Corporatocracia

Por mucho que nos duela a nosotros mismos, la huella de España en la historia mundial es tan indeleble como lo ha sido la de otros imperios. Tanto es España al mundo, que la gesta del descubrimiento de América marcó el comienzo del capitalismo moderno y la globalización, una relación intercontinental comercial y humana que superaba la existente hasta el momento entre los continentes conocidos de Europa, África y Asia. El nuevo mundo traía consigo una nueva concepción de la economía mundial, del derecho y de las relaciones internacionales, donde los banqueros, las aseguradoras y las empresas intercontinentales adquirieron una importancia aún mayor de la que siempre habían tenido.

Las travesías transatlánticas posteriores al descubrimiento de América se hicieron cada vez más comunes y los barcos mercantes tenían que lidiar con miles de kilómetros por mares ignotos, amenazados por el peligro de los elementos y de la piratería. Las aseguradoras y banqueros eran los encargados de financiar a los empresarios en sus travesías transatlánticas, unas operaciones intercontinentales que coadyuvaron a una nueva forma de entender las sociedades mercantiles. El riesgo de esas travesías hizo que nuevas figuras jurídicas aparecieran para limitar la responsabilidad de los que participaban en esas empresas atlánticas tan arriesgadas. Las sociedades civiles de empresarios y los gremios tardo-feudales más comunes hasta ese momento, fueron perdiendo uso en favor de sociedades de responsabilidad limitada, las sociedades anónimas y un sistema de pago revolucionario para la época basado en la letra de cambio y el papel-moneda.

Las sociedades mercantiles fueron haciéndose cada vez más comunes porque permitían que el empresario limitara su responsabilidad a lo que había aportado a la sociedad. Ese compendio de limitación del riesgo, ánimo de lucro y métodos de pago flexibles, fueron los verdaderos causantes del modelo económico que ha permitido sacar de la pobreza a millones de seres humanos, unos conceptos que han resultado positivos, en términos generales, hasta que se encontraron con su antítesis en la crisis económica de 2008, cuando una mala interpretación de los principios del capitalismo moderno justificaron que empresarios y banqueros corruptos aprovecharan el anonimato y la limitación de la responsabilidad para delinquir.

El capitalismo moderno queda deslegitimado en el momento en que la limitación de la responsabilidad deriva en una elusión de la responsabilidad, un principio que se pone en práctica toda vez que las macro-corporaciones y las empresas cercanas a los gobiernos no asumen los mismos riesgos que el resto de actores económicos. El capitalismo se va haciendo un poco menos libre, un poco más intervencionista, una cuestión que explica por qué el modelo económico contemporáneo tiene a la democracia de masas como su natural compañero de viaje. El modelo económico contemporáneo invita a que la democracia auténtica quede deslegitimada y se convierta en una democracia de masas donde el votante no se siente responsable de lo que ha votado.

La elusión de la responsabilidad se ha asumido como un principio inherente al modelo económico y político del Occidente contemporáneo. Es lo que algunos han tenido a bien llamar el capitalismo de amiguetes y que aquí bautizamos como corporatocracia, por cuanto los poderes políticos y económicos no actúan como contrapeso sino como aliados que afianzan el sistema de poder, el establishment. No se sorprendan, pues, si las empresas amigas de la corporación política son las favorecidas por delante de cualquier otro empresario o autónomo. El rescate de la empresa Plus Ultra ha resultado especialmente sangrante por los vínculos de la empresa con la narcodictadura venezolana, aunque, en realidad, es una consecuencia directa de la corporatocracia, un sistema de poder que perdura gracias a que la irresponsabilidad de los votantes les lleva a votar permanentemente a las opciones políticas que les arrebatan sus libertades.


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