Análisis de la causalidad en materia sexual

Los fines ideológicos y políticos producen deformaciones, cada vez más groseras, del conocimiento de muchas áreas de la realidad, las cuales se van acumulando en la mentalidad dominante, en forma de creencias absurdas en temas cada vez más personales y próximos a la vida cotidiana.

La turbiedad impresa, en lo que concierne a las relaciones de causa → efecto, fundamentales para la identificación de lo que existe, impregna las ideas de dogmas que estorban las normales funciones de la inteligencia.

Uno de esos ámbitos que recibe una oleada de distorsiones cognitivas a diario es el de la sexualidad en sus diferentes aspectos y manifestaciones.

Examinaremos tres ámbitos de esas distorsiones.

La violencia de género.-

En la Ley Orgánica 1/2004 de 28 de diciembre de 2004 especifica qué debe entenderse por violencia de género: «La presente Ley tiene por objeto actuar contra la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia».

En el caso de que la violencia llegue al extremo de que el hombre mate a la pareja o a una mujer concreta, estamos ante un homicidio cuyas causas deberían ser investigadas igual que se investigan las causas o motivos de cualquier homicidio o asesinato.

No obstante, la ley considera dicha violencia como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido cónyuges…, todo lo cual parece identificar la causa genérica del delito, lo cual exime de la necesidad de investigar los factores causales presentes en cada uno de los casos.

De tal forma, no se exige que concurra en tales actos un determinado propósito en el agresor, tampoco es relevante que las agresiones sean unilaterales de un miembro al otro o recíprocas, ni tampoco se requiere demostración alguna del supuesto factor causal de que esté presente una posición de dominio, desigualdad o discriminación del hombre que efectúa el acto sobre la mujer.

De hecho, la violencia intrafamiliar y no solo del hombre sobre la mujer, sino también a la inversa o de cualquiera de los padres sobre uno o más hijos, todas ellas de alta frecuencia, requiere investigaciones exhaustivas y precisas para conocerla, prevenirla y minimizarla en todo lo posible, todo lo cual no puede darse bajo el dogma genérico de origen ideológico que se identifica con el supuesto machismo.

Se entiende que esa línea no es fácil de definir con exactitud de modo universal y procedería examinar pormenorizadamente las condiciones y las acciones, actual o potencialmente dañinas, que ocurran dentro de ellas, si bien, la enorme complejidad de las relaciones de pareja y los diversos estadios por los que atraviesan merecerían primariamente procurar el bien de las mismas cuando éste sea posible, o al menos, evitar males mayores.

Además, debemos fijarnos en el posible impacto que una Ley discriminatoria como la comentada y, en especial, el presupuesto del que parte, pueda tener en las vidas de las personas y en las relaciones que tengan o puedan tener.

El supuesto es la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, el cual hace referencia directa a que el conjunto de las mujeres es víctima de discriminación, desigualdad y el poder del conjunto de los hombres, mientras estos son los sujetos de la violencia relativa a esos tres factores.

Si el conjunto de la población llega a creer que eso es verdad, y nos situamos en cualquier relación de pareja que de hecho exista, la mujer percibirá al varón como un agresor, mientras el varón percibirá a la mujer como un ser indefenso que, por ser víctima de él, tiene el respaldo de todo el poder que le otorgan la sociedad, la cultura, las leyes y, en general, todo el poder del estado, todo lo cual puede cernirse contra él en cuanto la mujer lo reclame.

De ahí que la víctima-mujer se convierte en verdugo potencial del varón, mientras el verdugo-varón se convierte en víctima potencial de la mujer y del Estado.

La inyección de estas percepciones mediadas por las creencias correspondientes es susceptible de generar múltiples desconfianzas, aversiones, amenazas y conflictividad dentro de las parejas, e incluso, actitudes de miedo hacia las posibles futuras relaciones, lo cual es una espada de Damocles sobre las relaciones de pareja que, cada vez más, serán percibidas como relaciones peligrosas.

Obviamente, todos esos componentes de posible odio o aversión entre los dos géneros, por el mero hecho de ser géneros, puede dañar profundamente el conjunto de la cultura, la sociedad y la formación de relaciones reproductivas, que dieran lugar a nuevas familias naturales, además de enturbiar los posibles estados de felicidad a los que generalmente se asocian.

Por último debemos tener en cuenta que, si fuera cierto el presupuesto de un machismo criminal en un varón, no tomaría como objetivo a una mujer concreta sino a todas o muchas de las mujeres. De hecho, hace unos pocos días se mostraron imágenes por televisión de una escena en una estación del Metro en la que un individuo iba golpeando fuertemente a todas las mujeres que esperaban pacientemente la llegada del transporte.

Ese tipo de agresiones, dado que solo hay víctimas mujeres, sí pueden considerarse como violencia de género y sus causas deben investigarse.

La identidad psicosexual.-

La propaganda del sistema nos quiere hacer creer que, la identidad de género, las inclinaciones sexuales, y la identidad de rol masculina o femenina, son elecciones libres y subjetivas de cada cual.

Lo cual, debido al supuesto factor de la libertad individual normaliza, sin problema alguno, todas y cada una de las variantes sexuales que pueden darse en la condición humana.

Además, para que no haya restricciones a dicha libertad, se establece una independencia plena entre la sexualidad y la reproducción, no solo mediante la gran variedad de métodos anticonceptivos sino, también, con la legalización del aborto.

En lo que respecta a la identidad psicosexual debemos hacer explícitos los elementos que la componen.

Green[i] (1974), expone que el concepto de identidad sexual está compuesto de tres definidores básicos:

1) Orientación sexual,

2) Identidad de rol masculina o femenina y,

3) Identidad de género.

Dada una morfología de hembra, de varón, o inter-sexuada desde el nacimiento se producirán aprendizajes socializadores que perseguirán la congruencia de la identidad de género con el sexo, de la masculinidad-feminidad con el género y de la orientación sexual con el género. En la medida en que el sujeto adquiera las propuestas o las exigencias culturales en forma de creencias, actitudes o valores, tales congruencias se irán produciendo, pero en la medida en que fracase en mayor o menor medida tal aprendizaje social o el modelo social de referencia sea un modelo cruzado, se irán produciendo incongruencias, siempre vistas desde el modelo social de género que impere en la comunidad de la persona.

Lo que parece estar claro es que la orientación sexual es aprendida en épocas tempranas del desarrollo humano y que con la identidad de género ocurre lo mismo, pero, sin embargo, la masculinidad-feminidad implica otra clase de componentes que requieren aprendizajes posteriores. La orientación sexual, la masculinidad-feminidad y la identidad de género, son tres aspectos constitutivos de la identidad psicosexual a los que socialmente se trataba de hacer congruentes entre sí y con ciertos atributos del sexo biológico mediante procesos de aprendizaje social.

Pero igual que una cultura puede tender a hacer congruentes, según un cierto orden, estas tres facetas de la sexualidad también puede tender a hacer los cruces o las indeterminaciones que la propia cultura o, alguna ideología dominante, pretenda hacer con diferentes fines.

El sexo, o género biológico, es lo que viene dado de modo inherente al neonato, al menos hasta que en esto se introduzca alguna forma de ingeniería genética o manipulación contra-natural. Dicho género se refiere a algunas propiedades del organismo, en especial las que se refieren al aparato reproductor, el sistema músculo-esquelético, el hormonal y cierto impacto de este en el sistema nervioso central. El resto de las propiedades parecen más o menos comunes al varón y la mujer, aun cuando el peso cerebral medio de ésta es ligeramente inferior al del mismo órgano en el varón. Todo esto no implica grandes diferencias pero las que hay han sido aprovechadas en la economía de la especie para hacer una cierta especialización en el reparto de las tareas según sociedades y épocas.

No obstante el género biológico no es lo único que viene dado por naturaleza. En toda la especie hay unas características referidas a las facultades de relación muy desarrolladas que incluyen, facultades de conocimiento y existenciales, de tipo ejecutivo además del lenguaje que hacen de la especie quizá la más facultada de cuantas conocemos.

El género, en tanto el niño o la niña sean informados correctamente por sus figuras de seguridad, habitualmente madres, será el factor al que se sujete la identidad de género por la que el pequeño humano sabrá si es niño, niña o ambivalente y eso constituirá su identidad de género.

A tal género, el grupo social le atribuirá una serie de caracteres añadidos, en función de los intereses del grupo, de todo él, en aras de la supervivencia. Dichos caracteres se referirán a la masculinidad para el caso de los varones o a la feminidad en caso de las mujeres. Dichas características suelen ir asociadas a las propiedades constitutivas del sexo y, por lo tanto serán acordes con los respectivos organismos del hombre y de la mujer.

Sus características diferenciales serán el fundamento de las diferencias en cuanto al reparto de tareas dentro del grupo y a menudo irán asociadas a las preferencias sexuales en función directa de las necesidades reproductivas de la sociedad en cuestión. Así una sociedad sin factores raros que amenacen su supervivencia, tenderá a hacer coincidir el género con la identidad de género, con el rol masculino o femenino y con la orientación sexual, aunque estos factores pueden tener ciertos cruzamientos si el grupo donde se forma el niño ejerce presiones del tipo que sean para producirlos.

Este enfoque implicaría una cierta supeditación del grupo social a la realidad natural del género, tendiendo a ajustar sus modos de dar forma a la persona en formación, ateniéndose a la realidad del organismo del neonato.

Ahora bien, este enfoque tradicional de índole social, no era el que daba forma a la constitución individual de cada persona. De hecho, la clave de los factores de la orientación sexual y de la identidad de género se establece en el entorno familiar, mientras que la identidad de rol masculino o femenino depende en mayor grado de la sociedad.

En el terreno de la heterosexualidad-homosexualidad, como elementos de la orientación sexual, se establecen dentro de la familia desde la infancia, por lo que, en absoluto es un ámbito de supuesta libertad decisoria del individuo.

Según los datos que obtuve en mi experiencia profesional, parece poderse especificar la hipótesis de que, en el caso de la homosexualidad masculina, la clave radica en la actitud formativa de la madre en relación con el hijo, que consiste en un vínculo posesivo intenso que decanta en una copia de la mentalidad materna a la mente del hijo, lo cual incluye los gustos y preferencias de la madre.

En el otro caso de la homosexualidad femenina cabe hacer la hipótesis de que la hija presenta una actitud contraria a la figura del padre al que detesta, tal vez, influida, o no, por la imagen del padre que le presenta la madre. De esa aversión parece derivarse que la hija presente un rechazo a adoptar una pareja masculina y favorable a tenerla femenina.

Con respecto al segundo factor psicosexual, como es la identidad de género, de la que tanto se está hablando en la actualidad, tampoco tiene sentido plantearla como en términos de una elección libre de la persona.

Ahora bien, sigue valiendo la dependencia de la identidad de género del sexo biológico, pero es un craso error sostener que, en estos casos, exista un problema propiamente dicho de identidad personal.

Según mi experiencia, la hipótesis formativa más plausible consiste en que, las madres de las personas que padecen disforia de género ¾que se sienten mal o a disgusto con su sexo biológico¾ son del sexo contrario al del niño/niña que han tenido.

Una madre que quiere tener un niño y, en vez de eso, tiene una niña, puede generar un rechazo al sexo de ésta, o viceversa. La niña puede generar un deseo intenso de ser niño o, si es un niño, puede generar el deseo de ser niña.

Ahora bien, lo único que pueden hacer estos niños rechazados por su sexo, es tratar de modificar su organismo para intentar conseguir que las madres cambien su actitud por otra que los acepte.

Si nos fijamos bien en estas condiciones, el niño que necesita ser niña para ser querido, tiene perfecta conciencia de que es un niño., por lo que no tiene problema de identidad de género, sino que el problema es que se le rechace por ser aquello que es.

Lo natural es que el niño tenga su identidad de género coincidiendo con su sexo biológico y, de hecho, es así. De lo contrario, no podría querer cambiar, de su sexo, al sexo contrario. De hecho son personas que agradecen enormemente el afecto que se les dispense.

De lo expuesto hasta aquí, ya sea que mis hipótesis sean correctas, o no lo sean debido a que se descubran otras explicaciones mejores, lo que no tiene sentido es apelar a factores como el libre albedrío, o la ni en el factor de la identidad ni en el de la orientación sexual.

Ahora bien, la actual presión ideológica que premia los cambios de sexo ¾que, en realidad, no son más que una forma especial de cirugía estética¾ es otro modo de influencia social que amplía enormemente la incidencia de cuándo se limitaban a factores familiares.

Siempre ha habido formas precarias de identidad personal en las que la persona se entrega como materia prima para cobrar la forma de un molde exterior en el que entra a formar parte. El problema es que esta modalidad de existencia humana se está multiplicando en las últimas décadas y convirtiendo en algo parecido a una plaga.

Generalmente, los problemas de identidad personal son más frecuentes en la adolescencia que en edades posteriores, pero en la actualidad se multiplica hasta niveles que indican la emergencia de un grave problema social.

Se trata de un síntoma de una enfermedad social epidémica con graves repercusiones en el desarrollo humano que tiene su ejemplo más ilustrativo en el campo de la transexualidad.

Investigado recientemente por Abigail Shrier y publicado en su libro titulado “Un daño irreversible”[ii], la autora se refiere a una nueva moda que incumbe a la transexualidad, que atribuye a un contagio social, y que se produce entre las jóvenes adolescentes que efectúan o inician el cambio de sexo.

Dicha autora emplea la expresión contagio social para referirse a un tipo de influencia ejercida específicamente por los influencers online y por los pares, que animan a imitar un determinado comportamiento. En ambos casos contribuyen a generar incertidumbres artificiales del tipo de que una chica que no sea perfectamente femenina tiene una elevada probabilidad de ser transgénero, lo cual «explica» la disforia de género y promueve la obtención de tratamientos hormonales o cirugías de reasignación de sexo.[iii] [ii]

En cuanto a la incidencia de este fenómeno, Shrier ha descubierto que, desde 2007, Estados Unidos ha pasado de dos clínicas de género a más de 50, y entre 2016 y 2017, el número de cirugías de género en personas nacidas mujeres en los Estados Unidos se cuadruplicó. Con anterioridad a tales años sólo el 0,01% de la población norteamericana tenía disforia de género, pero en 2018, dicha frecuencia se había multiplicado doscientas veces en el número de estudiantes de secundaria americanos que declararon ser transexuales, la mayoría de ellos mujeres.[iii]

Ante este estado de cosas lo primero que debemos preguntarnos es por la causa o las causas de la denominada disforia de género.

Dickman y Livingstone en un capítulo dedicado a exponer las variedades sexuales existentes, dentro del texto de Woods [iv]  titulado La sexualidad humana en la salud y en la enfermedad[iv], se define la transexualidad del siguiente modo: «Transexualidad. Los transexuales creen que ellos están en el cuerpo del sexo biológico equivocado. Pueden describirse a sí mismos como hembras, atrapados en el cuerpo de un macho, o como machos en un cuerpo de hembra. Su comportamiento debe ser visto desde la perspectiva interna de su sexualidad y no desde su sexo biológico…»  (pp. 27-28)

Lo cual parece hacer referencia a que tal vez se trate del deseo del niño o de la niña de “tener el género biológico que no es” o de detestar o renegar “ser del género del que efectivamente es”, lo cual no sería primariamente una alteración de la identidad personal propiamente dicha.

En tal sentido, es posible que el niño no crea ser niña, sino que percibiéndose como el niño que es, no quiera serlo y, en su lugar, desee intensamente tener cuerpo de niña, y viceversa. En este caso, habría que diferenciar la identidad personal como aquello que el niño cree ser, de alguna suerte de ideal del «yo» por el que, sabiendo qué genero biológico tiene, presenta la actitud contraria a tenerlo y favorable a cambiarlo. Tal vez se trate de un asunto no del todo aclarado.

De hecho, la principal pregunta que habría que contestar sería la siguiente: ¿en qué se fundaría la identidad de género si el niño o la niña hicieran preterición de cuál fuera su cuerpo? ¿Podrían distinguirse un niño de una niña y viceversa, a sí mismos, con independencia de su propio cuerpo y creerlo dentro de su identidad psicosexual? ¿Qué rasgos distintivos utilizarían al efecto? No obstante, habría que poner de relieve que, de ser así, el tema pasaría de ser un tema de la identidad personal de género, a una actitud preferencial por ser del otro sexo biológico sin problema de identidad psicosexual.

Entonces habría que saber qué es lo que causa esa disforia por la que la persona siente malestar con su sexo biológico y quiere cambiarlo para sentirse mejor. ¿Qué beneficios espera obtener si consigue cambiar la anatomía de su sexo de nacimiento?

Es más fácil entender un “Quieren que sea X en vez de Y” a un “Quiero dejar de ser Y para ser X, con total independencia de lo que otros quieran”. O del tipo: “Si tuviera un cuerpo del otro sexo las personas que me importan me aceptarían en vez de rechazarme”.

El impulso sexual.-

La intensidad del impulso o deseo sexual depende, de modo muy significativo, de la precocidad con la que ocurran las primeras actividades sexuales en la niñez. Cuanto más temprano ocurran tales experiencias, mayor será la libido en la persona adulta.

En la actualidad, el empeño en introducir la sexualidad como materia de aprendizaje en los centros educativos y otros contextos, no parece ser ajeno a sus previsibles efectos en cuánto a la implantación de un apetito sexual incrementado en la población general. Este efecto, también parece ser compatible con un incremento paralelo de la promiscuidad relativa a la heterogeneidad de las parejas sexuales.

VOX Marbella confronta a la Delegada de Igualdad por las guías formativas sobre diversidad sexual.
AQUÍ VÍDEO
Hace unas semanas Abogados Cristianos denunció públicamente unas guías formativas sobre diversidad sexual que el ayuntamiento de Marbella tenía en su página web.
Estas guías incentivan a los docentes a promover la ideología de género en el aula través de distintas actividades.
El revuelo generado ha llevado al grupo municipal VOX a preguntarle a la Delegada de Igualdad sobre ellas, y aquí os dejamos su respuesta.

No te pierdas este vídeo en el que la Delegada de Igualdad de Marbella, Isabel Cintado (PP), se reafrima en el uso de estas guías en los colegios.

Carlos, no te pierdas este vídeo:

AQUÍ VÍDEO
Ayer tuve la oportunidad de intervenir en televisión para exponer la posición de Abogados Cristianos sobre el polémico carnaval de Torrevieja.¡Es vergonzoso que haya personas que sigan negando la hipersexualización de estas menores semidesnudas, ataviadas con ligueros y pezoneras!
¿Realmente el problema está en quienes vemos esto como un exhibicionismo innecesario?
¡No! Tenemos que defender a nuestros niños a toda costa.

Ahora bien, la extensión que está alcanzando la pederastia (al menos que sepamos en el mundo occidental), denominada técnicamente como paidofilia, está creciendo cada vez a mayor velocidad, e, incluso la ONU parece tender a relajar dicha desviación tal como recientemente ha denunciado Abogados Cristianos. Textualmente:

La ONU podría despenalizar ciertas formas de pornografía infantil en su último acuerdo sobre ciberdelincuencia.
La protección real de la infancia ha dejado de ser una prioridad para nuestras instituciones.
Llevamos años viéndolo en nuestro país: a nadie parece importarle que los más pequeños puedan ser víctimas de depredadores sexuales o se inicien precozmente en la producción y difusión de material pornográfico.
Talleres sobre cómo practicar sexting para adolescentes, gymkanas en las que enseñan a colocar preservativos con la boca, o desfiles carnavalescos en los que se exhiben a niñas semidesnudas.
Actividades cada vez más frecuentes que buscan que naturalicemos la presencia de menores en un contexto sexual.
Pero ahora la demanda por despenalizar ciertos tipos de pornografía infantil viene desde arriba, y podría contemplarse en el próximo tratado sobre ciberseguridad de la ONU.
Una auténtica locura que introduciría progresivamente una visión tolerante hacia las actitudes pedófilas.
No podemos permitirlo. 

Si esto es así, me pregunto si el empeño en iniciar precozmente la educación sexual de los niños en colegios, tendrá algún tipo de relación con el incremento de dicha perversión, la cual lleva implícita la destrucción de la inocencia infantil, cuya malignidad es propia de importantes desviaciones psicopáticas.

Por otro lado, parecen caber pocas dudas de la promoción de la sexualidad, en una cultura plagada de hedonismo, que favorece lo instintivo en detrimento de las funciones cognitivas reflexivas y críticas aplicadas al propio devenir de esa misma cultura.

Para autoriamedinaceli

[i] ROSEN, I, y REKERS; cit. en: MONEY, JOHN  y EHRHARDT, ANKE; Desarrollo de la sexualidad humana (Diferenciación y dimorfismo de la identidad de género); VERSIÓN ESPAÑOLA DE A. Guera Miralles del original MAN, WOMAN – BOY, GIRL publicado por The Johns Hopkins University Press, 1972; Ediciones Morata; Madrid, 1982
[ii] SHRIER, ABIGAIL;  Un daño irreversible; trad. Mercedes Vaquero Granados, 2021; Versión electrónica de 2021; ISBN: 978-84-234-3298-1 (epub); DEUSTO, Centro de Libros PAPF, SLU; Bacelona, 2021; Versión a libro electrónico por Planeta.
[iii] https://www.forumlibertas.com/adolescentes-transexuales-hay-una-verdadera-moda-en-los-estados-unidos/
[iv] DICKMAN, GORDON L. y LIVINGSTON, CAROLYN A.; Sexual variation; en: Woods, Nancy Fugate; Human Sexuality in Health and Illness; Third edition; THE C.V. MOSBY COMPANY, St. Louis, Missouri, 1984

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