Al Presidente le ha faltado grandeza

El presidente Pedro Sánchez no ha sabido hacer lo que España necesita, aunque ha pretendido aparentarlo. En su discurso, transmitido por todas las televisiones, no ha sabido tener grandeza. Cuando hay una crisis grave, y esta tal vez sea la peor en todos nuestros años de democracia, hay que invitar a trabajar codo con codo a todos y eso no lo ha hecho. La palabra unidad fue repetida y central en su discurso. Pero ha engañado de nuevo, no ha promovido la unidad. Lo único que ha hecho es resaltar a su Ejecutivo, a su Gobierno que, mediante un decreto genérico de medidas y la declaración del estado de alarma, ha establecido la dependencia, no la colaboración, de los restantes Ejecutivos autonómicos y locales. Ha aplicado una medida legal, constitucional, pero no ha pretendido la unidad nacional ante la crisis. Nuestro sistema político se basa en los partidos como representantes de la voluntad popular y a ellos no los ha convocado. No hacía falta que lo hubiera hecho presencialmente en la Moncloa. Dadas las circunstancias, cabría haberlo hecho por video conferencia. Medios suficientes hay para ello. Pero no ha querido y todo por un motivo egoísta: no perder ni compartir el protagonismo. Eso señor Sánchez no es lo que España necesita ante el caso del coronavirus.

No ha aprendido usted de la historia democrática, ni del error que primero Acebes, Ministro del Interior, y después Rubalcaba, responsable de estrategia electoral del PSOE, cometieron tras el 11M. Error que fue mantenido por sus jefes de fila, el presidente Aznar por un lado y el jefe de la oposición, Zapatero por otro. Ambos quisieron aprovechar el atentado para sus intereses partidistas, ante las elecciones generales previstas para tres días más tarde. Podrían haber dado un mensaje político conjunto y unitario ante el terrorismo, y a la vez posponerlas por un tiempo razonable, pero no lo hicieron. En aquella ocasión ganó la izquierda, impulsada, tele y móvil dirigida, por Rubalcaba, el del famoso eslogan “España se merece un Gobierno que no mienta”, y así nos fue.

De todo aquello, usted señor Presidente, no aprendió nada. Desde luego ni siquiera el eslogan de Rubalcaba. Fue prometiendo en la pasada campaña electoral, para no ir más lejos, lo que inmediatamente después ha incumplido. ¿Fue mentira lo que usted decía? Desde luego no fue lo que hizo después. Había dicho que un gobierno con los comunistas le quitaría el sueño, lo que nos lleva a suponer que estará consumiendo tranquilizantes todas las noches. Había dicho que con el independentismo y con los etarras nada de nada y basta con mirar quienes le han dado su apoyo para su investidura. Había dicho que era un delito de rebelión y luego cambió de opinión y, por lo que parece, si le dejaran pondría mañana en la calle a todos los condenados por el “procés”, plenamente amnistiados, si fuera posible.

Ahora tenía usted la oportunidad de ejercer de Presidente de España, una oportunidad para cambiar de rumbo convocando a todos los partidos con representación en las Cortes, pero no lo ha hecho. Ha preferido intentar quedarse con el mérito, si las cosas le salen bien y si no fuera así ya buscaría una excusa o varias para echarles la culpa a la derecha. Tal vez tenga usted que aprender algo del Presidente Trump y de los americanos que, cuando se encuentran ante una emergencia nacional, saben reunirse y cerrar filas.

Lo malo es que usted como muchos de los políticos actuales de primera y segunda fila parecen presos del politiqueo a que induce nuestro vigente sistema democrático. No existen tres poderes sino dos y casi podríamos decir que uno, el Ejecutivo, y medio, el Judicial. El Legislativo tal y como está conformado es el paniaguado del Ejecutivo, que es el que hace las listas y el que les incluye, o no, como candidatos a diputados, senadores, diputados autonómicos y concejales, amén de otros muchos nombramientos indirectos. ¿Qué capacidad de reacción le queda al Legislativo en todos los niveles? Prácticamente ninguna, puesto que “el que se mueve no sale en la foto”. No hace falta citar nombres. La lista es muy, muy larga. Si el Ejecutivo se eligiera directamente por el pueblo, la cosa podría cambiar. Así se evitaría la interdependencia entre Ejecutivo y Legislativo, pero de momento eso ni siquiera ha sido sugerido por ningún político.

El sistema, por tanto, no contribuye a la grandeza. Cuando se llega arriba ya ha habido antes que comerse muchos sapos, pero, en todo caso, una vez que se es Presidente, la independencia y la responsabilidad es plena, total. Así lo ha fue para todos los ex Presidentes, Suárez, Calvo Sotelo, González, Aznar, Zapatero, Rajoy y ahora usted. No siempre es fácil tomar la decisión correcta, hay muchas circunstancias que concurren, pero la responsabilidad del Presidente es irrenunciable, pese a quien pese y ocurra lo que ocurra. Su antecesor, seguramente un gran registrador, pasará vergonzosamente a la historia por su debilidad en la aplicación del 155. Ahora es su turno Presidente. Reflexione y de un golpe de grandeza. El coronavirus y las demás circunstancias en que vive España, le dan una responsabilidad crucial. Su mandato pasará a la historia como una vergüenza, una pesadilla o un honor. A usted le toca decidir.


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