Adviento vaciado y sustituido por el paganismo

Comienza el tiempo de Adviento que es, hay que recordarlo, etapa de penitencia y conversión; momento de preparación interior para la Navidad, similar al camino cuaresmal que nos lleva a la Pascua de Resurrección. Debemos preguntarnos qué es lo que queda del Adviento en nuestras sociedades aparentemente cristianas.

Calles y plazas llenas de luces de colores; comercios  adornados de forma ostentosa para reclamar el consumo del ciudadano; comidas llamadas “de Navidad” que se van reservando desde finales de noviembre; hogares que se adornan con motivos más o menos navideños (algunos son tremendas horteradas)…etc. Eso es lo que se respira, se vive y se desea en este tiempo de Adviento que acaba de comenzar. ¿Cómo debemos vivir el Adviento los católicos?; la misma tradición de la Iglesia nos responde y exhorta:

En primer lugar: con un examen de conciencia profundo de nuestra vida. Adviento es tiempo de conversión y, por ello, época ideal para hacer una buena confesión. Los que ya confiesan durante todo el año que hagan una confesión más contrita y transparente; los que hace mucho que no confiesan que no esperen ni un día más para recuperar la Gracia de Dios.

En segundo lugar: con una revisión exhaustiva de nuestro comportamiento como cristianos en esta sociedad secularizada que nos ha tocado vivir. Adviento es tiempo de espera, de esperanza, de virtud que nos señala el tiempo presente como itinerario de prueba hacia la vida verdadera y única vida importante: la eternidad. Para ello Adviento debiera vivirse con sobriedad, con decoro, con mucha piedad…virtudes todas que están directamente enlazadas a la auténtica alegría del hijo de Dios y no a la pervertida y falsa pachanga mundana.

En tercer lugar, y de  manera práctica: NO estamos en Navidad y por tanto NO procede aún los hogares adornados con motivos navideños, ni las calles iluminadas, ni los festejos adelantados….; parece esto una nimiedad y no lo es. Lo que está pasando es, ni más ni menos, signo de una sociedad que rechaza por completo la austeridad, la piedad verdadera, la moral del esfuerzo, la capacidad de saber esperar la fiesta, el sacrificio hecho con amor… es una sociedad que “educa” a los jóvenes y niños en la inmediatez del cumplimiento de sus deseos… una sociedad que se suicida moralmente si no está ya enterrada.

Por tanto: vivamos el Adviento como lo que es. No dejemos que se vacíe de su contenido. Adviento NO es Navidad sino su anuncio y preparación. Símil: ninguna madre por desear tener su hijo provocaría el parto a mitad del embarazo sino que sufre el mismo y dolores de parto hasta llegar la gran alegría del nacimiento. Vivamos los católicos con espíritu de penitencia, alegría y esperanza este tiempo de conversión del adviento.

Para Adelante la Fe


Una respuesta a «Adviento vaciado y sustituido por el paganismo»

  1. Ayer, día 3 de diciembre, se iluminó un árbol enorme en la capital de España, pese a la persistente lluvia. Y la noticia fue cubierta por un reportero de la cadena de televisión Telemadrid con los siguientes términos: «con esto queda ‘oficialmente inaugurada la navidad» que redacto con minúscula porque, en efecto, no hace referencia al Nacimiento de Nuestro Señor, sino a la juerga y el consumismo que, con motivo de estas semanas (cada vez más largas) dedicadas al gasto tonto y superfluo.
    Lo cierto es que «las navidades», expresión favorita de los medios de comunicación, y de la gente «que piensa» por extensión, ya han conectado con ese engendro comercial llamado «black friday», procedente de una cultura diferente a la católica, y cuya finalidad es vender mucho a unos precios que deberían ser así todo el año. Y ésta «fiesta del comercio y del consumo» que empezó siendo propia de un determinado viernes, ahora ha sido estirada como un chicle hasta empalmar con «las navidades» que son inauguradas con los encendidos oficiales de calles, plazas, avenidas, establecimientos, en un alarde de gasto y de contaminación lumínica -luego nos hablarán de la ambiental, pero ésta también es parte de aquélla-, para conmemorar lo que no es verdad, y lo que no lo es, o es falsedad o es mentira. Y digo esto porque en todo ese montaje lo único que no se celebra es la verdadera razón: «el Nacimiento de Nuestro Señor», el cual queda relegado a una noche y su secuela del día siguiente, aunque todo ello bien aderezado y regado por la gula y los buenos caldos.

    Pues es una celebración cristiana, de arrepentimiento, oración y confesión, como muy bien ha expresado el Padre. Y, por tanto, la Navidad debería quedar relegada a las conciencias de los cristianos, en sus casas y en sus parroquias. Y en lo demás, que se retire toda alusión cristiana y que sean declarados días de fiestas paganas.

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