Ante la perversión moral de algunos, ante sus ataques a la dignidad humana…

A mi juicio, son tan perversos los narcisistas, en cualquiera de sus modalidades (encubiertos, extrovertidos, con rasgos más o menos psicopáticos o sociopáticos…) que, como bien conocemos, lo que invariablemente hacen es negar la trágica evidencia de la violencia psicológica que perpetran contra sus víctimas.

El colmo del cinismo y la depravación moral. Porque encima no cejan en su muy narcisista vanidad de ser reconocidos como personas ejemplares, dignas del aplauso de todos, de la admiración de muchos. Y desde luego, no les tiembla el pulso a la hora de presentarse como víctimas de sus víctimas (juego de la piedad se denomina a esta maniobra victimista: cínica, sarcástica y demoledora a tope de la psique de la presa del trastornado).

Soberbios, arrogantes, pretenciosos, malvadamente retorcidos, tóxicos a tope, envidiosos patológicos, mentirosos compulsivos, auténticos trastornados, vengativos que se creen con derecho a todo, narcisistas que se creen superiores al resto de las personas (a las que miran y tratan con total desprecio y sentimiento de superioridad)…

Individuos que no viven sino para cultivar su falso ego endiosado en un mundo de fantasía en que ellos ocupan el centro, desde el que esperan la sumisa adoración de los demás. Individuos que al carecer totalmente de empatía usan y tiran a los otros cuando ya no les sirven -otros que nunca son tratados como personas sino como cosas-, son verdaderos monstruos que, para mí sin duda, si no tuviesen parte con el mismísimo Satanás no serían capaces de hacer tanto daño.

Consumados manipuladores de la verdad y de la realidad -que retuercen a conveniencia propia-, ladrones y a la vez patológicamente envidiosos de la empatía de cualquier persona normal, estos seres perversos y en verdad de mente perturbada lo que buscan al hacer daño a sus víctimas es el robarles a estas la alegría de vivir, la empatía que ellos no tienen, la sana gestión de las emociones, el sentido de la verdadera justicia, el sano amor al prójimo, la compasión hacia el que sufre, la felicidad de la que ellos carecen…

Su envidia enrfemiza o patológica les impide aceptar la autonomía del otro, la vitalidad del otro, el código de valores éticos y morales del otro, fundamentado en la sana y gozosa gestión de las emociones, aunque en el fondo, insistamos, envidian todo esto dicho.

Por esto mismo nos parecen tan destructivos, tan diabólicamente malos. Y para mí como católico que soy, son candidatos firmes a la condenación eterna (¡y claro que no estoy jugando a ser Dios!, en modo alguno, ni juzgando ni condenando, de manera que por la salvación de mi alma he de luchar día a día, y día tras día se lo pido al Dios Uno y Trino y a la Santísima), pues luego de pasarse toda una vida haciendo daño sin arrepentirse de ello en modo alguno, dejando cadáveres espirituales por todas partes, sin arrepentimiento alguno, sin conciencia de pecado, sin conciencia moral, sin entrañas de misericordia, sin empatía, sin verdadero amor al prójimo, sin sentir remordimiento alguno ante todo el daño que causan, sin apertura a la acción del Espíritu Santo, que alguien me explique cómo podrían salvarse…

Para Dios nada es imposible, me responderán. Y es cierto. Pero al igual que hay un solo pecado que Dios no puede perdonar (el llamado pecado contra el Espíritu, que es el de todas aquellas personas que ni siquiera se arrepienten de sus pecados, determinación que Dios respeta, pues nos ha creado libres), sucede que los narcisistas nunca jamás se arrepienten de sus malas acciones, de todo el daño que causan. Ergo...

Argumentan los especialistas (se lo he escuchado, entre otros, al estupendo Antonio de Vicente, psicólogo experto en estos asuntos) que la senectud de los narcisistas es horrible: solos, abandonados, descubiertos ya por los demás más allá de la máscara de su falso yo narcisista endiosado, sin fuerzas ya ni encanto personal para seguir seduciendo, manipulando y dañando a sus víctimas, a sus monos voladores, cerrados totalmente al perdón…

Solo que insisto: de entre sus técnicas de manipulación y violencia psicológica más perversamente refinadas que usan para hacer daño a sus desgraciadas víctimas o presas -siempre inocentes, no se olvide este dato-, ocupa un lugar preeminente la técnica de negar sistemáticamente el maltrato psicológico perpetrado.

Se hace difícil encontrar palabras para tratar de explicarse uno cómo puede ser tan vil una persona, moralmente hablando, tan depravadamente ruin, que la haga capaz de causar tantos y tales estragos en la psique y en la vida toda de otras personas. Hasta el extremo de «disfrutar haciendo sufrir a las víctimas».

Ante estos monstruos de la perversión en las relaciones humanas, de nada vale ir con la verdad por delante; ni con actitudes de comprensión, diálogo, amor a la verdad, empatía, cordialidad, asertividad, apuesta por la razón cálida (ni cálida ni fría, de ninguna temperatura les vale)… Absolutamente de nada. Se reirían con sarcasmo y sin sin rubor alguno de todas estas buenas intenciones. Pues estos seres irredentamente perversos solo entienden de un lenguaje: o se acepta lo que ellos tratan de imponer de forma totalmente arbitraria, manipulativa y dañina, o leña al mono.

¡Y ay de ti, por cierto, si descubres que son narcisistas o psicópatas socialmente encubiertos y se lo echas en cara! Toda su ira entonces, toda su rabia se volverán contra ti en forma de insultos, amenazas, difamación, hostigamiento, infravalaración, denigración, desprecio, injurias, calumnias, calculados silencios…Te llamarán necio y loco, cuando lo cierto es que los necios suelen ser ellos al carecer, por lo general (excepciones a un lado, que siempre habrá), de un pensamiento y un conocimiento profundos de las cosas y, sobre todo, al ser personas en verdad desequilibradas.

Llamarán loca a su víctima, sí. Ellos que desquician a sus presas con sus marrullerías para dominar, manipular y hacer daño, ¡se atreven a llamar loca y necia a la desgraciada víctima que han previamente desquiciado con sus perversas tretas! No argumentando por cierto nada en apoyo de tal acusación, porque nada pueden argumentar en verdad al respecto; solo odio, rabia, resentimiento, celos patológicos que espetan contra su víctima. Y porque llamar loca a su víctima o presa no es sino una de sus estrategias de manipulación y de violencia psicológica.

En realidad los únicos locos son ellos, al tener su mente totalmente perturbada e incapacitada para las emociones, la empatía, el verdadero amor, la amistad, el bien, la honestidad, la bondad y las relaciones humanas sanas.

Si no fuesen tan monstruosa, cínica y perversamente dañinos, hasta te darían lástima por el cuadro psíquico tan desequilibrado que presentan. Pero lo cierto es que siendo tan abusadores, manipuladores y violentadores de sus víctimas uno no puede sino sentir espanto ante la sola presencia próxima de uno de estos seres que, de tan malvados, de tan viles y ruines, de tan vampiros chupadores de la energía del otro, parecen salidos de las entrañas del mismísimo infierno.

Con todo, según reconocen los expertos en el estudio de la mente humana (psicólogos, psicoterapeutas, psiquiatras, neurólogos…), y más si son creyentes, tarde o temprano los narcisistas pagarán por todo el daño que se han pasado haciendo en sus vidas. Así, se han descrito muchas experiencias de senectudes realmente desoladoras vividas por los narcisistas, sociópatas y psicópatas. Y cómo, ni aun así, se arrepienten del daño que han hecho sino todo lo contrario: se enrocan y enrocan en su narcisismo insaciable y como a la desesperada, lleno de victimismo, de ira callada y de odio…

En fin: Dios nos libre del daño maléfico que ocasionan en nuestras vidas los narcistas perversos, psicópatas integrados y resto de seres tóxicos.

Postdata. Consciente de que estoy a años luz de la santidad de vida, pero asimismo consciente de que me siento llamado a ella (llamada universal a la santidad de todo hijo e hija de la Iglesia, sea cual sea su estado de vida o condición), coincido con el psicoterapeuta, doctor en Psicología, profesor y conferenciante Iñaki Piñuel en su valoración de los que él llama narcisistas pneumáticos, a quienes él reputa de muy perversos narcisistas; tal vez, los más refinadamente malignos de entre todas las especies de trastornados con el llamado trastorno narcisista o psicopático de la personalidad. A saber: algunos líderes de sectas, grupos de la New Age o incluso personas católicas, quienes tras una imagen externa que los presenta poco menos que como los salvadores de la humanidad engolfada en el pecado (como maravillosos seres de luz), esconden a seres oscuros, perversos, tremendamente maquiavélicos, cuyos móviles son el control, la manipulación, la lujuria, el dominio y el hacer daño a sus víctimas. En España, por ejemplo, lo hemos visto recientemente con el caso de la secta de los miguelianos (orden de San Miguel Arcángel): escándalos sexuales de órdago (hasta orgías se practicaban entre ellos), ambición, enriquecimiento, poder, dominio y abuso sobre los adeptos de esa secta. Una corrupción sexual que llegó a tal extremo que el gran líder o gurú de la secta llegó a pretender embaucar a sus víctimas mujeres asegurándoles que a través de su semen comulgaban el cuerpo de Cristo. Solo que para mí todo esto ocurre en la sociedad actual, estas altas dosis de narcisismo, porque precisamente hemos dado la espalda al buen Dios, al Dios de nuestros padres (el Dios de Abraham, Isaac y Jacob), el Dios de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Habiendo oscurecido la conciencia moral, hemos acabado rebajando la condición del otro: de prójimo hijo de Dios Padre, a objeto, a cosa de usar y tirar. Y sabiéndolo o sin saberlo, conscientes o inconscientes de ello, hemos acabado reputando al otro de la manera en que lo pretendía hacer el propio Jean Paul Sartre: “El otro es para mí una amenaza a mi libertad. Porque el otro es un infierno para mí”. Ergo, sociedad enferma la actual, llena de narcisistas malignos. De suerte que el infierno que son los otros enferma: l’enfer m’enferme (me enferma, en el sentido de “encerrarme” a los otros, que es lo que significa el verbo francés enfermer).


2 respuestas a «Ante la perversión moral de algunos, ante sus ataques a la dignidad humana…»

  1. El escrito y reflexiones de Luis Alberto Henrique
    Son claras y magistralmente descritas.
    Que Dios Padre , Hijo y Espiritu Santo «No nos deje caer en la tentación
    Y nos libre de todo mal»
    Y si lo tenemos en nuestra propia familia y no podemos correr Que Dios nos dé mucha fortaleza y paciencia .Como bien decía Santa Teresa «Con la paciencia Todo se alcanza solo Dios basta «.

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