Cambiar para que todo siga… ¿igual?… no, peor

El Papa Francisco I ha promulgado, tras ¡nueve años! de trabajos, que no sabemos si han sido forzados, la Constitución Apostólica Praedicate Evangelium (11 capítulos y 240 artículos) por la que reforma la Curia romana, la cual viene a sustituir, claro, a la «Pastor bonus» de Juan Pablo II. Este hombre no va a dejar de sus predecesores ni el nombre.

Las modificaciones más importantes que establece la nueva Constitución Apostólica no sólo dejan que desear sino que, además de ser algunas de ellas verdaderas perogrulladas, van encaminadas a ahondar todavía más en el pozo en que nos hallamos los católicos por el desvarío de nuestros pastores que desde hace tiempo más parecen lobos.

El documento quiere poner el acento en la «evangelización», para lo cual el principal dicasterio de la Santa Sede pasa a ser el de la Evangelización que además estará presidido directamente por el Papa; en la Constitución anterior, la de Juan pablo II, el primer dicasterio (siempre después de la Secretaría de Estado), era el de Doctrina de la Fe. Es decir, que para Francisco I lo importante no es la salvaguarda de la ortodoxia doctrinal, o sea, de la doctrina, es decir, del Evangelio, sino, digámoslo así… su «comunicación». Pero claro, mal va a ir la cosa si lo que se comunica no se ajusta a la doctrina, a la ortodoxia, es decir, que no es la Verdad revelada de la cual, con puntos y comas, es depositaria la Iglesia. De esta forma, como lo importante es «comunicar», se abre la puerta de par en par a la charlatanería en el mejor de los casos, cuando no al error, o sea, a la herejía; sobre todo teniendo en cuenta el analfabetismo actual de los fieles y la mediocridad precisamente doctrinal de una gran mayoría del clero todo lo cual nos tiene sumidos en la ignorancia y por ella en el desvarío y el constante despropósito. La doctrina, su pureza, conocimiento exacto y acatamiento son los pilares sobre los cuales se fundamenta la evangelización, la comunicación del Evangelio, el apostolado, como así, por ejemplo, lo enseña San Pablo. Sin doctrina, ya sabemos a dónde lleva… a donde estamos.

Otro de los pilares resquebrajados sobre los que se va a asentar como sobre aguas movedizas la nueva Curia Francisco I es la famosa «sinodalidad», palabrita y concepto ambos obra original suya que, como otra muchas, son para mear y no echar gota; por ejemplo eso de la «Iglesia de salida»… así estamos, que cada día quedan menos porque todos se largan. En sus propias palabras, y supuestamente para que lo entendamos, tal vocablo significa que “La Iglesia no es otra cosa que el «caminar juntos» de la grey de Dios por los senderos de la historia que sale al encuentro de Cristo el Señor. Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra «Sínodo». Caminar juntos -laicos, pastores, Obispo de Roma- es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica”… ni menos aún de entenderlo. O sea, que durante los dos mil años de historia de la Iglesia no han caminado juntos clero y seglares, sino que cada cual iba por su lado. O sea, que hasta Francisco I hemos sido rebaño disperso. O sea, que hasta que no ha llegado este… iluminado, la Iglesia no ha hecho otra cosa que desbarrar. O sea, que hasta que Bergoglio no ha inventado esta palabrita, que vaya usted a saber en cual de sus pesadillas le ha sido «comunicada», la Iglesia era un amasijo de… Es increíble hasta qué punto de estupidez (y de soberbia) puede llegar este hombre, incluida su contumacia en degradarse a simple «Obispo de Roma», en vez de asumir que es el Papa.

Esa sinodalidad que va a impulsar la nueva Constitución tiene su importancia porque es la fuente de su meollo, es decir, del cambio… a peor que quiere impulsar Francisco I. Porque con tal término, con ese «caminar juntos» que según él no se daba, la Constitución ahora aprobada impulsa la descentralización y la participación, con  voz y voto, de los seglares en prácticamente todas las esferas de la Iglesia, algo que suena muy bien en esta época de democracia liberal radical pero que, como vemos en la vida diaria de todas las instituciones civiles (y militares), sólo sirve para derruir la autoridad, socavar la disciplina y la obediencia, excitar las envidias, provocar divisiones, generar confusión, apuntalar la anarquía, debilitar, corroer, destruir. Hay instituciones que no pueden ser «asamblearias», que precisan de una centralización, de una jerarquía y de una disciplina o si no se van a la porra y termina como los partidos políticos y otras asociaciones humanas. Eso sí, esa jerarquización exige asegurarse de que los que llegan a ostentar la autoridad son fieles a la institución y a sus principios y valores, así como a los subordinados, y que están dispuestos a dar su tiempo e incluso la vida por la institución y por sus miembros. Nuestro Señor fundó Su Iglesia sobre la roca de Pedro, no sobre la sinonalidad, mucho menos sobre la participación de los fieles en todo.

Porque con esa sinonalidad y descentralización, según la nueva Constitución bergogliana, léanlo bien, cualquier fiel –que diga serlo, claro, otra cosa es que de verdad lo sea– puede ser nombrado –ya hay una– presidente de cualquier Dicasterio, o sea, «ministerio» (hasta ahora sólo podían los cardenales), aún sin tener órdenes sagradas, o cualquier otro cargo en la Iglesia; y por supuesto sea hombre o mujer. Más: los seglares (laicos) tendrán voz «en la forma apropiada» (¿?) a la hora de nombrar obispos en sus diócesis. Para qué decir en las parroquias incluso a la hora de la «evangelización». Puro luteranismo; no se puede decir de otra forma.

Otros aspectos son la concentración de la gestión económica hasta ahora dispersa y descontrolada que tantos dolores de cabeza y vergüenzas a prodigado a Roma por… la decadencia de su clero (para que concentrar si lo que hace falta es purgar); la exigencia a los miembros de la Curia de «integridad personal y profesional» vaya perogrullada… ah, es que ¿no la tenían?… pues no, y ahí están los escándalos para comprobarlo; la creación de un Dicasterio de Cultura y Educación (¿?); la fusión de la Comisión Pontificia para la Protección de Menores con el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (¡qué tendrán que ver!).

En realidad, y aunque con palabras veladas, cuando no burdos eufemismos, Francisco I da una vuelta de tuerca más en su revolución «democratizadora» de la Iglesia, o sea, revolucionaria «montonera», haciendo, sin parecer para que nadie se espante, que no lo hace; en realidad la cosa está tan podrida, la crisis es tan profunda y la Iglesia viene ya desde hace casi un siglo tan agrietada, convertida en patio de Monipodio, en corrala vociferante, en asamblea libertaria y en casa de Tócame Roque, que poco importa. Eso sí, se cambia, claro que sí, para que todo… ¿mejore?… no, ni siquiera eso, sino para que vaya a peor, que ya es decir.


5 respuestas a «Cambiar para que todo siga… ¿igual?… no, peor»

  1. Desde el principio, cada día que pasa nos acercamos a nuestro fin, y la Iglesia católica que somos todos los bautizados también, y el Mundo donde estamos todos, todos, también.
    Solo dos «cosillas» para alegrar el comienzo del día.
    Una. Con todas las dudas y reparos pero como deber de conciencia, vuelvo a recordar lo que ya escribí hace tiempo:
    1º: Se afirma con indicios de prueba que sor Lucía murió el 31 de mayo de 1949:
    https://www.traditioninaction.org/Questions/E016_SrLucyRepercussions.htm
    2º: Se afirma con indicios de prueba que todo documento o escrito de sor Lucía posterior al año 1949 es falso:
    http://radtradthomist.chojnowski.me/2019/07/alert-world-class-handwriting-analyst.html
    3º: Y se afirma con indicios de prueba que los análisis faciales de las fotos de sor Lucía posteriores al año 1949 indican suplantaciones de personalidad:
    https://sisterlucyimposter.org/wp-content/uploads/2019/07/Michigan-State-Report.pdf
    Dos. También hace años escribí, que tarde o temprano en la zona donde estaba la antigua Arimatea se descubrirá un sepulcro y un esqueleto. Y según los estudios científicos realizados, ese esqueleto pertenece a un hombre de hace más de 2.000 años que murió crucificado, con los pies y manos horadados y una marca en una costilla de un costado, de una estatura de entre 1´82 a 1´86 y de entre 30 a 40 años de edad.
    Un lector dio el teléfono del servicio médico de urgencias para que fueran a recogerme; pero no pudo ser, porque escribía en el idioma del lector pero no estaba en su nación.

  2. Artículo y comentario de Ángel Manuel extraordinarios.
    Parece claro que los cardenales maricones y/o masones siendo mayoría eligieran uno de ellos…
    A pesar de tanta evidencia y líneas equivocadas, quiero pensar que Francisco, siguiendo la promesa de Cristo Nuestro Señor instituyendo el Papado en la figura de Pedro, prometió que las «fuerzas del infierno no prevalecerán contra ella», sigue siendo el Papa,
    Los hechos, que son muy tozudos apuntan a que no.
    Su alineamiento con la Agenda 2030 y su posición a favor del «cambio climático», de las «falsas vacunas» y su extraordinaria simpatía con Bill Gates, Biden y la Pelosi, apuntan que es uno más de la masonería infiltrada.
    Como escribe Ángel Manuel, todo ello indica y reafirma que la venida de Nuestro Señor Jesucristo se encuentra muy muy próxima,
    Íñigo Caballero
    Donostiarra y carlista desde que nací

  3. Últimamente oígo mucho RADIO MARÍA, pero cuando sale el montonero (comunista) argentino, y algunos curas modernistas, que tienen insuficiencia mitral, y quieren hacer «méritos» para ser promovidos a un Obispado, aunque sea el de Roda, la apago.
    Tengo que mantener mi cabeza limpia de pestilencias.

  4. Escuchen el programa La sacristía de la Vendee, y no den pábulo a Radio Maria, COPE, TRECE y demás bazofia modernista y bergogliana.

    Háganse a la idea, u Ortodoxia o sedevacantismo, porque hasta los de la OSSPX parece que ya desbarran.

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