Breve refutación a la tesis según la cual Hispanoamérica estaría mejor si hubiera sido inglesa o francesa

El trote que me encuentro haciendo por el mundo me ha brindado entre otras cosas la oportunidad de  confirmar ciertos hechos e ideas que ya venía pergeñando hace largo tiempo. Si bien la naturaleza de mi viaje no me permite ahondar lo que quisiera en el asunto (tampoco cuento con recursos bibliográficos y el tiempo apremia aquí) quisiera compartir con ustedes mis impresiones al respecto de lo anunciado en el epígrafe de esta nota; basado en algunas experiencias vivenciales y lo que uno puede percibir por aquí.

Una tesis que ha circulado mucho y que aun persiste en ciertos círculos (particularmente dentro de sectores que podríamos calificar de “derecha») sostiene que los países americanos serían mucho más prósperos si hubieran sido colonizados por los sajones (hay quienes añaden a los galos). Esta tesis ha prendido cual garrapata en el inconsciente de la población general y ha generado en casi todos un notorio complejo de inferioridad. Pues España habría sido en aquel entonces un imperio de andrajosos e ignorantes y, por el contrario, Inglaterra uno próspero e ilustrado. Y la mejor prueba de la veracidad de tal aserción sería el caso de los Estados Unidos de América; la superpotencia mundial por antonomasia.

Vayamos primero a lo sabido y probado, es decir, a los hechos objetivos (deliberadamente ignorados u omitidos), que ya muchos de ustedes conocen. Muy lejos de aquello, España era en aquellos tiempos la nación mas ilustrada y poderosa del planeta (no en vano se considera al Siglo de Oro español como el Siglo de oro europeo; y este duró casi dos siglos) con su pléyade de filósofos, juristas, literatos, poetas, arquitectos, universidades, escultores, su armada invencible y sus tercios, etc. Pero la verdadera grandeza española residía en su recta conciencia, en su capacidad autocrítica, en su visión trascendente y celestial de la vida: España conoce perfectamente su nobilísima misión desde el primerísimo momento (la propagación del cristianismo y de un Orden Justo en todo el orbe) y aboca todos los recursos en esta tarea.

En otro orden, pero en el mismo sentido, resulta interesante la situación del pueblo bajo esta regencia. Tanto se enaltece en la actualidad la cuestión de la “participación popular” (pretendiendo erigirse como necesaria antonimia a “monarquía”), que más de uno debería anoticiarse que con sus Fueros y cortes populares fue justamente la España (profundamente) católica la primera y la única que en aquel entonces daba voz a sus súbditos (peninsulares o no) y a una aristocracia de notables que estaban allí por sus méritos y condiciones superiores. Como un solo cuerpo, España y la Iglesia otorgan igualdad de condiciones a todos los hombres de la tierra (“todos somos hijos de Dios” es su divisa); donde pisa el gigante hispano católico se asientan comunidades en los rincones más remotos, se fundan y construyen escuelas, universidades, dispensarios, hospitales, Iglesias, talleres de oficios, caminos, casas, etc. Si algo sale de América, Filipinas o de donde fuera, vuelve a ellos en forma de alimentos o materiales que resulta en una notable y palpable mejora de su calidad de vida. Ya hemos dicho y probado en otros trabajos que España libera a los nativos de los regímenes esclavistas precolombinos y de sus sanguinarios y vengativos ídolos. En suma, España trae paz y prosperidad en todo sentido: tanto material como espiritual.

Inglaterra no sabe de nada de eso. Su misión es exclusivamente comercial, utilitaria, y si algo se construye en sus colonias se hace sobre las costas o lugares desde donde puedan transportar con facilidad las riquezas extraídas a la Metrópoli. Su misión es enteramente de rapiña. Cuando se acaban los recursos de la región o surgen complicaciones, empaca sus cosas y marcha a un nuevo rumbo a repetir el modelo. Así de simple como lo leen. A diferencia de España, que busca asimilar a los indígenas y mejorar su situación (pero por sobre todo, lograr la salvación de sus almas), Inglaterra (incluidos los puritanos y otras sectas protestantes) los aborrece a tal punto que ordena su segregamiento,  persecución o exterminio. En el entretanto de estas aventuras, el desgraciado pueblo inglés vive de hambruna en hambruna, sin posibilidades de mejorar su situación o ascender socialmente. Sus monarcas (salvando el caso de María Tudor) solo se ocupan de orquestar nuevas expediciones expoliadoras y de reprimir los levantamientos de un pueblo desesperado, descontento y famélico: el suyo.  Mientras España construía civilizaciones en los lugares más recónditos, Inglaterra no había sido capaz de construir una mesa fuera de su isla.

Esto ustedes ya lo saben, pero sirve a modo de introducción a la temática a aquellos que desconocen esta realidad. Vayamos ahora a la cuestión que más me interesa, de cual quisiera decir una o dos cosas.

Existe una cuestión esencial que suele omitirse al respecto de la realidad actual de las naciones hispanas y aquellas colonizadas por los sajones. Me dirán algunos que la América española es un continente “tercermundista”, pobrísimo y con enormes falencias de distinto tipo. Siguiendo esta línea argumentativa y en pretendido abono a la tesis de marras, se argüirá que naciones como Australia o los EEUU son naciones prósperas; inmensamente ricas y civilizadas. Palabras más, palabras menos, este sería la evidencia probatoria que zanjaría de modo definitivo la disputa.

Pero existe un “detalle” de enorme importancia en el que no se repara. Las actuales naciones sajonas de las que se destaca su prosperidad (luego deberíamos definir con precisión que se entiende por “próspero” y el alcance de su aplicación) FUERON CONSTRUIDAS Y POBLADAS CASI ENTERAMENTE POR EUROPEOS. Los nativos de aquellos lugares no solo jamás tuvieron voz ni voto, sino que, ya lo hemos dicho, fueron perseguidos hasta la muerte. América, en cambio, es construida junto a los indígenas; los europeos son siempre y en todo momento una minoría. Se pretende construir aquí una sociedad junto a los indígenas, a quienes iba dirigida esta nueva civilización. Y ya hemos visto en que nivel de retraso se encontraban los aborígenes precolombinos. Si España hubiera deseado construir una suerte de EEUU o Australia, lo hubiera podido hacer sin problema; hubiera sido sin dudas el camino más sencillo… pero para ello debería haber eliminado a los humildes e ignorantes nativos, y no estaba dispuesto a hacerlo. Pues repetimos por enésima vez: su misión no es material sino espiritual.

El motivo principal de la diferencia situacional entre los países colonizados por los sajones y los hispanos, es que los primeros no tuvieron que invertir siglos y un innumero de recursos en intentar civilizar a los indígenas. Su plan era sencillo: conquistar para expoliar y luego, cuando los nativos subyugados, poblar esas regiones con su gente para lograr tomar el control de áreas que les fueran útiles tanto geopolítica como estratégicamente.

Dicho sencillamente y para explicarnos mejor, pongamos el siguiente caso: si una cultura superior conquista determinado territorio y lo vacía de sus habitantes originarios (segregando o exterminándolos) para poblarlos con elementos de su propia civilización, lo más probable es que este lugar crezca rápidamente (al menos, materialmente hablando). En el mismo sentido, si por el contrario busca fusionarse con esta nueva cultura, les otorga participación y aboca la mayor parte de sus recursos a su culturización y evangelización, lo más esperable sería que su evolución material sea proporcional (o crezca proporcionalmente) al nivel cultural del pueblo asimilado y a su capacidad de recepción. Y lo cierto es que los indígenas se encontraban en un estado neolítico hasta la llegada del europeo (los americanos no conocían la rueda, por ejemplo). Cualquiera que conozca el continente, verá que la mayoría de su población es indígena o mestiza (Argentina es un caso excepcional, y por eso su gran diferencia con respecto al resto del continente). Y he aquí el motivo de la diferencia visible entre ambos casos.

Pero no hemos aun resuelto la cuestión que prometíamos, es decir, refutar la tesis según la cual América estaría mejor si hubiera pasado por las garras sajonas. Y la cuestión no la podremos dirimir en los mentados casos de los EEUU, Australia, etc., porque son casos distintos al de España, como hemos señalado. Para poder aproximarnos a alguna resolución al tema, entiendo que habría que comparar casos más similares, a saber: la América hispana con las colonias africanas y asiáticas de Inglaterra o Francia.

Aquí es donde quería llegar finalmente. Mencionemos solo unos pocos casos de estas últimas: Costa de Marfil, Togo, Ghana, Burkina Faso, Mali, Kenia, Zimbabwe, Sierra Leone, Guinea, Congo, etc., e incluso en la India. Solo diez minutos en sus capitales les tomará a los eternos críticos americanos de España el cambiar de parecer. Materialmente hablando, Lima, Asunción, el Distrito Federal, Quito, Santiago de Chile, etc., parecen Paris al lado de algunas de sus emulas africanas o asiáticas (aun en las zonas rurales se mantiene la misma brecha diferencial). La diferencia es también notoria, a favor de los americanos, cuando proponga compararse el grado de civilización entre ambos casos.

Que se entienda bien el punto: con esto no queremos decir que todo lo hecho por franceses e ingleses en ambos continentes haya sido negativo. Han tenido indudablemente cosas positivas (ya lo he reconocido), pero solo por el tiempo que duró su intervención o presencia allí (solo en las comunidades cristianas de estos lugares puede uno comprobar los aportes positivos de éstos). Ahora que se han ido, las cosas van de mal en peor. Pero fíjense el caso de España, que se ha retirado hace más de 200 años de América; y América, actualmente, es infinitamente superior, en todo sentido, a la gran mayor parte de los países por donde pasaron  galos y sajones. ¿Alguien podrá negarlo?

Por tanto, los americanos debemos dejar de protestar y patalear, y estar siempre agradecidos con Dios por habernos enviado a una Madre Patria como la España imperial de Isabel y Fernando.

Santiago y cierra, España

Para Políticamente incorrecto


6 respuestas a «Breve refutación a la tesis según la cual Hispanoamérica estaría mejor si hubiera sido inglesa o francesa»

  1. Magnífico artículo cargado de verdades irrefutables.
    Al que solamente sería oportuno hacer una observación.
    La decadencia del mundo hispanoamericano comienza al mismo tiempo que el del español…. Cuando con la llegada a España en 1700 de la nueva dinastía, los Borbones franceses, se hunde el mundo hispano y unos valores que lo habían convertido en faro de la humanidad.
    Los virreinatos americanos pasan a ser, de facto, en “colonias” al estilo de las anglosajonas, o las de Francia, Holanda etc.
    Una asfixiante burocracia real y centralista va convirtiendo a los “españoles de ambos hemisferios” en “colonizados”
    Nada tiene pues de extraño que en las guerras de la independencia en la América hispana, fueran las clases populares las que combatieran junto a los ejércitos de la Metrópoli (a los que por inercia histórica de dos siglos) seguían viendo como garantía de su libertad y prosperidad.
    Mientras que las élites, ya “afrancesadas” y “pastoreadas” por las masonerías (tanto las de obediencia inglesa como francesa) traicionaban a su patria España alineándose con sus seculares enemigos.
    Desde antes de la unificación de España con los Reyes Católicos, Francia había sido su mortal enemiga.
    Y que ese secular enemigo, pasara a ser quien rigiera sus destinos con la llegada de los Borbones y los subsiguientes “pactos de familia” supuso un cataclismo político, moral, económico y social para los españoles, cuyas élites (estrato moral) pasaron de hidalgos a cortesanos.
    Los “Grandes de España” que le habían dicho al emperador Carlos I “si uno de nos, es tanto como vos, todos nos, somos más que vos” (quienes antaño reconocían al soberano como “primus inter pares”) se convirtieron en cortesanos de los “reyes sol de vía estrecha” que desde 1700 rigieron los destinos de España…. y de los españoles de ambos hemisferios.

    1. En el Reino de Aragón, en la Edad Media, o incluso antes, el Rey debía jurar su cargo ante los Nobles, con la fórmula de «Nos que somos igual que vos, y juntos más que vos», es decir, algo similar a lo que usted explica de los Grandes de España, y que yo desconocía.
      Por cierto, la diputación de la Grandeza, que agrupaba solamente a los Grandes del Reino, fue reformada, y ahora acoge a los Grandes y a todos los Títulos del Reino, en ese abaratamiento por abajo ded la nobleza, similar al que sucede en toda la sociedad, por desgracia.
      Y, por último, ¿qué les parece un rey que en ocho años de reinado no ha concedido ni un solo título nobiliario…?
      ¿Se trata de un rey republicano, o es solamente un rey consorte, pues quien manda es Leticia, con c., la alegre divorciada?

  2. Es muy fácil… en centro y sur América hay dos países que no provienen de los virreinatos españoles (y que no hablan español), y son JAMAICA (colonizada por los ingleses) y HAITÍ (colonizada por los franceses). Dos de los países más pobres y subdesarrollados del mundo, y sin una cultura propia que merezca ese nombre ni un verdadero mestizaje en ningún sentido.

    En cuanto a Norteamérica sencillamente asesinaron a todos los indios (a los que llamaban «salvajes» y trataban como si fueran alimañas y animales) y lo llenaron de colonos europeos. La comparación que habría que hacer es entre los indios asesinados (norteamérica) y los indios mezclados, evangelizados e incorporados a la civilización occidental y a la Cristiandad (los virreinatos españoles, principalmente).

    Es como comparar un huevo y una castaña, una auténtica vergüenza y una bazofia de propaganda mentirosa creada por nuestros enemigos. Es también una comparación entre el Catolicismo militante y misionero de la Monarquía Hispánica y el protestantismo comercial del que nace la masonería y el relativismo moral. También la enorme diferencia entre el concepto de «colonias» (Inglaterra y Francia, y luego todo el resto de Europa en el siglo XIX) y los Virreinatos españoles de la Monarquía hispánica… no hay comparación posible.

    Parece mentira hayamos dejado que la leyenda negra llegue a límites tan indignos.

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