Conmemoración de la toma de Granada por los reyes Católicos en 1492

En los albores 1492, cuando amaneció el día jubiloso de la mayoría de edad de España, concretamente el día dos de enero de ese año de gracia, en el que una salva de cañón cantó en la vega de Granada la última estrofa de la epopeya inmortal que iniciara Don Pelayo en Covadonga.

El Campamento cristiano de Santa Fe, desprendía agitación, entusiasmo y animación en aquel amanecer inolvidable en el que la alegría inenarrable de los soldados de la Cruz festejando su contribución y esfuerzos a la postrer y gloriosa consumación en la ardua y duradera lucha mantenida durante ocho largos siglos, entre la Cruz y la Media Luna, entre el Evangelio y el Corán, entre el ser y el no ser de España.

Cuando el sol se elevó sobre las cumbres de Sierra Nevada, el rocío se despertó en los fértiles campos de la Vega granadina, El Ejercito cristiano, ya estaba preparado en traje de gala y correcta formación sin quitar los ojos de Granada.

Entre la neblina del crepúsculo brilló el fogonazo del estrepitoso cañonazo procedente de la Alhambra, que cual pregonero vanguardista retumbó por los contornos, el júbilo de la gloria de España. Era la señal concertada para ponerse en marcha, y así lo hizo el Cardenal Mendoza seguido por las tropas cristianas.

El gozo de gratitud al Altísimo se derramó, aquella cruda mañana de invierno, en el corazón de una mujer de singular ternura, de una dama de concreción admirable y de talento único, de una reina religiosa y patriótica, que, firme en su amor, compartía reino y vida con el valeroso y esforzado político, gobernante, diplomático y guerrero Rey Fernando. Inmortal pareja, que desde su unión supieron encumbrar a España en el camino de la grandeza.

Mientras Boabdil abatido, melancólico, descorazonado y lloroso, abandonó para siempre el alcázar de sus ensueños  juveniles, y dirigiéndose al río Genil, donde le esperaban los Monarcas Católicos, descendió de su caballo y extendiendo su mano al Rey Fernando le dijo: “Estas son, señor,  las llaves el paraíso. Son lo único que resta en España de la dominación árabe”. -era el momento de la rendición de Granada a los Reyes Católicos- “Todo desde este momento es vuestro, invencibles reyes, nuestro reino y nuestras personas. Tal es la voluntad de Dios.” Y los corazones magnánimos y respetuosos de los Reyes con el infortunio, mitigaron entonces la pena exteriorizada con suspiros y ojos llorosos de aquel desgraciado moro, que miraba por última vez las torres de la Alhambra.

Poco después la Cruz de la Cruzada brillaba en lo más alto de la torre de la Vela, y a su lado tremolaban el estandarte de Castilla y el pendón de Santiago. Espectáculo inolvidable, en que Isabel y todos los presentes arrodillados miraban extasiados a la Cruz de plata, saltándoseles el corazón de impaciencia tras el grito soldadesco de “¡Santiago, Santiago!” para dar gracias a Dios. Y así,   todos los presentes como un solo grito clamaba: “¡Castilla… Castilla… Castilla… por los invictos soberanos Don Fernando y Doña Isabel!” Los ecos lo repitieron y lo mezclaron con las aclamaciones de júbilo indescriptible de los paladines de la fe. Y el “Te Deum laudamus” más fervoroso y más emocionante fue cantado en aquella ocasión con una solemnidad tal, que resonó en la Vega granadina, llevando hasta el trono del Altísimo el homenaje más agradecido de un pueblo.

Desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico tronaron los cañones y replicaron las campanas en señal de gozo por la victoria de España ¡La derrota de Guadalete, después de ocho siglos quedaba vengada!

España, nuestra Patria, era libre, una y católica. El imperio mahometano acababa en Occidente. Isabel y Fernando logaban sus designios providenciales y coronaban la unidad territorial de España tras reconquistar la Unidad Católica instaurada en el 589 por el Rey Recaredo.

España, mayor de edad, iba a cumplir su destino universal: “completar la redondez de la tierra, y medirla con la quilla de sus naves, ser núcleo del mundo y vaciarlo en su espíritu inmortal”. Una nueva era comenzaba en la historia de la humanidad con aquel “Te Deum” de la Vega.

El Vicario de Cristo premió a los Reyes de España, por sus servicios a la cristiandad en la compensación por la pérdida de Constantinopla, otorgándoles para siempre el título de “Católicos”. Sobrenombre que han conservado todos los soberanos españoles hasta que la pérdida, en el pasado siglo XX, de la catolicidad del Estado ha descatolizado la corona española.

¡Ocho siglos para reconquistar la unidad católica! Y de cada uno de ellos podemos vislumbrar en el ser de la Patria: El caudillaje, la religiosidad y la catolicidad, el inconformismo, el heroísmo, la unidad, la santidad, la bravura y la alegría.

¿Cuántos siglos nos quedarán ahora para recuperar de nuevo nuestra catolicidad? Anteriormente se luchó para recuperarla contra un enemigo exterior visible y palpable, hoy el enemigo invisible está dentro de cuantos apostatas, perjuros y traidores hacen gala de un liberalismo a ultranza, sin trabas ni perjuicios, alardeando de su anticlericalismo radical y grosero; plenos de consenso, irreligiosidad, antiteismo, adaptación camaleónica, mediocridad, disgregación, libertinaje, cobardía y aburrimiento,  por lo que aunque la lucha actual aparece bajo una perspectiva agorera por la campaña “triunfalista” de la propaganda engañadora que hace suya una victoria inexistente, no debemos caer en la trampa del desfallecimiento y perder toda esperanza, porque, aun siendo minoría, si hacemos nuestra la frase de Vázquez de Mella de que “puede más un hombre de rodillas que todo un ejército”, y recobramos hoy los rezos fieles al Señor, mañana podremos cantar en acción de gracias un “Te Deum laudamus” en la tierra española reconquistada en su unidad católica..

La Fiesta de la Toma de Granada rememora uno de los acontecimientos más grandes en la Historia de España. Es lógico que se celebre.  La Patria agradece a sus hijos que reconozcan sus gestas gloriosas y las evoque con júbilo y alegría. Todos los Estados del mundo celebran las fiestas que representan un acontecimiento importante de su historia. La conquista de Granada es por antonomasia un hito en la Historia de nuestra Patria, en la que se conmemora el final de la Reconquista, y la expulsión definitiva de los invasores que estuvieron ocho siglos en unas tierras que no eran suyas.

La evocación y celebración de esta gesta histórica lo comprenda toda persona sensata a excepción de la antipatria. Lo que no entendemos nadie, ni los árabes tampoco, es que por rencor, revancha, miedo o cobardía una minoría apátrida y enmarcada en ciertas siglas democráticas quieran  restar importancia a tal efemérides, que va mucho más allá de la xenofobia u odio, como quieren hacernos profesar algunos  “progres” iluminados. Es como pretender hacernos creer que dos y dos no son cuatro.

Es curioso comprobar, como año tras año, las minorías de ciertas organizaciones democráticas denuncian que se siga conmemorando el día 2 de enero “la Toma de Granada”, y no se les acalle democráticamente. Pero es que desgraciadamente así es como funciona aquí la democracia, primero se presiona desde la minúscula  Izquierda Unida, y dado que no consiguen lo que quieren, crean con los papanatas “ultraprogres” de turno, mimosos de que los musulmanes no se ofendan, una plataforma  llamada “Granada por la tolerancia” -mismos perros con distintos collares-  y vuelven,  una y otra vez a reivindicar  la misma exigencia; y al año siguiente, al no haber conseguido su propósito, “erre que erre”, nos dicen que la fiesta de” La Toma de Granada” es anticonstitucional y discriminatoria, y así sucesiva y nuevamente, con una desfachatez que roza la chulería,  se  exige el cambio de  nombre a la fiesta y llamarla “La Granada de las culturas” para hacer del hecho patriótico un símbolo de convivencia  multicultural, que, según la Plataforma tolerante en lo precario, e intolerante con el sentir patrio del resto de la colectividad española; nos hablan de convivencia intercultural  diaria en Granada, y así, con las artimañas que les enseñó Lenin, seguirán argumentando mil veces la misma mentira hasta conseguir que parezca “verdad”, para imponer su totalitarismo de minorías a la mayoría complaciente. ¡Viva la democracia!

Por otra parte, esta plataforma pro-mestizaje ha felicitado a la Junta de Andalucía por establecer “el árabe” como asignatura optativa en las escuelas. Por su parte, IU de Granada ha comunicado que en el próximo pleno de la Cámara Andaluza, van a preguntar qué actuaciones llevará a cabo el Consejo de Gobierno de la Junta para introducir cambios en la celebración. Esta decisión de cambiar el significado de la celebración tiene el apoyo del PSOE, por lo cual tendrá el pleno apoyo del Gobierno central y de la Junta de Andalucía.

Cada vez que oigo esas voces que piden que no se celebre este día, una reflexión me viene a la cabeza cargada de preguntas:

¿Por qué esos “progres” se alborotan, aúllan y vociferan contra aquello lo que debemos estar orgullosos todos los españoles y no se escandalizan cuando matan monjas en represalia de unas viñetas de Mahoma?

¿Por qué esos mismos “progres” no se perturban ni alteran cuando se insulta, ridiculiza y menosprecia a la religión católica y se escandalizan sistemáticamente cuando se trata de otras falsas religiones?

¿Por qué esos “progres” no se desquician cuando no se condena a una cultura que esclaviza a las mujeres, que tiene leyes medievales y que vive en Teocracias? ¿Acaso los “progres” no defienden los estados laicos?

¿Por qué tanta energía en criticar obispos católicos y tan poca en condenar a imanes incendiarios de Al-Quaeda?

¿Por qué…?

Son muchas las preguntas y pocas las respuestas…quizás tengan todas ellas una única respuesta común: que los que presumen de “progres”, carecen de tal proyección y   paradójicamente no son los liberales que aparentan ser, sino la punta del iceberg de ese inmovilismo radical inmerso en la Cultura de las Civilizaciones.

Aquí y ahora, quiero manifestar que la fiesta de “La Toma de Granada” protagonizada por los Reyes Católicos, además de representar un momento crucial de nuestra Historia, conlleva en sí emparejado otro aspecto importantísimo que no debemos olvidar, el Descubrimiento del Nuevo Mundo, que no solo marcó el destino de España, sino también los del mundo entero, y tales hechos son conocidos y en cualquier puno del orbe. Por ello Granada no es una ciudad más sino la clave para entender la historia del mundo.

Y ¿en qué consiste esta celebración?  Sencillamente es un acto provincial que engloba a toda la nación en el recuerdo de aquel 2 de enero de 1492 en que los Reyes Católicos con la toma de Granada dieron unidad a la Patria, y para recordar tal acontecimiento, en tal aniversario, cada año las autoridades militar lucen traje de gala y las civiles visten de etiqueta con su chaqué y su chistera. La comitiva municipal junto con la algarabía del pueblo se desplaza hasta la catedral donde se celebra una misa, visitando el Sepulcro de los Reyes Católicos en la Capilla Real y acto seguido se trasladaran al Ayuntamiento donde se tremola la bandera o Pendón de Castilla con el escudo de España de los Reyes Católicos, con el águila de San Juan, ondeándose ante el entusiasmo de los asistentes.

Seguidamente las bandas militares y el desfile de infantería parecen querer recordarnos que aún somos una nación.

Luego algunas jóvenes suben hasta la Alambra ya que es tradición que tocando la campana de la Torre de la Vela se contrae matrimonio dentro del año.

Poco más o menos esta es la fiesta conmemorativa de la Toma de Granada que democráticamente en minoría se quiere suprimir, y es que lo de la misa y el flamear el pendón con el Águila de San Juan ofende a los que no se avergüenzan de sí mismos.


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