«Contra Picasso», José Antonio Bielsa Arbiol

José Antonio Bielsa Arbiol

José Antonio Bielsa Arbiol es historiador del arte, locutor radiofónico (Bala-Rasa, Cine a reacción, Cortinas de humo), crítico cinematográfico, profesor de Filosofía y escritor. Licenciado en Historia del Arte y graduado en Filosofía por la Universidad de Zaragoza, inicia su trayectoria literaria en 2003 como guionista. Articulista en revistas y diarios digitales, nacionales y extranjeros, es autor de una quincena de libros, un centenar de opúsculos y más de un millar de artículos sobre temas diversos. Es autor de un libro de iniciación a la patrística (El nimbo y la pluma: Grandes custodios de la doctrina católica), así como de Libros proscritos: Lecturas alternativas frente a la reescritura de la Historia, Satanocracia: La destrucción del Viejo Orden cristiano, Cine anticomunista: 101 películas para combatir el olvido, Cristofobia y Cristocentrismo: La imperecedera doctrina escolástica, entre otros. En su nueva obra, Contra Picasso: La construcción de un mito posmoderno (Ed. Letras Inquietas, 2023), el autor reflexiona sobre la vacuidad del discurso posmoderno, a través del estudio de uno de sus más prominentes iconos mediáticos.

¿Por qué un libro titulado “Contra Picasso: La construcción de un mito posmoderno”?

Creo que era de extrema necesidad, por varias razones que quizá desorienten al lector conformista, no acostumbrado a cuestionar las directrices del discurso dominante… Pero aquí está. De todos modos, el borrador de este trabajo fue pergeñado hará casi una década. Durante todo este tiempo he ido redescubriendo la figura de Picasso, y el resultado final de dicha revisión, contra todo pronóstico, ha sido pavoroso. De aquí la doble razón de la publicación de este libro, el cual surge ante todo como necesidad interior, y luego busca acogerse a la coyuntura del 50 aniversario del fallecimiento del personaje. Desde aquí no quiero dejar de dar mi agradecimiento a la editorial Letras Inquietas, por arriesgarse en un empeño tan a la contra.

La mejor manera de desmitificarlo es coincidiendo con el quincuagésimo aniversario de su muerte, cuando toda la progresía se va a deshacer en loas hacia él…

Por desgracia, así es: Picasso ha devenido en un instrumento más en manos del Poder, un instrumento trivial y momificado, sin otros nexos históricos con nuestro presente que los meramente mercantiles y decorativos, pues carece de todo simbolismo y de toda función arquetípica que permita entroncarlo con el Gran Arte. La mezquina instrumentalización del Arte es precisamente el nudo gordiano sobre el que se entrelaza el discurso del libro, un discurso por lo demás irreprochable, de puro objetivo e imparcial se muestra ante las cosas y los hechos. Puede que en una era relativista como la nuestra esto sea opinable, pero a mi juicio –y al de muchos conocedores en absoluto presuntuosos, como lo son el prologuista y el epiloguista del libro, un doctor historiador del arte y un ex marchante, respectivamente–, el grueso de las publicaciones sobre arte contemporáneo que se han venido publicando en los últimos años (entre las que debemos incluir los interminables panegíricos sobre Picasso) acusan un carácter tan estupidizante e irreflexivo en su conjunto, que sólo pueden leerse desde una perspectiva paródica, o bien bajo el hechizo de la adhesión ciega de los incondicionales y los convencidos de turno.

¿Quiénes se encargaron realmente de crear un mito en torno a Picasso y con qué motivo?

Fue una labor colectiva, invariablemente coartada por las directrices de unos pocos “árbitros del gusto”, bien que mediadas éstas por la muy real influencia de los lobbies del anti-arte capitalizados en altísimo grado por el Gran Capital; y no digo más, ni menos. No obstante, la construcción del inefable “mito Picasso” no hubiera alcanzado tal solidez sin la labor mixtificadora llevada a cabo por una legión de críticos de arte, plumíferos titulados, galeristas del día, expertos voceros, estrategas financieros y demás sujetos adheridos al negocio “de las telas”, pues todos ellos se dedicaron de un modo u otro al lucrativo cometido de trivializar y pervertir el significado de la Historia del Arte desde el advenimiento de las primeras vanguardias del siglo XX hasta nuestros días.

¿Por qué utilizan al pintor malagueño como un icono para reescribir y redirigir la Historia del Arte?

Porque cuadra perfectamente con su filosofía utilitaria, que es disolvente y nihilista. En este sentido, al preguntarnos por la hipotética filosofía del comunista Pablo Ruiz Picasso, no más tenemos que traer aquí una frase del prólogo, que me permito suscribir en su integridad: “Picasso fue un superviviente sobre todas las cosas.” En su completa vacuidad a-significativa, Picasso deviene un icono posmoderno, y como tal deviene porque contribuye como pocos a consumar el gran experimento de ingeniería social macro que se llevó a cabo hará un siglo, experimento, decimos, encaminado a la modificación de la percepción, la debilitación del juicio, la programación mental diferida y, cómo no, la entronización de la Nada. Más que de estética o moral, cabría hablar de teología. Pues de una cuestión teológica se trata.

¿Cuáles han sido las etapas más importantes del autor y cómo fue degenerando su pintura?

Picasso involucionó de un academicismo bien aprendido (Ciencia y caridad) hasta las simas más inenarrables de la deconstrucción (serie sobre Las Meninas), de la que fue precursor. La crítica oficial hablará en un sentido inverso, esto es de “evolución”: la justificación de esta narrativa neo-darwiniana dominante reposa sobre varios factores de peso, pero sin duda el más reiterado de todos ellos es el de sus “deformaciones”, o lo que es lo mismo, su imparable agitación, que por caridad haremos mejor –a tenor de los resultados de sus diferentes períodos– en no confundir con el “estallido creativo del genio” (sic). Deformaciones devenidas “mutaciones” que entre el público culto no dejan lugar a dudas: postimpresionista, “primitivo”, cubista, surrealista, neoclásico, postmoderno… El todoterreno Picasso chapotea con inaudito oportunismo en la Historia del Arte, haciendo y rehaciendo sus asuntos con un aplomo incontestable. “Inútil pretender abarcar, siquiera en síntesis, sus múltiples exploraciones”, continúan afirmando sus panegiristas. Esta narrativa ha sido resultona en las últimas décadas, pero hoy ya no se sostiene.

Su obra aspira a ofrecer (desde el disenso y la crítica constructiva) un análisis objetivo e imparcial de los méritos reales del artista. ¿Por qué ha sido tan sobrevalorado y lo han convertido en modelo del Nuevo Orden sinárquico?

Es casi imposible responder a esta pregunta, quizá porque fue simplemente “el elegido” frente a otras tantas decenas de artistas tan aplicados o mejores que él. Picasso fue ante todo un tipo afortunado, un ser extremadamente inteligente, que supo hacer acopio de agudeza y arte de ingenio en todo momento, como diría Gracián. Sus contactos esparcidos por el mundo, su oportunismo instrumental en las relaciones (oportunismo que le llevó a traicionar a no pocos amigos), redundan en la naturaleza de un carácter de sagaz político… Picasso devino al fin un auténtico “Rey Midas”: lo que no es lícito perdonarle es su falsa modestia de “artista pobre”, como pretendía. En este sentido, fue un sujeto de una frivolidad e incoherencia pasmosas. Y su filiación comunista resultó meramente cosmética, pues jamás dejó de vivir como un burgués acomodado…

¿Por qué para demoler el Orden tradicional y su cosmovisión se precisa destruir al Hombre? ¿Cómo se destruye al hombre?

Una cosa lleva aparejada la otra, puesto que para destruir el Orden tradicional y su cosmovisión se precisa sobre todo destruir al Hombre, y para destruir al Hombre urge antes que nada una abolición progresiva del Lenguaje, ejecutando a continuación lo propio con las múltiples manifestaciones del espíritu humano, de las que el Arte resulta una de las más notables. Surge así la pregunta vehicular en este combate de fondo: ¿cómo abolir el paradigma significativo vigente? Pues, como afirmamos en nuestra obra, “violentando las más elementales normas escolares, dinamitando la caligrafía académica, legitimando el nuevo viraje bajo el amparo de un “evolucionismo” justificativo, una pretendida necesidad “por progresar” en el cult(iv)o de la fealdad intencionada, de la necedad satisfecha y de la profanación auto-concluyente que los pastiches paródicos confirman en su descenso imparable hacia el cero, o lo que es lo mismo, hacia la legitimación irreversible del discurso postmoderno”.

Destruyendo al hombre, se destruye a Dios.

Es lógica consecuencia, y todo el arte contemporáneo, entre nihilista y disolvente, participa de semejante pulsión aniquiladora. Basta observar el grueso de las producciones del “arte contemporáneo” que se exhiben machaconamente en los museos: presenten la composición material que presenten (óleo, madera, plástico, materia putrefacta o detritus humanos), rara vez no son sino excrecencias capitalizadas por los propagandistas del relativismo y la muerte de la figuración (y con ella la muerte del Ser… hasta culminar su proyecto satánico con “la muerte de Dios”): se trata de una simbiosis oscura entre esnobismo y perversidad, allí donde se dan la mano monstruosidades sin cuento, de ordinario bajo el paraguas sistémico que los pretende legitimar.

¿Qué es lo que aporta este trabajo en relación a otras críticas que se han hecho al pintor?

No hemos tenido ningún interés por indagar en los aspectos oscuros de la personalidad de Picasso, ni en sus problemas familiares. Jamás nos ha interesado esa vertiente en la biografía del artista. Ese vulgar cometido ya ha sido desarrollado por la prensa amarilla, y también por la prensa rosa, no menos abyecta. En nuestro caso nos hemos limitado a tomar la obra Picasso como si de un objeto de análisis se tratara: un estudio comparativo, neutral, alejado de cualquier partidismo… Y conforme el estudio del artista se va dilatando, no hace sino aflorar su fatal inconsistencia, su absoluta carencia de un programa coherente…

Es, en fin, la estéril cháchara cubista de la que se nutren los catálogos, todas esas futesas del impulso cuantitativo propio de las sociedades capitalistas-degeneradas, las cuales mueren de tedio en su nociva inanidad; cedamos antes de terminar la palabra al eximio historiador del arte Ananda K. Coomarasway, quien ya hacia 1938 dejaba al descubierto la vacuidad del cubismo en estos términos: «Todos somos sabedores, por supuesto, de que el arte abstracto y salvaje se ha puesto de moda recientemente. Pero este arte abstracto nuestro no es nada sino una caricatura del arte primitivo; no es el lenguaje técnico y universal de una ciencia, sino una imitación de las apariencias o el estilo externo de los términos técnicos de una ciencia. Las configuraciones del arte cubista no están informadas por universales, sino que son sólo otra salida para nuestro insistente auto-expresionismo.» Palabras llenas de talento, que retumban implacables cuando algún espectador despistado, incapaz de reconocer por su título algún cuadro del autor, intuye estar ante “¡un Picasso!”.

El libro Contra Picasso: La construcción de un mito posmoderno (Letras Inquietas, 2023) está disponible en Amazon, así como en la Tienda online de Letras Inquietas.


9 respuestas a ««Contra Picasso», José Antonio Bielsa Arbiol»

  1. Como decía Dali: «Picaso es comunista, y yo tampoco».
    Y añadía que ni Picasso ni él le llegaban a la suela de los zapatos al gran Velázquez.
    Genio t figura don Salvdor Dalí. Por eso hizo heredero de sus bienes al Estado español, y no a los separatistas catalanufos.

  2. Uf menos mal!!! esto ayudará a disipar mi complejo de no entender absolutamente nada de arte… es lo que he llegado a pensar, dado que a mi, no hay ni una sola, obra que haya visto, de este sr. que me guste… en fin…

  3. Picasso es el máximo representante del “Arte Degenerado”
    El Español Digital publicó, hace tiempo, un artículo titulado “El paño invisible y el lienzo excretable” sobre la más famosa de sus obras.
    En tal artículo se expone el como la “crítica artística”, monopolizada por los apóstoles del arte degenerado, ha creado un mito de quien no es otra cosa que un simple estafador artístico.
    La creación de un Nuevo Orden Mundial obliga, necesariamente, a destruir con carácter previo la sociedad.
    Y para esa destrucción de la sociedad, es de vital importancia la destrucción del arte.
    Sobre esa provocada ruina de las sociedades, esperan edificar los elegidos su Nuevo Orden Mundial.

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