Argentina, el fútbol y la estupidez

ESCUCHAR NOTICIA: Decía Borges desde su pedestal de altivez aristocrática, que el futbol es popular, porque la estupidez es popular. Indudablemente como argentino, el genial escritor, sabía mucho de ambas cosas, de estupidez y de  futbol. Porque aplicando el clásico silogismo aristotélico, por tanto a mayor estupidez popular, mayor popularidad del fútbol. Y nada hay mas popular en Argentina que el fútbol. De hecho, el futbol es la gran creencia popular, quizás la única, de aquella sociedad. De ahí viene todo el problema y todo el trauma social que presenciamos atónitos. Lo cierto es que, lamentablemente para los argentinos, tras el pasado Campeonato Mundial de Futbol, siempre existirá un antes y un después en la estimación y la consideración del resto del mundo hacia su patógena sociedad tribal, por así llamarla. Como si un velo se hubiese rasgado dejando ver definitivamente toda la patética y miserable estulticia de una sociedad enferma y enfangada en su propia degradación existencial, con el fútbol como gran tótem colectivo. Vayamos por partes. Primero el futbol propiamente dicho. Un récord mundial que será recordado en la historia de las finales de los Campeonatos del Mundo como una permanente vergüenza para Argentina. Un partido donde uno de los equipos no tiró a puerta durante los 90 minutos. Un equipo esperando desde el minuto uno, llegar a los penaltis, a ver si sonaba la flauta por casualidad, y rezando para que que Messi, pudiese sacar un conejo de la chistera que les hiciese ganar el partido. Todos atrincherados en su área encomendándose al portero, que fue de largo el mejor del equipo. Un equipo, sin plan, sin estrategia, sin vergüenza, sin calidad. Solo patadas al rival, entradas a destiempo y ausencia de nivel futbolístico. Un equipo que llegó a la final, gracias a un cuadro absolutamente favorable, sin haberse enfrentado a ninguna selección importante, y pasándolas canutas ante equipos de segundo grado. La suerte, la “colaboración” arbitral y una cierta conjunción astral permitió que semejante fraude de equipo llegase a donde llegó. España los borró del campo y les dio una lección que nunca olvidarán. Una lección de juego, de disciplina, de orden y talento. Un lección técnica, táctica y física. Pero también una lección de honor y humildad, de valentía y caballerosidad. Un lección antes, durante y después del partido. Pero se trata de una lección que caerá en saco roto, porque el material humano que la recibe esta inmerso en la estupidez, en la profunda estupidez que refiere Borges. Porque lo visto después del partido, constituye también un récord mundial de mala conducta, de comportamiento ruin, mezquino, y despreciable. La ausencia de reconocimiento al ganador, la falta de asunción de una derrota justa e inapelable, donde las haya, junto con la violencia  gratuita propia de matones de barrio, solo ha servido para degradar aun mas a esa chusma rufianesca vestida de corto con una camiseta con los colores de la República Argentina, que por cierto, son los mismos colores de la dinastía borbónica española, concretamente de la Orden de Carlos III, en los que se inspiró el propio Belgrano en 1812, para hacerla oficial. Pero explicarle esto a esa masa descerebrada es como darle miel a los cerdos. Porque cualquier referencia o interpelación explicativa histórica es irrelevante. Todo es inútil, el país entero está como un cencerro. Están instalados en la caverna y solo ven las sombras de su fanatismo reflejadas en la pared. Han salido un momento al exterior y han visto la realidad, que les ha aplastado implacablemente y han vuelto de inmediato a la caverna, a rumiar sus traumas y su irrelevancia como nación y como comunidad histórica. El lector escéptico puede objetar que aplicar semejantes calificativos a todo el país excede de lo que es justo y apropiado. Esto es evidente, siempre hay justos en Sodoma. Y es evidente que muchas personas argentinas cabales, sensatas, sosegadas y respetuosas con la realidad se estarán  haciendo cruces con semejante desvarío colectivo.  Argentina ha producido personas brillantes en todo el ámbito de la cultura universal. Pero también es igualmente evidente, que en un país donde absurdamente el futbol se ha convertido en religión laica, en superestructura identitaria, en argumento existencial, en asunto esencial del estado, la masa idiotizada por su influjo es mayoritaria, interseccional, intergeneracional y permea toda la sociedad argentina, de forma consciente o inconsciente. Lo que convierte al país austral en un caso excepcional de la estupidez humana. De hecho, tras ese mundial, el caso argentino deberá ser estudiado en la facultades de psicología del todo el mundo. La casuística ha surgido a borbotones, y a pesar del paso del tiempo no cesa de adquirir nuevas formas transformándose  en destellos de idiotez constante. Primero, la negación. Tras el partido negaban la realidad. A pesar de la inapelable presencia del baño futbolístico, la disonancia cognitiva de la inmensa mayoría de los aficionados, medios de comunicación, redes sociales, y población en general, les hacía afirmar convencidos de su verdad, que no habían merecido perder. Que todo era una ilusión, una sombra, una ficción. Luego llegó, casi de inmediato, la fase de ira, la frustración violenta, la aparición de la agresión sin control. Rabia contra todos, y más contra los que que quisieron y se atrevieron a celebrar el éxito español. Ellos pueden celebrar sus éxitos con su grosería habitual, como lo han hecho, tanto en este como en otros mundiales, pero los demás no pueden alegrarse de su propio triunfo. Deben respetar públicamente su “dolor”. Después llega la autonegociación con el ego individual y colectivo. Su cerebro y su opinión pública intentan aferrarse a esperanzas vanas, a recuerdos ilusorios, a victorias pasadas. Cada vez se alejan más de la realidad. Surgen la teorías conspirativas demenciales, surge el mecanismo de defensa tribal, surge el ridículo colectivo. Surge la apelación a los extraterrestres, a la FIFA, a la CIA, al rey de Inglaterra y la recogida de firmas (cuando escribo esto van mas de 80.000) para repetir el partido. Acabará llegando, si no lo ha hecho ya, una fase de depresión, que durara lo que tarde en llegar la siguiente victoria, porque la mezquindad crónica no tiene cura y es amnesica. De lo que estoy seguro es de que nunca llegará una fase de aceptación, porque la realidad paralela en la que vive toda, y digo toda, la sociedad argentina, la incapacita para salir de la caverna grotesca en la que viven instalados con su idiocia. Ni un gramo de autocrítica. Ningún reseteo emocional para asumir una derrota inapelable, dar la mano y seguir adelante buscando mejorar para la siguiente ocasión. No es por casualidad que esa mercancía averiada, esa charlatanería con agrietado barniz científico, llamado psicoanálisis, haya encontrado en Argentina su tierra de promisión. Nadie mejor que semejantes vendedores de crecepelo para poner en marcha el tocomocho del inconsciente, escarbando en las profundidades de la nada, para escupirlo a los oídos del panoli de turno, previo pago de sus emolumentos. Yo les ofrezco gratuitamente un diagnostico inapelable del “Síndrome de Derrota Inexistente”, aunque dada la intensidad de la patología, y la naturaleza de los individuos a los que va dirigido, me temo que no existe terapia posible, oídos capaces de escucharlo, ni cerebro capacitado para comprenderlo. El narcisismo colectivo consiste en la creencia de que tu grupo es superior, excepcional y mucho mejor que los demás. A estos grupos les pasa lo mismo que a las personas narcisistas; son extremadamente sensibles a cualquier asomo de crítica o cuestionamiento de esa supuesta superioridad. Es decir, la crítica no es tolerada por el individuo narcisista porque vive en una realidad paralela, la llamada disonancia cognitiva, por la que todo es interpretado según su conveniencia personal. A Argentina se la criticó por su mal juego, por las indudables ayudas arbitrales y por una supuesta narrativa para hacer de Messi una leyenda futbolistica inobjetable que pasaría a la historia tras este mundial. Esto no gustó a los narcisistas de la Pampa. Pero sirvió para cohesionar mas al grupo, un grupo de millones de personas, alrededor de ese relato supuestamente épico.  Porque, ellos, los argentinos, como gran depositarios de la llama sagrada del futbol, tienen que ser ontologicamente invulnerables a cualquier crítica. Pero todo se vino abajo con la realidad de la final. Cuando ese sistema de creencias interiorizado por toda una sociedad crédula en pompas de jabón futbolísticas, explotó con la impotencia total y se desmoronó bruscamente con el sometimiento a las reglas del juego impuestas por España. De tal forma, surgió la frustración y la violencia que el mundo entero ha podido ver en directo, para escarnio y vergüenza argentina. Primero durante el partido, luego inmediatamente tras el, y después en los medios de opinión publica. Sin embargo, para una sociedad narcisista, como la argentina, cuando la realidad le demuestra que sus creencias estaban equivocadas, porque han sido arrastradas por el suelo de una derrota humillante, en vez de cambiar esas creencias, intentan cambiar la realidad a base de mamporros físicos y verbales. Porque cuando aceptar la realidad supone desprenderse de una identidad generada durante años de pensamiento endogamico y autorrefrencial, con el futbol, como único activo patrimonial existencial argentino,  cualquier otra explicación es más cómoda psicológicamente y hay que aferrarse a ella como a un clavo ardiendo. De tal forma, socialmente se venera y se aplaude al tramposo, al mentiroso al fingidor y al violento incapaz de control de impulsos, incluso inventando una palabra especifica, que lamentablemente ha tenido éxito mas allá del corral argentino, me refiero a la palabra “canchero” que define todo lo de despreciable e indigno que tiene el futbol argentino, intentando convertirlo en el baremo de la inteligencia social. No por casualidad un drogadicto impresentable como Maradona ha sido alzado a los altares de la nación como un ejemplo de veneración, y su famosa “mano de Dios” definida con esta insensata expresión. La mentira convertida en categoría deseable por la sociedad. Y en la actualidad pocas, muy pocas son las voces que han efectuado una autocrítica seria, sincera y demoledora sobre el gigantesco ridículo representado por los jugadores, hinchas y por la sociedad argentina en general. Ciertamente habrá un antes y un después de este Mundial de futbol. Mucha gente ha abierto los ojos a una realidad conceptual demoledora: “Triunfo del futbol, derrota de Argentina”. Una significativa casualidad cósmica ha querido que simplemente cambiando el orden de las letras de la palabra ARGENTINO, pueda formarse la palabra IGNORANTE. O lo que es lo mismo, cambiando el orden de las letras de la palabra IGNORANTE puede formarse la palabra ARGENTINO. ¿O no se trata realmente de una casualidad?   Pulse para escuchar el texto Decía Borges desde su pedestal de altivez aristocrática, que el futbol es popular, porque la estupidez es popular. Indudablemente como argentino, el genial escritor, sabía mucho de ambas cosas, de estupidez y de  futbol. Porque aplicando el clásico silogismo aristotélico, por tanto a mayor estupidez popular, mayor popularidad del fútbol. Y nada hay mas popular en Argentina que el fútbol. De hecho, el futbol es la gran creencia popular, quizás la única, de aquella sociedad. De ahí viene todo el problema y todo el trauma social que presenciamos atónitos. Lo cierto es que, lamentablemente para los argentinos, tras el pasado Campeonato Mundial de Futbol, siempre existirá un antes y un después en la estimación y la consideración del resto del mundo hacia su patógena sociedad tribal, por así llamarla. Como si un velo se hubiese rasgado dejando ver definitivamente toda la patética y miserable estulticia de una sociedad enferma y enfangada en su propia degradación existencial, con el fútbol como gran tótem colectivo. Vayamos por partes. Primero el futbol propiamente dicho. Un récord mundial que será recordado en la historia de las finales de los Campeonatos del Mundo como una permanente vergüenza para Argentina. Un partido donde uno de los equipos no tiró a puerta durante los 90 minutos. Un equipo esperando desde el minuto uno, llegar a los penaltis, a ver si sonaba la flauta por casualidad, y rezando para que que Messi, pudiese sacar un conejo de la chistera que les hiciese ganar el partido. Todos atrincherados en su área encomendándose al portero, que fue de largo el mejor del equipo. Un equipo, sin plan, sin estrategia, sin vergüenza, sin calidad. Solo patadas al rival, entradas a destiempo y ausencia de nivel futbolístico. Un equipo que llegó a la final, gracias a un cuadro absolutamente favorable, sin haberse enfrentado a ninguna selección importante, y pasándolas canutas ante equipos de segundo grado. La suerte, la “colaboración” arbitral y una cierta conjunción astral permitió que semejante fraude de equipo llegase a donde llegó. España los borró del campo y les dio una lección que nunca olvidarán. Una lección de juego, de disciplina, de orden y talento. Un lección técnica, táctica y física. Pero también una lección de honor y humildad, de valentía y caballerosidad. Un lección antes, durante y después del partido. Pero se trata de una lección que caerá en saco roto, porque el material humano que la recibe esta inmerso en la estupidez, en la profunda estupidez que refiere Borges. Porque lo visto después del partido, constituye también un récord mundial de mala conducta, de comportamiento ruin, mezquino, y despreciable. La ausencia de reconocimiento al ganador, la falta de asunción de una derrota justa e inapelable, donde las haya, junto con la violencia  gratuita propia de matones de barrio, solo ha servido para degradar aun mas a esa chusma rufianesca vestida de corto con una camiseta con los colores de la República Argentina, que por cierto, son los mismos colores de la dinastía borbónica española, concretamente de la Orden de Carlos III, en los que se inspiró el propio Belgrano en 1812, para hacerla oficial. Pero explicarle esto a esa masa descerebrada es como darle miel a los cerdos. Porque cualquier referencia o interpelación explicativa histórica es irrelevante. Todo es inútil, el país entero está como un cencerro. Están instalados en la caverna y solo ven las sombras de su fanatismo reflejadas en la pared. Han salido un momento al exterior y han visto la realidad, que les ha aplastado implacablemente y han vuelto de inmediato a la caverna, a rumiar sus traumas y su irrelevancia como nación y como comunidad histórica. El lector escéptico puede objetar que aplicar semejantes calificativos a todo el país excede de lo que es justo y apropiado. Esto es evidente, siempre hay justos en Sodoma. Y es evidente que muchas personas argentinas cabales, sensatas, sosegadas y respetuosas con la realidad se estarán  haciendo cruces con semejante desvarío colectivo.  Argentina ha producido personas brillantes en todo el ámbito de la cultura universal. Pero también es igualmente evidente, que en un país donde absurdamente el futbol se ha convertido en religión laica, en superestructura identitaria, en argumento existencial, en asunto esencial del estado, la masa idiotizada por su influjo es mayoritaria, interseccional, intergeneracional y permea toda la sociedad argentina, de forma consciente o inconsciente. Lo que convierte al país austral en un caso excepcional de la estupidez humana. De hecho, tras ese mundial, el caso argentino deberá ser estudiado en la facultades de psicología del todo el mundo. La casuística ha surgido a borbotones, y a pesar del paso del tiempo no cesa de adquirir nuevas formas transformándose  en destellos de idiotez constante. Primero, la negación. Tras el partido negaban la realidad. A pesar de la inapelable presencia del baño futbolístico, la disonancia cognitiva de la inmensa mayoría de los aficionados, medios de comunicación, redes sociales, y población en general, les hacía afirmar convencidos de su verdad, que no habían merecido perder. Que todo era una ilusión, una sombra, una ficción. Luego llegó, casi de inmediato, la fase de ira, la frustración violenta, la aparición de la agresión sin control. Rabia contra todos, y más contra los que que quisieron y se atrevieron a celebrar el éxito español. Ellos pueden celebrar sus éxitos con su grosería habitual, como lo han hecho, tanto en este como en otros mundiales, pero los demás no pueden alegrarse de su propio triunfo. Deben respetar públicamente su “dolor”. Después llega la autonegociación con el ego individual y colectivo. Su cerebro y su opinión pública intentan aferrarse a esperanzas vanas, a recuerdos ilusorios, a victorias pasadas. Cada vez se alejan más de la realidad. Surgen la teorías conspirativas demenciales, surge el mecanismo de defensa tribal, surge el ridículo colectivo. Surge la apelación a los extraterrestres, a la FIFA, a la CIA, al rey de Inglaterra y la recogida de firmas (cuando escribo esto van mas de 80.000) para repetir el partido. Acabará llegando, si no lo ha hecho ya, una fase de depresión, que durara lo que tarde en llegar la siguiente victoria, porque la mezquindad crónica no tiene cura y es amnesica. De lo que estoy seguro es de que nunca llegará una fase de aceptación, porque la realidad paralela en la que vive toda, y digo toda, la sociedad argentina, la incapacita para salir de la caverna grotesca en la que viven instalados con su idiocia. Ni un gramo de autocrítica. Ningún reseteo emocional para asumir una derrota inapelable, dar la mano y seguir adelante buscando mejorar para la siguiente ocasión. No es por casualidad que esa mercancía averiada, esa charlatanería con agrietado barniz científico, llamado psicoanálisis, haya encontrado en Argentina su tierra de promisión. Nadie mejor que semejantes vendedores de crecepelo para poner en marcha el tocomocho del inconsciente, escarbando en las profundidades de la nada, para escupirlo a los oídos del panoli de turno, previo pago de sus emolumentos. Yo les ofrezco gratuitamente un diagnostico inapelable del “Síndrome de Derrota Inexistente”, aunque dada la intensidad de la patología, y la naturaleza de los individuos a los que va dirigido, me temo que no existe terapia posible, oídos capaces de escucharlo, ni cerebro capacitado para comprenderlo. El narcisismo colectivo consiste en la creencia de que tu grupo es superior, excepcional y mucho mejor que los demás. A estos grupos les pasa lo mismo que a las personas narcisistas; son extremadamente sensibles a cualquier asomo de crítica o cuestionamiento de esa supuesta superioridad. Es decir, la crítica no es tolerada por el individuo narcisista porque vive en una realidad paralela, la llamada disonancia cognitiva, por la que todo es interpretado según su conveniencia personal. A Argentina se la criticó por su mal juego, por las indudables ayudas arbitrales y por una supuesta narrativa para hacer de Messi una leyenda futbolistica inobjetable que pasaría a la historia tras este mundial. Esto no gustó a los narcisistas de la Pampa. Pero sirvió para cohesionar mas al grupo, un grupo de millones de personas, alrededor de ese relato supuestamente épico.  Porque, ellos, los argentinos, como gran depositarios de la llama sagrada del futbol, tienen que ser ontologicamente invulnerables a cualquier crítica. Pero todo se vino abajo con la realidad de la final. Cuando ese sistema de creencias interiorizado por toda una sociedad crédula en pompas de jabón futbolísticas, explotó con la impotencia total y se desmoronó bruscamente con el sometimiento a las reglas del juego impuestas por España. De tal forma, surgió la frustración y la violencia que el mundo entero ha podido ver en directo, para escarnio y vergüenza argentina. Primero durante el partido, luego inmediatamente tras el, y después en los medios de opinión publica. Sin embargo, para una sociedad narcisista, como la argentina, cuando la realidad le demuestra que sus creencias estaban equivocadas, porque han sido arrastradas por el suelo de una derrota humillante, en vez de cambiar esas creencias, intentan cambiar la realidad a base de mamporros físicos y verbales. Porque cuando aceptar la realidad supone desprenderse de una identidad generada durante años de pensamiento endogamico y autorrefrencial, con el futbol, como único activo patrimonial existencial argentino,  cualquier otra explicación es más cómoda psicológicamente y hay que aferrarse a ella como a un clavo ardiendo. De tal forma, socialmente se venera y se aplaude al tramposo, al mentiroso al fingidor y al violento incapaz de control de impulsos, incluso inventando una palabra especifica, que lamentablemente ha tenido éxito mas allá del corral argentino, me refiero a la palabra “canchero” que define todo lo de despreciable e indigno que tiene el futbol argentino, intentando convertirlo en el baremo de la inteligencia social. No por casualidad un drogadicto impresentable como Maradona ha sido alzado a los altares de la nación como un ejemplo de veneración, y su famosa “mano de Dios” definida con esta insensata expresión. La mentira convertida en categoría deseable por la sociedad. Y en la actualidad pocas, muy pocas son las voces que han efectuado una autocrítica seria, sincera y demoledora sobre el gigantesco ridículo representado por los jugadores, hinchas y por la sociedad argentina en general. Ciertamente habrá un antes y un después de este Mundial de futbol. Mucha gente ha abierto los ojos a una realidad conceptual demoledora: “Triunfo del futbol, derrota de Argentina”. Una significativa casualidad cósmica ha querido que simplemente cambiando el orden de las letras de la palabra ARGENTINO, pueda formarse la palabra IGNORANTE. O lo que es lo mismo, cambiando el orden de las letras de la palabra IGNORANTE puede formarse la palabra ARGENTINO. ¿O no se trata realmente de una casualidad?

Decía Borges desde su pedestal de altivez aristocrática, que el futbol es popular, porque la estupidez es popular. Indudablemente como argentino, el genial escritor, sabía mucho de ambas cosas, de estupidez y de  futbol.

Porque aplicando el clásico silogismo aristotélico, por tanto a mayor estupidez popular, mayor popularidad del fútbol. Y nada hay mas popular en Argentina que el fútbol. De hecho, el futbol es la gran creencia popular, quizás la única, de aquella sociedad. De ahí viene todo el problema y todo el trauma social que presenciamos atónitos.

Lo cierto es que, lamentablemente para los argentinos, tras el pasado Campeonato Mundial de Futbol, siempre existirá un antes y un después en la estimación y la consideración del resto del mundo hacia su patógena sociedad tribal, por así llamarla. Como si un velo se hubiese rasgado dejando ver definitivamente toda la patética y miserable estulticia de una sociedad enferma y enfangada en su propia degradación existencial, con el fútbol como gran tótem colectivo.

Vayamos por partes. Primero el futbol propiamente dicho. Un récord mundial que será recordado en la historia de las finales de los Campeonatos del Mundo como una permanente vergüenza para Argentina. Un partido donde uno de los equipos no tiró a puerta durante los 90 minutos. Un equipo esperando desde el minuto uno, llegar a los penaltis, a ver si sonaba la flauta por casualidad, y rezando para que que Messi, pudiese sacar un conejo de la chistera que les hiciese ganar el partido. Todos atrincherados en su área encomendándose al portero, que fue de largo el mejor del equipo. Un equipo, sin plan, sin estrategia, sin vergüenza, sin calidad. Solo patadas al rival, entradas a destiempo y ausencia de nivel futbolístico.

Un equipo que llegó a la final, gracias a un cuadro absolutamente favorable, sin haberse enfrentado a ninguna selección importante, y pasándolas canutas ante equipos de segundo grado. La suerte, la “colaboración” arbitral y una cierta conjunción astral permitió que semejante fraude de equipo llegase a donde llegó.

España los borró del campo y les dio una lección que nunca olvidarán. Una lección de juego, de disciplina, de orden y talento. Un lección técnica, táctica y física. Pero también una lección de honor y humildad, de valentía y caballerosidad. Un lección antes, durante y después del partido.

Pero se trata de una lección que caerá en saco roto, porque el material humano que la recibe esta inmerso en la estupidez, en la profunda estupidez que refiere Borges.

Porque lo visto después del partido, constituye también un récord mundial de mala conducta, de comportamiento ruin, mezquino, y despreciable. La ausencia de reconocimiento al ganador, la falta de asunción de una derrota justa e inapelable, donde las haya, junto con la violencia  gratuita propia de matones de barrio, solo ha servido para degradar aun mas a esa chusma rufianesca vestida de corto con una camiseta con los colores de la República Argentina, que por cierto, son los mismos colores de la dinastía borbónica española, concretamente de la Orden de Carlos III, en los que se inspiró el propio Belgrano en 1812, para hacerla oficial. Pero explicarle esto a esa masa descerebrada es como darle miel a los cerdos.

Porque cualquier referencia o interpelación explicativa histórica es irrelevante. Todo es inútil, el país entero está como un cencerro. Están instalados en la caverna y solo ven las sombras de su fanatismo reflejadas en la pared. Han salido un momento al exterior y han visto la realidad, que les ha aplastado implacablemente y han vuelto de inmediato a la caverna, a rumiar sus traumas y su irrelevancia como nación y como comunidad histórica.

El lector escéptico puede objetar que aplicar semejantes calificativos a todo el país excede de lo que es justo y apropiado. Esto es evidente, siempre hay justos en Sodoma. Y es evidente que muchas personas argentinas cabales, sensatas, sosegadas y respetuosas con la realidad se estarán  haciendo cruces con semejante desvarío colectivo.  Argentina ha producido personas brillantes en todo el ámbito de la cultura universal. Pero también es igualmente evidente, que en un país donde absurdamente el futbol se ha convertido en religión laica, en superestructura identitaria, en argumento existencial, en asunto esencial del estado, la masa idiotizada por su influjo es mayoritaria, interseccional, intergeneracional y permea toda la sociedad argentina, de forma consciente o inconsciente. Lo que convierte al país austral en un caso excepcional de la estupidez humana.

De hecho, tras ese mundial, el caso argentino deberá ser estudiado en la facultades de psicología del todo el mundo. La casuística ha surgido a borbotones, y a pesar del paso del tiempo no cesa de adquirir nuevas formas transformándose  en destellos de idiotez constante.

Primero, la negación. Tras el partido negaban la realidad. A pesar de la inapelable presencia del baño futbolístico, la disonancia cognitiva de la inmensa mayoría de los aficionados, medios de comunicación, redes sociales, y población en general, les hacía afirmar convencidos de su verdad, que no habían merecido perder. Que todo era una ilusión, una sombra, una ficción.

Luego llegó, casi de inmediato, la fase de ira, la frustración violenta, la aparición de la agresión sin control. Rabia contra todos, y más contra los que que quisieron y se atrevieron a celebrar el éxito español. Ellos pueden celebrar sus éxitos con su grosería habitual, como lo han hecho, tanto en este como en otros mundiales, pero los demás no pueden alegrarse de su propio triunfo. Deben respetar públicamente su “dolor”.

Después llega la autonegociación con el ego individual y colectivo. Su cerebro y su opinión pública intentan aferrarse a esperanzas vanas, a recuerdos ilusorios, a victorias pasadas. Cada vez se alejan más de la realidad. Surgen la teorías conspirativas demenciales, surge el mecanismo de defensa tribal, surge el ridículo colectivo. Surge la apelación a los extraterrestres, a la FIFA, a la CIA, al rey de Inglaterra y la recogida de firmas (cuando escribo esto van mas de 80.000) para repetir el partido.

Acabará llegando, si no lo ha hecho ya, una fase de depresión, que durara lo que tarde en llegar la siguiente victoria, porque la mezquindad crónica no tiene cura y es amnesica. De lo que estoy seguro es de que nunca llegará una fase de aceptación, porque la realidad paralela en la que vive toda, y digo toda, la sociedad argentina, la incapacita para salir de la caverna grotesca en la que viven instalados con su idiocia.

Ni un gramo de autocrítica. Ningún reseteo emocional para asumir una derrota inapelable, dar la mano y seguir adelante buscando mejorar para la siguiente ocasión.

No es por casualidad que esa mercancía averiada, esa charlatanería con agrietado barniz científico, llamado psicoanálisis, haya encontrado en Argentina su tierra de promisión. Nadie mejor que semejantes vendedores de crecepelo para poner en marcha el tocomocho del inconsciente, escarbando en las profundidades de la nada, para escupirlo a los oídos del panoli de turno, previo pago de sus emolumentos.

Yo les ofrezco gratuitamente un diagnostico inapelable del “Síndrome de Derrota Inexistente”, aunque dada la intensidad de la patología, y la naturaleza de los individuos a los que va dirigido, me temo que no existe terapia posible, oídos capaces de escucharlo, ni cerebro capacitado para comprenderlo.

El narcisismo colectivo consiste en la creencia de que tu grupo es superior, excepcional y mucho mejor que los demás. A estos grupos les pasa lo mismo que a las personas narcisistas; son extremadamente sensibles a cualquier asomo de crítica o cuestionamiento de esa supuesta superioridad. Es decir, la crítica no es tolerada por el individuo narcisista porque vive en una realidad paralela, la llamada disonancia cognitiva, por la que todo es interpretado según su conveniencia personal. A Argentina se la criticó por su mal juego, por las indudables ayudas arbitrales y por una supuesta narrativa para hacer de Messi una leyenda futbolistica inobjetable que pasaría a la historia tras este mundial. Esto no gustó a los narcisistas de la Pampa. Pero sirvió para cohesionar mas al grupo, un grupo de millones de personas, alrededor de ese relato supuestamente épico.  Porque, ellos, los argentinos, como gran depositarios de la llama sagrada del futbol, tienen que ser ontologicamente invulnerables a cualquier crítica.

Pero todo se vino abajo con la realidad de la final. Cuando ese sistema de creencias interiorizado por toda una sociedad crédula en pompas de jabón futbolísticas, explotó con la impotencia total y se desmoronó bruscamente con el sometimiento a las reglas del juego impuestas por España. De tal forma, surgió la frustración y la violencia que el mundo entero ha podido ver en directo, para escarnio y vergüenza argentina. Primero durante el partido, luego inmediatamente tras el, y después en los medios de opinión publica.

Sin embargo, para una sociedad narcisista, como la argentina, cuando la realidad le demuestra que sus creencias estaban equivocadas, porque han sido arrastradas por el suelo de una derrota humillante, en vez de cambiar esas creencias, intentan cambiar la realidad a base de mamporros físicos y verbales.

Porque cuando aceptar la realidad supone desprenderse de una identidad generada durante años de pensamiento endogamico y autorrefrencial, con el futbol, como único activo patrimonial existencial argentino,  cualquier otra explicación es más cómoda psicológicamente y hay que aferrarse a ella como a un clavo ardiendo.

De tal forma, socialmente se venera y se aplaude al tramposo, al mentiroso al fingidor y al violento incapaz de control de impulsos, incluso inventando una palabra especifica, que lamentablemente ha tenido éxito mas allá del corral argentino, me refiero a la palabra “canchero” que define todo lo de despreciable e indigno que tiene el futbol argentino, intentando convertirlo en el baremo de la inteligencia social.

No por casualidad un drogadicto impresentable como Maradona ha sido alzado a los altares de la nación como un ejemplo de veneración, y su famosa “mano de Dios” definida con esta insensata expresión. La mentira convertida en categoría deseable por la sociedad. Y en la actualidad pocas, muy pocas son las voces que han efectuado una autocrítica seria, sincera y demoledora sobre el gigantesco ridículo representado por los jugadores, hinchas y por la sociedad argentina en general.

Ciertamente habrá un antes y un después de este Mundial de futbol. Mucha gente ha abierto los ojos a una realidad conceptual demoledora: “Triunfo del futbol, derrota de Argentina”.

Una significativa casualidad cósmica ha querido que simplemente cambiando el orden de las letras de la palabra ARGENTINO, pueda formarse la palabra IGNORANTE. O lo que es lo mismo, cambiando el orden de las letras de la palabra IGNORANTE puede formarse la palabra ARGENTINO. ¿O no se trata realmente de una casualidad?


23 respuestas a «Argentina, el fútbol y la estupidez»

  1. EN ARGENTINA EL FÚTBOL ES UNA «RELIGIÓN», situación a la que aún no hemos llegado en España…, aunque vamos camino de ello.
    AMIGOS ARGENTINOS rápidamente me felicitaron por el triunfo español, felicitación que yo les devolv´`vi, por haber obtenido el segundo lugar en el campeonato mundial de fútbol.
    ¡VIVA ARGENTINA, Y VIVA ESPAÑA!

  2. No liar donde no se debe ni se puede
    España ha ganado el mundial
    Disfrutarlo y dejar de dar por saco con tan grato motivo
    Que los argentinos digan u hagan lo que quieran y tú a lo tuyo

  3. Se debería ser prudente en cuanto a aplicar el análisis del artículo a la mayoría de la sociedad argentina. Ciertamente, tales manifestaciones y comportamientos se dieron por parte de individuos (de entre jugadores, aficionados y público en general) que son los que luego aparecen en los noticiarios, pero que no pueden ser tomados como representando a toda la población. Una prueba de esto se puede ver en el reconocimiento -por parte de los diversos diarios argentinos- del justo triunfo de la selección española.
    Pero, desde luego, aunque los hechos acontecidos con motivo de la final del mundial de fútbol sea un hecho minoritario, no es una buena señal para un país centrarse demasiado en ese deporte.

    1. Siempre subjetivo: sigue usted patinando.
      En esencia ese mundial está claro que estaba manejado por los mundialistas de la FIFA y por su mamporrero Trump.
      En el caso de Argentina, si hizo algo bueno, algo muy bueno en sí, fue su reclamación de las Malvianas. Pero, curiosamente, no se sancionó a los patriotas, cuando hay antecedentes en nuestra patria que por gritar «Gibraltar Español» se sancionó con prohibir jugar varios partidos a los héroes que lo hicieron.
      También se eligió a un equipo arbitral presidido por un pájaro corrupto hasta las cejas: en plena plandemia 2020 fue detenido en Kósovo en una orgia, mezclada con tráfico de armas y blancas. Este es el que anuló los dos goles anteriores y no vió las faltas.
      Por último, los fuegos artificiales finales fueron con los colores argentinos, una casualidad donde las haya.
      El mundialismo quería una victoria de la Argentina del impresentable Milei (sionista-sajon donde los haya) y, además de apoyarle, enfrentar a la Hispanidad arrebatándole la victoria a España.
      Eso es lo que objetivamente pasó.

      1. «Anónimo», aparte de algún irrelevante dato objetivo puesto al servicio de su teoría de «la conspiración a favor de Argentina», esa es su subjetiva opinión. Sólo le ha faltado añadir que «el árbitro de la final remataba los saques de esquina que le lanzaba el juez de línea contra la portería española».
        Pero, lo más notable es que nada tiene que ver con el tema del artículo y con mi comentario.

      2. «Anónimo»: aparte de algún dato objetivo concreto irrelevante puesto al servicio de su teoría de la conspiración a favor de Argentina, esa es su opinión subjetiva. Sólo le ha faltado añadir que el árbitro de la final remataba contra la portería española los saques de esquina que le lanzaba el juez de línea.
        Con todo, su espuesta a mi comentario nada tiene que ver con éste ni con el tema del artículo.

  4. Obviamente sin llegar a tanto pero los españoles tampoco salimos bien parados: aquí la gente se tira a la calle por un puñetero campeonato deportivo pero no levanta ni un dedo para denunciar ni una sola de las fechorías que sufre la nación, que son tantas y tan graves que hasta la propia nación corre el riesgo de desaparecer, e incluso no es exagerado decir que ya se ha producido una mutación, es decir que posiblemente ya no sea la misma nación sino otra cosa. No nos engañemos, lo seremos de otra sustancia y otra intensidad, pero los españoles de hoy así dicho en general somos gentuza impresentable; cuestión aparte los justos de Sodoma.

  5. La estupidez es es fútbol un anti-deporte que mueve masas y que le es útil a las oligarquías del poder para manejar, anestesiar y controlar al populacho de todo nivel socioeconómico.
    Lamentable que se le dedique tiempo con la que está cayendo en España.
    Aquí quienes ganan pasta son los de este negocio que es el fútbol.

  6. Que no, que no es Argentina… ¡QUE EL ESCÁNDALO HAN SIDO LOS ÁRBRITOS Y LA CORRUPTA FIFA!

    Argentina puede jugar sucio, feo, macarra, vil… pero son los árbitros los encargados de encaminar un partido para que haya más limpieza, más respeto a las normas. Un par de tarjetas al comienzo, un par de avisos y TAMBIÉN a usar el VAR de manera mínimamente decente. NADA DE ESO HA PASADO.

    El escándalo es la FIFA, corrupta hasta la médula, porque además es una entidad privada, un chiringuito que no representa a nadie, una asociación privada en manos de cuatro listillos que hacen lo que les da la gana. El escándalo es INFANTINO, y es el que debería dimitir mañana, hoy mismo. Ha sido una vergüenza asquerosa y deleznable, un bochorno infumable y repugnante. El tema de los arbitrajes con respecto a Argentina ha sido sencillamente inaceptable.

    Argentina siempre ha sido un poco así, de malas formas, de insulto y pisotón cuando no mira el árbitro, dentro de un orden y como un arma más de su arsenal, un arma fea y mal queda, pero no pasaba de ahí. Lo que pasa es que ante la repugnante corrupción de la FIFA y el comportamiento de sus árbitros se han subido arriba y ha sido todo bochornoso… eso sí, llegando a la final de la manera en que han llegado. Pero la culpa principal ha sido de los árbitros, y en realidad del tal INFANTINO, que es exclusivamente el que debería dimitir. Pero dejar de percibir sus sueldazos inconcebibles y todo su poder (siendo una entidad supuestamente privada y sin ánimo de lucro) es poco menos que imposible.

    El «fúbol», otra podrida institución de esta decadente y ruinosa cultura «occidental» masónica que parece que va a caer, en medio del estrépito de este fin de era, llena de gusanos masónicos y podredumbre diabólica, que todo es uno.

    1. Lo siento, D. Fernando. Disiento
      El que todo el equipo (menos uno) se pusiera de espaldas, por supuesto no representa a Argentina, pero representa y obedece a su Gobierno sionista y a la Fifa (y a mucho hebreo-rojo infiltrado en La Pampa).
      Lo del dar la espalda es orden del comisario político, del entrenador o del embajador, pero de muy arriba.
      Desgraciadamente en Argentina tienen tantos traidores como aquí

      1. La propia FIFA quiere «amonestar» a Argentina… ¡pero si son ellos los que ha permitido el juego sucio!, ¡los árbitros los pone Infantino!, ó al menos es su jefe y ellos lo saben.

        No es cuestión de afirmar con más ó menos énfasis el mal estilo, la mala educación, el penoso espectáculo, la actitud vil, y como se quiera decir, de la selección argentina, ya lo dije en mi comentario con suficiente énfasis, sino en QUIÉN es el responsable de lo que ha sucedido durante todo el mundial en los partidos de Argentina, y ese responsable es claramente la FIFA, y su presidente argentino, Infantino.

  7. Los deportes profesionales no son deportes hace tiempo, son negocios, donde se mueven intereses. Si uno mira la NBA se da cuenta que las series regulares son un saca dinero. Juegan partidos y partidos para entretener a la gente que ha pagado. Los jugadores no se esfuerzan en ganar los partidos, mantienen la tensión y poco mas.

  8. La gente no comprende que la FIFA es un chiringuito privado, como le pasa a «miss universo» ó a la Fórmula-1, que tienen dueño, que hacen lo que les sale de las narices, y que los árbitros saben que si pitan «mal» ó si se «equivocan» no vuelven a arbitrar un partido de mundial en su vida, ni a tener las prebendas y las dietas y sueldos de un árbitro internacional y de liga «premier», y actúan en consecuencia. Pasa también en España, porque el chiringuito tiene sucursales en todos los países, que es el fraude de las Federaciones de Fútbol, chiringuitos en manos de cuatro impresentables (recordemos el beso de Luis Rubiales y como salió a la luz que había puesto sueldazos a todos los cargos que antes eran honoríficos y sin sueldo, y ahí aplaudía todo el mundo).

    Otro mito falso, el «fubol», que tiene cada vez menos de deporte, y es casi una pseudo religión sustitutiva, todo un verdadero opio del pueblo, pan y circo, ó más bien cerveza+fritos.tóxicos+fútbol.

    Y que conste que me alegró sobremanera el triunfo de España (en realidad de la selección particular de la federación española de fútbol, asociación del sector privado, no de la «selección española de fútbol», no confundamos los términos). Pero haber ganado a un equipo de juego sucio ayudado de esa manera tal vil por los árbitros fue una alegría inconmensurable, y algo aporta al patriotismo, aunque sea de manera indirecta, abriendo conciencias.

  9. Hasta ahora yo no comprendía como habían votado a un presidente tan impresentable como Milei…Luego de lo que pasó en el partido y las reacciones posteriores de la mayoría de los argentinos y sus medios de comunicación, me cambio por completo el concepto que yo tenía de ese pueblo…
    El fútbol no creo que guste a nadie más que a los brasileiros..y su juego ni es sucio ni ellos tienen esas reacciones a posteriori después de haber perdido…
    España jugó bien y limpio un ejemplo para la juventud y un orgullo para todos nosotros.
    Yo tenía un buen concepto de Messi…y también me defraudó….

  10. Hasta ahora yo no comprendía como habían votado a un presidente tan impresentable como Milei…Luego de lo que pasó en el partido y las reacciones posteriores de la mayoría de los argentinos y sus medios de comunicación, me cambio por completo el concepto que yo tenía de ese pueblo…
    El fútbol no creo que guste a nadie más que a los brasileiros..y su juego ni es sucio ni ellos tienen esas reacciones a posteriori después de haber perdido…
    España jugó bien y limpio un ejemplo para la juventud y un orgullo para todos nosotros.
    Yo tenía un buen concepto de Messi…y también me defraudó….

  11. Argentina dio una lección mundialista de como no saber perder, de como no saber jugar, de como no comportarse deportivamente, ni como personas civilizadas; que son unos maestros; es indudable. Y me refiero lógicamente a los que estuvieron en el campo, porque quiero pensar y suponer que no son así la mayoría. El comportamiento fue, de puro vehemente en la estupidez; que raya, si no excede, lo patológico; y siento decirlo. Creo que tiene mucho que ver, la enseñanza/siembra masona de los que les dieron y dan la libertad( es broma/ironía, claro ); lacayos lameculos marranos anglosionistas, Y es que Argentina y Méjico fueron de los que se llevaron y llevan la palma en cuanto a asilos masones.

  12. «Ni un gramo de autocrítica. Ningún reseteo emocional para asumir una derrota»….

    Esto es completamente falso. Hay multitud de argentinos que han asumido la derrota. Por otro lado, la crítica que hace el autor a un pueblo hermano es digna de la TVE.

    Cuando TODA la prensa inglesa ha alabado a España por vencer a Argentina, el asunto me huele fatal. Todo el mundo es monstruoso si solo miramos sus defectos.

    Me avergüenza que un español desprecie en los términos que usted lo ha hecho a un país hermano.

  13. En Argentina, desgraciadamente, el fútbol se ha ido transformando en una peligrosa enfermedad social. Hace bastante tiempo ya que dejó de ser un simple deporte o espectáculo deportivo. Lo siento, y mucho, por el querido pueblo argento.

  14. Todos los resultados de cualquier deporte profesional (DON DINERO) están amañados desde antes del comienzo; en la situación que tenemos en “el reino” y ponerse a escribir de fútbol es como mientras se estaba hundiendo el Titanic la orquesta de a bordo se pusiese a ensayar el concierto del día siguiente, y este medio se supone que es una guarida digital de lo más patriótica….
    españa

  15. Se retrata aquí lo peor de la Argentina, pero también con lo peor del Japón o de Italia, de Turquía o de España se haría un retrato bastante feo.

Deja una respuesta

Normas: los comentarios son responsabilidad única y exclusiva de quien los inserta. Esta web ni asume, ni alienta ninguno de ellos. Quien se sienta ofendido por alguno, deberá inexcusablemente dirigir su queja de inmediato (plazo máximo 7 días según Ley Orgánica 2/1984) a nuestro correo en "CONTACTO". De no hacerlo así se entenderá que no se siente ofendido, así como que renuncia a cualquier clase de reclamación a que pudiera tener derecho.

Los campos obligatorios están marcados con *


Pulse para escuchar el texto