Contagiad la Fe

Nuestro mundo se ha detenido. Apenas comenzamos a salir de la incredulidad de que todo aquel caos sanitario televisado, ese tsunami que inundaba Asia nos haya alcanzado tan rápido y de manera tan eficaz, y ahora nos toca ingresar en el estupor que produce la ruptura de nuestros planes y previsiones inmediatos, y el temor al pensar en el destino de cada uno de nosotros en un escenario nunca antes transitado. Nos gustaría creer que estamos ante una de esas ocasiones en que los peores barruntos se quedan muy holgados ante los hechos, pero la cascada de malas noticias que nos bombardea cada día hace difícil aferrarse a dicha esperanza. Todo esto, unido al encierro forzoso y la pérdida de libertades por tiempo indefinido terminan de cercarnos en el desasosiego y nos asalta la pregunta: ¿hay solución? ¿hay refugio para tanta zozobra?

Hace unos días escuchaba un programa de radio que suele contar con la participación de un sacerdote gran conocedor del mundo botánico. En su intervención dominical, después del preceptivo saludo se atrevió a deslizar una reflexión que introducía a Dios en la ecuación, y su osadía llegó hasta el límite de terminar afirmando: “todo esto no ocurre así porque sí”. Al momento, la muy cultivada presentadora del espacio cambió el tono, mostró incomodidad y le enmendó la plana con esa frase tan cierta pero tan tergiversada en labios de los ignorantes de la Verdad: “Bueno, de todas maneras, ese Dios escatológico del Antiguo Testamento no creo que envíe ningún tipo de plaga ni de castigo. Al contrario, Dios es amor”. No hubo réplica, no sea que la gente piense que Dios tiene algo que decir en el devenir del mundo más que para aprobarlo.

Pero Dios es el Rey de la Historia, y no hace nada sin revelar sus designios a sus siervos los profetas (Amos 3:7). Por su infinito Amor y Misericordia, quiso el Señor que el pasado 6 de octubre de 2019, uno de sus ángeles le hiciera llegar a Sor Agnes Sasagawa, vidente de Akita (Japón), un sucinto y directo mensaje del Cielo, tras 46 años de aquellas aprobadas apariciones.

Dos jornadas más tarde, los naturales temores y dudas de la receptora quedaron disipados por la primera lectura de la Eucaristía del día, que terminaba de darle sentido a la exhortación del ángel. Era pues, aquello de Jonás y Nínive:

Lectura del libro de profeta Jonás (3,1-10):

En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: «Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar».
Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla.
Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: «Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos».
Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.

Sorprendida y confortada por esta lectura, Agnes decidió dar a conocer sus palabras, entregadas precisamente el mismo día que en Roma daba comienzo el Sínodo de los Obispos para la Amazonía (quien tenga oídos, que oiga). Estas son:

«Es bueno que le diga esto a todos:

Cúbranse de cenizas y recen el Rosario penitente todos los días.

Y usted, debe convertirse en una niña y ofrecer sacrificios todos los días»

Es fundamental entender que Jonás no fue instado por Dios a pedir conversión y penitencia cuando ya era tarde, sino cuando Nínive aún podía conmover al Padre y ser librado de sus castigos.

Quizá caigamos en el temor de pensar que han transcurrido más de 5 meses desde esa llamada, y que la manifestación de esta grave crisis global sea ya una consecuencia irrefrenable ante la que nada podemos hacer. Pero lo que nos dice Nuestra Señora de la Paz en su mensaje anual del 18 de Marzo en Medjugorje, debería ser una respuesta para estas dudas. Aquí unos extractos:

“¡Queridos hijos! Mi Hijo, en cuanto Dios, siempre ha mirado más allá del tiempo. (…) La única fuente de la que podéis beber es la confianza en Dios, mi Hijo. Hijos míos, en tiempos de inquietud y de renuncia, sólo buscad el rostro de mi Hijo. Solo vivid sus palabras y no temáis.”

El Señor desea y sigue esperando que nos acojamos a Él, y por nuestra persistente necedad llegamos a necesitar que la vida nos espolee para volver la mirada hacia arriba. En su infinita compasión nos está haciendo entrega, coincidiendo con el tiempo de Cuaresma y aunque no lo comprendamos bien aún, de un escenario que supone una ocasión incomparable para la conversión.

Y a esa conversión, entremos todos y sálgase el que pueda. Pero, claro está, hay grados de alejamiento. Cuántos habrá ahora, de los que han pasado la vida creyéndose únicos artífices de sus logros y creadores infalibles de su futuro, que tienen que enfrentarse al durísimo golpe de constatar que realmente no dominan ni entienden nada. Que sus acciones ya no pueden atravesar ni los marcos de sus casas, que sus anhelos y deseos están también confinados, retenidos. Que no saben si podrán proteger de las necesidades a sus hijos, de la enfermedad a sus padres. Muchos, muchísimos, se hallarán a sí mismos vacíos de certidumbres, y sentirán por ello gran temor.

Quizá ahora la conversación de aquel amigo pesado que tenía la incómoda costumbre de colar la palabra “Dios” en su vocabulario comience a resultar una experiencia mucho más apetecible…

Por ello: Creyentes, convertíos en antorchas. No os importe si en vuestra mano sólo tenéis una débil cerilla, y os invade la vergüenza de no haber velado más por avivarla. Pensad que en la noche cerrada, una sola chispa bien puede indicar el camino a casa. 

“Es hora de asombrar a Dios por nuestra fe”, nos dice el voluntarioso Padre Majdi Allawi Haqq Qurban, sacerdote católico del rito maronita, poco después de bendecir la ciudad de Beirut desde los aires custodia en mano.

Este converso desde el islamismo chií nos hace recordar que el Cielo está expectante, mirando con todo detalle nuestro proceder en estos días inciertos. Debemos, como Nínive, volver los ojos hacia Él y ofrecerle nuestras oraciones, ayunos y penitencias. Presentarle al Señor una miríada de lucecillas que, aunque pequeñas, todas unidas llamen a la Misericordia de Dios y obtengamos la asistencia que necesitamos. Hemos de rogar de manera incesante por el pronto regreso de la Eucaristía pública.

Ante la incertidumbre, refugiémonos en Dios. Confiemos en Él. Como recordaba hace unos días Massimo, aquel monje descalzo que llegó caminando desde Asís a la Plaza de San Pedro el 13 de Marzo de 2013 (día de la elección de Francisco), el Señor es nuestro Amparo.

Desde la Plaza de la Virgen en Valencia, dijo el Salmo 91:

1 El que habita al abrigo del Altísimo se acoge a la sombra del Todopoderoso.
2 Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío».

3 Solo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas,
4 pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio ¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!
5 No temerás el terror de la noche, ni la flecha que vuela de día,
6 ni la peste que acecha en las sombras ni la plaga que destruye a mediodía.
7 Podrán caer mil a tu izquierda, y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará.
8 No tendrás más que abrir bien los ojos, para ver a los impíos recibir su merecido.

9 Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección,
10 ningún mal habrá de sobrevenirte, ninguna calamidad llegará a tu hogar.
11 Porque él ordenará que sus ángeles te cuiden en todos tus caminos.
12 Con sus propias manos te levantarán para que no tropieces con piedra alguna.
13 Aplastarás al león y a la víbora; ¡hollarás fieras y serpientes!

14 «Yo lo libraré, porque él se acoge a mí; lo protegeré, porque reconoce mi nombre.
15 Él me invocará, y yo le responderé; estaré con él en momentos de angustia;
lo libraré y lo llenaré de honores.
16 Lo colmaré con muchos años de vida y le haré gozar de mi salvación».

Ante la imposibilidad de visitar los templos, convirtamos nuestros hogares en humildes puntos de oración. Recuperemos ese rosario heredado de nuestros abuelos, o comencemos con la sencillez de un Padre Nuestro, tres Ave María y un Gloria.

Miremos el Rostro de Nuestra Madre, mediadora de todas la Gracias y Abogada Nuestra, y confiemos en su segura intercesión.

Bajo su maternal mirada, comencemos a poner por obra las recomendaciones que nos ha dado en miles de apariciones ignoradas: Oración diaria, Ayuno (especialmente los miércoles y los viernes), renuncias y sacrificios, lectura de la Biblia. Que cada esfuerzo cotidiano sea ofrecido, cada pensamiento. Todo es oración.

Y como el mismo Jesús le dijo a Santa Maravillas de Jesús:

“España se salvará por la oración”

Con la Oración se alejan los males y se gana la paz. El ángel que precedió a la Virgen en Fátima, en su segunda aparición, dijo a los pastorcitos:

“¡Orad! ¡Rezad mucho! Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo plegarias y sacrificios. De todo lo que podáis, ofreced un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra Patria la paz. Yo soy el Ángel de su Guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo, aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe”

A través de los siglos se nos han dado, mediante revelaciones privadas, numerosas devociones que han sido aprobadas por la Iglesia y que llevan asociadas impresionantes promesas. La recitación diaria de ciertas oraciones es un diálogo con Dios y un ruego que sube al Cielo y que será respondido con grandes Gracias y el cumplimiento de esas promesas, pues “Dios no se muda” y como dijo Jesús (Mateo 7: 7-11):

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.

¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra?

10 ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente?

11 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

En esta tarea y por si pueda servir de ayuda o inspiración, dejo una pequeña guía para recordar los momentos del día en los que estamos especialmente invitados a pensar en lo eterno:

  • Al despertar: realizar la señal de la Cruz, dar gracias a Dios por un nuevo día y dedicarle unas palabras o una sencilla oración.
  • A las 12 en punto: rezar el Ángelus meditando la Confianza de María en su Fiat, y su papel indispensable en la Salvación de la Humanidad.
  • Antes de cada comida y bebida: pedir al Señor la bendición de los alimentos.
  • A las 3 de la tarde: Hora de la muerte de Jesucristo y de su mayor Misericordia. Pensemos en Su Pasión y ofrezcamos la Coronilla dada a Sor Faustina Kowalska:
    • ” Te recuerdo, hija Mía, que cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en este momento, se abrió de par en par para cada alma: En esa hora puedes obtener  todo lo que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia” (Diario, n.1572)
  • En un momento sereno del día, y si puede ser en familia, el rezo de (al menos) una parte del Santo Rosario, la correspondiente al día. Sor Lucía de Fátima, nos dejó dicho:
    • «No hay problema por más difícil que parezca: sea temporal y, sobre todo, espiritual; sea referente a la vida personal de cada uno de nosotros o a la vida de nuestras familias, del mundo o comunidades religiosas, o a la vida de los pueblos y naciones; no hay problema, repito, por más difícil que sea, que no podamos resolver ahora con la oración del Santo Rosario».”
  • Antes de dormir: Señal de la Cruz y dirigir unas palabras de agradecimiento a Dios, peticiones u oraciones. Recordar a nuestro ángel de la guarda. 

Y para terminar, un breve recordatorio de algunas de estas grandes devociones y sus regalos:

  1. EL SANTO ROSARIO, dada al burgalés Santo Domingo de Guzmáncon sus 15 promesas asociadas. En la número seis, María Santísima nos dice: “El que con devoción rece mi Rosario, considerando sus sagrados misterios, no se verá oprimido por la desgracia, ni morirá de muerte desgraciada, se convertirá si es pecador, perseverará en gracia si es justo y, en todo caso será admitido a la vida eterna.” (VER AQUÍ)
  2. LA CORONILLA DE SAN MIGUEL ARCÁNGEL. Honrarle a diario junto a los 9 coros celestiales, conlleva esta Promesa: “A los que practican esta devoción en su honor, San Miguel promete grandes bendiciones: Enviar un ángel de cada coro angelical para acompañar a los devotos a la hora de la Santa Comunión. Además, a los que recitasen estas nueve salutaciones todos los días, les asegura que disfrutarán de su asistencia continua. Es decir, durante esta vida y también después de la muerte. Aún más, serán acompañados de todos los ángeles y con todos sus seres queridos, parientes y familiares serán librados del Purgatorio.” (VER AQUÍ)
  3. ROSARIO DE LOS SIETE DOLORES DE MARÍA SANTÍSIMA. Santa Brígida de Suecia fue la encargada de hacernos saber que la Virgen quería que reparáramos en su dolor y, con ello, fuéramos su consuelo. Cuenta con hermosas promesas dadas a ella y a Santa Isabel de Hungría. Por ejemplo: “Jesús protegerá en sus tribulaciones a todos los que recuerden esta devoción y los protegerá muy especialmente a la hora de su muerte.” (VER AQUÍ)
  4. LOS SIETE DOLORES Y GOZOS DE SAN JOSÉ. Para acudir a San José, honrarle recordando sus padecimientos y alegrías y ganar con ello su patrocinio y protección.
  5. LA DEVOCIÓN A LA SANTA FAZ (VER AQUÍ
  6. EL ÁNGEL CUSTODIO DE ESPAÑA. Cada nación, como cada alma, tiene su ángel custodio. El nuestro presentará al Señor nuestras plegarias, y obtendrá mucho para esta Patria. (VER AQUÍ). Oración a él dedicada:

    Tú, Señor, nos guardaras y custodiarás por medio de tu Ángel de toda prava generación, porque en rededor nuestro andan los malos. Envíanos, Señor, el auxilio angélico desde tu santuario, y desde Sion defiende nuestro Reino. Señor Dios omnipotente, edificador y guarda de la Jerusalén, ciudad celeste, envía tu Ángel para que guarde este lugar y este Reino con todos sus habitadores. No se adormirá, no, el Ángel que guarda este Reino.

  7. ¡Ánimo y adelante! El Cielo nos escucha y nos espera SIEMPRE.

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