Carta abierta a los obispos españoles por su infame actitud ante la epidemia

Eminencias:

Les dirijo estas letras desde lo más profundo de mi entristecida alma y pesaroso corazón para expresarles mi indignación como católico por las medidas adoptadas por ustedes ante la situación de epidemia actual .

1.    Santo Sacrificio de la Misa. Al igual que se permite a supermercados, farmacias, gasolineras y otros servicios permanecer abiertos al público porque se han considerado de primera necesidad, para los católicos no hay mayor necesidad que alimentarse del Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad, verdadero y real, substancial, de Ntro. Señor.  Él es el centro de nuestra vida. Por Él vivimos, hacia Él caminamos.

2.    Sacerdotes.  Es penosa la soledad de los sacerdotes celebrando el Santo Sacrificio de la Misa a puerta cerrada.  Nos necesitan, como nosotros a ellos. Necesitan nuestro apoyo y cariño. Necesitan nuestros donativos.

3.    Caridad. Se han cerrado comedores sociales y otras labores de voluntariado ¿por qué ahora precisamente?  No podemos dejar a su suerte a quienes más que nunca nos necesitan en estos momentos tan difíciles. La Iglesia –¿la de antes?– siempre se distinguió por darse toda ella, hasta la vida, en los momentos de catástrofes y pestes, así como en los de persecución, es decir, en los tiempos de cruz, de cruces, que son la vía, la única, a la gloria. Retirarnos ahora, como ustedes han ordenado es una vergüenza imperdonable.

La Iglesia, los católicos, los que seguimos de verdad a Jesús, no tenemos miedo –¿ustedes sí?–, no podemos quedarnos encerrados por temor a un contagio en buena medida poco probable y ni mucho menos letal, no podemos abandonar a los que nos necesitan. Es ahora, justo ahora, en la dificultad, cuando tenemos que ayudar, amar, evangelizar, dar ese ejemplo de caridad verdadera que tantos antes que nosotros supieron dar, incluso a costa de la propia vida. Jesús y Ntra. Santísima Madre nos guardan, porque Él y Ella siempre están con nosotros, nunca nos abandonan.

Por ello, y por mucho más que omito para no alargar este texto, pero que es obvio y ustedes como jerarquía saben o deberían saber, les exijo que actúen como debe (y concierte con las autoridades civiles el permiso oportuno para los católicos que lo deseen) y:

1.    Revoquen la supresión de la asistencia a Misa con las únicas restricciones de mayores, niños y personas de riesgo evidente por su estado de salud.

2.   Se permita administrar la Comunión a todos los fieles que acudan a Misa; también en la boca.

3.   Se reparta agua bendita para uso en las casa.

4.    Estamos en Cuaresma, por ello, y por estas circunstancias especiales, se intensifique el rezo comunitario del Santo Rosario, se organicen procesiones en petición de perdón, piedad y conversión, así como las penitencias. Igual las adoraciones al Santísimo.

5.    Se dé ejemplo de caridad mediante la organización y coordinación desde los Obispados y las parroquias de los voluntarios que individual o colectivamente, cumpliendo con las medidas precisas, repartan alimentos, medicamentos y presten asistencia a las personas que lo requieran, especialmente mayores o enfermos.

Los católicos debemos estar unidos y ser ejemplo de lo que decimos ser: AMOR. Ahora más que nunca. Ahora es el momento. Y no podemos dar amor si nos falta el verdadero alimento: JESÚS. Él lo dijo: “Sin Mí nada podéis». (Nada, nada).

De seguir en la vergonzosa actitud que por sus instrucciones hemos adoptado, lo pagaremos todos, ustedes también, ante Dios y ante los hombres.


7 respuestas a «Carta abierta a los obispos españoles por su infame actitud ante la epidemia»

  1. Que Dios nos ampare y ojalá todos nos pongamos en oraciones para que pronto se acabe esta pesadilla hermanos pongámonos en los brazos del Señor Padre Dios y Nuestra Señora María Santísima Nuestra Madre Virgen y hagamos muchas penitencias Dios nos ampare “Que se haga su Santísima Voluntad y no la nuestra” ya que nosotros somos unos humildes hijos suyos Dios nos cuide siempre

  2. Buenas Tardes

    Son tan sólo una reflexiones en voz alta a raiz de todas estas medidas que la Iglesia Catolica
    ha tomado para intentar ayudar a evitar la propagación del coronavirus.

    Me entristece ver que una Iglesia que solía estar «al pie del cañón» ha decidido retirarse «a los cuarteles de invierno».

    Las ovejas del rebaño nos hemos quedado solas mientras nuestros pastores parecen haberse
    «atrincherado en la retaguardia».

    Pero tenemos el mensaje de Nuestro Señor en Lucas -18-9,40 en el que nos dice que» si ellos callan, hasta las piedras gritarán.»

    MI pregunta es:»¿ No podríamos( o deberíamos ) nosotros ser esas piedras de las que habla Nuestro Señor?

    un saludo

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