Cómo los españoles cambiaron el mundo. La historia vista como gestión de proyectos

INTRODUCCIÓN

Los tres viajes más trascendentales de la Historia fueron el primer viaje de Colón (1492-1493), la circunnavegación de la expedición Magallanes-Elcano (1519-1522) y el tornaviaje de Andrés de Urdaneta (1565). Los tres tuvieron el patrocinio de monarcas españoles: los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II.

Fueron trascendentales porque a través de ellos se descubrió la existencia de un nuevo continente, se atravesó un océano inmenso en la otra parte del mundo y se hicieron multitud de hallazgos geográficos. Pero sobre todo fueron trascendentales porque dieron lugar a la primera globalización del comercio mundial, lo que implicó consecuencias económicas, culturales, tecnológicas, políticas, demográficas…

En las siguientes páginas se resume la historia de estos viajes desde un punto de vista de la gestión de proyectos, es decir, analizando la viabilidad, objetivos, resultados y consecuencias de cada uno.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Desde el tiempo de los romanos, al menos, hubo comercio entre el Lejano Oriente y Europa. Dado que el origen se cree fue la demanda romana de un tejido de sorprendentes propiedades llamado seda, las rutas comerciales se denominaron en su conjunto Ruta de la Seda. Esta llegaba desde China a Europa por tierra, tras atravesar Asia Central por diferentes vías.

Otras veces, las caravanas cruzaban de norte a sur el actual Pakistán hasta llegar al mar de Arabia (o mar de Omán). Allí sus valiosas mercancías se embarcaban y continuaban el viaje por el golfo Pérsico, o incluso por el mar Rojo.

El comercio no era solo de seda. Perfumes, tapices, perlas, especias eran productos que Oriente también ofertaba y que Occidente demandaba. Viajaban a Europa desde orígenes tan remotos para los europeos como Catai (China), Cipango (Japón), India o el sudeste de Asia. Algunos eran casi legendarios, como las islas del Maluko. En estos casos, la ruta era marítima porque las mercancías se transportaban por el océano Índico y otros mares del sur y sureste de Asia.

En el siglo XVI, las especias eran un bien muy apreciado en Europa. Muchas, como la canela, el cardamomo, la cúrcuma, el jengibre, la pimienta negra, el clavo o la nuez moscada venían de diferentes lugares de Asia. El clavo y la nuez moscada eran además endémicas del Maluko, o islas de la Especiería, las actuales Molucas. Ambas especias alcanzaban unos precios altísimos.

La demanda de las especias se debía a varios factores. En primer lugar, eran un condimento. En una época en que los alimentos podían no estar siempre en buen estado, o debían salarse para su conservación, las especias eran una forma de mejorar los sabores. En segundo lugar, la medicina de la época atribuía a las especias propiedades farmacológicas. Existían muchas fórmulas magistrales con las que se intentaban curar todo tipo de males. En tercer lugar, por su elevado precio, las especias se convirtieron también en un elemento de ostentación y lujo, al que recurrían las clases pudientes.

En 1453, los turcos otomanos conquistaron Constantinopla, la capital del ya muy decadente Imperio Bizantino o Romano de Oriente. Había sobrevivido 1000 años al Imperio Romano de Occidente, pero aquel fue su final.

Los turcos dominaron también Grecia y los Balcanes, la península de Anatolia, Egipto y directa o indirectamente, el norte de África.

La consecuencia fue que todas las variantes de la Ruta de la Seda debían atravesar territorios otomanos. Esto no significó el fin del comercio con Oriente, pero sí que pudiera interrumpirse dependiendo de la situación política o bélica de cada momento y, sobre todo, que los aranceles aumentaron a voluntad de los turcos. Además, las repúblicas de Venecia, Génova y Pisa obtuvieron de los otomanos un monopolio de facto para la comercialización de las especias en Europa, lo que disparó aún más los precios, hasta el punto de igualar, incluso superar, el del oro. Había que encontrar una alternativa y Portugal y Castilla aceptaron el reto.

EL PRIMER VIAJE DE COLÓN

Colón presentó a los Reyes Católicos un proyecto para encontrar una nueva ruta por la que alcanzar las costas de Asia. Su propuesta era navegar hacia el occidente, atravesando el océano Atlántico, entonces conocido como mar Océana o mar Tenebroso.

En la actualidad, antes de acometer un proyecto, se suele recurrir a un análisis DAFO, que permite obtener una visión global y valorar todo lo relacionado con dicho proyecto. La D representa las debilidades, es decir, los posibles problemas por causas internas. La A son las amenazas, los potenciales problemas por causas externas. La F se refiere a las fortalezas, los aspectos en los que se es mejor que posibles competidores. Por último, la O son las oportunidades que ofrece el éxito del proyecto.

Las debilidades del de Colón estaban en que la navegación oceánica, de altura, estaba poco desarrollada, pese a los instrumentos utilizados, como la aguja de marear (brújula), el astrolabio o el cuadrante, en su mayoría de origen árabe o chino. Además, se sabía que la tierra era redonda, pero no se conocían sus dimensiones1. Se podía medir la latitud de un punto de la superficie terrestre2, pero no se sabía cómo hacerlo con la longitud, con la precisión necesaria.

Las amenazas del proyecto estribaban en que se trataba de un viaje a lo desconocido. No estaba claro qué encontrarían, ni si lograrían llegar a Asia. Además, no había certeza de poder regresar.

En una época en que la navegación dependía de vientos, corrientes y de la meteorología, podía ser un viaje sin retorno.

Otra amenaza la constituían las posibles reticencias portuguesas. Juan II de Portugal había rechazado el proyecto de Colón, antes de que este se lo presentara a los Reyes Católicos. Pero el tratado de Alcazobas-Toledo, firmado en 1479 entre los reyes de Castilla y Aragón por un lado y de Portugal por otro, introducía limitaciones a la navegación castellana por el Atlántico y la costa africana. El tratado también reconocía la soberanía portuguesa sobre Madeira, las Azores y Cabo Verde y la castellana sobre las Canarias.

Entre las fortalezas estaban que castellanos y aragoneses tenían experiencia en la navegación a largas  distancias.  Los   aragoneses   habían  recorrido  todo   el   Mediterráneo.  Los   castellanos comerciaban asiduamente con Flandes, Inglaterra y hoy se sabe que llegaban hasta el Báltico. Los pescadores de la cornisa cantábrica eran los que más se atrevían a adentrarse en el Atlántico, a menudo a la caza de ballenas.

La consecuencia era que se disponía de amplia experiencia en construcción naval y de una marinería experimentada.

A lo anterior había que sumar el deseo de invertir por parte de una nobleza en decadencia, controlada por los Reyes Católicos, y el espíritu de cruzada de la reina Isabel la Católica.

Las oportunidades que ofrecía el proyecto radicaban en la posibilidad de conseguir los metales preciosos, que sustentaban el comercio y de los que había gran escasez en Europa. El oro llegaba sobre todo a Lisboa, desde las costas del África subsahariana. Además, se buscaba satisfacer la demanda de bienes de consumo, entre los que se encontraban por supuesto las especias, pero también otros productos, como el azúcar.

Eludir a los intermediarios en el comercio con Asia era otra de las oportunidades que ofrecía el proyecto, así como encontrar alternativas a las limitaciones de expansión impuestas a Castilla en Alcazovas.

Tras un análisis equivalente al anterior, se firmaron las capitulaciones de Santa Fe, un contrato entre la corona y Colón en el que se estipulaban los objetivos, condiciones, recompensas y obligaciones de cada parte.

Todo proyecto debe (o debería) tener bien especificados sus objetivos. En el de Colón se recogían dos principales: descubrir y ganar tierras, lo que puede verse como un objetivo imperialista, y conseguir perlas, piedras preciosas, oro, plata y especias, que es un objetivo económico.

Las capitulaciones de Santa Fe no mencionaban explícitamente ni el tema evangelizador (que sí aparecía en un salvoconducto entregado a Colón junto con las Capitulaciones) ni llegar a Cipango y Catai. No parece que los Reyes Católicos confiaran demasiado en que Colón tuviera un éxito completo, pero sí que valía la pena intentarlo.

Los resultados de este proyecto fueron el descubrimiento de un nuevo continente, aunque de eso solo se sería consciente años después, y el de la ruta de regreso. No se logró llegar a Oriente ni a la Especiería, objetivo último de Colón.

Las consecuencias del primer viaje de Colón fueron el comienzo de un periodo de exploraciones y expansión territorial y el establecimiento de una gran ruta comercial entre España y América.

Un ejemplo de estas consecuencias es el mapamundi dibujado por el navegante y cartógrafo Juan de la Cosa en fecha tan temprana como 15003 y que ofrecía una visión nueva del mundo.

La gran ruta comercial transatlántica daría lugar al sistema de convoyes conocido como la Flota de Indias, que enlazaría a Sevilla con el Nuevo Continente.

LA PRIMERA CIRCUNNAVEGACIÓN

El descubrimiento de América reavivó el interés por alcanzar las islas de la Especiería. Portugal había comenzado antes su carrera y ya en 1488 el navegante Bartolomé Díaz había alcanzado el cabo de Buena Esperanza. El primer viaje de Colón puso de manifiesto una competencia entre Portugal y España, que podía desembocar en enfrentamientos.

A fin de prevenir conflictos, en fecha tan temprana como 1493, el Papa Alejandro VI emitió cuatro documentos pontificios, conocidos como Bulas Alejandrinas. En ellas se reconocía el derecho de los Reyes de Castilla y León al dominio de las nuevas tierras descubiertas o por descubrir, así como el monopolio del comercio con ellas. Como contrapartida se debía evangelizar a sus habitantes.

Además, dividía el mundo en dos partes mediante un meridiano. Al oeste de él estarían los dominios exclusivos de los castellanos y al este los de los portugueses. Negociaciones directas entre España y Portugal dieron como resultado la firma en 1494 del Tratado de Tordesillas. El meridiano papal se desplazaba, en beneficio de los portugueses, hasta situarse a 370 leguas al oeste de las islas de Cabo Verde.

La carrera continuó. En 1498, el portugués Vasco de Gama logró llegar a la India.

En 1503 se fundó la Casa de la Contratación de las Indias (nombre que aparece en los documentos de la época) en Sevilla, para controlar la actividad comercial, el tránsito de personas y las expediciones entre España y América. También se formaban pilotos y se elaboraba el Padrón Real, mapa que recogía la información cartográfica aportada por sucesivos viajes. El Padrón era el modelo para los mapas y cartas náuticas utilizados por todos los barcos españoles. Por las tareas desempeñadas, la Casa de Contratación ha sido descrita como la NASA del siglo XVI. El mundo estaba cambiando.

En 1512, una expedición portuguesa alcanzó por fin las Molucas. Se diría que habían ganado la carrera a los castellanos, pero ocurrieron más cosas. En 1513, Vasco Núñez de Balboa avistó la Mar del Sur, luego rebautizado océano Pacífico.

En 1517, un portugués que se naturalizaría español, Hernando de Magallanes, acompañado del cosmógrafo también portugués Ruy Faleiro4, se desplazó a Sevilla. Allí propusieron alcanzar las Molucas, pero navegando por occidente, respetando por tanto el tratado de Tordesillas5. Recibió importantes apoyos en la Casa de Contratación y también por parte del comerciante Cristóbal de Haro y del obispo Juan Rodríguez Fonseca, promotor de la creación de la citada Casa. Esto le permitió presentar el proyecto al recién llegado a España, el nuevo rey Carlos I y en pocos meses, tener firmadas unas capitulaciones.

El proyecto contemplaba tres objetivos principales: encontrar un paso desde el océano Atlántico al mar del Sur, llegar a las islas del Maluko y regresar a España por una ruta que respetase el tratado de Tordesillas.

Tras unos laboriosos preparativos, 5 naves partieron de Sevilla en agosto de 1519. Fue un azaroso viaje en el que hubo un motín, una nave embarrancó y se hundió, otra desertó y regresó a la península, una tercera hubo que quemarla por no disponer de suficientes hombres para tripularla y una cuarta fracasó en su intento de regresar. Además, Magallanes murió durante la expedición. Los resultados fueron alcanzar dos de sus objetivos: encontrar un paso desde el Atlántico Sur al Mar del Sur, hoy estrecho de Magallanes, y llegar a las islas de las especias.

Lo que no lograron fue regresar a España respetando el tratado de Tordesillas. Gonzalo Gómez de Espinosa, al mando de la nao Trinidad, intentó hacer el tornaviaje hacia Panamá, pero tuvo que regresar a las Molucas donde los pocos supervivientes fueron apresados por los portugueses. Elcano por su parte condujo a la nao Victoria en una navegación épica, saliendo de Timor, cruzando el océano Índico bastante al sur de las rutas portuguesas y sin hacer ninguna escala hasta Cabo Verde. Su viaje supuso la gesta de completar la primera circunnavegación.

La increíble aventura de la expedición Magallanes-Elcano dejó otros resultados imprevistos: lograron atravesar un océano inmenso y desconocido, fueron los primeros europeos que llegaron a la isla de Guam y al archipiélago de San Lázaro, hoy Filipinas, cruzaron el océano Índico por una ruta nueva, confirmaron empíricamente la redondez de la tierra y consiguieron regresar con un barco cargado de clavo, lo que hizo que la expedición resultase un éxito económico.

Con la primera circunnavegación apenas se consiguió mejorar el conocimiento de las dimensiones del planeta, lo que dejaba dos cuestiones pendientes. La primera era si el Maluko quedaba en el hemisferio portugués o en el español, ya que no se sabía por dónde pasaba el antimeridiano del tratado de Tordesillas. La segunda era la necesidad de encontrar una ruta de regreso atravesando el Pacífico. Dadas sus dimensiones y la difícil navegación por el estrecho de Magallanes, esa ruta debería conducir a América, a la costa de los territorios recientemente conquistados por Hernán Cortés y que unos años después constituirían el virreinato de la Nueva España.

EL TORNAVIAJE DE URDANETA

En los siguientes años se organizaron una serie de expediciones. Entre sus objetivos estaba siempre encontrar una ruta cuyos vientos y corrientes permitieran realizar el tornaviaje.

Sin embargo, la corona española tenía un objetivo estratégico más ambicioso: poder comerciar directamente, no solo con las Molucas, sino con China y Oriente en general. Es decir, tenían el proyecto de organizar una nueva ruta de la seda a través del Pacífico.

La expedición siguiente a la de Magallanes-Elcano, conocida como la expedición de García Jofre de Loaísa, salió en 1525 de La Coruña, donde se había organizado una Casa de Contratación de las Especias. Llevaba a Elcano como piloto mayor. Él y Loaísa fallecieron durante la travesía del Pacífico. Solo un barco logró llegar a las Molucas. Allí se enfrentaron durante años a los portugueses, aliados unos y otros con distintos grupos indígenas. Resistieron en buena medida porque Hernán Cortés envió desde el puerto de Zihuatanejo, en el Pacífico mexicano, una expedición de socorro al mando de su pariente Álvaro de Saavedra. También esta vez solo una nave consiguió llegar a las Molucas, la primera que atravesaba el Pacífico desde México. Se hicieron dos intentos de realizar el tornaviaje, pero ambos fracasaron, teniendo que regresar al punto de partida, la isla de Tidore.

En 1529, España y Portugal, donde reinaban Carlos I y Juan III respectivamente, negociaron un acuerdo y firmaron el tratado de Zaragoza. Carlos cedía la soberanía del Maluko a Portugal a cambio de una cuantiosa suma de dinero Esto implicaba reconocer que el antimeridiano de Tordesillas dejaba a las islas de las especias en zona española. Pero Carlos necesitaba ese dinero para financiar sus inacabables guerras en Europa y, recién casado con Isabel de Portugal, prefería evitar una guerra con los vecinos ibéricos.

Entre los supervivientes de las expediciones de Loaísa y Saavedra repatriados estaba Andrés de Urdaneta. Era natural de Villafranca, hoy Ordizia, localidad muy cercana a Guetaria, de donde era Elcano. Probablemente fue este quien le llevó en la expedición, a la que fue en calidad de sobresaliente de Loaísa6. Dotado de gran inteligencia y capacidad de observación, durante su estancia en las Molucas recopiló todo tipo de datos relacionados con la geografía, vientos, corrientes, climatología, comercio, demografía… Al llegar a Lisboa, los portugueses le requisaron toda la información escrita que llevaba, pero una vez en España y con su prodigiosa memoria, fue capaz de reescribir la mayor parte de la documentación confiscada.

Andrés de Urdaneta

Otra expedición partió en 1542 de Puerto de Navidad, en el Pacífico mexicano. La dirigía Ruy López de Villalobos7 y en su organización había participado Andrés de Urdaneta, que sin embargo no viajaba en ella. Su objetivo era el archipiélago de San Lázaro, al que Villalobos renombró Felipinas, luego Filipinas. Esta expedición descubrió y exploró numerosas islas del Pacífico, como las Carolinas, Palaos o Nueva Guinea (descubierta por Saavedra). Intentó dos veces el tornaviaje, fracasando en ambas. Al final tuvieron que navegar hasta las Molucas y negociar con los portugueses su repatriación.

En 23 años habían fracasado cinco intentos de tornaviaje, se habían perdido muchas vidas y malgastado mucho dinero. Pero de los fracasos se aprende y con un objetivo claro y experiencia casi siempre se alcanza ese objetivo. Esto es lo que ocurrió con la siguiente expedición, la de Legazpi-Urdaneta.

Felipe II sostenía que las Filipinas caían dentro de la demarcación española del tratado de Zaragoza y quiso organizar otra expedición con tres objetivos. El primero, establecer un asentamiento en Filipinas para asegurar la presencia española en Oriente. El segundo, predicar la fe cristiana. El tercero, encontrar la ruta del tornaviaje. Sin alcanzar este último los dos primeros eran inviables. No servía de nada un asentamiento al que se podía ir, pero no volver.

Tras unos largos y accidentados preparativos – hasta hubo un terremoto que obligó a reparar varias naves – la nueva expedición salió en noviembre de 1564 de Puerto de Navidad, igual que la de Villalobos. La mandaba Miguel López de Legazpi y fray Andrés de Urdaneta era el cosmógrafo. Urdaneta se había metido a fraile agustino y opinaba que las Filipinas no se encontraban dentro de la demarcación española. Pero también había afirmado que el tornaviaje era posible y que él podría hacerlo hasta en una carreta si fuera necesario. Por eso, Felipe II le hizo salir del convento mexicano en el que se encontraba y le obligó a participar en una empresa en la que muchos de sus integrantes eran ya novohispanos.

La expedición llegó a Cebú en mayo de 1565 fundando allí el primer asentamiento español en las Filipinas. Solo unos días después, el 1 de junio, partió la nao San Pedro. El capitán era Felipe de Salcedo, criollo y nieto de Legazpi. El piloto mayor era Andrés de Urdaneta. Solo tenían un objetivo: encontrar una ruta de regreso a Nueva España.

Salieron al Pacífico por el estrecho de San Bernardino, entre las islas de Luzón y Samar, y pusieron rumbo norte. Navegaron no sin dificultades porque a mediados de julio aparecieron calmas y en la segunda mitad de agosto el viento era fluctuante. Por fin, cuando estaban a la altura del paralelo 40, encontraron vientos del oeste lo que, junto con la corriente del Kuroshio, les permitió cruzar el Pacífico.

Cuando por fin avistaron la costa del continente americano, más o menos a la altura del cabo Mendocino, costearon ayudados por la corriente de California. Urdaneta quiso pasar de largo Puerto de Navidad y navegó una semana más hasta Acapulco, que estaba más próximo a Ciudad de México y contaba con una excelente bahía.

Llegaron a su destino el 8 de octubre de 1565, tras 130 días de navegación. 30 tripulantes habían muerto y otros muchos venían enfermos de escorbuto. Pero habían logrado su objetivo. Atravesar el Pacífico de oeste a este era posible.

Pero Urdaneta no fue el primero en hacer el tornaviaje. Un pequeño barco, el patache San Lucas, capitaneado por Alonso de Arellano y pilotado por el mulato Lope Martín, se había separado de la expedición de Legazpi. Arellano llegó a Mindanao, cargó el barco de canela y, conocedor de los planes de Urdaneta, consiguió regresar a Puerto de Navidad el 9 de agosto de 1565, dos meses antes que el piloto agustino. Pero su viaje, que fue dramático, no tuvo transcendencia. Un proyecto no basta con ejecutarlo, hay que acabarlo bien, hay que generar la documentación adecuada y completa que permita repetirlo. En eso fue muy superior el minucioso fraile, lo que unido a que Legazpi acusó a Arellano de deserción, dejo al primero la gloria que merecía. Además, Urdaneta no se limitó con ir a la Real Audiencia de México e informar al virrey, sino que siguió viaje a España donde le recibió Felipe II. El rey le puso en contacto con una junta de cosmógrafos a los que mostró la documentación de su viaje8.

El resultado de los trabajos de Urdaneta, en el mar y en la Corte, fue permitir el establecimiento de una línea de navegación que había de sostener el comercio entre Filipinas y México. A pesar de la dureza del viaje, que podía requerir hasta 5 o 6 meses en el mar y sin escalas, esta línea, conocida como el Galeón de Manila, la Nao de la China y otros nombres, perduró 250 años, hasta 1815.

Urdaneta fue quién completó el proyecto de Colón y por eso se le suele llamar el Colón de Pacífico. El proyecto estratégico de los monarcas españoles, la nueva ruta de la seda a través del mayor océano de la tierra se había logrado.

A partir del tornaviaje de Urdaneta se pudo comerciar directamente entre Asia y América, dos continentes que nunca habían estado en contacto. Y como dijimos al principio, el comercio no es solo intercambio de bienes materiales, lo es también de personas, culturas, tecnologías… El mundo había vuelto a cambiar y lo habían vuelto a conseguir los españoles.

Para hasta el Tuétano

1.- Colón se basó en cálculos del cosmógrafo italiano Paolo dal Pozo Toscanelli, que establecían en 29.000 Km la circunferencia terrestre (en vez de los 40.000 reales), un error de casi el 30%. Por contra, Eratóstenes de Cirene ya había calculado con precisión las dimensiones de la Tierra en el siglo III a.C.
2.- Una descripción detallada del procedimiento para medir la latitud puede encontrarse en https://www.rutaelcano.com/navegacion
3.- Juan de la Cosa acompañó a Colón en su primer y segundo viaje y participó en total en siete de los primeros viajes a América.
4.- Ruy Faleiro tenía un carácter muy difícil y terminó enloqueciendo. Por eso no llegó a embarcarse con Magallanes.
5.- Magallanes manejaba mejores datos que Colón, pero aun así su estimación de la longitud de la circunferencia terrestre era alrededor de un 15% menor que la real.
6.- En el documento del Archivo General de Indias AGI, Contaduría, 427, f.87 v se dice: deben pagarse a Andrés de Urdaneta 46 ducados oro, 18.000 maravedíes. por el sueldo que se le debe como sobresaliente del comendador Loaísa.
7.- Previa a la de Villalobos, en 1537 hubo otra expedición que intentó llegar a las Molucas. Hernán Cortés envió desde Nueva España a Hernando de Grijalva con dos barcos con ayuda para Francisco Pizarro, que tenía problemas en Perú. Una vez cumplida su misión, Grijalva partió del puerto de Paita con una nave a explorar el océano Pacífico. En un momento dado la tripulación se amotinó y le exigió dirigirse a las Molucas. Al negarse, por ser zona de soberanía portuguesa, lo asesinaron. Los amotinados ni llegaron a las islas de la Especiería ni lograron regresar a Nueva España. Terminaron naufragando en Nueva Guinea, donde los portugueses rescataron a unos pocos supervivientes en 1539.
8.- Urdaneta regresó a su convento de Ciudad de México, donde murió en 1568, a los 60 años.

5 respuestas a «Cómo los españoles cambiaron el mundo. La historia vista como gestión de proyectos»

    1. Mi tatarabuelo fue D. Ignacio Aldasoro Larrumbide Carquizano, fue Primer teniente de Alcalde de Bergara y notario de Elgoibar. Mi abuelo se llamaba Román Aldasoro Churruca y a la muerte de D. Ignacio, se trasladaròn a residir en Madrid . Mi padre fue Ángel Aldasoro Campoamor, ya fallecido.
      Mi nombre en Ángel Aldasoro Herrero, resido en Madrid y tambien tengo casa en Cantabria, me he dedicado a la promoción inmobiliaria y construcción de edificios, en la actualidad con 87 años he delegado parte de mi ocupación
      en mis hijos. Aunque sigo en activo. Mi hija Bárbara Aldasoro, es arquitecto.
      Me ha causado grata impresión conocer la existencia de mas descendientes Aldasoro, que todavía estamos en vida y orgullosos de nuestros ancestros. Me gustaría mantener relación epistolar mediante correo electrónico.
      Posiblemente perteneces la familia de Caballero-Aldasoro, que ocupó un cargo en el Ministerio de Comercio en Madrid.

  1. Excelente trabajo, muchas gracias.
    La anterior expedición la de Loaisa o Loaysa fue una aventura muchísimo mayor que se deberia escribir por su enorme interés y, sobre todo, porque la mayoría de los que dirigieron dicha expedición eran marinos GUIPUZCOANOS, todos ellos fieles a su FE y a su emperador Carlos V… Elcano, Carquizano, Urdaneta…
    El «cura» Urdaneta se «apuntaba» a todas las expediciones… posiblemente porque era el mejor piloto.
    Carquizano aparece en algunos libros como «Zarquizano» y su nombre real es Juan Vicente Iñiguez de Carquizano, con «C».
    Mi tatarabuelo Domingo Aldasoro Larrumbide era descendiente de Carquizano y heredero de su casa-torre natal en Elgoibar así como del caserío Gortazar junto al rio Deva, término municipal, también de Elgoibar.
    Y el nombre auténtico es CARQUIZANO ratificado por mi abuelo José María Caballero Aldasoro que en la posguerra del 36 construyó en Donostia varios edificios y puso el nombre de su antepasado en la misma calle… Carquizano.
    Espero que la Ley de Mentiras «democráticas» NO toque el nombre de Carquizano por ser fiel servidor a nuestra PATRIA ESPANA y a sus reyes AUTENTICOS.
    España por Cristo

  2. El horror de la guerra de sucesión, abrió las puertas de la escuela de la traición , que tantos insignes representantes tenemos ahora , desde 1713,
    Un saludo de paz.

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