Acerca del perdón, el olvido y la rendición

En el reciente viaje del Papa Francisco I a la república de Iraq realizado entre el 5 y el 8 de marzo, el Sumo Pontífice dijo que los cristianos debían perdonar la persecución, tender puentes con sus vecinos y desterrar cualquier pensamiento o acción de venganza. Además, aprovechó el viaje para sentenciar que no se matara en nombre de Dios, y animaba a los cristianos a continuar viviendo en Iraq. En principio no habría nada que alegar frente a las palabras del pontífice: perdón, reconciliación o paz no son solo valores propios del cristianismo, sino incluso, a los que aspira cualquier persona de bien.

El problema en cuanto al perdón y la reconciliación, es que no pueden llevar ni al olvido ni a la rendición; y sin embargo, en España es precisamente lo que ha ocurrido. Para empezar, el perdón tiene tres partes; el perdón de la víctima, el arrepentimiento del agresor, y en última instancia, el perdón de Dios. Si lo trasladamos al derecho penal, lo veremos más claro: una persona comete un delito que afecta a un tercero, y ante la captura del delincuente por parte de las autoridades, puede haber arrepentimiento del delincuente e incluso el perdón de la víctima, pero en ambos casos, la justicia no dejará de actuar, si bien existen mecanismos de reducción de pena si media arrepentimiento del delincuente y reparación por parte de éste de los efectos del delito.

El perdón de la víctima o de la sociedad no deben nunca caer en la injusticia de no aplicar la debida pena, ya que, en caso contrario, a cada delincuente que fuera descubierto le bastaría con arrepentirse y reparar los daños; al final el delito se convertiría en una actividad económica provechosa siempre que no fueras descubierto, ya que, en caso contrario, con “arrepentirse” y reparar el daño quedaría absuelto. En el plano moral ocurre otro tanto: el arrepentimiento del transgresor es condición necesaria para obtener el perdón, pero no exime de la reparación del daño y de cierta pena, lo que conocemos como penitencia.

Silla eléctrica de tortura y celda de castigo de la cheka de Valmallor de Barcelona

En el caso de España, lo sucedido entre 1931 y 1939 exigía una justicia, que fue aplicada en parte, y con unas penas en gran parte de los casos reducidas y/o conmutadas a los pocos años. Además, se llevó el perdón a tal extremo que se acabó olvidando y dejando incluso crímenes atroces sin el debido castigo. Un ejemplo lo tenemos con las checas del frente popular (centros de detención, tortura e incluso en casos, de ejecución); el régimen vencedor destruyó todas las checas y apenas se guardó documentación y fotografías que cayeron en el olvido (rescatadas en el libro “Las Checas del Terror”, de Cesar Alcalá). En vez de eso, lo que se tenía que haber hecho es un memorial donde se conservaran varias checas intactas y un centro de documentación para que las generaciones futuras pudieran conocer las atrocidades del frente popular, con publicaciones o visitas de alumnos al memorial.

El perdón y la reconciliación nunca pueden llevar al olvido y a la falta de la justicia; olvidando la naturaleza criminal, anticristiana y antiespañola del frente popular. Derrotado en la guerra y tras cuarenta años de paz, la misma ideología y los mismos actores (PSOE, PCE, PNV o ERC) volvieron a emerger en la transición, y cuatro décadas después de iniciar la transición no solo gobiernan España, han conseguido cambiar la forma de vivir y pensar de la mayoría de los españoles, y su agenda social y política es hoy dominante no solo en las instituciones, sino en la calle. Por desgracia, hoy la mayoría de nuestros conciudadanos aceptan en mayor o menor medida una parte importante de la agenda de la izquierda y de los separatistas, lo mismo sea en materia de memoria histórica que en cuestiones de moral (aborto, eutanasia, sodomía…), contenidos educativos o incluso política lingüística.

La tan reivindicada reconciliación de los españoles durante el franquismo fue cierta en parte importante, pero fallaron dos premisas. La primera, que se enterró la naturaleza criminal de las ideologías que confluyeron en el frente popular y, salvo excepciones, se tendió a hacer la vista gorda con criminales que encima consiguieron muy buenos puestos tanto en el sector público como en el privado. Un ejemplo lo encontramos en el abuelo del actual líder de Unidas Podemos, Manuel Iglesias, que de chequista y sin haber pagado por sus crímenes, se convirtió en un alto cargo de los sindicatos verticales, y tan agradecida quedó la familia que el hijo fue terrorista del FRAP y el nieto líder de un partido que además de comunista es proetarra. El caso de la familia Iglesias no es un caso aislado, son demasiados para darse cuenta de que la reconciliación del régimen no estuvo muy bien enfocada.

Paracuellos, 1942, icono y resumen de los crímenes frentepopulistas

En segundo lugar, el no hablar de la guerra, no reivindicar al bando nacional con sus gestas y sus héroes o esconder las checas y olvidar los crímenes de los frentepopulistas llevó a tal amnesia colectiva que nos encontraremos con multitud de casos como el del jesuita  “padre” Llanos, que siendo sacerdotes y habiendo en muchos casos vivido la tragedia y las persecuciones de la guerra, acabaran simpatizando si no militando en el Partido Comunista, el partido que dos o tres décadas antes por el mero hecho de ir a misa y no digamos que vestir sotana te torturaba y te asesinaba.

Por lo tanto, sea en el Iraq de 2021 o en la España de 1936 o en cualquier otro lugar y momento, el perdón y la reconciliación nunca pueden llevar a olvido de los criminales y sus ideologías, ni tampoco a la amnistía sin que los criminales paguen por los crímenes cometidos. Si no, al final además de dejar impunes los crímenes, corremos el riesgo de que acaben triunfando sus proyectos totalitarios y anticristianos, y para más inri, que algún que otro despistado acabe en el bando criminal.

Para Siempre P´lante


2 respuestas a «Acerca del perdón, el olvido y la rendición»

  1. La política de dominación y exterminio de los sionistas (satánicos) está empezando a cumplirse, haciéndose realidad ante la ingenua incredulidad de la inmensa mayoría de la sociedad. Esto está propiciado por la deformación en la doctrina cristiana y que alcanza su culmen con el sumo infiltrado satánico de Bergoglio, iniciada esta infiltración en la toma de la silla de Pedro desde Roncalli.
    Todos vamos a sufrir las consecuencias de nuestro distanciamiento de DIOS, por la presencia ya palpable de Satanás entre nosotros. La falta de memoria e ignorancia, no evita la realidad.

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