Aquel muro que levantó… Truman

En la Conferencia de Postdam, Truman cedió a Stalin media Europa, incluida aquella pequeña ciudad, Dantzing (hoy Gdansk), cuya pretendida libertad fue la «razón» para que el Reino Unido y Francia declararan la guerra a Alemania en 1939 una vez que, tras rechazar la reclamación de Hitler de que dicha ciudad volviera a manos germanas, éste no tuviera más remedio que ir a por ella; era la última reivindicación que le quedaba para subsanar en su totalidad la tropelía que había supuesto el injusto y humillante Tratado de Versalles. De habérsela concedido… ¿habrían tenido ingleses y franceses excusa para la guerra? Reproducimos a continuación el primer capítulo del libro En el muro de Berlín. La ciudad secuestrada (1961-1989) de Sergio Campos Cacho.

Geografía física del Muro

La frontera entre la Alemania Federal y la comunista, la Innerdeutsche Grenze, se extendía durante unos 1.400 kilómetros desde la península de Priwall en el norte hasta su punto más meridional en la aldea de Schönberg Am Kapellenberg, en la región de Vogtland. Partía el país en dos de un tajo trémulo. Desde el momento de su división, los dos países siguieron caminos no solo distintos, sino opuestos. La Alemania Federal, como una democracia; la Alemania Democrática, como una dictadura. Tras su reunificación (3 de octubre de 1990), los mapas políticos y geográficos continúan mostrando con sus respectivos colores dos territorios que parecían darse la espalda en renta per cápita, en número de industrias, en densidad de población, en niveles de contaminación y en cifras de desempleo.

Berlín se encontraba en el corazón de la República Democrática Alemana dividida en dos ciudades, Berlín-Este y Berlín-Oeste. El Muro se levantó el 13 de agosto de 1961 como una barrera que encerraba la ciudad occidental, si bien los verdaderos prisioneros de esa cárcel eran los alemanes orientales.

Los berlineses del Oeste podían salir libremente de la ciudad por vía aérea y por carreteras delimitadas y vigiladas que cruzaban la Alemania Oriental. Los alemanes del Este tenían prohibido el paso al mundo occidental, ya fuera por la Innerdeutsche Grenze o a través de Berlín. El «Muro de protección antifascista» —su nombre oficial— se construyó para impedir su huida en masa a Occidente.

Partía la ciudad en dos mediante una línea de demarcación conocida como Sektorengrenze, o frontera entre sectores, de 43,1 kilómetros, que transcurría de norte a sur enfrentando casas con casas, calles con calles. Separó familias, amigos, vecinos, ciudadanos.

La frontera o anillo exterior, el Aussenring, se extendía 111,9 kilómetros por las afueras y separaba los arrabales de la ciudad occidental de los campos, bosques y pueblos de Brandemburgo.

En 1989, el Muro estaba vigilado por 302 torres, 20 búnkeres, 259 casetas para perros guardianes y siete regimientos fronterizos dirigidos por el Grenzkommando-Mitte, pertrechado con 11.504 guardias, 503 empleados civiles, 567 vehículos blindados de transporte de tropas, 48 lanzagranadas, 48 cañones antitanque, 114 lanzallamas, 156 carros de combate, un parque móvil de 2.295 vehículos y 992 perros. Cada regimiento estaba formado por cinco compañías con un promedio de 120 soldados, más una compañía de ingenieros, una de inteligencia, una de transporte, una batería de lanzagranadas, otra de artillería, un pelotón de reconocimiento, otro de lanzallamas y un escuadrón de perros. En total sumaban unos 320 hombres. Tres de los regimientos disponían de una compañía naval con 29 lanchas.

Los Grenzer, los soldados que vigilaban la frontera, tenían orden de disparar a las personas que intentaran cruzarla. Los fugitivos recibían el nombre de Grenzverletzer, infractores o violadores fronterizos.

El Muro de Berlín nació como unos enmarañados alambres de espino extendidos por todo el perímetro de los sectores occidentales; en algunos puntos, una pared construida a destajo, con los ladrillos huecos de hormigón dispuestos de cualquier manera, torcidos y rematados por unos hierros que sujetaban metros y metros de alambrada. De no ser por la vigilancia, en aquellos primeros momentos habría dado la impresión de ser una construcción frágil, provisional, una tapia levantada por una brigada de albañiles holgazanes y borrachos. Se reforzó con el tiempo, primero con contrafuertes de ladrillos, luego sustituyendo la tapia por módulos de hormigón. Se habla de primera, segunda, tercera y cuarta generación de Muro, como si fuera un iPad, y el último modelo era el llamado Grenzmauer 75, construido a mediados de los años setenta con la forma que conocemos hoy en día.

La llamada «franja de la muerte» comprendía el espacio intermedio entre dos muros: una primera pared de advertencia, o muro interior, que se levantaba para impedir el paso y la visión de los ciudadanos del este, y el Muro propiamente dicho. A pocos metros del muro interior —generalmente pintado de blanco para realzar la figura de los fugitivos— se alzaba un dispositivo electrificado con un sistema de alarma: la valla de señales. Casi todas las personas que trataron de escapar fueron sorprendidas por los guardias al activarla. Seguidamente, una franja de arena permitía fijar las huellas de quienes trataban de huir. Luego venía el llamado Kolonnenweg, una vía asfaltada o empedrada por la que patrullaban los vehículos de vigilancia. Y después otra franja de arena iluminada por una cadena interminable de farolas que conseguían que el Muro fuera visible desde los aviones que aterrizaban en los aeropuertos del este y del oeste. En muchos tramos de la frontera, las farolas iluminaban una fosa que podía alcanzar el metro y medio de profundidad para impedir el paso de los vehículos. Si la anchura de la franja de la muerte no era suficiente, esta trinchera podía ser sustituida por unos artefactos construidos con vigas entrecruzadas a modo de caballos de Frisia, que en alemán reciben el nombre de Spanischer Reiter (caballeros españoles). Enterrados en este trozo de la franja podía haber unos entramados metálicos regulares con pinchos de varios centímetros de altura que recibían el nombre de Spargelbeet (cantero de espárragos) o Stalinrasen (césped de Stalin).

La franja de la muerte no estaba minada, al contrario de lo que ocurría en el espacio fronterizo de las dos Alemanias, cuyas verjas metálicas disponían de unos mecanismos que abrían fuego de manera automática a quien intentara cortar los cables que las trenzaban. El hecho de que el Muro no dispusiera de minas, junto con la práctica imposibilidad que suponía acercarse a la frontera entre los dos países —situada en campo abierto—, hizo que Berlín fuera el destino de muchos alemanes del este que pretendían pasar al otro lado. Alrededor de la mitad de las víctimas del Muro venían de fuera de Berlín.

La cifra oficial de víctimas mortales del Muro es de ciento cuarenta. Algunas murieron por error o accidente —no tenían intención de cruzar la frontera—; otras murieron en ríos y lagos o por los disparos de los Grenzer. Bastaba una bala para matar a un infractor, aunque a veces era necesario que varios guardias dispararan para acertar una sola vez. Los nervios y la tensión provocaban numerosos errores, pero también quedó demostrado que algunos guardas no tiraban a dar, quizá porque matar a un hombre no es tan fácil. Sea como fuere, lo fundamental es que el infractor moría.

El cadáver se retiraba rápidamente y, si no había testigos y no se llegaba a conocer la identidad de la víctima, el cuerpo se incineraba en el Baumschulenweg, el crematorio de la policía comunista del Ministerio de Seguridad del Estado, conocida como Stasi, y la urna se enterraba en el cementerio anexo de forma anónima. En caso contrario, se coaccionaba a los familiares para que no hablaran de lo sucedido o se les decía que la víctima había muerto en un accidente. Por lo general, se les impedía ver el cuerpo y se les entregaba en una urna. Se falsificaban documentos, se tergiversaban fechas, se inventaban historias. En algunos casos, la Stasi vigilaba a los familiares y amigos de la víctima para asegurar su silencio, e incluso a los propios guardias, médicos, funcionarios y enterradores que sabían de la existencia de un cadáver del que nadie más en el mundo tenía noticia.       

Era importante que los muertos no deslegitimaran el sistema.

Unos meses después de que cayera el Muro, las autoridades de la RDA que habían relevado a la vieja guardia del SED (Partido Socialista Unificado de Alemania) juzgaron a las personas relacionadas con los crímenes que tuvieron lugar en la frontera. Se iniciaron 143 procedimientos contra 297 personas. Hubo 164 condenas, cien de ellas a guardias fronterizos. Casi todos fueron castigados a penas de entre uno y tres años de prisión que, por lo general, se conmutaron con la libertad condicional. Pocos guardias fueron a la cárcel. Solo en un caso la pena fue de diez años de prisión. Klaus-Dieter Baumgarten, jefe de las tropas fronterizas, fue condenado a seis años y medio de cárcel por once cargos de homicidio y cinco de intento de homicidio.

Tampoco fueron severamente castigados los responsables de mantener el sistema criminal que encerró durante casi treinta años a sus ciudadanos so pena de asesinarlos si intentaban escapar. Muchos dirigentes habían muerto antes de que se abriera el Muro. El jefe máximo de la Stasi, Erich Mielke, tan solo fue condenado por un crimen cometido en los años treinta, pero pasó poco tiempo en prisión, como el presidente Erich Honecker, que fue liberado a causa de su precaria salud tras haber buscado asilo en la Unión Soviética y en Chile.

Sin embargo, los alemanes orientales que fueron detenidos tratando de saltar el Muro sí fueron condenados a prisión por la imposible justicia comunista, y muchos sufrieron duras penas agravadas por la represión a la que fueron sometidas sus familias, a lo que tuvieron que sumar el estigma posterior a su excarcelación y a la dirección que el Estado dio a sus vidas, ya que ni siquiera tenían la libertad de elegir qué hacer con ellas.


9 respuestas a «Aquel muro que levantó… Truman»

  1. Gran artículo.
    Una “hazaña “ destructiva de USA contra Alemania metiendo al comunismo dentro con la colaboración de Inglaterra y el apoyo de Francia que sentia envidia por Alemania.

    1. Dantzig no, Danzig. Como siempre USA haciendo amigos. ¿Y el genocidio contra la población alemana en Alemania y en Europa central? A Hollywood no le interesa. Vale más la visá de un judío q la de 1.000 alemanes y 10.000 eslavos…

      1. En efecto, Rafael, a nadie le interesa escribir sobre el enorme GENOCIDIO de cinco millones de alemanes en los campos de prisioneros alrededor de Frankfort recién terminada la guerra, siguiendo las ordenes de Eisenhower -IKE, para los amigos – y que denunciado por el también general Patton, a este le costó el «suicidio asistido» en un accidente de carretera seguido del balazo de un confeso francotirador.
        La denuncia de Paton de nada sirvió ante un gobierno de Estados Unidos al servicio de la masonería, como siempre.
        Nuestro «amigo» Eisenhower, viejecito afable, sonriente, gran amigo del general F. Franco, fue el mayor criminal de la historia de la humanidad, por supuesto, Gran Maestre del Oriente de USA.
        Franco, el Generalísimo, vivía, por aquel entonces en un mundo de ilusiones y fantasías dedicando sus discursos a criminalizar la «conjuración judeo-masónica» que, alternativamente condenaba o abrazaba en función del momento o de las circunstancias.
        Por sus obras los conoceréis…. sus obras las vemos HOY…. Constitución masónica la tan alabada del «78» con un monarca perjuro, el «emérito» y su descendiente que, como todos estos miserables Puig-Moltó, obedece, como debe ser las instrucciones de Biden – perdón Obama, o el que sea – y de sus sicarios de la Casa Negra.
        Al fallar – NO podía ser de otra manera – todas las alternativas, la solución es el
        Requeté, dos siglos al servicio de DIOS y de ESPANA, sin traiciones
        DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO

          1. Gracias Maria por tu enlace que he visto.
            Son muchos los escritores y periodistas que acusan a Eisenhower como uno de los mayores genocidas de la humanidad.
            En lo que respecta al asesinato del general Patton por orden de Eisenhower hay un libro de Robert Wilcow, «Target Patton».
            En el siguiente enlace se encuentra, mas o menos, ciertos detalles sobre el asesinato de Paton.
            https://elmanifiesto.com/mundo-y-poder/2974/EE-UU-mato-a-su-general-Patton-para-ayudar-a-la-URSS.html
            El propio Patton convaleciente en el hospital de Alemania, consciente de que lo iban a asesinar – y pensaba que iba a sobrevivir a sus heridas – telefoneo a su mujer para que viniera a sacarle del hospital. Lo asesinaron antes de que llegara a ayudarle.
            Ya a finales de 1945 se sospechaba de la muerte «accidental» de Patton fuera un asesinato ya que era opuesto a TODAS las intenciones del Gobierno de Estados Unidos.
            Volviendo a «mi amigo Franci», pienso firmemente que Franco, que NO era nada tonto, estaba al corriente de las «actuaciones» de Eisenhower y de su pertenencia a la masoneria, y, que era Gran Maestre de la Logia de Estados Unidos.
            Maria y todos los que leéis este comentario…»POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS»
            Y los hechos los sufrimos todos nosotros y desde su muerte, que desde el primer momento de la «Transicion»,, son perversos y contrarios a lo que el general manifestaba…
            Repito hasta la saciedad… POR SUS HECHOS LOS CONOCEREIS.
            Gracias por la lectura
            Saludos cordiales
            DIOS, PATRIA y REY LEGITIMO

        1. Se puede añadir a todo lo dicho otros sucesos horrendos, como el hecho de que millones de soldados alemanes quedaran fuera de las fronteras de su país al finalizar la guerra (Adenauer habló de cinco millones y recordemos que la Wehrmacht llegó a tener unos catorce) y que la mayoría de estos soldados jamás volvieron a casa. De esta pavorosa destrucción de vidas humanas a penas se habla.

    1. Hay una foto esclarecedora por demás; es la que recoge a Truman, Stalin y Churchill entrelazando los brazos al estilo masón, eslabones de un gran abrazo/círculo ideal. Lacayos de los amos anglosionistas y su NOS. El mundo ya era suyo, había que ir a la siguiente fase.

  2. Gracias I. Caballero por enviar el enlace sobre el General Patton que como Militar mostró en todo momento el Valor y Honor necesarios y fue el único en reconocer que en el campo de batalla tenía enfrente a grandes Generales alemanes que eran grandes Militares, opinión que le sirvió al Gobierno de EEUU para acabar con el en el momento “oportuno “.

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