Batalla de Tetuán. La Cataluña rural estalla de españolismo 1860
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Vimos recientemente la apoteósicas celebraciones patrióticas que tuvieron lugar en Barcelona tras la batalla y toma de Tetuán, en 1860, y las loas de los poetas catalanes. Pero nos quedó por ver lo que pasó en la Cataluña rural. Vamos a fijarnos en ello, siguiendo al excelente libro en 2 volúmenes: “Españoles y Marroquíes. Historia de la Guerra de África”, obra del periodista de la época Fernando Garrido, bajo el seudónimo de Evaristo Ventosa.
Ello nos ofrecerá un testimonio aún más claro acerca de como era Cataluña, antes de que el secularismo y las ideologías postliberales prostituyeran su alma. Los catalanes sientieron muy suya aquella guerra contra Marruecos, en la que el Batallón de Voluntarios Catalanes tuvo una actuación muy destacada y un catalán, el general Prim, se convirtió en la figura militar más aclamada en toda España.
“En todo el Principado, en las ciudades, villas y pueblos se celebró aquel acontecimiento glorioso (la batalla y toma de Tetuán por las tropas españolas). Sería muy prolijo enumerar las fiestas celebradas para solemnizarlo y por tanto nos limitaremos a dar noticia de lo que ocurrió en algunos puntos de los cuales se podrá colegir si la celebración fue universal” dice Ventosa. En Mataró se supo la noticia de la toma de Tetuán a las 8 de la mañana del día 7 de febrero de 1860 “y jamás se había visto en esa ciudad tanta alegría” dice Ventosa.
Se cerraron todos los colegios y talleres, tocaban todas las campanas, hubo música, Te Deum (el Te Deum era una celebración religiosa tradicional para celebrar victorias militares, agradeciéndoselas a Dios) y “grandes iluminaciones”,” una bella alocución del Ayuntamiento”, las calles se adornaron y hubo un baile general con los Coros Orfeonistas de la ciudad. En Lérida tuvieron lugar festejos muy parecidos y “fue paseada en triunfo la bandera española”, aclamada por una multitud, dice Ventosa. Hubo iluminaciones, bailes, fuegos artificiales. Hubo un solemne funeral por los soldados españoles muertos y el Gobierno Civil ofreció un solemne baile de etiqueta.
En Moyá se expuso en el frontal del ayuntamiento el retrato de Isabel II entre banderas y hubo fiesta popular. Por la tarde un nutrido grupo de jóvenes, unos vestidos de soldados moros y otros de soldados españoles y de Voluntarios de Cataluña recrearon la batalla. En Olesa de Montserrat el pueblo se echó también a la calle en masa para celebrar la noticia. Los músicos recorrieron las calles y hubo ”bullicio general”. Por la noche en la plaza, el alcalde y los concejales “dieron vivas a la Patria y al ejército español”, entre las aclamaciones y aplausos de los numerosos vecinos congregados. Hubo Te Deum. En Tremp tuvieron lugar fiestas y “grandes demostraciones de entusiasmo”.
En Arbucies hubo una gran fiesta y solemne Te Deum. El ayuntamiento acompañado de un “gentío inmenso” encabezó una marcha a la que también asistieron los niños de las escuelas públicas. Formaban los asistentes en hileras con “luces”(o sea antorchas) y marcharon por las calles cantando los niños canciones e himnos patrióticos. También hubo baile en la plaza pública. En Igualada hubo iluminaciones, adorno de edificios, bailes, coros y “fue paseada en triunfo la bandera española”, “siendo fervientes las demostraciones de público entusiasmo”.
En Balaguer tuvieron lugar iluminaciones y comparsas y el parte militar se leyó solemnemente en las calles. En Granollers la iluminacion de las casas fue tan general como nunca se había visto en esta villa, dice Ventosa. Los edificios oficiales estaban engalanados y la asistencia al Te Deum fue solemne y general. En Santa Coloma de Farners, en Viladecans, en la Garriga hubo “músicas, fiestas, bailes y lo mismo consta que sin excepción ocurrió en todas las poblaciones de Cataluña” dice Ventosa.
Además de los festejos citados, en todas estas localidades tuvieron lugar suscripciones para los soldados heridos, obras de teatro, y en muchas también banquetes y festivales de poesia patriótica.Lo mismo ocurrió, por supuesto y fiestas similares se dieron en muchas ciudades y pueblos del resto de España, como también detalla Ventosa en su libro. Ello será motivo para otro artículo.
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Vimos recientemente la apoteósicas celebraciones patrióticas que tuvieron lugar en Barcelona tras la batalla y toma de Tetuán, en 1860, y las loas de los poetas catalanes. Pero nos quedó por ver lo que pasó en la Cataluña rural. Vamos a fijarnos en ello, siguiendo al excelente libro en 2 volúmenes: “Españoles y Marroquíes. Historia de la Guerra de África”, obra del periodista de la época Fernando Garrido, bajo el seudónimo de Evaristo Ventosa.
Ello nos ofrecerá un testimonio aún más claro acerca de como era Cataluña, antes de que el secularismo y las ideologías postliberales prostituyeran su alma. Los catalanes sientieron muy suya aquella guerra contra Marruecos, en la que el Batallón de Voluntarios Catalanes tuvo una actuación muy destacada y un catalán, el general Prim, se convirtió en la figura militar más aclamada en toda España.
“En todo el Principado, en las ciudades, villas y pueblos se celebró aquel acontecimiento glorioso (la batalla y toma de Tetuán por las tropas españolas). Sería muy prolijo enumerar las fiestas celebradas para solemnizarlo y por tanto nos limitaremos a dar noticia de lo que ocurrió en algunos puntos de los cuales se podrá colegir si la celebración fue universal” dice Ventosa. En Mataró se supo la noticia de la toma de Tetuán a las 8 de la mañana del día 7 de febrero de 1860 “y jamás se había visto en esa ciudad tanta alegría” dice Ventosa.
Se cerraron todos los colegios y talleres, tocaban todas las campanas, hubo música, Te Deum (el Te Deum era una celebración religiosa tradicional para celebrar victorias militares, agradeciéndoselas a Dios) y “grandes iluminaciones”,” una bella alocución del Ayuntamiento”, las calles se adornaron y hubo un baile general con los Coros Orfeonistas de la ciudad. En Lérida tuvieron lugar festejos muy parecidos y “fue paseada en triunfo la bandera española”, aclamada por una multitud, dice Ventosa. Hubo iluminaciones, bailes, fuegos artificiales. Hubo un solemne funeral por los soldados españoles muertos y el Gobierno Civil ofreció un solemne baile de etiqueta.
En Moyá se expuso en el frontal del ayuntamiento el retrato de Isabel II entre banderas y hubo fiesta popular. Por la tarde un nutrido grupo de jóvenes, unos vestidos de soldados moros y otros de soldados españoles y de Voluntarios de Cataluña recrearon la batalla. En Olesa de Montserrat el pueblo se echó también a la calle en masa para celebrar la noticia. Los músicos recorrieron las calles y hubo ”bullicio general”. Por la noche en la plaza, el alcalde y los concejales “dieron vivas a la Patria y al ejército español”, entre las aclamaciones y aplausos de los numerosos vecinos congregados. Hubo Te Deum. En Tremp tuvieron lugar fiestas y “grandes demostraciones de entusiasmo”.
En Arbucies hubo una gran fiesta y solemne Te Deum. El ayuntamiento acompañado de un “gentío inmenso” encabezó una marcha a la que también asistieron los niños de las escuelas públicas. Formaban los asistentes en hileras con “luces”(o sea antorchas) y marcharon por las calles cantando los niños canciones e himnos patrióticos. También hubo baile en la plaza pública. En Igualada hubo iluminaciones, adorno de edificios, bailes, coros y “fue paseada en triunfo la bandera española”, “siendo fervientes las demostraciones de público entusiasmo”.
En Balaguer tuvieron lugar iluminaciones y comparsas y el parte militar se leyó solemnemente en las calles. En Granollers la iluminacion de las casas fue tan general como nunca se había visto en esta villa, dice Ventosa. Los edificios oficiales estaban engalanados y la asistencia al Te Deum fue solemne y general. En Santa Coloma de Farners, en Viladecans, en la Garriga hubo “músicas, fiestas, bailes y lo mismo consta que sin excepción ocurrió en todas las poblaciones de Cataluña” dice Ventosa.
Además de los festejos citados, en todas estas localidades tuvieron lugar suscripciones para los soldados heridos, obras de teatro, y en muchas también banquetes y festivales de poesia patriótica.Lo mismo ocurrió, por supuesto y fiestas similares se dieron en muchas ciudades y pueblos del resto de España, como también detalla Ventosa en su libro. Ello será motivo para otro artículo.
Vimos recientemente la apoteósicas celebraciones patrióticas que tuvieron lugar en Barcelona tras la batalla y toma de Tetuán, en 1860, y las loas de los poetas catalanes. Pero nos quedó por ver lo que pasó en la Cataluña rural. Vamos a fijarnos en ello, siguiendo al excelente libro en 2 volúmenes: “Españoles y Marroquíes. Historia de la Guerra de África”, obra del periodista de la época Fernando Garrido, bajo el seudónimo de Evaristo Ventosa.
Ello nos ofrecerá un testimonio aún más claro acerca de como era Cataluña, antes de que el secularismo y las ideologías postliberales prostituyeran su alma. Los catalanes sientieron muy suya aquella guerra contra Marruecos, en la que el Batallón de Voluntarios Catalanes tuvo una actuación muy destacada y un catalán, el general Prim, se convirtió en la figura militar más aclamada en toda España.
“En todo el Principado, en las ciudades, villas y pueblos se celebró aquel acontecimiento glorioso (la batalla y toma de Tetuán por las tropas españolas). Sería muy prolijo enumerar las fiestas celebradas para solemnizarlo y por tanto nos limitaremos a dar noticia de lo que ocurrió en algunos puntos de los cuales se podrá colegir si la celebración fue universal” dice Ventosa. En Mataró se supo la noticia de la toma de Tetuán a las 8 de la mañana del día 7 de febrero de 1860 “y jamás se había visto en esa ciudad tanta alegría” dice Ventosa.
Se cerraron todos los colegios y talleres, tocaban todas las campanas, hubo música, Te Deum (el Te Deum era una celebración religiosa tradicional para celebrar victorias militares, agradeciéndoselas a Dios) y “grandes iluminaciones”,” una bella alocución del Ayuntamiento”, las calles se adornaron y hubo un baile general con los Coros Orfeonistas de la ciudad. En Lérida tuvieron lugar festejos muy parecidos y “fue paseada en triunfo la bandera española”, aclamada por una multitud, dice Ventosa. Hubo iluminaciones, bailes, fuegos artificiales. Hubo un solemne funeral por los soldados españoles muertos y el Gobierno Civil ofreció un solemne baile de etiqueta.
En Moyá se expuso en el frontal del ayuntamiento el retrato de Isabel II entre banderas y hubo fiesta popular. Por la tarde un nutrido grupo de jóvenes, unos vestidos de soldados moros y otros de soldados españoles y de Voluntarios de Cataluña recrearon la batalla. En Olesa de Montserrat el pueblo se echó también a la calle en masa para celebrar la noticia. Los músicos recorrieron las calles y hubo ”bullicio general”. Por la noche en la plaza, el alcalde y los concejales “dieron vivas a la Patria y al ejército español”, entre las aclamaciones y aplausos de los numerosos vecinos congregados. Hubo Te Deum. En Tremp tuvieron lugar fiestas y “grandes demostraciones de entusiasmo”.
En Arbucies hubo una gran fiesta y solemne Te Deum. El ayuntamiento acompañado de un “gentío inmenso” encabezó una marcha a la que también asistieron los niños de las escuelas públicas. Formaban los asistentes en hileras con “luces”(o sea antorchas) y marcharon por las calles cantando los niños canciones e himnos patrióticos. También hubo baile en la plaza pública. En Igualada hubo iluminaciones, adorno de edificios, bailes, coros y “fue paseada en triunfo la bandera española”, “siendo fervientes las demostraciones de público entusiasmo”.
En Balaguer tuvieron lugar iluminaciones y comparsas y el parte militar se leyó solemnemente en las calles. En Granollers la iluminacion de las casas fue tan general como nunca se había visto en esta villa, dice Ventosa. Los edificios oficiales estaban engalanados y la asistencia al Te Deum fue solemne y general. En Santa Coloma de Farners, en Viladecans, en la Garriga hubo “músicas, fiestas, bailes y lo mismo consta que sin excepción ocurrió en todas las poblaciones de Cataluña” dice Ventosa.
Además de los festejos citados, en todas estas localidades tuvieron lugar suscripciones para los soldados heridos, obras de teatro, y en muchas también banquetes y festivales de poesia patriótica.Lo mismo ocurrió, por supuesto y fiestas similares se dieron en muchas ciudades y pueblos del resto de España, como también detalla Ventosa en su libro. Ello será motivo para otro artículo.
Los combates que dirigió Prim NO fueron batallas catalanas, fueron combates de españoles contra moros en los que hubo bastantes combatientes de la region catalana
Naturalmente. Eso es lo que demuestran estos hechos. Eran victorias de España y así las sentían los catalanes.