Alférez Antonio Díez Jiménez: héroe anónimo, menos para Dios

Aunque su natural humildad se lo ha impedido durante mucho tiempo, al fin nuestra insistencia ha podido más y hemos logrado que nuestro habitual y queridísimo colaborador, José Luis Díez Jiménez, nos escribiera una semblanza de su hermano Antonio, caído en 1939 durante nuestra Cruzada de Liberación Nacional contra el marxismo en circunstancias dramáticas, como podrán comprobar, a un paso de terminar aquella contienda, cuando después de participar en ella desde el primer día, tocaba ya las mieles de la victoria a cuyo logro tanto había contribuido; quiso la voluntad de Dios, siempre inescrutable, y para quien no hay héroe anónimo, que la viera desde los luceros.

Antonio Díez Jiménez

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Antonio Díez Jiménez nació en Ciempozuelos (Madrid) el 6 de enero de 1920, en el seno de una familia de labriegos formada por Jesús Diez Alonso y Antonia Jiménez Álvarez, siendo el mayor de cuatro hermanos.

A la edad de 8 años ingresó interno en el Colegio de San Antón de los padres escolapios de Madrid, terminando el bachillerato a la edad de 16 años, afiliándose de inmediato a la Falange Española, repartiendo por las calles de Madrid el periódico FE. Amén de ser un ferviente católico practicante.

Gral. López-Pinto

Al estallar el Alzamiento Nacional se escapó de casa y se fue el frente, pero, dada su juventud y gracias a la intervención del General López Pinto, amigo de la familia, éste se lo llevó de asistente a Pamplona, donde permaneció hasta 1938 en que se ingresó en la academia de Alféreces Provisionales de Granada cuando acababa de cumplir los 18 años exigibles para ello. Los cursillos eran intensivos y de sólo un mes y la salida era ya hacia unidades del frente. Fue destinado al frente en la 5ª Bandera de Castilla, a las órdenes del General  Maximino Bertoméu que por entonces resistía en la zona de la Sierra Trapera las sucesivas e impetuosas embestidas de los frentepopulistas.

En los umbrales de la finalización de la guerra, y a comienzos del año 1939, las tropas frentepopulistas bajo las órdenes de Nilamón Toral intentaron un ataque sorpresa nada menos que a la una de la madrugada por la zona del monte Torozo, con la idea, sin duda, de cercar al resto de las unidades de la 11 División nacional en el caso de que tuviesen suerte y lograsen derrotar al Tercio de Navarra, que era la unidad que defendía aquella zona. Los frentepopulistas lograron poner el pie en algunas posiciones, pero, finalmente, fueron rechazados.

Bandera falangista desfilando antes de marchar al frente

En esta batalla olvidada, al amanecer del año 1939, fuerzas de la 5ª Bandera de Castilla de  la 11 División, ocuparon  las  lomas  de  Monte  Mirón  y  Monte  Calderón,  situadas  en  la  margen  Este  del  Zújar. Con esta maniobra se consiguió cerrar la línea propia sobre  el  río,  ayudando  con  los  fuegos  a  contener  los contraataques  frentepopulistas   sobre la 74 División. Se evitó  así  algún  susto  por  el  sector  aludido.  De  nuevo, la artillería    nacional castigó las concentraciones frentepopulistas, especialmente a tres escuadrones de caballería que fueron dispersados a cañonazos.

Aunque los  frentepopulistas realizaron los ataques más fuertes en la zona del Torozo, no  dejaron  de  presionar  ese  día  también  en  el  sector  de  la Sierra Tapera.  A  primera hora  se  lanzaron ataques  de  infantería,  apoyada  nada  menos  que  por  veinte carros de combate. Esta acción debió ser violentísima si tenemos en cuenta, por ejemplo, que el jefe del batallón Serrallo, que defendía la zona, Manuel Sagarra Salvador, resultó herido, así como con otros oficiales de dicha unidad, siéndole necesario resignar el mando en pleno combate, además de reforzar sus mermados  efectivos  con  la 5ª Bandera de Castilla, a la que, como he dicho, pertenecía mi hermano. Los frentepopulistas fueron nuevamente rechazados consiguiéndose hacer una considerable cantidad de prisioneros.

Insignia laureada homenaje a los alféreces provisionales caídos

Entre los prisioneros se encontraba un joven compañero de estudios de mi hermano, al que, tratando de protegerle en aquella situación tan embarazosa, consiguió que se lo asignasen como asistente. Pero, por la noche, cuando todos dormían, el muy rufián le quitó la pistola a mi hermano y le pegó un tiro en la cabeza. Así pagan los perros a los que les tienden sus manos con comida para aliviar sus males. Era el 6 de enero de 1939, el día que cumplía 19 años.

Yo, José Luis, con mi uniforme falangista que mi madre confeccionó con trozos del de mi hermano

Fueron mi padre y un tío mío quienes acudieron a Sierra Trapera para traer a Ciempozuelos los restos de mi hermano, enterrándole junto a los demás caídos por Dios y por España de aquella lo calidad .

Yo, en aquella fecha contaba solamente con un año de edad, y aunque parezca una fantasía, he de confesar que no conocí a mi hermano hasta 45 años después de su muerte. Fue en el mes de agosto de 1975, cuando, al fallecer mi querida madre, tuvimos de remover la tumba de mi hermano Antonio para enterrarla junto a él. Cuál no fue nuestra sorpresa cuando, al abrir el ataúd, vimos que el cadáver de mi hermano estaba incorrupto.

Al finalizar la Cruzada, entregaron a mis padres una insignia laureada homenaje a los alféreces provisionales caídos que aún conservo, junto a su recuerdo.


2 respuestas a «Alférez Antonio Díez Jiménez: héroe anónimo, menos para Dios»

  1. HONOR Y GLORIA PARA QUIÉNES DIERON SU VIDA POR DIOS Y POR ESPAÑA.
    Su recuerdo siempre permanecerá en nuestros corazones.
    DEP. Estoy seguro de que siempre ha estado a su lado, y siempre le ha ayudado en el Camino de la Vida.

  2. El suceso, desgraciado donde los haya, pone de manifiesto la distinta moral de los soldados del Ejército Nacional y los milicianos del Ejército Popular de la República o Ejército Rojo.
    Mientras al primero lo que se le ocurre no es odiar a su enemigo que ha sido recién capturado mientras ejecutaba un ataque nocturno que de haber prosperado habían asesinado sin piedad a todos los defensores (en la defensa de Teruel los rojos mataron a los heridos y hasta las enfermeras de sanidad militar cogidas prisioneras, y al resto, entre ellos al Obispo y al Coronel que capitaneó la defensa, los llevaron consigo y los asesinaron antes de pasar la frontera de Francia, y esto no fue un hecho aislado), los rojos todavía tenían la sangre fría de cuando ya estaban a salvo, de perderlo todo con tal de provocar una muerte más sobre la persona que lo había ayudado y que se suponía eran amigos.
    No se cuenta en la narración lo que hicieron con ese miliciano, si terminó de Funcionario en los Sindicatos Verticales, o de Jefe provincial del Movimiento o Subdirector del Banco Vizcaya, tras 2 años de cárcel, después de una pena inicial de 30 redimida en menos de un año a 2 por un cristianismo mal entendido, del que ahora, desde hace 50 años, estamos todos pagando las consecuencias.

    Creo que el Capitán de la compañía no tenía que haber permitido que un prisionero recién capturado, y más en esas circunstancias, se pueda integrar sin más como ordenanza. Ese no es el procedimiento con los prisioneros de guerra, y menos en una guerra política como fue la Cruzada, y lo fanatizados que estaban los rojos intoxicados por la basura de su propaganda y por su propia miseria moral, que no sé determinar qué era más pestilente y más repugnante.
    El Catecismo está muy bien, pero en guerra cuando es incompatible con la bayoneta hay que hacerle más caso a la bayoneta que al catecismo para evitar que ocurran estas cosas.

    En cuanto a no saber lo sucedido hasta los 45 años, es bastante frecuente entre la gente de bien perdonar hasta este extremo. De ello se han beneficiado también los terroristas de ETA, resulta muy cómodo matar y escuchar a la viuda con el cuerpo todavía caliente de su esposo militar o Policia armada, decir que los perdona, y si encima el gobierno te da una amnistía, pues ya es la bicoca padre.
    El padre del Historiador Ricardo de la Cierva que era abogado, fue delatado por un compañero y cuando intentaba salir por el aeropuerto de Madrid lo detuvieron y lo asesinaron. La madre de Ricardo de la Cierva (es decir la esposa del asesinado) sabía quién había sido pero cuando acabó la guerra no quiso ni denunciar al asesino, que pudo vivir tranquilamente, ni que sus hijos supieran nada para que no se tomaran venganza. Ricardo de la cierva nunca supo el nombre de quien asesinó a su padre. Por culpa de esta actitud absurda estamos donde estamos. Mientras esto pasaba, el soldado italiano que se agachaba un momento de la fila para coger una flor del suelo helado de Rusia, mientras iba y venía de los trabajos forzados, que se narra en «Embajadores en el Infierno», recibía un disparo sin más trámite, y como él a cientos de miles quedaron para siempre en el suelo helado del gulag soviético. Eso por no hablar de las chekas y de la «Fundición Pasionaria».

    Todos estos sufrimientos como el que se cuenta en este artículo fueron pisoteados por Adolfo Suárez y sus cómplices en la Transición, y con la Ley de Desmemoria, Falsificación y Manipulación Históricas de Zapatero/Rajoy, prohibir que de esto nunca pueda hablarse bajo penas de cárcel y de pérdida de la condición de Funcionario para los funcionarios.
    Descanse en paz.

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