Accra cuestiona a Magnifica Humanitas

ESCUCHAR NOTICIA: Veinte gobiernos africanos han respaldado en Accra, Ghana, una carta para defender la familia, la vida y la soberanía nacional frente a las presiones internacionales que buscan imponer el aborto, la ideología de género y determinadas políticas sexuales mediante ayudas, tratados y presión diplomática. El documento afirma que no existe un derecho internacional al aborto, define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer y sostiene la realidad sexual del ser humano como varón o mujer. Además, denuncia una forma de colonialismo ideológico occidental, ejercida también a través de instituciones internacionales. Accra plantea así una objeción incómoda a Magnifica Humanitas. La encíclica presenta a la ONU y a las organizaciones internacionales como instrumentos llamados a promover una “civilización del amor”. Pero ¿qué sucede cuando esas mismas instituciones utilizan su poder político, económico y diplomático no para servir a la vida, a la familia y al bien común, sino para imponer el aborto, la ideología de género y una antropología contraria a la ley natural? Entonces ya no estamos ante una civilización del amor, sino ante una verdadera civilización de la muerte, promovida además mediante mecanismos internacionales de presión. Y precisamente eso es lo que denuncia la Carta de Accra. Accra no se limita a hablar de manera genérica de abusos, desigualdades o defectos del sistema internacional. Pone el dedo en un mecanismo concreto: países e instituciones poderosas utilizan ayudas, tratados, programas de cooperación y presión diplomática para introducir en otros pueblos una determinada concepción del aborto, de la sexualidad, del género y de la familia. En Magnifica Humanitas, en cambio, ese fenómeno no ocupa un lugar equivalente. La encíclica habla abundantemente de diálogo, cooperación internacional, multilateralismo y civilización del amor, pero no denuncia con la misma claridad el colonialismo ideológico que puede ejercerse mediante esas presiones morales y antropológicas procedentes del mundo occidental. Y esto importa mucho, porque cambia el diagnóstico. Si el colonialismo ideológico no aparece claramente señalado, la impresión que deja la encíclica es que el problema de las instituciones internacionales consiste sobre todo en que funcionan mal, son insuficientes o necesitan reformas. Accra va más lejos: advierte que esas instituciones pueden utilizar deliberadamente su poder para imponer una antropología contraria a las convicciones de otros pueblos. La pregunta que Accra deja abierta ante Magnifica Humanitas es, por tanto, muy sencilla y muy seria: ¿qué sucede cuando quienes dicen construir la civilización del amor utilizan su poder para extender una civilización de la muerte? Magnifica Humanitas no responde suficientemente a esa cuestión. Habla de diálogo, cooperación, multilateralismo y de la ONU como instrumento para promover una “civilización del amor”, pero no explica qué debe hacer una nación cuando esas mismas estructuras internacionales presionan para imponer el aborto, la ideología de género o una concepción de la familia contraria a la ley natural. Accra obliga, por tanto, a formular una pregunta que la encíclica deja abierta: ¿cómo puede hablarse de civilización del amor sin denunciar con la misma claridad las estructuras internacionales que promueven una civilización de la muerte? El silencio de León XIV es significativo. Las instituciones que promueven esa civilización de la muerte y fomentan formas de colonialismo ideológico occidental no son ajenas al sistema de la ONU, sino que forman parte, en muchos casos, de ese mismo entramado internacional al que Magnifica Humanitas presenta como llamado a colaborar en la construcción de una “civilización del amor”. Ahí aparece la contradicción: ¿cómo puede proponerse ese sistema como instrumento de una civilización del amor sin denunciar con igual claridad que algunas de sus estructuras trabajan en sentido contrario?   Pulse para escuchar el texto Veinte gobiernos africanos han respaldado en Accra, Ghana, una carta para defender la familia, la vida y la soberanía nacional frente a las presiones internacionales que buscan imponer el aborto, la ideología de género y determinadas políticas sexuales mediante ayudas, tratados y presión diplomática. El documento afirma que no existe un derecho internacional al aborto, define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer y sostiene la realidad sexual del ser humano como varón o mujer. Además, denuncia una forma de colonialismo ideológico occidental, ejercida también a través de instituciones internacionales. Accra plantea así una objeción incómoda a Magnifica Humanitas. La encíclica presenta a la ONU y a las organizaciones internacionales como instrumentos llamados a promover una “civilización del amor”. Pero ¿qué sucede cuando esas mismas instituciones utilizan su poder político, económico y diplomático no para servir a la vida, a la familia y al bien común, sino para imponer el aborto, la ideología de género y una antropología contraria a la ley natural? Entonces ya no estamos ante una civilización del amor, sino ante una verdadera civilización de la muerte, promovida además mediante mecanismos internacionales de presión. Y precisamente eso es lo que denuncia la Carta de Accra. Accra no se limita a hablar de manera genérica de abusos, desigualdades o defectos del sistema internacional. Pone el dedo en un mecanismo concreto: países e instituciones poderosas utilizan ayudas, tratados, programas de cooperación y presión diplomática para introducir en otros pueblos una determinada concepción del aborto, de la sexualidad, del género y de la familia. En Magnifica Humanitas, en cambio, ese fenómeno no ocupa un lugar equivalente. La encíclica habla abundantemente de diálogo, cooperación internacional, multilateralismo y civilización del amor, pero no denuncia con la misma claridad el colonialismo ideológico que puede ejercerse mediante esas presiones morales y antropológicas procedentes del mundo occidental. Y esto importa mucho, porque cambia el diagnóstico. Si el colonialismo ideológico no aparece claramente señalado, la impresión que deja la encíclica es que el problema de las instituciones internacionales consiste sobre todo en que funcionan mal, son insuficientes o necesitan reformas. Accra va más lejos: advierte que esas instituciones pueden utilizar deliberadamente su poder para imponer una antropología contraria a las convicciones de otros pueblos. La pregunta que Accra deja abierta ante Magnifica Humanitas es, por tanto, muy sencilla y muy seria: ¿qué sucede cuando quienes dicen construir la civilización del amor utilizan su poder para extender una civilización de la muerte? Magnifica Humanitas no responde suficientemente a esa cuestión. Habla de diálogo, cooperación, multilateralismo y de la ONU como instrumento para promover una “civilización del amor”, pero no explica qué debe hacer una nación cuando esas mismas estructuras internacionales presionan para imponer el aborto, la ideología de género o una concepción de la familia contraria a la ley natural. Accra obliga, por tanto, a formular una pregunta que la encíclica deja abierta: ¿cómo puede hablarse de civilización del amor sin denunciar con la misma claridad las estructuras internacionales que promueven una civilización de la muerte? El silencio de León XIV es significativo. Las instituciones que promueven esa civilización de la muerte y fomentan formas de colonialismo ideológico occidental no son ajenas al sistema de la ONU, sino que forman parte, en muchos casos, de ese mismo entramado internacional al que Magnifica Humanitas presenta como llamado a colaborar en la construcción de una “civilización del amor”. Ahí aparece la contradicción: ¿cómo puede proponerse ese sistema como instrumento de una civilización del amor sin denunciar con igual claridad que algunas de sus estructuras trabajan en sentido contrario?

Veinte gobiernos africanos han respaldado en Accra, Ghana, una carta para defender la familia, la vida y la soberanía nacional frente a las presiones internacionales que buscan imponer el aborto, la ideología de género y determinadas políticas sexuales mediante ayudas, tratados y presión diplomática.

El documento afirma que no existe un derecho internacional al aborto, define el matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer y sostiene la realidad sexual del ser humano como varón o mujer. Además, denuncia una forma de colonialismo ideológico occidental, ejercida también a través de instituciones internacionales.

Accra plantea así una objeción incómoda a Magnifica Humanitas. La encíclica presenta a la ONU y a las organizaciones internacionales como instrumentos llamados a promover una “civilización del amor”. Pero ¿qué sucede cuando esas mismas instituciones utilizan su poder político, económico y diplomático no para servir a la vida, a la familia y al bien común, sino para imponer el aborto, la ideología de género y una antropología contraria a la ley natural?

Entonces ya no estamos ante una civilización del amor, sino ante una verdadera civilización de la muerte, promovida además mediante mecanismos internacionales de presión. Y precisamente eso es lo que denuncia la Carta de Accra.

Accra no se limita a hablar de manera genérica de abusos, desigualdades o defectos del sistema internacional. Pone el dedo en un mecanismo concreto: países e instituciones poderosas utilizan ayudas, tratados, programas de cooperación y presión diplomática para introducir en otros pueblos una determinada concepción del aborto, de la sexualidad, del género y de la familia.

En Magnifica Humanitas, en cambio, ese fenómeno no ocupa un lugar equivalente. La encíclica habla abundantemente de diálogo, cooperación internacional, multilateralismo y civilización del amor, pero no denuncia con la misma claridad el colonialismo ideológico que puede ejercerse mediante esas presiones morales y antropológicas procedentes del mundo occidental.

Y esto importa mucho, porque cambia el diagnóstico. Si el colonialismo ideológico no aparece claramente señalado, la impresión que deja la encíclica es que el problema de las instituciones internacionales consiste sobre todo en que funcionan mal, son insuficientes o necesitan reformas. Accra va más lejos: advierte que esas instituciones pueden utilizar deliberadamente su poder para imponer una antropología contraria a las convicciones de otros pueblos.

La pregunta que Accra deja abierta ante Magnifica Humanitas es, por tanto, muy sencilla y muy seria: ¿qué sucede cuando quienes dicen construir la civilización del amor utilizan su poder para extender una civilización de la muerte?

Magnifica Humanitas no responde suficientemente a esa cuestión. Habla de diálogo, cooperación, multilateralismo y de la ONU como instrumento para promover una “civilización del amor”, pero no explica qué debe hacer una nación cuando esas mismas estructuras internacionales presionan para imponer el aborto, la ideología de género o una concepción de la familia contraria a la ley natural.

Accra obliga, por tanto, a formular una pregunta que la encíclica deja abierta: ¿cómo puede hablarse de civilización del amor sin denunciar con la misma claridad las estructuras internacionales que promueven una civilización de la muerte?

El silencio de León XIV es significativo. Las instituciones que promueven esa civilización de la muerte y fomentan formas de colonialismo ideológico occidental no son ajenas al sistema de la ONU, sino que forman parte, en muchos casos, de ese mismo entramado internacional al que Magnifica Humanitas presenta como llamado a colaborar en la construcción de una “civilización del amor”. Ahí aparece la contradicción: ¿cómo puede proponerse ese sistema como instrumento de una civilización del amor sin denunciar con igual claridad que algunas de sus estructuras trabajan en sentido contrario?


3 respuestas a «Accra cuestiona a Magnifica Humanitas»

  1. Magnifica Humanitas es un engaño más en este mundo dominado por la mentira y la maldad. Prevost es un sicario de Lucifer, tratará de destruir todo lo que queda de la antaño reluciente Iglesia Luz del mundo. Cuanta más almas extravié, más méritos supone tendrá este impostor, pero como buen siervo de Satanás, cobrará -sorpresivamente para él- justo pago abriéndole los diablos, en su rabiosa desesperación, ininterrumpidamente el cráneo en lo más profundo del infierno por la eternidad.
    Prevost conocerá así la verdad en la aplicación de la Justicia Eterna de DIOS.

  2. Se trata de redefinir el amor, que ya no será al prójimo, sino a la pachamama o similar; dicho burdamente para abreviar. Lo que a los mayores nos parece una estupidez de cajón, irá dejando de serlo cuando se repita n+1 veces a los más ‘nuevos’; el ciudadano/ borrego, ideal/ platónico.

Deja una respuesta

Normas: los comentarios son responsabilidad única y exclusiva de quien los inserta. Esta web ni asume, ni alienta ninguno de ellos. Quien se sienta ofendido por alguno, deberá inexcusablemente dirigir su queja de inmediato (plazo máximo 7 días según Ley Orgánica 2/1984) a nuestro correo en "CONTACTO". De no hacerlo así se entenderá que no se siente ofendido, así como que renuncia a cualquier clase de reclamación a que pudiera tener derecho.

Los campos obligatorios están marcados con *


Pulse para escuchar el texto