distintas naciones europeas que activamente apoyaban a unos y a otros. Abdelkrim dijo que cuando  era estudiante en Fez fue intermediario entre los ministros del Majzén y su padre, que era el jefe guerrero y político del Rif. No parece cierta la revelación. Entonces no representaba su padre el papel que le asigna. El padre de su madre con el Hach Ched-di, que era el jefe, luchó con otros muchos rifeños contra Yilali, un caid que Bu Hamara mandó contra los Beni Urriaguel, al que derrotaron. El padre de Abdelkrim en aquella ocasión no luchó y lo que hizo fue pedir ayuda a sus amigos los españoles.

Cuando Abdelkrim regresó de sus estudios, que no debieron ser muy laboriosos, estuvo una larga temporada en la plaza de Alhucemas; ejercía de interprete en la Oficina de Asuntos Indígenas y se ayudaba como dependiente de los comerciantes Las Heras e Ibancos. Por entonces acompañó a su padre en un viaje que hizo a Melilla para pedir audiencia al General de la plaza y rogarle que diese a su hijo algún destino allí. Le nombraron auxiliar o monitor de la Escuela Hispano Árabe, que dirigía Don Francisco Samper, y fue profesor de Alcorán para los niños musulmanes. Le nombraron también “catib” o escribiente en Asuntos Indígenas de la Comandancia de la plaza; entró en la redacción del “Telegrama del Rif” donde se encargó de la sección árabe. Se tradujeron algunos de sus trabajos en el periódico. Eran estos trabajos como tenían que ser; hinchaba telegramas del mundo árabe y de España con estilo correcto, y los comentarios ampulosos exaltaban todo lo favorable al movimiento de “los jóvenes turcos”. Respetuosísimo y afecto a España, aparecía moderado en ideas políticas cuando comentaba nuestras noticias. Con los pluriempleos, reunía ya decorosa remuneración, que le permitía frecuentar amistades. Por entonces, 1907-1908, fue amigo de Silvestre, que era comandante de Caballería; después le recordaba cuando, en 1926 marchaba a su confinamiento y negaba rotundamente el enfrentamiento personal que se les atribuyó; explicó que no pudo ocurrir porque desde 1908 no volvieron a encontrarse.

Parte 2 


Una respuesta a «Abdelkrim. (1/4) Linaje, infancia y mocedad»

  1. El típico lacayo masón al que se promete el oro y el moro, y al que se financia interesadamente desde la logia para dividir y enfrentar, dejando el poder en manos, más pronto que tarde, del sistema marrano( hoy anglosionista nazi ); como se hizo con Rizal y con tantos indígenas/criollos a lo largo del cristiano Imperio Español.
    Hoy casi todos los gobiernos son siervos del Sistema. De entre ellos, fijo masones/marraneando en su fe islámica, los de los países frontera con la vieja Cristiandad/Uropa: Turquía ya Marruecos. E Irán por su importante papel en el guion.

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