ESCUCHAR NOTICIA:Descubrimos casi por casualidad un documento impactante que reproducimos en la imagen siguiente:
¿Quién fue Alberto Ezcurra Medrano (Buenos Aires 1909 – 1982)?
Alberto Ezcurra
Fundador del Nacionalismo Argentino y del Revisionismo Histórico de orientación católica y tradicionalista. Se dedicó principalmente a la investigación histórica, al periodismo y a la enseñanza. Tuvo siete hijos (tres de ellos sacerdotes), todos varones. Desde muy joven tuvo una clara inclinación política, que abordó desde una profunda Fe católica. Abogó por una república clásica, jerárquica, presidencialista, federal y con representación corporativa. El tradicionalismo católico y contrarrevolucionario tuvieron en él a uno de sus más fieles servidores. Entre 1928 y 1929 promovió la recaudación de fondos para apoyar a la cusa cristera.
En 1937 confundó el diaro Restauración, «la expresión más pura del Nacionalismo Argentino» según Ezcurra Medrano. Años más tarde afirmó sobre dicha iniciativa: “abandonando el nacionalismo empírico o con ribetes ‘Maurrasianos’ o ‘nazis’, fue profundamente católica, hispánica y rosista. Fue, inconfundiblemente, nuestro nacionalismo, o sea la doctrina que quiso que nuestra política fuese expresión de nuestro ser nacional y tradicional, y no de doctrinas artificiales o exóticas. Hoy que miro ‘El Baluarte’ (otra de sus iniciativas periodísticas) con una perspectiva de más de 30 años, me doy cuenta hasta qué punto sigo siendo en 1960 el mismo ‘baluartista’ de 1929. Mi nacionalismo es esencialmente católico y tradicionalista. Fue una reacción de mi patriotismo contra el internacionalismo marxista y el desprecio por la patria de los liberales”.
Colaboró con multitud de diarios y revistas, y fue prolífico ecritor de libros, entre otros hay que destacar: Las otras tablas de sangre (1934), Catolicismo y Nacionalismo (1936), La Independencia del Paraguay (1941), Sarmiento Masón (1952) y la Historia del Anticristo (edición póstuma de 1990). De los aún no editados, San Martín, Protector del Perú (1950) y Memorias (1956, con un Apéndice de 1960).
Fue miembro de instituciones como la Liga Universitaria de Afirmación Católica, la Junta Americana de Homenaje y Repatriación de los restos del Brigadier General Juan Manuel de Rosas, la Comisión de Homenaje al Combate de la Vuelta de Obligado, el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, la Junta de Recuperación de las Islas Malvinas, la Comisión Honoraria del Plebiscito de la Paz, la Junta Organizadora del Congreso de Recuperación Nacional, el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, la Comisión de Homenaje a la Revolución del 6 de septiembre de 1930, el Instituto Hugo Wast y la Comisión de Homenaje al Gral. Ángel Pacheco. Como dijimos ut supra, también dedicó su vida profesional a la docencia. Gracias a su producción historiográfica obtuvo la habilitación oficial para desempeñarse como Profesor de Religión y de Historia. Dictó cátedra en el Colegio Nacional Sarmiento y Anexo a la Escuela Normal Mariano Acosta, en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en la Escuela de Comercio N° 9 y en el Colegio Nacional Reconquista.
Fue un gran admirador de Francisco Franco, de su régimen y de su obra.
Decidido activista por la recuperaciñón de las Malvinas murió en 1982 poco antes del intento, aunque fracasado, llevado a cabo por la Junta Militar agentina.
Su hijo mayor, el Padre Alberto Ezcurra Uriburu, en el prólogo a la reedición en 1991 del libro de su padre Catolicismo y Nacionalismo escribe: “Hoy el mundo parece encaminarse hacia un ‘Nuevo Orden Internacional’, bajo el dominio de un solo centro de poder (…), vigilante universal encargado de velar por el mismo e imponer a los díscolos (…) el cumplimiento de las más arbitrarias resoluciones de las Naciones Unidas (…). En este ambiente sufren los creyentes la tentación de confundir el espíritu universal del catolicismo, que respeta y asume todo lo bueno y positivo de las culturas nacionales, con el internacionalismo nivelador y masificante. Corren el riesgo de pensar que todo nacionalismo es aislamiento, egoísmo, cerrazón y xenofobia, de perder hasta el sentido mismo de la Patria y de convertirse, en el espíritu de la ‘Nueva Era’, a la religión de la humanidad. Por eso el tiempo presente nos exige no sólo orientar al nacionalismo en el sentido de la Verdad católica, mostrar la coherencia entre catolicismo y nacionalismo, sino también y ante todo justificar la existencia misma de la Nación como algo que deriva del Orden Natural, es decir querido por Dios e irreemplazable”.Pulse para escuchar el textoDescubrimos casi por casualidad un documento impactante que reproducimos en la imagen siguiente:
¿Quién fue Alberto Ezcurra Medrano (Buenos Aires 1909 – 1982)?
Alberto Ezcurra
Fundador del Nacionalismo Argentino y del Revisionismo Histórico de orientación católica y tradicionalista. Se dedicó principalmente a la investigación histórica, al periodismo y a la enseñanza. Tuvo siete hijos (tres de ellos sacerdotes), todos varones. Desde muy joven tuvo una clara inclinación política, que abordó desde una profunda Fe católica. Abogó por una república clásica, jerárquica, presidencialista, federal y con representación corporativa. El tradicionalismo católico y contrarrevolucionario tuvieron en él a uno de sus más fieles servidores. Entre 1928 y 1929 promovió la recaudación de fondos para apoyar a la cusa cristera.
En 1937 confundó el diaro Restauración, «la expresión más pura del Nacionalismo Argentino» según Ezcurra Medrano. Años más tarde afirmó sobre dicha iniciativa: “abandonando el nacionalismo empírico o con ribetes ‘Maurrasianos’ o ‘nazis’, fue profundamente católica, hispánica y rosista. Fue, inconfundiblemente, nuestro nacionalismo, o sea la doctrina que quiso que nuestra política fuese expresión de nuestro ser nacional y tradicional, y no de doctrinas artificiales o exóticas. Hoy que miro ‘El Baluarte’ (otra de sus iniciativas periodísticas) con una perspectiva de más de 30 años, me doy cuenta hasta qué punto sigo siendo en 1960 el mismo ‘baluartista’ de 1929. Mi nacionalismo es esencialmente católico y tradicionalista. Fue una reacción de mi patriotismo contra el internacionalismo marxista y el desprecio por la patria de los liberales”.
Colaboró con multitud de diarios y revistas, y fue prolífico ecritor de libros, entre otros hay que destacar: Las otras tablas de sangre (1934), Catolicismo y Nacionalismo (1936), La Independencia del Paraguay (1941), Sarmiento Masón (1952) y la Historia del Anticristo (edición póstuma de 1990). De los aún no editados, San Martín, Protector del Perú (1950) y Memorias (1956, con un Apéndice de 1960).
Fue miembro de instituciones como la Liga Universitaria de Afirmación Católica, la Junta Americana de Homenaje y Repatriación de los restos del Brigadier General Juan Manuel de Rosas, la Comisión de Homenaje al Combate de la Vuelta de Obligado, el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, la Junta de Recuperación de las Islas Malvinas, la Comisión Honoraria del Plebiscito de la Paz, la Junta Organizadora del Congreso de Recuperación Nacional, el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, la Comisión de Homenaje a la Revolución del 6 de septiembre de 1930, el Instituto Hugo Wast y la Comisión de Homenaje al Gral. Ángel Pacheco. Como dijimos ut supra, también dedicó su vida profesional a la docencia. Gracias a su producción historiográfica obtuvo la habilitación oficial para desempeñarse como Profesor de Religión y de Historia. Dictó cátedra en el Colegio Nacional Sarmiento y Anexo a la Escuela Normal Mariano Acosta, en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en la Escuela de Comercio N° 9 y en el Colegio Nacional Reconquista.
Fue un gran admirador de Francisco Franco, de su régimen y de su obra.
Decidido activista por la recuperaciñón de las Malvinas murió en 1982 poco antes del intento, aunque fracasado, llevado a cabo por la Junta Militar agentina.
Su hijo mayor, el Padre Alberto Ezcurra Uriburu, en el prólogo a la reedición en 1991 del libro de su padre Catolicismo y Nacionalismo escribe: “Hoy el mundo parece encaminarse hacia un ‘Nuevo Orden Internacional’, bajo el dominio de un solo centro de poder (…), vigilante universal encargado de velar por el mismo e imponer a los díscolos (…) el cumplimiento de las más arbitrarias resoluciones de las Naciones Unidas (…). En este ambiente sufren los creyentes la tentación de confundir el espíritu universal del catolicismo, que respeta y asume todo lo bueno y positivo de las culturas nacionales, con el internacionalismo nivelador y masificante. Corren el riesgo de pensar que todo nacionalismo es aislamiento, egoísmo, cerrazón y xenofobia, de perder hasta el sentido mismo de la Patria y de convertirse, en el espíritu de la ‘Nueva Era’, a la religión de la humanidad. Por eso el tiempo presente nos exige no sólo orientar al nacionalismo en el sentido de la Verdad católica, mostrar la coherencia entre catolicismo y nacionalismo, sino también y ante todo justificar la existencia misma de la Nación como algo que deriva del Orden Natural, es decir querido por Dios e irreemplazable”.
Descubrimos casi por casualidad un documento impactante que reproducimos en la imagen siguiente:
¿Quién fue Alberto Ezcurra Medrano (Buenos Aires 1909 – 1982)?
Alberto Ezcurra
Fundador del Nacionalismo Argentino y del Revisionismo Histórico de orientación católica y tradicionalista. Se dedicó principalmente a la investigación histórica, al periodismo y a la enseñanza. Tuvo siete hijos (tres de ellos sacerdotes), todos varones. Desde muy joven tuvo una clara inclinación política, que abordó desde una profunda Fe católica. Abogó por una república clásica, jerárquica, presidencialista, federal y con representación corporativa. El tradicionalismo católico y contrarrevolucionario tuvieron en él a uno de sus más fieles servidores. Entre 1928 y 1929 promovió la recaudación de fondos para apoyar a la cusa cristera.
En 1937 confundó el diaro Restauración, «la expresión más pura del Nacionalismo Argentino» según Ezcurra Medrano. Años más tarde afirmó sobre dicha iniciativa: “abandonando el nacionalismo empírico o con ribetes ‘Maurrasianos’ o ‘nazis’, fue profundamente católica, hispánica y rosista. Fue, inconfundiblemente, nuestro nacionalismo, o sea la doctrina que quiso que nuestra política fuese expresión de nuestro ser nacional y tradicional, y no de doctrinas artificiales o exóticas. Hoy que miro ‘El Baluarte’ (otra de sus iniciativas periodísticas) con una perspectiva de más de 30 años, me doy cuenta hasta qué punto sigo siendo en 1960 el mismo ‘baluartista’ de 1929. Mi nacionalismo es esencialmente católico y tradicionalista. Fue una reacción de mi patriotismo contra el internacionalismo marxista y el desprecio por la patria de los liberales”.
Colaboró con multitud de diarios y revistas, y fue prolífico ecritor de libros, entre otros hay que destacar: Las otras tablas de sangre (1934), Catolicismo y Nacionalismo (1936), La Independencia del Paraguay (1941), Sarmiento Masón (1952) y la Historia del Anticristo (edición póstuma de 1990). De los aún no editados, San Martín, Protector del Perú (1950) y Memorias (1956, con un Apéndice de 1960).
Fue miembro de instituciones como la Liga Universitaria de Afirmación Católica, la Junta Americana de Homenaje y Repatriación de los restos del Brigadier General Juan Manuel de Rosas, la Comisión de Homenaje al Combate de la Vuelta de Obligado, el Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, la Junta de Recuperación de las Islas Malvinas, la Comisión Honoraria del Plebiscito de la Paz, la Junta Organizadora del Congreso de Recuperación Nacional, el Instituto Argentino de Ciencias Genealógicas, la Comisión de Homenaje a la Revolución del 6 de septiembre de 1930, el Instituto Hugo Wast y la Comisión de Homenaje al Gral. Ángel Pacheco. Como dijimos ut supra, también dedicó su vida profesional a la docencia. Gracias a su producción historiográfica obtuvo la habilitación oficial para desempeñarse como Profesor de Religión y de Historia. Dictó cátedra en el Colegio Nacional Sarmiento y Anexo a la Escuela Normal Mariano Acosta, en el Colegio Nacional de Buenos Aires, en la Escuela de Comercio N° 9 y en el Colegio Nacional Reconquista.
Fue un gran admirador de Francisco Franco, de su régimen y de su obra.
Decidido activista por la recuperaciñón de las Malvinas murió en 1982 poco antes del intento, aunque fracasado, llevado a cabo por la Junta Militar agentina.
Su hijo mayor, el Padre Alberto Ezcurra Uriburu, en el prólogo a la reedición en 1991 del libro de su padre Catolicismo y Nacionalismo escribe: “Hoy el mundo parece encaminarse hacia un ‘Nuevo Orden Internacional’, bajo el dominio de un solo centro de poder (…), vigilante universal encargado de velar por el mismo e imponer a los díscolos (…) el cumplimiento de las más arbitrarias resoluciones de las Naciones Unidas (…). En este ambiente sufren los creyentes la tentación de confundir el espíritu universal del catolicismo, que respeta y asume todo lo bueno y positivo de las culturas nacionales, con el internacionalismo nivelador y masificante. Corren el riesgo de pensar que todo nacionalismo es aislamiento, egoísmo, cerrazón y xenofobia, de perder hasta el sentido mismo de la Patria y de convertirse, en el espíritu de la ‘Nueva Era’, a la religión de la humanidad. Por eso el tiempo presente nos exige no sólo orientar al nacionalismo en el sentido de la Verdad católica, mostrar la coherencia entre catolicismo y nacionalismo, sino también y ante todo justificar la existencia misma de la Nación como algo que deriva del Orden Natural, es decir querido por Dios e irreemplazable”.
3 respuestas a «El nacional-catolicismo argentino: Alberto Ezcurra Medrano»
En este día en que se conmemora la primera aparición de la Virgen María en Fátima en 1917, suscribo la declaración de Alberto Ezcurra con los deseos de que se aplique de nuevo a España.
Dios, Familia y Patria.
En este día en que se conmemora la primera aparición de la Virgen María en Fátima en 1917, suscribo la declaración de Alberto Ezcurra con los deseos de que se aplique de nuevo a España.
Más nos vale, que ahora le ha dado a los «ultras» por arrimarse a Dugin, esta todo podrido.