Apuntes sobre la etapa de gobierno del Caudillo

A no tardar mucho el nuevo Frente Popular, imagen y semejanza de aquél que nos llevó a una guerra fratricida porque creía que la tenía ganada y que por ello iba a imponer su concepto de «república», que no era la democrática que pudo ser la Segunda, sino la Tercera que forjaron mediante el terror en la parte de España que quedó durante casi tres años bajo su férula, va a ampliar la Ley de Memoria Histórica (o de Mentira Histérica) a fin de lograr que la etapa de gobierno del Generalísimo sea sepultada en el olvido del todo y que lo poco que se diga de ella sea falso. A ello les lleva su envidia y por ella el odio a quien demostró con hechos fehacientes más que documentados que hizo la revolución nacional más importante de nuestra historia con un éxito que jamás será igualado; máxime teniendo en cuenta las circunstancias de todo tipo de entonces.

Pues bien, para que dicho olvido y falsedades no se produzcan es preciso comparecer una y otra vez con la verdad, de forma que cuando los nuevos, aunque viejos, frentepopulistas, repitan mil veces sus mentiras, no parezcan verdad. Que no ocurra como con nuestra Leyenda Negra, que ha calado porque los españoles de pro nunca comparecieron con la verdad para rebatirla tan incansablemente como sus impulsores y propagandistas la difundían.

En esta ocasión sólo unos breves apuntes que, aunque no por conocidos, debemos recordar una y otra vez:

  • Contra lo que habitualmente se cree, en tiempos de Franco la emigración no fue mayor, sino menor que en las épocas históricas que le antecedieron.
  • Se emigró, en condiciones de absoluta legalidad y amparados por el propio Estado, no esencialmente por falta de trabajo, sino porque por el mismo trabajo en Alemania y Francia pagaban más.
  • No se emigró para quedarse, sino para volver con ahorros suficientes para impulsar la propia vida en España.
  • En 1965 los españoles sufrían una presión fiscal del 14,7 por ciento (hoy es del 35). La presión fiscal en nuestro país era ridícula.
  • Llegamos a ser la octava/novena potencia industrial del mundo. ¡España, que había perdido la revolución industrial!
  • El indice de suicidios fue el más bajo de toda nuestra historia, y el menor de toda Europa; lo que da una idea de la satisfacción y ganas de vivir de los españoles en aquella hoy tan denostada «dictadura», al contrario de lo que ocurre con nuestro maravilloso «Estado del bienestar» en el que el suicidio es la primera causa de muerte no natural desde hace varias décadas.
  • La población carcelaria en 1975 era de menos de 8.000 personas, de los cuales por causas mal llamadas «políticas» no llegaban ni al 10 por ciento; en 2010 alcanzó los 90.000 presos y subiendo, sin contar los incalculables que andan por la calle teniendo a sus espaldas múltiples juicios pendientes e incluso órdenes de busca y captura sin que nadie ni les busque ni mucho menos les capture (para qué hablar de la impunidad de la plaga de los «okupas»).
  • No hubo nunca declaración de IRPF (que comenzó en 1978), ni de IVA que es posterior.
  • En los sesenta se pagaban muy pocos tributos. Sólo había impuestos indirectos (al comprar tabaco, alcohol, productos de lujo (coches, etc.), las «chapitas» de las motos y bicicletas, los sellos, las famosas pólizas en las gestiones, etc.) que gravaban todos los bolsillos por igual (de “ricos” y “no ricos”), ya que no había baremos en función de los ingresos; pagaba más quien más consumía. La reforma fiscal de 1964 y los planes de desarrollo (con la creación de nuevos focos industriales, el auge del turismo, etc.) hicieron crecer la presión fiscal hasta alcanzar el 17 por ciento a la muerte del Caudillo, es decir, un aumento de tan sólo el 2 por ciento; desde su fallecimiento no dejaron de aumentar casi exponencialmente hasta alcanzar el doble en 1987, siendo el país que más ha elevado su presión fiscal en menos tiempo. Cuando hubo escaseces (1939 a 1953 y menos entre 1954 y 1964) la presión fiscal fue bajísima porque los ingresos eran menores; cuando llegó el desarrollo aumentó pues fluían más beneficios.
  • Lo que se recaudaba por esos impuestos indirectos iba para poner a España en marcha, a crear riqueza, al desarrollo, a construir infraestructuras que permitieran ese desarrollo que, a su vez, traía más riqueza.
  • No había fraude fiscal porque al ser los impuestos indirectos no había lugar a ello. La corrupción, que la habría, era mínima, ni mucho menos como ahora, porque la España de entonces tenía ideales muy firmes y era honrada en su casi totalidad. Además, nuestros padres tenían metido en la cabeza el concepto de la austeridad y el ahorro como norma en la vida; ahora todo es ocio… y no por ello fueron menos felices, sino que mucho más. Las familias no tenían que pagar canguros o guarderías para que trabajaran marido y esposa, y el dinero se lo lleve… la guardería.
  • No pocas de las grandes obras se financiaron con las loterías especiales y las quinielas (por ejemplo, buena parte del Valle de los Caídos y otras muchas) no costando un duro a Hacienda; o muy poco. Y otras muy importantes por gestiones directas del propio Franco que llamaba a algún potentado y le pedía que la pagara como más de una central eléctrica o estación de ferrocarril.
  • No había políticos (ahora 420.000, el país de Europa con mayor numero), ni partidos ni sindicatos subvencionados (300.000 «liberados»), ni comunidades autónomas,… ni un larguísimo etcétera que son enormes gastos presupuestarios que con Franco jamás hubo.
  • Cuando muere Franco hay en España sólo unos 750.000 funcionarios en total. Ahora vamos por los tres millones y medio y subiendo.
  • La esperanza de vida pasó de 50 a 73 años, algo sin precedentes en el mundo.
  • Se realizaron 621 obras hidráulicas –embalses, pantanos y «mares», algunas de las cuales son aún hoy las mayores de Europa–, gracias a los que todavía hoy en día bebemos agua y regamos amplias extensiones, siendo el tercer país del mundo en tal sector.
  • Se multiplicó por 17 la renta per capita de los españoles.
  • Las rentas del trabajo ascendieron al 60 por ciento del total nacional.
  • Desapareció prácticamente el analfabetismo y se generalizó la educación obligatoria.
  • Se crearon instituciones tan necesarias como eficaces muchas de las cuales aún perviven como: la ONCE, Radio Nacional, el CSIC, la Orquesta Nacional, la Agencia Efe, la Escuela Superior del Ejército, el Instituto de España, el INI, la RENFE, la Magistratura del Trabajo y la Seguridad Social; sin ser ni mucho menos exhaustivo.

La España de Franco tuvo sus problemas, que duda cabe, pero levantó una nación destruida, salvó a una sociedad de su aniquilación, nos mantuvo al margen de la II Guerra Mundial, creó la clase media y el Estado de Bienestar, y guió y realizó la mayor revolución de la Historia de España que han visto, ni verán, los siglos.


3 respuestas a «Apuntes sobre la etapa de gobierno del Caudillo»

  1. Ese señor era el G eneralísimo!!!!! ¿Alguien de los que mandan ahora puede pensar que puede limpiarle los zapatos, si es que los llevan, siquiera?

  2. Cierto, pero se dejó seducir en los últimos años de su etapa de gobierno -particularmente- por un irresponsable IRENISMO (vía curas y CVII, naturalmente) que todavía lo estamos pagando.

    Ello hizo posible, en buena medida, que los españoles se encontraran pasmados y desarmados para resistir con firmeza al nuevo «himalaya de mentiras» que inundaría toda España tras su muerte. Y eso a pesar de que ya lo había anticipado, proféticamente, en el discurso inaugural de El Valle de los Caídos.

    Nada de lo antedicho, por supuesto, resta brillo a los muchos logros históricos realizados en España durante los años que duró su venturosa «dictadura».

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