Abdelkrim. (3/4) El apogeo

Al comenzar el año 21, la situación económica de la familia era apurada; el padre ya anciano, se había movido mucho en el campo durante el verano del 19 al tratar de proporcionarse adeptos en largas jornadas que hacía a lomo de sus mulos por la montaña; estuvo en Tafersit con unos cuantos de Beni Uriaguel para tratar de convencer a Beni Tuzin para que se opusieran al avance de los españoles del general Silvestre, que aquel verano fue muy profundo y poco dificultoso; hacía dos años que las cosechas eran muy escasas y los rifeños no tenían ánimo para guerrear; los más útiles habían emigrado a Argelia para la siega. En septiembre, cuando llegó a su casa, el viejo falleció. Los gastos de propaganda entre los empobrecidos cabileños y la poca moderación de gastos de sus dos hijos, que acostumbrados a la vida europea se veían privados de las sinecuras y subvenciones, tan generosamente sufragadas por España y que hacía más de un año les faltaban, obligaron a los Abdelkrim a procurarse dinero.

Foto de propaganda de Abdelkrim

El mando de Melilla preparaba el avance sobre Alhucemas animado por los logrados el año anterior. Abdelkrim, conocedor del propósito, en los primeros días de enero del 21 mandó a su cuñado Azarkan (Pajarito) a Melilla con instrucciones para la busca de dinero, donde pudiesen darlo a cambio de promesas con amplitud de miras que dejaba a los buenos oficios de Azarkan, pues él se limitó a escribir unas cartas de presentación en las que otorgaba poderes al portador. Pajarito regresó a Axdir a últimos de enero o primeros de febrero. Traía una respetable cantidad en billetes nuevos de 1.000 y de 500 pesetas. Con aquel dinero organizó Abdelkrim un núcleo de 300 harqueños al mando del Hach Hamuch, Bulahia, Ched-di el joven, Mohand Budra, Moh Asdad, Fakir Liazi y Moh Buaichi, todos experimentados en lides de guerra. En Melilla debió decir Pajarito que aquel núcleo era para facilitar el avance desde dentro, lo que ahora se llama «quinta columna»; a los de Axdir no les dijo nada más que, como podían ver, disponían de dinero. ¿Quién lo había dado?

En junio el diario «Unión» de Sevilla dijo que había sido entre­gado el dinero al tanto de especulaciones mineras en las que se pretendía interesar a Abdelkrim, aun considerando muy problemática la existencia de minerales ricos, con vistas a facilitar la penetración pacífica en el país. El hecho de que el rifeño emplease aquel capital en crear una fuerza bélica, respondía a la necesidad de erigirse como jefe entre los suyos y poder negociar con los españoles. Posiblemente, en aquellos momentos pensaría Abdelkrim, en vista de lo que ocurría por entonces en Yebala con el Raisuni, que ni Berenguer y, mucho menos, Silvestre, admitirían la anómala situación para el Rif en que estuvo Yebala varios años gobernada por el Raisuni a quien pagaba España pingüe subvención y sostenía un cuerpo de tropa sin posibilidad de intervención alguna en su territorio ni de pisarlo siquiera ni abordarlo, ni ejercer actividades sobre su suelo, más que con su autorización, quien no fuese natural de él aunque fuera musulmán o autoridad del protectorado. Abdelkrim lo había planteado igual, con una crudeza y una rotundidad que jamás había empleado Raisuni. Y con Raisuni habían chocado primero Silvestre en Arcila y luego Berenguer en Yebala. En la primavera del año 21, la situación era tensa en el Rif porque el núcleo de 300 hombres que Abdelkrim formó no daba muestras de estar en su mano para ayudar a España ni para oponerse al avance. Había varios de Beni Uriaguel que aspiraban a su mandato. Como en Yebala se estaba a punto de terminar con la rebeldía, por tener Berenguer casi cercados los reductos del Raisuni, en el Rif no ocupado los competidores de Abdelkrim y éste mismo, no se impacientaban mucho en espera de las noticias de Yebala o Tetuán, y el futuro cabecilla con su hermano y sus amigos, en actitud de espera también, trataban de convencer a los imegaren (influyentes) de las montañas para que acataran su autoridad: Had-dú Moh Amizian, Butahar Megóh, Mesnaui, Ajamelich, Busdain…, y a los de la vecina cabila de Bocoia, entre los que todavía perduraban rencores por el apoyo que dieron veintitrés años antes a Buxta el Bagdadi en castigo de sus piraterías. Las razones de los hijos de Abdelkrim para la captación de voluntades consistían en que los vencedores de la guerra 14-18 estaban resentidos con España por su neutralidad y que les apoyarían a ellos; nuestro ejército estaba dividido por la cuestión de las juntas de defensa; la inestable política española era incapaz de resolver una situación comprometida; Berenguer y Silvestre no se entendían y rivalizaban entre sí por su prestigio. En fin, utilizaban todo lo que decía la prensa de Madrid de aquellos días, que les mandaban desde Melilla y sólo ellos leían y podían comentar a su modo. Malos ratos pasaron en las casas del monte, donde decían estas cosas a los cabileños, que a penas las oían replicaban: «Sí, lo que queréis es mandar vosotros para vender cotos mineros a los españoles o a los alemanes que desembarcan en nuestra playa de noche para hacer tratos y embarcan antes de amanecer». En efecto, en el mes de abril estuvieron en la playa agentes españoles: Echevarrieta, Got y en una ocasión también el coronel Morales, a cuyas órdenes trabajó Abdelkrim, al que dio orden Silvestre muy a regañadientes por mandato del Gobierno. Abdelkrim, n obstante, en el mes de mayo se había ganado muchos adeptos y, como antes decíamos, no se impacientaba.

El único impaciente ante lo que ocurría era Silvestre, que ardía en deseos de resolver el problema, y dijo un día de abril a un grupo de influyentes enemigos de Abdelkrim, que fueron a saludarle a la isla de Alhucemas:

-«He llegado mareado porque no soy marino. Pronto vendré a caballo por allí… -y señaló el monte de Yub el Kama, donde montaba su guardia el núcleo que pagaba Abdelkrim.

Aquel día y el siguiente, los 300 de Yub el Kama aumentaron hasta el millar.

Cuando los que fueron a la isla a saludar al general, que eran quince o veinte, todos viejos amigos de la Comandancia del Peñón, saltaron de los carabos de regreso, esperaban en la playa otros tantos del bando de Abdelkrim, cada uno con su fusil en bandolera; charlaron, hablaron de lo que había dicho el general y los amigos de Abdelkrim fueron a contárselo a su casa.

No sabemos bien lo que ocurrió aquel día; pero sí sabemos que quien unas horas antes no tuvo autoridad suficiente para evitar que aquellos hombres fuesen a saludar al General, después la tuvo para imponerles una multa que pagaron todos menos dos: Moh Abetrcás y Soliman, primo de Abdelkrim; los dos fueron amenazados con dureza por todos los presentes; Moh marchó a su casa de la montaña dispuesto a defenderse con sus familiares, y Solimán, cuyos parientes lo eran también de Abdelkrim y obedecían a éste, aunque respetaban a Solimán, a quien el viejo jefe y el reciente de la familia habían utilizado como guardaespaldas en tiempo anterior, recogió a su mujer, y con ella y un ligero equipaje y su fusil embarcó en una lancha y pasó al Peñón dispuesto, como perseveró toda su vida, a colaborar con España en la difícil empresa de pacificar y transformar su pueblo. Abdelkrim había ganado la partida; pero todavía tenía adversarios importantes y poca confianza en que Beni Uriaguel aceptase su mando en circunstancias críticas, cuando Silvestre había amenazado con la fuerza a una cabila donde todos los hombres significados habían expuesto varias veces su vida en luchas armadas, excepto él, que como su hermano, debían todo lo que tenían, dinero y haberes, a los españoles, y tenían conciliábulos tenebrosos con potentados europeos que les habían provisto de dinero y armas.

Les parecía un contrasentido que ellos solos manejasen lo primero y nunca hubiesen manejado lo segundo en su vida de funcionarios o estudian­tes. La socarronería cabileña lógicamente simplista, se fruncía en sonrisas de conejo ante las peroratas hábiles de Abdelkrim, que era ingenioso, hablaba en el idioma vernáculo y mostraba actitudes más que suficientes para tratar y hasta para embaucar a extranjeros, recurso necesario en aquellos momentos que ellos, conscientes de su ignorancia, no sabrían hacer.

Posición de Abarrán

Abdelkrim se daba cuenta de todo esto, y atando cabos, llegó a la conclusión de que necesitaba un golpe de efecto para redondear su jefatura y caldear los ánimos. Tenía que ser de tipo guerrero en aquel país, y para ello, si personalmente no preparó el zarpazo de Abarrán porque la noticia le sorprendió en su casa, había ciado orden al Jefe que mandaba la concentración de Yub el Kama, situada en Tensaman, de que por todos los medios atacasen a los españoles en cuanto se moviesen en dirección de la sierra que domina la bahía de Alhucemas. Aquel jefe, que pudo ser Bulahía, o Budra, estaba en convivencia con los de Tensaman, entre ellos con Amar Acarcaths, jefe de la harka de la cabila que estaba al servicio de los españoles, y dos semanas antes había colaborado en la ocupación pacífica de Sidi Dris, en la costa, y otras dos posiciones avanzadas de Annual, Buimeyán y Talili. Una delegación de Tensamán pidió a Silvestre que se ocupase de Abarrán, situada nueve kilómetros de Annual hacia Alhucemas y a seis de la concentración de los partidarios de Abdelkrim en Yub el Kama.

Convoy de suministros a Abarrán

Otros significados le aconsejaron que no lo hiciese, y también se lo aconsejó el Coronel de Estado Mayor Morales, jefe de Asuntos Indígenas, que le recordó las órdenes de Berenguerde no avanzar en aquella dirección hasta que se resolviese en Yebala la contienda con Raisuni, que estaba estrechamente cercado.

Silvestre ordenó la operación  que se realizó el 1º de junio a las nueva de la mañana sin oposición; pero a mediodía, cuando las fuerzas de protección llegaban a Annual de regreso de Abarrán, fue atacado por los Beni Uriaguel de Yub el Kamá; la harka de Tensaman hizo defección, uniéndose a ellos, y de los soldados indígenas de una compañía de Regulares y una Mía de policía indígena que con una batería de montaña componían la guarnición, muchos, sorprendidos por la traición de los tensamanís y la violencia del súbito ataque en escabroso escenario, hicieron también defección, o escaparon para salvar sus vidas. Murieron todos los oficiales y muchos soldados; de 250 hombres de la guarnición sólo 80 pudieron llegar a la posición de Buimeyan. Hacía años, desde 1913, las fuerzas de la Comandancia General de Melilla, que habían ocupado un territorio muy extenso, no habían tenido ocasión de librar combates de verdadera importancia. Lo de Abarrán, si bien sorprendió a Silvestre por el resultado, y a Berenguer además porque no estaba conforme con aquel avance, no fue debidamente valorado ni por el Gobierno ni por el mando.

Silvestre y Berenguer

Alguien ha dicho que después de Abarrán entabló Abdelkrim una negociación y decía que lo ocurrido fue contra su deseo, que fue obra de los turrbulentos de la harka y de que aún era tiempo de olvidar aquel hecho, y pactar. Puede ser verdad; pero también lo es que a los suyos les decía, mostrándoles los cuatro cañones de Abarrán, que ya veían cómo se podía vencer a los españoles.

Cincuenta y dos días después, en Annual fuimos batidos los españoles como los italianos de Baratiere, en Aadira, los portugueses en Alcázarquivir, los franceses en los pantanos de Macta, los ingleses en el Transval, y otra vez los franceses por los rifeños en el Uarga y al N. de Taza. Así, como en todos aquellos descalabros, estuvieron en peligro ciudades, se perdieron bases de operaciones, Melilla pasó días muy críticos hasta la llegada de refuerzos, y la tragedia, donde pereció con muchos jefes y solados el bravo General Silvestre, dio pábulo a leyendas de supervivencia del que sacrificó su vida en Annual parecidas a las de don Rodrigo en Guadalete y don Sebastián en Alcazarquivir.

Campamento de Annual

Como siempre que se producen reveses parecidos al de Annual en países dominados por extranjeros, se convirtieron en beligerantes todos los indígenas. Los que pasaban privaciones, que eran casi la totalidad de los habitantes porque apenas había llovido en los dos últimos años en el paupérrimo país, promovieron el desorden y la rapiña; se excitaron en tales proporciones, que los de Guelalia y otras cabilas no sólo robaban y mataban a españoles, sino también a los propios uriaglis cuando podían desvalijarles. Andelkrim, que estableció lo que él llamaba su cuartel general en Tanut Arruman de Beni Sidel, a unos veinte kilómetros de Melilla, oyó de noche cuatro o cinco tiros; le dijeron que eran ladrones que querían robar y se alejó de todo el terreno conquistado para establecer el cuartel general en su casa de Axdir, de la que salía muy raramente hasta que la abandonó cuatro años después, cuando nuestro desembarco de Alhucemas.

Restos de cadáveres españoles esparicods por Annual

Así como su hermano Mehamed y los caides todos que combatían contra nosotros eran verdaderos hombres de guerra, a Abdelkrim, cuya cojera le restaba desenvoltura física, no se le podía pedir que decidiese acciones sobre el terreno de lucha ni era ésta la misión de un conductor de la guerra; sin embargo, por los triunfos rifeños iniciales contra fuerzas españolas (1921) y francesas (1925) y por obligar a las dos naciones a realizar esfuerzos y gastos cuantiosos e incluso por el hecho de que para vencerlos se recurriese a los Generales Pétain y Primo de Rivera, no es extraño que quienes no conocen las interioridades del Rif le asignen, como lo han hecho, si no una gloria militar específicamente pura, un papel parecido al de nuestro Cardenal Cisneros, Churchill o Clemancea: mutatis mutandi… Así se ha dicho.

Restos de cadáveres españoles esparicods por Annual

Lo primero que se puede argüir es que aquellas figuras son eminentes en la Historia porque proporcionaron a sus pueblos triunfos señaladísimos, que al final de sus vidas contribuyeron al bienestar y hasta la grandeza, mientras las alharacas (de ahí viene la palabra «harcas») de Abdelkrim, verdaderamente onerosas, terminaron con el fracaso que le obligó a dejar precipitadamente el país temeroso de las iras de sus propios contríbulos y de la justicia que debió juzgarle, aunque después, sin juicio, estuvo veintiún años desterrado en una lejana isla del Índico: prolongado castigo para quien, acostumbrado al trato con españoles, acaso temiese de nosotros mayor rigor, pero no una expiación tan chichorrera, que a última hora quisieron reparar dejándole escapar.

Fue, en efecto, conductor de su guerra y también impulsor de los valerosos rifeños que la hacían; pero, dejando a un lado el resultado final, ninguna de sus iniciativas lograron lo que se proponían, que no era naturalmente que muriesen tantos hombres como murieron, sino adueñarse de Tiza, de Tifaurin, de Tizi Aza, de Sidi Mesaud, y tantos otros objetivos franceses y españoles, donde las confrontaciones habían sido tan costosas en vidas y desgaste de los valores combativos rifeños, como luego lo fueror Cudia Tahar, Monte Malmusi, Bu Dara y la Loma de los Morabos ¿Cómo se le ocurriría la idea descabellada de hacer la guerra al mismo tiempo a españoles y franceses?… No creyó nunca que ambas potencias llegaran a ponerse de acuerdo para cercarlo y atraparlo. Confió en que su sagacidad le valdría para interponerse entre dos naciones europeas y enemistarlas. Lo ocurrido en el Rif hasta julio de 1925 resulta, en su desarrollo, difícil de comprender. Abdelkrim no intuyó entonces el claro y lógico final. El ataque de Abdelkrim contra los franceses se produjo después de nuestra retirada de Xauen. Estas operaciones -la de retirada de Xauen- fueron mucho más costosas y sangrientas de lo que creyó Primo de Rivera y tuvieron derivaciones insospechadas. Obedecían a un plan de agrupación y empleo racional de fuerzas, que al fin se consiguió. Nuestras tropas estaban en aquel momento firmemente establecidas en la zona de Melilla y en la de Tetuán, en la llamada línea Primo de Rivera, y había sido dominada la cabila de Anyera, que Abdelkrim había conseguido sublevar creando una crítica situación. Primo de Rivera, que había llegado de Madrid, donde había estado después de la retirada, se encontraba en Tetuán atento a la pacificación de Anyera y dedicado a consolidar su línea mientras hacía proyectos para el futuro, sin renunciar a su idea de buscar soluciones pacíficas.

Abdelkrim (centro) con algunos de sus leales

En este momento, 13 abril, se desencadenó al ataque rifeño contra los franceses en la línea del Uarga. Abdelkrim estaba más fuerte que nunca porque su hermano había levantado casi toda Yebala y había apresado al Raisuni, que no le atacó cuando se vio sin nuestro apoyo.

A fines de junio los rifeños habían expugnado 48 de las 66 posiciones del frente del Uarga, destruyeron el aeródromo de Ain Mediuna, donde los rifeños; el año 19, habían librado duros combates en los que se apoderaron de muchos fusiles Lebel, que después utilizaron contra nosotros en Abarrán y en Annual. Como secuela del ataque inicial, las cabilas del valle del Uarga y las de N. de Taza, corno había ocurrido en nuestra zona en los años 21 y 24, se unieron a los rebeldes y éstos llegaron hasta un punto que distaba treinta kilómetros de Fez.

Los franceses, que tantas veces habían dicho que los acontecimientos que ocurrían en zona española no era posible que ocurriesen en la suya, tuvieron que evacuar las poblaciones civiles de Uazán y de Taza y tratar de conjurar el peligro que se cernía sobre la doble comunicación de Marruecos con Argelia, que comprometía la seguridad de lo más firme de sus entonces dilatados dominios africanos.

La casa de Abdelkrim bombardeada

El mariscal Lyautey fue relevado en el mando militar, aunque quedó como Alto Comisario; quedó mandando el General Naulin y el Mariscal Pétain llegó como inspector general. El Mariscal y nuestro General Primo de Rivera se entendieron perfectamente después de haberse entendido los dos Gobiernos. Era en el momento de apogeo de Abdelkrim, según sus panegiristas; pero éste vislumbraba su perdición; trató de hacer pactos separados con franceses y españoles. Primo de Rivera despejó la situación cuan­do recibió un día de julio a los agentes del jefe rifeño y les dijo, amable, pero firmemente, que cualquier pacto tendría que ser tripartito. Para la resolución final, esta declaración tuvo un valor extraordinario porque se obstinaban en el reconocimiento del Rif como Estado soberano, y esto se oponía a todos los tratados internacionales relacionados con Marruecos, además de representar un peligro para la tranquilidad del Mediterráneo. Briand, Paialevé y Pétain tampoco cedieron.

Playa de la Cebadilla, la primera oleada de legionarios desembarcado

El día 8 de septiembre de 1925 se hizo irreprochablemente el desembarco de Alhucemas. Las fuerzas de las primeras oleadas iban al mando de Franco, que era el coronel del Tercio, tenía treinta y dos años y fue ascendido a General. El día 10 del mismo mes, los franceses, que habían contenido a los rifeños, recuperaron los puntos clave de la línea del Uarga con muy escasas pérdidas, y en los días sucesivos, hasta el 15, adelantaron algunas posiciones de los antiguos frentes.

Los rifeños que combatieron en el Uarga dijeron que el día 9 les había llegado la noticia por teléfono del desembarco, pues tenían montada una línea desde Targnist, donde había una centralilla que comunicaba con Axdir (135 Kms.). Después lo oyeron a rebeldes de zona francesa que lo habían leído en un periódico de Fez. El efecto fue fulminante: los uriaglis corrieron a Alhucemas y allí no quedaron más rebeldes que los del país, frente a un ejército francés abandonados con sólo sus propios medios prácticamente nulos.

La consolidación del éxito del desembarco

Nuestra acción militar se había prolongado mucho a consecuencia de una inconveniente dosificación de esfuerzos, directamente ligado todo ello a la inestable situación política de la metrópoli, aparte de otras razones que no vamos a analizar. Nos limitaremos a dar algunos datos.

En los primeros veintitrés años de nuestro siglo, que fue cuando se debatieron las arduas cuestiones de Marruecos, tuvo España 32 Gobiernos que obraron al dictado de, por lo menos, otras tantas concepciones políticas en su actuación. Desde 1913 a 1925, primeros doce años de protectorado, 11 altos comisarios (uno no se posesionó del cargo aunque actuó desde Madrid), se enfrentaron con los problemas; fueron Alfau, Larrea, Marina, Gómez Jordana, Berenguer, Burguete, Villanueva, Silvela, Aizpuru, Primo de Rivera y Sanjurjo. En todo ese tiempo, en la zona francesa hubo sólo uno, Lyautey que realizó una labor, conocida por su eficacia, en un territorio diecinueve veces mayor que el nuestro, aunque hay que señalar que donde mayores escollos encontró desde que empezó a mandar fue en el Rif o sus aledaños; su primera campaña fue contra los rifeños Beni Esnasen (1907), su primer contacto; y en el Rif fue donde encontró mayores dificultades para mantener la tranquilidad durante la guerra europea, y donde finalmente, tuvo que dejar el mando en 1925.

El periodista Luis de Oteyza entrevistando a Abdelkrim en 1922
El empresario Horacio Echevarrieta negociando la entrega de prisioneros, previo pago, con Abdelkrim en 1922

El Rif ha sido siempre un avispero, como el mismo mariscal decía; lo fue incluso en la antigüedad. El itinerario de Antonino no indica ninguna ruta terrestre a lo largo de la costa, y según se lee en «Revue du monde musulmán» tomo XVI el trayecto de Tingi (Tánger)  Malua (Muluya) hacía por mar porque la región era tan montañosa y difícil, que los romanos renunciaron a su colonización. Durante la dominación árabe, con el largo paréntesis del agitado principado de Nekór, cuya capital destruyó para siempre el caudillo almorávide Yusuf Texufin, y quizás algún tiempo de los almohades y merinídas, siempre había sido tierra insumisa. En Gueznaia, controlada por franceses, estalló la guerra de guerrillas que en 1955 tanto influyó en la independencia de Marruecos y, en el año 58, los Beni Uriaguel se rebelaron y obligaron al al príncipe Hassan, ahora rey, a hacer un nuevo desembarco en Alhucemas; el intento de reducir la rebelión con 2.000 hombres atravesando las montañas, resultó fallido, y el desembarco, tuvo un rápido éxito. El castigo fue adecuado, pero según Woolman, autor del libro «Abdelkrim y guerra del Rif “ (Tau-Barcelona-1971), el Rif se considera todavía como la parte más inestable de Marruecos.

Parte 1 // Parte 2 //


4 respuestas a «Abdelkrim. (3/4) El apogeo»

  1. Es muy triste que hoy en día no se tenga un mínimo recuerdo por aquellos españoles que allí perdieron su vida. Cada vez son menos aquellos que tienen interés en conocer la historia de España en Marruecos, incluso si algunos de los combatientes fueron recompensados por sus méritos y después formaron parte del ejército que en los años treinta nos salvó del comunismo de los Largo Caballero y otros socialistas como él, se les niega el pan y la sal. Se eliminan las calles que merecidamente llevan su nombre e incluso si se les ensalza por sus sacrificios y méritos conseguidos corremos el riesgo de infringir las leyes que para eso han redactado Socialistas, comunistas, independentistas, etc.

  2. La casa de Abdelkrim bombardeada: la foto es de una serie de la Aeronáutica Militar y corresponde a un bombardeo con agresivos químicos. Guerra química en España (1912-1945), Gallandbooks. Autocita.
    https://gallandbooks.com/coleccion-stug3/508-guerra-quimica-en-espana-1912-1945.html.
    No se escandalicen, entonces aún no estaban prohibidos por el Convenio de Ginebra de 1925 (ese que Unidos no firmó hasta 1975). Y piensen en que la mayoría de los asesinados en Annual fueron , además, vejados y torturados.
    España entonces tenía voluntad de vencer, y venció. A pesar de la mano negra inglesa esa que, además de poner en portada a Abd el Krim, le armaba desde Gibraltar y Tánger.
    Y, por cierto, en el un nuevo desembarco en Alhucemas, Mohamed V y su hijo Hassan utilizaron Napalm. España, Marruecos y el conflicto del Sáhara. https://www.casadellibro.com/libro-espana-marruecos-y-el-conflicto-del-sahara/9788417816797/13015968.

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