Abdelkrim. (4/4) El ocaso

Nuestro desembarco fue sin duda operación indispensable y decisiva para Ia pacificación del Rif; pero se hizo necesario, en vista de que los rebeldes no se rendían y Abdelkrim conservaba todavía fuerzas que se mostraban dispuestas a emplearse, dejar pasar el invierno, para operar en las montañas hasta cercarlo. Esto se hizo en mayo del año siguiente, y no en abril, como se pensaba, porque Abdelkrim inició una serie de tentativas de parlamento, la última de las cuales fue aceptada por Francia y España. Se celebraron varias conferencias en Camp Berteaux y en Uxda hasta el 6 de mayo, día en el que, por no ceder el rifeño en su pretensión de la independencia del Rif, se declararon rotas las negociaciones.

Llegada a Taurirt de la delegación rifeña para negociar la entrega de Abdelkrim a Francia

El día 8 empezó el avance en los frentes. Anuladas las resistencias, que fueron duras para algunas columnas españolas, singularmente para la que salió de la cabeza de puente que se constituyó después del desembarco, al ver que lo cercaban estrechamente los españoles, se refugió con su familia en la Zauia (residencia de carácter religioso) de Esnada y mandó un aviso a los franceses; después escribió sendas cartas a los comisarios franceses y español. El capitán Suffren y teniente Montagne, con una reducida escolta, fueron en su busca y le condujeron a Targuist antes de que pudiesen surtir efecto las cartas. Lo que había ocurrido era que al verse ya perdido, trató de ganar la costa, donde le esperaba un falucho para embarcar con su familia y su equipaje; pero temía la actitud poco tranquilizadora de los de la costa, cuyo caíd había tenido preso, y pensó entregarse a los franceses en lugar de refugiarse en Gibraltar, como pensó en principio, haciendo la travesía de noche, aun corriendo el riesgo de un encuentro con barcos de guerra que vigilaban por la posibilidad de que emplease alguna lancha motora. Todo menos entregarse a los españoles, que venían a sus alcances, porque en los últimos días habían muerto todos los oficiales y muchos soldados nuestros de los que tenía prisioneros; de los franceses quedaban más, aproximadamente la mitad de los capturados hacía un año, si se prescinde de los senegaleses, porque de éstos, más de 200 habían muerto todos, excepto media docena, que por tener habilidad en reparación de armas resultaban útiles.

Los detalles de la rendición no caben en el marco de este trabajo. Abdelkrim y los suyos debieron haber sido entregados a la jurisdicción de nuestra zona.

Abdelkrim junto a oficiales franceses tras su entrega

Un diario francés, «Le Nord Marocain» (23 abril 1926), dijo: «En definitiva, es al jalifa de Tetuán a quien se ha de someter Abdelkrim». Aunque él fue a buscar tropas francesas, éstas operaban en zona española en una acción de colaboración militar y carecían de potestad y autoridad para destacar sesenta kilómetros a dos oficiales con reducida escolta y amparar al jefe rebelde, sin hacérselo saber al mando español, y mucho menos a quebrantar el poder jurídico, que según tratados internacionales, independientemente del movimiento de los ejércitos, estaban asignados al jalifa de la zona encomendada a España.

Según los tratados y pactos que regían entre Francia y España, podrían acumularse los cargos que Francia o el Sultán tuvieran contra el rebelde, pero el proceso debió substanciarse, fallarse y sancionarse en zona española. Los franceses trataron de dar una explicación a las transgresiones diciendo que Abdelkrim les prometía entregarles los prisioneros franceses y españoles que tenía, entregándose él enseguida, y el coronel Corap lo aceptó inmediatamente por tratarse de una cuestión de humanidad. Los prisioneros franceses eran 172, Y ya dijimos los que habían perecido en un año. Había entre ellos siete graduados, oficiales o suboficiales; los españoles eran 105 de tropa, dos mujeres y cuatro niños.

Si tenemos en cuenta lo que era el teatro de aquella guerra y la versatilidad típica de aquellas gentes, que excitadas por acontecimientos tremebundos son capaces de cualquier exceso irreparable, se encuentra, sino aceptable, explicable al menos, la decisión de Corap; no lo es, sin embargo, que Abdelkrim fuese recibido con un sonar de clarines y cornetas, un “¡Garder a vous!» y un apretón de manos del General de la División. Pudieron haberse ahorrado la ceremonia que terminó con un gesto, nada ceremonioso aunque muy rifeño, el caíd Medbóh de Gueznaia quien al pasar ante él, el cabecilla, se despojó del turbante, lo arrojó al suelo, y pidió justicia para el causante de tanta desdicha, dijo, para su pueblo.

Las hijas de Abdelkrim: Fatima, Rokaya, Mouna, Mariam, y Aicha

David S. Woolman en su libro ya citado, bastante imparcial y bien intencionado, aunque con algunos errores, a pesar de que hace elogios de Abdelkrim, del que dice que «fue un gran reformador como líder militar», que «las tribus le aceptaron como hombre dotado de grandes conocimientos, brillante soldado y jefe cosechador de éxitos sin precedentes» y que «le admiraban, respetaban y temían, pero, no era amado por su pueblo» (pág. 162). «La mayoría de sus súbditos se hallaban resentidos por su actitud cada vez más tiránica” (página 232), añade que tras varios atentados contra su vida mantenía en secreto su paradero, que la gran masa de sus súbditos jamás le vieron en persona, pues eran raras sus apariciones en público. Como hombre de guerra ya se ha dicho, personalmente, no lo era. En el Rif se habla de muchos guerreros valerosos y hasta se cantan hazañas de Mohan Amezian, el caudillo de la guerra del Kert en 1912; del Hach Amar de Metalza, de Burrahail, de muchos uriaglis: Al-luch el Asisi, Budra, Aberkarch, Hadú Moh Amezian, Chaib Hamadi, (Haib Yacubide Tensaman y de Mehamed, el hermano del cabecilla, del que ya dijimos que además de ser valeroso era, por sus buenos sentimientos e inteligencia despierta, la figura más relevante. Del que se llamó Emir, aunque al nombrarle los rifeños decían: Mmis n’Abdelkrim,(Hijo, en rifeño mmis) a secas, se decía que sólo dos veces cargó el fusil para disparar contra el enemigo: el día del desembarco, que salió de su casa y no disparó porque no llegó donde estaban los españoles, y en Targuist, a primeras horas de la noche del 23 de mayo del 26. Estaba en un poblado de Beni Uriaguel próximo, no sé si en Tismorent o en Tammarcalt; allí oyó reproches y, en un momento de irritación, tomo el fusil, partió seguido de mala gana por los que estaban con él. Creyeron algunos que iba a buscar la muerte, pues había escapado del cerco de los españoles la noche antes y aquel día habían ocupado la meltacama (puesto de mando) que tenía en Targuist los gumiers (caballería indígena) de los franceses. Se parapetó en unos riscos que dominaban la llanura, disparó cinco tiros del cargador del Mauser a más de 2.000 metros de la que había sido su rnehacama y, sin esperar el resultado, montó precipitadamente en una mula y se fue a Snada, desde donde mandó un propio a los franceses para que fueran a buscarle.

Ya sabemos el recibimiento que le hicieron. En Tarquist esperó la llegada de las mujeres de la familia y de sus hijos, tres varones y una niña; se les unió su hermano con sus dos chicos más y todavía hubo que esperar a que llegase la impedimenta que iba viniendo, poco a poco y con precauciones, para no ser robada: alfombras, baúles, cajas pesadas, muebles, material sanitario, víveres para mucho tiempo, ropas, menaje de cocina…, y hasta la cama de matrimonio de Abdelkrim: 270 mulos de trenes regimentales franceses. En buen número de ellos iba el tesoro de la Dul-la el yemauría en-rifia (confederación de aljamas rifeñas) y los tesoros particulares de las 27 personas que componían la expedición, todos en duros españoles que sonaban en las cajas al paso de los mulos por los senderos pedregosos con un ruido capaz de enloquecer a los cabileños de beni Am-mart y de Gueznaia, dos caidatos, en total 40 kilómetros que había que atravesar, cuyos caides, Mohand Tieb y el Medboh, habían estado presos bajo el mando de Abdelkrim.

Abdelkrim con sus hijos varones (El Cairo)

Cuando el convoy se puso en marcha para recorrer aquella distancia hasta poder cargar en camiones y llegar a Taza, dos batallones de escolta le parecían poco al ex cabecilla; tuvieron que ir tres, al mando del teniente coronel Giraud, el que compartió, siendo General, con de Gaulle el mando de la Francia libre, dieciséis años más tarde.

Los duros de las cajas eran seguramente de los que Horacio Echevarrieta entregó por el rescate de los prisioneros el año 21, comisionado por el Gobierno español, en enero del año 23. Los 560 supervivientes concentrados en Axdir en los últimos días de junio del 21, se redujeron a 326 y costó el rescate 4.000.000 de pesetas. De los que habían muerto, algunos habían sido por intento de fuga, otros por represalias de avances o acciones de aviación, y la mayoría de tifus exantemático, malos tratos y falta de nutrición. Creemos que los duros del convoy eran de los del rescate porque nos dijeron que, al caer un mulo y romperse una caja, Azarkan (Pajarito), repartió algunos duros entre los soldados de la escolta, que los recogieron y eran como si fuesen recién salidos de la fábrica. Durante la rebeldía, como desde hacía muchos siglos, en el Rif la unidad monetaria era la española, los pagos que hacía el cabecilla a sus tropas y funcionarios eran en papel moneda y ésta era la que corrientemente circulaba en el interior; pero cuando percibían dinero del exterior, exigían billetes nuevos y preferentemente plata. Circulaba poquísimo dinero hassani, papel moneda de francos, libras, chelines, etc. que se valoraban según el caótico criterio de los agiotistas que por allí se movían y recalaban principalmente en Tánger. Un tal Gardiner, inglés, que decía tener poderes de un grupo financiero británico, propuso a cambio de concesiones monopolísticas, cuya sola enumeración producía asombro en aquel Rif de 1923, la creación de un Banco Rifeño que emitiría papel moneda. Abdelkrim años después no quería hablar sobre aquello, de lo que no guardaba buen recuerdo. En playas andaluzas de Estepona aparecieron fardos de billetes rifeños hechos en Inglaterra, que habían sido arrojados al mar en la costa de enfrente.

Otro inglés, Gordon Canning que hacía furibunda campaña antiespañola en «Westminster-Gazzete» aparece también como agente financiero y emprende una serie de viajes y gestiones de paz que dan la sensación de que se trata de un hombre lunático; en el año 27 se oscureció para el mundo durante cerca de veinte años, y pocos meses después de terminar la última guerra mundial fundó en Inglaterra una secta religiosa que tenía por profeta a Hitler. Compró en Alemania un magnífico busto del Fuhrer, y él con unos cuantos le rendían veneración. Otros muchos aventureros y negociantes de diversas nacionalidades visitaron y estuvieron relacionados con Abdelkrim durante su rebeldía. Algunos hicieron muy importantes contrabandos de armas. Gardiner, según dijo el cabecilla, le prometió aviones, cañones, barcos, fábricas…, pero sólo le llevó 16.000 fusiles que embarcó en Hamburgo en su yate Silvia (antiguo cazasubmarinos con diez hombres de tripulación).

Los Mannesmann, durante la primera guerra europea, introdujeron muchas armas, en Málaga (9 diciembre 1915) se descubrieron 2.000 carabinas y 200.000 cartuchos que enviaban al Rif. También en Madrid descubrieron expediciones que la embajada alemana iba a enviar. Los barcos ingleses Silver Crescent y Star and Stela hicieron contrabando de armas durante algún tiempo por cuenta del grupo financiero inglés. El resultado de desarme en el Rif hasta 1929 fue: piezas modernas de artillería de campaña, 130; ametralladoras, 284; fusiles, 69.915; armas cortas y espingardas, 7.337; morteros de infantería 30. No es aventurado suponer que Abdelkrim llegó a contar con 80.000 fusiles. Concertó la compra de cuatro aviones, de los que sólo llegó uno en vuelo; no pudo prestar servicio porque lo destrozó una patrulla de aviones españoles en Ismoren (Bocoia).

Tuvieron tres autos comprados en Argelia, que llegaron a Axdir por tierra después de ímprobos trabajos de pista en las montañas. Los compró carísimos, ya usados, el caíd Hadú el Kahal, un aventurero que cuando era muy niño, en 1898, había abandonado Bocia con su familia huyendo del castigo que infligió a Bocoia por piratería Buxta el Bagdaddi; criado de un francés, Mr. Say, que quiso emular en África las grandes empresas colonizadoras de América y fundó un pueblo, junto a la desembocadura del Muluya que se llamó Port Say, Hadú tuvo en aquel pueblo un café con el significativo nombre de Los Piratas. Hablaba perfectamente varios idiomas y, aunque no se fiaban mucho de él, hizo durante la rebeldía de enlace con los franceses, a quienes engañó muchas veces. Fue uno de los representantes del Rif en la conferencia de Uxda y aconsejó a Abdelkrim que se presentase a los franceses; después lo delató como asesino de su hermano. Murió en Mogador en 1950.

Casa de los Abdelkrim en la isla Reunión

Abdelkrim y su hermano, con los miembros de su familia, permanecieron veintiún años en isla La Reunión, isla del Índico (700 kilómetros al E. de Madagascar, 2.580 kilómetros cuadrados, clima tropical, riquezas agrícolas y forestales). Allí vivieron en una hermosa finca; estudiaron sus hijos y envejecieron, sin duda con la esperanza de volver a su tierra. Fue tratado como un príncipe vencido, y en 1947 los franceses decidieron acceder al traslado de toda la familia a Francia, como habían pedido al considerar que no parecía posible su vuelta al Rif. En Francia se disputaban varias ciudades el privilegio de ser residencia de los que consideraban como interesantes personajes ya históricos, pero válidos todavía para esa literatura sensacionalista tan del gusto de los franceses y de muchos que no lo son, y ¿por qué n o? también como atracción de turismo.

España, con quien no se contó para el cambio de lugar de confinamiento, lo consideró como una violación más del acuerdo franco-español y exigió que se señalase el lugar de confinamiento al E. del Ródano. El comisionado por el Gobierno francés para preparar la futura residencia era Mr. Gabrielli, antiguo Controleur de Taurirt, verdadera puerta de acceso al Rif, como él decía. Gabrielli falleció en 1950 en Rabat. Dejó un libro «Abdelkrim et les événements d Rif», (Ed. Atlantides, Casablanca 1953), del que tomamos los datos que extractaremos, con algunas precisiones nuestras.

Abdelkrim saludando a Nasser

Se eligió para Abdelkrim una lujosa residencia en la Costa Azul, que está diez kilómetros al O. de Niza en Villeneuve-Loubet, y se alquiló en 500.000 francos por año; se hicieron, empleando prisioneros alemanes, importantes reparaciones, y Galeries Lafayette se encargó de amueblarla: dos millones; se dotó a la residencia de reserva de víveres para un mes, y todo ya perfectamente preparado, cuando no faltaba más que la llegada a Marsella del Katoomba, barco panameño donde había embarcado la expedición… hélas! el Katoomba llegará sin Abdelkrim y sus familiares, que han escapado en Port Said donde hizo escala el navío y han ganado El Cairo.

Dice Grabielli que la noticia sensacional le llenó de estupor, que el barco panameño era un navío singular con tripulación griega; que la vigilancia francesa debió ser discreta -demasiado discreta, añade- y no se explica cómo no se utilizó un barco francés para un viaje de aquella importancia. Cuenta después los apuros que pasó para cancelar el contrato de alquiler, para devolver los muebles a las Galeries, para vender los víveres… y termina diciendo que a su vuelta a Marruecos, algunos sarcasmos amistosos saludaron su llegada. Gabrielli lo dice entre líneas: los franceses le dejaron escapar.

Desde su llegada a El Cairo, dice después el contráleur, el antiguo jefe rifeño se dedicó a frenéticos ataques, declaraciones incendiarias y amenazas brutales contra Francia; admite la posibilidad de que Ben Abud, líder nacionalista de la zona española, diese la mano al rebelde para escapar del Katoomba, porque ciertos aspectos de la política española de la época no lo hacen imposible. Fuesen los que fuesen, aquellos aspectos, no parece hábil ni oportuno pulsar esa tecla discordante, cuando cuatro páginas antes había dicho Gabrielli que él se preguntaba cómo el Gobierno francés había podido tomar la decisión de utilizar un navío panameño para un viaje de tal importancia y cómo la marina francesa aparecía reducida a tal indigencia que dio lugar a que se produjese ruido en las cancillerías sin que en la aventura el prestigio de Francia apareciese engrandecido.

El Cairo 1958.- De izqu. a dch.: De espaldas sentado (turbante) Mehamed (hermano de Abdelkrim), el embajador de Túnez (sentado), el Gran Muftí de Jerusalén (de pie), Abdelkrim (sentado, siendo besado por un delegado palestino) y el agregado militar español.

Abdelkrim falleció en El Cairo el 5 de febrero del año 63 a los ochenta años. Durante los dieciséis que permaneció en Egipto hizo todo el daño que desde allí podía hacer a Francia, y en octubre del años 50, víspera del debate de la cuestión española en la ONU, a todos los delegados y periodistas fue repartido un escrito, por él firmado, argumentando para que se votase en contra de España; todos los países árabes votaron a favor.

En 1960, tres años antes de morir, según Woolman, reveló que había experimentado un cambio total en sus sentimientos desde 1920, cuando declaró que su único enemigo era España. Y siguió con esta afirmación: «Mi lucha es contra Francia».

Mehamed regresó a Marruecos en septiembre del año 1967 con intención de pasar en el Rif los últimos años de su vida; aguardaba en a que llegasen de El Cairo familiares y bienes, cuando sufrió un ataque al corazón y murió en el hospital. Su cuerpo fue transportado a Axdir donde se le sepultó con honores.

Muy distinto de su hermano, se hizo querer de su pueblo, reprobó muchas veces la crueldad de aquél llamándole en una ocasión salvaje (en español), en presencia de su madre, y en otras llegó a amenazarlo. Aunque nos combatió, por ser el verdadero caudillo militar, habló y trató a los prisioneros con respecto. Aunque enérgico; entre los suyos fue un mirlo blanco.

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2 respuestas a «Abdelkrim. (4/4) El ocaso»

  1. Francia es el GOF, Abdelkrim un masón al que la logia prometió la independencia con él al mando o similar, como a Rizal con los tagalos, Bolívar y demás chusma lacaya; como los berzas separatistas catalanes, vascos, y lo que vaya surgiendo de la siembra. Siempre financiados y teledirigidos contra España y su integridad.
    El paripé francés/masón de los prisioneros no pega ni con cola, como de costumbre, amparados por masones de turno infiltrados en el ejército español; corrieron en ayuda del hermano como es su obligación. De la a a la z, más de lo mismo. Si Francia colaboró en el desembarco, es porque le interesaba al NOS; nunca se pensó desde la logia dar lo prometido, le utilizaron como de costumbre. Filipinas para el cortijo EEUU, y el Rif para el futuro comecocos marroquí; plazas fuertes del marrano y su centenario plan.

  2. Después de lo que pasó en MonteArruit (3500 soldados españoles degollados muchos de ellos tumbados en las camillas heridos, tras pactar que se respetarían las vidas), si en España en lugar de arreglarlo todo con misas hubiera habido lo que no hay, se habría iniciado una guerra de exterminio donde los moros hubieran pagado 1000 por 1 lo que hicieron . El exterminio dr Abdelkrim, toda su familia sin excepción y toda su tribu, debería haber sido una causa nacional . Es una vergüenza que este canalla viviera como un potentado , en lugar de ser un objetivo nacional capturarlo y matarlo como merecía.. España no aprende . No aprenderá nunca al paso que vamos.

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