Breve Historia de Portugal, de Stanley Payne – 1. El surgimiento de Portugal (2)

ESCUCHAR NOTICIA: Tras la Introducción, empezamos con el resumen comentado de la Breve Historia de Portugal, de Stanley Payne. El primer párrafo del primer capítulo (El surgimiento de Portugal) entra de lleno en la cuestión de la identidad de Portugal. Indica que los dos grandes historiadores del siglo XIX, Alexandre Herculano y Oliveira Martins consideraban la independencia portuguesa como algo accidental. También se refiere a otros historiadores portugueses del siglo XX que encuentran el origen de la identidad portuguesa en tiempos anteriores a la Edad Media. Ambas opiniones son compatibles, una cosa es la identidad, un concepto muy flexible y de límites muy imprecisos, y otra cosa la independencia política o soberanía plena. El segundo párrafo, recuerda que la provincia romana de Lusitania no coincidía con el actual Portugal. Desde un punto de vista académico, la relación de Lusitanía con Portugal es más problemática que la de Hispania con España. En el lenguaje popular es habitual la indistinción por supuesto. El tercer párrafo se refiere a los suevos como primera comunidad política separada del resto de la península. Advierte que estos se asentaron solo en la parte norte del actual Portugal, y en Galicia. En todo caso, Portugal fue parte de la monarquía visigoda, así que la separación comienza tras la Reconquista, que parte desde distintas posiciones independientes del norte de la Península, desplazándose progresivamente hacia el sur. En el caso de Portugal el desplazamiento norte sur está claramente marcado en su frontera con España. Condado portucalense Galicia es reconquistada pronto desde Asturias y formará después parte del Reino de León, que es la continuación del de Asturias. Galicia no tiene potencia demográfica para repoblar más allá de Miño. En el s. IX hay una importante emigración de mozárabes del sur, que son los principales repobladores de Oporto. Este hecho de la desconexión del norte (Galicia) y sur del Miño (Provincia Portucalense) fue una sorpresa para mí, que imaginaba un desplazamiento de norte a sur como el de los otros reinos hispanos. Pues no, Galicia influye en Portugal mucho menos de lo que la similitud de las lenguas hace pensar. Probablemente sea esta una de las causas subyacentes de la separación de Portugal. El nombre de la Provincia Portucalense situada originalmente entre el Miño y el Duero viene del puerto de Cale, que después será la ciudad de Oporto. A final del siglo IX este territorio tenía un gobernador con carácter vitalicio, pero dependiente de la monarquía asturiana, muy similar al caso del condado de Castilla. Se le llamaba el Dux. Durante el siglo X, el dux del territorio Portucalense fue de una misma familia. Su centro territorial estaba alrededor del Duero. Las montañas de Tras-os-Montes favorecieron también el aislamiento respecto del este. Tenemos por tanto un territorio algo separado tanto del este leonés como del norte gallego. Adicionalmente, el posterior desplazamiento del centro del poder desde León a Castilla dejó a Portugal aún más aislado. A mediados del siglo XI, ya no se ocupó más el cargo de Dux de Portugal, la corona leonesa designaba administradores reales locales. La Provincia Portucalense sigue expandiéndose y absorbe la región de Coimbra y el Mondego al sur. Y aquí empieza lo interesante (pp 12 y 13): En 1096 Alfonso VI de Castilla otorgó una nueva dirección al suroeste al concederle el gobierno hereditario de Portugal y Coimbra al noble y cruzado borgoñón Enrique, esposo de Teresa, hija bastarda y predilecta de Alfonso. Aunque el nombramiento administrativo no era necesariamente hereditario, a Enrique y Teresa se les concedió el señorío condal con aquel carácter sobre todo el dominio real en la región. Como caudillo de todo el suroeste hispano-cristiano, Enrique estableció su capital en la villa de Guimarais, en el norte de Portugal. Él y su esposa participaron activamente en las querellas sobre el reparto del patrimonio de Alfonso VI, que ocurrieron tras la muerte del anciano rey. Cuando Enrique murió en 1112, Teresa quedó como gobernadora de todo el territorio portugués. Su mandato compartido con su amante, un noble gallego llamado Fernando Peres, provocó el resentimiento de la nobleza local y de los caudillos de las villas, quienes dirigieron sus esperanzas hacia Alfonso Enríquez, el heredero de Enrique y Teresa, que contaba siete años aproximadamente a la muerte de su padre. Destronando a su madre en 1128, Alfonso Enríquez asumió el poder como caudillo de Portugal. Alfonso Henriques Para empezar, hagamos notar el error garrafal de Payne y de su traductor: Alfonso VI, el autoproclamado imperator totius Hispaniae no fue esencialmente rey de Castilla, sino de León, y posteriormente de Castilla. En todo caso, nos presenta el hecho fundante de Portugal que habíamos resumido como la rebelión de un hijo (Alfonso Henriques) contra su madre. Compruebo ahora que en su día la IA suavizó lo de rebelión como “la afirmación del poder de Alfonso Henriques frente a su madre y frente al reino leonés”. No, fue una rebelión que se puede excusar de mil maneras por supuesto. En la doctrina católica, simplificando, si no hay tiranía la rebelión no se justifica. Y las debilidades de un gobernante, desde luego, no son tiranía. En todo caso, la operación le salió bien, y el rey fue un buen gobernante. Atención a esto: … En 1135 rechazó una unión con otra princesa castellana del norte en homenaje a Alfonso VII de Castilla-León. Los herederos de los reinos de las Españas matrimoniaban entre ellos. Por lo que este rechazo muestra que Portugal nace con la determinación manifiesta de separarse del resto de España entonces, y de España sin más después. Sigue: … Asumió el título de «Rey de Portugal» sobre la base de su autoridad autónoma, sus conquistas y su descendencia del «emperador» hispánico Alfonso VI. La independencia de su territorio quedó reafirmada al establecer la autonomía eclesiástica de la archidiócesis de Braga, confiriéndole al reino su propia jerarquía eclesiástica. Como medida de protección, Alfonso juró lealtad en lo sucesivo al papado y le pagó un tributo, pero la Santa Sede no reconoció oficialmente el título de Rey de Portugal como institución hasta 1179. Los detalles de los dimes y diretes y “tributos” (los típicos obsequios de suplicante con una causa cuestionable) entre Alfonso y el Papado tienen que ser sabrosos. Naturalmente la independencia solo fue posible por las dificultades de León (p. 14): El establecimiento del reino independiente de Portugal coincidió con un periodo de fuerte tensión interna en Castilla-León, así como de renovadas amenazas militares por parte de los almorávides y almohades. Estas presiones combinadas dejaron al reino castellano-leonés con pocas energías para intentar la reincorporación de Portugal. En todo caso, Alfonso I tuvo un reinado largo y lleno de éxitos, y más si se tiene en cuenta que la población era de medio millón de habitantes solamente. Voy a recordar esas declaraciones mencionadas en la introducción, según las cuales Portugal habría nacido para llevar la fe católica a los cuatro puntos cardinales. ¿Con medio millón de habitantes? Los reyes que siguieron a Alfonso I fueron también muy buenos reyes. En 1250 ya habían ocupado el Algarve y finalizado la reconquista de la franja territorial de Portugal. Los otros reinos españoles tardarían más de 200 años más. Cabe suponer que pudieron hacerlo por la menor importancia del Alentejo y del Algarve y porque los reinos de Alándalus estaban castigados por León y Castilla, que eran a su vez el objetivo principal de almorávides y almohades. Es decir, el resto de los reinos cristianos de España les cubrió las espaldas. Seguirá con la segunda parte del capítulo primero. Anterior   Pulse para escuchar el texto Tras la Introducción, empezamos con el resumen comentado de la Breve Historia de Portugal, de Stanley Payne. El primer párrafo del primer capítulo (El surgimiento de Portugal) entra de lleno en la cuestión de la identidad de Portugal. Indica que los dos grandes historiadores del siglo XIX, Alexandre Herculano y Oliveira Martins consideraban la independencia portuguesa como algo accidental. También se refiere a otros historiadores portugueses del siglo XX que encuentran el origen de la identidad portuguesa en tiempos anteriores a la Edad Media. Ambas opiniones son compatibles, una cosa es la identidad, un concepto muy flexible y de límites muy imprecisos, y otra cosa la independencia política o soberanía plena. El segundo párrafo, recuerda que la provincia romana de Lusitania no coincidía con el actual Portugal. Desde un punto de vista académico, la relación de Lusitanía con Portugal es más problemática que la de Hispania con España. En el lenguaje popular es habitual la indistinción por supuesto. El tercer párrafo se refiere a los suevos como primera comunidad política separada del resto de la península. Advierte que estos se asentaron solo en la parte norte del actual Portugal, y en Galicia. En todo caso, Portugal fue parte de la monarquía visigoda, así que la separación comienza tras la Reconquista, que parte desde distintas posiciones independientes del norte de la Península, desplazándose progresivamente hacia el sur. En el caso de Portugal el desplazamiento norte sur está claramente marcado en su frontera con España. Condado portucalense Galicia es reconquistada pronto desde Asturias y formará después parte del Reino de León, que es la continuación del de Asturias. Galicia no tiene potencia demográfica para repoblar más allá de Miño. En el s. IX hay una importante emigración de mozárabes del sur, que son los principales repobladores de Oporto. Este hecho de la desconexión del norte (Galicia) y sur del Miño (Provincia Portucalense) fue una sorpresa para mí, que imaginaba un desplazamiento de norte a sur como el de los otros reinos hispanos. Pues no, Galicia influye en Portugal mucho menos de lo que la similitud de las lenguas hace pensar. Probablemente sea esta una de las causas subyacentes de la separación de Portugal. El nombre de la Provincia Portucalense situada originalmente entre el Miño y el Duero viene del puerto de Cale, que después será la ciudad de Oporto. A final del siglo IX este territorio tenía un gobernador con carácter vitalicio, pero dependiente de la monarquía asturiana, muy similar al caso del condado de Castilla. Se le llamaba el Dux. Durante el siglo X, el dux del territorio Portucalense fue de una misma familia. Su centro territorial estaba alrededor del Duero. Las montañas de Tras-os-Montes favorecieron también el aislamiento respecto del este. Tenemos por tanto un territorio algo separado tanto del este leonés como del norte gallego. Adicionalmente, el posterior desplazamiento del centro del poder desde León a Castilla dejó a Portugal aún más aislado. A mediados del siglo XI, ya no se ocupó más el cargo de Dux de Portugal, la corona leonesa designaba administradores reales locales. La Provincia Portucalense sigue expandiéndose y absorbe la región de Coimbra y el Mondego al sur. Y aquí empieza lo interesante (pp 12 y 13): En 1096 Alfonso VI de Castilla otorgó una nueva dirección al suroeste al concederle el gobierno hereditario de Portugal y Coimbra al noble y cruzado borgoñón Enrique, esposo de Teresa, hija bastarda y predilecta de Alfonso. Aunque el nombramiento administrativo no era necesariamente hereditario, a Enrique y Teresa se les concedió el señorío condal con aquel carácter sobre todo el dominio real en la región. Como caudillo de todo el suroeste hispano-cristiano, Enrique estableció su capital en la villa de Guimarais, en el norte de Portugal. Él y su esposa participaron activamente en las querellas sobre el reparto del patrimonio de Alfonso VI, que ocurrieron tras la muerte del anciano rey. Cuando Enrique murió en 1112, Teresa quedó como gobernadora de todo el territorio portugués. Su mandato compartido con su amante, un noble gallego llamado Fernando Peres, provocó el resentimiento de la nobleza local y de los caudillos de las villas, quienes dirigieron sus esperanzas hacia Alfonso Enríquez, el heredero de Enrique y Teresa, que contaba siete años aproximadamente a la muerte de su padre. Destronando a su madre en 1128, Alfonso Enríquez asumió el poder como caudillo de Portugal. Alfonso Henriques Para empezar, hagamos notar el error garrafal de Payne y de su traductor: Alfonso VI, el autoproclamado imperator totius Hispaniae no fue esencialmente rey de Castilla, sino de León, y posteriormente de Castilla. En todo caso, nos presenta el hecho fundante de Portugal que habíamos resumido como la rebelión de un hijo (Alfonso Henriques) contra su madre. Compruebo ahora que en su día la IA suavizó lo de rebelión como “la afirmación del poder de Alfonso Henriques frente a su madre y frente al reino leonés”. No, fue una rebelión que se puede excusar de mil maneras por supuesto. En la doctrina católica, simplificando, si no hay tiranía la rebelión no se justifica. Y las debilidades de un gobernante, desde luego, no son tiranía. En todo caso, la operación le salió bien, y el rey fue un buen gobernante. Atención a esto: … En 1135 rechazó una unión con otra princesa castellana del norte en homenaje a Alfonso VII de Castilla-León. Los herederos de los reinos de las Españas matrimoniaban entre ellos. Por lo que este rechazo muestra que Portugal nace con la determinación manifiesta de separarse del resto de España entonces, y de España sin más después. Sigue: … Asumió el título de «Rey de Portugal» sobre la base de su autoridad autónoma, sus conquistas y su descendencia del «emperador» hispánico Alfonso VI. La independencia de su territorio quedó reafirmada al establecer la autonomía eclesiástica de la archidiócesis de Braga, confiriéndole al reino su propia jerarquía eclesiástica. Como medida de protección, Alfonso juró lealtad en lo sucesivo al papado y le pagó un tributo, pero la Santa Sede no reconoció oficialmente el título de Rey de Portugal como institución hasta 1179. Los detalles de los dimes y diretes y “tributos” (los típicos obsequios de suplicante con una causa cuestionable) entre Alfonso y el Papado tienen que ser sabrosos. Naturalmente la independencia solo fue posible por las dificultades de León (p. 14): El establecimiento del reino independiente de Portugal coincidió con un periodo de fuerte tensión interna en Castilla-León, así como de renovadas amenazas militares por parte de los almorávides y almohades. Estas presiones combinadas dejaron al reino castellano-leonés con pocas energías para intentar la reincorporación de Portugal. En todo caso, Alfonso I tuvo un reinado largo y lleno de éxitos, y más si se tiene en cuenta que la población era de medio millón de habitantes solamente. Voy a recordar esas declaraciones mencionadas en la introducción, según las cuales Portugal habría nacido para llevar la fe católica a los cuatro puntos cardinales. ¿Con medio millón de habitantes? Los reyes que siguieron a Alfonso I fueron también muy buenos reyes. En 1250 ya habían ocupado el Algarve y finalizado la reconquista de la franja territorial de Portugal. Los otros reinos españoles tardarían más de 200 años más. Cabe suponer que pudieron hacerlo por la menor importancia del Alentejo y del Algarve y porque los reinos de Alándalus estaban castigados por León y Castilla, que eran a su vez el objetivo principal de almorávides y almohades. Es decir, el resto de los reinos cristianos de España les cubrió las espaldas. Seguirá con la segunda parte del capítulo primero. Anterior

Tras la Introducción, empezamos con el resumen comentado de la Breve Historia de Portugal, de Stanley Payne.

El primer párrafo del primer capítulo (El surgimiento de Portugal) entra de lleno en la cuestión de la identidad de Portugal. Indica que los dos grandes historiadores del siglo XIX, Alexandre Herculano y Oliveira Martins consideraban la independencia portuguesa como algo accidental. También se refiere a otros historiadores portugueses del siglo XX que encuentran el origen de la identidad portuguesa en tiempos anteriores a la Edad Media. Ambas opiniones son compatibles, una cosa es la identidad, un concepto muy flexible y de límites muy imprecisos, y otra cosa la independencia política o soberanía plena.

El segundo párrafo, recuerda que la provincia romana de Lusitania no coincidía con el actual Portugal. Desde un punto de vista académico, la relación de Lusitanía con Portugal es más problemática que la de Hispania con España. En el lenguaje popular es habitual la indistinción por supuesto.

El tercer párrafo se refiere a los suevos como primera comunidad política separada del resto de la península. Advierte que estos se asentaron solo en la parte norte del actual Portugal, y en Galicia.

En todo caso, Portugal fue parte de la monarquía visigoda, así que la separación comienza tras la Reconquista, que parte desde distintas posiciones independientes del norte de la Península, desplazándose progresivamente hacia el sur. En el caso de Portugal el desplazamiento norte sur está claramente marcado en su frontera con España.

Condado portucalense

Galicia es reconquistada pronto desde Asturias y formará después parte del Reino de León, que es la continuación del de Asturias. Galicia no tiene potencia demográfica para repoblar más allá de Miño. En el s. IX hay una importante emigración de mozárabes del sur, que son los principales repobladores de Oporto. Este hecho de la desconexión del norte (Galicia) y sur del Miño (Provincia Portucalense) fue una sorpresa para mí, que imaginaba un desplazamiento de norte a sur como el de los otros reinos hispanos. Pues no, Galicia influye en Portugal mucho menos de lo que la similitud de las lenguas hace pensar. Probablemente sea esta una de las causas subyacentes de la separación de Portugal.

El nombre de la Provincia Portucalense situada originalmente entre el Miño y el Duero viene del puerto de Cale, que después será la ciudad de Oporto. A final del siglo IX este territorio tenía un gobernador con carácter vitalicio, pero dependiente de la monarquía asturiana, muy similar al caso del condado de Castilla. Se le llamaba el Dux. Durante el siglo X, el dux del territorio Portucalense fue de una misma familia. Su centro territorial estaba alrededor del Duero. Las montañas de Tras-os-Montes favorecieron también el aislamiento respecto del este. Tenemos por tanto un territorio algo separado tanto del este leonés como del norte gallego. Adicionalmente, el posterior desplazamiento del centro del poder desde León a Castilla dejó a Portugal aún más aislado.

A mediados del siglo XI, ya no se ocupó más el cargo de Dux de Portugal, la corona leonesa designaba administradores reales locales. La Provincia Portucalense sigue expandiéndose y absorbe la región de Coimbra y el Mondego al sur.

Y aquí empieza lo interesante (pp 12 y 13):

En 1096 Alfonso VI de Castilla otorgó una nueva dirección al suroeste al concederle el gobierno hereditario de Portugal y Coimbra al noble y cruzado borgoñón Enrique, esposo de Teresa, hija bastarda y predilecta de Alfonso. Aunque el nombramiento administrativo no era necesariamente hereditario, a Enrique y Teresa se les concedió el señorío condal con aquel carácter sobre todo el dominio real en la región. Como caudillo de todo el suroeste hispano-cristiano, Enrique estableció su capital en la villa de Guimarais, en el norte de Portugal. Él y su esposa participaron activamente en las querellas sobre el reparto del patrimonio de Alfonso VI, que ocurrieron tras la muerte del anciano rey. Cuando Enrique murió en 1112, Teresa quedó como gobernadora de todo el territorio portugués. Su mandato compartido con su amante, un noble gallego llamado Fernando Peres, provocó el resentimiento de la nobleza local y de los caudillos de las villas, quienes dirigieron sus esperanzas hacia Alfonso Enríquez, el heredero de Enrique y Teresa, que contaba siete años aproximadamente a la muerte de su padre. Destronando a su madre en 1128, Alfonso Enríquez asumió el poder como caudillo de Portugal.

Alfonso Henriques

Para empezar, hagamos notar el error garrafal de Payne y de su traductor: Alfonso VI, el autoproclamado imperator totius Hispaniae no fue esencialmente rey de Castilla, sino de León, y posteriormente de Castilla. En todo caso, nos presenta el hecho fundante de Portugal que habíamos resumido como la rebelión de un hijo (Alfonso Henriques) contra su madre. Compruebo ahora que en su día la IA suavizó lo de rebelión como “la afirmación del poder de Alfonso Henriques frente a su madre y frente al reino leonés”. No, fue una rebelión que se puede excusar de mil maneras por supuesto. En la doctrina católica, simplificando, si no hay tiranía la rebelión no se justifica. Y las debilidades de un gobernante, desde luego, no son tiranía.

En todo caso, la operación le salió bien, y el rey fue un buen gobernante. Atención a esto:

… En 1135 rechazó una unión con otra princesa castellana del norte en homenaje a Alfonso VII de Castilla-León.

Los herederos de los reinos de las Españas matrimoniaban entre ellos. Por lo que este rechazo muestra que Portugal nace con la determinación manifiesta de separarse del resto de España entonces, y de España sin más después. Sigue:

… Asumió el título de «Rey de Portugal» sobre la base de su autoridad autónoma, sus conquistas y su descendencia del «emperador» hispánico Alfonso VI. La independencia de su territorio quedó reafirmada al establecer la autonomía eclesiástica de la archidiócesis de Braga, confiriéndole al reino su propia jerarquía eclesiástica. Como medida de protección, Alfonso juró lealtad en lo sucesivo al papado y le pagó un tributo, pero la Santa Sede no reconoció oficialmente el título de Rey de Portugal como institución hasta 1179.

Los detalles de los dimes y diretes y “tributos” (los típicos obsequios de suplicante con una causa cuestionable) entre Alfonso y el Papado tienen que ser sabrosos.

Naturalmente la independencia solo fue posible por las dificultades de León (p. 14):

El establecimiento del reino independiente de Portugal coincidió con un periodo de fuerte tensión interna en Castilla-León, así como de renovadas amenazas militares por parte de los almorávides y almohades. Estas presiones combinadas dejaron al reino castellano-leonés con pocas energías para intentar la reincorporación de Portugal.

En todo caso, Alfonso I tuvo un reinado largo y lleno de éxitos, y más si se tiene en cuenta que la población era de medio millón de habitantes solamente. Voy a recordar esas declaraciones mencionadas en la introducción, según las cuales Portugal habría nacido para llevar la fe católica a los cuatro puntos cardinales. ¿Con medio millón de habitantes?

Los reyes que siguieron a Alfonso I fueron también muy buenos reyes. En 1250 ya habían ocupado el Algarve y finalizado la reconquista de la franja territorial de Portugal. Los otros reinos españoles tardarían más de 200 años más. Cabe suponer que pudieron hacerlo por la menor importancia del Alentejo y del Algarve y porque los reinos de Alándalus estaban castigados por León y Castilla, que eran a su vez el objetivo principal de almorávides y almohades. Es decir, el resto de los reinos cristianos de España les cubrió las espaldas.

Seguirá con la segunda parte del capítulo primero.

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