¿Coches eléctricos?

Recientemente, en Mayo, nuestro cada día más patético Congreso –patético por los que lo okupan–, aprobó la denominada Ley de Cambio Climático y Transición Energética, por la cual se nos anima, o sea, se nos va a obligar, a transformar nuestra sociedad para hacerla «verde» por mor de una supuesta necesidad de conservación de nuestro medio ambiente, de nuestros clima, etcétera. Dos son los pilares de dicha ley: el uso de energías «renovables» y la obligatoriedad de los vehículos eléctricos para el transporte privado. Ahí es nada. Es decir, dos nuevos atentados contra nuestro derecho a decidir, contra nuestra libertad personal. Por ello, una nueva legislación globalista y totalitaria.

Los vehículos a gasolina/gasoil, han dominado desde la aparición de los motores de combustión el transporte tanto público como privado. Por algo será, y ello a pesar de que son muy antiguos, casi desde el mismo nacimiento del motor de combustión, los movidos por vapor o agua, pero… los de gasolina se impusieron por sus máximas prestaciones.

Ahora, llegan los eléctricos y híbridos como una novedad que… los gobiernos, curiosamente todos al unísono, a caballo del globalismo infecto que nos atenaza cada día un poco más, promocionan a bombo y platillo. Y eso a pesar de que son más caros y poseen características muy inferiores a los de combustión interna. La cuota de mercado conseguida por esta «novedad» alcanza, incluso con las numerosas ayudas que se le prestan –agresiva publicidad e incluso coacciones para que se compren–, apenas el 2,5 por ciento. Por algo será.

Los vehículos eléctricos «normales» no consiguen superar una media de autonomía de 300 km. ¿Aumentará? Puede que sí, pero no lo que dicen ni esperan muchos, porque siempre tendrán la rémora del peso de las baterías que aumenta considerablemente el peso del vehículo; lo que reduce espacio de carga (maletero).

Los vehículos eléctricos «normales» tienen la vida límite que tienen sus baterías que se sitúa (cargas y descargas) en unos 150.000Km.  Ello crea un problema de difícil solución: o más vida de la batería o más autonomía.

Los vehículos eléctricos «normales» utilizan baterías de litio, mineral del que el Congo concentra el 50 por ciento de las reservas mundiales, siendo el principal productor único de él. Para qué hablar de las condiciones de explotación de dichas minas en lo referente a sus «mineros» –muchos de ellos niños– y para qué decir que dichas minas están en manos chinas.

Los vehículos eléctricos «normales» implican un mayor consumo de electricidad y… pues ya lo ven, con las «eléctricas» hemos topado, con ese 60 por ciento de impuestos con que nuestros gobiernos, todos, nos recargan nuestras facturas eléctricas. Imagínense ahora las inversiones en modernización y desarrollo de las infraestructuras eléctricas que harían falta para satisfacer la demanda de los coches eléctricos si todos compramos uno o dos por familia.

Los vehículos eléctricos «normales», a pesar de lo que tanto bocazas políticamente correcto vocifera, no asegura ni mucho menos la reducción de las emisiones de CO2 (que no son además las más perjudiciales); y esto está ya científica y técnicamente demostrado con datos comparados entre los eléctricos y los de gasolina.

Así pues, la «flamante» Ley de Cambio Climático y Transición Energética que nuestros dirigentes de todos los partidos y el coro anexo de «verdes» ha aplaudido tan entusiastamente, y que el vulgo aborregado se está tragando como si de un avance esencial para nuestro futuro se tratara, es un engaño más del globalismo totalitario marxistoide que nos sepulta cada día un poco más, y que si no luchamos contra él será una nueva causa de nuestra próxima miseria a no tardar mucho.


Una respuesta a «¿Coches eléctricos?»

  1. Se dice que (entre otros lugares) en Bolivia y Afganistán hay mucho licio. Pero cuando el licio se agote, de que van a hacer las baterias? de alfalfa?

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