Cataluña. Jorge de Esteban versus Manuel Valls

Jorge de Esteban

Jorge de Esteban, catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de El Mundo, pide a Pedro Sánchez “un Ejecutivo apoyado por los partidos constitucionalistas que impulse la reforma del Título VIII de la Constitución, para acabar de una vez con la crisis territorial de nuestro país”. Comienza ironizando, con acierto, sobre el ex presidente Mariano Rajoy, quien, al acabar su segundo libro de Memorias, afirma que su mayor orgullo es «haber dejado una España mejor», lo cual vista la situación política actual nos deja perplejos a la gran mayoría. Como señala De Esteban “la práctica desaparición del Estado y del imperio de la ley en Cataluña, la entrega a los secesionistas de los instrumentos ejecutivos, financieros, educativos, culturales y de creación de opinión, para que prepararan la liquidación de la unidad nacional, la implantación irracional de barreras al mercado único dentro de nuestras fronteras…” lleva a la conclusión de que Rajoy no nos dejó una España mejor y no sólo eso, sino que “el horizonte que nos espera es aterrador” porque “el edificio constitucional, las bases en que se sustenta nuestra convivencia, se está tambaleando a causa de que nuestros políticos han fallado y no han sabido transmitir los símbolos y las creencias que forman una nación”

Opina asimismo que el golpe de Estado del 1 de octubre de 2017 ofreció una oportunidad para “paralizar los impulsos separatistas utilizando el artículo 155 de la Constitución o, incluso, el 116, que para un caso como éste lo incluyeron los constituyentes. Sin embargo, parece que está de adorno. No se hizo casi nada”. Concluye su análisis señalando que “España no puede seguir con esta desorganización territorial… no se trata de resolver el tema catalán aisladamente, lo que no es deseable ni posible, sino de coger el toro por los cuernos”

Hasta aquí un análisis y unas conclusiones que considero, en esencia, acertadas. Ahora bien, la solución que propone es harina de otro costal. Dice Jorge de Esteban “Si Pedro Sánchez fuese un verdadero patriota redactaría un programa político y convocaría un proceso constituyente, pero sólo para redactar un nuevo Título VIII de la Constitución. Suprimir el Estado de las Autonomías es un deseo que comparten muchos españoles… creo que esos mismos ciudadanos se contentarían si hubiese un Estado descentralizado más reducido, más racional, con menos Comunidades Autónomas, en el que quedaran distribuidas las competencias de forma permanente. En mi opinión, no habría más remedio que conceder un estatus especial al País Vasco y a Cataluña, si con eso nos aseguramos la paz”. Es una solución muy condicionada a que funcione el comodín que guarda en la manga “si con eso nos aseguramos la paz“. Es evidente que, si así se lograra la convivencia democrática y que todos los ciudadanos reconocieran “la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”, sería una buena solución. Sin embargo, la realidad es que, durante los 40 años del Estado de las Autonomías, no se ha caminado en esa dirección sino todo lo contrario. Por tanto, es mera fantasía esperar que ese comodín, que propone, pueda hacerse realidad.

Manuel Valls

Manuel Valls, ex primer ministro de Francia, y ahora concejal de Barcelona, llega a unas conclusiones radicalmente opuestas, aunque posiblemente comparta el análisis de la situación política española que hace Jorge de Esteban. Afirma que “Cataluña no es una nación” y añade “Aquellos que afirman que España es un estado plurinacional se equivocan, entran de lleno en el marco mental del nacionalismo catalán. Aceptan como válidas premisas interesadamente falsas cuya pretensión es construir un relato en torno al derecho de toda nación a poseer un estado” Cuestiona la propuesta del PSC de “ofrecer la posibilidad de reconocer, respetar e integrar las diversas identidades nacionales que conviven en España sin mermar la cohesión social y la igualdad entre españoles” porque, como acertadamente señala, eso ya lo garantiza la Constitución vigente en su articulado.

Manuel Valls es contundente y pone al descubierto la mentira del carácter democrático, pacífico y dialogante de los independentistas: “Quienes se reivindican nación cultural suelen hacerlo para reivindicarse como nación política para después imponer el derecho a la autodeterminación y separarse. El independentismo, por defecto, no anhela un nuevo encaje territorial sino una ruptura con el Estado. Es por ello que no se le puede contentar con otro modelo, nunca será suficiente autogobierno porque sus reclamaciones sólo terminarán cuando levanten una frontera entre Cataluña y el resto de España”. Sus afirmaciones son radicales y clarísimas “El nacionalismo, repito una vez más, es guerra porque tiene una lógica supremacista y etnicista” “El nacionalismo ha defendido que todo el diseño constitucional era insuficiente para garantizar la supervivencia de la lengua y cultura que consideran propias, pero la realidad es que no se trata de un interés honesto sino de una indisimulada excusa para avanzar en su objetivo: la secesión”.

Tras todo ello la propuesta de Valls es inequívoca “es clave aportar una estrategia clara que no se vea condicionada por el marco mental del nacionalismo” “una cosa es buscar una solución a un problema de convivencia, discutiendo con los partidos nacionalistas, y con todos los que no lo son, y otra muy diferente es cederles la llave de la gobernabilidad de España. Un pacto con ERC sería un caballo de Troya dentro del Gobierno de España que no nos podemos permitir”

Es obvio que la actual situación política es fruto de la deriva a que nos ha conducido el excesivamente abierto texto constitucional y la inadecuada gestión política del Estado de las Autonomías. Las cesiones, la descentralización, no han tenido como contrapartida un refuerzo de la unidad nacional. Tomando las palabras de Jorge de Esteban “hay que tomar el toro por los cuernos”. Pero ¿qué significa eso? El análisis de Manuel Valls deja claro que los nacionalismos son “guerra porque tienen una lógica supremacista y etnicista” y que sus actitudes son “una indisimulada excusa para avanzar en su objetivo: la secesión”. Por ello sólo queda un camino: promover la unidad de los partidos constitucionalistas sobre este tema y aplicar los medios constitucionales necesarios (artículos 155, 150.3 y 116, en particular) para reconducir la situación. Ello debería desembocar, como mínimo, en una nueva redacción del Título VIII de la Constitución, que lleve a un Estado descentralizado mucho más reducido, más racional, con una coordinación/gestión centralizada de las competencias clave, con un uso generalizado y normalizado del español como lengua vehicular y con un claro e incuestionable sentimiento de patria común y de solidaridad entre los ciudadanos y los territorios. El reino de taifas en que se ha ido convirtiendo España en estos 40 últimos años, debe llegar a su fin. Si no se actúa en esa dirección, la alternativa es la destrucción de España.


Deja una respuesta

Su dirección de correo nunca será publicada. Si la indica, podremos contestarle en privado en caso de considerarlo oportuno.*