Borrell: cóctel de malicia y estupidez

Siempre se dijo de Borrell que cuidado con él, y es que este masonazo putrefacto fue, es y seguirá siendo, hasta la sepultura, un impresentable, un virus infeccioso que España no logra erradicar, que los españoles no se merecen, pero que cual peste bubónica sigue arrasando nuestro panorama político, ahora en clave internacional.

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Con motivo de un nuevo aniversario de la Constitución de 1978, que no sólo es evidente que hace aguas por los cuatro costados, sino que nos ha llevado a una encrucijada de la que salir va a ser dificilísimo sin graves traumas, ya lo verán, Borrell se ha descolgado en la revista Política Internacional con un inmundo articulito (AQUÍ) repleto de… falsedades, tergiversaciones y falacias; es decir, de lo habitual en él que, no nos olvidemos, ha sido cogido con las manos in fraganti y condenado, convicto y confeso… otro más.

El artículo es todo él un desperdicio mal oliente y putrefacto del que, para no apestar a nuestros lectores, vamos sólo a entresacar y comentar algunas de sus hediondas bufonadas:

«La España de los años setenta puede parecernos muy lejana, una sociedad que salía de una dictadura, sin ordenadores, sin Internet, con solo dos cadenas de televisión (públicas y en blanco y negro) y en la que los contactos con el exterior eran escasos y patrimonio de unos pocos» .- Lo de «dictadura» demuestra que no ha leído un diccionario desde que fue a párvulos, porque dictador no es el que no es elegido cada cuatro años, como muchos se creen, sino el que ejerce el poder, legido o no, a su libre albedrío, sin atenerse a norma ni ley alguna, ni siquiera las propias de su régimen, aquel sistema en el que no existe separación de poderes, o sea… el actual según confesión de su correligionario Alfonso Guerra que nos anunció que «Montesquieu ha muerto» en España; lo que es verdad, según vemos ejercer el poder a su también correligionario Sánchez sin emanar de unas elecciones y a golpe de decretazo. Lo siguiente se cae por su propio peso, porque en los años setenta no sólo en España, sino tampoco en los EEUU, ni en Francia, ni… había ordenadores como ahora, ni mucho menos internet, porque apenas comenzaban a comercializarse. La televisión en B/N era la normal en todo el mundo entonces. Dos canales, sí, de gran calidad, con programas para todos, mientras que ahora todos son telebasura, volcando sobre los telespectadores toneladas de falsedades y barbaridades, sirviendo sólo para manipular e infectar al público; cuando no para pervertirlo. La televisión en color no se expandió por el mundo hasta los ochenta, Europa incluida; en España TVE comenzó a emitir en color en 1969, otra cosa es que las infraestructuras no permitieron su expansión hasta mitad de los setenta; como en casi todos los países de nuestro entorno. Lo de los «contactos con el exterior» no hay por donde cogerlo, porque los españoles viajaban por el mundo como cualquier europeo, los extranjeros inundaban nuestro país en verano, como hoy, y España mantenía relaciones con todo quisque a excepción de Méjico e Israel, bien que sólo de cara a la galería, porque haberlas las había y muy estrechas.

«Recordemos, por ejemplo, que Francisco Ayala relata en sus memorias cómo regresó a Granada en 1960, tras 38 años de ausencia por el exilio, y encontró pocos cambios en la ciudad».- ¿Y por qué se retrotrae de pronto Borrell a 1960, si había empezado hablando de los setenta? Pero es que además Ayala ya sabemos que padecía una ceguera ideológica y un resentimiento paranoide patente. No dijeron lo mismo, sino todo lo contrario, los numerosísimos exiliados de todo tipo –intelectuales, militares, civiles– que regresaron a la «dictadura» ya desde finales de los cuarenta (ver aquí nuestro artículo). Por cierto, Borrell ¿sabe de alguien que sea tan idiota que regrese a una dictadura? ¿Por qué regreso Ayala si tan mal estaban las cosas y era una dictadura? ¿O a lo mejor es que no lo era? ¿Cuántos de los que pudieron escapar de la URSS o de la Europa del Este regresaron?

 «La España en que vivimos tiene poco que ver con la de 1978 y el mundo en que vivimos también ha cambiado radicalmente. Por ello, la vigencia de la Constitución y su vitalidad, pese a las inevitables críticas, son un homenaje a la sabiduría, la visión y la capacidad de compromiso de toda una generación de políticos y ciudadanos españoles».- Hombre, y la España de 1978 era todavía más radicalmente diferente que la de 1939; ya me entienden. Pero es que además la de 1939 era muy distinta a la de 1808, y la de hoy no tendrá nada que ver a la de 2232, se lo aseguramos. La alabanza a la Constitución, en los términos en que lo hace, no se la cree ni él o es que sigue bajo los efectos del tripi que debieron darle con el primer biberón. Habla de sabiduría y visión, pues eche un vistazo a su alrededor, vea los enfrentamientos, las crispaciones, la revolución en Cataluña, los etarras en las instituciones vascongadas, a nuestros políticos –Borrell incluido–, con sus mediocridades, corrupciones –Borrell incluido–…, y luego hable.

«Lo que hoy vemos como un resultado prácticamente inevitable de la evolución histórica es fruto de una serie de delicados equilibrios que hicieron verdad la idea de una Constitución como decisión colectiva de un pueblo sobre su convivencia futura, así como la convicción de que la esencia de la política es gestionar la diversidad. Ello explica que socialistas y comunistas aceptaran la instauración de una monarquía parlamentaria y que los centralistas, que solo concebían España como “una, grande y libre”, se pusieran de acuerdo con los nacionalistas vascos y catalanes para crear el Estado de las Autonomías».- Pues no, ni los socialistas ni los comunistas aceptaron nada, como hoy vemos, sólo que los lobos comprendieron que era mejor colocarse la piel de oveja y esconder la patita, piel que poco a poco se han ido quitando durante estos años y patita que vuelven a mostrar en forma de Zapatero, Sánchez e Iglesias. En cuanto a los «centralistas» habría que recordar a Borrell a dónde nos han llevado con haberse vendido y traicionado junto con los secesionistas de toda ralea que hoy campan a sus anchas en pos de la destrucción de España, más socialistas y comunistas, en una orgía de estupidez sólo propia de la anti-España de siempre, rancia, casposa, anacrónica, cuyo fin será la destrucción, también, de ellos mismos. Por último, Borrell ¿no quiere usted que España sea una, que sea grande y que sea libre? ¿Acaso la quiere rota, pequeña y cautiva, sojuzgada y sometida? ¿O será que la que quiere una, grande y libre es… a Cataluña?

 «En los años setenta, España universalizó sus relaciones bilaterales, empezando por los estados del Este de Europa y México, en un primer momento, y posteriormente con Israel y Albania».- Parece que para Borrell el resto de países del mundo, o sea, todos los demás con los que sí se tenían relaciones y magníficas desde hacía décadas no cuentan para nada; por cierto, oculta no sólo que esa Europa del Este comunista, oprimida y embrutecida no tenía relaciones con casi nadie, que la Albania que cita era la del cerril tirano comunistazo Enver Hoxha, y Méjico el del corrupto PRI; también oculta que con Méjico e Israel había todo tipo de muy buenas relaciones, excepto, como ya hemos dicho, las diplomáticas oficiales, porque de todo lo demás hasta hartarnos.

«Pero fue sin duda nuestra integración en las entonces Comunidades Europeas, hoy Unión Europea, la que de manera más directa e intensa ha contribuido a la modernización de nuestro país. Más allá de la imprescindible y espectacular renovación de nuestras infraestructuras, apoyada por fondos europeos, la Unión ancla nuestro país definitivamente en una opción política democrática y en una visión multilateral del mundo».- Pues no, lo que contribuyó a nuestra modernización fue la etapa de gobierno de Francisco Franco que sacó a España de su retraso y la puso entre los grandes del mundo, algo reconocido hasta por los más contrarios a él, eso sí, que tuvieron o tienen el mínimo de honradez que le falta a Borrell; e incluso, aunque indirectamente, por los que hoy intentan mediante la represión totalitaria de la «memoria histórica» que tamaña verdad, que tal hazaña, sea olvidada, lo que en realidad les delata. Luego, con la UE, además de convertirnos en país de servicios, o sea, de camareros y de consumidores de los productos de «los otros», lo que se ha hecho es actualizar tecnológicamente lo que los nuevos avances permiten a cualquiera, nada más; seguimos viviendo de los logros de Franco, que conste. Ah, y permitir que muchos, entre ellos Borrell, se forren con esos euros que se caen sin que nadie sepa por qué en el trasiego de aquí para allá, como diariamente nos enteramos por los medios, incluida su chorizada en la Bolsa gracias a información privilegiada.

«Hace unos meses, el presidente del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, señalaba que “la Constitución era la puerta de entrada de España a la UE”.- Pues tampoco, porque España tenía desde los años sesenta con la entonces CEE acuerdos más beneficiosos que los firmados luego cuando entró en ella como socio, algo reconocido por varios de los «europeos»; entrada que admitieron los «europeos» sólo cuando vieron que faltando Franco sus sucesores no iban a poner impedimento alguno en que destruyeran nuestra potencia industrial, agrícola y ganadera  –un dato más: hasta 1973 no ingresó el Reino Unido; Grecia lo hizo en 1981, y España y Portugal en 1986, y Suecia, Austria y Finlandia, todos ellos muy democráticos, sólo en 1995, luego el problema no fue Franco– ; por cierto que entramos tras una completa bajada de pantalones y calzoncillos de Felipe González que sólo quiso hacerse la foto, con cabreo monumental de Fernando Morán que estaba en Bruselas intentando que no nos tomaran el pelo, como luego vimos que evitaron los escandinavos, que negociaron hasta la extenuación para no entrar en la UE en pelotas, como gracias al PSOE, como siempre ni obrero ni español, nos pasó a nosotros.

«Además, se han suprimido las fronteras físicas gracias al espacio Schengen y se ha acuñado una moneda común, el euro, todavía una construcción en marcha, pero uno de los grandes logros, si terminamos de dotarle de las instituciones que necesita para ser eficaz y sostener una Europa de crecimiento y bienestar. Nos hemos acostumbrado ya a ver como natural dos avances verdaderamente revolucionarios, por los que los Estados han renunciado a atributos básicos de la soberanía, la moneda, a favor de un mecanismo basado en la colaboración y la confianza internacional, y el control de fronteras interiores, si bien este último amenazado ante una falta de respuesta coordinada sobre la cuestión migratoria».- Acostumbrado será Borrell, porque ese es el problema, y por eso los británicos, siempre los más listos de entre los europeos, nunca aceptaron el euro y siguieron con la libra esterlina hasta… ahora que han dado el portazo y se han ido incluso teniendo que pagar. ¿Por qué el Reino Unido se va incluso pagando, Borrell? Porque huelen a quemado en esta Europa enloquecida cuyos socios han cedido, precisamente, lo que alaba Borrell, la moneda y el control de sus fronteras, o sea, las dos piezas claves de la soberanía nacional de cada cual, con los resultados que todos vemos y sentimos menos… Borrell.

«La Constitución refleja, por otro lado, nuestra especial vinculación con Iberoamérica».Cuyos países, perdido el respeto a la madre patria ante lo que ven, sumidos en el caos indigenista y marxista que por allí no cesa, nos ponen a parir, nos insultan, expropian nuestra empresas, etcétera. ¿Y Borrell es ministro de… qué?

«En estas cuatro décadas, España ha sido un miembro activo en Naciones Unidas, donde es uno de los principales contribuyentes a su presupuesto, se ha sentado en el Consejo de Seguridad en cuatro ocasiones, forma parte –por segunda vez– del Consejo de Derechos Humanos, participa en múltiples misiones de mantenimiento de paz y copatrocina la Alianza de Civilizaciones como canal de diálogo cultural y religioso entre comunidades y culturas».- Desde luego, paganinis somos siempre, los más tontos, porque además, pagar, como Borrell reconoce, por sentarse en una silla cuyas ruedas mueven los de siempre, es hacer el canelo. En cuanto a lo de la famosa «alianza», es de chiste, de chirigota… ¿es que alguien se acuerda de tamaña estupidez? Al parecer Borrell sí o… es que ha cogido el periódico de hace casi quince años. 

«Por desgracia, del mismo modo que en el ámbito nacional los populismos –una etiqueta que aplicamos a fuerzas muy distintas a izquierda y derecha– dificultan una discusión racional y constructiva, apuntando a problemas reales pero proponiendo soluciones falsamente simples e ineficaces en la práctica, en el contexto global, el resurgimiento de los nacionalismos y de la mentalidad unilateral y aislacionista de algunos Estados hacen difícil una acción concertada eficaz».- Defina «populismo». Porque populistas son el PSOE y Podemos con su verborrea tercermundista, rancia, revolucionaria, eso sí, desde chalets de un millón de euros e inversiones en Bolsa de medio «kilo» con información privilegiada como él mismo; o puede que lo que insinúa Borrell, pero no se atreve a decir por ahora que cobra del Estado central es… dejar a los secesionistas salirse con la suya, momento en que seguro que a Borrell le dan un cargo en la Cataluña tiránica y totalitaria a la que incluso él aspira.

Una última cuestión: Borrell es ministro de Asuntos Exteriores ¿y qué han hecho él y Sánchez con Gibraltar en lo del Brexit? Traición a España, se llama.

Sin más que comentar, porque podríamos estar hasta el día del juicio final y nuestro corazón no lo soportaría… ni el de ustedes. 

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