Ceuta, CETI; CETI, Ceuta

ESCUCHAR NOTICIA: Ceuta no puede convertirse en el almacén resignado de Europa ni en la moneda de cambio de nuestra zafia e indigna diplomacia patria. Reducir una ciudad milenaria, baluarte e historia viva de España, a la mera extensión de un CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) no es una solución administrativa: es una claudicación moral y una nueva demostración explícita de la traición a los ceutíes y una expropiación parcial de espacios de su reducidísimo territorio. La gestión de las fronteras no es un ejercicio de retórica partidista; es la primera obligación de un Gobierno con la soberanía de su nación. Asistir en silencio o con tibias medidas a la constante presión migratoria para luego responder con Reales Decretos que proponen la habilitación de la ocupación de espacios públicos, revela la verdadera hoja de ruta del Ejecutivo: transformar lo extraordinario en cotidiano y lo insostenible en norma dentro de «su» particular e infame normalidad. Cuando plazas, colegios, infraestructuras y calles de Ceuta se proyectan como parches improvisados para alojar a miles de ilegales que invadieron la frontera del Tarajal el pasado 30 de julio, no se está protegiendo la ciudad, sino vil e intencionadamente sacrificándola como a un cordero ante sus «intocables» invasores. De momento, falta la sangre, pero no tardará en llegar porque la paciencia tiene un límite y el odio expansionista de Mohamed VI y sus ministros llamará y despertará a otro tipo de odio: el teñido de una comprensible violencia que empieza a desperezarse ante la falta de soluciones y recursos o la abundancia de mentiras y provocaciones. Esta política de prebendas, subvenciones, ayudas de todo tipo y cesiones sistemáticas frente a los perversos pulsos de Marruecos transmite un devastador mensaje a los ciudadanos de Ceuta: el de estar solos, dejasos de la mano de Dios. Un gobierno que prioriza el apaciguamiento diplomático y sus vacaciones por encima de la seguridad de la ciudad autónoma y la integridad territorial de un país, España, y un continente, Europa, no hace más que mofarse y desproteger a su propio pueblo. La solidaridad con el «extranjero» no es posible cuando exige el desmantelamiento de la convivencia, la tranquilidad urbana o la renuncia a la propia identidad. Ceuta es España, con los mismos derechos, la misma dignidad y el mismo cometido de protección que cualquier otra ciudad o región del territorio nacional. Sus habitantes, también. Pretender que su destino se reduzca a un inmenso CETI global, a cielo abierto o bajo techo, en detrimento de la paz de sus habitantes es la flagrante plasmación de una política sumisa que confunde la contención con el abandono, al recién llegado con el ciudadano ceutí, restringiendo o negando servicios y derechos para complacer exigencias foráneas dirigidas desde Rabat y ejecutadas por sus delincuentes en el corazón de la perla del Mediterráneo. Defender Ceuta hoy exige denunciar sin ambigüedades a quienes, desde los despachos de Madrid, han dado palos de ciego, decidiendo que la soberanía nacional es negociable, segundo plato, y que el futuro de los ceutíes es _peccata minuta_, cuatro letras de un acrónimo (CETI) que, con los días, contradice más y más el significado original de cada una de sus letras, desnudando la farsa, inoperancia,  pasotismo y sentido de estado de este ridículo y pusilánime Gobierno de España. Para El Confidencial Digital   Pulse para escuchar el texto Ceuta no puede convertirse en el almacén resignado de Europa ni en la moneda de cambio de nuestra zafia e indigna diplomacia patria. Reducir una ciudad milenaria, baluarte e historia viva de España, a la mera extensión de un CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) no es una solución administrativa: es una claudicación moral y una nueva demostración explícita de la traición a los ceutíes y una expropiación parcial de espacios de su reducidísimo territorio. La gestión de las fronteras no es un ejercicio de retórica partidista; es la primera obligación de un Gobierno con la soberanía de su nación. Asistir en silencio o con tibias medidas a la constante presión migratoria para luego responder con Reales Decretos que proponen la habilitación de la ocupación de espacios públicos, revela la verdadera hoja de ruta del Ejecutivo: transformar lo extraordinario en cotidiano y lo insostenible en norma dentro de «su» particular e infame normalidad. Cuando plazas, colegios, infraestructuras y calles de Ceuta se proyectan como parches improvisados para alojar a miles de ilegales que invadieron la frontera del Tarajal el pasado 30 de julio, no se está protegiendo la ciudad, sino vil e intencionadamente sacrificándola como a un cordero ante sus «intocables» invasores. De momento, falta la sangre, pero no tardará en llegar porque la paciencia tiene un límite y el odio expansionista de Mohamed VI y sus ministros llamará y despertará a otro tipo de odio: el teñido de una comprensible violencia que empieza a desperezarse ante la falta de soluciones y recursos o la abundancia de mentiras y provocaciones. Esta política de prebendas, subvenciones, ayudas de todo tipo y cesiones sistemáticas frente a los perversos pulsos de Marruecos transmite un devastador mensaje a los ciudadanos de Ceuta: el de estar solos, dejasos de la mano de Dios. Un gobierno que prioriza el apaciguamiento diplomático y sus vacaciones por encima de la seguridad de la ciudad autónoma y la integridad territorial de un país, España, y un continente, Europa, no hace más que mofarse y desproteger a su propio pueblo. La solidaridad con el «extranjero» no es posible cuando exige el desmantelamiento de la convivencia, la tranquilidad urbana o la renuncia a la propia identidad. Ceuta es España, con los mismos derechos, la misma dignidad y el mismo cometido de protección que cualquier otra ciudad o región del territorio nacional. Sus habitantes, también. Pretender que su destino se reduzca a un inmenso CETI global, a cielo abierto o bajo techo, en detrimento de la paz de sus habitantes es la flagrante plasmación de una política sumisa que confunde la contención con el abandono, al recién llegado con el ciudadano ceutí, restringiendo o negando servicios y derechos para complacer exigencias foráneas dirigidas desde Rabat y ejecutadas por sus delincuentes en el corazón de la perla del Mediterráneo. Defender Ceuta hoy exige denunciar sin ambigüedades a quienes, desde los despachos de Madrid, han dado palos de ciego, decidiendo que la soberanía nacional es negociable, segundo plato, y que el futuro de los ceutíes es _peccata minuta_, cuatro letras de un acrónimo (CETI) que, con los días, contradice más y más el significado original de cada una de sus letras, desnudando la farsa, inoperancia,  pasotismo y sentido de estado de este ridículo y pusilánime Gobierno de España. Para El Confidencial Digital

Ceuta no puede convertirse en el almacén resignado de Europa ni en la moneda de cambio de nuestra zafia e indigna diplomacia patria. Reducir una ciudad milenaria, baluarte e historia viva de España, a la mera extensión de un CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) no es una solución administrativa: es una claudicación moral y una nueva demostración explícita de la traición a los ceutíes y una expropiación parcial de espacios de su reducidísimo territorio.

La gestión de las fronteras no es un ejercicio de retórica partidista; es la primera obligación de un Gobierno con la soberanía de su nación. Asistir en silencio o con tibias medidas a la constante presión migratoria para luego responder con Reales Decretos que proponen la habilitación de la ocupación de espacios públicos, revela la verdadera hoja de ruta del Ejecutivo: transformar lo extraordinario en cotidiano y lo insostenible en norma dentro de «su» particular e infame normalidad.

Cuando plazas, colegios, infraestructuras y calles de Ceuta se proyectan como parches improvisados para alojar a miles de ilegales que invadieron la frontera del Tarajal el pasado 30 de julio, no se está protegiendo la ciudad, sino vil e intencionadamente sacrificándola como a un cordero ante sus «intocables» invasores. De momento, falta la sangre, pero no tardará en llegar porque la paciencia tiene un límite y el odio expansionista de Mohamed VI y sus ministros llamará y despertará a otro tipo de odio: el teñido de una comprensible violencia que empieza a desperezarse ante la falta de soluciones y recursos o la abundancia de mentiras y provocaciones.

Esta política de prebendas, subvenciones, ayudas de todo tipo y cesiones sistemáticas frente a los perversos pulsos de Marruecos transmite un devastador mensaje a los ciudadanos de Ceuta: el de estar solos, dejasos de la mano de Dios. Un gobierno que prioriza el apaciguamiento diplomático y sus vacaciones por encima de la seguridad de la ciudad autónoma y la integridad territorial de un país, España, y un continente, Europa, no hace más que mofarse y desproteger a su propio pueblo. La solidaridad con el «extranjero» no es posible cuando exige el desmantelamiento de la convivencia, la tranquilidad urbana o la renuncia a la propia identidad.

Ceuta es España, con los mismos derechos, la misma dignidad y el mismo cometido de protección que cualquier otra ciudad o región del territorio nacional. Sus habitantes, también. Pretender que su destino se reduzca a un inmenso CETI global, a cielo abierto o bajo techo, en detrimento de la paz de sus habitantes es la flagrante plasmación de una política sumisa que confunde la contención con el abandono, al recién llegado con el ciudadano ceutí, restringiendo o negando servicios y derechos para complacer exigencias foráneas dirigidas desde Rabat y ejecutadas por sus delincuentes en el corazón de la perla del Mediterráneo.

Defender Ceuta hoy exige denunciar sin ambigüedades a quienes, desde los despachos de Madrid, han dado palos de ciego, decidiendo que la soberanía nacional es negociable, segundo plato, y que el futuro de los ceutíes es _peccata minuta_, cuatro letras de un acrónimo (CETI) que, con los días, contradice más y más el significado original de cada una de sus letras, desnudando la farsa, inoperancia,  pasotismo y sentido de estado de este ridículo y pusilánime Gobierno de España.

Para El Confidencial Digital


12 respuestas a «Ceuta, CETI; CETI, Ceuta»

  1. Ceuta es una ciudad española como lo es Burgos y a nadie se le ocurre llenarla de moros decir que hay que mantenerlos, lavarlos, alimentarlos y darles casa.
    Los ceuties, visto lo que hace el felon Vivas, su PP y el Psoe y su gobierno deben defenderse o perder su hogar y u ciudad.
    Defenderse de la invasión marroqui y defenderse de este gobierno miserable que la apoya

  2. Por esa regla de tres ( mientras no invadan mi cocina ) cuando los nigerianos lleguen a El Toboso que la defiendan los toboseños
    … eso es geo- estrategia lo demás son cuentos

  3. En realidad los que están confinados/ castigados, son los ceutíes, no los invasores. Se trata de hacerles la vida imposible y que vayan desapareciendo, entre tanto sumergen en el olvido al resto de españoles con los nuevos escándalos que se van sucediendo. Buenismo y progre van asociados a tantas y tan gordas mentiras que daría para una enciclopedia. Como lo del coche eléctrico, que no es más que una excusa, pretexto, maine para limitar, tendiendo a cero, la movilidad, la libertad del ganado humano. Los ricachos se compran uno y lo venden de segunda mano, cuando a pesar de su esplendida apariencia vale dos duros, pues las pilas que habrá de reponer valen bastante más que el coche; otro timo de la estampita, como lo del cambio climático y demás gaitas. Ceuta es Ferraz II; y las que vendrán: ya se cansarán.

    1. Es una pena tener que decirlo, pero; el que no llora no mama; y no se trata de pasear pancartas una vez al mes, que no sacan los medios vendidos( 99% ); o rompes algo o pasan de ti. Y claro, no se lo vas a romper a un inocente. La toma de la Bastilla también la hicieron ellos( y las demás ); la manada de ñus no tiene iniciativa, siempre son los leones.

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