Breve apunte sobre el Primer Consejo de la Falange

El comienzo de la Revolución de Octubre de 1934 había coincidido con la celebración en Madrid del Primer Consejo Nacional de Falange que estaba previsto desde hacía tiempo para celebrar entre los días 5 y 7 de Octubre de 1934. Tras su clausura en la mañana del día 7, los asistentes, a los que se unieron en el trayecto no pocos ciudadanos de a pie, marcharon en manifestación hasta la Puerta del Sol de Madrid –cuando todavía sonaban disparos y se producían algunas explosiones– en defensa de la unidad de España, en apoyo del Gobierno y como muestra de satisfacción por haberse logrado dominar durante la noche la secesión catalana.

En dicho congreso, además de elegir la camisa azul como prenda distintiva de los falangistas, y a José Antonio Primo de Rivera como Jefe Nacional, fue de especial relevancia el hecho de dotar a la Falange de una doctrina política propia y concreta resumida en veintisiete puntos que con el tiempo y los avatares de la Historia serían gran parte de la base fundamental de la política social que, tras la guerra de 1936-39, sacarían a España de su ostracismo y subdesarrollo y la elevarían a las más altas cotas de desarrollo nunca antes conocidas; algunos de dichos postulados eran los siguientes: “…creer en la suprema realidad de España; considerar a España como una unidad de destino en lo universal; exigir la anulación de la Constitución vigente por atentar contra dicha unidad al reconocer los estatutos de autonomía en circunstancias en las que está demostrado que son el principio de actitudes secesionistas; reclamar para España un puesto preeminente en la comunidad internacional; estrecha unión con los países hispanoamericanos; fortalecimiento y dignificación del Ejército, la Armada y fuerzas de Aviación; deseo que España sea una gran potencia marítima; participación de los españoles en la vida de la nación a través de la familia, el municipio y los sindicatos que no serán de clase, sino “verticales” sobre la base de las ramas de producción; declarar la dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad como valores eternos; reconocimiento del derecho a la iniciativa privada: repudio del sistema capitalista y repudio del marxismo; conducir a las masas trabajadoras hacia la construcción nacional, alejándolas de la lucha de clases que las divide, enfrenta y deshumaniza; la riqueza tiene como principal objetivo mejorar las condiciones de vida de todo el pueblo; nacionalización de la Banca; todos tienen derecho al trabajo y el Estado debe sostener al que se encuentre en paro; todos los no impedidos tiene el deber de trabajar; hay que elevar a todo trance el nivel de vida en el campo; se adoptarán diversas medidas (se expusieron hasta ocho concretas) para enriquecer la producción agrícola; repoblación ganadera y forestal; educación de la juventud en el espíritu nacional, desarrollando el amor a la Patria; impedir que se malogren los talentos por falta de medios económicos; incorporación del sentido católico a la reconstrucción nacional, pero decretando la separación entre la Iglesia y el Estado…”.

Así, pues, el mensaje estaba lanzado. El discurso falangista era, sin duda, novedoso y distinto de todo lo que por entonces se propugnaba en España. Falange no era ni de derechas ni de izquierdas; ni capitalista ni marxista; repudiando tanto a unos como a otros. Falange era española y bebía de sus más enraizadas tradiciones a las que unía un profundo sentido por la justicia social que diera solución a las injusticias que capitalistas y marxistas venían provocando.

En cuanto al carácter supuestamente fascista de la Falange que las izquierdas –sobre todo el PSOE y el PCE– ya venían desde su misma creación intentando endosarle para desacreditarla, el mismo José Antonio se encargaría el 18 de Diciembre de ese mismo año de despejar cualquier duda, saliendo al paso de una noticia falsa difundida por aquellos días según la cual iba a participar en el Congreso Internacional Fascista que se iba a celebrar en Montreux (Suiza), negándola con rotundidad, manifestando en una nota de prensa “…José Antonio rehusó asistir a pesar de estar invitado… por entender que el movimiento que acaudilla repugna cualquier posibilidad de apariencia de dirección internacional. Falange no es un movimiento fascista. Tiene algunas coincidencias en puntos esenciales de valores universales, pero posee sus propios y peculiares caracteres, estando seguro de profundizar por ese camino y alcanzar por él sus posibilidades más fecundas…”; en el mismo sentido, y en tono jocoso, José Antonio comentaría a unos periodistas “…tengo demasiado sentido del humor para ser fascista…”.


4 respuestas a «Breve apunte sobre el Primer Consejo de la Falange»

  1. Se utiliza el término de los italianos , para acuñar insulto internacional y perpetuo, y el de los askenazis, ídem, y no digamos el saludo milenario ibérico, y es que los hijos del mundo son muy astutos . UN SALUDO.

    1. Al que llama a otro: «¡fascista!, la contestación a la antigua española que merece, en lógica concordancia por otro lado con el animus injuriandi que expresa, es la de: «¡y tú un hijo de puta!».
      Eso de entrada, luego, ya si eso, convendría empezar con las bofetadas a mano abierta, que no tardarían los susodichos en ponerla igual pero con el brazo en alto; a la íbera manera, claro está.

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