Corporativismo cómplice

«Todos los niños, las niñas, les niñes (sic) de este país, tienen derecho a conocer su propio cuerpo, a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren, si ellos no quieren, y que eso es una forma de violencia. Tienen derecho a conocer que pueden amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana, basadas eso sí en el consentimiento» (Irene Montero)

Argüello en sus años mozos

Lo anterior fue lo que dijo esta jumenta. Está grabado y escrito. No lo ha negado, sino incluso lo ha repetido y se ha jactado de ello. No hay error posible. Pero aún con todo, que es incuestionable, el Secretario de la Conferencia Episcopal Española ha salido en su defensa, sin que sepamos que ni si quiera se lo haya pedido la jumenta. Argüello, a quien su pasado comunista –¿y presente?– le persigue y cuyo tufo no se le despega –y es que el comunismo imprime carácter–, nos ha venido a decir que no, que ella no ha dicho lo que está entrecomillado o que en realidad eso no significa lo que todos sabemos, incluso la propia jumenta. Con ello, Argüello subscribe lo dicho y se apunta al bando de la próxima legalización de la pederastia.

Y aquí, antes de seguir, un apunte: nada tiene que ver este asunto con la estela de abusos descubiertos en la Iglesia como muchos enseguida han aprovechado para señalar, y que tanto escándalo como daño la han causado, porque está demostrado que en la Iglesia no hubo abusos –o fueron sólo un cinco por ciento–, sino sodomía, ya que revisados todos o casi todos los casos de manera fehaciente, los abusos lo fueron a niños, no a niñas, y ello por causa de los curas sodomitas.

Bien, sentado lo anterior, lo de Argüello ni nos escandaliza ni nos sorprende porque de este otro jumento ya estamos curados de espantos. Allá él con su conciencia.

Lo peor de todo sigue siendo el silencio, por tanto cómplice y otorgante, del resto de miembros de la Conferencia Episcopal, de los obispos y del clero en general, máxime tratándose de asunto tan grave desde todo punto de vista como es el de la pretendida y posible legalización de la pederastia; ojo, que de igual forma y poco a poco, a la chita callando, por lo bajo, se comenzó con el aborto y ya ven dónde hemos llegado: a declararlo «derecho». Y si no al tiempo. Aviso a navegantes.

El corporativismo clerical es el vicio opuesto a la virtud de la amistad, de la hermandad y de la obligación evangélica de la corrección fraterna: «cuando veas a tu hermano pecar…».

Y ese silencio, por tanto cómplice, en base a una funesta imagen de unidad es peor, mucho peor, que la aberrante postura de Argüello. Ese callar no tiene disculpa, ni razón, ni perdón, porque traslada la responsabilidad de la defensa de lo dicho por la jumenta a todo el clero y además aumenta exponencialmente la confusión y/o el engaño de los fieles.

La obediencia, la amistad, la hermandad, también en la Iglesia, tiene sus límites. Por una mala concepción de esa virtudes, por ejemplo, la mayoría de Inglaterra se hizo anglicana y, por lo tanto, hereje… hasta hoy, perdiéndose millones de almas, comenzando por la de los clérigos que obedecieron lo que no se debe obedecer; y no es el único ejemplo.

¡Que asco!


6 respuestas a «Corporativismo cómplice»

  1. yo incluso pondría en negrita la frase «a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren»… ó sea, que si los pobres niños «sí quieren» (???????), quizás porque algún desalmado les ofrece dinero ó caramelos, entonces sí que pueden «tocar su cuerpo». No depende de la edad, de su inmadurez, de la protección de sus padres, sino de «si ellos quieren». Esta parte de las afirmaciones no deja lugar a dudas, y es la más grave de todas a mi entender (ya que lo del derecho a «amar» con previo «consentimiento» se puede entender como a conocer que los mayores de edad tienen ese derecho… es muy traído por los pelos pero los hijos de la mentira se escudarán en interpretaciones absurdas, pero en la frase que comento arriba no hay duda posible).

    Todo repugnante… hay que luchar, para salvar las almas y la inocencia de los niños frente a esta gentuza asquerosa y satánica.

  2. La tal Irene Montero, una individua absolutamente imbécil, habla por boca de ganso…, pero a favor de la pederastia.
    Sus homónimos chilenos, ahora en el poder, también defienden abiertamente la pederastia.
    Son peones del NOM, Nuevo Orden Mundial, que cuando no le sean útiles, o no les necesiten, les darán la patada en el culo, y si te he visto, no me acuerdo…

    1. Cuando no sean útiles les tirarán a la basura, como un cleenex sucio (ó también con un sueldo de la ONU de por vida, no les envidiamos por esos ridículos, vacíos y apestosos «premios» diabólicos para el poco tiempo de vida que les quede), pero el problema no es el futuro de estos seres despreciables, sino todo el daño que hacen a generaciones enteras, muchísimos miles de niños mutilados sexualmente, abusados, robados de su inocencia, destruidos por dentro y por fuera. Sí, el diablo paga a sus servidores como sólo él sabe hacerlo (con su odio diabólico por todos, especialmente por sus rastreros servidores), pero el daño que hacen es demasiado grande como para que eso sea un consuelo. Mejor que rezar para que se conviertan a tiempo y nosotros enfrentarnos a sus políticas y actos torcidos con todas nuestras fuerzas, para salvar a los niños de esos focos de pestilencia, camino del infierno si no se convierten antes de su muerte.

  3. Por otro lado, ¿qué significa «Derecho a conocer su propio cuerpo»?… ¿los niños tienen «derecho» a «conocer» su «propio» cuerpo?… ya sabemos lo que cierta gente pone en los libros de texto para niños, llenos de inocencia e inmadurez. Cómo les adoctrinan y les malean con auténtica pornografía e ideología de género. No sabemos en qué proporción ó en qué números esto se hace, pero que ya se haga en los centros educativos es auténticamente diabólico y repugnante. Hay que tomarse muy, muy en serio esta amenaza ya real. Van a por los niños, es vomitivo y debemos hacer algo.

  4. Ya nuestro Señor Jesucristo avisó a los que hacen esas aberraciones… a los que dan escándalo a uno sólo de estos niñitos, más les valiera atarse el cuello a una rueda de molino y que les echaran al mar, porque su castigo será tan terrible que para ellos es preferible irse ya al fondo del mar sin solución que seguir pecando de esa manera, destruyendo la inocencia de los niños. Un terrible aviso de nuestro Señor… ¡cómo será de aberrante ese pecado de escandalizar y destruir la inocencia de los niños!

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