ESCUCHAR NOTICIA:Un Gobierno puede estar políticamente agotado, moralmente desacreditado y gravemente cuestionado y, aun así, continuar en el poder mientras conserve una mayoría parlamentaria construida mediante pactos de conveniencia e intereses mutuos.
La democracia queda entonces reducida a una operación aritmética. Mientras el Ejecutivo mantenga 176 votos -o impida que la oposición los reúna- puede sobrevivir a casi cualquier fracaso, escándalo u ocultación. La responsabilidad política ya no depende de la gravedad de lo sucedido, sino de la fidelidad de los socios que sostienen al presidente.
La entrada masiva en Ceuta mostró con crudeza esta debilidad. Decenas de miles de personas alcanzaron territorio español en pocas horas, desbordando la frontera y poniendo en cuestión la capacidad del Estado para proteger una parte de España. Podrá discutirse su calificación jurídica, pero políticamente fue una penetración masiva, simultánea y descontrolada en territorio nacional. No fue solamente una crisis migratoria: fue una crisis de soberanía.
La cuestión exige saber qué conocía el Gobierno, qué información poseían los servicios de inteligencia, qué conversaciones se mantuvieron con Marruecos y por qué no se adoptaron medidas suficientes. También debe aclararse si la dependencia de Rabat condicionó la respuesta española.
Sin embargo, el presidente puede retrasar las explicaciones, refugiarse en el secreto de Estado y confiar en que su mayoría parlamentaria vuelva a protegerlo. Después se vota, los socios cierran filas y todo continúa igual.
Surge así una pregunta decisiva: ¿puede considerarse plenamente legítimo en el ejercicio del poder un Gobierno que no protege eficazmente la integridad territorial, evita explicar sus relaciones con la potencia que presiona nuestras fronteras y permanece en el cargo únicamente porque sus aliados se niegan a retirarle su apoyo?
Los votos otorgan legalidad para gobernar, pero no convierten la imprevisión del Estado en diligencia, ni la ocultación de información en prudencia, ni, por supuesto, la subordinación exterior en diplomacia. Un Gobierno puede conservar la legalidad formal y haber perdido buena parte de su legitimidad moral al incumplir uno de los primeros deberes de la autoridad: proteger la soberanía nacional que le ha sido confiada.
Mociones de censura en España
El problema es que el sistema español no permite destituir a un presidente únicamente por haber perdido la confianza política o haber fracasado gravemente. Para aprobar una moción de censura, la oposición debe reunir 176 votos no solo contra el Gobierno, sino también a favor de un candidato alternativo. Por eso, aunque el presidente haya fallado en una cuestión esencial de soberanía, puede continuar en el poder mientras no exista una mayoría suficiente para nombrar inmediatamente a su sustituto.
Por eso, cuando un Gobierno pierde gravemente su legitimidad moral, hay que trabajar para que pierda también el poder político. La oposición debe exigir documentos, votaciones nominales, investigaciones independientes y explicaciones directas del presidente. La sociedad civil debe reclamar transparencia y recordar a los partidos que sostener al Gobierno significa asumir también la responsabilidad por sus actuaciones.
Asimismo, deberían establecerse mecanismos extraordinarios para las crisis graves de soberanía: comparecencia inmediata del presidente, acceso parlamentario efectivo a la información de inteligencia y consecuencias jurídicas para quien oculte o falsee datos sobre la seguridad nacional.
No se trata de fomentar la inestabilidad, sino de impedir que la estabilidad se convierta en impunidad. Una democracia verdadera no consiste únicamente en votar cada cuatro años. Exige control permanente, verdad pública y capacidad real para sustituir a quien incumple gravemente el mandato recibido.
Ceuta demostró que una frontera puede ser desbordada en pocas horas. También mostró algo todavía más inquietante: que un Gobierno puede fracasar en la protección del territorio, evitar una explicación completa y continuar gobernando como si nada decisivo hubiera ocurrido.
Cuando los votos parlamentarios permiten que un Gobierno sobreviva a cualquier fracaso sin rendir cuentas, la democracia conserva sus apariencias legales, pero el poder termina controlado por unos pocos partidos que se protegen mutuamente.Pulse para escuchar el textoUn Gobierno puede estar políticamente agotado, moralmente desacreditado y gravemente cuestionado y, aun así, continuar en el poder mientras conserve una mayoría parlamentaria construida mediante pactos de conveniencia e intereses mutuos.
La democracia queda entonces reducida a una operación aritmética. Mientras el Ejecutivo mantenga 176 votos -o impida que la oposición los reúna- puede sobrevivir a casi cualquier fracaso, escándalo u ocultación. La responsabilidad política ya no depende de la gravedad de lo sucedido, sino de la fidelidad de los socios que sostienen al presidente.
La entrada masiva en Ceuta mostró con crudeza esta debilidad. Decenas de miles de personas alcanzaron territorio español en pocas horas, desbordando la frontera y poniendo en cuestión la capacidad del Estado para proteger una parte de España. Podrá discutirse su calificación jurídica, pero políticamente fue una penetración masiva, simultánea y descontrolada en territorio nacional. No fue solamente una crisis migratoria: fue una crisis de soberanía.
La cuestión exige saber qué conocía el Gobierno, qué información poseían los servicios de inteligencia, qué conversaciones se mantuvieron con Marruecos y por qué no se adoptaron medidas suficientes. También debe aclararse si la dependencia de Rabat condicionó la respuesta española.
Sin embargo, el presidente puede retrasar las explicaciones, refugiarse en el secreto de Estado y confiar en que su mayoría parlamentaria vuelva a protegerlo. Después se vota, los socios cierran filas y todo continúa igual.
Surge así una pregunta decisiva: ¿puede considerarse plenamente legítimo en el ejercicio del poder un Gobierno que no protege eficazmente la integridad territorial, evita explicar sus relaciones con la potencia que presiona nuestras fronteras y permanece en el cargo únicamente porque sus aliados se niegan a retirarle su apoyo?
Los votos otorgan legalidad para gobernar, pero no convierten la imprevisión del Estado en diligencia, ni la ocultación de información en prudencia, ni, por supuesto, la subordinación exterior en diplomacia. Un Gobierno puede conservar la legalidad formal y haber perdido buena parte de su legitimidad moral al incumplir uno de los primeros deberes de la autoridad: proteger la soberanía nacional que le ha sido confiada.
Mociones de censura en España
El problema es que el sistema español no permite destituir a un presidente únicamente por haber perdido la confianza política o haber fracasado gravemente. Para aprobar una moción de censura, la oposición debe reunir 176 votos no solo contra el Gobierno, sino también a favor de un candidato alternativo. Por eso, aunque el presidente haya fallado en una cuestión esencial de soberanía, puede continuar en el poder mientras no exista una mayoría suficiente para nombrar inmediatamente a su sustituto.
Por eso, cuando un Gobierno pierde gravemente su legitimidad moral, hay que trabajar para que pierda también el poder político. La oposición debe exigir documentos, votaciones nominales, investigaciones independientes y explicaciones directas del presidente. La sociedad civil debe reclamar transparencia y recordar a los partidos que sostener al Gobierno significa asumir también la responsabilidad por sus actuaciones.
Asimismo, deberían establecerse mecanismos extraordinarios para las crisis graves de soberanía: comparecencia inmediata del presidente, acceso parlamentario efectivo a la información de inteligencia y consecuencias jurídicas para quien oculte o falsee datos sobre la seguridad nacional.
No se trata de fomentar la inestabilidad, sino de impedir que la estabilidad se convierta en impunidad. Una democracia verdadera no consiste únicamente en votar cada cuatro años. Exige control permanente, verdad pública y capacidad real para sustituir a quien incumple gravemente el mandato recibido.
Ceuta demostró que una frontera puede ser desbordada en pocas horas. También mostró algo todavía más inquietante: que un Gobierno puede fracasar en la protección del territorio, evitar una explicación completa y continuar gobernando como si nada decisivo hubiera ocurrido.
Cuando los votos parlamentarios permiten que un Gobierno sobreviva a cualquier fracaso sin rendir cuentas, la democracia conserva sus apariencias legales, pero el poder termina controlado por unos pocos partidos que se protegen mutuamente.
Un Gobierno puede estar políticamente agotado, moralmente desacreditado y gravemente cuestionado y, aun así, continuar en el poder mientras conserve una mayoría parlamentaria construida mediante pactos de conveniencia e intereses mutuos.
La democracia queda entonces reducida a una operación aritmética. Mientras el Ejecutivo mantenga 176 votos -o impida que la oposición los reúna- puede sobrevivir a casi cualquier fracaso, escándalo u ocultación. La responsabilidad política ya no depende de la gravedad de lo sucedido, sino de la fidelidad de los socios que sostienen al presidente.
La entrada masiva en Ceuta mostró con crudeza esta debilidad. Decenas de miles de personas alcanzaron territorio español en pocas horas, desbordando la frontera y poniendo en cuestión la capacidad del Estado para proteger una parte de España. Podrá discutirse su calificación jurídica, pero políticamente fue una penetración masiva, simultánea y descontrolada en territorio nacional. No fue solamente una crisis migratoria: fue una crisis de soberanía.
La cuestión exige saber qué conocía el Gobierno, qué información poseían los servicios de inteligencia, qué conversaciones se mantuvieron con Marruecos y por qué no se adoptaron medidas suficientes. También debe aclararse si la dependencia de Rabat condicionó la respuesta española.
Sin embargo, el presidente puede retrasar las explicaciones, refugiarse en el secreto de Estado y confiar en que su mayoría parlamentaria vuelva a protegerlo. Después se vota, los socios cierran filas y todo continúa igual.
Surge así una pregunta decisiva: ¿puede considerarse plenamente legítimo en el ejercicio del poder un Gobierno que no protege eficazmente la integridad territorial, evita explicar sus relaciones con la potencia que presiona nuestras fronteras y permanece en el cargo únicamente porque sus aliados se niegan a retirarle su apoyo?
Los votos otorgan legalidad para gobernar, pero no convierten la imprevisión del Estado en diligencia, ni la ocultación de información en prudencia, ni, por supuesto, la subordinación exterior en diplomacia. Un Gobierno puede conservar la legalidad formal y haber perdido buena parte de su legitimidad moral al incumplir uno de los primeros deberes de la autoridad: proteger la soberanía nacional que le ha sido confiada.
Mociones de censura en España
El problema es que el sistema español no permite destituir a un presidente únicamente por haber perdido la confianza política o haber fracasado gravemente. Para aprobar una moción de censura, la oposición debe reunir 176 votos no solo contra el Gobierno, sino también a favor de un candidato alternativo. Por eso, aunque el presidente haya fallado en una cuestión esencial de soberanía, puede continuar en el poder mientras no exista una mayoría suficiente para nombrar inmediatamente a su sustituto.
Por eso, cuando un Gobierno pierde gravemente su legitimidad moral, hay que trabajar para que pierda también el poder político. La oposición debe exigir documentos, votaciones nominales, investigaciones independientes y explicaciones directas del presidente. La sociedad civil debe reclamar transparencia y recordar a los partidos que sostener al Gobierno significa asumir también la responsabilidad por sus actuaciones.
Asimismo, deberían establecerse mecanismos extraordinarios para las crisis graves de soberanía: comparecencia inmediata del presidente, acceso parlamentario efectivo a la información de inteligencia y consecuencias jurídicas para quien oculte o falsee datos sobre la seguridad nacional.
No se trata de fomentar la inestabilidad, sino de impedir que la estabilidad se convierta en impunidad. Una democracia verdadera no consiste únicamente en votar cada cuatro años. Exige control permanente, verdad pública y capacidad real para sustituir a quien incumple gravemente el mandato recibido.
Ceuta demostró que una frontera puede ser desbordada en pocas horas. También mostró algo todavía más inquietante: que un Gobierno puede fracasar en la protección del territorio, evitar una explicación completa y continuar gobernando como si nada decisivo hubiera ocurrido.
Cuando los votos parlamentarios permiten que un Gobierno sobreviva a cualquier fracaso sin rendir cuentas, la democracia conserva sus apariencias legales, pero el poder termina controlado por unos pocos partidos que se protegen mutuamente.
6 respuestas a «Ceuta y una democracia secuestrada por la aritmética parlamentaria»
Creo que España es el único país del mundo en el que sus fronteras pueden ser violadas impúnemente por los extranjeros (digamos marroquíes, argelinos, subsaharianos, etc.) sin que nadie se lo impida ni tengan que pagar ningún castigo penal por haberlo hecho. Los más de 70.000 extranjeros que entraron en Ceuta ilegalmente, tanto a pie como a nado, no fueron detenidos por ningún policia ni por ningún militar español y vagaron libremente por las calles de esa ciudad sin que nadie les pidiera la documentación y cuando muchos de ellos decidieron volver a Marruecos lo hicieron por su propia voluntad, no porque les obligaran los policías o los militares españoles. De los 5.000 o 6.000 inmigrantes ilegales que todavía siguen en Ceuta (que están cometiendo numerosos delitos que se silencian por los medios de comunicación progres) ninguno ha sido detenido y enviado a la frontera para ponerlo a disposición de la policía de Marruecos.
No puedo asegurar que lo que se dice en este video sea cierto al 100% pero aunque solamente lo fuera al 10% ya sería muy preocupante para la población de Ceuta. https://www.youtube.com/watch?v=iSWNY9qavw0
En realidad lo que esta acabado es el sistema politico que ha conseguido que los españoles vean ataques del calibre del que ha tenido lugar en Ceuta y Melilla sin mover una pestaña mientras los medios de comunicación se vuelcan en cagar lastimas a favor de los asaltantes.
¿Creen Vd que el prefecto capullo del PP llamado Feijoo va a mejorar algo en la piel de toro?
Si lo creen están Vds al cabo de la calle y necesitan con urgencia atención psiquiátrica
Hace ya muchos años que el Parlamento no representa realmente al pueblo español.
Solo «representan» los intereses de las partidas (no es un error) políticas, con mando en plaza.
En pocas palabras se define la situación: Abascal gana las elecciones, el PP/Vonderbrujen/Agenda del gobierno mundial, se alía con el sarraceno/marroquí/Kalergi, para gobernar a las ordenes del Sistema cabalista, y proclaman al ganador de las elecciones, persona no grata. Con eso está dicho todo. Más de lo mismo. Y sin que haga falta entrar en lo que es o representa Abascal/Vox; no hace falta. Baste decir que sus votantes si tienen claras las cosas, y por eso se les margina y aparta del poder, sobre todo en zonas calientes como esas ciudades españolas históricas, en el punto de mira del marrano. Y si llegara a suponer un problema esos españoles, pues se les vuelve a engañar como hizo y hace el PPsoe, pues la apisonadora de Don Dinero no se detiene.
¿Se equivocaba Franco cuando desconfiaba totalmente de los partidos políticos?. La respuesta la tenemos ante las narices reiteradamente. Franco vio esto mismo antes de tener que poner orden, y en la verdadera historia de los siglos precedentes. Todo lo que se puede comprar está vendido.
Cuanto mayor sea la cantidad de representantes de una nación, o división territorial, más difícil le será a Don dinero/el marrano comprarlos( o amenazarlos ) a todos( o al 51% ). Eso es lo que hizo el Generalísimo, diversificar y aumentar la representación; y por ese único motivo.
En los Protocolos, se deja clara la trampa de las pseudo democracias, desde el momento en que toda la maquinaria de las mismas está en venta a través de las logias.
Creo que España es el único país del mundo en el que sus fronteras pueden ser violadas impúnemente por los extranjeros (digamos marroquíes, argelinos, subsaharianos, etc.) sin que nadie se lo impida ni tengan que pagar ningún castigo penal por haberlo hecho. Los más de 70.000 extranjeros que entraron en Ceuta ilegalmente, tanto a pie como a nado, no fueron detenidos por ningún policia ni por ningún militar español y vagaron libremente por las calles de esa ciudad sin que nadie les pidiera la documentación y cuando muchos de ellos decidieron volver a Marruecos lo hicieron por su propia voluntad, no porque les obligaran los policías o los militares españoles. De los 5.000 o 6.000 inmigrantes ilegales que todavía siguen en Ceuta (que están cometiendo numerosos delitos que se silencian por los medios de comunicación progres) ninguno ha sido detenido y enviado a la frontera para ponerlo a disposición de la policía de Marruecos.
No puedo asegurar que lo que se dice en este video sea cierto al 100% pero aunque solamente lo fuera al 10% ya sería muy preocupante para la población de Ceuta.
https://www.youtube.com/watch?v=iSWNY9qavw0
En realidad lo que esta acabado es el sistema politico que ha conseguido que los españoles vean ataques del calibre del que ha tenido lugar en Ceuta y Melilla sin mover una pestaña mientras los medios de comunicación se vuelcan en cagar lastimas a favor de los asaltantes.
¿Creen Vd que el prefecto capullo del PP llamado Feijoo va a mejorar algo en la piel de toro?
Si lo creen están Vds al cabo de la calle y necesitan con urgencia atención psiquiátrica
Hace ya muchos años que el Parlamento no representa realmente al pueblo español.
Solo «representan» los intereses de las partidas (no es un error) políticas, con mando en plaza.
En pocas palabras se define la situación: Abascal gana las elecciones, el PP/Vonderbrujen/Agenda del gobierno mundial, se alía con el sarraceno/marroquí/Kalergi, para gobernar a las ordenes del Sistema cabalista, y proclaman al ganador de las elecciones, persona no grata. Con eso está dicho todo. Más de lo mismo. Y sin que haga falta entrar en lo que es o representa Abascal/Vox; no hace falta. Baste decir que sus votantes si tienen claras las cosas, y por eso se les margina y aparta del poder, sobre todo en zonas calientes como esas ciudades españolas históricas, en el punto de mira del marrano. Y si llegara a suponer un problema esos españoles, pues se les vuelve a engañar como hizo y hace el PPsoe, pues la apisonadora de Don Dinero no se detiene.
¿Se equivocaba Franco cuando desconfiaba totalmente de los partidos políticos?. La respuesta la tenemos ante las narices reiteradamente. Franco vio esto mismo antes de tener que poner orden, y en la verdadera historia de los siglos precedentes. Todo lo que se puede comprar está vendido.
Cuanto mayor sea la cantidad de representantes de una nación, o división territorial, más difícil le será a Don dinero/el marrano comprarlos( o amenazarlos ) a todos( o al 51% ). Eso es lo que hizo el Generalísimo, diversificar y aumentar la representación; y por ese único motivo.
En los Protocolos, se deja clara la trampa de las pseudo democracias, desde el momento en que toda la maquinaria de las mismas está en venta a través de las logias.